CAPÍTULO 1 — SIN ESPERANZA

"Harry James Potter nos ha mantenido a todos, durante años, bajo el mayor engaño jamás orquestado". Estas han sido las palabras de Seth Baltazr, el nuevo Director del Departamento de Seguridad Mágica del Excelentísimo Ministerio de Magia del Reino Unido quien, cabizbajo y compungido ha asumido, con gran pesar, el nuevo cargo que le convierte, quizá, en el hombre más influyente de la Comunidad Mágica Británica tras el Ministro de Magia. Atónito y consternado al haberle sido confirmada la noticia de que quien fue todo un héroe en tiempos ya tan lejanos es ahora, ni más ni menos, quien ha cometido todos los atroces crímenes que han estado azotando sin piedad a nuestra Comunidad, Baltazr ha informadoen la rueda de prensa ofrecida a los medios de comunicación esta misma noche que, lamentablemente —porque la intención del Ministerio de Magia Británico era confinarlo a buen recaudo, en Azkabán—, Potter ha fallecido hoy a consecuencia de las numerosas heridas sufridas al intentar escapar del escuadrón de Aurores que, fieles a todos los magos y brujas británicos antes que a su antiguo y traidor Jefe, han luchado con uñas y dientes por desarmarlo, incluso uno de ellos dando su vida en el intento. En cuanto a la existencia de probables cómplices de los crímenes perpetrados por Potter, se barajan apellidos tan significativos como Weasley, Granger, Lovegood o Longbottom; noticia que, de ser corroborada, sumirá a todos los magos y brujas británicos en una mayor y más profunda tristeza, si cabe, despojados de la confianza depositada en los que creyeron que eran los mayores héroes que han existido jamás. Desde El Profeta, expresamos nuestros mejores deseos para Seth Baltazr, esperando que se convierta en el gran Salvador que tanto estamos necesitando. Y para Potter, no podemos más que desear que ojalá caiga en el olvido más absoluto, cruel y descarnado; por el infinito sufrimiento que ha causado a esta Comunidad, por la que en otra época decidió tanto luchar."

Con rabia, Ron Weasley se secó de un manotazo los gruesos lagrimones que empañaban su visión, estrujó sin miramiento aquel panfleto infame y lo lanzó bien lejos de él, como si quemara. Era totalmente incapaz de creer que su mejor amigo, su hermano, había muerto. Le resultaba imposible de asimilar que, tan sólo en dos días que él había permanecido fuera del Reino Unido en misión oficial para la Oficina de Aurores, la situación hubiese dado un giro tan drástico y dramático. ¿Pero en qué demonios había estado pensando Harry? ¿De qué narices había permitido que lo acusaran? Sabía que él, como Director del Departamento de Seguridad Mágica que era, había estado tramando alguna especie de plan contra Baltazr, en las sombras; que se había negado a reconocer, en rotundo, cuando él le había echado en cara, en numerosas ocasiones, el haberlo pillado 'in fraganti'. ¿Pero permitir que el Wizengamot lo declarase autor de todos los robos, violaciones, extorsiones, palizas y asesinatos que los magos y brujas británicos estaban sufriendo desde hace más de un año? Y es más: ¿que la Comunidad Mágica creyera tal absurdo a pies juntillas, después de todo lo que Harry se había sacrificado por esta? ¿A qué tipo de dimensión alternativa, en la que la locura e insensatez imperaban a sus anchas, él mismo había sido arrastrado la noche anterior durante el sueño, sin haberse percatado?, se preguntó, negándose a creer nada de lo que acababa de leer.

Airado, salió de la Oficina de Aurores como un tornado. Caminó con pasos rápidos y vehementes hacia el despacho del Ministro de Magia para hacerle entrar en razón. Fuese lo que fuese de lo que se estaba acusando a Harry, era completamente falso. Y el Ministro era perfectamente consciente de ello. Debía poner fin inmediatamente a aquel sinsentido. Y luego, encontraría a Harry; como que él se llamaba Ron Bilius Weasley que lo haría. Y lo haría espabilar de dos buenos puñetazos, por haberle hecho sentir tanto dolor y tanta preocupación por él. Quisiera él o no quisiera, lo obligaría a aclarar toda esta locura. Y con respecto a Baltazr, ambos, juntos, lo pondrían en su sitio; estaba hasta las narices de ese tirano, déspota, manipulador y asesino.

"¡Ron Weasley!", escuchó a sus espaldas. La sangre se le heló en las venas, pues la voz provenía del único hombre al que, en aquel momento, estaba dispuesto a matar tan sólo con sus manos desnudas. Detuvo sus pasos airados y se giró lentamente, para ofrecer al hombre que lo observaba con arrogancia, una sonrisa amenazadora. Como esperaba de un gran cobarde como él, lo halló rodeado por todos sus esbirros, algunos de ellos compañeros del propio Ron; algo que, bajo las presentes circunstancias, no le extrañó en absoluto.

—Ronald Billius Weasley: quedas arrestado como presunto compinche del 'desaparecido' Harry James Potter, por los mismos crímenes que a él se le imputan —Seth Baltazr anunció con solemnidad, mirando fijamente a Ron con evidente deleite—. Si opones resistencia, tu actitud insubordinada será añadida a los cargos que se te imputan como agravante y serás tratado en consecuencia.

Ron torció su sonrisa, sarcástico. Aquellas palabras le sonaron a "Venga, dame un motivo para que pueda meterte una buena paliza en público". Aunque no le importó. Le apetecía matarlo. Y punto.

—Harry no está 'desaparecido'; en cualquier momento, volverá para partirte la cara tal y como mereces, rata inmunda —le escupió las palabras, arrogante.

—¿Eso crees?

Sin miramiento, lanzó a sus pies un objeto, que tintineó en las baldosas. Inmediatamente, Ron reconoció el anillo que Harry siempre había llevado colgado del cuello mediante una cadena de oro, desde que él y Ginny se separaron. Fue ella quien se lo regaló, hace años, antes incluso de que él se enfrentase a Voldemort. Una vez separados, Harry se lo quitó del anular, pero no lo abandonó. A pesar de que ambos se separaron después de la Segunda Guerra, hacía seis años ya, él jamás se había quitado la cadena que lo portaba del cuello… Hasta ahora.

—Sabes lo que significa, ¿verdad? Fue lo único que quedó de él tras el 'Fiendfyre' que lo achicharró por completo.

Conteniendo su titánica rabia furiosa a duras penas, Ron cogió el anillo con reverencia, lo apretó en su mano hasta hacerse sangrar y antes de que ninguno de los presentes pudiese verlo venir, siquiera, estampó su puño contra la nariz de Baltazr, con este encerrado dentro. Inmediatamente después, uno de los aurores que debía proteger al nuevo Jefe del Departamento de Seguridad Mágica, hizo que Ron se doblase sobre sí mismo por un fuerte puñetazo en su rostro seguido de un brutal rodillazo en el estómago.

—¿'Presunto compinche', rata miserable? Habla con propiedad: si es que Harry tiene algún compinche, yo soy el mayor de ellos —declaró, henchido de orgullo—. Ten esto bien presente: voy a matarte —juró entre la sangre que manaba de su boca.

Baltazr, limpiándose la sangre de su propio rostro con desprecio, soltó una estridente carcajada de burla frente a él.

—Otro día, quizá —afirmó con voz cínica.

Desmaius!", fue la única palabra que Ron fue capaz de escuchar, antes de que la negrura se cerniera sobre su cuerpo y su mente por completo.

Despertó en una celda húmeda y oscura con un dolor de cabeza y de costillas terrible. Sin duda, pensó, 'alguien' se había divertido a su costa antes de dejarlo abandonado en aquel oscuro y sórdido lugar como a un despojo. Se incorporó con cuidado; al menos, no parecía que tuviese ningún hueso roto.

—¡Merlín bendito! ¡Menos mal que has despertado! Me tenías muy preocupado—una voz angustiada, que él pudo reconocer de inmediato, se hizo escuchar a su lado.

Giró la cabeza, con cuidado, en dirección a la fuente de la voz.

—¿Neville? —preguntó, dubitativo, temiendo que su cerebro embotado le estuviese jugando una mala pasada.

—Sí, sí.

Inmediatamente, unos brazos fuertes le ayudaron a apoyar su espalda contra la pared, con sumo cuidado.

—¿Qué haces tú aquí? ¿Y dónde es 'aquí'? —quiso saber, buscando la mirada de su amigo, quien aguardaba arrodillado frente a él, con dificultad. No parecía haber sido maltratado; al menos, no mas que él mismo.

—Azkaban —Neville anunció, con voz desapasionada.

Ron lo miró con ojos desorbitados por la sorpresa y Neville asintió con la cabeza.

—Oh, Dios… —Se pasó una mano por el rostro, nervioso—. ¿Pero cómo…? ¿Sin un juicio, siquiera? ¿Cuántos días llevo aquí?

—Ambos llevamos aquí nada más que unas pocas horas. Pero a mí me han parecido siglos enteros —declaró, con voz derrotada—. Tú te empeñabas en no despertar y yo… Es igual. —Negó con la cabeza, abatido—. Cuando anoche, el Ministerio de Magia Británico pregonó a los cuatro vientos la 'lamentable' muerte de Harry, realmente hacía horas que Baltazr ya se había hecho con el control absoluto, tanto del Ministerio como del Wizengamot. Inmediatamente, él declaró una especie de 'estado de alarma' con el beneplácito del Ministro de Magia quien, a día de hoy, tan sólo es un títere en sus manos —Neville expuso tristemente—. La excusa somos nosotros.

—¿Nosotros? ¿Tú y yo? —No era capaz de salir de su asombro.

—Tú, yo, Hermione, Luna, tu familia… Todo aquel que pueda ser relacionado con Harry de algún modo; nos acusan de traidores, algo así como los nuevos 'mortífagos'.—Se encogió de hombros en un acto reflejo—. Se supone que, hasta que todos nosotros hayamos sido apresados y no supongamos una 'amenaza' para los magos y brujas británicos, él podrá hacer lo que quiera. El Wicengamot le ha otorgado plenos poderes para decidir y actuar a su propio albedrío. Pero ya lo conoces; Baltazr ha logrado aquello que nosotros tanto temíamos: el poder absoluto sobre el Ministerio de Magia. Y jamás lo soltará.

Tras decir aquello, Neville observó a Ron fijamente, pensativo, como si estuviese dudando sobre si continuar hablando. Ron se dio cuenta de ello y lo traspasó con una mirada severa.

—Desembucha —le ordenó.

—Ron: Hermione… —No se atrevió a continuar.

Ron intentó ponerse en pie rápidamente, alarmado, para instar a Neville a que continuase de una vez por todas. Pero se vio obligado a dejarse caer en el suelo de nuevo. La cabeza le dolía horrorosamente; de pronto, todo había comenzado a dar vueltas a su alrededor. Ofreció a su amigo una mirada suplicante. Y Neville lo miró con compasión.

—Hermione está desaparecida —confesó, por fin.

—¿Muerta? —él preguntó, sintiéndose apunto de desfallecer. Sabía lo que la palabra 'desaparecido' significaba para Baltazr, exactamente.

—Nadie lo sabe. Ella ha desaparecido. Lo he escuchado por boca de Randy Crouch, del Departamento de Regulacion y Control de Criaturas Mágicas, con quien nos hemos cruzado en el Ministerio antes de que los aurores de Baltazr me trajeran aquí; se lo estaba contando a uno de sus compañeros, preocupado.

—Desaparecida… ¿Quieres decir que ella ha escapado? —preguntó, esperanzado.

Pero Neville negó con la cabeza.

—Quiero decir que se la han llevado —aclaró, mirándolo derrotado—. Pero nadie sabe a dónde. Se rumorea que ella se resistió y que, por ello, cuando se la llevaron no mostraba buen aspecto, si tú me entiendes.

Ron quedó en absoluto silencio, con la mirada desenfocada. Por un momento, Neville temió que hubiese perdido la razón.

—Nada es ya como tú y yo lo conocimos; absolutamente nada —afirmó, con voz desapasionada.

Escuchar aquellas palabras, aquel tono de voz plagado de derrota y rendición, hizo que Ron regresase al mundo de los vivos, temiendo que, quien estaba apunto de perder su conciencia y su motivación de vivir, no fuese él mismo, sino Neville. Negó con la cabeza, vehemente.

—Las celdas de Azkaban son para un sólo reo. ¿Por qué nos han metido a ti y a mí juntos, precisamente? —exigió saber, con intención de distraer a su compañero de sus negros pensamientos.

—Ron… Ellos no me han permitido escuchar 'esa' conversación por casualidad. Pretendían que yo te la reprodujese —confesó, sintiéndose culpable por ello—. Nadie me ha dicho nada al respecto; pero yo lo sé. Y acabo de hacer, precisamente, lo que ellos quieren que haga.

Se sentó al lado del auror, con ademán de derrota.

—Tranquilo. Si ya has hecho lo que ellos pretenden que hagas, y no dudes de que lo saben, no sé por cuánto tiempo más te van a dejar permanecer a mi lado. Así que, aprovechemos ese tiempo y encontremos un modo de escapar de aquí —Ron argumentó, rotundo.

—¿Escapar? —Lo observó como si, definitivamente, él se hubiese vuelto loco—. Nadie escapa vivo de Azkaban.

—Sabes que sí.

Palmeó su hombro con fuerza y, tras ello, se abandonó a la inconsciencia insistente que llevaba minutos reclamándolo.


COMENTARIOS DE LA AUTORA

Este primer capítulo, seguramente, no habrá resultado ser lo que muchas de las personas que añadieron este fic a sus favoritos, a sus alertas, o me dejaron comentarios al prólogo esperaban. Suele pasar con los fics: que en muchísimas ocasiones no son lo que esperábamos. En concreto, cuando publiqué el prólogo de este fic creó mucha expectación. Por ello, siento haber comenzado las actualizaciones tan tarde. Seguramente, una vez he encarrilado el relato, estas llegarán a menudo.

Dedico este capítulo a todas aquellas personas que, esperando sin esperanza, decidieron no dar esta historia por perdida.

Hasta pronto.

Rose.