Ayer fue un día triste para todos #Barcelona :(
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CAPÍTULO 20: QUIERO HABLAR
"Besarle era como rozar el pecado con los labios, y joder, como me gustaba quedarme en el límite disfrutando del mal y el placer combinados" Srta Tass. - Fragmentos de caramelo
FLASH –BLACK: 9 AÑOS ANTES
- ¿Y por qué se besan?
- Porque son pareja Henry –Emma había decidido dejar la pizza encima de la mesa antes de acercarse a su hijo para renunciar a la televisión y comer en el comedor. Siempre lo hacían viendo en el sofá mientras veían una serie o una película. Pero esta vez la rubia había preferido poner un poco de orden a su vida caótica. Estaba intentando darle unas directrices en cuanto a la educación. Lo primero era comer como una familia normal, sentados en la mesa, lo segundo era comer más sano, pero eso ya llegaría.
- Pero las dos son mujeres – El pequeño de cinco años siguió mirando la televisión haciendo caso omiso a las señales de su madre para que se levantase.
- Eso no importa – Emma incorporó a Henry del suelo y luego lo llevó a la mesa del comedor para ayudarle a sentarse. A pesar del gesto de duda de su hijo comenzó a servir la comida antes de seguir hablando. Sabía que su hijo era demasiado curioso para dejarlo así, estaba en esa etapa dónde no dejaba de preguntar por todo – No siempre una pareja es hombre y mujer. Existen parejas de hombres y parejas de mujeres.
- ¿Es malo? – Emma sonrió ante aquel comentario. Los niños no tenían filtro y por eso le encantaban. Lo que le llevaba a un solo pensamiento, en el futuro le encantaría trabajar alguna vez con niños.
- No Henry, no es malo. Es algo normal. Esas parejas se quieren y por eso se besan.
- Pero a ti no te gustan las mujeres – Henry se llevó el primer trozo de pizza mientras esperaba que su madre le contestase. Para él todo aquello era extraño, era la primera vez que veía a dos mujeres besándose y aquello era un impacto. Sus cuentos no hablaban de esas relaciones y no entendía muy bien.
- No, a mí no me gustan. Pero eso no quiere decir que sea algo malo – La rubia observó como aquellos ojos marrones expresaban aún su confusión. En el fondo era tierno ver cómo estaba creciendo – Es una preferencia, a mí me gustan los chicos, pero hay otra chicas que le gustan otras chicas… No existe una regla – De todas las conversaciones que había mantenido con su hijo aquella es la que más le estaba costando. Era complejo explicar los diferentes tipos de relaciones. Ella había crecido con diversos padres de acogida y en diferentes centros, cada uno implantaba su educación, algunos más liberales y otros más conservadores. Pero al final, con el paso del tiempo había aprendido que las personas no se enamoran del físico y de las normas estipuladas por la sociedad, que al fin y al cabo te enamoras de las personas, sin ataduras del género. Pero para un niño de cinco años aquel concepto tan básico podía resultar complicado sin una buena explicación. Y ella, que digamos, no era la mejor maestra en este sentido, y más cuando no tenía un argumento preparado.
- Entonces… ¿Por qué no te gustan las chicas? – Henry volvió a coger su segundo trozo de pizza.
- No sé – La rubia sonrió, y realmente no lo sabía, nunca se había planteado aquella cuestión – Y hazme el favor de no comer tan deprisa.
ACTUALIDAD
- ¿Te preguntarás que hago aquí hoy? – Emma se sentó en la hierba y al instante sintió la humedad de la mañana – Y la verdad es que no lo sé. Últimamente ando perdida y aquí es donde quiero estar… Te echo de menos – Un suspiro tropezó con el frío de aquel día – Me he besado con una mujer… ¿Sabes? Cuándo eras pequeño no dejabas de preguntar, por qué esto, por qué lo otro… Si estuviéramos en casa, tú me hubiese mirado y hubiera empezado la inquisición... Yo seguramente estaría muerta de vergüenza y sin saber que decir… - Emma se tomó un segundo, el tono de su voz apenas era audible – Después de tantos años me doy cuenta que me gustan las mujeres… aunque no estoy segura… creo que me gusta ella… y tú te preguntarás ¿Quién es ella? – Emma arrancó un hierbajo que había al lado de la tumba y lo tiró cerca de un árbol cercano – Ella es Regina… Muchas gente la teme ¿Sabes? La consideran fría y distante, sin corazón. Pero yo debo conocer a otra mujer, y no me importan sus cicatrices, son hermosas…ni el hecho de que sea una chica, me gusta su persona… Supongo que eso es lo que intenté explicarte hace tiempo… pero ¿Cómo se explica algo que no conoces? La teoría está bien hasta que te pasa a ti – Otro segundo – Y me ha pasado a mí… he besado a una mujer… y estoy muerta de miedo… - Para Emma decir aquellas palabras era una señal clara de lo que le estaba superando todo - ahora tendrías catorce años – Las lágrimas comenzaron a brotar, aquello era duro, muy duro, no había día que no sintiese un dolor demasiado intenso para ser verdad – Tú tendrías que estar hablándome de chicas y no yo… Henry te echo de menos.
Aquella mañana estaba resultando ser bastante fría en comparación con el fin de semana. También es cierto que Emma no había salido en todo el fin de semana. Se había quedado en casa viendo películas en su cuarto y recordando una y otra vez la madrugada del viernes. Había besado a su jefa, había besado a Regina Mills. Fue un impulso, un tanto de necesidad, y un poco de deseo. Aunque quizá de esto último sería más correcto utilizar el adverbio de cantidad mucho. Sus labios eran carnosos y suaves. El tacto de querer más. Pero no podía ser, Emma necesitaba tomarse su tiempo. De hecho en ese fin de semana había cogido su móvil unas mil veces, había escrito a Regina un mensaje con un simple "hola" otras mil veces. Sin embargo, siempre bloqueaba el móvil y hacía otras cosas para distraerse. Dios, no había vivido segundos más lentos en su vida. Por más que intentaba no pensar en ella, más pensaba. Realmente todo se proyectaba en su mente. No solo en aquel beso como algo físico, sino también en lo que significaba, en lo que implicaba… si sería correspondida, si quería ser correspondida, si estaba preparada, si solo era un calentón, si era un experimento, si llevaba mucho tiempo sola… Y como era obvio, no quería hablar con Regina con todas estas dudas en su cabeza, necesitaba respuestas que solo ella tenía. En definitiva, precisaba alejarse el fin de semana de todo para después hablar con Regina cuando terminasen de trabajar. Además, de esta forma, también podría tener en cuenta todas las sensaciones que le produciría verla después de aquel beso.
Un suspiro.
Parecía que el destino últimamente estaba jugando con ella, parecía que la vida que estaba viviendo en los últimos años estaba cambiando a pasos agigantados. Primero con la muerte de Henry, luego con la incorporación en Somnia Vera, su enfermedad, el trasplante y ahora aquella mujer que la enloquecía en todos los aspectos. Por inercia volvió a suspirar como intentando sacar toda la angustia y todas las aprensiones que tenía en su interior. Fue inútil.
- El momento más duro es la noche – Emma siguió hablando – El mundo se me viene encima y las ganas de vivir se alejan… Es curioso, fue solo un beso, pero consiguió por un segundo aquella noche fuera diferente… La vida podría venir con manuales de instrucciones, tan pronto te pone una piedra como un sueño… - La rubia empezó a relajar su postura - ¿Crees que solo me gustaron las mujeres o que es solo ella? ¿Crees que debería hablar con ella o dejarlo hasta que ella me hable?... Me siento culpable – Un hilo de voz se mezclaba con el sonido del aire al golpear los árboles – Tengo la sensación de que no debo ser feliz, tú no estás y creo que nada bueno me debería pasar, aunque no sé si Regina Mills es algo bueno – Una sonrisa tímida apareció en los labios de la rubia – Temo el momento que se lo cuente a las demás – La sonrisa desapareció – Bueno chico debo marcharme… Creo que debería venir más a verte, tengo la esperanza de que puedas escucharme allá donde estés… Adiós Henry.
Emma se levantó y se dirigió a su coche. Por el camino se cerró su chaqueta de cuero roja. Ciertamente, aquella mañana estaba refrescando más que en días pasados. Menos mal que no tardó mucho en llegar a la Asociación y meterse dentro para sentir un poco de calor, hasta en el coche había estado temblando.
Como era rutina, la educadora esperó en recepción a la morena. Estaba nerviosa, por un lado tenía ganas de ver a su jefa, ver lo que sentía después de dos días sin saber de ella, y por otro lado tenía pavor, un cosquilleo en su estómago que hacía que su respiración fuese pesada. Exhaló el aire de sus pulmones y luego miró su móvil para saber qué hora era mientras daba vueltas alrededor de un metro cuadrado. Justo las nueve. Se sorprendió que aún no hubiera aparecido la morena, era extraño en ella. Pero el icono de un mensaje hizo que su atención se desviase a él.
"Hoy no podré ir a la Somnia Vera, me ha surgido una reunión y debo acudir". Era un mensaje de Regina que desestabilizó a Emma para todo el día. ¿Realmente tenía una reunión o era su forma de huir?
Las horas siguientes en la Asociación fueron una auténtica tortura. No solo estuvo recordando el beso, sino que también se había centrado en los motivos reales de aquel mensaje. No podía culpar a su jefa de querer huir. Ella lo había hecho durante todo el fin de semana al no escribirle un mensaje o al no llamarla. Y no dio importancia al hecho de que Regina tampoco lo hiciera, pero aquello le pareció diferente. Regina había optado por ir más lejos, no solo había tomado los dos días de reflexión en el que no tenían que verse, sino que también estaba evitando verla. De repente de la confusión pasó al cabreo. No eran jóvenes para estar con excusas, debían hablar las cosas. Es cierto que fue ella quién besó a la morena, sin embargo la decisión de lo que tenía que pasar después era una cosa de dos, y no huir. Porque sí, definitivamente era lo que había hecho Regina, había desaparecido.
Emma dio un portazo a la puerta del microondas mientras navegaba por pensamientos.
- Wow… Hoy alguien se ha levantado con el pie izquierdo – Dijo Ruby mientras se acercaba a la rubia. Era la hora de la comida y se encontraban en la sala de descanso tanto ellas dos, como Blanca, como otras tres educadoras más. Aunque estas últimas se encontraban sentadas en el sofá leyendo – Este finde has estado ausente, hoy desapareces pronto y ahora esto… ¿Algún problema Em?
- No – Su contestación fue seca, demasiado.
- Es cierto Emma, estás rara – Comentó Blanca mientras volvía a abrir el microondas para calentar su comida.
Otra vez, otro dilema. Para la rubia había sido muy fácil contarle todo a Henry, quizá demasiado fácil, quizá porque no había replica. Sin embargo ahora estaba ante dos personas totalmente diferente de carácter, y tenía tanto lío en su cabeza que ni siquiera podía expresar lo que sentía de verdad. Pero tampoco podía dejar que sus amigas pensasen que le pasaba algo gordo. Porque aquello era una tontería. Sí, había besado a una mujer, a su jefa, y esta le había rechazado indirectamente. Sin embargo, no era un problema grave, tan solo era la vida.
- El viernes bese a… ya sabéis quien - Dijo la rubia con un hilo de voz muy suave.
- ¡Joder!... ¿En serio? – Exclamó Ruby mientras que Blanca se quedó en silencio.
- Ruby, por favor… Estamos en el trabajo – Emma avistó que aquel no era el mejor sitio para hablar. No obstante sabía que también era imposible no hacerlo después de haber soltado dicha noticia. Así que se acercó más a sus amigas para hacer un corro y poder tener una conversación en susurros – Solo fue un beso, luego nos despedimos.
- ¿Y? ¿Qué ha pasado después? – Preguntó Blanca.
- Nada
- ¿No habéis hablado?
- No, no lo hemos hecho.
- Han pasado tres días – Dijo Blanca como si fuese la cosa más obvia del mundo.
- Lo sé, lo sé – La rubia suspiró – Todo pasó tan deprisa el viernes que pensé que sería bueno tener dos días para pensar y hoy poder hablar. Pero resulta que hoy no viene Regina, y algo me dice que no vendrá en varios días.
- A pesar de que creo que eso es una gran noticia – Ruby casi interrumpió a su amiga- Creo que deberías ir a su casa y hablar con ella – Ruby evadió las típicas preguntas que se deberían hacer en aquel momento ¿Quién empezó el besó? ¿Te ha gustado? ¿Qué has sentido? ¿Te gusta la Reina Malva? Para ella era tan obvio aquello que no quería perder el tiempo con cotilleos absurdos.
- ¿Le estás diciendo que intente hablar con ella? ¿Tú? – El sarcasmo en la voz de Blanca era evidente – Pensé que le dirías que le den o algo así.
- Muy graciosa… Pero tienes razón… en otra circunstancia le diría que se fuese por donde ha venido… pero… ¿Tú has visto a Emma? – Ruby señaló a la rubia - Es un flan… Si la mujer se sonroja cuando hablamos de la que ahora no podemos pronunciar… Nunca le había visto tan así… Total que a ella le gusta.
- Sí, la verdad es que Emma últimamente está muy distraída y con signos claros de un posible enamoramiento.
- Chicas, sabéis que sigo aquí, ¿Verdad? – Puntualizó la rubia levantando la mano en un gesto claro de saludo.
- ¿Te gustó? – Blanca, al contrario que su otra compañera, sí que tenía curiosidad.
Aquella pregunta quedó suspendida en el aire. Emma llevaba desde que pasó lo del beso haciéndose esa pregunta. Valorando lo que había pasado y llegando a una insólita conclusión… sí, aquel beso le gustó y lo más loco de todo era que Regina le gustaba también, no se equivocaba su compañera Ruby. Contra todo pronóstico contra toda experiencia que tenía, aquello era lo único de lo que estaba segura. Tal vez podía existir una duda del por qué, tal vez podía existir el miedo a lo desconocido, o los nervios por saber qué era lo que pensaba su jefa o qué sentía.
- Sí.
- Pues ya está, te presentas en su casa y habláis. Si te rechaza, pues la tía es tonta perdida... Y no quiero pensar si no lo hace – Ruby miró fijamente a su amiga - ¿En serio Em? De todas las mujeres para salir del armario y eliges justo a la Reina Malvada cuya escoba la tiene metida por el cu…
- Basta – El tono de Blanca fue lo suficientemente alto para impedir que su amiga acabase la frase – Siendo objetiva en esto, y que no sirva de precedente, estoy de acuerdo con Ruby. Creo que debéis hablar, no sé si la mejor manera es presentarse en su casa. Yo optaría mejor por un mensaje. Decirle que te apetecía hablar con ella de lo ocurrido.
- Gracias chicas – Emma se quedó pensativa – Sí, creo que lo mejor será hablar. Realmente siento algo y necesito saber qué es. Además esta situación no ayuda a ninguna de las dos.
Y Emma tenía razón, aquella situación, sea la que fuese, no ayudaba a ninguna de las dos. No sabía si Regina estaba igual, pero el nudo que tenía en el estómago iba a acabar con ella sino lo solucionaba pronto. Empuñó su móvil y comenzó a escribir diferentes mensajes, sin embargo, ninguno le convencía. Era difícil expresarse mediante unas cuantas palabras sin estar delante de la persona. Así que tomó aire. Tal vez, sin que sirviese de precedente, Ruby tenía razón, tal vez la otra opción sería presentarse en su casa.
El resto de la jornada laboral la pasó valorando si la decisión que había tomado después de hablar con sus amigas era la correcta. Y efectivamente, era definitivo, iría a verla. Así que cuando terminó, cogió deferentes autobuses para llegar a casa de Regina, no obstante, como era de esperar, la morena no estaba allí. Quizá su jefa no le había mentido y hoy estaba muy liada trabajando. Volvió a agarrar aquel apéndice electrónico que era su móvil. Eran las siete y pico de la tarde. Ahora la culpabilidad de no creerla recayó en sus pensamientos. Era estúpida, no había sido capaz de dar señales de vida en el fin de semana, ni siquiera contestar a su mensaje de la mañana. Si tenía alguna posibilidad de hacerle ver a su jefa que estaba interesada, esta se había esfumado. Seguro que la morena pensaba que era tonta y una mal educada. Volvió a coger aire. Tenía tres opciones, quedarse sentada en aquel banco cerca de la casa de Regina a esperar que esta apareciese, mandar un mensaje lamentando todo lo ocurrido o acercarse a la oficina de su jefa para hablar con ella. Tras solo cinco minutos valorando todo, escogió la última opción. Tomó varios trasportes hasta estar frente a las grandes puertas de aquel majestuoso edificio donde trabajaba la empresaria.
Sin embargo, una vez allí, estuvo diez minutos decidiendo si subir o no. Casi todas las luces estaban apagadas, y apenas se veía movimiento. Aquello era una mala idea, una muy mala idea. Pero ya estaba allí, y estaba dispuesta a arriegarse, que era lo más importante. Así que entró en el edificio. Las recepcionistas no estaban, y solo quedaba un guardia en la parte baja de la planta. Era casi las nueve de la noche, tenía pocas posibilidades de que le dejase subir al despacho de la morena. Sin embargo, por casualidades del destino, aquel segurata era nuevo, y no conocía muy bien los protocolos. Si algo había aprendido Emma a lo largo de la vida era echarle morro a este tipo de situaciones. De modo que, tras una conversación con él, logró que le dejase pasar. Aveces debía admitir que el destino se ponía de su parte.
Aquellos minutos en el ascensor hasta la última planta fueron los más largos de su vida. Su corazón martillaba tan fuerte que podía notarlo en los tímpanos. ¿Qué estaba haciendo allí? ¿Quería tener aquella conversación? ¿Qué sentía? ¿Qué iba a decir? Aún estaba a tiempo de dar la vuelta. No, debía seguir.
Al salir del ascensor observó que nadie quedaba en aquella planta, ni siquiera Sydney. Si aquello fuese una película de terror, lo más seguro que el asesino estaría detrás de la puerta de Regina, pero no, aquello no era una película, aunque el miedo que sentía era casi parecido. Dio unos golpes suaves a la puerta. Le faltaba la respiración. Oyó el taconeo indiscutible de la morena. Le costaba tragar y su cuerpo era un verdadero matojo de nervios. Ocho segundos después la puerta se abrió.
- ¿Emma?
Continuará…
Qué tal este capítulo? Tendrán en el próximo la "conversación"? Espero vuestras opiniones!
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Había cambiado el final original, pero no estaba gustando mucho. Así que he vuelto a poner el final que publiqué en Fanfiction. Espero que os guste y que os animéis a dejar un comentario en Amazon de lo que os parece el libro. Porfa, no pongáis u omitir cualquier referencia a Fanfiction. Mil gracias!
Cualquier duda o problema escribidme un PM!
