Buen jueves! Ya estoy aquí de nuevo!
Muchas gracias por seguir esta historia, hacerla favorita o leerla.
Gracias por vuestros 500 comentarios: LoreLane , dibarbaran, Guest #500, SnixRegal , Ikaauro , LyzzEQ , Guest , Ruth maria , LiteratureloverE3 , 15marday , SONIKA , LectoraMills , begobeni12, kykyo-chan , EmmaS92 , PrincesseMal , CharlieKM , Guest , dcromeror, BeaS , Chica21 (Y todas las personas que no aparecen aquí pero que alguna vez han dejado su opinión)
Y sobretodo, gracias por el apoyo de Caretas de papel. Gracias por vuestros mensajes privados. Sé que muchas ya tenéis el libro. Aunque también sé que en mucho países no se podía descargar gratuitamente, lo siento. Espero que os guste… Ya me contaréis. El libro seguirá a la venta.
Bueno, espero que os guste este capítulo!
CAPÍTULO 21: MENTIRAS CRUZADAS
Me encanta como la brisa mañanera acaricia mi rostro y como esa melodía olvidada, entre tantas otras, susurra en mis oídos... Quizá te hable de mis alas rotas, de mis miedos, de la forma en que la oscuridad rasga mi piel. Quizá te cuente mis sueños o lo que comí hoy para desayunar…
Me encanta pensar que no hay que luchar contra el mar, que todo fluye, que cuando una ola choca contra ti, lo mejor es dejar te arrastre hasta el mismísimo fondo, y una vez allí, coger impulso para salir a la superficie… Quizá te hable de lo que siento por ti, de la forma en que tu mirada hiela mi infierno, de que un simple beso tuyo desgarra cada latido de mi ser. Quizá te hable de esos pensamientos que sacuden mi universo y en los que estás tú… Me encanta esa sensación de estar viva…
Quizá te hable en un futuro… Pero los quizás ahora no valen…
(E.M.A)
- ¿Emma?
Ambas mujeres se miraron fijamente. Durante unos segundos no hubo más palabras, solo el hecho de que estaban una frente a la otra por primera vez después de aquel beso.
- Hola.
- ¿Qué hace aquí? – Regina no se aparató de la puerta, sino que la sujetó con fuerza, como si fuera su modo de posicionar su frialdad ante la visita de la rubia.
- Yo – Emma lo vio claramente, algo no iba bien con su jefa. Sus ojos no denotaban cansancio, más bien otra cosa – Lo siento, fue un impulso… como no viniste hoy pensé que…
- Yo pensé, yo creí, yo imaginé… Esos son excusas de doña ignorancia y don tiempo perdido, Señorita Swan.
- Lo siento – Sí, aquellas últimas palabras de Regina se habían infiltrado con fuerza en el corazón de la rubia ocasionándole una punzada. ¿Qué hacía allí? Claramente no había visto las señales en las que la morena había dejado bien claro que no pretendía verla. Y ahora se sentía estúpida, sentía que sobraba.
- ¿Alguna cosa más? - Los ojos de la morena se volvieron más oscuros. Había aprendido, con el tiempo, que el alcohol no solo le proporcionaba un enorme placer, sino que también le brindaba la oportunidad de sacar su lado más oscuro sin arrepentirse de ello. No pensaba, solo actuaba. Y es que había tomado la visita de Emma como un ataque. No tenía motivos para asumir aquello, pero a medida que habían pasado los últimos segundos, otro razonamiento del por qué Emma la había besado aterrizó en su mente. Se había dado cuenta que quizá la educadora no quería experimentar, lo más seguro es que fuera su estrategia para que no cerrase Somnia Vera. Y no podía consentir aquello. No podía darle a la rubia la satisfacción de creer que aquel beso había importado. Entre aquellas reflexiones meditadas, su cuerpo actuaba de manera muy diferente. Por este motivo, intentó que su pose fuera firme, sin embargo pudo apreciar la perdida imperceptible de su equilibrio, esperando que Emma no se diera cuenta de este pequeño detalle. Hasta ese mismo momento no fue consciente de que tal vez había bebido más de lo esperado. Aunque, siendo sinceros, tampoco esperaba ver a nadie.
- No…. Eh… Bueno – Sus palabras morían ahogadas. Y es que Emma sopesó irse o comenzar por fin aquella conversación que una y otra vez había ensayado en su cabeza. Había hecho mucho esfuerzo por estar allí, aunque claro estaba, la morena no se lo estaba poniendo nada fácil. Si ella no quería, igualmente tendrían que hablarlo, por el bien de su relación laboral – Yo… Mañana tenemos la excursión con los niños para el parque de atracciones- No estaba mintiendo. Elsa le había comunicado al principio de la mañana que tenía todos los papeles listos para la salida. No obstante, había almacenado esta información en la parte más subconsciente de sus pensamientos, pues los conscientes giraban todos entorno a Regina y al beso. - ¿Podrás venir?
- Es una buena noticia – Mintió, era una gran noticia. Si no fuera por el hecho de que la frialdad estaba invadiendo cada parte de su ser, hubiese sonreído con la mayor de sus franquezas. Tenía ganas de estar con los niños fuera, y tenía ganas de estar con Emma fuera. Y este pensamiento le hizo levantar aún más sus muros. Notaba que estaba siendo débil y tenía que ser más fuerte ¿Pero y si Emma la besó porque realmente le gustaba? Eso era imposible, la rubia había jugado sus cartas de seducción para conseguir el objetivo de conservar su trabajo, y en caso menos probable, había sido la experimentación del momento. – Mañana estaré a la misma hora de siempre.
De nuevo, como al principio, se miraron fijamente. Ninguna palabra, tan solo introspecciones divagando por sus cabezas.
- Pues eso era todo – Mintió. Emma estaba allí para hablar de lo del viernes, lo de los niños tan solo fue un pretexto para no parecer más tonta. Pero en realidad quería tener la charla de lo que había significado para ella todo aquello. No quería que su jefa pensase que fue un impulso sin consecuencia, pues sí que había tenido demasiadas consecuencias para ella. Se había dado cuenta que le gustaba y que no le importaba repetirlo. Es cierto que tenía dudas, pero dadas las circunstancias están dudas entraban dentro de la normalidad.
- De acuerdo – La voz de Regina bajó un par de tonos. Por una parte quería que Emma se marchase y así poder seguir con su rutina olvidándose de todo. Y por otro lado, algo le pedía a gritos en su interior que no la dejase marchar.
Y como si les diese miedo pronunciar en alto sus pensamientos, cada una sostuvo su mirada sobre la otra, asfixiando sus palabras en el olvido. Ahí coincidía su superficialidad de aquel momento.
Emma levanto un poco la cabeza en señal de despedida mientras pronunciaba un hasta mañana, lo mismo hizo Regina. Inmediatamente la rubia se dio la vuelta y la morena cerró la puerta, para luego apoyarse en ella. Sus pensamientos eran torpes, nada claros. ¿Y si Emma no la estaba utilizando? ¿Y desde cuando a ella le importaba eso? Ella misma utilizaba a la gente en su día a día. Ella misma había seducido a otras mujeres y hombres por temas de negocios. Así que ¿Quién era ella para juzgar esta forma de proceder? Lo que le fastidiaba es que la utilizasen con ella. Suspiró y el alcohol ingerido apareció por cada riego de su sangre. Mentía. Lo que le fastidiaba era la estúpida posibilidad de sentir algo por la rubia. Estaba enfadada.
Por otro lado, no fue muy diferente para Emma, no dejaba de darle vueltas a todo, así que nada más andar diez pasos para coger el ascensor, retrocedió. Lo más difícil ya lo había hecho, había llegado hasta allí. Era ilógico volverse sin tan siquiera intentar tener una mínima conversación de lo que pasó el viernes. Tal vez no era el momento de abrir sus sentimientos, pero sí de hablar vagamente de ello. Quizá aquello ayudase a que ninguna de las dos se sintiese al día siguiente tan incómoda. Si algo había aprendido la educadora era que los niños percibían todo. Y no quería que una decisión suya les afectase, ya eran mayorcitas para poder solucionar el enredo, en caso de haberlo.
Se paró de nuevo frente a la puerta. Inhaló y se animó internamente. Al instante dio unos pequeños golpes en la puerta. La misma sensación que minutos atrás. Su corazón desbocado pidiendo más sitio en su caja torácica. Sin embargo, esta vez no escuchó el ruido de los tacones acercándose. Lo que le sorprendió un poco cuando la puerta se abrió de golpe.
Bajo el baile de sus miradas penetrantes, la rubia rompió el silencio.
- Hola.
- ¿Olvidó algo Señorita Swan? – Definitivamente, odiaba cuando su jefa utilizaba aquella forma de llamarla.
- Sí – Parecía que su garganta era un embudo en el que no todas las palabras tenían cabida – Quería… Me gustaría… - Toma aire y dilo ya, se sugirió internamente la rubia - El viernes yo…
- Me besó – Interrumpió la morena. No pudo evitar, o tal vez no quiso evitar, levantar un muro invisible de autoprotección en ese momento– Que no se repita… Yo soy su jefa y usted es mi empleada. Nuestra relación es estrictamente profesional. Y me equivoqué saliendo con usted a cenar.
- Lo siento – Emma no pudo pronunciar nada más. En el fondo supo que Regina tenía razón, pero más en el fondo hubiera deseado que aquella conversación hubiese ido en otra dirección muy diferente. Y es que en aquel preciso momento, su corazón, que antes latía con fuerza, dejó de codiciar la energía y cayó bajo el relato de la apatía. Regina Mills le gustaba demasiado. Pero ¿qué habría pretendido con besarla? ¿acaso no era ella misma un muñeco roto? ¿qué podía ofrecerla a una mujer que lo tenía todo? Estaba muy claro que había cometido el error de tener ilusiones en su subconsciente. Ilusiones que iban desde ese segundo en que la besó hasta este segundo en el que todo se había esfumado.
- No pasa nada – Regina no pudo evitar perderse en los ojos de la educadora. Siempre había captado un matiz de tristeza, pero esto era algo muy diferente. Giró su cabeza para romper sus miradas. No podía soportar sentirse débil – Pero espero que sea discreta.
Emma no había tenido unos buenos valores familiares. Su ética y su bondad habían nacido en ella con el paso de los años, de sus experiencias, nada que ver con sus diferentes padres. Así que llegados a este punto tenía dos opciones. La primera era marcharse de allí, huir sin decir nada; y la segunda opción era decirle a Regina que se lo había contado a sus amigas. Obviamente, acabaría tomando esta última opción a pesar de las consecuencias. Y es que, aun no reconociendo a la mujer que tenía enfrente. Su mirada estaba perdida, parecía más cruel y el avance en su relación se había esfumado siendo de nuevo una empleada más. Sabía perfectamente que se enfadaría.
- Se lo he contado a mi hijo Henry y a mis dos compañeras de piso.
Si en ese momento hubiese un medidor de furia, el gesto severo de Regina hubiera alcanzado la zona más roja.
- Ya puede poner todo de su parte para que no llegue a otros oídos… ¿Me ha entendido?
- Sí, lo siento – Y realmente lo sentía. No debía haber contado nada a sus amigas, lo sabía, pero lo que había pasado le había superado de tal forma que lo único que le ayudó fue no guardarse aquel secreto. Es como si necesitase consejos, una mano amiga, la ratificación que lo que había hecho no era malo, y el sentimiento de que si lo contaba lo haría más real. Por mucho que quería ahora olvidar aquello, más quería que no fuese un sueño.
- Y ahora, váyase – Si antes la preocupación de la empresaria residía en que Emma le había utilizado para no cerrar Somnia, ahora esta preocupación se centraba en que un simple beso no llegase a la prensa. Mucha gente se le echaría encima por utilizar su poder para salir con sus empleadas.
- Regina, ellas no van a decir nada, lo prometo – La educadora había visto como los ojos de la morena pasaban de la furia al temor. Era muy fácil ponerse en su lugar y saber que seguramente estaría harta de los rumores que circulaban sobre ella.
- Eso espero.
- Mañana nos vemos – Emma se dio la vuelta para irse. Estaba abatida por los acontecimientos que habían ido sucediendo a lo largo del día. Ya no podía más.
- Espera – Contra todo pronóstico la empresaria no se despidió, sino que sujetó el brazo de Emma. La sujeción no era firme, más bien era suave. – Yo – Ella no daba explicaciones y menos pedía disculpas, sin embargo tenía la sensación de que esta vez lo tenía que hacer. Emma era una persona que podía sacar lo malo de ella como había pasado al principio, pero también debía admitir que su presencia le generaba confort, como había pasado en los últimos días. Regina bajó la mirada cuando Emma se volvió para quedarse frente a ella. – Quizá me he pasado un poco, he tenido un día un poco duro, demasiadas cosas en la cabeza.
- ¿Es una especie de disculpa? – La rubia se quedó totalmente sorprendida de aquel cambio. ¿Qué había pasado en tan solo tres segundos? De la indiferencia, había pasado a la ira, y de la ira de nuevo a la indiferencia. Aquella mujer era una verdadera montaña rusa. Por inercia sus ojos vagaron por toda la habitación intentando ver si había alguna cámara oculta. Aquel cambio de actitud le había extrañado hasta pensar que podía ser víctima de algún tipo de broma. Pero lo que encontró no fue una cámara, sino algo mucho peor. Lo que había visto en sus ojos al principio no era más que la sombra del alcohol. Miró a la empresaria buscando algún otro síntoma que lo confirmara. Gracias a uno de los padres que tuvo de acogida esto no le resultó muy difícil. Esa mirada perdida, esa tímida hinchazón de sus mejillas, la exaltación tan repentina de todos sus estados, su frialdad mezclada con ciertos rasgos de agresividad, el temblor de su mano derecha, la pérdida del equilibrio que había tenido al principio. Todo eran señales de que había estado bebiendo. Por este motivo no estaba segura de que hablase Regina o el alcohol.
- Tómelo así – Quizá, ahora que la cosa estaba más calmada, podían tener una pequeña conversación. Sin embargo, Regina rechazó al segundo este pensamiento. No era el momento.
Sus miradas, que en los posteriores minutos habían jugado a rehuir, se volvieron a cruzar. Silencio. Había tanto que decir que la rubia miró a la empresaria como si aquello fuera suficiente para expresar que sentía algo por ella. Silencio. En la misma línea, la morena miró a la educadora como hacía mucho tiempo que no miraba a otra persona, podía sentir tanto que aquello le daba miedo. ¿En qué punto todo había cambiado?
- Mañana traite ropa cómoda – Aquellas palabras de Emma mordieron el sigilo del momento.
- Solo fue un simple beso – No lo era – Sin importancia – Sí la tenía – No es la primera vez que me pasa por mi posición, y sé que no fue nada – Regina tenía razón, no era la primera vez que alguien le besaba para beber de su poder, sin embargo, si era la primera vez que un solo beso había tambaleado su mundo. – No quiero que las cosas cambien entre nosotras – En esa última frase hubo dos verdades. La primera sacudió a Emma, aquello había sido un rechazo en toda regla. La segunda, era que Regina no quería que aquello estropease lo único real que parecía tener su vida. No podía considerarla su amiga, pero debía admitir que por primera vez no le importaba ser ella misma, poco a poco, pero era ella. Así que cualquier otro sentimiento debía morir.
- Creo que tomé mucho vino – Mintió – Así que… por mi parte está olvidado – No lo estaba. De hecho tenía un nudo en el corazón que apenas dejaba que sus latidos tuviesen un ritmo normal – Además, mañana voy aprovechar para mojarte en alguna atracción, y no quiero que te sientas incómoda… Tómatelo como el puteo de una trabajadora a su jefa – Hay sonrisas perdidas en el dolor de una decepción, y Emma no pudo evitar mostrar una de ellas. Por suerte, Regina estaba tan ocupada en estar serena y en que sus pensamientos fueran claros que no la pudo apreciar.
- Querida, no se lo pondré fácil – La empresaria también sonrió, pero en su sonrisa no había huella de una decepción, más bien había el asomo de haber tomado la mejor decisión. No había nada que odiase más que la debilidad.
- Hasta mañana Regina.
- Hasta mañana Señ… Emma.
Ahora sí, ahora sí que se miraron por última vez aquella noche. Ahora sí que se separaron caminando cada una por lo que había ocurrido, divagando por cada palabra, por cada sentimiento. Ahora sí, ahora sí que tenían la evidencia de que no había sido un simple beso, y ahora sí que tenían bien claro que aquello no se podía volver a repetir jamás.
Continuará…
Qué os ha parecido? Sé que muchas queríais esa conversación. Pero como dije, esta historia es a fuego lento, y no era el momento. En el próximo capítulo nos iremos al parque de atracciones… Veamos que pasará allí.
