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Agotada como se encontraba, Akane alzó la vista al reloj de pared que se hallaba en una esquina de la sala de descanso para médicos.
''Las ocho y cuarto'' Torció el gesto y miró a la mesa de nuevo ante la que estaba sentada de nuevo.
''¿Aún no ha tenido tiempo de decirme nada?''
Esto no podía continuar, la chica sentía que cada vez se sentía peor y peor por no decirle a Ranma que no se sentía preparada para abandonarlo todo. ¿Quizás si primero afianzaban su relación? Podían visitarse de vez en cuando, ¿no?
Tamborileó los dedos sobre la madera mientras fruncía el ceño.
''¿Por qué no me ha escrito aún?''
Enfadada consigo misma, se pasó las manos por la cara intentando espabilar y se recogió la melena en un moño suelto para sobarse las cervicales, que rogaban por un poco de atención.
Llegó a la conclusión de que cuando saliera del hospital le escribiría ella. Con un poco de suerte podría ir tanteando un poco el terreno y hablar con él cuando acabara el torneo.
Hoy le tocaba guardia en urgencias, lo cual significaba que debía tener el busca disponible ya que en cualquier momento, podían llamarla requiriendo su presencia de inmediato.
Justo cuando iba a levantarse, por la puerta apareció Harvey. Akane se quedó quieta momentáneamente, no le pasó desapercibido que tenía el pelo revuelto y se encontraba ojeroso.
Su ex novio se frotaba parte del rostro con gesto cansado mientras se dirigía a servirse un café cargado. Éste, al mirar a un lado al notar que no estaba solo, posó los ojos sobre ella y alzó las cejas levemente.
Asintió en su dirección a modo de saludo y continuó con su cometido de servirse café. Akane observó nerviosa y cohibida sus movimientos.
Desde lo acontecido en su casa, no habían hablado. Casi ni se habían cruzado o si lo hacían, Harvey continuaba a lo suyo. Realmente no podía ser más incómodo cuando eso pasaba.
Akane mantuvo la vista baja cuando sintió un movimiento a cercano. Harvey tomaba asiento frente a ella y se dejaba caer con un sonoro bufido.
Tras unos segundos de silencio, Akane se atrevió a hablar.
-¿Un día duro?
Harvey pareció meditar en su respuesta mirando al techo.
-Mmm sí, podría decirse. –Hizo una pausa y la miró. -Si por día te refieres a turnos interminables y por duro realmente querías decir tanto que me voy a tirar por un puente.
Akane rio levemente ante su broma y sintió que la tensión del ambiente se relajaba notablemente.
-¿Cómo estás? –Le preguntó entonces Harvey. –Sé que no hemos hablado desde...bueno, desde tu casa. –Akane asintió y carraspeó. –Necesitaba tiempo.
Akane negó con la cabeza.
-No tienes que decirme nada, en serio. Lo entiendo.
Harvey asintió. –Bien. –Akane apretó los labios. -¿Y entonces? ¿Todo bien?
Akane le miró e hinchó sus pulmones de aire, para dejarlo salir lentamente. –Algo estresada, la verdad. El hospital me consume mucha energía, pero como a todos. No es nada nuevo.
El médico asintió. –Sí... –Aceptó distraído. -¿Deberíamos diluir esto y convertirlo en inyectable para meternos chutes cada cinco minutos? –Bromeó de repente señalando la taza de café.
La chica entonces rio divertida y le siguió la broma. –No creo que nos hiciera ni cosquillas, francamente.
-Ahh, todo es probar Akanita. Si nos mata, que es lo más probable, al menos no tendremos que estar nunca más pendientes de que entre por urgencias cualquier cosa de lo más bizarra.
-Eso te lo concedo. Amén. –Rieron.
-Gracias por hablarme de nuevo. De verdad, de verdad que te aprecio mucho Harvey. –Dijo la chica tras una pausa.
Harvey se encogió de hombros. –No podía estar todo rencoroso para toda la vida...no elegimos de quién nos enamoramos, Akane. –Le sonrió tristemente.
Akane lo pensó levemente antes de estirar su mano y agarrar su muñeca. –Pues gracias. Eres un buen hombre, Harvey.
Él sonrió tímidamente y bajó su mirada a su taza.
En ese momento, Akane sintió como si una parte importante de su vida hiciera click.
Se detuvo un segundo a analizar esa sensación. Estaba... ¿en paz? Un peso abandonaba su espalda como su hubiera estado cargando una roca enorme.
Harvey... ¿eso la detenía? ¿Dejar las cosas tan mal con él la estaba anclando a no irse de nuevo a casa?
''Casa...''
Miró el móvil. Aún no tenía ningún mensaje de Ranma y frunció el ceño. Se fijó por primera vez en la hora de su última conexión y se extrañó al comprobar que hacía prácticamente un día que no accedía a los mensajes.
''Qué extraño''
''¿Quizás no tiene batería?''
''Probablemente no ha tenido tiempo ni de respirar''
''Se acabó, voy a llamarle''
Akane supo en ese momento, que necesitaba escuchar su voz y que él le dijera cuánto la quería a su lado, para que ella corriera a la oficina de su jefe para presentarle la carta que llevaba semanas reposando en su taquilla.
Antes de que pudiera apoyar sus manos en la mesa para levantarse y despedirse de Harvey, sus buscas sonaron.
Cuando la chica comprobó el suyo, leyó algo de acudir a urgencias rápidamente, chico herido por atropello.
-Tengo un atropello. –Comentó ella levantándose a toda prisa.
-Yo también. Vamos rápido.
Akane asintió y ambos se dirigieron al piso inferior.
Al cruzar las puertas, Akane se dirigió a un lado para colocarse los guantes y la bata de tela verde sobre su uniforme, cuando Amy se acercó rápidamente.
-Akane, te necesitamos. El chico del accidente está inconsciente, le han intubado y están intentando contener la hemorragia interna que se le ha formado en el abdomen. Tiene varias costillas rotas y necesitará clavos en la pierna. Se ha dado un golpe en la cabeza, habrá que hacerle una resonancia rápido.
La chica se dirigió rápidamente a la camilla en la que vio a los técnicos de la ambulancia trabajando sobre un cuerpo.
-¿Han avisado a la familia? –Preguntó Akane.
-Ese es el problema. El accidente ha sido al salir del aeropuerto y no portaba documentación en inglés, no entendemos nada de lo que pone, sólo que viene de Japón.
Akane la miró, abrió los ojos y asintió.
Antes de que pudiera llegar a la camilla, Harvey levantó la cabeza de entre los paramédicos que rodeaban la camilla y con pánico, salió disparado hacia ella que le miraba confundida.
-¡Akane, espera un momento! –Casi rugió.
-¿Qué? ¿Qué ocurre?
La chica ralentizó los pasos pero estaba muy cerca de la camilla. Al oír los gritos, los paramédicos se giraron y entonces ella miró al paciente tendido sobre la camilla.
Ese fue el momento en el que notó la sangre huir de su rostro, las venas palpitar en sus sientes y la tripa darle vueltas de campana. Pero todo eso se quedó atrás, ante la conocida presión que de repente se asentó sobre su pecho al ver a su prometido, a Ranma, ahí tendido, lleno de tubos y con sangre por todos lados.
Lo único que pudo hacer fue gritar desesperada con todas sus fuerzas.
-¡RANMA!
Iba directa a abalanzarse a su lado cuando unos brazos se cernieron a su alrededor, impidiendo que avanzara.
-¡SUÉLTAME, SUÉLTAME MALDITA SEA! ¡ES MI PROMETIDO! ¡SUÉLTAME! –La chica peleaba desesperada por soltarse, pero Harvey afianzó aún más su agarre mientras varios médicos intentaban de nuevo trabajar sobre el cuerpo inerte de Ranma.
Con los ojos abiertos como platos, Akane se giró y encaró a Harvey.
-¡HE DICHO QUE ME SUELTES! ¡TENGO QUE IR...TENGO QUE IR CON ÉL!
-¡AKANE! –Akane no reaccionaba, sólo seguía histérica. -¡Amy, Amy!
La amiga de Akane, que se había quedado a un lado, en shock, acudió rápidamente y se colocó a su lado, sujetando suavemente su cintura, pues a pesar del histerismo de Akane, podría desfallecer en cualquier momento.
-¡Akane, mírame, MÍRAME! –Akane, temblando, consiguió apartar los ojos de donde Ranma se encontraba y miró a Harvey. -¡Yo estaré con él, yo me ocuparé! Estará conmigo todo el tiempo y no me despegaré. Lo daré todo, ¿me oyes? Todo, te lo juro. –Akane respiraba con dificultad. –Pero tienes que calmarte e irte con Amy. Si quieres que le ayudemos, por Dios, vete con ella y te mantendré informada personalmente.
Ella no podía creerse la situación. Ranma estaba ahí mismo debatiéndose entre la vida y la muerte...mientras ella casi había llegado a pensar en ponerlo todo en punto muerto, él había cogido un avión para ir a verla.
Sabía que no debía interferir. Sus nervios sólo entorpecerían el trabajo de salvarle la vida, así que miró a Harvey de nuevo y asintió, con los ojos anegados de lágrimas.
-Por favor...- le suplicó con un hilo de voz.
Harvey, determinado, asintió y le hizo un gesto a Amy para que se la llevara.
Mientras salían por la puerta de urgencias hacia el interior del hospital, Akane miró atrás con el corazón en un puño y observó a Harvey colérico dar órdenes sin parar mientras se inclinaba sobre Ranma.
''Dios mío, qué voy a hacer si le pierdo''
''No permitas que se vaya, por favor''
''Es lo que más quiero en la vida, no dejes que se vaya por favor''
Suplicando internamente, notó que las paredes se giraban y que sus fuerzas se iban. Tan sólo atinó a escuchar a Amy maldecir en un grito, antes de que se volviera todo negro.
