Buena! Regreso con otro capítulo ;)

Muchas gracias a los que siguen este fic, lo hacen favorita o lo leen.

Me encantan vuestras opiniones. Mil gracias: Shiryuz , dcromeror , SnixRegal , LiteratureloverE3 , Anuska91 , Eristera , 15marday , Guest , CBustos96 , EvilRegalJMO , LectoraMills , dibarbaran , ChicaCiruelaSQ , BeaS , nhmy , PrincesseMal , Nataha Paredes, LyzzEQ , EmmaS92 , begobeni12 , kykyo-chan , Ruth maria, Wenn Swan Mills , Guest , mills1

Veamos cómo se presenta esa reunión.


CAPÍTULO 8: ¿LA REUNIÓN?

"Cada persona que pasa por nuestra vida es única. Siempre deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros. Habrá los que se llevarán mucho, pero no habrá de los que no nos dejarán nada. Esta es la prueba evidente de que dos almas no se encuentran por casualidad" Jorge Luis Borges

Aquel edificio acristalado era majestuoso. Jamás Emma había estado en esta parte de la ciudad, en el corazón de las grandes empresas. A pesar de ello, hoy estaba allí, observando como los ejecutivos salían y entraban por aquellas grandes puertas rotatorias. Eran como hormigas, lo que sorprendió mucho a la rubia, cómo era posible que en una misma ciudad, a pocos kilómetros de distancia, la vida fuera tan diferente.

En el propio silencio de su espera exhaló. Había pasado parte de la noche y de la mañana hablando con sus compañeras de piso. Ella les había contado todo lo que había pasado con Regina Mills, desde el choque hasta el acuerdo al que habían llegado. Después de un gran silencio vinieron los comentarios de cada una. Ruby pensaba que aquello era solo porque la gran empresaria quería mejorar su imagen, aportando un "no te fíes de ella, Emma, no es trigo limpio". Belle se abstuvo de dar su opinión, como siempre, y Blanca especuló con la bondad de las personas; todo el mundo es bueno en la vida alguna vez, y la rubia debía aprovechar aquella oportunidad de humanidad en la empresaria para conseguir todo lo que pudiera para Somnia y cambiar así la situación de los niños. En cada palabra de aquella conversación, no hubo preocupación de ningún tipo. No obstante aquello era normal, lo que sus compañeras no sabían es que existía la posibilidad de que todo saliese mal y el centro cerrase, dejando a todo el mundo en la calle. Aquel detalle fue omitido por la rubia, no quería causar más presión de la que ella misma tenía.

En su pensamiento retrospectivo, un hombre golpeó su lado izquierdo al pasar haciendo que casi perdiese el equilibrio, lo que le indicó que debía ya entrar en aquel gran edificio. Según le había informado el ayudante de Regina, debía estar a las nueve de la mañana para su primera reunión en conjunto. Miró su reloj, faltaban más de veinte minutos, pero prefería llegar pronto. No quería posponer más aquello.

Nada más entrar en el edificio divisó la recepción, y al poco tiempo, tras dar su nombre y que la mujer le diera unas indicaciones, ya estaba subiendo al último piso en uno de los cuatro ascensores que había de cristal. Con cada piso que pasaba, el corazón parecía que cobraba más vida, alcanzando su límite, o eso es lo que ella pensaba, cuando llegó su destino, donde le estaba esperando Syney.

- Buenos días Señorita Swan, acompáñeme – Dijo el ayudante señalando un gran pasillo – La señorita Mills no tardará en llegar, pero me ha pedido que le espere dentro de su despacho.

Ninguno de los dos dijo algo más, solo caminaron hasta llegar al despacho de la empresaria. Una vez dentro Sydney le ofreció asiento y se marchó, aludiendo una importante llamada que tenía que realizar. Antes de desaparecer cerró las dos grandes hojas de la puerta.

La rubia miró su reloj, aún quedaban 5 minutos para las nueve de la mañana. Posteriormente miró la sala, era más grande que el apartamento que compartía con sus compañeras. A los pocos minutos de esperar, por pura curiosidad, se levantó del asiento y observó cada mueble. Toda la sala era sombría, predominando los colores negro y blanco roto. Las paredes estaban desnudas, sólo poseían algún que otro cuadro pequeño y un espejo de plata, dejando a las grandes columnas negras el protagonismo de la sombría decoración.

El ruido de la puerta al abrirse hizo que dejara de estar absorta en su análisis. Regina Mills estaba allí. Llevaba un vestido de seda gris a juego con unos zapatos de aguja en color negro. Cada uno de sus movimientos expresaba intimidación, hasta el punto de que las pulsaciones de Emma aumentaron con el sonido que provocaba cada tacón clavado en el suelo.

- ¿Ve algo que le interese Señorita Swan? – Dijo la empresaria cerrando la puerta y dirigiéndose al minibar para servirse un Whisky. Llevaba desde las cinco de la mañana despierta, y consideraba aquella copa como un aperitivo antes de enfrentarse a lo que le auguraba aquel día. Luego fue directamente a su gran mesa de mármol, no sin antes advertir como los ojos de la rubia se clavaban claramente en su bebida.

- Lo siento… Estaba admirando su despacho – Regina no debió escucharla, después de servirse una copa, notó como su mirada reparaba en su vestimenta. No tenía ropa formal, así que había optado por un pantalón vaquero oscuro, una camiseta beis y su adorada chaqueta roja de cuero. Impropio, pensó cuando la empresaria no templó su gesto.

- No tengo mucho tiempo… Será mejor que empecemos… Tome asiento. - Emma cumplió con la orden y se sentó.

Cuando estuvieron una frente a la otra, independientemente de la situación, no lograron excluir el hecho de sentirse presas de sus emociones. Por un lado, Regina no pudo ignorar la belleza natural de aquella mujer, perdiéndose un segundo en su atrayente mirada. Sin embargo, rápidamente recordó porque estaba allí su empleada. Esa misma noche había estado mirando todo lo que podía incluir en un informe, sabiendo que sería imposible conseguirlo, solo para poder observar el pánico en sus ojos. Así era ella, amaba aquella sensación de superioridad, amaba el mal que podía provocar y amaba que aquella persona pagase un alto precio. Su venganza había comenzado, y la llevaría hasta el final, aunque le fuese la vida en ello. Por otro lado, contrariamente a la seguridad que desprendía la empresaria, el corazón de Emma parecía haberse saltado un latido. Era muy extraño como este estaba actuando últimamente, demasiado tenso, pensó. Así que decidió relajarse todo lo que pudo. Para ello intentó no mirar mucho a su jefa y tampoco dijo nada, esperando a que Regina continuase hablando. Aunque esta se tomó unos segundos, dando un trago a la bebida que se había servido. Lo que le impactó muchísimo, para ella era muy pronto para beber. Se preguntó si su jefa tenía esa costumbre todos los días, o era porque podría estar nerviosa

– Seré breve. Necesito para la semana que viene un informe detallado de todo Somnia Vera. Desde el personal que trabaja allí hasta cualquier pequeño proveedor. En este informe no solo tiene que estar detallada la información de las personas, sino también de los niños, quiero conocer sus vidas antes y después. Todas las salidas que se hacen, todos los recursos de los que disponen, y los recursos que necesitarían. Los gastos del mes y del año global, ya sea un boli o ropa – La rubia no daba crédito a lo que la morena le estaba pidiendo. Aquella información era imposible tenerla tan rápido – Quiero saber qué actividades se hacen, cuales se desean y cuales se podrían hacer. También quiero que informe contenga certificaciones de todos los organismos competentes. Valga decir que quedan incluidos avisos, notificaciones, testimonios…. – La empresaria dejó que el silencio se hiciese con cada palabra para que fuese procesada por su empleada, a la que veía un poco perdida, cosa de la que se alegró. Emma Swan estaba donde ella quería, en la boca del lobo- De todas formas, mi ayudante le dará en unos minutos dichas instrucciones para que las siga al pie de la letra. Él está al tanto de todo. Ahora si me permite, quiero seguir trabajando.

- ¿Cómo?

- Mi tiempo es muy valioso, y usted ya tiene trabajo que hacer. Le recomiendo que no pierda ni un segundo.

Con esas últimas palabras Regina cogió su teléfono y llamó a su ayudante. Este enseguida irrumpió con unas cuantas carpetas, quedándose en la entrada en espera de una nueva orden.

- Por favor, Sydney, acompañe a la Señorita Swan a la salida. Nuestra reunión ya ha acabado – Regina miró intensamente a la rubia – No te olvides de proporcionarle las indicaciones pertinentes para que las siga a lo largo de la semana.

Su ayudante asintió. Su misma jefa le había explicado perfectamente cuál era su plan una hora antes.

- Señorita Mills, lo que me está pidiendo es imposible tenerlo en este mes. – Emma aún parecía bastante sorprendida de la petición de Regina. Para nada era lo que ella se imaginó después de su primer reencuentro y de la imposición de trabajar juntas.

- No se equivoque Señorita Swan. Usted solo dispone de una semana. El martes que viene lo quiero todo aquí a primera hora o cerraré Somnia… Espero haberme expresado con total claridad – Regina se levantó de su silla majestuosamente y señaló la salida donde le esperaba su ayudante. Para ella aquella reunión había terminado. Sería perfecto ver como en los hombros de Emma caería toda aquella responsabilidad, y como, al no cumplir, habría acabado por fin con la asociación y, por ende, con ella.

La rubia se levantó, pero no se dirigió a la salida. Se quedó de pie, quien la conociera bien podría indicar que su postura era totalmente desafiante. Le daba igual si había más gente presente.

- Creí que usted quería saber todo aquello que no se veía en informes – Su mirada fue retadora. No podía entender a aquella mujer ¿Por qué le había propuesto aquel trato si pensaba otra cosa? ¿Qué quería con aquel informe imposible?

- Efectivamente, pero para llegar a ese punto debo saber en qué aguas me muevo. El tiempo corre Señorita Swan, y no dudo de sus capacidades- Si lo hacía. Estaba convencida de que era imposible que su empleada lograse su objetivo. – Nos vemos la semana que viene a la misma hora.

Emma no replicó, su enfado era tan monumental que su educación decidió no presentarse, obviando la despedida. Definitivamente, los rumores eran ciertos, Regina Mills era la auténtica Reina Malvada.

Su cabreó no minoró en su viaje a casa. Repasó en su mente cada minuto de aquella rápida reunión. Desde que Regina entró, pasando por servirse su copa y sus palabras, hasta que le indicó que se marcharse porque tenía trabajo que hacer. ¿Por qué le había llamado? Para lo que aquella mujer quería le hubiera bastado con mandar un simple fax.

Al llegar a casa se encontró a Ruby y Blanca. Belle se había marchado dos horas atrás porque comenzaba el turno de mañana, por el contrario, sus otras dos compañeras tenían el turno de tarde.

- Qué pronto – Se extrañó Blanca cuando vio entrar a Emma - ¿Ya has acabado?

- Sí – Emma fue directamente a la nevera para servirse un zumo bien frío. Con los nervios se había olvidado hasta de desayunar.

- ¿Cómo es el edificio de la Reina Malvada? – Preguntó saliendo de su cuarto Ruby, que había oído la puerta y su curiosidad perseveró por encima de lo que estaba haciendo.

- No la llames así – Blanca frunció el ceño dirigiéndose a su compañera.

- Blanca – Interrumpió Emma- Voy a darle la razón a Rub … Esa mujer es el demonio en persona. Quiere que haga lo imposible. Quiere un informe de un año en menos de una semana en el que venga hasta cuántas veces respiráis.

- Joder Emma, ¿Y qué harás? – La voz de Ruby denotaba algo de preocupación hacia su amiga.

- Tengo que hacerlo, tengo que intentarlo… En peores aguas he nadado… O eso espero.

Blanca se acercó a su amiga, y le puso la mano en el hombro.

- Sabes que puedes contar con nosotras ¿Verdad? Además, no creo que te despida, eres muy importante para la asociación.

El silencio tomó las riendas de la conversación. En los ojos de Emma se podía vislumbrar cierta inquietud.

- ¿Todo bien Emm? – Ahora fue el turno de Ruby para acercarse. Conocía muy bien a su amiga. Y aunque era fuerte y capaz de lograr todo lo que se propusiese, había algo en su actitud que le intranquilizaba. Algo ocultaba la rubia.

- No os he contado todo – Emma masculló – No es mi puesto el que está en juego… Quiere cerrar Somnia Vera.

Como un torrencial de lluvia que arrasa todo, aquellas palabras provocaron la misma sensación en sus dos amigas.

- ¡Qué hija de puta! – Exclamó Ruby.

- ¡No puede ser! – Blanca le siguió – Pero ¿Por qué?

- No lo sé Blanca… No lo sé – Emma se rindió al simple hecho de que no podía entender el comportamiento de su jefa. Sin embargo, algo en su interior luchaba por no caer en la ignorancia de lo obvio. Regina tenía que ser algo más de lo que aparentaba. No podía ser tan fácil como decir que era una mujer cruel.

- ¡Qué hija de puta! – Volvió a exclamar Ruby.

- Bueno, insultándola no ganamos nada – A pesar de todo lo que había oído, Blanca sabía muy bien que aquella actitud no aportaba nada – Lo primero que hay que hacer es intentar hacer un equipo.

- ¿Un equipo? – La rubia se extrañó por aquellas palabras de su compañera.

- Emma, no estás sola – Blanca sonrió bajando su mano del hombre de la rubia a la mano de esta – Nosotras te ayudaremos.

- Sí, eso Esa mujer no se saldrá con la suya. Vamos a salvar Somnia Vera. – Ruby también sonrió, aunque no pudo evitar decir su última frase cabreada – ¡Qué hija de puta!

Y en aquella cocina nació el inicio de un plan para que todo el mundo pusiera su granito de arena. En los días posteriores no fue difícil convencer a muchas de las personas que trabajaba en la asociación, ni tampoco a otras personas de diferentes organismos. Todo el mundo se volcó para que Emma pudiese tener el informe a tiempo.


Espero que disfrutéis!

Continuará…

Qué os ha parecido? Os imaginabais así los planes de Regina? Qué pasará en el próximo capítulo?