Buenas! Aquí llegó con una nueva actualización! :)
Muchas gracias a los que leen la historia, la siguen o la han hecho favorita.
Mil gracias por vuestros comentarios: EmmaS92 , Guest , begobeni12 , dcromeror , Ruth maria , SnixRegal , nhmy c, LyzzEQ , Guest, Shiryuz , Catwomen1974, kykyo-chan c, PrincesseMal , Wenn Swan Mills, 15marday , dibarbaran , LectoraMills , KarmenCastle, mills1 , LiteratureloverE3
Espero que os guste este capítulo!
CAPÍTULO 9: NO TODO ES LO QUE PARECE
Ella es una historia llena de capítulos infinitos, demencia, sueños matizados de esperanza, suspiros al aire, demonios incontables, tropiezos, rebeldía, cordilleras, refugios, huracanes, la calma, el cielo, el infierno y el amor…
No se limite a leer solamente sus lunares.
(Marco Valerio)
La semana había sido un infierno para Emma. Aunque había tenido ayuda y favores por parte de muchas personas, el gran trabajo le tocó a ella. Apenas comió en esos días, y el sueño era una cosa de la que decidió prescindir. Testigo de ello eran sus grandes ojeras, y su aspecto demacrado. Además había que añadir el hecho de que un excesivo estrés, dado sus problemas de corazón, se trasformaba en un esfuerzo demasiado grande al que enfrentarse, una cuesta empinada que los médicos le hubiesen dicho de no subir. Pero a ella le daba igual, ella era una luchadora. No se iba a rendir tan fácilmente. Así que allí estaba, de nuevo, frente al gran edificio acristalado y un día antes de lo previsto. Era tarde, pero le daba igual. Su idea era subir hasta la planta de Regina, y dejar al informe a su ayudante. Conociendo a su jefa, aquel hombre debía vivir allí. De lo contrario, y si era necesario, ella misma se quedaría la noche y entregaría el informe a primera hora de la mañana. Y es que no quería jugársela a que aquel martes le pasase algo con el transporte o se quedase dormida. Quería quitar cualquier posibilidad de que aquel informe no llegase a las manos de Regina.
Esta misma había dejado la orden de que ella trabajaba en aquel edificio, así que no le fue difícil entrar, pasar el control, y dirigirse al despacho de la morena. Casi todo estaba a oscuras, muy pocas personas se dirigían a la salida para irse ya, y con los dedos de la mano podía contar las luces que salían de algún que otro despacho. Miró su reloj. Jamás podría vivir así, jamás podría ser de esas personas que salen de casa sin haber amanecido y regresan con la caída de la noche. Jamás podría ser de esas personas que se dejan su vida en un trabajo no gratificante, aparcando el resto de las cosas más importantes. Siempre había tenido presente esto, pero esta última semana se había dado cuenta aún más. Recordó el apoyo de cada persona que conoció esa semana, recordó como sus compañeros prescindieron de su tiempo libre para trabajar en el informe, recordó a sus amigas día y noche a su lado trabajando, recordó como simples desconocidos le brindaron la oportunidad de diversos favores, que no deberían hacer, para ayudarla sin más. Definitivamente, jamás podría pertenecer a un mundo tan frío.
Minutos más tardes, al llegar a la planta de su jefa, todos estos pensamientos se disiparon, dándose cuenta que Sydney no estaba y que no podía entregar el informe ese mismo día. Así que su plan de permanecer allí toda la noche se puso en primer lugar. Al principio optó por quedarse en una de las cómodas sillas que había en el vestíbulo, sin embargo su mirada se dirigió al despacho de Regina. Había una tenue luz que salía por debajo de la puerta. Si tenía suerte la morena aún seguiría trabajando. Golpeó tímidamente la puerta. Pero no escuchó ruido dentro. Esperó un minuto o dos, y volvió a golpear, esta vez un poco más fuerte. Pero nada. Así que decidió entrar sin permiso.
Sus acciones dentro fueron sigilosas, como si el temor estuviese habitando en su cuerpo. La luz provenía de una lámpara que había en la gran mesa, pero Regina no estaba. Miró rápidamente todo el despacho. Parecía como si la morena hubiese salido con prisas. Volvió a observar. Aquel sitio era tan impersonal que solo el hecho de estar allí, de pie, aumentaba su miedo del principio. Su mirada se paró en un sofá de cuero, cuyo aspecto no parecía ser muy cómodo. Aun así sopesó sus opciones. Podía quedarse en ese sofá o volver al vestíbulo. Su mente fue rápida eligiendo la segunda opción, ya que si se quedaba allí y no se levantaba a tiempo, no quería imaginar la ira que desataría en la Reina Malvada si la encontraba dentro de su despacho y sin su permiso, además había que añadir el hecho de que no la hallaría sentada en una silla, sino profundamente dormida en su sofá. Porque eso es lo que pasaría, después de esta última semana sin dormir, y teniendo en cuenta que había conseguido ya todo, su cuerpo se relajaría y pernoctaría como nunca. Y es que en ese momento sería capaz quedarse dormida de pie en medio de una discoteca.
En su corto dilema, un ruido le alertó. Provenía de debajo de la mesa. Con mucho cuidado se acercó a mirar. Sus ojos casi salieron de su órbita cuando observó a la empresaria tirada en el suelo. Sus latidos aumentaron de repente, parecía una vieja locomotora, sin embargo, como acto reflejo, se aproximó rápidamente para saber qué le había pasado a su jefa, tirando el informe sobre la mesa y su bolso en el mismo suelo.
- Regina – Pronunció muy suavemente mientras le tocaba el brazo. Su jefa estaba tumbada de lado. No sé movía, pero no estaba muerta, solo inconsciente - ¡Regina… despierta! – Gritó un poco más fuerte. ¿Qué le había pasado? Estaba muy fría ¿Por qué se había desmayado? Y entonces se dio cuenta de todo. Había un vaso a su lado que desprendía un fuerte olor a alcohol. También se dio cuenta de un charco a pocos centímetros de ella. Indudablemente, era vómito - ¡Regina! – Volvió a llamarla, pero la morena parecía no reaccionar. ¿Se trataría de un coma etílico?
Enseguida Emma se levantó y encendió la luz de todo el despacho. Volvió al lado de su jefa, y esta seguía sin moverse. Así que decidió darle pequeños toques en la cara. Pero nada.
- Vamos Regina, no me hagas esto – Dijo la rubia mientras que seguía intentándola despertar.
Por fin hubo un minúsculo movimiento en el rostro de empresaria. Emma suspiró. Y luego volvió a observar toda la sala con más detenimiento hasta que divisó una botella de agua en el mueble bar. Se dirigió a ella, la cogió, junto con un vaso, y regresó. Posteriormente, como pudo, levantó a la morena, que parecía un peso muerto, y la dejó sentada en el suelo, con la espalda apoyada en una de las patas de mármol de la mesa. Se quedó un segundo reparando en aquella mujer. Nada tenía que ver con la persona que había conocido una semana atrás. Su rostro estaba pálido. Apenas se vislumbraba cualquier gesto de dureza.
Emma saco de su bolso la camiseta que llevaba para las emergencias. Luego echó en ella la mitad de la botella de agua. La otra mitad de la botella la echó en el vaso. También sacó de su bolso un pequeño paquete de azúcar. Menos mal que aún le quedaba uno, pensó. Debido a su baja tensión, siempre llevaba algo dulce por si acaso se mareaba.
Echó el azúcar en el vaso y lo dejó apartado mientras ponía la camiseta en la cabeza y cuello de Regina. Notó al instante la reacción de esta. Eso era bueno. Al mismo tiempo que seguía refrescándola, observó cómo su camisa estaba manchada. Sí, definitivamente, aquella mujer no era la que había conocido en la asociación. Con mucho cuidado desabrochó los primeros botones, y pasó el paño improvisado por la parte de su clavícula. La morena estaba sudando muchísimo. Intentó limpiar todo lo que pudo ese sudor. La nueva reacción de Regina fue abrir un poco los ojos y murmurar algo. Iba bien. Repitió aquellas acciones varias veces por las diferentes partes: cara, cuello, nuca y parte de arriba del pecho. Poco a poco la empresaria se iba despejando hasta tal punto que comenzó a tener nauseas. En ese momento Emma acercó la basura y se la puso cerca de sus manos caídas, sin apenas energía. Pero a los pocos segundos, estas cobraron más voluntad, agarrando la papelera con algún que otro temblor. Todos eran actos automáticos. La morena comenzó a vomitar dentro. La rubia notó que ya no era comida, parecía una especie de mucosidad blanca y amarilla. Como pudo le cogió el pelo y la frente, no quería que su jefa se hiciese daño. Cuando esta terminó de dar las últimas arcadas, le dio a beber el agua con azúcar.
- Bebe poco a poco… Te sentará bien. - Regina no contestó sino que se limitó a hacer ruidos. Sin embargo obedeció.
Los minutos fueron pasando y parecía más consciente. Sus movimientos fueron tomando un poco más de fuerza, pero aun arrastraba acciones mecánicas.
- ¿Estás mejor? – La voz de Emma era suave, casi una caricia para los oídos de la morena. Al segundo sus miradas se encontraron. Jamás la rubia había visto una mirada tan perdida. Podía observar algo de tristeza y otra cosa que le era imposible describir. Un movimiento de cabeza afirmando por parte de Regina rompió aquel momento, y el ritual continuó.
Emma seguía con sus cuidados y Regina, ahora que estaba recuperando la consciencia, también intentaba recuperar algo de control. Pero le era imposible, con cualquier movimiento acaba sacando lo último que quedaba en su estómago. Además sentía como perdía la capacidad de tomar sus propias decisiones a medida que más luchaba. En dicha disputa se preguntaba una y otra vez quién era aquella persona. No obstante, no tardaba mucho en que sus fuerzas le abandonasen de nuevo, y su cuerpo pareciese tener cierto imán con el suelo. La rubia se estaba dando cuenta de este detalle, y no quería que se volviese e a desmayar, por este motivo intentó que el agua, tanto bebida como pasada por su cuerpo, ayudase.
- Venga Regina, háblame un poco.
Aquella petición cayó en saco roto, la morena no podía reaccionar como quería. Todo le daba vueltas, incluido su estómago. Era como si necesitase sacar todo el mal que tenía dentro, destruir lo que era en aquel momento. Ya había pasado por esto antes, y sabía que aquello tenía que ser así. Normalmente le pasaba en su casa, en su baño, a solas. Solía mantener cierta consciencia, hasta que esta le abandonaba tras la expulsión de parte del alcohol. Luego caía desplomada en su suelo frío. No podría indicar por cuánto tiempo. A veces se levantaba en su propio vómito, o lo que quedaba de él, sin poder moverse y sin sentir, dejándose llevar de nuevo por el desmayo durante horas. Otras veces, las buenas, lograba llegar de nuevo al inodoro, y allí, bajo temblores, permanecía horas. Los mareos venían y se iban. Todo era expulsado, hasta que solo se expulsaba el dolor en silencio. Pero aquella vez era diferente, estaba en su oficina, y para colmo alguien le estaba ayudando. No podía decir muy bien quién era, todo se desvanecía en segundos cuando intentaba que no fuera así. Todo era borroso. Es como si su mente se durmiera en la ignorancia de lo que estaba pasando, haciendo que sus acciones no tuvieran una meta, ni tan siquiera un recuerdo.
- Regina, bebe un poco más.
A medida que el tiempo pasaba la cosa iba mejorando. La palidez de la morena iba desapareciendo y sus ojos se abrían con más frecuencia. Sus ruidos cesaron, no obstante tampoco se escuchó ni una palabra por su parte. Pero estaba mejor. Fue en este momento cuando la rubia decidió moverla del suelo al sofá.
Su objetivo de llegar allí no fue fácil, suponiéndole un esfuerzo debido al poco equilibrio de la morena. Además, de la resistencia que está ponía. Pero cuando por fin lo logró, acomodó bien el sofá, poniendo incluso la chaqueta de su jefa como almohada. Inmediatamente, cuando la morena permaneció quieta y casi dormida, limpió su ropa y su cara. Quería que su jefa se sintiera lo más cómoda posible al despertar. En su propósito de recogerlo todo, también limpió el desastre del suelo como pudo.
Al terminar, se acercó de nuevo al sofá. Para ser sinceros nunca había visto a una persona así. Había visto a mucha gente beber y perjudicada, pero no hasta ese punto. No había visto cuando una persona ya no tiene nada más que agua en su estómago, o la inconciencia hasta el punto de parecer absolutamente muerto, como si su organismo no quisiera responder. Tampoco había visto ese color blanco, sin vida, en el rostro de alguien, ni aquella mirada tan perdida. Para Emma todo aquello era nuevo. Envuelta en sus pensamientos contemplo por un segundo a la morena acercándose a ella y apartando uno de los mechones fuera de su rostro. Aún estaba muy fría.
- Cuídate Regina – Expresó susurrando – Porfa, cuídate.
Acto seguido recogió su bolso y se fue para casa. Ya volvería al día siguiente por la mañana.
A las pocas horas de que se cerrase la puerta, Regina se fue despejando. Al principio le costó situarse. Pero poco a poco fue acordándose de pequeñas instantáneas, estas divagaban por toda su mente. Todo estaba difuso, pero estaba segura de dos cosas, de que alguien le había ayudado y de que tenía un dolor de cabeza.
Con malestar y con un poco de desequilibrio se levantó, observando a su alrededor. Todo estaba recogido, y no había nadie. Nuevas imágenes inundaron su mente. Necesitaba irse a casa, una ducha fría le ayudaría.
Mientras reunía sus cosas para irse se fijó en algo. Con extrañeza se acercó a su mesa. En ella había una carpeta que no reconocía. La cogió y la ojeó. Sus ojos se abrieron más de lo normal cuando vio que se trataba del informe que había pedido a la Señorita Swan. Dios mío, ella fue quien le había ayudado en la noche. El bombeo de su corazón se disparó a toda velocidad. Miles de ideas aparecían y se iban de su cabeza como estrellas fugaces en el firmamento. Debía pensar en todas las repercusiones, y en cómo solucionarlas. Nadie antes la había visto así, y menos un empleado suyo ¿Y si decidía hacerle chantaje? ¿Y si le había sacado alguna foto comprometida? ¿Hasta dónde sería capaz de llegar? Una resolución devastó toda su turbación. Tras meditarla bien se dio cuenta que así ataría muchos de los cabos sueltos Fue entonces que, a los pocos segundos, su corazón volvió a la normalidad. Con toda la serenidad del mundo salió de su despacho y se dirigió a la sala de fotocopiadoras. Allí encendió las luces y se dirigió a la máquina que tenía para destruir el papel. Poco a poco, y con paciencia, fue metiendo cada uno de los documentos que contenía el informe. Todos fueron destruidos bajo la cruel sonrisa de Regina. Todos.
Continuará…
Qué os ha parecido este capítulo? Os esperabais eso de Regina? Qué creéis que pasará en el siguiente capítulo?
