Buenas! Siento mucho el retraso, pero he tenido un pequeño bloqueo :(
Muchas gracias a los que siguen esta historia, la han hecho su favorita o la leen.
Mil millones de gracias por vuestros comentarios: Guest , nhmy , Guest, Elin , Alex , dibarbaran , DenSQ Always , SnixRegal , dcromeror, 15marday ,LectoraMills, , Tanin , BeaS , natacha , Guest, EvilRegalJMO, mills1 , begobeni12 , PrincesseMal, Guest , kykyo-chan , klip , LyzzEQ , LiteratureloverE3 , Ruth maria , EmmaS92, shiryuz.
Empieza su época juntas, así que espero que disfrutéis!
CAPITULO 11: VELO DE POLVO
"Sin duda soy yo un bosque y una noche de árboles oscuros: sin embargo, quien no tenga miedo de mi oscuridad encontrará también taludes de rosas debajo de mis cipreses" (Friedrich Nietzsche)
- ¿Qué has hecho qué? – Belle, que nunca solía opinar, rompió aquel silencio instaurado tras lo que les acababa de contar Emma.
- Resumiendo… Le he dicho que trabajase en Somnia Vera – La rubia metió las manos en sus bolsillos traseros mientras se balanceó repetidamente. Las miradas de sus compañeras no dejaban de clavarse en ella.
- Estas loca – Concluyó Ruby.
- Fue lo único que podía hacer… Quería cerrar Somnia… Tenía que hacer algo.
- Esa mujer es una arpía… Seguramente fue ella quién cogió el informe… ¿No te das cuenta Em?
- Quiero creer que no… Además… Si hubiese sido así, ya tendría el motivo para cerrar la asociación… ¿Por qué entonces aceptó mi propuesta?
- A veces te pareces a Blanca… Sois demasiado inocentes… - Ruby comenzó a dar vueltas por la cocina – Está claro que algo trama.
Muy en el fondo Emma pensaba lo mismo. Aquella mujer tenía algo en mente. Pero no sería ella quien se dejaría amedrentar por ello. Su objetivo era salvar la asociación y los niños. Y estaba segura que también lo sería en un futuro para la empresaria si jugaba bien sus cartas.
- ¿Y cómo lo harás? – Belle volvió a pronunciarse – Ella es la jefa, y será difícil que el resto la integre como una persona cualquiera… La gente le hará la pelota y se portará diferente solo para no ser despedidos… Cundirá el caos
- Pues no había pensado en ello – Ahora todos los problemas iban surgiendo en forma de estrellas fugaces –Tendré que volver a pedir ayuda a todo el mundo… - Emma sostuvo el silencio durante unos segundos – Quizá podríamos estar ella y yo con un pequeño grupo de niños… en la habitación de los juegos. No suele pasar mucha gente por allí, está más aislada. De este modo los demás podrán trabajar, y yo estaré a solas con ella para enseñarle todo.
- Algo me dice que el experimento no será tan fácil.
- ¿Cómo va ser fácil Belle? Vamos a meter al demonio en nuestra propia casa.
- Rub… Hay que intentarlo – Dijo la rubia –Todo el mundo tendrá que poner de su parte, y deseo de corazón que salga bien – Un suspiro – De ello depende el cierre de Sominia Vera.
Las tres mujeres se miraron. Serían tres semanas de auténtico agobio. Sin embargo Emma tenía razón, debían intentarlo. Por este motivo, aquella noche se pusieron a atar todos los cabos de su plan. Fueron apuntando cada miembro del personal para contactar con ellos esa misma noche o a la mañana siguiente, e indicarles que su jefa iba a estar unas semanas por el centro. Como hizo la rubia en un principio, omitieron el hecho de que el centro podía ser cerrado, evitando justamente nervios o la idea de que la gente buscara otro trabajo a falta de esperanza.
Tan pronto de este plan, a las pocas horas, ya habían localizados a casi todos. Y lo que en un primer planteamiento fue considerado difícil, fue todo lo contrario cuando lo pusieron en práctica. Todos los que trabajaban en Somnia aceptaron lo que las chicas le propusieron sin problema. Obviamente, alguno que otro consideró que aquello era mala idea para el funcionamiento correcto de la asociación. Aunque, como réplica, se rozó la idea que con un poco de esfuerzo, la jefa saldría contenta de su paso por allí ofreciendo más ayudas económicas.
Así fue como Emma, a la mañana siguiente, se sentía con más fuerzas. Se sentía apoyada, y aquello era muy importante. No obstante, mientras esperaba a que llegase Regina no podía apartar de su mente y de su cuerpo aquella sensación de nerviosismo que le recorría una y otra vez. Parecía un animal enjaulado, recorriendo los metros cercanos de la puerta de Somnia. En sus ojos, otra vez, se palpaba el reflejo de que había estado toda la noche sin dormir repasando las conversaciones con sus compañeros y aquello que les diría a los que aún quedaban por avisar. Su plan era llegar una hora antes al trabajo y hablar con estos. Y precisamente fue como sucedió, había llegado antes de su turno, acordando como proceder en el tiempo que estuviese la empresaria por la asociación. Pero ahora se encontraba allí de pie, rezando por un milagro, rezando porque todo saliese bien en pocos minutos. La llegada de su jefa era inminente.
Regina no se hizo esperar, debía ser una obsesa del tiempo, pues no solo llegó puntual, sino que llegó cinco minutos antes en su Mercedes. Tardó poco en aparcar, aquella zona tan alejada de la ciudad ofrecía esa comodidad. Al bajar del coche, Emma no pudo evitar fijarse en su ropa, estaba expectante de saber si la morena había hecho caso a su sugerencia. Y su premonición se hizo realidad, su jefa le había ignorado, lo cual no le sorprendió dada la naturaleza de esta. Regina llevaba un pantalón negro ceñido, unas botas elegantes negras con un poco de tacón, y una camisa de seda roja, lo suficientemente ancha para que le quedase bastante bien. A pesar de lo simple que podría parecer su indumentaria, seguía desprendiendo cierto aire refinado.
- Buenos días – La primera en hablar fue la rubia.
- Buenos días.
- He estado hablando con el personal – Emma no quiso perder el tiempo en preguntar cómo estaba, o en darle la bienvenida. Intuía que Regina no era de esas personas capaces de perder el tiempo en cosas banales- Será complicado, por eso he pedido que nos dejen tranquilas este mes, y trabajar de esta manera sin interrupciones. Espero que le parezca bien.
La empresaria miró intensamente a la rubia. De estas miradas que expresan mucho más de lo que callan. Y aquella mirada enunciaba escepticismo. En el día de ayer y en la noche, Regina había caído en las redes de la reflexión. Había estado repasando todo lo que había ocurrido en esos últimos días. Desde su borrachera hasta el desplante de aquella mujer que tenía enfrente. Había estado pensando en su antigua venganza, y en su nueva venganza. Cada palabra, cada acción había sido cuidadosamente cavilada para controlarlo todo. Controlar sus actos allí en la asociación, controlar a la propia Emma Swan, controlar su objetivo. Todo tenía que ser premeditado como en una partida de ajedrez. Por esto, ahora era el turno solo de prestar atención sin dar a conocer sus intenciones.
- Me parece bien – La empresaria mostró una sonrisa acompañando su confirmación – Por favor, le sigo.
Ambas mujeres entraron en Somnia Vera, y las miraras y los cuchicheos no se hicieron esperar. A lo mejor todo sería un poco más complicado de lo que en un momento pensó la rubia. Quizá la gente le había dicho una cosa al principio y llevarla después a la práctica sería más dificultoso. Por este motivo saludó rápidamente, sin hacer presentaciones, dirigiéndose a la planta de la habitación de los juegos. En el camino, de reojo miró a Regina. Esta llevaba una sonrisa como si supiera que todo aquello fracasaría antes de que terminase el día. Suspiró internamente.
Al llegar a puerta de la habitación de su destino, Emma se paró antes de entrar, y se giró para encontrar la mirada de la morena.
- Señorita Mills, vamos a pasar aquí bastante tiempo. Pretendo salvar Somnia, pero no a costa de cualquier cosa – La rubia hizo una pausa, y su voz empezó a ser más sería. – Estos niños han sufrido mucho, la mayoría han sido abandonados por sus padres, otros han sido maltratados, y otros no tienen familia. El trabajo no consiste llegar y cumplir. No pretende ser una diversión para usted, ni tan siquiera lo contrario, esto no es caridad.
Regina sostuvo la mirada a Emma intentando encontrar una grieta en sus palabras. Aquella mujer parecía darlo todo por aquel sitio, incluso más de lo que lo había hecho Kath en su momento. Sin embargo, tenía que haber algo más que un buen trabajo o una preocupación extrema, tenía que haber algo de lo que se podía descubrir a simple vista. Algo que le permitiese llegar hasta lo más profundo, sacudirlo y que ella misma, Emma, quisiera destruirlo. Tal vez no sería hoy, mas tampoco tardaría mucho.
- No se preocupe Señorita Swan… Sé perfectamente lo que es.
Y con aquellas palabras la rubia abrió por fin la puerta. En el interior de la habitación había seis niños jugando con Belle, quien marchó enseguida tras un rápido saludo a ambas mujeres.
- Le voy a presentar – Dijo Emma – Venid aquí todos, quiero presentaros a una nueva cuidadora – Los niños fueron corriendo hasta el lugar de la rubia. Siempre estaban expectantes cuando venía alguien nuevo- Este de aquí es August, es muy travieso – Emma lo cogió por la cadera y empezó a hacerle cosquillas – Pronto le cogerás el tranquillo… Este es Peter, es uno de los más pequeños de la casa, junto con Roland – Este último sonrió tímidamente a la morena – Aquí tenemos a dos princesas muy guerreras, Anna y Mérida – Las dos niñas se rieron como si estuvieran escondiendo un secreto, a lo que Emma respondió con un guiño de ojos – Y ese que ves detrás, es el más gruñón… Acércate más Leroy… - El niño no hizo tentativa de ir hacia Emma, sino que se escondió aún más detrás de sus compañeros. – La rubia sonrió, conocía muy bien el comportamiento de cada niño cuando había nueva compañía. Posteriormente se levantó para estar a la altura de Regina, quien ni siquiera había hecho el amago de agacharse. Había observado todo desde la lejanía – Bueno… estos serán los niños con los que trabajemos estos días. También veremos a más pequeños, pero este será nuestro grupo – La morena no pronunció ni una palabra, sino que se quedó expectante de todo lo que le estaba diciendo Emma.- Está bien chicos, a jugar un poquito, yo tengo que enseñar cómo funciona esto.
Los pequeños volvieron con sus juguetes, entre tanto las dos mujeres se quedaron de pie hablando. Emma le empezó a decir toda la rutina del día. Todo tenía su horario, y todo se hacía de una forma. Estaba el tiempo de juego, el tiempo de estudio, el tiempo de relacionarse, de comer, e incluso de dormir. Mientras que la rubia hablaba y se movía por la sala enseñando todo, Regina solo observaba. Pasiva en actitud, aunque activa en pensamiento. Prestaba atención a su rival, a su interacción, deseando hacer un estudio de su personalidad que le permitiese jugar con la rubia en un futuro. Porque así era ella, no solo con los negocios sino también con su propia vida. Todo estaba estudiado al dedillo hasta el punto que encontraba la manera de dominarlo.
- … Debo ir al servicio – Aquellas cuatro palabras y lo que siguió cogieron por sorpresa a la empresaria- Serán solo cinco minutos, y yo creo que te puedes hacer cargo sola de seis niños. - Emma salió rápidamente de aquella sala pensando que a la morena no le sería muy difícil hacerse con el mando. Lo que no sabía es que era la primera vez que la empresaria estaba a solas con niños, y que realmente no tenía ni idea de lo que tenía qué hacer o lo qué tenía que decir.
Regina no pudo objetar, se quedó bloqueada, mirando a aquellos pequeños como si fueran de otro mundo. Intentando no hacer ruido por si estos se fijaban en ella. Y su estrategia funcionó durante unos cortos instantes hasta que fue Rolands quien rompió su idea acercándose a ella.
- ¿Jugar? – El niño le aproximó su pelota, esperando la respuesta de Regina, quien no sabía qué hacer, no era un campo que controlase. Tras unos segundos pudo captar como la sonrisa del niño iba desapareciendo, tomó la decisión de ponerse a su altura y sujetar la pelota- Ahora aquí – Dijo Roland señalando una de sus manos. La morena obedeció y con suavidad posó la pelota en el sitio indicado. Pronto la sonrisa reapareció, indicándola que lo estaba haciendo bien. Por lo que siguió haciéndolo unas cuantas veces más hasta que apareció la rubia.
- No comen.
- ¿Cómo? – Se sorprendió la empresaria por el comentario de la otra mujer.
- Estas jugando, y sin embargo tu cara muestra un pelín de pánico... – Emma sonrió – Ellos no muerden, solo quieren divertirse, y con estas edades hasta con una piedra. Así que no les temas.
Regina se incorporó enseguida.
- No se equivoque Señorita Swan, yo no les tengo miedo, solo cumplo mi cometido.
Aquellos ojos oscuros se clavaron en ella. Iba a ser muy difícil integrar a la empresaria en la asociación si ella no bajaba un poco sus muros. Debía encontrar una ventana abierta en aquella gran mazmorra que era Regina. No sería fácil, pero lo tendría que intentar.
No obstante, al caer las horas, la cuidadora fue perdiendo toda esperanza. En su rutina, ella había estado jugando con los niños en su tiempo señalado, por el contrario Regina había preferido estar apartada, observando indiferentemente. Por este motivo, y como estrategia, había decidido cambiar de tarea enseñando a los pequeños algunas manualidades, ayudándoles en las tareas del colegio, o dándoles de comer, mas fue en vano, Regina tampoco participó, como si no se quisiese manchar o aquello no fuera con ella. Fue de esta manera, y como último recurso, que la rubia utilizó la siesta para que la empresaria contribuyese en algo, y tampoco hubo suerte. Por muy despacio que había procedido en todo para que su jefa se fuese integrando poco a poco, el resultado era el mismo, aquella mujer no mostraba ningún signo de que aquello le agradase. Por el contrario, su gesto severo de gran empresaria no cambió en ningún momento y con los dedos de una mano pudo contar las ocasiones en las que se había acercado a los niños.
En un principio la rubia pensó que se trataba de una actitud de no saber qué hacer, de que aquello estaba fuera de lo que conocía. Más tarde Emma se fijó que no era eso, ya que en determinados casos la empresaria se encontraba incomoda hasta con su propia ropa o cogiendo a los niños, en los pocos casos en lo que tuvo que hacerlo. Esto le llevó al planteamiento de que no era difícil que a Regina le gustase aquello, sino imposible. Quizás e había equivocado y aquel sitio ya tenía sentencia de cierre. Y no se equivocaba mucho con esa reflexión, Regina, en toda su jornada, no había hecho ningún caso a los niños ni al centro. Ella se había centrado en la rubia y en sus debilidades, en cómo hacer que aquella sonrisa que siempre llevaba desapareciera o en cómo hacer que aquellos ojos brillantes fueran ensombrecidos por el odio. En resumen, en cómo proceder en esas tres semanas, en cómo hacer de su mundo el propio infierno.
Y tras una larga abstracción llegó a la conclusión de que su mejor táctica para lograr esto sería acercarse más a la rubia. Ser más comunicativa, conocerla mejor en estas semanas, intentar no marcar diferencias. En definitiva, mostrar su cara más afectuosa para ganarse su confianza. Quizá quien la conociera bien diría que esto sería improbable, mas ella tenía bien marcado su propósito, siendo capaz de todo por conseguirlo. Además, pese a todo, la empresaria debía aceptar la pequeña admiración que había sentido por Emma dada su facilidad de manejo con los niños.
Fue así como todos aquellos pensamientos confiscaron su día, siendo una cuestión secundaria el hecho de soportar a aquellos renacuajos. A pesar de ello, y en su opinión, tampoco había estado tan mal. Incluso a veces, se había sorprendido a sí misma disfrutando un poco de las ocurrencias y de la forma que tenían de actuar para ser tan pequeños. No obstante, no quiso ser influenciada por esto, tapando estas sensaciones con su mejor máscara de desapego. Máscara que se reforzó con aquel sentimiento de bienestar que le recorrió cuando Emma comentó que su turno ya había acabado, que ahora vendrían otras dos personas a sustituirlas. Debía admitir que unas simples agudezas de niños no eran suficientes para compensar el cansancio del día. Aquello era inusualmente agotador.
Cuando por fin aparecieron los sustitutos, las dos mujeres se dispusieron a salir sin hacer mucho ruido. Emma iba delante parándose en el umbral de la puerta cuando vio que Regina también lo había hecho. Fue solo por unos segundos, los suficientes para notar algo de tristeza en los ojos de la empresaria. No entendió muy bien a qué era debido, ya que lejos de su pensamiento estaba el hecho de que la morena en un momento de retroceso, había estado pensando sí Kath había hecho aquello alguna vez, si había jugado con algún niño, o si había pasado el día con ellos.
- ¿Todo bien? – Pregunto Emma con timidez.
- Sí – Regina no añadió más, tampoco prestó la merecida atención en su contestación. Sus ojos, que habían examinado toda la sala antes de marchar, ahora se habían detenido en la pelota de Rolands por un breve instante, y sin quererlo, una media sonrisa brotó de ella. No fue consciente del gesto. Sin embargo Emma sí que lo recogió en su pupila antes de que la cabeza de Regina mirase al frente y su semblante fuera tan frio como el que había estado mostrado hasta aquel instante – Salgamos de aquí.
Emma asintió y se dirigió a la salida. Había estado pensando todo el día que aquella decisión de tener allí a su jefa era errónea hasta aquel preciso momento, hasta que vio aquella media sonrisa. Había encontrado una pequeña ventana abierta o por lo menos eso esperaba. Debía ablandar a la morena, no sería fácil, pero ya no lo creía imposible. Regina Mills tenía sentimientos debajo de toda aquella amarga oscuridad que le rodeaba. Había algo en ella que no podía describir, algo atrayente. Emma sonrió. Mañana probaría otra cosa.
Continuará…
Qué os ha parecido el capítulo? Emma ha visto algo de luz, pero ¿Creéis que será tan fácil que Regina cambie? Espero vuestros comentarios.
