Recuperando el tiempo, aquí os traigo otra actualización :)

Muchas gracias por vuestros comentarios: SnixRegal, dibarbaran , Guest , KaruBlackbird , begobeni12 , Leylayx , Jkto , Ruth maria LyzzEQ , BeaS , MissRegal , Guest , EmmaS92 , LiteratureloverE3 , LectoraMills , kykyo-chan , lcp15 , ChicaCiruelaSQ , dcromeror , Anita , PrincesseMal.

Mil gracias por leer esta historia, hacerla favorita o seguirla.

Espero que os guste!


CAPÍTULO 23: QUÉDATE…

"Quédate con quien te bese las heridas que nadie tocó, te ame los defectos que nadie aceptó y te despierte los demonios que nadie conoció"

- ¿Me ha besado por lástima?

- ¿Cómo? – A Regina no le dio tiempo a procesar aquella situación. Hacía tres segundos que estaba besando a Emma, cuando esta se separó bruscamente y le hizo aquella pregunta.

- ¿Me has besado por qué mi hijo está muerto? – La rubia había tomado toda la fuerza que tenía en ese instante para manifestarse. En otra situación, seguramente, hubiese derramado alguna lágrima. Pero en aquel momento no fue así, tenía tanta rabia de que la empresaria lo hubiese hecho por aquella razón, que ni siquiera reparó que era la primera vez que decía en alto que Henry estaba muerto de aquella manera.

Regina quería gritar que no, que no fue el motivo por el cual la había besado. Pero no lo hizo, se quedó en silencio. Un silencio aterrador.

- Será mejor que volvamos con los niños – Emma sentenció con una dura mirada. No quería creer que todo se había basado en un sentimiento de pena, no quería. Pero ante el mutismo de la morena no le quedó otra que aceptar la evidencia, y eso le dolió. Necesitaba salir de allí, necesitaba escapar, necesitaba alejarse de Regina Mills. Así que se giró y puso rumbo a la zona donde estaban los pequeños. No esperó a que la morena le siguiera, no miró la cara de desconcierto que tenía. En aquel momento, era tanta la impotencia que sentía que prefirió no hacerlo, que prefirió no darse cuenta.

Cuando la espalda de Emma ya ni se veía, Regina reaccionó, pero ya era tarde, estaba sola. Pudo ir detrás de la rubia, pararla, mas no lo hizo. Ella también necesitaba su tiempo para pensar, necesitaba saber que había ocurrido en los últimos dos minutos, así que sin pensárselo dos veces se encaminó al servicio más cercano, ya buscaría más tarde al grupo, si es que lo hacía.

Al llegar al servicio se dirigió directamente al lavabo. Acto seguido posó sus dos manos abiertas sobre él y agachó la cabeza. ¿Qué había pasado? Levantó la cabeza y clavó su mirada en el espejo del lavabo, en ella misma. ¿Qué había pasado? Su rostro estaba apagado, nada que ver con la sonrisa que portaba minutos atrás, nada que ver con aquella mujer que había rozado la felicidad. Emma le había contado que su hijo estaba muerto, y ella la había besado. ¿Lo hizo por pena? Apretó su mandíbula hasta el punto de endurecer aún más el gesto de su cara. ¿Todo se deducía a un sentimiento de lástima? Volvió a agachar la cabeza. Repasó una y otra vez todo. No se dejó ni un detalle de lo que recordaba, ninguno. Alzó su cabeza para encontrase nuevamente con su reflejo, y cerró las manos apretando los puños contra el lavabo. No, no había sido por pena. Deseó el beso desde aquella parte de su interior que ni reconocía, desde lo más profundo. Por primera vez no tuvo palabras para expresar lo que sintió cuando escuchó la noticia de Henry, lo único que ansió fue expresarse de alguna forma, y lo hizo con un beso. Pero lejos de la pena, más bien quería indicar que ella estaba allí. Su expresión se fue relajando. No iba a permitir que Emma concibiera algo erróneo sobre ella. No había ninguna explicación lógica del por qué necesitaba que la rubia no tuviera aquella impresión. No obstante, una señal en el recóndito de su ser le indicó que si no hacía algo pronto, podría perderla. Pasó rápidamente de la impotencia al simple desconcierto por lo que estaba experimentando ¿Emma Swan le importaba tanto para dejar a un lado su orgullo? Necesitaba una copa, un trago de alcohol que arrastrase todo. ¿Qué debía hacer ahora? ¿Debía irse a su casa y olvidarse? ¿Debía volver y hacer como si nada? Miles de preguntas hacían cola en su mente, una tras otra. Miles de acciones que podía hacer, miles de alternativas. Pero cada una de ellas le llevaba al mismo punto, su sitio era estar allí, con Emma, e intentar aclarar la situación. Quería hacer las cosas bien. Ella era una mujer segura, era una mujer que nunca se rendía ante las adversidades. Nunca había temido nada, y sin embargo estaba temiendo perder a una persona que ni tan siquiera sabía sí la tenía. ¿Por qué no actuaba como siempre? ¿Por qué no evaluaba todo y cogía la opción más productiva para ella? ¿Por qué se estaba dejando arrastrar por impulsos que no controlaba? ¿Por qué ahora? Y mejor dicho ¿Por qué estaba hablando para sí misma frente a un espejo cuando prefería mil veces estar mirando los ojos cristalinos de Emma?

Lo más fácil para Regina era ser una hipócrita. Lo había aprendido con el paso de los años. Lo más difícil para ella era estar allí, en ese momento en el que tenía que ser ella misma. Inspiró profundamente.

Valga decir que era penoso que la gente no lo entendiese, que no entendiese que debajo de toda aquella indiferencia o frialdad estaban todos sus demonios, estaba ella. Pero Emma era diferente. Emma la había visto en su peor momento, la había visto borracha y no había utilizado aquello. La había visto con el poder suficiente para vencer cualquier lucha y así estaba intentando ganar la simple batalla de que no cerrará Somnia Vera. Y lo más importante, la había besado a ella, no a la mujer que todos quieren, sino a ella, a Regina. Ya era una experta en besos, y sabía perfectamente que existían diferentes tipos de besos. Fuera por este sencillo hecho que Regina estaba aterrada. Salir de aquel cuarto de baño y presentarse frente a la rubia sería bajar cualquier tipo de barrera.

Sin pensárselo dos veces, la empresaria salió del servicio con paso decidido en busca del grupo, deseando que no se hubiesen movido. Ahora no estaba para pensar en los sitios en los que podrían estar para andar buscándoles. Por suerte para ella, estaban en el mismo lugar.

Se paró a unos metros de ellos y observó a la educadora, estaba enseñando a atarse los cordones al pequeño Rolands. Sus ojos no brillaban como en minutos atrás, y ya nada quedaba de aquella encantadora sonrisa que le cautivó en la atracción. Definitivamente, debía hablar con ella. Por algún motivo inexplicable no podía verla así. No podía verla apagada, así que se dirigió a ella enseguida.

- Emma ¿podemos hablar? – La rubia había escuchado perfectamente aquella pregunta, pero ni se giró. Por el contrario, siguió agachada con los cordones de Rolands en la mano.

- Había una vez un árbol en el bosque – La rubia comenzó a hablar en voz alta a la vez que hacía la primera doblez - Un día un conejito dio la vuelta alrededor de él – Rodeó el lazo con el otro cordón- Encontró una madriguera y se metió sin dudar – Posteriormente metió el cordón por debajo del lazo - Pero como era pequeñito necesitó ayuda y por eso tiro, tiro, tiro – Terminó tirando el lazo para apretar el nudo.

- Emma, ¿podemos hablar, por favor? – La rubia se levantó después de revolver el pelo de Rolands, ignorando así a la empresaria. Luego se dirigió a otro niño, pero Regina le cogió del brazo suavemente para pararla.

- Regina, no tenemos nada de qué hablar.

- Sí tenemos, déjame explicarme – La expresión de la morena imploraba un poco de atención. Pero aquel ni era el momento, ni era el lugar.

- Está bien, cuando terminemos del parque. – El tono de la educadora era más serio que de costumbre, y su comportamiento se podía asimilar al de un robot. Ni aun así miró a Regina, la ignoró.

Y así pasaron las dos horas restantes que permanecieron dentro del parque de atracciones. Y valga decir que Regina intentó todo tipo de acercamiento. Intentó hablar de cosas banales con Emma, pero nada, fue ignorada en cada una de sus preguntas. Intentó roces sutiles para decirla que estaba allí, pero nada, la rubia jugaba muy bien su carta de frialdad. Lo que para la morena fue una auténtica tortura. Sentía impotencia, ganas de parar todo aquello con un grito. Tenía la necesidad de decir basta, de indicar que todo había sido una confusión. Se sentía, por primera vez, con la necesidad de explicarse. Y eso que ella estaba por encima de aquello. Ella nunca se explicaba, actuaba y punto. Jamás, ni siquiera con Kath, rendía cuentas. En otras circunstancia hubiera dicho que tenía una reunión y se hubiese ido, y a punto estuvo de hacerlo en varias ocasiones. Pero intuía que si hacía eso sería peor. Seguramente entrarían en un círculo de orgullo mutuo, y no quería eso, así que respiró en todas las ocasiones en las que su instinto le pedía que acabase con todo como ella estaba familiarizada. Y finalmente la espera valió la pena. A la salida del parque, una vez que metieron a los niños en el autobús, y Mérida ya controlaba todo para llevarlos a la Asociación, Emma prestó atención a la empresaria cuando se quedaron a solas.

- Quieres explicarte… explícate- Ni un gesto de amabilidad por su parte. Se notaba que estaba dolida.

- Lo primero es que lo siento – A Regina le había dado tiempo a pensar mucho en cómo manifestar lo que sentía, había estado las dos horas preparándose para este momento. Sin embargo, ahora le faltaban las palabras para pronunciarse. Mas no iba a desaprovechar la oportunidad que le estaba brindando la rubia – No debí besarte antes…

- No, no debiste – Emma interrumpió. Para ella aquella conversación había terminado – Y acepto tus disculpas. – La rubia bajó la mirada. En el momento del beso pensó que todo estaba bien, que Regina Mills le estaba besando, y ella era una mujer afortunada. Pero no fue así, la empresaria la había besado por lástima y ella se sentía ahora sin valor. Había pasado aquellas horas en el parque repasando todo. Y sí, admitía que al principio sintió rabia por no haberse dado cuenta de que para Regina todo era un juego. No obstante, ahora por su cuerpo recorría simplemente la decepción por haberse ilusionado. Levantó de nuevo la cabeza. Le costó mucho mirar a la empresaria, no quería sentirse vulnerable, pero quería demostrar que era una mujer fuerte, por mucho que costase en aquel instante. La verdad es que no supo de dónde sacó las fuerzas para poner el punto final a todo aquello, aunque lo hizo – Nos vemos mañana a la misma hora.

La sensación de vacío inundó a Regina. Emma se había dado la vuelta, y se estaba dirigiendo a su coche. Y ella estaba allí de pie, con mil pensamientos atornillando su cabeza. Tal vez hubiera sido mejor así, tal vez aquel juego que llevaban tenía que terminar allí, en ese parking. Tal vez podrían llevar una relación normal de jefa y empleada al día siguiente. Tal vez.

Regina apretó con fuerza sus puños y recordó a la mujer del espejo. Sin arriesgarse no se gana. Podría aceptar todo, pero no podía aceptar ver a la rubia así. Así que para su propio desconcierto, no aceptaría ningún tal vez que pudiera dañar a Emma. Fue por este motivo que en menos de tres segundos ya la había alcanzado.

- No – El tono de la empresaria fue tan contundente que la educadora no pudo evitar darse la vuelta. Estaban a menos de dos pasos de distancia- Me da pena que tu hijo haya muerto, no lo voy a negar. Pero no fue por lo que te besé.

- ¿Y por qué fue Regina? – Sus cuerpos estaban tan tensos que aquello parecía un auténtico desafío de titanes – El día antes acordamos que fue un error, algo que no se podía repetir. Dime ¿a qué juegas?

- No estoy jugando Emma.

- A mí me parece que sí… ¿Y sabes qué?.. que yo no soy una de tus marionetas – Emma dio un paso al frente. Hacía ya mucho tiempo que no notaba esa fuerza en su interior.

- No, claro que no eres una de mis marionetas - ¿En qué momento la conversación había tomado aquella dirección? Regina estaba aún más impotente sí cabía. Ella no estaba jugando… ¿o sí?... ¿qué era Emma para ella?

- Vete… seguramente tienes otras mujeres que te esperen en tu apartamento de lujo y que estén dispuesta a todo… yo no.

- Dalo por hecho.

Regina giró sobre sus talones. Había fuego en su interior. Aquellas palabras habían calado tan adentro que lo único que quería era llegar a casa, servirse una copa de coñac, y ahogar aquella irritación en otros labios… ¿quién se creía que era la rubia para hablarle de aquel modo?... Volvió a girarse para decir cualquier cosa ofensiva, para acabar por encima, lo necesitaba, necesitaba causar sufrimiento. Pero entonces lo vio. Su semblante de cabreo se evaporó, los músculos de su cuerpo se relajaron, su garganta imploró más espacio para poder tragar saliva y su corazón quebró al ritmo de cada bombeo. Emma aún estaba mirando en su dirección. No se había movido nada. Sin embargo, sus ojos guardaban un aire distinto que nada tenía que ver con minutos atrás. Estaban llenos de dolor.

- Eres idiota.

- ¿Cómo? – Emma logró articular. No sabía cómo había pasado de un estado a otro. Ni exactamente cómo se sentía ahora. Pero lo que sí que sabía es que estaba aguantando sus lágrimas estrepitosamente.

- Eres idiota – Repitió Regina mientras daba un paso al frente – Verdaderamente idiota.

La confusión de la educadora fue tal que no pudo pronunciar palabra, ni tan siquiera cuando Regina se ubicó a menos de un centímetro de ella, ni tan siquiera cuando sintió la respiración de la morena mezclándose con la suya, ni cuando sus latidos abandonaron la cordura o cuando su necesidad de que todo acabase cayó en un lejano desahogo.

- Cierto, podría estar con cualquiera en una hora… - Dijo en voz baja la morena ante el sigilo de la educadora – Pero no quiero… Esa es la verdad… Desde que te conozco he tenido ganas de matarte en muchas ocasiones… Es un hecho y algo nuevo para mí… Nadie es capaz de crispar más que tú… Nadie – Aunque la entonación era seria, Regina no levantó en ningún momento la voz - Y sin embargo, y no lo entiendo, es como si volviese a ti… Lamento lo de tu hijo, muchísimo… Pero no te besé por ello… No eres una mujer que me des pena, al contrario, te admiro – Aquellos vocablos salían tan naturales que la empresaria no se dio cuenta de lo sincera que estaba siendo – Y ahora… ahora me gustaría chillar, decirte tres cosas hirientes… Y si no lo hago no es porque te vea frágil… sinceramente es porque yo me veo frágil si te puedo daño … Así que no sé en qué puto momento te volviste importante para mí, ni porque motivo no me sale ni una palabra para expresarme contigo, sino que me sale un beso… No tengo ni puta idea de nada, pero sé que no estoy jugando… No lo estoy Emma…

Aquella discurso hubiese terminado en un suspiro sino fuere porque Emma acortó la poca distancia que había entre las dos para besarla. Al principio intuyó que el sermón de Regina iban a ser el típico sin sentido, pero a medida que la morena iba hablando todo cobraba un sentido muy diferente. Así que no pudo evitar rendirse ante la evidencia de que aquella mujer que tenía de pie, Regina Mills, le gustaba, así como no pudo evitar la simple necesidad de que en aquel segundo fueran una sola persona, entendiendo perfectamente de que, en ocasiones, las palabras sobraban.

Ninguna de las dos se apartó. Dio igual dónde estaban, dio igual si eran reconocidas por alguien, dio igual que aquello fuese un paso hacia algo desconocido, ninguna se apartó.


Continuará…

Os ha gustado este capítulo? ¿Cómo veis a nuestras protagonistas? ¿Qué pensáis que puede pasar?... Espero vuestros comentarios ;)