Buenas! Sé que no hay excusa que justifique el retraso, por eso, simplemente lo siento :(
También tengo pendiente algunas lecturas, espero ponerme pronto con ello :)
Muchas gracias por seguir esta historia, hacerla favorita o leerla.
Mil gracias por esos comentarios que tanto ayudan: Tanin 1323, Alex , ChicaCiruelaSQ , Elin , dibarbaran, begobeni12 , Ikaauro, Guest, lcp15 , DenSQ Always , PrincesseMal , AnitaQueen , 15marday , mills1 , SnixRegal , LyzzEQ , BeaS , Rak-89, kykyo-chan , dcromeror , EmmaS92 , Guest c, LiteratureloverE3 , Ruth mariq , LectoraMills
Espero que disfrutéis del capítulo.
CAPITULO 14: EL MATIZ DE LAS COSAS PEQUEÑAS
Podemos fingir que nada nos duele, pero todos sabemos que hasta las cosas pequeñas pueden llegar a derrumbarnos
- Regina es una auténtica zorra… - Emma tiró el bolso con fuerza encima del sofá mientras que su compañeras de piso clavaban sus miradas en ella.
- ¿Ves? Te lo dije que no era buena idea – Ruby sonrió ante aquellas palabras que le daban la razón.
- Creí que había algo bueno en ella, pero no… Estaba equivocada… Y sí, está bien Rub, tenías razón – La rubia suspiró mientras se desplomó en la única silla que había libre en la cocina, donde estaban las demás.
- ¿Y qué ha hecho? ¿Se ha comido a un niño?
- ¡Rub! – Blanca exclamó para llamar su atención.
- Cierto, que iban a tomar solo un café… – La sonrisa de Ruby era demasiado hipócrita para que aquellas mujeres no supieran que aquello le daba igual, ella iba seguir en su hazaña de que todo el mundo se diese cuenta de quién era Regina Mills – ¿Y qué ha pasado? ¿Se ha comido al camarero?
- Peor – Todas se quedaron expectantes intentando saber qué es lo que había sucedido con su jefa para que la rubia estuviese así. Pero esta no decía nada. En sus ojos se iba delatando la furia que llevaba dentro.
- En serio Emma ¿qué ha hecho Regina?
- ¿Qué es lo que ha hecho? – La rubia se levantó con fuerza para dar su argumento – Pues ya habíamos tomado el café, que por cierto, había sido bastante agradable, y estábamos en la puerta despidiéndonos, y entonces cerca de nosotras había una pareja de chicas besándose – La rubia empezó a moverse de un sitio a otro de la pequeña cocina - Y como que empezó a mirarlas mal… Solo por ser mujeres… ¿Sabéis? – Sus amigas se congelaron con aquellas palabras, ninguna pudo decir lo que pensaban- Pero no os preocupéis… La puse en su lugar, le dije que me parecía una homófoba, y que es por gente como ella que no esta sociedad no prospera… Me da igual que sea la jefa, la puse en su lugar – De nuevo sus amigas no pudieran reaccionar, todas sabían que Regina Mills era homosexual, quizá la sociedad entera sabía que era homosexual, y la única que no lo sabía era Emma Swan. - ¿Qué os pasa? ¿A que también os parece fuerte? … Qué idiota fui pensando que esa bruja podía cambiar por los niños….
- ¿Qué te ha dicho ella? – Dijo en voz baja Belle.
- No ha dicho nada… ¿Qué iba a decir?... Solo me ha mirado con su cara de estirada y me ha dicho que si había acabado y que nos veíamos mañana y se ha ido… pero ¿Sabéis? No tengo ni puta ganas de verla… Es que esa gente que se cree superior… Y cree que..
- Emma, cariño… - Blanca interrumpió.
- ¿¡Qué!? – Interrupción que no sentó nada bien a la rubia, aún estaba en un estado de bastante exaltación.
- Regina Mills es lesbiana.
El silenció planeo bruscamente sobre aquel piso.
- ¿Cómo? – Emma quería asegurarse de lo que había oído.
- Y así es como a todas nos echaron de nuestro trabajo – Rub musitó casi para ella.
- Regina Mills es lesbiana – Confirmó Belle.
- ¿Lesbiana? ¿Lesbiana? – Emma palideció cuando observó que sus tres compañeras confirmaban con la cabeza- Pero…Dios – Cada palabra que dijo con rabia aquella tarde brotó en su mente - ¿qué he hecho?
- Se llama meter la pata – Aclaró Ruby por si había alguna duda.
- No te preocupes Emma – Blanca se acercó a la rubia para intentar tranquilizarla. Había pasado de la ira a las frustración pasando por la confusión – Seguro que si te disculpas no pasará nada.
- Blanca, la llamé homófoba – Emma quería meterse dentro de un enorme agujero y desaparecer en él – Además de chillarle en medio de la calle… En serio ¿qué he hecho?... ¿Y si cierra Somnia? ¿Y si todo nuestro esfuerzo no sirve para nada?... Joder ¿qué he hecho? – Emma se llevó sus manos a la cara intentando tapar su infortunio.
- Blanca tiene razón – Interrumpió Ruby – Pide perdón… Y espera que no sea tan hija de puta de tenerte esto en cuenta.
Las cuatro mujeres siguieron hablando durante un buen rato. Todo giró en torno a lo que había pasado y de buscar una buena solución. Todas, sin excepción, sabían que aquello podía cambiarlo todo. Sin embargo, esperaban que no fuese así. Pero, aquella noche, solo estaban hablando de conjeturas, la realidad sería resuelta al día siguiente.
Emma se levantó temprano ese mismo día. Su objetivo era llegar a la asociación lo antes posible y disculparse en cuanto viese a Regina. Y así lo hizo.
- Buenos días Regina – El tono de la rubia vibraba. Ni si quiera sabía que palabras utilizar o como empezar. El semblante de la empresaria era frío, nada tenía que ver con días anteriores. – Quería hablar contigo de lo de ayer… yo…
- Usted es mi empleada y yo su jefa… el resto sobra.
La morena pasó por delante de ella ignorando todo a su paso y entró dentro de la asociación. Por el contrario, la rubia se quedó inmóvil sin saber qué hacer. Había metido la pata, pero aquella indiferencia de Regina hizo que en su cuerpo temblara hasta la más mínima molécula.
El día sería muy largo, pensó, y no se equivocó. No hablaron ni una sola palabra. Emma solo se dedicaba a dar pequeñas instrucciones a la morena, mientras que esta solo asentía y las cumplía. Ni una sonrisa, ni un roce. Solo el sonido de los niños envolviendo la incomodidad personificada. Y no es que Emma no hubiese intentado varias veces acercarse para poder disculparse, lo hizo y fracasó. Así que únicamente lo que le quedó fue observar a la empresaria de reojo, observar a la mujer distante que conoció en un principio, y algo en su interior le indicó que aquello no era de su agrado. Había descubierto otra faceta y, egoístamente, la quería de vuelta. Había cometido un grave error, pero no lo hizo adrede. Sin embargo, de nada servía lamentarlo internamente, suspiró y siguió como si no pasara nada, no quería trasmitir sus emociones a los pequeños. En ese instante, otro pensamiento cruzó por su mente, qué fácil sería ser la empresaria en estos momentos, seguro que a ella no le estaba costando aquella situación. Sin embargo, lejos quedaba que aquello fuera cierto.
El día anterior Regina había llegado a su gran casa cabreada por lo vivido, tanto fue así que a punto estuvo de estrellar un jarrón de cristal contra una de las paredes. Sin embargo, decidió relajarse tomando una copa. A las pocas horas casi había acabo con la media botella que le quedaba de su mejor coñac. ¿Quién se creía que era Emma Swan para hablarle así? Tan solo era una empleada más. Una empleada más a la que tenía intención de destruir, de acabar con ella. Con cada palabra la ira le iba consumiendo. ¿Qué sabría ella de su vida? Pocas veces las cosas le afectaban de esta manera, y más cuando no había motivo, porque no había motivo, la rubia tan solo era otro peón de su ajedrez, ahora lo tenía claro, no iba a tener nada de compasión, y menos de paciencia. Con estos pensamientos se fue a la cama y con estos pensamientos se levantó. Ella era Regina Mills y tenía el mundo a sus pies. No se iba a achantar por una mujer insoportable, le demostraría de qué material estaba hecha. Por este motivo, en esa mañana, borró toda señal de su noche. Apretó los puños en todas las ocasiones para que el temblor de sus manos no fuera visible, se tomó una pastilla para el dolor de cabeza, utilizó su mejor maquillaje para disimular sus ojeras, no hizo ni una mueca cuando sus piernas empezaron a cargarse, ni tampoco cuando el dolor de su garganta se presentó cada vez que tragaba y, lo más importante, levantó sus muros tan altos que hizo que en esa habitación solo existiera ella, ni niños, ni Emma, solo ella. Todo lo tenía bajo control.
- Buenos chicos, recoged todo – Anunció en alto la mujer rubia.
Los niños comenzaron a almacenar lentamente sus cosas. Les encantaba la sala de juegos, y lo que venía luego no les divertía tanto. Normalmente, Emma hubiera sido más permisiva y hubiera alargado aquel tiempo unos minutos más, sin embargo, en aquella ocasión estaba demasiado cansada y necesitaba terminar su día laboral.
- Venga, no os entretengáis.
A los pocos minutos la sala estaba vacía, tan solo estaban las dos mujeres ordenando las últimas cosas.
- Podemos hablar, por favor – Emma volvió a insistir – Ayer cometí un error y quería disculparme.
Regina, paró de recoger. En su cabeza sopesó si ser hipócrita como siempre y aceptar las disculpas de la rubia o marcharse. Unos segundos después y contrariamente a lo que solía hacer, dejó el muñeco que tenía en la mano en una estantería y salió de aquella habitación sin mirar a la rubia, quien se quedó sorprendida de la actitud.
Emma no siguió a la empresaria, se quedó ordenando las últimas cosas, para luego sentarse en una de las pequeñas sillas que había allí. Apoyó su cabeza en sus manos. Odiaba sentirse así. Odiaba sentirse impotente. Había cometido un error y no sabía cómo solucionarlo. En estos momentos no solo estaba pensando en el cierre de la asociación, sino también en su jefa ¿Y si le había hecho daño? Había una alta posibilidad de que aquello fuese imposible, pero ¿Y si realmente lo había hecho? Regina era una mujer fuerte, fría, y que no mostraba ningún ápice de sentimiento. Aunque esto no significaba que las cosas no le afectaran. Definitivamente, no podía dejarlo así, cogió su bolso y salió corriendo en su búsqueda.
Al llegar al aparcamiento se dio cuenta que el coche de la empresaria aún estaba allí. Reunió todo su valor y se acercó. Regina estaba a punto de irse. Así que con suavidad golpeó la ventanilla dos veces y esperó.
La empresaria había visto a Emma salir corriendo de la asociación y acercarse a su coche. P Cuando la rubia golpeó su ventanilla, sopesó quedarse o irse. Y otra vez, contrariamente a todo pronóstico, permaneció allí sin encender el coche. Actitud que hasta ella misma le extrañó ¿qué estaba haciendo? ¿Por qué actuaba de aquel modo? ¿Por qué el enfado? ¿Por qué le afectaba aquello? El tema de su sexualidad había sido resuelto muchos años atrás. Afortunadamente, nunca tuvo que dar explicaciones a nadie y tampoco le supuso un problema. Pero la cuestión no estaba en su sexualidad, la cuestión estaba que en que aquella mujer, que estaba de pie al lado de su coche, le había juzgado, y eso le había importado más de lo debido. Ese era el problema. Ella siempre había estado en el punto de mira por todo, desde lo que hacía hasta lo que decía, y jamás había sentido aquella especie de ira ¿Por qué le importaba? ¿Por qué no actuaba como siempre?
En vez de bajar la ventanilla, Regina salió del coche.
- ¿Qué quiere Señorita Swan? ¿Va a soltarme otro de sus discursos?
- No, yo… - Emma se alivió cuando vio que la morena bajó del coche. Por algo se empezaba. – Soy una idiota - Aquellas palabras confundieron a la empresaria. Podía haber sido mordaz, pero no lo fue, solo se quedó escuchando – No suelo comportarme así, no suelo juzgar a la gente, pero noto cómo mi mundo se está cayendo, y cómo no puedo hacer nada… Y estoy tensa… Esa es la verdad – La cuidadora se estaba sincerando como nunca antes lo había hecho con una persona desconocida, ni sus amigas sabían aquello - ¿Nunca se ha sentido así? ¿Como si estuviera en un precipicio a punto de caer? – La rubia aguardó unos segundos por si Regina decía algo, pero esta no lo hizo, así que continuó – No soy quién para juzgar su comportamiento. Usted lo dijo, solo soy su empleada, y pasé un límite que no debería haber pasado – Un suspiro- Me gustaría arreglarlo, no quiero que venga solo aquí, haga un trabajo y se vaya. Quiero que esté bien, que sepa que lo que hacemos ahí adentro es maravilloso, y no quiero que mi comportamiento la nuble... Así que… - Emma volvió a suspirar – Me gustaría que olvidase lo de ayer y cenase conmigo para darnos la oportunidad de conocernos y que no haya mal rollo entre nosotras.
Después de las aquellas palabras, el silencio que le siguió fue abrumador. La rubia no paraba de temblar internamente esperando la respuesta de su jefa. Sin embargo, esta se hizo esperar. La empresaria había escuchado cada palabra, había visto la sinceridad de Emma y quizá había encontrado un punto donde atacarla. Ella misma había admitido que estaba a punto de dejarse vencer por la situación y eso era lo que necesitaba conocer la morena para empezar a atacar por ese punto. Miró a los ojos de la educadora, y algo le atrajo, algo había detrás de ellos, no era tristeza, ni debilidad, era otra cosa que no podía reconocer. Pero sabía que con tan solo una estacada todo su juego terminaría. Demasiado fácil, caviló.
- Voy a rechazar de momento su invitación a cenar – La morena por fin habló – Pero no tendré en cuenta lo de ayer. Le prometo que todo seguirá como estos días – Cualquier persona del círculo de Regina sabría que aquellas palabras escondían algo, sin embargo no lo hacían. No había doble juego en esa promesa. La empresaria quería olvidar todo, si tenía que acabar con la rubia sería de otra forma, no así, no de aquel modo. Aunque, evidentemente, aquello era una pista de cómo debía comportarse en un futuro y qué camino seguir.
- Gracias Regina.
Por inercia Emma tendió la mano para sellar aquella conversación. Fue tan extraño que hasta le pilló por sorpresa a Regina, quien tardó unos segundos hasta que aceptó aquel apretón de manos. Lo que en una primera instancia parecía algo formal acabo por convertirse en un contacto demasiado íntimo. El roce de sus manos volvió a provocar una descarga de sensaciones en las dos mujeres. Se miraron y dejaron que aquella aproximación durase un poco más de lo necesario.
- Mañana a la misma hora de siempre – La morena soltó su mano con delicadeza. Pero aún mantuvo un poco más su mirada. En ocasiones era abrumador perderse en aquellos ojos.
- Sí, a la misma hora – Ahora era el torno de la rubia para quedarse atrapada en la mirada de la empresaria. Desde el principio parecía tener un componente adictivo- Y de nuevo… lo siento.
Regina asintió en señal de aceptación por aquella disculpa. Luego se metió en el coche y arrancó. En aquel instante complejas reflexiones llenaron un simple vacío
Continuará…
Sé que vamos lentos en la trama, pero es una historia a fuego lentísimo. De todas formas, qué os ha parecido? Aceptará algún día la cena Regina? Cómo fluirá su relación? Espero vuestros comentarios.
