Buenas! Espero que estéis teniendo un buen viernes!
Estoy en un proyecto liada, y no tengo tanto tiempo para escribir, pero quiero intentar actualizar más de seguido, porque sé que os tengo un poco abandonadas :(
Muchas gracias a los que leen la historia, la siguen, o la han hecho favorita.
Mil gracias por vuestros comentarios: dibarbaran , EvilRegalJMO , Elin, 15marday, lcp15 , begobeni12 , PrincesseMal , SnixRegal , ANA , LiteratureloverE3 , EmmaS92 , dcromeror, kykyo-chan , NATACHA PAREDES , mills1 , LyzzEQ, Guest , Guest , LectoraMills , BeaS , ChicaCiruelaSQ , Ruth maria.
Espero que os guste esta actualización!
CAPITULO 13: UN CAFÉ, UNA PAREJA Y EMMA
Hace un tiempo que no recorría estos pasillos de demonios y sombras, pero de vez en cuando es sano quemarse un poco en tu propio infierno, te recuerda a donde puedes regresar si vuelas muy alto o muy bajo. (Fabian Malaver )
- ¡No puedo creer que hayas hecho eso Emma!
- ¿Por?... Solo es un café Ruby.
- Y también solo fue un beso en la mejilla el de Judas, y fíjate en lo que desencadenó...
- No seas extremista… Te sonará raro, pero me cae bien… No es la estirada y zorra que tú crees…
- Puntualizo, que el mundo entero cree – Ruby miró fijamente de nuevo a Emma. Ambas habían empezado aquella conversación cuando la rubia había llegado a casa y directamente se había tirado en el sofá solo pronunciando la palabra "café".
- No digo que no sea una prepotente y fría… solo digo que todo el mundo se merece una oportunidad… Yo la he visto con los niños… Y es diferente…
- Eres demasiado buena Emm, y sigo pensando lo mismo… Algo trama – Ruby meneó la cabeza de un lado a otro. Le preocupaba bastante que su amiga fuera tan inocente. Nadie recibe el título de Reina Malvada si no hay motivos para ello.
- Quizá siempre ha estado bajo mucha presión… Quizá nadie se ha molestado en conocerla, en creer en ella… La gente puede cambiar Rub…
- ¿Sabes? – Ruby se incorporó un poco del sofá acercándose a la rubia, mientras que al mismo tiempo posaba su mano en la rodilla de esta – Tengo miedo de que te haga daño. Sé que vas a intentar "salvarla" – Añadió dibujando unas comillas en el aire – Y tengo miedo de que te rompas en el intento… Es solo eso.
- Gracias por preocuparte, pero no tienes que hacerlo… Además… No creo que me pueda romper más – La sonrisa de la rubia fue triste, casi un desgaste no registrado de la amargura más pura.
- Aun así ten cuidado Emma, ¿vale? – Rub comentó antes de levantarse e irse a su habitación- Buenas noches.
- Buenas noches.
Emma se quedó sola en el salón divagando. No quería pensar en lo que le había dicho su amiga, ni tampoco hacer caso a su intuición, para ella solo era un café, un simple café, el resto se podía solapar con el hecho de que sería una forma cualquiera de conocer a su jefa.
Entre reflexiones, la rubia puso la televisión. Sería una buena forma de distraerse y de no pensar. El siguiente día no tardaría en llegar, y así fue. Como por arte de magia, en un abrir y cerrar de ojos ya se encontraba enfrente de la asociación esperando a Regina para entrar juntas.
Cuando esta llegó, puntual como siempre, se podía palpar algo distinto en el ambiente. Sensación que duró toda la jornada laboral con los niños hasta que llegó el café.
Habían decidido ir a una cafetería cercana de la asociación. Ambientada con un estilo Vintage, aquel sitio fue testigo de la incomodidad del silencio, ninguna de las dos habló en los primeros minutos. Era raro verse fuera del ambiente del trabajo, pero por algún tema debían empezar, así que fue la rubia la primera en pronunciar las primeras palabras.
- ¿El día de hoy bien con los niños?
No hubo respuesta, ya que el camarero las interrumpió para tomar la comanda.
- Buenos días, ¿qué van a tomar?
- Yo voy a querer un chocolate caliente con canela, por favor.
- Para mí un café… Y póngale un churrito de Whisky – Ante esta última palabra, la rubia clavó su mirada en la morena, pero no dijo nada- Ya no estoy trabajando, puedo permitírmelo, además le da un toque de sabor – En ese mismo momento, Emma se remontó a días atrás cuando encontró a la empresaria en un estado de embriaguez absoluto - ¿Algún problema?
- No – En su interior pensaba lo contrario, había una alerta que le indicaba de que aquello no estaba bien, de que algo había detrás.
- Respondiendo a tu pregunta de antes, el día bien. Pero no hablemos de eso – A Regina le interesaban dos cosas en aquel momento. La primera era cambiar de tema sobre sus costumbres de cómo le gustaba el café, la segunda era empezar a conocer lo antes posible a la rubia - ¿Cómo empezó trabajando en la asociación?
Y así fue como emprendieron una conversación que duró cerca de dos horas. Hablaron de cómo Emma había iniciado su trabajo en Somnia, que sus compañeras de piso también trabajaban allí. Hablaron de algunos problemas con los que se encontraban día a día. Abordaron la vida de alguno de los niños y sus dificultades. Las cosas buenas que conseguían con esfuerzo todos los trabajadores. En resumen, y para cierta molestia de la morena, solo dialogaron de cosas de la asociación. Por mucho que Regina intentaba sacar otros temas, Emma siempre devolvía las preguntas al objetivo de que la morena conociera bien aquello. Si bien es cierto que eran temas laborales, no se podía obviar el hecho de que ninguna de las dos estaba incomoda. Por el contrario, las palabras fluían con demasiada facilidad.
- ¿Toda tu vida gira entorno a Somnia? – De nuevo la empresaria intentó cambiar el giro de la conversación. En la última media hora había mirado su reloj cuatro veces. Se le estaba haciendo tarde, y aún no había conseguido ninguna información valida de la rubia. No había hablado de su pasado, ni de sus hobbies, ni si quiera de su hijo. Lo único que había conseguido era informarse de que vivía con tres compañeras de trabajo. Aquello estaba siendo una pérdida de tiempo.
- Sí… Amo mi trabajo – Y allí estaba una sonrisa sincera por parte de la educadora.
- Pero… Habrá algo más ¿no? – La insistencia de Regina era de admirar.
Un corto silencio, pero el suficiente para que el ruido ambiente se hiciera notar.
- Lo demás es todo superficial si lo comparamos con los niños – La morena resopló internamente. Aquella mujer era imposible de manejar. Debía encontrar otra táctica si deseaba sacarla información válida – Y usted ¿Diría que es superficial?
Un cubo de agua fría, eso es lo que fue para Regina aquella pregunta. Incluso reparó como la máscara que había llevado en todo momento casi cae de inmediato. ¿Cómo podía preguntarle aquello? Y lo peor de todo ¿Cómo podía responder sin ser ella misma? No quería romper en solo un segundo lo que estaba intentando conseguir los últimos días. Un paso en falso y de nuevo volverían como al principio. Sin embargo, aquella pregunta había sido una insolencia. Respiró internamente y rescató de su muestrario una de sus sonrisas más hipócritas.
- Y eso que este es solo un café, no me imagino que me preguntaría en una cena – Emma respondió con otra sonrisa. Sabía perfectamente que aquella cuestión quizá no había sido adecuada. Pero una vez que había estado hablando de la asociación, le interesaba saber si Regina realmente quería ayudar o solo aparentar – No soy todo lo que lee en el celuloide.
- No leo esas cosas… Le confesaré que hasta hace una semana ni siquiera sabía quién era usted – Aquella pequeña confesión pilló de sorpresa a la empresaria. Todo el mundo sabía quién era ella. Todo el mundo conocía su vida. Lo que le llevó de nuevo a plantearse ¿quién era Emma Swan?
- Supongo que sí soy superficial – Podría haberle mentido perfectamente. Podría haberse puesto la medalla de la superficialidad, y sin embargo no lo hizo.
- Pero…
- ¿Pero?
- Creo sinceramente que después de esa frase hay un pero, y me gustaría conocerlo – Emma clavó la mirada en su jefa.
- Pero… para mí es muy importante Somnia – Segunda frase que Regina dijo sin esconder su pensamiento. Y es que la asociación llevaba consigo su parte más humana, llevaba esa parte de Kath que quería eliminar. Ahora mismo, para ella, era lo más importante, sin omisiones.
- Es difícil para mí creer que una persona que lo tiene todo considere una simple asociación como algo importante.
- Creí que no leía cosas sobre mí.
- Y no lo hago. – Emma respondió rápidamente- Obviamente es fácil saber que usted dispone de todo sin hacer caso a rumores o historias que circulen por ahí.
- Entonces ¿Cree que le estoy diciendo lo de la asociación para ganar puntos Señorita Swan?
La rubia se quedó pensativa. Lógicamente aquello no tenía sentido ¿Por qué iba a mentirle para ganar puntos? ¿Qué conseguía Regina con ello?
- No lo sé – No podía decir con pruebas que la empresaria no era lo que fingía ser, era más bien un sentimiento inexplicable.
- Usted misma se está contradiciendo, desea que haya un pero, y no me cree cuando lo digo.
- Entonces dígame ¿Cómo es la verdadera Regina?
La carcajada de la morena casi interrumpió las últimas palabras de Emma.
- Creo que se está haciendo tarde.
- ¿No va a contestar? – Emma volvió a insistir. Ya no sabía si el motivo era por la asociación o por ella misma. Y es que desde que había conocido a la empresaria algo le instaba a no dejarse llevar solo por las apariencias. Contrariamente a lo que pensaban sus compañeras, aquella mujer parecía un interesante enigma. Y eso no le ocurría muy a menudo.
- Algún día, tal vez… En otro café – Regina había sopesado abrirse un poco, si algo quería, algo le costaría. Pero aquel no era el momento, no sabía muy bien el porqué, ni las razones por las cuales no podía actuar hipócritamente como lo había hecho con alguno de sus negocios. Aquella mujer que tenía enfrente tomando un chocolate era diferente. Le miró a los ojos intentando buscar un simple motivo, sin embargo solo pudo perderse en ellos por unos segundos, luego desvió la mirada. Bueno, de hecho la rehuyó. Todas la cosas que planeaba, todas, iban fracasando poco a poco. Y no estaba acostumbrada a ello. Estaba habituada a conseguir todo en el momento que quería. Ninguna persona se escapaba de sus juegos, ni de sus manipulaciones. Pero allí estaba ella, tomando más tiempo del debido en algo que aún no sabía muy bien cómo lograrlo.
- ¿Doy por hecho que habrá otro café?
Otro momento en suspense, otra vez que el ruido ambiente se deslizó entre ellas.
- Para ser el primero no ha estado mal – La morena sonrió, no obstante esta vez no era una sonrisa programada, había cierta franqueza en ella.
- No – Emma se sorprendió cuando se admitió internamente que aquel café, que en un principio parecía de compromiso, había acabado siendo una agradable quedada – No ha estado mal… y… si le sirve de algo, no creo que sea usted superficial – Allí estaba, una nueva confesión por parte de la rubia – Sus motivos tendrá para actuar así, pero sé que hay algo más que poder y dinero en usted, aunque intente engañar haciendo creer que las cosas no le importan o que solo existe su punto de vista u opinión.
Regina miró a Emma detenidamente. Sabía que no debía hacer caso de aquellas palabras, pero estas habían calado un poco. La costumbre era encontrarse gente tan artificial como ella, y un trato diferente. Sin embargo, la rubia parecía sincera, sin dobles intenciones. Sonrío quitando importancia a lo que acababa de oír, y luego miró a uno de los camareros de la cafetería y con l mímica de su firma pidió la cuenta. En ese tiempo no pudo evitar fijarse en la rubia un par de veces de reojo. Algo en ella seguía llamando su atención, era una sensación extraña, algo atrayente. No era por un argumento físico. Concluyentemente debía admitir que Emma era guapa y seguramente en una discoteca, y con otra ropa, se hubiera fijado en ella. Pero esto tenía que ver con otra cosa, otra tipo de efecto muy diverso al que solía estar familiarizada.
A los pocos minutos el camarero del principio apareció trayendo con él la cuenta, y todos estos pensamientos se esfumaron. Tenía que ser profesional, ser ella misma, el objetivo no era hacerse amiga de la rubia, ni siquiera estar cómoda en su presencia. El objetivo era conocerla y acabar con ella en menos de un mes.
- Pago yo – Dijeron ambas mujeres a la vez mientras que alargaron las manos para coger la cuenta. Estas se rozaron, y hubo algo infrecuente, una especie de cosquilleo que se trasladó por sus cuerpos. Sus miradas se encontraron y eludieron en el mismo segundo. Y así, como si se tratase de la llama que abrasa cualquier papel al instante, sus manos se apartaron precipitadamente.
- Por favor, insisto – Dijo rápidamente Regina intentando sonreír. ¿Qué había pasado?
- Como habrá una próxima vez, está bien – Emma también intentó sonreír, pero su gesto fue forzado. Lugo, sutilmente, se miró la mano. Aquel tipo de chispazo era muy parecido al pinchazo que había sentido últimamente en su corazón. Debía ir al médico pronto. Levantó su cabeza y observó como la empresaria estaba pendiente de que el camarero se llevase el pago. Por un intervalo de tiempo se perdió en aquella mujer. Al principio había conocido a una mujer fuerte, implacable, con poder, fría. Pese a esto, y en muy contadas ocasiones, también había observado cierta debilidad en ella. Aquel día en el que la encontró en estado de embriaguez y ahora con los niños. Quizá la palabra adecuada no era debilidad como tal, así que recapacitó advirtiendo cierta benevolencia en ella, ajena a una estricta fachada.
Por fin, en un titubeo, ambas mujeres se levantaron para irse.
En la salida, Regina, envuelta en sus últimos pensamientos, chocó ligeramente con una pareja de mujeres que había en la entrada dándose arrumacos. Sin embargo, hizo caso omiso a ellas. La indulgencia de su mente solo propiciaba una pregunta tras otra ¿Y si estaba cambiando de opinión respecto a Emma? ¿Por qué no actuaba como siempre? ¿Se estaba ablandando? No podía ser, la impotencia que sintió en aquel momento se trasladó a su cara. Por un breve instante perdió el control de sus emociones, olvidándose por completo de que estaba acompañada. Sin embargo, Emma sí que se dio cuenta de ese gesto austero que la empresaria mostró tras el choque. Inmediatamente una alarma sonó en su interior ¿Regina se había puesto así por ver a una pareja lesbiana?
Y allí estaba, el espíritu guerreo de la rubia, aquel espíritu que no dejaba títere con cabeza, aquel espíritu que reclamaba todo lo que veía injusto. Y para ella aquella mirada de desprecio de la morena era injusta ¿Quién se creía que era?
- ¿Sabe? me equivoqué – Aquellas palabras sacaron a Regina de su coyuntura. Levantó la vista para encontrarse con una extraña mirada de Emma. Parecía enfadada, cosa que la sorprendió un poco ¿Qué había pasado? – Es usted mezquina – Ahora en serio ¿qué había pasado? Debía mantener la compostura, pero no podía evitar sentir asombro ante aquellas palabras - ¿Qué pasa? Ellas no pueden mostrar su amor en público porque para usted es algo malo- La empresaria giró la cabeza en sentido a donde Emma estaba señalando, y entonces lo entendió todo, había una pareja de chicas a punto de entrar en la cafetería, juraría que era con quien había tropezado – Ya sé cómo es perfectamente la verdadera Regina, y estaba engañada… creí ver en usted algo que merecía la pena… Pero no es así, para nada – Regina endureció su postura – Es una simple rica que cree tener el mundo a sus pies… Una persona homófoba que no quiere que esta sociedad avance… Sé que mañana me puede despedir porque le estoy diciendo esto, pero no quiero callarme – Emma estaba diciendo cada palabra ásperamente, no medía las consecuencias. La ira que había sentido por reparar en el comportamiento de su jefa le había nublado el juicio de intentar no sacar la tempestad que llevaba dentro – No voy a callarme ante tal intolerancia.
Los ojos de ambas reflejaron fuego puro.
- ¿Ha acabado ya?
- Sí – Emma plantó cara a aquella mujer.
- Mañana nos vemos a la misma hora que siempre en la asociación
Regina no dijo nada más, giró sobre sus talones y se marchó para asombro de Emma, quien se quedó allí durante uno segundos. Todo se había acabado, ya no quería tener a la empresaria a su lado, e iba a hacer lo posible para que mañana fuese el último día juntas. Era hora de que la empresaria supiese quién era Emma Swan
Continuará…
Qué os ha parecido? Un pasito para adelante y otro para atrás? Espero vuestras opiniones ;)
