-Epílogo-
Siete meses después
-Por favor...¿quieres estarte quieto de una vez? Que hayas avanzado en la rehabilitación no quiere decir que tengas el deber de partirte la pierna de nuevo.
Ranma, deteniendo sus pasos miró a su prometida con cara de fastidio, para luego transformarla en una de burla. -Lo que te pasa es que tienes envidia porque ahora eres tú la que no se puede mover fácilmente y !AUCH! -Se quejó divertido cuando un cojín le dio de lleno en la cara.
Akane le sacó la lengua burlona desde el sofá. -¿Y de quién es la culpa?
Ranma se acercó a ella y se dejó caer pesadamente a su lado, mientras acercaba su rostro al suyo. -Pues tuya y de ese cuerpo sexy que vas paseando, nena.
La chica soltó una carcajada y le pegó en el hombro, negando con la cabeza ante la falta de filtro de su prometido. -Eres de lo que no hay. Un sinvergüenza.
El chico sonrió de lado y miró a los llenos y rosados labios de Akane. -Y a ti que te gusta.
Intentando ocultar su sonrisa, Akane se levantó con dificultad debido a prominente tripa de casi nueve meses no sin antes propinarle un codazo al creído de su prometido.
-Espero que cuando nazca Sayuri controles esa lengua que tienes. ¿No querrás que de mayor sea igual de descarada que su padre verdad?
Ranma frunció el ceño con seriedad y se envaró. -Ni hablar. Pero bueno, teniendo en cuenta que mi hija no saldrá de casa sin mí hasta los treinta...
Akane rió divertida hasta que volvió a mirar a Ranma, que no le veía la gracia.
-Oh vamos, eres un exagerado.
Akane se giró para dirigirse a la cocina. Todo estaba patas arriba así que Ranma la observó rebuscar en un par de cajas hasta que sacó una taza de una de ellas. Observó sus movimientos mientras calentaba agua y sacaba té, a la vez que se acariciaba distraída la tripa.
El chico sonrió bobamente no pudiéndose creer que ahí, dentro de ese cuerpo perfecto descansaba su hija, a la que se moría de ganas por conocer. Jamás en todo el tiempo que habían estado separados habría pensado que tendría tantísima suerte como para esperar que Akane se entregara a él, y encima hubieran creado una vida.
Ni siquiera el hecho de haber tenido la pierna rota y no tener la certeza de poder volver a competir le bajaron de la nube en la que se había instalado nada más saber que Akane, la mujer de su vida, esperaba un hijo suyo.
Él necesitó continuar ingresado varios días hasta comprobar que no se desarrollarían complicaciones, pero dado que no podría viajar, decidió expresarle a Akane sus deseos de continuar en Nueva York junto a ella para que la chica pudiera perseguir su sueño. Al fin y al cabo, el sueño de él era estar con ella.
Y lo había cumplido, ¿no?
El chico se sobó la pierna mientras miraba la tripa de Akane y sonreía. Desde luego había sido un shock inicialmente cuando la chica le había confesado su estado, después de que tras un par de días de vómitos por la mañana y su semblante cansado, hicieran al chico preocuparse hasta el punto de enfadarse.
Pero no lo cambiaría por nada del mundo.
Se levantó con toda la agilidad que su pierna le permitía y caminó hasta situarse tras ella, para abrazarla y colocar sus manos en su prominente tripa, lo que siempre la hacía sonreír.
-¿A qué hora llegan los de la mudanza? -Le preguntó Ranma, para luego besar su cabeza cariñosamente.
-En media hora. -Contestó la chica, mirando la pantalla de su móvil que reposaba en la encimera.
-Hmm... ¿Crees que...? -Ronroneó el chico contra su pelo y llevando sus manos a las caderas de Akane, apretándola contra él.
La chica, que le notó en todo su esplendor al pegarse a su cuerpo, se mordió el labio mientras se giraba para mirarle con una ceja alzada y poner así su tripa entre ambos, la cual Ranma acarició sin dejar de mirarla a los ojos...con una mezcla de deseo y veneración. Como si fuera el más delicado de los tesoros.
Pasándole un dedo por el torso, la chica suspiró. -Me gustaría, Saotome... -Luego posó esa misma mano sobre su vientre. -Pero sabes que con esta tripa necesitamos más de treinta minutos. -Le dijo divertida.
Él sonrió de lado e inclinó la cabeza: -¿Es eso un reto, Saotome?
-Tendo, querrás decir. -Le corrigió ella, divertida.
Ranma entrecerró los ojos y acercó su cara a la de Akane. -No por mucho tiempo. -Sentenció con voz profunda.
A Akane se le cortó la respiración momentáneamente. Cierto era que habían acordado volver a su estatus inicial, el cual era prometidos, pues a Ranma no le gustaba la idea de que fuera ''sólo'' su novia. Prometidos tenía que ser, y para qué negarlo... No es que a Akane le disgustara la idea, pero en estos meses no habían hablado del siguiente paso. Habían estado demasiado ocupados con la rehabilitación de Ranma, el trabajo en el hospital, el embarazo...y ahora la mudanza la casa de las afueras.
Por ello, el hecho de que el estableciera el hecho de que dejaría de ser una Tendo en breve, la pilló por sorpresa.
Sonriéndole como sabía que le encantaba, le agarró de la camiseta y ante la boba mirada de él, le atrajo a sus labios teniendo que ponerse de puntillas para alcanzarle sin problemas.
Su respuesta no se hizo esperar, soltando el aire contenido por la nariz, el chico les dio la vuelta para dejar a Akane entre la encimera y su cuerpo. Cuando el beso aunque pausado, se hizo más profundo, Akane notó cómo las fuertes manos de Ranma la recorrían de arriba abajo, como si quisiera dejar su huellas en ella.
Cuando Akane apretó su cuello, sabiendo que había perdido la batalla y rindiéndose a él, sonó el timbre del portero que probablemente, anunciaba la pronta llegada de la empresa de mudanzas.
Riendo contra la masculina boca, se separó levemente y antes de dirigirse a abrir la puerta, susurró: -Esto no se queda aquí.
-Ni por asomo. -Confirmó él con una mueca de fastidio antes de que el timbre sonara de nuevo haciéndoles rodar los ojos a ambos. -Vamos a abrir antes de que se carguen el portero.
Entre bromas y caricias furtivas, fueron dándoles indicaciones a los transportistas que se encargarían de llevar todas sus pertenencias a la pequeña casa que habían adquirido a las afueras de la ciudad. Una propiedad de dos plantas en un vecindario tranquilo que sería lo suficientemente adecuada para vivir con un niño, y no tan alejada como para que Akane tuviera dificultades para ir y venir del hospital.
Mientras Ranma acababa de guardar varias prendas de ropa en una de las cajas, Akane le observó sin que se diera cuenta, recreándose en la expresión tranquila y feliz, aunque concentrada que ocupaba su rostro.
Cuando él se sintió observado, levantó la mirada para deleitarse con su bella prometida, que le miraba embelesada. Cuando él le sonrió, ella no pudo reprimirse y se acercó para tirarle las manos al cuello, feliz.
Otros dos meses después
Apoyado contra el marco de la puerta que daba a la habitación de su hija, Ranma contemplaba totalmente alucinado la escena que ante sus ojos se desarrollaba en el interior.
En una esquina de la habitación, en un sillón colocado junto a la ventana que daba al jardín trasero, Akane sostenía amorosamente a Sayuri, su bebé de mes y medio que era la locura de sus padres, mientras le daba el pecho.
La pequeña nació de madrugada, una noche de lo más calmada y en el hospital en el que trabajaba Akane. Junto con el obstetra, Harvey había insistido en ser de ayuda en la sala de parto, pues al fin y al cabo, le tenía un profundo aprecio a la que una vez fuera su novia.
Cuando Sayuri nació y Ranma la vio por primera vez, tuvo la certeza de que una parte de su corazón caminaría por siempre fuera de su cuerpo, habiéndose adherido al de su hija.
Para ambos, la llegada al mundo de la pequeña supuso una inmensa felicidad que se plasmó en sus rostros y no les abandonó en ningún momento, pues al ver a la pequeña con suaves y delicados cabellos azulados, regalo de su madre, y la mirada azul de su padre...fue más de lo que sus corazones pudieron soportar.
El ex luchador recordaba esos momentos mientras su hija se alimentaba y la joven madre le daba dulces y delicadas caricias en la cabecita mientras le recitaba palabras de arrullo.
Ranma no podía creerse que fuera un cabrón con tantísima suerte.
Hipnotizado por esa imagen, la cual quería grabar a fuego en su mente, se acercó a pasos lentos hasta agacharse junto al sillón y posar un suave beso sobre los delicados y finos cabellos de su bebé. Cuando alzó los ojos para mirar a la mujer que se lo había dado todo, se encontró con su cariñosa sonrisa.
-Hey. -Le saludó en un susurro.
-Hey, preciosas. ¿Cómo están mis chicas? -Preguntó igualmente susurrando.
-Pues...-Miró a la pequeña entre sus brazos. -Tu hija se está cebando, y yo...bueno, agotada pero feliz. -Le miró de nuevo con amor.
Él rió divertido, para luego morder su labio nervioso, gesto que no pasó desapercibido para Akane.
-¿Estás bien? -Le preguntó riendo suavemente.
-Un poco nervioso. -Aceptó.
-¿Nervioso? ¿El gran Ranma Saotome? -Le tomó el pelo, pero él apretó los labios y se pasó una mano por su pelo azabache. -En serio, ¿Va todo bien, cariño?
Él iba a responder, pero tal como abrió la boca, la cerró. En su lugar, la miró intensamente unos instantes antes de meter su mano en el bolsillo del pantalón, sacándola de nuevo y sosteniendo una pequeña cajita azul marino. La sonrisa de la chica se borró al instante, poniéndose nerviosa a su vez. Aún con la niña en brazos, le miró fijamente.
-Ranma...¿Qué...
-Akane, -le cortó el chico suavemente y sin levantar la voz, -vivo nervioso desde el momento en que te conocí. Tan solo con mirarme haces que me tiemblen las piernas, ¿sabes? -La miró y vio que apretaba los labios, no sabiendo si contenía la risa o las lágrimas. -Pero eso no es nada comparado con el amor que siento por ti. -Alzó la mano para acariciar su rostro. -Y deseo...no, -se corrigió, -necesito... Necesito casarme contigo. Eres la chica más trabajadora, especial y bondadosa, la prometida más cariñosa y ahora la madre más dedicada que conozco. Y no es exagerado, aunque sea cliché, -Akane rió, dejando salir así un par de lágrimas, -decir que realmente me harías el hombre más feliz del mundo.
Abrió la cajita delicadamente, mostrándole el fino anillo de oro blanco que en su centro, sostenía un precioso y también fino diamante. Akane contuvo el aliento intentando tranquilizarse, pues aún sostenía a la bebé en sus brazos, aunque se hubiera dormido.
-Akane... La mujer de mis sueños... ¿Te casarías conmigo?
Asintiendo enérgicamente, y con lágrimas abandonando sus ojos la chica le respondió: -Sí, sí por supuesto que me casaré contigo Ranma. Mil veces sí. -Sonrió ampliamente.
Ranma sonrió aliviado y con orgullo, para luego inclinarse y besar sus labios con suavidad. Al separarse, rieron contra la boca del otro antes de que sin perder tiempo, Ranma colocara el anillo en su dedo.
Mientras ella lo observaba, él cogió delicadamente a una dormida Sayuri en sus brazos. Antes de dejarla en su cuna, le besó la carita y una vez libre, se giró a Akane.
-Bueno nena... -Se acercó hasta rodearla con sus brazos y pegarla a su pecho. -¿Qué te parece si lo celebramos a la vieja usanza? -Para énfasis de sus intenciones, le dio un fuerte apretón en el trasero.
Sonriendo de forma coqueta, ella le siguió el juego. -Me parece bastante acertado, pero no te emociones demasiado o acabaremos haciendo otro de esos, Saotome. -Señaló a la cuna con la cabeza.
-¿Es eso un reto, Saotome? -Le contestó divertido.
No la dejó contestar, pues entre risas y besos robados, se dirigieron a su habitación para amarse de nuevo, por fin sintiendo que tras tantos años, las piezas estaban todas encajadas.
Habían creído perder mucho en el camino...pero hay algo que no perderían nunca más: el tiempo juntos.
Fin.
Bueno... Lo primero: lamento el retraso.
Y lo segundo... ¡Aquí está! Ha llegado el final. Sé que ha sido largo y no es perfecto, pero lo cierto es que estoy muy contenta de haberlo acabado, sobretodo el verlo escrito, ya que es una historia que llevaba meses rondándome la cabeza y necesitaba sacarla de ahí.
Pensaba escribirlo en un par de partes más, pero he pensado que un largo capítulo de cierre, era lo mejor.
En fin, espero que la hayáis disfrutado de leer tanto como yo de escribir.
Espero vuestras opiniones sobre el fic en general y nada, muchas gracias por haberme seguido en este proyecto.
He llegado a pensar que quizás le de vida de otra manera...pero de momento es una idea en mi cabeza, nada más.
Muchas gracias de nuevo por leer, por vuestros comentarios de apoyo y por haber estado ahí con cada actualización.
Nos leemos pronto...esperemos.
¡Un beso!
