Buenos días! Sé que he tardado muchísimo en actualizar y lo siento muchísimo.

Estoy haciendo un Tetris con mi tiempo, y el día que tengo unos minutos para escribir, no me siento inspirada. Pero bueno, ya espero volver a la normalidad de un capítulo por semana.

Ahora bien, muchísimas gracias por leerme, por hacer esta historia favorita, o por seguirla.

Un millón de gracias por vuestros comentarios: Guest , Lrg , .33633 , anonimo, neferaiomega , begobeni12, LoreLane , Shiryuz ,dibarbaran , ruth maria , SnixRegal , jkto , 15marday , Anita , EmmaS92 , mills1 , LectoraMills , Ikaauro , lcp15 , LyzzEQ , Kiandre , BeaS , PrincesseMal , kykyo-chan , Guest , LiteratureloverE3 , dcromeror

Como llevo un tiempo sin escribir aquí os dejo un pequeño resumen:

Resumen de los capítulos anteriores: Kath, la mujer de Regina, muere. Y la morena decide que para superar su muerte es mejor vengarse de la persona que recibió la donación de su corazón, porque piensa que no le pertenece. Para ello utiliza todo su poder y descubre que se trata de una trabajadora suya, Emma. Al principio Regina cree que todo será fácil, pero cuando conoce a la rubia se da cuenta que no será así, terminando en un acuerdo donde ambas mujeres trabajaran juntas durante un mes en la Asociación, con niños. El comienzo de su relación fue frío y distante por culpa de la empresaria, pero poco a poco este cambió, aunque la venganza aún seguía en la mente de la morena. Sin embargo, todo cambió definitivamente para las dos cuando Emma descubrió, en un malentendido, que Regina era lesbiana y para compensar su fallo le invitó a cenar. A raíz de esto Emma tuvo un sueño húmedo con la morena y empezó a plantearse muchas cosas, pero todo lo enfocaba a que ha sido simple curiosidad. Sin embargo, en su segunda cena, se besaron y empezaron un auténtico baile de confusiones. Por un lado, Regina decidió no ir a la asociación para trabajar y por otro lado Emma decidió aclarar las cosas en persona, aunque fuese por la noche, y fue a buscar a la empresaria a su trabajo. Pero no será aquí donde afronten sus sentimientos, que los tienen, ya que ambas deciden que aquel beso solo fue un error.

No olvidar: Regina es una mujer muy poderosa que siempre hace lo que quiere, pero tiene un problema con la bebida y con expresar sus sentimientos. Y Emma es una mujer que ha pasado por mucho, pero la muerte de su hijo la hundió. Y ahora no solo tiene que luchar para que no cierren Sonia Vera, sino también luchar con sus propios demonios de soledad.

Espero que os guste este capítulo el siguiente capítulo!


CAPÍTULO 22: SÚPER SPLASH

Nunca perdemos a nuestros demonios, solo aprendemos a vivir por encima de ellos (Dr. Strange)

- ¿No te gustan las atracciones? – Dijo Emma acercándose a Regina.

- ¿Por?

- Aún no te has montado en ninguna, y ya han pasado varias horas desde que hemos llegado- Y era cierto, habían llegado al parque de atracciones hacía ya cuatro horas, y la rutina había sido la misma. Emma y la otra cuidadora se habían montado con los niños en muchas de las atracciones, mientras que la empresaria se había quedado en la puerta cuidando todas las pertenecías, en algunos casos incluso se había quedado con algunos de los niños que le daba miedo subirse a la atracción que tocaba.

- No soy mucho de montarme en las atracciones.

- ¿Y eso? – Preguntó la rubia.

- Perdona Emma – La otra cuidadora, Mérida, las interrumpió – Voy a llevarme a los niños a que prueben una nube de aquel puesto – Dijo señalando una tienda que había a unos seis metros de ellas – Ahora volvemos.

- Perfecto, muchas gracias – La rubia sonrió y después volvió a mirar a la morena. Le había dejado en un segundo plano con la interrupción, sin embargo le interesaba lo que le estaba contando, y no quería dejar la oportunidad de conocer un poco más a Regina - ¿Por qué no eres de montarte en las atracciones?

- Siendo sinceras, es la primera vez que estoy en un parque de atracciones – La cara de asombro de la rubia fue tan evidente que produjo una pequeña sonrisa en la morena – Mi madre decía que esto era una pérdida de tiempo, y jamás me trajo a una. Con la edad me di cuenta que tenía razón, y nunca saqué tiempo para venir.

- ¿Me lo estás diciendo en serio?

- Completamente.

- ¡Pero si una atracción es lo más divertido que hay! – Emma marcó con los brazos abiertos todo su alrededor – Yo no me cansaría nunca de venir, y eso que ya tengo mi edad... Pero aun así, me lo paso genial.

- Ya lo he visto – Ahora la sonrisa de Regina se hizo más grande. Desde que habían llegado, además de vigilar a los niños, había observado el comportamiento de la educadora. La había visto montarse en cada una de las atracciones como si fuese una más de los pequeños. Había observado sus ojos iluminados cada vez que le tocaba subir y su sonrisa después de bajar.

- Un parque de atracciones es como un mundo paralelo… puedes volar, puedes ser un personaje en alguna atracción, sientes cosquilleos, te olvidas de la rutina, disfrutas…

- Está bien

- ¿Está bien?

- Dijiste que me ibas a putear, ¿no? – Emma sonrió acordándose de aquellas palabras que le dijo la noche anterior- Así que, está bien, elige una atracción y me montaré contigo… no quiero que faltes a tu palabra.

- ¿La que quiera?

- La que quiera – Contestó Regina esperando que Emma no fuera muy mala con ella, ya que sería la primera vez que se montaría en una atracción, y era algo que no controlaba.

La rubia giro sobre ella mirando todo lo que había a su alrededor y entonces divisó la atracción perfecta.

- Súper Splash – Dijo con entusiasmo. Había montado ya tres veces con los niños y aun así le parecía la mejor atracción del parque, no era muy excitante, pero le encantaba la última parte donde se bajaba a toda velocidad hacía el agua provocando una gran ola que mojaba tanto a los que estaban mirando como los que iban montados.

- ¿Así que me quieres ver mojada? – En la escala del uno al diez de rubores, Emma había conseguido llegar al diez en pocos segundos. No se esperaba aquella pregunta con un supuesto doble sentido.

- No, es que… yo… no…

- Emma, estaba de broma… Me parece buena elección – Regina debía admitir, en lo más profundo, que adoraba la forma en que la rubia se ponía nerviosa. También debía admitir que aquel día estaba impresionada por cómo estaban llevando su relación. Desde la conversación que habían mantenido la noche anterior, no habían tenido ningún momento tenso. En la mañana se habían saludado como siempre, y pasadas las horas parecía todo como los días anteriores en los que no había pasado lo del beso. Sin embargo, lejos de esto, no podía evitar observar a la rubia más de lo normal, aunque elegía los momentos en los que sabía que Emma no podía verla. También se había dado cuenta de esa sensación de hormigueo en el estómago y su necesidad de intentar hablar lo máximo posible con ella. Aunque esto último no pudo hacerlo mucho, la vigilancia que tenían que tener con los niños se llevaba todo el protagonismo.

- Perdón – Emma suspiró. Había estado todo el día diciéndose a ella misma que debía intentar olvidar todo lo que había ocurrido días atrás. Regina Mills era su jefa, y ella solo estaba desorientada. La realidad era más simple, estaba pasando por un mal momento, había días en los que se sentía fuerte y luchadora, y otros en los que ni siquiera quería salir de la cama, que todo le daba igual. Quizá fuese por este motivo que había encontrado en su jefa un escape. Mas solo era eso, un escape, una confusión de la realidad. Por esta razón no dejaba de repetirse que tenía que actuar con normalidad, dejar en el tintero lo del beso, lo que sentía supuestamente por la empresaria, sus enmarañados pensamientos. Y casi lo consigue. Ya que solo hacía falta una frase de la morena y toda su muralla se derretía. Sin embargo, por su bien, debía relajarse y hacer como si nada – Yo solo…

- Olvídalo Emma… sé que tu plan es verme mojada… no te hagas la inocente – La sonrisa de la morena le indicó a Emma que todo estaba bien, y que podían bromear entre ellas sin problema. Los límites no estaban ahí, y no había nada de malo si ambas aceptaban que, por mucho que quisieran, no podían tener una relación formal de jefa y empleada. Un poco de juego entre ellas no haría daño a nadie.

La rubia se acercó un poco más a la empresaria, pero sin invadir su espacio personal.

- Me has pillado – Bajó su tono de voz todo lo que pudo – Estoy deseando verte mojada a mi lado – Y arrastró sensualmente la palabra deseando provocando, no solo una sonrisa más amplia en Regina, sino también un hormigueo.

- Ya todos los niños tienen su nube – Volvió a interrumpir Mérida.

- Genial– Emma se separó un poco de Regina para volverse a la educadora - Ya que los tienes entretenidos… ¿podrías llevarlos a un sitio tranquilo para que descansen y disfruten de su nube?... Regina y yo nos queremos coger unos minutos para montar en una atracción – Como acto reflejo, Mérida, tuvo que contener su figurado desbloqueo de mandíbula al oír que Emma iba a ir junto a la jefa a disfrutar de una atracción. Le había descolocado aquella situación por completo. Aceptaba que su concepto de ella había cambiado un poco aquella mañana, no era la estirada y fría Reina Malvada que había oído en rumores, pero tampoco era la alegría de la huerta, ni tan siquiera había intentado montar con los chicos en ninguna atracción, así que no podía imaginarse que lo iba a hacer ahora, con Emma, su compañera. ¿Qué estaba pasando?

- No hay problema – Mérida dijo a pesar de su desconcierto.

- Mil gracias.

La rubia no quiso dar más detalles y volvió a girar hacia la empresaria, que estaba como mera espectadora.

- ¿Nos vamos?

- Claro.

Ambas mujeres se despidieron de los niños diciéndoles que volverían enseguida. Luego se dirigieron hacia la atracción Súper Splash.

- Bueno, aquí estamos – Dijo Emma mirando la atracción desde la fila - ¿Estás preparada?

- ¿Debería estarlo?

- Claro, será tu primera vez… conmigo – Esta vez no hubo una previa intención de que aquel comentario cobrase un doble sentido. Sin embargo, y no a modo de rubor, aquellas palabras se filtraron al instante en todas las capacidades de ambas mujeres, incentivando que sus miradas fueran su única expresión.

- ¿Ahora soy yo la que debería sonrojarme? – Regina rompió el silencio.

- No lo pretendía, pero no me importa sonrojarte si hablamos de nuestra primera vez – Si no había límite para poder gastar bromas, tampoco había límite para el coqueteo, porque… Emma estaba coqueteando ¿no?

Y fue en ese soplo en el que el silencio entre ellas volvió a abastecer su conversación. Lo único que se oía cerca era el murmullo de las otras personas que estaban haciendo cola y, más de fondo, el ruido de la atracción, alguna que otra risa y algún que otro chillido cuando la barca bajaba a la zona del agua. Sin embargo, entre ambas solo había el silencio que desapareció cuando el móvil de Regina sonó.

La morena rastreó entre las cosas de su bolso para encontrar su móvil. Cuando ya lo tenía en su mano miró quién era, Maléfica, luego observó la cola de gente que había delante, aún quedaba unos minutos para que le tocara montar a ellas dos, así que decidió coger la llamada, no sin antes disculparse con la rubia.

- Perdón, ahora vuelvo – La morena descolgó y salió de la fila - Buenas tardes maléfica.

FLAS – BACK – 6 AÑOS ANTES

- Buenas tardes Regina.

- ¿Para qué me llamas?

- Tú siempre tan amable – Maléfica esperó unos segundo antes de proseguir – Quiero saber cómo te fue ayer en tu primer aniversario.

- ¿En serio? – Regina no podía creer que su amiga le hubiese llamado para aquello, le parecía una estupidez.

- Por favor, es todo un record – Maléfica dijo irónicamente- Y encima te noto mucho más cambiada… parece que nuestra mujer de hielo tiene corazón.

- Primero, claro que tengo corazón, es un órgano que me permite vivir, y segundo… puede que me esté haciendo mayor y no quiera rollos superficiales de una noche… ¿no crees?

- Bla, bla, bla… Venga… ¿podemos decir ya que Regina Mills ha encontrado el amor verdadero?

- No seas idiota Maléfica… O mejor dicho, no seas incrédula… Me encanta Kath. Es una mujer cariñosa, y sí, me da cierta estabilidad y me siento cómoda con ella. Siempre he sabido que tiene algo especial y creo que hacemos una gran pareja. Sé cómo es desde el principio y me gusta saber que no habrá sorpresas con ella... pero no existe el amor verdadero.

- Retiro lo dicho… - Interrumpió su amiga- Parece que me estás vendiendo un producto. Lleváis un año… ¡por el amor de Dios! No puedes decir que es algo estable y sin sorpresas… A veces tengo la sensación de que la elegiste a ella no porque te complete, sino porque tus planes de vida así lo requerían.

- ¿Te quedarías contenta si te digo que la quiero? – La empresaria inspiró. ¿Por qué todo el mundo se empeñaba en que ella sintiera algo? Estaba claro que sentía algo por aquella mujer que había conocido un año atrás en una gala benéfica, pero no era su centro. Ahora mismo solo podía pensar en negocios, en poder. Todo lo demás estaba en un plano secundario. Sin embargo, dentro de esta perspectiva, ella no consideraba que Kath fuera un complemento más en su vida, para nada, aquella mujer se había convertido en una parte importante de su día a día, incluso quería proponerle que se fueran a vivir juntas. Pero ya está, era todo, no existía ninguna otra cosa inspirada en cuentos de hadas.

- Sé perfectamente que la quieres… ahora te hace falta amarla – Una risa se escuchó en el otro lado del teléfono.

- ¿Acaso no es lo mismo?

- No – Sentenció Maléfica.

- Me parece ridículo tener esta conversación… ¿Dime qué diferencia hay? – Ahora la que se rio fue Maléfica.

- Para ti ninguna, nunca te tirarás al vació sin haber planeado cada milímetro de esa caída.

- ¿Eso qué quiere decir? – Aunque la empresaria miró su reloj Dior Gran Bal en un recordatorio de que estaba perdiendo el tiempo, no podía evitarse sentirse atraída por aquella inusual conversación.

- Kath es una mujer fantástica… Por mucho que te cueste admitirlo… te ha cambiado para bien… te hace más amable con el resto, no mucho más, pero algo es algo… es lista… es guapa… y te he visto sonreír con ella… Sin embargo, te falta ese algo que te haga salir de los límites de tu control… me apuesto lo que sea que hasta planeaste tu primera cita, tu primer beso e incluso la primera vez que te acostaste con ella…

- No sé si te gusta mi novia o si eres muy pésima mostrando diferencias… Estoy en duda- Regina había captado muy bien el mensaje de su amiga, pero como siempre, ella tenía su versión inamovible. La gente se alimentaba de historias fantásticas sobre el amor. El hecho de que todas las cosas tuviesen explicación para ella y su necesidad imperiosa de controlarlo todo, no demostraba en absoluto que no estuviese enamorada.

- Tengo que colgar… Hablamos pronto.

- De acuerdo… ah, y la próxima vez no seas tan cotilla. – Concluyó la empresaria.

ACTUALIDAD

- Buenas tardes Regina.

- ¿Para qué me llamas?

- Yo también me alegro de hablar contigo – Ironizó Maléfica – Hace tiempo que no sé de ti, y me estaba empezando a preocupar.

- Ahora mismo no puedo atenderte – La voz de Regina era seria.

- ¿Alguna reunión? Aunque oigo de fondo mucho ruido… ¿Dónde estás?

- En el parque de atracciones- La empresaria sabía perfectamente que aquella conversación no se iba a acabar de inmediato después de decirla su ubicación, así que miró rápidamente a Emma. La cola no había avanzado mucho, aunque quedaban solo unas diez personas por delante de ella.

- ¿Parque de atracciones? – Aquello sí que había sorprendido a Maléfica- ¿Qué haces allí?

- He venido con los niños a pasar el día – Explicó la morena.

- ¿Quién eres tú y que han hecho con mi amiga?... Bromas aparte, ¿qué haces ahí?

- Tocaba excursión.

- Regina, no juegues mucho con sus sentimientos… Te recuerdo que vas a cerrar esa asociación en unos días.

En ese momento habría que destacar el mero sigilo que había para tantos pensamientos en la cabeza de la empresaria.

- No lo voy a hacer – Aquellas palabras no cayeron en saco roto.

- ¿No lo vas a hacer? – Maléfica estaba completamente sorprendida, primero porque su amiga estaba en un parque de atracciones, nunca se hubiera imaginado a una mujer tan poderosa como Regina perder el tiempo en un sitio como ese; y segundo, ¿cómo que no iba a cerrar Somnia? ¿Qué pasaba con su venganza?... o mejor dicho, ¿qué otra cosa tenía planeada como venganza?

- No – Regina tenía dos opciones, o decir la verdad o evadirla – Somnia Vera permanecerá abierta… no solo es importante para los niños, sino también para ella.

- No estamos hablando de Kath… ¿Verdad? – Un nuevo silencio. La empresaria había optado por una verdad demasiado profunda. En ningún momento su mujer había estado en la ecuación. Volvió a mirar a Emma, esta estaba mirando al cielo con los ojos cerrados, intentando alimentarse de esa ráfaga de sol que se posaba sobre su rostro. El corazón de Regina comenzó a bombear de una forma extraña para ella y sus pensamientos ahora solo iban en una dirección… ¿por qué se preocupaba por una simple empleada?

- Debo dejarte… Nos toca montarnos

- No, no, no… Regina… No me puedes dejar así… ¿qué ha pasado para que cambies de opinión? ¿quién es ella? – Maléfica se mostraba desesperada para seguir montando aquel puzzle falto de piezas – Regina… ¡Regina!

- Hablamos.

La morena no dejó ni tan siquiera que su amiga se despidiera, ya le daría alguna explicación, pero todo a su debido tiempo. Lo que tenía que hacer era quitarse de su mente aquella incertidumbre de no saber qué estaba pasando con la rubia. Debía dominar la situación… Emma Swan era su empleada, no había más, y no cerrar Sominia Vera sería su propósito de caridad para este año… así de simple. Sembró su cuerpo de aires superiores y volvió a la fila, mientras que rumiaba una y otra vez que todo estaría como siempre, bajo su control.

- Perdón – Regina interrumpió aquel momento zen de la educadora.- Era una amiga.

- Creí que tú no usabas de eso – Emma sonrió.

- Muy graciosa.

No habían pasado dos minutos cuando la voz de un hombre les indicó que ya podían subir en la próxima barca. Por suerte, según el pensamiento de Emma, les tocó delante del todo, que era el mejor sitio. Pero mientras que la rubia sonreía, la morena examinaba todo.

- ¿Estás bien?

- ¿Estos cacharros pasan algún control de calidad? ¿Quién lo maneja? ¿Va todo por ordenador? ¿Es una barca normal? ¿Se puede salir? ¿Tiene algún tipo de seguridad?

- Veo que sí, que todo bien – Sonrió Emma – Abróchate el cinturón y disfruta – Quizá fuera por su tono de voz o quizá por el gesto cariñoso que la rubia hizo para ajustarla bien el cinturón, pero Regina comenzó a relajarse.

- Gracias.

La atracción comenzó a funcionar y los nervios de la empresaria volvieron fulminantes como un búmeran. Hecho que no pasó desapercibido para la rubia, quién depositó su mano encima de la de Regina. Al instante apreció un chispazo en su corazón. Miró sus manos unidas. Ya había sentido esto otra vez con Regina, no era nada nuevo, pero aun así le seguía sorprendiendo aquella sensación extraña en su cuerpo. Presionó con delicadeza la mano de la empresaria.

- Tranquila, no quieras controlarlo todo.

- ¿Cómo? – Regina estaba tan intranquila que no había notado el cosquilleo ni su mano, ni en el resto de su cuerpo. Ni siquiera había notado el contacto de Emma. Sólo atendió a los estímulos cuando la rubia le habló.

- Las atracciones están para divertirse, dejarse llevar… así que por una vez, no tienes que dominar la situación. – Emma volvió a presionar con ternura la mano de Regina, quien esta vez sí que miró que sus manos estaban unidas. La barca continuaba su camino, subiendo y bajando pequeñas cuestas, y chocando con los laterales cuando la zona era muy tranquila, y era conducida más por el agua que por el carril. Sin embargo, la empresaria ya no tenía el sentimiento de desconfianza hacia ella, solo estaba atenta a sus manos unidas. Lo propio, según sus principios, hubiera sido, soltarse de inmediato, pero no lo hizo.

- Está bien.

Ambas mujeres se sonrieron para luego mirar hacia delante. Aquello empezó a ser divertido. Por un lado, la barca en la que estaban empezó a coger un poco más velocidad en ciertos puntos, sobre todo en las bajadas, no obstante iba despacio en las subidas. Y por otro lado, había personas en algunas zonas arrojando o disparando agua. Definitivamente, aquello estaba siendo divertido, tanto fue así que a las dos se les escapó algún que otro grito y alguna que otra risa. A pesar de que hubieran seguido mucho más tiempo montadas, la última cuesta, la más empinada, indicó que estaban llegando al final.

- ¡Prepárate, llega la parte en que te vas a empapar! – Expresó gritando Emma, mientras miró a Regina con una amplia sonrisa.

- Te recuerdo que tú también – La empresaria también correspondió con una amplia sonrisa. Y esta fue muy bella, o por lo menos a Emma le pareció así, es más, no pudo dejar de mirarla. Su corazón empezó a latir con rapidez y un pequeño cosquilleo comenzó a aflorar en su estómago. Lo achacó a los nervios de la atracción, sin embargo, en el fondo sabía que no era ese el motivo, que era por ella, por Regina Mills.

- Sí – Susurró Emma. La amplia sonrisa que antes portaba, ahora era un poco diferente. Más natural, más hermosa, siendo el punto de atención de Regina, que se dejó cautivar por ella. ¿Qué tenía de especial Emma Swan que le hacía sentir así? En sus años más locos había salido con modelos, con mujeres poderosas que derramaban sensualidad a cada paso. Pese a ello, la mujer que tenía delante era diferente, no sabía muy bien en que aspectos, solo sabía que era diferente, incluso si la compraba con Kath. En ese preciso momento quiso suprimir ese pensamiento de su mente apartando la mirada, pero el destino se adelantó, la barca de la atracción comenzó su descenso.

Cuatro segundos después, y tras un largo chillido, llegaron al final de la atracción. Y evidentemente, la propulsión de la caída hacia la zona de más agua provocó, no solo una ola gigante hacia fuera de la atracción, sino también que el agua se metiese dentro de la barca.

- Estás…mmm… mojada – Comentó Emma que no pudo apartar la mirada de su jefa. Efectivamente, Regina se había calado hasta las huesos, incluso la camisa blanca que llevaba se había vuelto un poco más transparente, intuyéndose un bonito sujetador blanco de encaje. Pero la rubia no la miraba porque estuviese empapada. La miraba porque estaba increíblemente sexy. Su pelo húmedo, su gesto en la cara de diversión, sus movimientos para secarse, la chispa de sus ojos... Definitivamente, estaba impresionante.

- Impresionante…

- ¿Cómo? – Emma casi entró en pánico… ¿tan evidente era como veía a la empresaria?

- Estoy impresionantemente húmeda – Desarrolló Regina ahuecándose el pelo, y disfrutando de reojo de una bonitas vistas. Emma estaba muy encantadora mojada y riéndose por su comentario.

- ¿Te ha gustado?

- Debo admitir señorita Swan que me lo he pasado muy bien.

- Me alegro… aunque deberías haber montado antes, y así repetir esta experiencia varias veces.

- Creo que por hoy tengo suficiente… - Comentó la empresaria mientras se seguía ahuecándose el pelo.

- Somos de la misma quinta… Deberías estar preparada para este tipo de experiencia.

- Tú estás preparada para esto… ¿cuántas veces vienes con Henry al año? – Fue escuchar esa expresión, y el gesto de Emma se endureció. No solo porque recordó la vez que vino con Henry al parque, sino también porque había llegado el momento de sincerarse.

- Henry ¿no? – Regina notó algo extraño en la expresión de la rubia – Se llama así, ¿no? – No hubo respuesta – Lo siento si me he equivocado, soy muy mala para los nombres.

- Mi hijo murió – Aquellas palabras resonaron en la cabeza de Regina de tal forma que la descolocaron por completo. Su sonrisa cambió y solo podía ver ahora la expresión de dolor de Emma.

No lo pensó ni un segundo. Simplemente se lanzó a los labios de la rubia. Era una necesidad hacerlo. Era una necesidad sentirla en aquel preciso momento, le daba igual las consecuencias, no están contempladas. Además, no había otra expresión que no fuera la de un apasionado beso. Sin embargo, para Emma fue distinto. Nada más decir aquellas duras palabras sintió como el mundo se derrumbaba en los ojos de la morena, como su sonrisa desapareció y como la expresión de su gesto dejó un rastro de disipada confusión. No obstante no le dio mucho tiempo a procesar que significado tenía todo esto, ya que en menos de un suspiro sintió el calor de los labios de Regina en los suyos y luego como el beso se hizo más profundo. Al principio Emma lo estaba disfrutando, se estaba dejando llevar olvidándose de todo, incluso de dónde estaba. Pero un pensamiento franqueó en su mente haciendo que se apartase de mala manera de Regina.

- ¿Me has besado por lástima?

Continuara…


Qué os ha parecido? Qué creéis que pasará ahora? Estoy deseando saber vuestras opiniones.