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_Aeropuerto de Tokio – Haneda

-Última llamada para los pasajeros del vuelo siete siete cuatro uno con destino Hong Kong, se ruega se presenten en la puerta de embarque D setenta y uno, gracias.

Ranma, parado a unos metros de la puerta de embarque con su bolsa de mano al hombro, sujetaba con fuerza su billete en una mano y su móvil en la otra. Había quedado en avisar a Akane en el momento en el que embarcara.

Ryoga a su lado, le miraba apretando los labios.

-Ranma. –Le llamó suavemente. –Esa llamada era para nosotros. Nos están esperando. –Insistió.

Ranma no le prestaba atención. Ni siquiera se había percatado del aviso por megafonía. Sólo era capaz de mirar al frente.

Una joven pareja se abrazaba con todas sus fuerzas mientras la chica lloraba. El joven trataba de consolarla, pero la chica tan sólo parecía llorar más. Claramente el chico se marchaba y la despedida no podía estar costándoles más.

Los azules ojos del luchador no podían despegarse de aquella escena.

¿Serían Akane y él esa pareja cuando tuvieran que decirse adiós cada vez que él se marchara de gira?

¿De verdad estaba dispuesto a abandonarla así de descorazonada?

¿Sería capaz de sobrevivir día tras día sin ella durante largas temporadas? Ni siquiera sabía cómo se había levantado de la cama por las mañanas ni cómo había soportado cuatro interminables semanas sin ella.

Frunció el ceño y apretó ambas manos, arrugando el billete sin darse cuenta.

Pensó en Akane, llevaba días rara, podía percibirlo en olas. Algo la tenía preocupada desde la discusión con el americano, y él tenía claro lo que era.

El cambio.

Abandonar todo lo que había construido con tanto esfuerzo sin pestañear... ¿por él?

No...por una casa vacía y una cama fría seis puñeteros meses al año. ¿Eso le iba a ofrecer?

Desvió la mirada de la pareja y miró los billetes arrugados en su mano.

¿Acaso estaba loco? ¿Pretendía en serio que ella, abandonara sus sueños para tenerla esperando en su enorme y vacío apartamento a que él llegara de triunfar por el mundo? O peor, ¿tenerla esperando por una llamada o un mensaje que podría retrasarse debido a los eventos a los que debería asistir?

''Dios mío...soy un egoísta de mierda'' –Se dijo mentalmente.

-¿Ranma? –Volvió a llamarle su amigo. –Ranma, tenemos que embarcar ya.

El chico le miró entonces y como si una idea le hubiera atravesado como un rayo, se dirigió a un lado a enormes zancadas hasta posicionarse frente a las pantallas informativas de salidas.

Ryoga rodó los ojos y le siguió hasta posicionarse a su lado.

-Tengo que...necesito... –Ranma no atinaba a formular una frase completa mientras sus ojos vagaban velozmente por las pantallas, hasta que pareció encontrar lo que buscaba.

-Dos horas... –murmuró, mientras miraba su reloj de pulsera. Se volvió a mirar a Ryoga, quien le miraba con una ceja alzada y con gesto cansado.

-De verdad, de verdad que eres de lo más predecible.

Ranma sonrió con ganas y le estampó los billetes en el pecho.

-¿Te encargas, amigo? –Le suplicó con la mirada y con prisa en el cuerpo.

Ryoga sonrió de lado. –Ve a por ella, capullo.

Ranma rió con fuerza y le asió la cara para estamparle un beso en la mejilla a su amigo, fuera de sí de la emoción.

-¡Joder Ranma! ¡Quita, anda, quita! –Incómodo a la par que divertido, logró apartar al luchador de su preciado rostro. –Eres un baboso, -le increpó mientras se limpiaba con la manga, -pobre Akane...anda, lárgate ya, yo hablaré con los patrocinadores y con la administración.

-¡Eres el mejor! –Le gritó mientras daba pasos hacia atrás y le señalaba, bajo la curiosa mirada de varios viajeros. -¡Hablaremos pronto! ¡Avisa a la familia!

Ranma no dejaba de gritar mientras seguía avanzando de espaldas a toda prisa, derecho a comprar un billete a Nueva York.

A toda prisa, caminando por el aeropuerto, el peli negro iba determinado y no dejaba de pensar en una cosa: el sacrificio lo haría él. No volvería a empujarla a dejar un lugar que amaba. Si alguien debía saltar al vacío, ese sería él.

Haría lo que ella le pidiera, y no la soltaría jamás mientras ella así lo deseara.

''Espérame Akane''. Era todo en lo que el joven pensaba.

_Ciudad de Nueva York

En el hospital, Akane miraba constantemente el móvil, esperando un mensaje de Ranma. El chico se marchaba a Hong Kong a luchar por el título mundial y había quedado en avisarla cuando fuera a embarcar...pero nada.

''¿Así serán las cosas? ¿Conmigo mirando el móvil esperando un mensaje que no llega?'' Se preguntó.

Sacudió la cabeza y decidió acabar lo que tenía que hacer e irse a casa a dormir.

Lo bueno de trabajar por la tarde, eran las mañanas libres para dormir.

Con semblante triste, comenzó a revisar informes de alta.

_Aerupuerto JFK, varias horas después

Ranma salía decidido del control fronterizo. Sabía lo que iba a hacer. Directo a por Akane al hospital, necesitaba verla maldita sea.

Como si tenía que esperar en la cafetería o acompañarla como un perro faldero hasta que acabara el turno.

Miró el reloj, en Nueva York era por la tarde, ya había anochecido y según el horario de Akane, en efecto a estas horas en ese día estaría trabajando.

Antes de salir a por un taxi, algo llamó su atención...una pequeña floristería. Sonriendo se encaminó sin dudar.

Cinco minutos más tarde, ramo de rosas blancas en mano, salía fuera.

El aire fresco le calmó levemente los nervios que en realidad le comían por dentro.

''¿Se alegrará de verme?''

Vio un taxi libre y alzó la mano al vuelo. El taxista le vio y apagó la luz de disponibilidad, haciéndole una seña para que entendiera que le llevaría.

Mientras apresurado, Ranma cruzaba en dirección al coche, se sonrojó como un adolescente al pensar en el probable recibimiento de Akane mientras miraba las rosas.

Con una sonrisa boba, Ranma no fue consciente de los gritos de advertencia...hasta que fue tarde.

Lo único que pudo ver, fueron los enormes faros de un Jeep aproximándose a él a toda velocidad. Percibió el sonido ahogado de unos frenos...un golpe seco, caer al suelo y luego...la inconsciencia.

''Akane...''