Buenas! Regreso con otro capítulo.

Muchas gracias por seguir la historia, hacerla la favorita o leerla.

Mil gracias por los comentarios: Sam , Yann W.B , kykyo-chan , EvilRegalJMO , Guest , LiteratureloverE3 , Ikaauro , dibarbaran , 15marday , ChicaCiruelaSQ , NatachaParedes , lcp15 , evazqueen, EmmaS92 , LeoSwen , sjl82 , DenSQ Always, LyzzEQ , dcromeror , mills1 , PrincesseMal , begobeni12 , Ruth maria , SnixRegal , LectoraMills , Guest, Shiryuz , BeaS

Espero que os guste ;)


CAPITULO 15: CUESTIÓN DE TIEMPO

Siempre es cuestión de tiempo llegar al precipicio.
Yo bajando a los infiernos y tú cruzando el paraíso.

Para ti, la vida que te lleva,
para mí, la vida que me quema.
Tenías tanto que aprender y yo tanto por demostrar.
Por un instante, la eternidad.

(Loquillo)

Los días fueron pasando y las dos mujeres cumplieron lo que habían acordado, evitando cambiar la actitud que habían conseguido antes de la metedura de pata de Emma. Cada día estaban más cerca y cada día iban cogiendo más confianza. Cosa que extrañó a todo el mundo. Ya no era Regina, la mujer fría y distante, ni tampoco era Emma, la mujer que solo se preocupaba por el trabajo y bajo la sombra de la tristeza. Cuando estaban juntas eran simplemente ella dos, parecían no tener máscaras, parecían que se entendía. Su relación era extraña, no se podía decir que eran totalmente amigas, pero en su interior disfrutaban de su compañía. Lejos quedaba esa sed de venganza de la morena o ese ímpetu de la rubia por impedir el cierre de Somnia Vera. Sus pequeños roces, sus rápidas miradas, todo apuntaba que las dos mujeres se entendían. Tanto fue así que un día Regina comenzó a tutear a Emma, para su sorpresa.

- ¿Siempre tienes la misma rutina con los niños?

- ¿Cómo? – La rubia había entendido bien la pregunta, sin embargo, aún estaba un poco asombrada del nuevo paso que había dado la morena al tratarla de tú.

- ¿Siempre están aquí metidos? ¿No tienen excursiones?

- Sí, claro, solemos salir – Emma se quedó pensativa - ¿Te apetece que organicemos algo? ¿alguna excursión?

La idea de Regina era ir durante un mes a ese aula y ya está. Poca relación con los niños, y sobretodo, poca relación con la rubia. Nada más. Pero sus preferencias estaban cambiando. Y tal vez estar en otro contexto no sería tan malo.

- Sí.

Aquella sola afirmación descolocó a la rubia. Jamás hubiese pensado que su jefa quisiese salir de la asociación. Últimamente la había visto más integrada con los niños. Había visto más naturalidad en su forma de actuar con ellos. Inclusive, sus sonrisas, que antes eran escasas, ahora aparecían con frecuencia en el día a día.

- Fenomenal. Hablaré con Elsa y organizaremos algo para esta semana. Ya verás, a los niños les encantará – Emma sonrió sutilmente.

- Perfecto – Regina también mostró una dulce sonrisa, y ambas mujeres se quedaron por unos segundos mirándose sin decir nada. Fue la educadora quien rompió aquel momento y continuó con lo que estaba haciendo.

Las horas siguientes no fueron muy diferentes. La rutina no podía variar mucho, la estabilidad en los niños era lo más importante. Así que jugaron con ellos, hablaron, hicieron los deberes. Todo permaneció igual. Sin embargo, las mentes de las dos mujeres quedaron abordadas por el tema de la excursión. Solo se habían visto cuando quedaron a tomar café, y aquel experimento no salió muy bien. ¿Podrían llevarse bien en una excursión? ¿Tendrían esa complicidad? ¿Se sentirían cómodas?

- Regina – La rubia se acercó de nuevo a su jefa para poder hablar - ¿Le pido a Elsa que nos acompañe alguna otra cuidadora?

- ¿Cuál es el protocolo?

- Normalmente, con este grupo, vamos siempre dos.

- ¿Entonces? – Preguntó la morena. Era rara aquella cuestión que habían planteado Emma, y no sabía muy bien el por qué lo había sugerido.

- Por si necesitamos ayuda.

- ¿No me ve competente para realizar la labor? – Los muros de Regina subieron rápidamente como fuegos artificiales. No solo se podía captar en sus gestos, sino también porque había desaparecido el tuteo.

- No… digo, no era eso... Bueno, sí, pero no… - Una bocanada de calor se apoderó del cuerpo de la cuidadora. Así que decidió respirar para poderse expresar con claridad y que no hubiese malos entendidos de nuevo – Cuando los niños están afuera se convierten en verdaderos demonios de inquietudes – Emma rio un poco – Todo lo quieren tocar, todo lo quieren hacer, van de una lado para otro, gritan…Son adorables, pero en esos momentos, los mataría… En resumen, son muy diferentes a cómo se comportan aquí – La rubia cogió aire sutilmente – Estoy segura de que no tendrías ningún problema con eso, pero no quiero que te agobies. Podemos hacer muchas más excursiones en estos días y…

- Tranquila – Regina interrumpió. No lo había visto de ese modo, comprendiendo mejor la actitud de Emma. – Creo que podré adaptarme, aunque sea mi primera vez con ellos fuera. Pero, no veo problema en que nos acompañe alguien más.

- ¿Segura?

- Sí – La morena sonrió dándose la vuelta y así continuar ordenando la estantería de los libros con unos de los niños. Perdiéndose de este modo la sonrisa de Emma.

Solo pasaron uno minutos cuando la puerta de aquella habitación se abrió lentamente. Era Ruby.

- Emma, ¿podemos hablar un segundo?

- Sí, pasa – La rubia se acercó a su amiga para saber qué quería.

- Sé que me vas a matar, pero no puedo quedar esta noche.

- Rub, me prometiste que esta noche saldríamos a cenar – Emma no pudo contener su disgusto. Ya había organizado una noche de chicas con su amiga.

- Lo sé, lo sé… Pero ¿te acuerdas del chico del garaje?

- ¡Ruby! – Ahora lo que no pudo contener fue su indignación. Su amiga le estaba dejando plantada por un chico.

- Venga Emma, prometo compensarte – Y allí estaba, la cara de pena que tanto convencía a la rubia – Venga, porfi...

- Te odio

- Me amas – Dijo Ruby ofreciéndola un guiño – Mira lo positivo, mañana tendremos sesión de cotilleo… O eso espero

- Te odio… Bueno, voy a seguir trabajando – Emma miró a su alrededor, no estaban solas, y no era cuestión de seguir alargando la conversación. – Te veo luego.

- Eres genial – Ruby sabía que su amiga siempre ponía pegas al principio, pero luego se le pasaba. Así que velozmente depositó un beso en la mejilla de Emma y se marchó, no sin antes observar cómo los ojos de su jefa se habían clavado instantes atrás en ellas dos. Ella sí que odiaba a aquella mujer, así que su gesto no fue amable cuando se despidió de ella – Siento la interrupción Señorita Mills – No obtuvo respuesta – Os dejo, hasta luego.

Ruby se marchó, mientras que la mujer rubia se dirigió a dos chicos que se estaban peleándose por un juguete. No se percató de la seriedad de Regina con llegada de su amiga, ni tampoco cómo observó y escuchó todo. Para ella era habitual la entrada de su amiga de esa forma. Tampoco se percató de que la morena dejo todo lo que estaba haciendo y se dirigió a ella.

- ¿Todo bien? – Aquellas dos palabras sorprendieron a Emma. Nunca creyó que su jefa fuera a preguntar por su estado de ánimo. La verdad es que se había quedado un poco pensativa con la anulación de sus planes. No le apetecía quedarse un viernes en casa sola. Todas ya tenían planes.

- Sí… Es Ruby… un terremoto… Espero que no te haya importado. – Una sonrisa casi fingida apareció en los labios de la educadora.

- Para nada… Solo… - Regina paró de hablar como si en ese momento algo hubiese interrumpido su pensamiento - ¿No tienes planes para esta noche?

- No, mi amiga me ha dado plantón – Contestó Emma sonriendo.

- Aceptaría tu invitación a cenar… si aún sigue en pie.

- ¿Cómo?

- Me dijo que me quería invitar a cenar… Yo tampoco tengo planes esta noche – La empresaria mostró una sonrisa tímida, muy diferente a la que solía mostrar, pero ya muy habitual cuando estaba con la cuidadora. Había decidido no pasar más límites con ella, ya que estos estaban empezando a nublar su objetivo principal, de hecho, llevaba varios días que ni siquiera había pensado en ello. Sin embargo, aquella era la ocasión perfecta para conseguir la información que quería y que no tenía aún. Una cena era la excusa perfecta para poder hablar tranquilamente, incluso, si la cosa iba bien, podían salir a tomar una copa.

- Sí, claro… Me refiero a que la invitación sigue en pie y me encantaría que saliésemos a cenar.

- Bien.

Sus miradas eran fijas. Después de sus idas y venidas habían llegado a un punto de cierta comodidad, muy diferente al que pretendía en un principio, pero igualmente era muy agradable.

- Bien – Terminó añadiendo la mujer rubia antes de girarse y continuar con lo que estaba haciendo antes de la interrupción de Ruby. Sin saberlo, inconscientemente, portaba una natural sonrisa, difícil de disimular. La misma sonrisa que también tenía la morena.

En la hora siguiente se sumergieron en sus pensamientos.

Por un lado Regina estaba intentando hallar el modo de que la educadora confiase en ella, hasta el punto de poder llevar acabo su venganza. Los días estaban pasando y ella no lograba ningún avance, aunque siendo sinceros, tampoco lo había intentado. Era bastante extraño, su comportamiento cambiaba cuando la mujer rubia estaba delante. Sin embargo, tampoco se podía centrar en esto. Esta noche sería diferente, esta noche estaba preparada para utilizar sus mejores armas. Suspiró y anheló un buen trago de coñac en estos momentos.

Por otro lado, Emma se había centrado en donde llevar a su jefa a cenar. Quizá una pizzería estaría bien. Conocía una a la que siempre quería ir, pero no había encontrado el momento de hacerlo. Además, parecía un restaurante un poco pijo e íntimo. En este instante, una alarma saltó en su cabeza. ¿Y si Regina pensaba que le estaba pidiendo una cita? Porque aquello no era una cita, a ella no le gustaban las mujeres, aquello era una cena mitad trabajo, mitad entretenimiento. Ella lo veía así, pero ¿Y si la morena no lo hacía? ¿Y si tenía otras intenciones? ¿Debía aclararlo? ¿Y si metía la pata de nuevo? Respiró mientras ayudaba a un niño a alcanzar uno de los juguetes de la estantería, y volvió a divagar. Que a su jefa le gustasen las mujeres no significaba que todo rondara en esta dirección. Tan solo eran dos compañeras. Emma miró a Regina. Ella no sentía nada y sabía que su jefa tampoco, solo le había hecho el favor de no estar sola esa noche. Se calmó. Sólo una cena. De repente la morena se dio la vuelta y sus ojos se encontraron. Parecía que estaban hipnotizadas hasta que Emma sintió un pinchazo en el corazón. Como iba siendo habitual y de forma automática, se cogió el pecho y se dobló un poco. Fue en ese instante que Regina corrió a su lado.

- ¿Estás bien?

- Sí es sólo… – Emma se quedó en silencio debatiendo si debía decirle a su jefa lo de la operación de su corazón. Quizá ya lo sabía porque había pedido la baja para recuperarse. No obstante, no estaba preparada, tal vez en la cena sería un buen tema que sacar a la luz, ahora estaba con los niños y no era el mejor escenario- cansancio.

- Si lo deseas podemos dejar lo de esta anoche para otro día – Regina miró a la rubia de una manera especial. Sabía que no le había dicho toda la verdad, se había cogido el pecho, a la altura del corazón, lo que significaba que algo le había dolido por esa zona. Además su gesto de segundos atrás no era de cansancio, sino de malestar.- Y así descansas… No tienes que estar obligada a…

- No estoy obligada – La educadora interrumpió – Fui yo la que te invité, y me encantaría ir a cenar hoy… Además ya tengo el sitio… una pizzería – Y allí estaba, la hermosa sonrisa de Emma iluminando la sala – Porque… te gusta la pizza… ¿No?

- Me encanta – Regina correspondió con otra sonrisa.

- Genial – La cuidadora miró a su alrededor. A veces se olvidaba dónde estaba – Ahora volvamos a la faena.

- Sí.

Y así fue, ambas mujeres volvieron a trabajar, envolviendo los minutos con sus reflexiones de lo que les depararía aquella noche, aquella cena.


Continuará…

Qué os ha parecido? Cómo pensáis que será la cena? Saldrá algo mal?