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-Sí, lo sé... No aún nada tía... De verdad, la resonancia no mostraba inflamación cerebral, pero eso no quiere decir que deba despertar en cuanto se pase el efecto de la anestesia. –Le volvía a explicar Akane, cansadamente, a la madre de Ranma.

La mujer había querido coger un avión y plantarse allí nada más avisarles Akane de lo ocurrido, pero la chica se apresuró a persuadirla de que todo iría bien y que no se separaría de su lado, además de ser cierto el hecho de que no soportaría la presión de tener a Ranma en cama y a su madre histérica por su retoño que había salido bastante mal parado del accidente.

Miró a su tripa, aún plana, mientras Nodoka balbuceaba nerviosa cosas sin sentido. Ahora estaba embarazada, y cuantas menos situaciones de estrés mejor... Accidente aparte, claro.

-Tía, de verdad. –La cortó. –Te prometo que os mantendré al corriente y os avisaré sea la hora que sea, en cuanto Ranma despierte. Pero ahora mismo no podemos hacer más que esperar a que su sistema esté listo para despertar. Está estable, te lo prometo. –Se frotó la sien con la mano libre. –Estoy con él y aquí me quedaré, ¿de acuerdo?

Un poco más calmada, la madre del luchador le hizo prometer de nuevo que llamaría en seguida, aunque no despertara. Akane suspiró derrotada y así se lo prometió. Al fin y al cabo era su madre, entendía que debía subirse por las paredes al saber que su hijo había sufrido un accidente a miles de kilómetros de casa.

Una vez hubo conseguido colgar el teléfono, la peli azul se acomodó la fina manta que cubría sus hombros y se reacomodó en el sillón que había colocado junto a la cabecera de la cama que ocupada Ranma.

Echó un vistazo a los monitores.

''Todo normal''

Volvió a mirarle.

Le habían quitado la intubación, pero mantenía el tubo de oxígeno bajo la nariz. Una venda rodeaba su cabeza para sujetar los apósitos que cubrían el golpe a la altura de la sien. El gotero se estaba acabando, pronto vendría una enfermera a cambiarlo.

Esa vista no era la peor y más desgarradora.

Su pierna, su poderosa pierna derecha se encontraba en alto y sujetada por varias tiras a una estructura de hierro. Dos hierros recorrían la misma de arriba abajo, sujetando los huesos en su lugar mediante varios clavos.

A Akane se le encogió el corazón. Iba a necesitar mucha rehabilitación durante bastantes meses, tan sólo para poder volver a apoyar la pierna. Eso quizás significaba que no iba a volver a practicar las artes...al menos en mucho tiempo.

Se inclinó y miró bajo la sábana, comprobando que el vendaje de su torso seguía limpio. Suspiró.

Le cogió la mano en una suave y delicada caricia y le apartó el flequillo con la otra mano.

-Ranma... –Susurró suavemente. –Tienes que despertarte. –Continuó tocando sus mechones levemente. –No te va a gustar lo que te encuentres cuando lo hagas...pero yo estoy contigo, y estaré todo el camino, ¿me oyes? –Ninguna reacción. –Por favor, despierta pronto...tenemos mucho por delante Ranma.

Una lágrima cayó de su rostro a la cama y apoyó la frente en su brazo extendido justo cuando unos suaves toques sonaban contra la puerta.

Akane se limpió rápidamente y volvió su cabeza para ver a Harvey, que se asomaba lentamente.

-Hey. –Susurró mientras entraba el médico.

-Hey... ¿cómo estás? –Le preguntó acercándose a ella y mirando los monitores con las constantes del luchador. Cuando miró a Akane de nuevo, la chica sólo miraba al chico tendido sobre la cama con gran pesar.

Tenía los ojos rojos de llorar y seguía pálida.

-Estoy bien, -afirmó aunque sin mucha convicción, -sólo...quiero que despierte.

Harvey asintió, y tras revisar los hierros se colocó al lado de Akane.

-Gracias, por cierto. –Le dijo mirándole. –No he tenido oportunidad de hablar antes contigo...pero me han dicho que lo has dado todo, tal y como me habías prometido. –La chica suspiró. –Muchas gracias, de verdad.

-No ha sido nada Akane...no iba a quedarme de brazos cruzados. –La miró tiernamente al tiempo que ella le brindaba una muy leve sonrisa, con aspecto cansado. –Deberías irte a casa...descansa un poco, cámbiate y luego vuelves. Aquí estará bien.

-No. No me quiero ir, sólo...necesito quizás comer algo...pero no me iré a ningún lado.

El médico observó cómo la chica apretó la mano de Ranma sin dejar de mirarle y suspiró.

-Akane, no le serás de ayuda, ni a él ni a nadie si ni siquiera puedes mantenerte en pie cuando despierte. –Insistió con cariño.

-Me da igual. –Afirmó mirándole. –No consentiré que se despierte y se vea solo. Sólo estoy yo. -(''Y el incipiente bebé que crece dentro de mí'') Aunque eso no lo iba a mencionar. –Estaré aquí con él. –Volvió su mirada al rostro parcialmente amoratado de Ranma.

Harvey suspiró y asintió, antes de darle un apretón en el hombro y girarse para irse.

-Mandaré que te traigan algo de comer.

Akane asintió. –Gracias. –Murmuró.

Cuando se encontró sola con Ranma de nuevo, se permitió apoyar la cabeza en la cama. Casi sin darse cuenta, sus respiraciones se fueron haciendo más pesadas hasta caer en los brazos de Morfeo.

Tenía la boca pastosa. Se preguntó cuánto debía llevar dormida.

Debía ser bastante porque tenía un dolor de cuello bastante importante. Abrió los ojos lentamente y comprobó que cierta luz del día se colaba por las ventanas.

''Sí, has dormido bastante''

Iba a incorporarse para sobarse el cuello dolorido, cuando, notó que algo le acariciaba los cabellos.

Presa en parte del susto y parte de la sorpresa, la chica levantó la cabeza rápida como un rayo, olvidando por completo el dolor de cervicales.

Sus ojos se toparon con los parcialmente abiertos orbes azules de Ranma, que la miraban cansado.

-¡RANMA! –Gritó la chica, levantándose de golpe y frenándose en seco antes de llegar a abalanzarse sobre él, pues podría causarle mucho daño. -¡Dios mío Ranma, has despertado! –El chico, con gesto agotado llegó a sonreírle muy levemente mientras Akane se inclinaba y depositaba leves e incesantes besitos por todo su rostro mientras no paraba de susurrar entre beso y beso. –Has despertado, dios has despertado, gracias, gracias...

-Eh...-dijo el chico con una voz más profunda y rasgada de lo normal. -¿Dónde...dónde estoy? –Preguntó arrastrando las palabras, algo descolocado todavía.

Akane se limpió las lágrimas de los ojos y se mordió el labio para no sollozar.

-Estás en el hospital donde trabajo, en Nueva York. –Le acarició el rostro con cariño.

Ranma frunció el ceño, intentando recordar. –Me...me atropellaron. –Medio afirmó, medio preguntó.

Con lágrimas en los ojos, Akane asintió. –Sí... –hizo una comprobación rápida de sus pupilas para comprobar que estaba lúcido.

-¿Qué me ha pasado? –Consiguió formular Ranma la pregunta con dificultad.

-Ahora tienes que descansar.

-Pero...Akane yo...espera ¿qué...? –Algo contrariado, se miró la pierna.

Akane pudo ver cómo palidecía aún más por segundos.

-Eh...eh eh Ranma mírame, mírame.

El chico parecía en shock. -¿Ranma?

Vio cómo le temblaba el labio y fruncía el ceño.

-Dios, no... Mi pierna. Akane, mi pierna. –Se lamentó con rabia contenida. -¡Joder! –Maldijo mientras tiraba su cabeza hacia atrás de nuevo.

-Ranma, tienes que tranquilizarte. Lo peor ha pasado, eso es lo importante ¿me oyes? –Akane le asió el rostro suavemente hacia ella y le hizo mirar su cara, prácticamente anegada de lágrimas, lo que hizo que el corazón de Ranma se parara. –Por unas horas he pasado el peor infierno de todos, pensando primero que te habías olvidado de mí, y luego descubriéndote en una camilla de urgencias.

Ranma no pudo emitir ningún sonido al comprobar lo rota que sonaba la voz de la chica.

-¿Por qué no me dijiste que venías?

Ranma parpadeó pesadamente. –Yo...no siquiera sabía que iba a venir. Fue, un impulso. –Reconoció. Cuando fue a suspirar contrajo el rostro y emitió un quejido sordo, causado por el dolor de las costillas.

-Dios, perdona. –Se golpeó Akane mentalmente. –Tienes que descansar. Voy a avisar a Harvey para que venga a revisarte rápidamente, así podrás dormir cuanto antes. –Le dijo mientras le acomodaba la almohada.

-¿Harvey?... –Preguntó el chico.

Akane le miró y le colocó el rebelde flequillo, antes de besar su frente. –Él te ha salvado Ranma, le debo mucho por eso.

Cuando la chica iba a despegarse para llamar al médico, Ranma en un impulso que aunque lo ignoró, le causó bastante dolor, alargó la mano para tomar la muñeca de Akane.

-Espera Akane...yo, tengo que decirte algo, es importante y es por eso por lo que...Auch. –Se quejó, llevándose la mano al costado.

-Shh, cuando hayas descansado. –Le colocó la sábana. –Tenemos mucho de qué hablar. Pero créeme, necesitamos estar frescos los dos. –Le miró con los ojos avellana hinchados, aunque sonrientes, felices por verle despierto.

Tras hacerle las revisiones correspondientes, Harvey informó a Ranma bajo la atenta mirada de Akane, así como su ayuda para traducirle, todo lo que había sufrido su cuerpo y lo que habían tenido que hacer para mantenerle con vida, así como cuál sería el procedimiento a partir de ahora para su recuperación.

-...tras lo cual necesitarás rehabilitación unos meses para conseguir recuperar la fuerza de la pierna.

Concluyó Akane.

Ranma, en todo el proceso explicativo miraba a su pierna.

-¿Ranma?

-Se acabó, ¿verdad? No podré volver a luchar. –Se lamentó con furia el chico. –Con suerte caminaré de nuevo.

-Eso no es así Ranma. –Le dijo Akane, tocando su brazo y su mano. –Caminarás sin problemas dentro de un tiempo...pero Ranma, tendremos que tomarlo con calma antes de que vuelvas a hacer ningún deporte de contacto.

Ranma la miró de hito en hito, mientras Harvey se mantenía al margen. No entendía lo que hablaban, pero a la vez comprendía a la perfección de qué iba la conversación.

-¿Tendremos?

-Por supuesto. –Le reafirmó Akane.

-No, no Akane. Esto es demasiado. –Intentó reincorporarse pero el agudo dolor que le recorrió se lo impidió, y bufó resignado. -¿Qué te voy a ofrecer con esto así? –Se señaló la pierna. –No podré cuidar de ti como un hombre... ¿en qué posición me deja eso ante tus ojos? Tú... –apartó la mirada, -tú tienes que mirar por ti Akane, no voy a arrastrarte a esto.

Akane le miró seria, pero no se dejó amedrentar por sus palabras. Sabía que su ego estaba herido al igual que su cuerpo. Sentía que al necesitar que cuidaran de él, él no tenía nada que ofrecer como hombre.

''Mira que es cavernícola''

Alzó una ceja. –Es una pena.

Ranma la miró sin entender y extrañado. -¿El qué es una pena?

Akane se acercó a su rostro entonces y lo acunó entre sus manos. –Que me de igual todo lo que has dicho.

-Akane, hablo en serio, no puedes simplemente...

-Ranma. Basta. –Le cortó. –Superaremos esto juntos y yo estaré contigo...

-No te puedo hacer eso Akane, soy un lastre ¡mírame!

-¿Pero tú eres tonto? –A la chica le dieron ganas de zarandearlo. Notaba cómo la impotencia se abría paso en ella a modo de náuseas. –Ranma, te quiero pero en este momento te pegaría tal guantazo que te acabaría de amoratar la cara.

Ranma se quedó boquiabierto, pero se le pasó en cuanto comprobó que Akane empezaba a ponerse blanca y perlas de sudor se acumulaban en su frente.

-¿Akane? –Preguntaron Ranma y Harvey a la vez.

-Estoy...estoy... –No pudo acabar la frase que ya había salido disparada al baño para vomitar con fuerza.

Ranma hizo caso omiso del dolor que sentía y se incorporó rápidamente, pero Harvey le colocó una mano en el hombro y con señas, para que le entendiera, le hizo tumbarse de nuevo.

-No, quieto. Yo voy. Tú quieto.

Ranma le miró angustiado. Estaba agotado, totalmente adolorido y cabreado.

Él quería dárselo todo a Akane, cuidar de ella y protegerla, y ahora de repente, por una broma cruel del destino, era él quien iba a necesitar cuidados durante un buen tiempo. Odiaba hacerle eso, pero a la vez una calidez se le extendió desde el centro del pecho y que le recorrió el cuerpo entero, al ver que la chica le contrariaba y estaba dispuesta a estar a su lado.

Observó a Harvey acudir al baño tras Akane y se maldijo internamente. Seguramente habría pasado un infierno en efecto. Si hubiera sido al revés, sin duda habría puesto el hospital patas arriba de los nervios y la frustración.

Deseó poder ir junto a ella y consolarla, los nervios que debía haber sentido todas estas horas se habían hecho patentes en ella.

Cuando escuchó la cisterna, indicando que la chica había acabado de vomitar, como pudo levantó la voz.

-¡Te quiero Akane! ¡Perdona por haberte puesto nerviosa!

Akane mientras, apoyada contra las baldosas de la pared en el baño, sonrió divertida. Pues ahora que lo pensaba, por fin podía permitirse disfrutar de pensar que, joder, estaba embarazada.

-¿Estás bien? –Le preguntó Harvey, mientras acariciaba sus hombros fraternalmente.

Akane le miró entonces sin dejar de sonreír.

-Mejor que bien.