Buenas de nuevo! He vuelto! Sé que mucho más tarde del que debiera, pero ando un poco liada estas semanas y me faltan horas al día :(

Como siempre muchas gracias a las que seguís esta historia, la hacéis favorita o la leéis.

Mil gracias por vuestros comentarios: Ikaauro, lcp15, li02 , begobeni12, dibarbaran , evazqueen , Caroline , kykyo-chan, 15marday , CharlieKM , Guest, LiteratureloverE3 , BeaS, sjl82 , LyzzEQ, NatachaParedes , DenSQ Always , mills1 , EmmaS92, Guest , LectoraMills , PrincesseMal , Ruth maria , SnixRegal.

Espero que os guste.


CAPITULO 16: PIZZA, VINO Y UNA REALIDAD

Déjame conocerte con tus miedos, besarte las ansias, querer tus demonios.

- No sueles hablar mucho, ¿Verdad?

- No, soy más de escuchar – Dijo Regina mirando a los ojos a Emma.

Las dos mujeres habían llegado al restaurante hacia quince minutos. Tiempo suficiente para sentarse en una pequeña mesa, observar la carta y pedir. Ambas habían optado por una pizza compartida y una botella de vino blanco, obviando que el lambrusco era el vino aconsejado de la casa.

- Pues creo que será una cena silenciosa – La rubia sonrió – Yo tampoco soy mucho de hablar. Suelo ser callada. A no ser que deba luchar por una causa como, por ejemplo, el derecho de elegir a nuestra pareja sea del sexo que sea – Emma intentó no mirar avergonzada a la morena recordando el episodio de su metedura de pata – Respecto a eso, yo… yo… lo siento…

- Tranquila, no eres la primera persona que se equivoca conmigo… ni serás la última – Regina curvo sus labios en una franca sonrisa. Daba igual lo que hacía o lo que pensaba, todo estaba sujeto a debate, quisiera o no, todo era cuestionable. – Así que… cuéntame un poco de ti… Un resumen de tu vida.

- Es fácil… Me crie sin padres, por eso me gusta tanto ayudar a los niños… Aunque realmente no lo tuve claro desde pequeña, más bien estuve perdida una temporada hasta que llegué a la asociación y me di cuenta de mi vocación… y… y no tengo mucho más que contar – Sí que tenía que contar, pero aquello formaba parte de sus demonios, parte de la crueldad de la misma vida. Y Emma había aprendido a no centrarse en ello. Es lo que le permitía todos los días salir de casa.

- Sí que fue un resumen – A Regina no le cuadraba aquello. ¿Por qué no mencionaba a su hijo? ¿No había nada más a destacar? ¿Un marido? ¿Alguna cosa más superficial de su vida? Quizá estaba siendo un poco impaciente, quizá la educadora necesitaba tiempo para abrirse. Suspiró internamente.

- ¿Cuál es tu resumen?

- Mis padres tenían dinero, así que siempre he estado rodeada de lujo y de… - No había acabado la frase cuando el camarero trajo la pizza que iban a compartir. Acto seguido, la morena aprovechó la interrupción para servirse otra copa de vino y esperar a que el camarero se marchase para continuar hablando– caprichos. He estudiado en la universidad de Harvard y ahora controlo mi propia empresa… Ah, y odio a los niños – Esta última parte la dijo riendo.

- No te creo, algo te gustarán cuando hiciste la asociación… ¿O solo era para salir en la prensa? – La educadora guiño el ojo para que no se malinterpretasen sus palabras.

- En realidad no fue mía la idea… Fue de mi esposa - ¿Regina estaba casada? Es lo único que pensó Emma cuando escucho aquella frase. Jamás se habría imaginado que una mujer así pudiese estar casada. Había visto su tendencia sexual como un juego, un desafío, como sí le gustase retar al mundo. Un día con una mujer, otro día como un hombre. Sin embargo, no se centró mucho en este pensamiento, ya estaba aprendido a no dejarse llevar por las conjeturas que rodeaban a la morena, ya que nunca acertaba. A eso había que añadir que nunca había sido de suposiciones o chismes, siempre había intentado basarse en hechos. Por este motivo hasta ella se sorprendía que con Regina era diferente. Con ella intentaba ir un paso por delante y continuamente fracasaba. Así que su nueva estrategia era conocerla, y no por la asociación. Había dejado atrás esa excusa, ahora quería saber realmente de la empresaria. Lejos de las apariencias le parecía una mujer bastante interesante, incluso con esa especie de oscuridad que parecía rodearla.

- ¿Estás casada?

- Digamos que estaba…

- Lo siento, hoy en día las relaciones no duran mucho – Emma se echó a reír para quitar hierro al asunto hasta que notó algo diferente en la mirada de su jefa.

- Ella murió – El mundo de Emma se hizo pequeño con aquellas dos palabras. No se esperaba aquello, y le recordó a su hijo. Volvió a mirar fijamente a Regina, y lo vio perfectamente. Ese algo diferente que había notado era el dolor que se reflejaba en sus ojos. Un dolor como el suyo, un dolor envuelto en sombras.

- Lo siento… Yo… - Emma sopesó si decirla que ella también sabía lo que era pasar por aquello. Pero aún no estaba preparada. Aunque ya habían pasado muchos años, hablar de la muerte de su hijo era un tema con el que no podía. Tan solo era pensarlo y se derrumbaba, y no quería hacerlo frente a una extraña. Una cosa eran sus amigas, las que consideraba su familia. Y otra muy distinta era hacerlo con su jefa, una persona que seguro que desaparecería en un par de semanas. Por mucho que quisiera conocerla, la realidad no la podía cambiar.

- ¿Siempre te disculpas tanto? – En el gesto de la morena ahora se vislumbraba esa máscara de indiferencia perfectamente colocada.

- Yo… sí lo hago… - La rubia exhaló haciendo memoria - Henry me decía que no podía ir así por la vida.

- ¿Y Henry es…? – Regina observó cada movimiento y gesto de la rubia como si cada detalle de aquel momento fuera importante. Observó una cierta tristeza que nubló sutilmente su sonrisa. Observó cómo se tomó su tiempo, su pausa. Ella era experta en eso, lo hacía en casi todas sus reuniones, ya que consideraba el lenguaje no verbal como una puerta a la verdad. No todo el mundo sabía ocultar sus intenciones bajo ese lenguaje, así que se había forjado en ello hasta hacerse una experta. Y como experta sabía que detrás de ese nombre había algo.

- Es mi hijo – Para la rubia seguía siendo su hijo, imposible utilizar el pasado con él. Ya era demasiado doloroso perderlo físicamente, así que se agarraba a la esencia de que su pequeño seguía en ella. Esto ahuyentaba parte de sus miedos, que un día desapareciera para siempre.

- No me extraña que tengas un hijo, tienes buena manos con los niños – Le empresaria podría haber seguido preguntando por él, sin embargo, no era una conversación que le interesase, no era mentira el asunto de que odiaba a los niños. Además había notado en sus ojos un centello de sufrimiento y por mucha ira que albergase hacia ella, no podía llegar aún a ese punto, o mejor dicho, no quería – Bueno, comamos, o se va a enfriar- Continuó diciendo la empresaria señalando la pizza.

- Cierto – Emma agradeció el cambio de conversación, no podía seguir manteniendo esa pose de imperturbabilidad por mucho tiempo más.

La siguiente hora se hizo amena. Hablaron de la gran diferencia del centro de negocios, donde vivía Regina, y la zona de los barrios de los alrededores, que era donde vivía Emma. Incluso se aventuraron en describir los opuestos estilos de vidas, desde sus viviendas hasta la mentalidad de las personas.

- ¿Así que vivimos más estresados?

- Es una hecho – Confirmó Emma – Vais deprisa a todos los sitios, tomáis el café por la calle… Por ejemplo, fíjate que el ambiente de esta cafetería es muy diverso a cualquiera que esté en el centro - Regina miró a su alrededor. El lugar estaba poco alumbrado y sus mesas estaban bien separadas. Todo el mundo estaba hablando en tono bajo y los camareros se tomaban su tiempo para realizar sus tareas. Emma tenía razón.

- Es posible que esto esté más tranquilo, pero también es posible que sea porque todas las mesas son parejas-… Lo que me hace preguntarme si estamos en una cita– La empresaria sonrió cuando vio la cara de pánico de la rubia – Estaba bromeando Emma… No te preocupes, no eres mi estilo.

- No conocía yo esta faceta cómica que tienes – Dijo la cuidadora mientras seguía admirando la gran sonrisa de la morena.

- No conoces muchas facetas mías.

El silencio se hizo entre las dos. Emma podría haber dicho algo sobre aquella última frase de la morena. No eran amigas, ni siquiera conocidas. Su relación se basaba en algo laboral. Algo que tenía fecha de caducidad. Pero, de nuevo aquellas inclinaciones de intentar conocer a Regina circulaban por su mente.

- ¿Alguien las conoce?

- ¿Me estás preguntando sí tengo pareja? Al final no va a ser una broma que esto sea una cita.

- No, te estoy preguntando si alguien es capaz de conocer todo tu mundo… Ni creo que seas una persona abierta en este sentido, ni creo que tengas muchas personas de confianza a tu alrededor para que conozcan todo de ti – La sonrisa de Regina no desapareció, pero ahora tan solo era un reflejo de la naturalidad con la que había surgido segundos atrás. Y es que no era para menos, aquella observación de la rubia le había impactado, de nuevo, Emma Swan era diferente. Tanto era así que aquella mujer era capaz de desarmarla, de hablarle como si le conociese de toda la vida, de no tenerle temor. – Y siento desilusionarte… Pero esto no puede ser una cita porque no me gustan las mujeres.

- ¿Segura? – Regina decidió evadir la parte de si alguien le conocía. Estaba cómoda con la situación, pero porque aún la controlaba.

- ¿Segura de si creo que tu mundo es muy cerrado o de si me gustan las mujeres?

- Todo el mundo tiene una parte bisexual… y… – Regina se recostó un poco mientras sujetaba su copa de vino. Luego miró fijamente a la rubia – tienes razón, es difícil conocer mi mundo… y algo me dice que tu mundo también.

- Algo había escuchado sobre la bisexualidad – Ahora fue Emma la que suprimió la parte de su mundo.

- ¿Y no lo crees? – Regina acabó el último sorbo de su vino, sirviéndose de nuevo. Había percibido que Emma no había bebido mucho, incluso aún tenía llena la segunda copa que le había servido, cuando ella ya llevaba cuatro; y eso que se estaba cortando un poco.

- No… No me atrae una mujer.

- Pero si una personalidad ¿No?... Es decir, seguro que conoces a alguna mujer cuya personalidad te atrae.

- Claro, por ejemplo tú – De la boca de Emma salieron como misiles aquellas palabras sin recato, ni siquiera las pensó. – Pero no por eso te quiero meter en mi cama – Aclaró segundos después.

- Interesante… ¿Así que te atraigo?

- Te gusta jugar ¿Verdad? – Dijo Emma con una enorme sonrisa. No podía discutir la evidencia de que, aunque parecía meter siempre la pata en lo que a la dialéctica se refiere, estaba empezando a apreciar ese novedoso pique con su jefa. – Me refiero a que me pareces una mujer atrayente… Es decir, no sé, atrayente en el sentido de diferente, y diferente en el sentido de extraño… - Emma soltó un suspiro para luego respirar profundamente – Es decir, no suelo sentarme con una desconocida a hablar de todo y encima pasármelo bien… Para mí es extraño… Todo contigo es extraño… Diferente… ¿No sé si me explico o me estoy liando? – La rubia concluyó riendo. Aunque por dentro le aterraba aquella revelación.

- Te explicas – Regina sonrió por cumplir, a ella le pasaba lo mismo. Es más, no dejaba de pensar en la palabra "diferente". Emma era diferente, y ella se comportaba de un modo opuesto al que solía hacerlo si la rubia estaba cerca. No solo se olvidaba de ser la mujer fría que solía ser, sino que incluso disfrutaba de su presencia. Y esta noche no era distinta, había disfrutado de aquella velada, había disfrutado de todos los temas de conversación, había disfrutado de su observación y del juego de poner nerviosa a la rubia. Si era sincera con ella misma, debía reconocer que desde Kath no le pasaba esto. Una nube de amargor invadió cada pensamiento, aunque esta no tardó en ser arrastrada por un buen sorbo del vino. – Pero eso no cambia la particularidad de que todo el mundo sea bisexual – Con aquella última frase, Regina reemplazó su sonrisa por una más sincera.

Continuaron hablando, aunque no de aquel tema y no por mucho tiempo. Las parejas comenzaron a abandonar el restaurante y los empleados fueron recogiendo.

- Será mejor que nos vayamos – Comentó en voz baja Emma.

- Sí, creo que nos están echando - Apuntó Regina señalando al camarero que estaba haciendo más ruido del normal recogiendo las mesas del fondo. – Por cierto, ¿Te apetece una copa? Seguro que cerca de aquí hay algún sitio al que podamos ir.

La rubia sopesó la respuesta. Era viernes, podría tomar esa copa, sin embargo quería aprovechar la mañana del día siguiente para ir al cementerio. Con todo el lío de la asociación, llevaba unas semanas aislada de todo, y justo ese sábado era el que más libre tenía.

- Me encantaría, pero mañana tengo que madrugar, y una copa sería llegar muy tarde a casa – Emma miró su reloj - De hecho, ya llegaré bastante tarde, el transporte nocturno una tortura.

- Entonces déjame que te lleve a casa. Tengo el coche aparcado fuera y no me supone ningún problema hacerlo. – En el fondo, Regina se afligió por la respuesta de la rubia. No quería que aquella noche terminase. A medida que las horas iban avanzando, había cosas de aquella mujer que quería seguir conociendo, no sabía muy bien los motivos, pero declinaba a su yo interior que le decía que era por venganza. La explicación seguro iba más allá.

- ¿Segura? – En otra ocasión la rubia hubiera dicho que no, pero realmente el transporte nocturno era una tortura.

- Segurísima.

- Está bien, pero entonces pago yo – Regina iba a protestar, pero vio justo aquel acuerdo y asintió.

Minutos después ya estaban en la puerta del edifico de Emma. El camino había sido tranquilo y su conversación había girado en torno a la Asociación. Sin embargo, en la última parte del trayecto, Emma había desconectado un poco y había estado pensando sobre la bisexualidad y que no estaba de acuerdo. Por más que te gustara una personalidad, el físico era muy importante. Miró a Regina de reojo. Aunque era de tontos decir que su jefa no era guapa, cualquier persona la consideraría atractiva. Otra rápida mirada. Ella la consideraba atractiva, pero ya estaba, no había ningún tipo de pensamiento de querer tener algo sexual, y menos de tener sentimientos hacia su jefa.

- ¿Emma?... ¿Emma? – La rubia giró la cabeza - ¿Todo bien? – Preguntó Regina.

- Perdona… Sí, todo bien – La educadora se había centrado tanto en su debate interno, que había olvidado que seguía en el coche con la morena y que ya habían llegado a su casa.

- Parecías ausente… - La empresaria sonrió, se había percatado de que su empleada la había dejado de escuchar minutos atrás. Sin embargo, no le molestó, incluso le pareció divertido, y más cuando la educadora puso esa cara de disculpa que tan familiar empezaba a resultarle.

- Yo… Lo siento… Me fui – Emma compensó su despiste con una linda sonrisa- Y de nuevo, gracias por traerme.

- De nada.

Ambas se quedaron en silencio, pese a ello, no era embarazoso. La cena había sido bastante agradable, incluso más de lo que ellas se hubieran imaginado en sus mejores expectativas. Habían hablado de todo, desde las cosas banales a cosas más serias. Habían descubierto que, a pesar de que sus mundos eran tan opuestos, tenían muchas cosas en común y empezaban a entenderse y respetarse.

¿Quieres tomar una copa? – Aquella impensada pregunta de la rubia rasgó el silencio.


Continuará..

Qué os ha parecido este capítulo? Parece que nuestra pareja ya empieza a entenderse. Os imaginabais este final?

Espero vuestros comentarios ;)