FELIZ AÑO NUEVO!

Muchas gracias por leer esta historia, hacerla favorita y seguirla.

Gracias por cada uno de vuestros comentarios: LoreLane, Ikaauro , Ruth maria , Jkto , 15marday , dibarbaran , KaruBlackbird , lcp15 , kykyo-chan , eLiteratureloverE3 , LyzzEQ , MissRegal , PrincesseMal , JBlack , LectoraMills , Guest , dcromeror , Guest , begobeni12 , EmmaS92 , BeaS , SnixRegal.

Espero que disfrutéis de este capítulo :)


CAPÍTULO 24: LAS COSAS NO SE PLANEAN

Decir cosas como, "la gente no cambia", vuelve locos a los científicos porque el cambio es literal. Lo único constante en la ciencia. La energía, importa, está siempre cambiando, transformándose, fusionándose, creciendo…muriendo. La forma en la que la gente trata de no cambiar, es antinatural. La forma en la que nos aferramos a las cosas que eran en lugar de aceptar lo que son. La forma en la que nos aferramos a los viejos recuerdos en lugar de generar nuevos recuerdos. La forma en la que insistimos en creer a pesar de cada indicación científica que todo en esta vida es permanente. El cambio es constante. Cómo experimentamos el cambio está en nuestras manos. Podemos sentir como si muriéramos o podemos tomarlo como una segunda oportunidad. Si abrimos nuestros dedos, nos relajamos, nos dejamos llevar…Se puede sentir como adrenalina pura. Como si en cualquier momento pudiéramos tener una nueva oportunidad en la vida. Como si en cualquier momento, pudiéramos volver a nacer. (Anatomia-de-grey)

Emma levantó la mirada. Seguía sentada en aquella escalera hipnotizada por las luces de la ciudad y sumergida en sus propios pensamientos. No llevaba ni tan siquiera media hora, pero todo giraba en torno a una única cosa, mejor dicho, a una única persona.

FLASH BLACK – UNAS HORAS ANTES

- ¿Y ahora qué? – La voz de Emma casi era un susurro. Aún estaba a pocos milímetros de los labios de Regina.

- No sé… habrá que improvisar – Sus sonrisas no envidiaban al mejor de los anuncios.

- Me gusta improvisar.

- A mí no tanto.

Las dos mujeres siguieron con su propio baile de besos. Faltaba la necesidad de expresar todo lo que llevaban dentro y sobraba la inquietud por seguir descubriendo que les estaba deparando todo aquello.

- Quizá deberíamos hablar – La rubia volvió a separarse, aunque se volvió a quedar a escasos centímetros de la boca de la morena.

- Creo que sería lo mejor – Sus pechos subían y bajaban al mismo ritmo que del latir de sus corazones.- Hoy ha sido un día intenso, ¿te parece que mañana comamos juntas?... Es festivo y tengo la agenda libre. – Puntualizó Regina.

- ¿Es una cita?

- No sé si llamarlo cita… Debemos hablar de todo esto – Aunque aquellas palabras tenían cierta seriedad ninguna de las dos perdió la sonrisa que portaba.

- Me parece bien… ¿Mañana a las 13? – Preguntó la rubia.

- Perfecto.

- Conozco un sitio tranquilo donde podemos ir, te paso la dirección más tarde ¿Vale?

Regina no dijo nada más, decidió confirmar con un beso lento y tierno.

ACTUALIDAD

- ¿Se puede o interrumpo algo? – Ruby se había asomado a la ventana para saber cómo estaba su amiga. Aunque últimamente era muy habitual presenciar cómo observaba la ciudad desde la escalera de la terraza, no significaba que lo hiciera sin motivo. Emma siempre tenía un motivo y casi siempre coincidía con sus días de bajones.

- No, de hecho ya me iba a meter, hace frío – Emma sonrió introduciéndose dentro de la casa con ayuda de Ruby.

Nada más entrar se percató que no solo estaba Ruby en casa, ya habían llegado las demás. Quizá era el momento perfecto para contar lo que le había pasado. Sin embargo, debatió esta decisión. Podía hacer como si nada y esperar que le deparaba su nueva relación con Regina o, por el contrario, podía hablar con sus amigas y despejar algunas de las dudas antes de la charla. Al final opto por esto último.

- Bueno, quisiera contaros algo… - Emma suspiró - ¿Podéis tomas asiento, porfi?

Sus amigas obedecieron, aunque con algo de temor. Emma estaba muy seria, muy concentrada en aquella conversación. La preocupación crecía por momentos.

- Gracias chicas – Prosiguió Emma – Puf… ¿Por dónde empezar?... Tengo un lio monumental en mi cabeza y necesito consejo – Todas suspiraron a la vez, tal y cómo había empezado la conversación no parecía grave– Como sabéis besé a Regina.

- ¿Cómo? – La única que saltó fue Belle, que no sabía nada del asunto.

- Cierto, que tú no estabas cuando lo dije… Pues el otro día, cuando me dejó en casa, la besé… fue un impulso – Aclaró la rubia.

- ¿Y qué pasó después? – Belle estaba ansiosa por saber. Sabía que su amiga había dado un gran paso. Estaba al corriente lo que sentía después de la conversación del día y de los verdaderos dilemas que rondaban por su cabeza.

- Pues que la muy tonta se nos ha enamorado de la Reina Malvada… – Saltó Ruby, siendo golpeada al segundo por su compañera Blanca.

- Bueno, total… que fui a hablar con ella… y al final acordamos que todo fue un error – Emma denotaba nerviosismo por cada poro de su piel. Allí estaba ella, de pie, con la mirada de sus amigas clavada, intentando centrar todo lo que había pasado en pocas palabras – Esta mañana he estado con ella en el Parque de Atracciones con los niños, y a lo último nos hemos quedado solas, y… no me acuerdo como fue, pero le conté lo de Henry – Ninguna quiso interrumpir a la rubia, sin embargo, todas coincidían en que aquel hecho era muy significativo. Emma no se solía abrir tan fácil a la gente, su muro era demasiado invulnerable en lo referente a su hijo – Y ella…

- ¿Ella qué? – Ahora fue Blanca la que interrumpió.

- ¡Pero quieres dejarla! – Ruby recriminó a su amiga.

- Ella me besó – El silencio solapó sus caras de sorpresa – Y yo pensé que lo había hecho por pena… y… después ella fue tan sincera que… nos volvimos a besar… y… puf… me gusta muchísimo… y se supone que mañana hemos quedado para hablar en plan bien… y… me gusta muchísimo… creo…

- ¿Cuál es tu problema o tu lío? – Dijo Belle con una gran sonrisa. Conocía a Emma desde hacía muchos años. Le había visto feliz, y le había visto caer. Puede que aquello solo fuera una rápida aventura, de aquellas que leía en sus libros. Pero daba igual, hacía mucho tiempo que no veía aquella luz en su rostro. Por fin Emma estaba sintiendo algo.

- Mi problema es que me gusta, o tal vez no es un problema…No lo sé… Pero… es una mujer…

- O una bruja… Aún eso está por definir – Ruby no se podía callar y volvió a recibir otro golpe de Blanca - ¿Qué? Es la verdad… Me gusta que Emma sea feliz, pero no me fio de Regina.

- Pasa de Ruby por favor, a veces tiene el tacto en el culo – Dijo Blanca - ¿Eres feliz?

- Creo que sí, o sea, que esto es nuevo para mí, no sé cómo actuar, no sé qué debo hacer o decir… pero… estoy bien, ella me hace estar bien.

- Entonces olvídate del resto y céntrate en eso… Será difícil – Expuso Blanca- No porque sea una mujer, sino porque todos los comienzos son difíciles.

- Tonterías – Saltó Ruby – Esto no es cuento de hadas… El hecho de que sea una mujer lo hace más difícil.

- ¿Por qué lo hace más difícil? – Fue el turno para la réplica de Belle.

- No ha estado con una mujer en toda su puta vida… Y además… Por mucho que esto sea una ciudad grande, hay mentalidades pequeñas… No toda la gente acepta el hecho de que dos mujeres estén juntas…

- Eso es muy homófobo. – Belle se giró para estar frente a Ruby, esta hizo lo mismo.

- ¿En serio Belle? ¿Crees que se mira igual a una pareja de un hombre y una mujer que a una pareja de dos mujeres?

- Creo que se está avanzando mucho.

- No te he preguntado eso… Es inútil creer que todo es de color de arco iris y que vivimos todos en armonía y…

- Chicas… ¡Chicas! – Blanca puso paz entre sus dos amigas. Las conocía muy bien y no pecaba en la ignorancia de que aquella discusión podría ser eterna – Dejemos que Emma siga contando todo… Emma puedes continuar… ¿Emma?

Ruby y Belle no tardaron en girar sus cabezas en dirección a la rubia al ver como Blanca se levantaba rápidamente. Emma estaba un poco doblada con su mano derecha agarrando su pecho. Algo iba mal. Al segundo ellas también estaban de pie a su lado.

- Llamad a urgencias – Pudo pronunciar la rubia antes de caer desmayada.

Las siguientes horas fueron una auténtica tortura. Es cierto que la ambulancia llegó velozmente, pero las dos horas que tuvieron que esperar en el hospital sin noticias fue lo peor. Al final todo quedó en una falsa alarma. No había nada extraño o por lo menos no lo habían encontrado en las pocas pruebas realizadas. Sin embargo, para asegurarse, Emma tendría que estar 24 horas en observación en una de las habitaciones del hospital, a la que fue enviada inmediatamente.

Como era de esperar, sus amigas no se movieron, se quedaron allí hasta que despertó al día siguiente.

- Menudo susto nos has dado – Dijo suavemente Blanca, no quería sonar enfadada, pero tenía que explotar por algún lado después de todo lo que habían vivido: Nervios, cafés y algún que otro lloro.

- Quería llamar la atención de alguna forma para que estas dos se callasen – Comentó Emma sonriendo.

- Lo sentimos, somos gilipollas… no queríamos preocuparte…

- No ha sido por vosotras, así que quitároslo de la cabeza– Y era totalmente cierto. Emma ni siquiera estaba escuchando la conversación de sus amigas. Se había sumergido en lo más profundo de sus pensamientos. La parte más superficial era el simple hecho de que Regina era una mujer, pero su intranquilidad iba más allá. ¿Podría ella empezar una relación sí estaba rota? ¿Podría ella poder amar de nuevo? Había amado, o eso pensaba, al padre de Henry y, por supuesto, seguía amando a su hijo. Pero ahora las cosas habían cambiado. Ahora la cruda vida le ocasionaba que ni tan siquiera pudiese ver en la más absoluta claridad. Y aquello le preocupaba. ¿Cómo lo iba a hacer? ¿Cómo iba librarse de aquellos demonios que rasgaban cada bocanada de aire que tomaba? Era muy fácil besar a alguien, pero ¿Podría despojarse de su coraza por ese alguien? ¿Sería Regina esa persona especial o tan solo era la típica persona que pasaba por su vida de puntillas? - ¿Qué hora es?

- Son las 13:30 – Dijo Blanca

- Mierda… Regina – Emma quiso incorporarse de inmediato, pero fue parada por Ruby.

- ¿Qué coño haces?

- Había quedado con Regina, y debo ir.

- Tú estás como una puta cabra – Le reprochó Ruby – Debes permanecer en el hospital hasta mañana Emma.

- Tienes razón – En su intento de levantarse, la rubia había notado primero un cierto mareo, y luego un cansancio que había inundado todo su cuerpo. Tenía la sensación de que le habían dado una paliza. – Pasadme mi móvil, porfi.

- Lo siento nena, salimos corriendo de casa y si nos olvidaron todas tus cosas allí –Belle comentó en una voz casi inaudible, aunque la fue subió para continuar hablando – De toda formas, Ruby tiene razón… debes descansar, mañana ya hablarás con Regina.

- De acuerdo – La afirmación de Emma tenía un tono triste y callado. De nuevo sus amigas la lucidez que a ella le faltaba en aquel momento, pero la ansiedad de su interior no opinaba lo mismo. Ella tenía mil dudas, mil miedos… Sin embargo, una simple cosa borraba el resto, tenía ganas de ver a la morena.

- Vamos a irnos a casa, y así duermes y descansas – Blanca se había levantado y había tocado con suavidad el hombro de Emma – Volveremos en unas horas, ¿estarás bien sola?

- Sí, no os preocupéis, estaré bien – Dijo la rubia para sosegar el ambiente – Iros a casa que también tenéis que descansar… – Su sonrisa y su posterior guiño provocó un calor especial en todas. Emma parecía estar bien.

- Te dejo mi móvil – Comentó Belle mientras estiraba el brazo para dárselo a la rubia – Cualquier cosita nos llamas… ¿Seguro que estarás bien?

- Que si pesadas, iros ya.

Sus tres amigas se levantaron y se fueron despidiendo con besos y abrazos, mientras que Emma se quedó otra vez absorta en sus reflexiones. Sin embargo, estaba tan batida que no tardó ni cinco minutos en caer rendida ante Morfeo. Cuando volvió a abrir los ojos comprobó en el móvil de su amiga que había estado dormida cerca de tres horas. Pero aquello le había sentado bien, se encontraba mejor. Miró a su alrededor, aun sus amigas no habían vuelto, así que decidió mirar por la ventana sin levantarse. Desde su posición se podía divisar el azul del cielo, aún era de día. Odiaba los hospitales, odia el ruido de los pasillos, y ese olor raro que había. Las camas eran incómodas y las habitaciones pequeñas. Lo único que se salvaba era aquel ventanal y la posibilidad de perderse en el horizonte, y así lo hizo, se quedó observando como las nubes se iban poco a poco moviendo.

- Sí que era un sitio tranquilo para hablar – Regina sonrió mientras dejaba el ramo de rosas que había traído cerca de la ventana.

- Lo siento, yo… - Emma ni tan siquiera se había dado cuenta del taconeo de la morena en el pasillo, ni que había entrado en su cuarto. Tan solo notó su presencia cuando habló dejándola totalmente paralizada, ¿qué hacía allí?

- ¿En serio que te estás preocupando por estar enferma? – La morena se volvió hacia Emma para sentarse en la silla que había cerca de su cama. – Eres demasiado buena Señorita Swan.

- ¿Creí que habíamos acabado con los formalismos?

- Nunca se acaban con las buenas costumbres – Regina dijo sonriendo, aunque en el fondo estaba un poco preocupada por la rubia.

- Gracias por venir Regina… No sé ni cómo te has enterado…

- Me llamó Belle… me dijo que cierta rubia estaba preocupada por dejarme plantada esta mañana.

- En serio Regina, lo siento.

- Lo dicho, demasiado buena

La morena se levantó y se acercó a los labios de la rubia para depositarle un beso. Un beso que sabía a gloria. Aquella mañana se había levantado pronto para trabajar un poco antes de la cita. A las 12 de la mañana incluso ya estaba preparada. Sin embargo, aún no había recibido ningún mensaje de Emma con el lugar de quedada, no le había dado importancia hasta las 13 horas. Ya era la hora y no había recibido ninguna noticia. Con cabreo había llamado a Emma varias veces, y no le había cogido el teléfono. Le parecía un poco desesperado presentarse en su casa, así que esperó y esperó. Nada. Decidió entonces tomar una copa de Coñac para hacer tiempo. Nada. Ya eran las 15 horas y no sabía nada de la educadora. ¿La había dejado plantada? ¿Se había arrepentido? ¿Le había pasado algo? Tenía un cúmulo de sentimientos enfrentados. Por una parte, estaba furiosa por no tener ninguna noticia, y por otro lado estaba preocupada, aquello no era normal. Fue a las 16 horas cuando recibió la llamada de una compañera de piso, Belle, quién le contó que Emma estaba en el hospital ingresada. No le dio ningún detalle, pero le dijo que no era nada grave. Sin embargo, Regina tardó menos de media hora en llegar al hospital. No podía quedarse en casa, necesitaba ver a Emma, y saber cómo estaba de verdad. Toda la cólera se había ido, y solo quedaba una aflicción extrema que se disipó cuando la vio en la cama y comprobó que estaba bien. Así que sí, después de todo aquello el beso le sabía a gloria.

- Gracias por venir... Yo… debo contarte algo – Desde que había visto a Regina allí, Emma había sentido la necesidad de contarle lo de su trasplante de corazón – No sé si te han contado el porqué de mi ingreso.

- No, solo me dijeron que no me preocupase… y vine directamente.

- Vale… eh… hace meses me hicieron un trasplante de corazón.

- ¿Estás bien? – Aquellas dos palabras sonaron con ternura, sinceras. Regina sabía perfectamente lo de la operación de Emma, no obstante, no pudo evitar sentir cierto cariño hacia la rubia. ¿Qué le estaba pasando? Ella no era así.

- Sí, sí – Dijo rápidamente la educadora. – La verdad es que no sé qué pasó. Me sentí mal, luego el pecho me dolió, y creo que me desmayé… No recuerdo mucho más.

- ¿No te han dicho por qué ha sido?

- No, me han hecho pruebas y me han dicho que no han encontrado nada… De todas formas, estaré en observación hoy – Aclaró Emma sonriendo, pero Regina no estaba muy conforme con aquellas palabras. Sabía muy bien cómo funcionaba la sanidad en su país. Sin dinero la atención era menor. Así que decidió internamente ocuparse personalmente de aquel asunto. Hablaría con el doctor de Emma, y pagaría lo que fuese por saber si realmente todo estaba bien.

- ¿Has comido algo?

- No, creo que me trajeron la comida al medio día, pero mi cuerpo quería dormir y dormir.

- Perfecto – Emma miró extrañada ante aquel comentario de Regina – Nada más romántico que un hospital para tener una cita.

- ¿Cómo?

Regina sacó un par de sándwich de su bolso. Los había comprado minutos antes en la planta baja del hospital.

- Come – Dijo acercando uno de los sándwich a la rubia – Te sentará bien.

- Gracias – Emma suspiró cogiendo la comida. Y por primera vez en todo el día, su corazón se calmó.


Continuará…

¿Qué os ha parecido? ¿De qué creéis que hablaran en esa "cita" extraña en el hospital?

Intentaré actualizar lo antes posible ;)