Buenas! Sé que llego con una semana de retraso, pero estaba de vacaciones :)

Muchas gracias a las que siguen, leen esta historia o la hacen favorita.

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Bueno, espero que os guste este capítulo ;)


CAPÍTULO 10: EL JUEGO

"Después de superar algunos infiernos, no cualquier demonio te quema"

Emma iba recordando todo lo acontecido la noche anterior mientras subía por aquel ascensor de cristal en cuyo reflejo se podía diferenciar perfectamente sus ojeras. A su pesar, no había dormido nada aquella noche. Después de irse del edificio de Regina, y tras una hora y pico en diferentes transportes públicos, había llegado a casa, justo para una ducha, desayunar y volver de nuevo al mismo edificio. Resopló. Ciertamente estaba muy cansada y su mente parecía dormir plácidamente mientras que ella solo se limitaba a actuar por inercia. Sin embargo, no podía evitar preguntarse una y otra vez qué es lo que había pasado aquella misma noche. ¿Por qué encontró a su jefa en ese estado? ¿Sería algo habitual? Algo en su interior le dijo que sí. La compasión hacia ella invadió todo su cuerpo. ¿Por qué lo haría? Lo tenía todo ¿Por qué auto destruirse de aquella forma? Regina no era una persona común, más bien todo lo contrario. Parecía ser un laberinto en el que no te quieres perder, y sin embargo no puedes evitar entrar. Definitivamente, Regina Mills tenía algo atrayente.

El pitido del ascensor le indicó que había llegado ya. En esta ocasión, nadie le esperaba, así que decidió ir directamente al despacho de la empresaria. Al llegar a la puerta, observó que Sydney no estaba en su lugar de trabajo, y se preguntó si estaría dentro. El recuerdo de horas antes le volvió golpear de nuevo. No obstante, apartó esas imágenes y esa extraña sensación lo más rápido que pudo. Suficiente ya tenía con la incomodidad de lo que se iba a encontrar detrás de la puerta después de todo lo sucedido, para encima seguir echando más leña al fuego. Con suavidad llamó a la puerta de Regina y esperó alguna señal. Esta no se hizo esperar. Era la voz de la morena que le indicaba que pasase. Antes de hacerlo miró el reloj. No sabía dónde vivía su jefa, ni cuánto tiempo había permanecido dormida en el sofá, pero predijo que no le habría dado tiempo a ir a casa.

Al entrar quedó sorprendida, la morena estaba de pie, de espaldas a ella, dejando unos papeles en una especie de archivador. Llevaba un impoluto vestido rojo ceñido a la altura de la rodilla y una chaqueta ejecutiva de color negro. No era la misma ropa de ayer. Cuando la mujer volvió a su mesa para sentarse se encontró con su mirada atónita. Parecía que Regina estaba como si nada. Parecía que había hecho un conjuro. Tanto el maquillaje como el pelo eran perfectos, no tenía ningún resto de la noche anterior. Ni una ojera, ni una palidez, simplemente radiante.

- Señorita Swan, llega tarde – Expresó la empresaria con una voz fuerte y contundente al mismo tiempo que tomaba asiento.

La rubia no sé esperaba aquello. Estaba dormida, pero aquello le superaba. No solo por encontrarse a su jefa así después de lo ocurrido en la noche, sino también por la dureza que trasmitía.

- Lo sient…

- Necesito el informe ya, tengo una reunión en cinco minutos. Y no voy a regresar al despacho – Regina cortó secamente su disculpa.

- ¿El informe? – Y entonces lo recordó. Recordó como lo había tirado encima de la mesa. Su mirada se dirigió a ella, pero ya no había nada.- El informe estaba encima de su mesa.

Regina miró también hacia la mesa como si no supiera de qué estaba hablando. Y regresó su mirada hacia la rubia. Ningún tipo de gesto fuera de su formalidad. En su silencio quedó como se había despertado, la decisión de destruir el informe y así disminuir las pruebas de que Emma había estado allí, la rigidez de su idea para acabar con todo de una vez, aumentando de esta manera la probabilidad de seguir manteniendo el dominio. También guardó en su silencio su viaje a casa, las pastillas que tomó para no tener señal de resaca, la ducha fría y la hora que había estado arreglándose para asolar todo rasgo de su noche. Porque todo era tan sencillo como que ella era Regina Mills. Nunca había temido a nada, y no iba ser el momento de tener ninguna debilidad ante nadie. Ella tenía el poder, y así lo estaba demostrando.

- Lo siento Señorita Swan, no estoy para juegos.

La sorpresa en Emma no solo se hizo visible en sus pensamientos, sino en cada uno de sus gestos. No podía entender nada. Miraba una y otra vez a la mesa, y una y otra vez a Regina ¿Qué había pasado con su informe? Estaba segura que lo había tirado encima de la mesa, estaba segura de que no lo había cogido de nuevo… Pero ¿Quién lo había hecho? Quizá Sydney. Fue pensarlo y que el mismo ayudante asomase por la puerta en aquel momento, previa llamada con los nudillos.

- Señorirta Mills, le esperan en la sala de reuniones número siete.

- Está bien Sydney, deme un minuto.

- Yo… Yo lo dejé ahí encima… allí – Emma señaló la mesa, y luego miró al ayudante. Ella misma no sabía cómo abordar el tema. Así que solo espero un poco para que la morena se diese cuenta de lo que quería. Y a pesar de estar dormida, debió ser muy evidente su cara de pánico, porque fue la propia empresaria quién abordó la pregunta.

- Sydney, ¿Ha cogido usted el informe de la Señorita Swan de mi mesa?

- No, he estado liado preparando la reunión de hoy y no he tenido tiempo para entrar en su despacho con anterioridad – El ayudante estaba diciendo la verdad. Aun así temía lo que su jefa le fuera a decir.

- ¿Cuándo dejó el informe? – Regina esta vez se dirigió a Emma.

- Anoche cuando… - Y entonces la poca cordura de la que disponía le hizo pararse. No quería poner en evidencia a Regina delante de su empleado. No era un tema para decir como si nada. Además no sabía muy bien lo que estaba ocurriendo, y decir una cosa así podía ser una bomba. Pero entonces ¿Cómo afrontar la situación?

- Es para hoy Señorita Swan. – La empresaria sonrió por primera vez en toda la mañana. Pero su sonrisa era fría. Tampoco mostró ningún signo de sentimiento ¿Se acordaría de lo que había pasado en la noche?

- Yo lo dejé encima de su mesa anoche. – Podría haber añadido que no había nadie, pero aquello hubiese sido mentir.

- Como puede ver – La empresaria volvió a mirar a la mesa. Su sonrisa externa e indiferente se trasformó en una sonrisa interna y enorme. Debía reconocer que había tenido cierta desconfianza por si Emma había hecho alguna foto, o algo así. Pero lejos de eso, por su reacción y como se estaba desenvolviendo todo, su empleada no tenía nada para demostrar que había estado allí aquella noche – No hay nada, y me temo que yo no puedo perder más el tiempo. Por favor Sydney, acompañe a la Señorita Swan a la salida. Mañana mismo empezaremos a tramitar el cierre de Somnia Vera… Un trato es un trato – La empresaria volvió a fijar su vista en la mujer rubia. Parecía desubicada y en cierto sentido, débil. Regina se deleitó. El juego había acabado.

- Yo… – Todos los posibles sentimientos de impotencia, ira, tristeza aparecieron tras el telón de la mente de Emma. No podía creer lo que le estaba pasando. Ella había luchado mucho, y ahora mismo se sentía pequeña. No tenía el informe, y lo peor de todo, ni tan siquiera tenía una copia.

- Señorita Swan… Acompáñeme – Ordenó el ayudante.

Regina se levantó y se dirigió de nuevo al archivador para recoger los últimos papeles que le hacían falta para ir a la reunión, dando de este modo la espalda a Emma y a su ayudante. No quiso despedirse, era su manera de ignorar a la rubia. No obstante, esto no evitó que prestase atención en oír los endebles pasos de su ex empleada mientras se dirigía fuera de su despacho. Sin embargo, para su desconcierto, tras unos segundos, no oyó la puerta cerrarse.

- ¿De qué tiene miedo Señorita Mills? - La voz templada de Emma se rompió en aquella sala. Antes de irse quería asegurarse de que su jefa era una mujer tan atormentada por su pasado que le estaba convertido en el monstruo que pretendía ser hoy en día. No quería caer en la facilidad de pensar que era así porque sí, que no había un motivo.

- ¿Cómo osa? –Pronunció Regina al mismo tiempo que se giró para enfrentarse cara a cara con la rubia. Porque es lo que había conseguido aquella pregunta. Había conseguido que su calma se evaporase y lo único que desease fuese encararse con aquella insolente mujer.

- En todos mis años... y créame, he vivido mucho y he conocido a muchas personas… he visto la cara más oculta de la humanidad…he visto demasiados infiernos… Y sí, he visto como la crueldad es capaz de asomarse en cualquier esquina como una necesidad de supervivencia, y en muchos casos como algo que escapa a mi comprensión, no lo voy a negar- Sus miradas no se escondieron. Por el contrario, se inmovilizaron la una sobre la otra atraídas por aquella lucha oculta de poder- Pero lo que veo ahora ante mí es muy distinto, usted puede cambiar las cosas, puede hacer el bien, tiene esa posibilidad, y sin embargo no quiere... Así que… Asumo que algo le tiene que dar tanto miedo que le hace ser débil para no hacerlo, que le hace ser inhumana en el fondo – Aquellas palabras, que salieron de los más profundo de la rubia, impactaron en Regina de tal forma que no objetó como lo hubiera hecho en otra situación, solo se limitó a escuchar– Así que… ¿De qué tiene miedo?

En ciertas ocasiones la vida suele plantearnos diversos reveses. Y en aquel instante, uno de esos asoló a Regina. No solo fue el hecho de que aquella mujer se había atrevido a decir la última palabra, sino que también se había atrevido a llamarla débil, quién era ella para atreverse a decir eso, quién era ella para insinuar que la conocía. No era nadie, absolutamente nadie. Una noche en su más profunda fragilidad no le daba ningún derecho. Porque eso es lo que había pasado horas antes, un descuido, un error que le hizo caer. Y sí, ella había estado allí para verlo, y sí, ella le había ayudado, a su pesar. Pero no por esto iba a ser frágil, no le iba a dar la oportunidad de creérselo. Aunque todo esto no quitaba el hecho de que debía admitir una pequeña admiración por la rubia que, para su sorpresa, no había utilizado nada de lo que había pasado aquella noche en su contra. Cualquier otra persona lo hubiese hecho de primeras. Sacar provecho con aquella situación, amenazándola o extorsionándola. Sin embargo, su ex empleada ni siquiera había insinuado nada, aquella mujer era diferente. Mas no por esto se dejaría aplastar por unas simples palabras. Su venganza, que podía verse cumplida con un "cierre la puerta al salir", se ocultó bajo la sombra de su más absoluto despotismo. Emma Swan no tenía ni idea de quién era ella, ni de lo que era capaz de llegar a hacer cuando se sentía amenazada de aquella forma.

- Sydney, déjenos a solas – Y así lo hizo el ayudante. Salió de aquella sala deseando no estar en la piel de la mujer que había atrevido a desafiar a su jefa.

Regina sonrió de nuevo fríamente ante la atenta mirada de la rubia. Luego se sentó en su asiento con la elegancia de un felino. Cada gesto, cada acción era sosegada, como siempre, el control de todo reinaba en la vida de la empresaria, y ahora no iba a ser menos. Iba a demostrar quien mandaba.

- ¿Cree que me conoce?

- Creo que lo más fácil para usted es ignorar el hecho de que no tiene ni una sola razón para cerrar Somnia… - Ella se equivocaba, Regina tenía bastantes motivos para cerrar aquel sitio- Usted tiene dinero, no le supone nada tenerlo abierto... Puede que usted no crea en él, pero hay mucha gente que si lo hace… Ese sitio hace el bien.

- No soy una mujer que se compadezca de los demás Señorita Swan… No vaya por ese camino… Prefiero que me diga directamente su plan, porque doy por hecho que tiene uno… Así que dígamelo sin rodeos… Y sí, le estoy dando una oportunidad, no me haga arrepentirme de ello.

- Pase este mes conmigo en la asociación – Emma ni pestañeó al decirlo, y eso que aquella petición salió tan rápido de su garganta que ni siquiera se dio cuenta de lo que implicaba. Regina le había pedido su plan, pero ella ni si quiera había pensado que podía tener uno. Ella simplemente se había dejado arrastrar por el hecho de que no tenía nada que perder, y eso significa que algo podía ganar. Así que solo había dicho lo que pensaba, aferrándose así a un clavo ardiendo. No obstante, y siendo sinceros, estaba bastante aliviada de decir lo que había dicho antes de irse. El resto había surgido de aquella oportunidad planteada. Sin embargo, los segundos cayeron en la más absoluta reserva. No llegó la réplica mordaz de la morena, tan solo una simple carcajada. Por lo que Emma continuó hablando – En ese tiempo puede abandonar cuando quiera, y cerrar por fin Somnia con motivos.

- ¿Me está usted diciendo lo que puedo o no puedo hacer?

- No, lejos de eso, le estoy dando la excusa para que me demuestre que yo estoy equivocada y que usted no tiene miedo, que simplemente es una persona cruel- Esperaba que fuese más o primero que lo segundo. Odiaría admitir que las personas tiranas siempre serán tiranas. Que hay gente que no tiene salvación.

Regina contempló a aquella mujer. La contempló como si fuese la primera vez. Examinó cada rasgo, cada gesto, incluso quiso ver más allá de su mirada. Y lo vio bien claro. Lejos de un simple enfrentamiento, lejos de unas palabras hirientes, aquella era una oportunidad que no quería desaprovechar. Ya no solo quería destruirla, ya no solo quería acabar con todo lo que amaba la rubia. En este tiempo se había dado cuenta que Emma creía en las personas al igual que lo había hecho Kath en su momento. Llegados a este punto más que arruinar su vida, quería romper sus esperanzas, sus creencias, sus sueños, su seguridad. Por este motivo, su objetivo había cambiado radicalmente, ahora llevaría su venganza al límite de demostrarle que todo el mundo tiene su lado oscuro, todos, sin excepción. Quería hacerla cruel, que perdiese cualquier atisbo de fe que pudiese tener en las cosas buenas, en las personas. Porque eso es lo que estaba pretendiendo aquella mujer rubia, pretendía salvarla mostrándole lo bueno de la vida. Ilusa. Ella sabía que no podía cambiar, y ella sabía que debía acabar con Emma, no haciéndola perder su empleo, sus niños o lo que podía amar o importar. Esto podía ser superficial. Ahora quería que fuese ella misma, Emma, quien se destruyese a si misma hasta el punto, metafóricamente, de querer arrancarse el corazón para no volver a sentir. Quería volverla oscura.

- Está bien... – Dos simples palabras cambiaron el rumbo de los acontecimientos. – Pasaré tres semanas con usted en Somnia.

Emma se quedó petrificada. Su impulso por caer en la desesperación de que no cerraran la asociación, le había llevado a plantear una locura ¿Y ahora qué? ¿Qué es lo que iba a hacer? ¿Cómo trabajaría al lado de una mujer que estaba empezando a odiar? ¿Cómo le mostraría todo desde su perspectiva? ¿Cómo le haría cambiar? Pero aquellas palabras no le achantaron, su continua lucha por lo que creía iba más allá de la pretensión de no estar a la altura de lo que se le venía encima.

- Mañana empezaremos… - La rubia por fin se dirigió a la puerta para marcharse – Le recomiendo que prescinda de trajes y vestidos. Lleve algo cómodo. No le será fácil.

La morena no dijo nada y sonrió, observando cómo Emma salía de su despacho y como entraba su ayudante a los pocos segundos.

- Aquí están todos los papeles para cerrar la asociación, Señorita Mills.

Regina cogió la carpeta roja entre sus manos, observando su portada varios segundos. "Operación Swan Song" se podía leer perfectamente en color negro. A su ayudante le gustaba poner frases de ese tipo para que fuera más fácil hablar de ciertos asuntos puntiagudos y el resto de personas no supieran a qué hacían mención. Regina ya se había acostumbrado a esto, e incluso le parecía algo divertido.

- Muchas gracias Sydney… Por favor, necesito que veamos mi agenda de este mes… Anula todas las citas que pueda tener hoy, y ven en cinco minutos con todo listo.

- Está bien. -

El ayudante de la empresaria no sabía lo que había pasado entre las dos mujeres, pero auguraba una tempestad cercana, así que salió lo más rápido que pudo del despacho dejando a Regina sola.

En esos cinco minutos, la morena ojeó por encima la documentación de la carpeta, para después, con un gesto sereno, guardarla a buen recaudo en el cajón principal de su mesa. Aquello tendría que esperar unas semanas… El juego proseguía.

Continuará..


Qué opináis del capítulo? Creéis que podrán soportarse tanto tiempo juntas? Qué pasará? Regina seguirá con su venganza? Espero vuestras opiniones!