Sé que llego con mucho retraso :( Pero me fue imposible escribir en estas navidades.

Intentaré coger el ritmo lo antes posible ;)

Gracias a los que siguen a historia, la leen, o la han puesto como favorita

Mil gracias por vuestros comentario: arren n m , Tanin 1323 , Alex c, Elin , nhmy , dibarbaran , kykyo, EvilRegalJMO , SnixRegal , begobeni12 , Guest , 15marday , kelly21 , dcromeror , LiteratureloverE3 , LyzzEQ , Ruth maria , mills1 , EmmaS92 , NATACHA PAREDES , PrincesseMal , Guest , LectoraMills , SHIRYUZ

Espero que os guste el siguiente capítulo.


CAPITULO 12: ILUSORIAS PAUTAS

"Algunas personas sacan lo peor de ti, otras sacan lo mejor de ti, y luego están esos remarcablemente extraños, los adictivos que simplemente sacan el máximo de ti. De todo. Te hacen sentir tan vivos que los seguirías directamente al infierno, sólo para conseguir tu dosis. (Karen Marie Moning)"

- ¿Por qué trabaja aquí? – Regina dejó la caja llena de juguetes encima de una de las estanterías. No fue una pregunta elegida al azar, toda aquella mañana habían estado hablando de la asociación y del trabajo que realizaba Emma como cuidadora. Habían dejado de un lado hablar de los niños y de sus vidas. La rubia había decidido hacerlo cuando vio que la empresaria empezaba a dar señales de proximidad hacia ellos. Sus vidas eran muy complicadas para hacerla banales en una conversación cualquiera.

- Me gusta… Y es bastante gratificante… Más que un simple puesto de despacho, supongo… Aunque esto sería juzgar, porque yo no he trabajado en una oficina – La rubia hizo una pausa antes de continuar – Pero este trabajo me aporta muchas cosas. A veces creo que me aporta más a mí que lo que yo puedo aportar al trabajo en sí… No sé si me explico – Una sonrisa nacía mientras acariciaba sus palabras para describir lo que era para ella aquel trabajo – Es increíble cuando se consigue algo bueno para los peques... Cuando ves su sonrisa o cuando simplemente sabes que por un minuto son felices – La rubia clavó su mirada en la morena – Siendo sinceras, quizá no sería correcto decir que mi trabajo me gusta… Quizá lo correcto sería decir que mi trabajo me encanta…

Regina desvió su mirada para posarla en los niños. La jornada ya casi había terminado. Habían estado toda la mañana con aquellos niños, los mismos que ayer. Sin embargo, en esta ocasión, la cuidadora había decidido hacer actividades un poco más cercanas y menos de pura observación. Actividades, que en un principio, incomodaron un poco a la morena, pero que luego acabó por agradecer. Aquellos pequeños no eran peores que los más grandes empresarios con los que se había enfrentado. Aquellos niños no tenían maldad, solo se dedicaban a jugar y a divertirse, así que entendía perfectamente a Emma, entendía de qué gratificación hablaba, y entendía que ella había perdido eso hacía mucho tiempo o tal vez nunca lo tuvo, aunque valga decir que tenía otro tipo de gratificación que suplantaba muy bien esa necesidad. Para ella el poder y el dinero eran cosas suficientes.

- Buen argumento – La morena volvió a mirar a la rubia. Por muy básica que le pareciera,una mujer comprometida con su trabajo y buena persona en todas sus acciones, había algo que no le hacía caer en aquel tópico. En su vida había conocido a muchas personas, y de todo tipo, siendo experta en las diferentes personalidades que iba encontrando en su camino, por lo tanto sabía perfectamente que Emma Swan no era aquello que aparentaba nada más conocerla. Aquella mujer le parecía un incógnita, cada vez que creía adivinar un paso, resultaba que daba otro. No obstante, tenía bien claro que nunca nadie se le había resistido, y tenía bien claro que, aquella rubia sin ningún tipo de freno para decirle verdades, no iba a ser diferente. Quizás tardaría un poco más de tiempo, mas no tenía prisa, aún le quedaban unas semanas juntas. Y quitando el entorno en el que se movían cada día, que le frenaba un poco debido a que no era el adecuado por el tema de los niños y el trabajo, lo demás lo tenía todo bajo control. Además contaba con la información que tenía en su despacho sobre la cuidadora, que aun siendo escasa, era suficiente para tener ventaja.

Tan solo pasaron tres segundos hasta que sus miradas se volvieron a perder en el ambiente. Cada una continuó recogiendo lo que horas antes habían sacado para el tiempo de juego. Habían pasado un día muy ameno, aunque en sus cuerpos se iba notando el cansancio. Posiblemente un poco menos para Emma, ella estaba acostumbrada a todas aquellas actividades, sin embargo, a pesar de ello, el día de hoy había sido agotador en otro sentido. Se había pasado el día intentando que su jefa se acercara más a los niños, que tuviese más contacto y que observase menos. Y en cierto sentido lo había conseguido, aquella mujer de pantalones de vestir negros y camiseta de seda blanca, había logrado integrarse con los chicos. Al principio había estado como el día anterior, seca y distanciada, pero luego, con las horas, se había ido relajando un poco, incluso en varias ocasiones, de reojo, la rubia le había observado alguna que otra sonrisa natural, y cabe decir, que le pareció preciosa. Para su descubrimiento, cada vez que aquella mujer se suavizaba era capaz de desprender un tipo de encanto no definido. Lo cual le había impresionado gratamente. Regina Mills no era tan bruja o puede que los niños fueran su Kryptonita.

- ¿Mejor el día de hoy?

La empresaria miró extrañada cuando Emma le preguntó aquello. Como si la cuidadora hubiese planifica aquel día solo para agradarla y que estuviese más cómoda. En su esquema mental, imaginó que la rubia preferiría más llevarle la contraria y así hacerle creer que la asociación aportaba más que los beneficios de cualquier otra inversión. Un trabajo rápido y distante sería una buena perspectiva para demostrar eso último. Así y todo, la educadora había optado por todo lo contrario y de nuevo se refutó su teoría de que Emma Swan era diferente.

- No es a lo que estoy acostumbrada, aunque creo que me voy adaptando – Aquella era la única respuesta sincera que pudo encontrar. Ciertamente no estaba preparada para trabajar con niños, y mucho menos a sentirse observada en todo momento. Tampoco estaba acostumbrada a tener a alguien que le indicase que era lo que tenía qué hacer. A pesar de ello, no podía quejarse ni renunciar. Ella misma había decidido aceptar aquella locura de propuesta, y era ella quién tenía que hacerse cargo de las consecuencias. Además, ella no estaba allí para sentirse llena o llegar a los niños. Eso lo dejaba para las simples apariencias. Mientras que la rubia se fijase solo en eso, ella podría poner en marcha su plan e ir conociendo mejor a aquella mujer para luego acabar suavemente con ella – Devuelvo la pregunta ¿He mejorado en el día de hoy?

Emma sonrió, no tomó aquella pregunta como una broma. Con independencia de ello, sabía muy bien la clase de persona que era Regina, sabía muy bien que ese tipo de personas tienden a superarse, no porque le interese hacer bien su trabajo, sino por la presión de ser mejor en todo momento. Así que su plan de hacerla más humano con los niños no tendría frutos inmediatamente. Claramente su objetivo era más a largo plazo.

- Aún le falta…

La empresaria se paró en seco y dejó de recoger. Aquella no era la respuesta que esperaba. De nuevo, aquella mujer no dejaba de sorprenderla. Nadie de sus empleados era capaz de decirle algo así, y luego quedarse tan tranquilo. Sin embargo, la rubia lo estaba, no se notaba ningún indicio de que estuviese intranquila por sus palabras o por las consecuencias de ellas. Parecía un comentario cualquiera, al azar, no obstante intuía que era todo lo contrario. Regina ladeó la cabeza.

- ¿Aún me falta?

- Los niños son diferentes a los adultos, pero también se los tiene que ganar – Emma no perdió su sonrisa – Y eso se hace poco a poco, no en dos días… No pretenda estudiarlos rápidamente, ni conocerlo todo solo observando la superficie… Quizá eso le es suficiente para sus negocios, pero aquí la cosa cambia.

- No le quitaré la razón, pero…

- Tranquila… - Emma se acercó a la empresaria y posó su mano en su hombro. Un gesto demasiado intimo para la morena, que quedó petrificada sin saber qué hacer – No le estoy juzgando – Terminó diciendo la rubia mientras prosiguió su camino hacia varios de los niños, rompiendo de esta manera dicho contacto.

No hubo más palabras, no hacían falta, o no en aquel instante.

Los minutos siguientes transcurrieron como toda la mañana. Alguna que otra mirada, y algún que otro pensamiento fugaz. Aquellas mujeres eran muy diferentes, pese a esto, habían encontrado cierto equilibrio para ceder la una con la otra. Evidentemente aún no se conocían, y lejos estaban de congeniar. Se seguían llamando de usted y su trato, excluyendo aquel acercamiento casual, era simplemente correcto. Todo seguía las leyes estipuladas de lo que se esperaba dentro de su relación laboral. Fue por este motivo, que Emma decidió no alargar más la faena. Una vez que recogieron todo fueron sustituidas por otras dos cuidadoras, quienes, a pesar de estar avisadas con anterioridad, se sorprendieron de ver a su jefa allí trabajando. Aunque no eran las únicas, casi todo el personal del centro todavía no asimilaba aquello, y mucho les quedaría para hacerlo.

En su despedida, ya fuera de la asociación, el ambiente no cambió. Las mujeres estaban de pie a un metro de distancia.

- ¿Mañana a la misma hora? – Preguntó Regina

- Sí.

- Intentaré estar a la altura – El humor de la empresaria no era muy bueno. Quizá ese tipo de bromas y con su tono serio podrían dar pie a equivocaciones en su interpretación por parte de la rubia. Y así fue.

- Perdón… Yo no… - Emma titubeó a la hora de hablar. Los nervios le estaban jugando una mala pasada - Yo no… Yo no quise insinuar que lo estuvieras haciendo… mal – La rubia suspiró para sorpresa de Regina, pues no se imaginaba que con solo una frase fuese capaz de trastornar de aquel modo a la cuidadora – Yo… solo intentaba decirle que los niños no son negocios.. Bueno esa no es la palabra... Quiero decir que…

- Tranquila… No le estoy juzgando – Aquellas cinco palabras causaron gran impacto en Emma. La voz grave de la empresaria, su mirada, todo la desconcertó, haciendo que se quedase inmóvil en todos los sentidos. Su sonrisa se apagó, su boca se entreabrió un poco y sus ojos se agrandaron como platos. Y aunque Regina estaba disfrutando mucho de aquel momento y de lo que había descubierto, se dio cuenta que era mejor aclararlo todo – Señorita Swan… Era una broma… Sé muy bien lo que quiso decir antes en la sala de juegos, y no me olvidó de porqué estoy aquí. Me quiere dar razones para no cerrar Somnia, y no quiere que lo considere un negocio. ¿Estoy en lo cierto?

Emma suspiró internamente, aquella mujer no tenía una forma constante de actuar, su comportamiento bien podría estar calibrado por un interruptor ¿Le había hecho una broma? Pésima, obviamente, pero al fin y al cabo, parecía tener sentido del humor. Cosa que nunca hubiese imaginado.

- Perdón… Yo, no le conozco, y no sabía que estaba ironizando, yo creí.. Perdón – La rubia miró con cierta inocencia a la morena, y recuperó su sonrisa, aunque estaba vez era un poco más tímida.

- No se preocupe- Ni Regina supo por qué dijo aquello, ella no solía ser así con nadie, jamás insinuaba una cierta apatía por alguien.- Es normal, no nos conocemos.

No fue silencio lo que interrumpió aquella extraña conversación, más bien fue el hecho de que cada una estaba un tanto afectada, no solo por los acontecimientos de minutos antes, sino también por la forma que tenían de hablar, de comportarse y de pensar estando juntas, parecía que sus propias pautas hacia los demás o con los demás no se aplicaba entre ellas. A pesar de ello, el desconcierto se instauró definitivamente cuando Emma solo pronunció una palabra.

- Café.

- ¿Cómo? – Las tornas habían dado la vuelta. Ahora fue el turno de la empresaria para casi perder su compostura de indiferencia.

- Para conocernos... – Añadió rápidamente la rubia - Creo que es lo más conveniente – La poca sensatez que le quedaba estaba gritando que aquello era una mala idea, con todo y eso, no podía retroceder, así que rezó para que fuera Regina quién rechazara la oferta.

- Me parece correcto – Realmente aquello no le parecía correcto, le parecía todo lo contrario, una equivocación de las buenas. Pese a ello, tenía que ser coherente consigo misma. Si realmente quería conocer a Emma, esta sería la forma adecuada. Fuera de su trabajo, fuera de aquellos pequeños - ¿Le apetece ahora?

- No, yo había pensado en mañana después del trabajo – Para su mala suerte, Regina había aceptado con gusto aquella invitación, volvió a maldecirse ¿En serio? La educadora se quiso golpear varias veces mentalmente ¿Por qué había propuesto eso? ¿De qué hablarían? ¿Cómo saldría todo? Un pinchazo en su corazón le indicó que no era el momento de preocuparse, aún quedaban 24 horas y muchas cosas podían cambiar, y si no se daba el caso, tampoco era el momento de adelantar acontecimientos. Tan solo serían dos personas que toman un mero café. Eso sí, dos personas muy distintas. No obstante, en eso consistía aquella locura, en que aquellas diferencias que tenían de personalidad tuvieran un sentido. Conocerse mejor sería una posibilidad más de llevarse bien fuera del ámbito laboral o por lo menos establecer otro vínculo. En el fondo seguro que no sería tan malo ¿O sí?

- Tenía que hacer una cosa, pero lo puedo cambiar sin problemas – La morena mostró su sonrisa de negocios. Estaba deseando que llegase el día siguiente y por fin ir conociendo a aquella mujer que cada día le parecía más enigmática.

- ¿Segura?... Es decir, lo podemos dejar para otro día.

- Segura Señorita Swan

Ambas se miraron y la espontaneidad de la ocasión dio paso a la incomodidad del momento. Así que decidieron despedirse con un simple adiós, cogiendo cada una caminos opuestos. Mañana se presentaba una jornada distinta.

Continuará…


Qué os ha parecido este capítulo? Parece que la cosa se está suavizando entre ella… Pero ¿Será así de verdad? Espero vuestros comentarios.