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Un dolor estridente de cabeza la despertó. Abrió los ojos muy lentamente y la luz hizo que llevara una mano a su cara para cubrirse los ojos, notando en el proceso un ligero dolor punzante en el interior del codo.
Apartó el brazo y comprobó que tenía una tirita. Durante varios segundos Akane pareció no saber qué pasaba ni dónde estaba...sólo durante unos segundos.
En cuanto Ranma y su imagen estando tendido en la camilla le vinieron a la cabeza, abrió los ojos con fuerza ignorando el dolor penetrante que sentía y se incorporó con violencia.
-¡Ranma!
-Eh Akane, shh vamos, tienes que descansar. –Miró a Amy acercándose a ella e intentando tumbarla de nuevo.
-¡No, no quiero descansar! ¡Quiero verle Amy, quítate! –Se levantó muy rápido, tanto que se mareó y tuvo que volver a sentarse en contra de su voluntad, sujetándose la cabeza. –Amy...por favor...tengo que...
-Akane, te has desmayado. Entiendo que estás nerviosa y que necesites verle, pero por favor, deja que yo me encargue.
La peli azul no pudo discutir, pues sintió que se le revolvía el estómago y se levantó corriendo hacia el baño al lado de la sala de médicos. En cuanto llegó, comenzó a vomitar todo lo poco que había comido.
Amy se acercó a ella. Cuando hubo terminado, puso una toalla bajo el agua y se agachó para ponerla sobre la nuca de Akane.
-Gracias. –Dijo con un hilo de voz. -¿Me has sacado sangre?
-Sí. –Confirmó Amy. –Te has desmayado y llevas días, no, semanas siendo un fantasma. Con un poco de suerte lo único que tendrás es el azúcar por los suelos.
-No era necesario...-Pegó su frente en las frías baldosas de la pared.
-Claro que sí lo era...Akane, lo siento mucho. –Añadió tras una pausa. –Seguro que Harvey le sacará de esta, ¿me oyes?
Akane la miró con ojos llorosos, suplicantes y martirizados.
-Si me prometes que no te vas a mover de aquí, bajaré a quirófano, donde sé que le está operando ahora mismo y subiré en cuanto me dé la información que tú quieres. ¿Prometido?
Akane se mordió el labio y miró a otro lado, asintiendo mientras las lágrimas caían de sus ojos.
-Bien. Aquí quieta, por favor. Vuelvo en seguida. –Se levantó tras darle un cariñoso apretón en el brazo.
En realidad se moría por saber a qué venía eso de: ''¡ES MI PROMETIDO! '' que había soltado en urgencias, pero claramente no era el momento.
Cuando su amiga se hubo ido, Akane se agachó sobre el lavabo para echarse abundante agua sobre la cara. Se miró al espejo y el reflejo que este le devolvió fue lo que esperaba. Una cara demacrada, con ojeras, labios secos y ojos ausentes.
No se secó el rostro y volvió a sentarse en el sofá en el que había estado recostada.
La imagen de Ranma en la camilla la atormentaba. Él, tan fuerte y enorme...verle así tras ser consciente de que, claramente había pasado del torneo para ir con ella.
''Oh dios mío''
Se cubrió el rostro con las manos y comenzó a llorar. No podía parar de pensar en qué es lo que habría pasado de no haber acabado justo en ese hospital. ¿Cómo habría pasado? ¿Por qué nadie la había avisado de que venía?
''Porque quería darte una sorpresa, idiota''
Ese pensamiento la hizo llorar aún más.
No supo exactamente cuánto tiempo pasó hasta que Amy volvió a entrar por la puerta.
Akane entonces se puso de pie y se limpió el rostro. Sorbiendo por la nariz, le preguntó:
-¿Y bien?
Amy la rodeó con el brazo.
-Lo peor ha pasado Akane. La hemorragia está bajo control y están fijándole los clavos en la tibia, se ha roto limpiamente, sin astillarse. –Akane sabía que eso era bueno, dentro de lo malo. –No tiene inflamación cerebral a causa del golpe, pero sí un buen chichón que estoy segura de que le harás aún más grande por darte este susto.
Akane exhaló el aire que había estado conteniendo mientras la escuchaba.
''Dios, vale. Gracias, gracias, gracias''
-Podría haber sido mucho peor, Akane. Ahora sólo queda esperar, Harvey ha hecho y está haciendo un gran trabajo con tu prometido. –Le recalcó a posta, ahora que sabía que quizás su amiga estaría más tranquila tras saber que el chico estaba estable y saldría adelante.
Akane, aunque nerviosa todavía. Le dio un ligero empujón. –Ya hablaremos.
-En efecto señorita. –Le sonrió con afecto. –Oh, ten. –Le tendió un sobre.
Al ver la cara confundida de Akane, Amy procedió a aclararle: -Tu analítica. Me he autoproclamado tu médico mientras no estabas en este mundo, pero he pensado que la puedes mirar tú directamente. No te atreverías a mentirme si algo no está en su lugar.
Akane se limpió un par de lágrimas de nuevo. –Jamás se me ocurriría. –Su voz sonó ronca y a causa de haber llorado tanto.
Amy se levantó a servirse un café, mientras Akane sacaba los resultados del sobre como quien no quiere la cosa. En cuanto descubriera que todo estaba en orden, bajaría a esperar fuera del quirófano y acompañaría a Ranma hasta reanimación donde despertaría de la anes...
Se le interrumpió el hilo de pensamientos en cuanto se fijó en una cantidad concreta.
6.438 mlU/ml
Levantó la vista a Amy, que se servía café. Sacudió la cabeza y miró la hoja de nuevo.
6.438 mlU/ml
Miró de nuevo a qué concepto respondía esa cantidad, sin podérselo creer.
Beta hCG
No podía ser.
Hizo cuentas en su cabeza sin dejar de mirar el papel.
Mierda.
Ahora caía en la cuenta de que cierto era, no había tenido el periodo... pero había estado tan estresada que en efecto, ni se había percatado. Ni siquiera tenía síntomas por el amor de dios.
Amy se sentó junto a ella.
-¿Y bien? ¿Qué tal el azúcar? ¿Te traigo veinte terrones y te los meto a la fuerza?
Se acercó a ella y comenzó a ojear el papel con los resultados. Akane no era capaz de reaccionar. Se había quedado pálida de nuevo.
Amy dejó vagar sus ojos hasta que estos se toparon con los resultados de la Beta hCG, u hormona del embarazo.
Fue entonces cuando le arrancó el papel de las manos.
-¡Ostia puta!
Akane se dejó caer hacia atrás en el sofá.
Durante un rato no pudo decir nada. Amy analizó una y otra vez los resultados hasta que miró a Akane con una sonrisa de oreja a oreja. Claramente, mostraban que la chica se encontraba embarazada de unas cinco semanas aproximadamente.
-Akane, ahora ese chico tiene un motivo más para salir adelante.
Ella miró a Amy, sonrió, tomó aire y se dispuso a caminar hacia los quirófanos.
Le esperaría, se despertaría, se recuperaría y como que se llamaba Akane, que ella misma le levantaría de entre los comatosos si no era así.
