Buenas! Ya de nuevo por aquí con una nuevo capítulo.

Muchas gracias por leer la historia, seguirla o hacerla favorita.

Mil gracias por cada uno de vuestros comentarios: dibarbaran , Ruth maria, Maria ,Nancy ,Parasomnica ,LyzzEQ ,MissRegal , Ikaauro, begobeni12 ,Jkto ,guest, Namian LawLiet Rost ,lupitha95 ,Guest ,LiteratureloverE3 ,lcp15 ,15marday ,SnixRegal ,Ana ,BeaS , kaotikaskull , Jblack , dcromeror ,EmmaS92 ,Guest ,Antrilewis.

Me alegro que todas disfrutarías de esos pequeños celos.

Hoy quiero dedicar este capítulo a mi enfermera particular (El frío en esta época es muy malo. Abrigarse bien), que ayer se tuvo que ir sin un beso de verdad. Espero que esto medio compense.

Espero que disfrutéis de este capitulo


CAPITULO 27

"I loved her not for the way she danced with my angels, but for the way the sound of her name could silence my demons"

"La amaba, no por la manera en que ella bailaba con mis ángeles, sino por la manera en la que el sonido de su nombre podía silenciar mis demonios"

(Christopher Poindexter)

- ¿Quién es? – Su voz era severa, la auténtica voz de una reina malvada. No estaba dispuesta a soportar más juegos.

- Soy Emma.

Regina se quedó absolutamente petrificada. En otras circunstancias habría pensado que se trataba de un sueño, que se había desmayado debido al alcohol, pero no, sabía perfectamente que aquello no podía ser así. Había bebido, sí, aunque no lo suficiente para estar inconsciente en alguna parte de su salón. Definitivamente, Emma estaba en el portal.

- Te abro – Dijo la morena lo más serena que pudo. Luego se dirigió a la cocina. Según sus cálculos, la rubia aun tardaría unos minutos en subir, así que lo mejor sería dejar el vaso fuera del alcance de la vista. Posteriormente, se metió su camisa blanca por dentro de la falda de tubo, y planchó imaginariamente esta con sus propias manos. Dada las circunstancias quería estar lo más presentable posible.

A los dos minutos sonó el timbre de su puerta, haciendo que Regina suspirase internamente. Estaba decidida a ser su peor versión, una mujer inflexible y dura. Emma se daría cuenta con quién no debía juguetear. Tras este pensamiento, la morena no tardó en abrir la puerta.

- Buenas – Emma saludó tímidamente.

- Buenas noches – Sin embargo, el tono de la morena fue diferente, más severo.

- Siento presentarme a estas horas, pero…

- Pasa – Regina no dejó que acabase la frase. Toda la planta era suya, no obstante no quería que los vecinos de abajo cotilleasen más de lo que ya lo hacían.

Emma pasó con la misma timidez con la que había hablado al principio. Posteriormente, ambas mujeres se dirigieron al salón por petición de la morena.

- Tú dirás – Sí, aquella era la mujer de negocios que le encantaba mostrar a Regina. Una mujer capaz de no mostrar ningún resquicio de sentimientos. Una mujer con mente fría e ideas claras.

- Estoy enfadada con el mundo… Siento odio hacía él – La voz tímida de la educadora se había convertido en una voz ronca, llena de dolor - No hay día que no maldiga la vida… Y es duro ¿Sabes? Es duro levantarte cada mañana y no estar con él – Regina no entendía nada, solo veía a Emma más nerviosa de lo habitual, solo veía como se movía de un lado a otro, como su garganta parecía estar oprimida. Regina se encontraba perdida, así que lo único que hizo fue escuchar. – Es duro levantarse cada día… A veces me gustaría estar en la cama y no levantarme… solo consumirme… Es duro reír cuando no puedes porque tu único pensamiento es de odio. Pero tienes que fingir que todo está bien, tienes que fingir que te dé igual que todo sea una mierda… fingir que puedes vivir sin él…

- ¿Sin Killiam? – Regina no puedo aguantar no interrumpir. A medida que oía aquella conversación, también podía escuchar el crujido de su corazón. Su máscara se iba rompiendo y le era difícil ocultar sus sentimientos de angustia. Emma estaba tan rota por aquel hombre, que ni tan siquiera había un ápice de duda de que ellas pudieran tener una oportunidad como pareja.

- ¿Killiam? – Emma miró por primera vez a la morena, había huido automáticamente tanto de su mirada para poder hablar, que hasta ahora no había sido consecuente para hacerlo.

- Sí, el hombre que te visitó al irme yo.

- ¿Qué pinta él aquí?

- No sé… estás hablando de él, ¿no?

- No – Aquella palabra resonó una y otra vez en la mente de Regina, entonces ¿a quién se estaba refiriendo? – Estoy hablando de mi hijo, y de cómo me lo arrebataron sin avisarme… - Emma obvió aquel paréntesis que habían tenido. Tenía que soltar todo lo que llevaba dentro. Tenía que hablar con Regina de aquello. De nuevo se puso a caminar sin sentido, de nuevo bajó la mirada para expresarse- ¿Sabes lo que duele no despedirte de alguien? ¿Sabes lo que es intentar una y otra vez comprender que nunca más en la puta vida verás su sonrisa? – La empresaria no contestó a aquellas preguntas retóricas, la voz de la rubia repicaba tanto a sangre que prefirió que se desahogara. No sabía qué hacía en su casa a las tantas de la noche, pero lo que si sabía es que quería estar allí para ella, escucharla. Y esto era muy extraño, ya que por una parte quería hacer como que no le importaba, actuar como siempre, sin embargo, algo se lo impedía. Definitivamente quería estar para ella de la forma más secreta que se pudiera estar– Entender que no hablarás con él… que no tendrás sueños en los que le verás ir a la universidad… Joder, ¿por qué él? ¿Por qué yo no? ¿Por qué el destino jugó así con nosotros? Lo odio, estoy cabreada, vivo cabreada… Es como si todos los días tuviese un volcán en mi pecho pidiendo estallar… Quiero gritar, mandar todo a la mierda… Pero no puedo… No puedo… Y eso me consume… me atormenta… Ando rendida – Cada palabra de Emma rozaba la desesperación - ¿Y sabes que era lo peor hasta hace unos días?... Que me pareció que el destino seguía divirtiéndose conmigo… Me podría haber dejado morir, no haberme conseguido un corazón – Emma se golpeó varias veces el torso – Todo hubiera acabado… Necesitaba que acabase… Pero lo hizo… Y volví a maldecir… ¡Joder! Una persona murió y yo sigo viva… ¿Sabes cuántas veces he entrado en el hospital con una crisis y he rezado para que fuera el final?... Muchas, pero sigo viva… y sigo cabreada… - Emma hizo una parada. El silencio se coló entre las dos, y la rubia aprovechó para clavar de nuevo su mirada en la morena. – Pero ayer no estaba cabreada porque eche de menos a Henry y no pueda estar con él… No estaba cabreada porque no fuera mi último día– Emma disminuyó su tono – Estaba cabreada porque no quiero ni imaginarme que el destino cumpla por fin mi deseo de morir – Aquella última palabra se incrustó en el pecho de Regina. Había valorado aquella posibilidad, pero la había desechado al momento. Emma no podía morir. – Ahora no… Killiam fue muy importante para mí… Pero en todo este tiempo no he valorado la opción de que me importe más la vida si vuelvo con él – Definitivamente, la empresaria estaba confundida. Sin embargo, solo escuchar el nombre de él le irritaba demasiado y una parte de su frialdad quería salir a flote, pero logró contenerla. Era increíble, el alcohol podía tener dos vertientes para ella muy diferentes. Una era que le anulaba todo sentimientos, sacaba lo peor de ella. No obstante, la otra vertiente, era muy diferente, hacía florecer toda su humanidad, sacaba todos aquellos sentimientos que la hacían débil. Y en el aquel minuto, no le importó que fuera lo segundo. No le importó escuchar a la rubia y sentirse más cerca de ella, no le importó incluso mostrarse cariñosa, aunque le estuviese hablando de otro- Te parecerá que estoy loca… Pero no puedo explicar los motivos, ni tiene lógica y más si tenemos en cuenta que apenas nos conocemos… Lo sé… pero… ahora no quiero morir… Tan simple y complejo como eso… y mi motivo eres tú Regina.

La morena no supo reaccionar en ese momento. Su mente voló al pasado, exactamente a los minutos previos antes de abrir la puerta. Y debía admitir una evidencia, debía admitir su equivocación, por primera vez no había duda de una cosa, el alcohol no era quien silenciaba sus demonios, era Emma. Y allí estaba ella, de pie, comportándose muy diferente. No siendo la Reina Malvada que acostumbraba ser. No siendo fría e indiferente. Allí estaba ella, mirando como nunca antes había mirado a una mujer, ni a una persona. Así que hizo lo que nunca creyó que haría. Cogió a Emma de la nunca y la atrajo a sus brazos. No quería soltarla, lo único que quería es que la rubia supiera que ella estaba allí, para ella. Ya no quería que fuera un secreto, quería que fuera un hecho.

- No vas a morir – Dijo Regina separándose apenas unos centímetros, no quería dejar de abrazarla – No lo vas a hacer.

El silencio se sumergió entre otro abrazo. Esta vez ambas apretaban con más fuerza, tanto que la empresaria podía notar el temblor de la educadora. En ese momento Regina no pensó que aquello podía ser la debilidad de las dos. Para nada. La rubia no solo había sido fuerte presentándose en su casa, también lo había sido para relatarle lo cabreada que estaba con el mundo, esa parte que la mayoría, por no decir toda la gente, intentaría ocultar. Su mente volvió a volar, sin embargo, esta vez lo hizo a un pasado anterior. Ella misma había sentido la misma rabia cuando murió su esposa. Esa misma impotencia. Ese mismo odio hacia el mundo, incluso hacia la propia Emma. Quería destruir todo, quería destruirse a ella misma. Así que sí, entendía perfectamente aquellos sentimientos. Entendía perfectamente cuando se está rota, cuando se nada en un mar de oscuridad, cuando no se encuentra la salida y lo único que se quiere es abandonar todo. Ella lo entendía perfectamente. Solo había una cosa en la que no coincidían, Tal vez fuese su forma de ser o tal vez fuese porque ella nunca se rendía, pero ella nunca había deseado su muerte, aunque de una forma indirecta, sabía que poco a poco se estaba matando.

- Gracias – Emma se separó por completo. – Es extraño, pero necesitaba un abrazo.

Como el opuesto de la rubia, Regina nunca había necesitado un abrazo. Sin embargo, era presa de una verdad, existían abrazos que siempre le habían dado pavor, abrazos que significaban demasiadas cosas a nivel sentimental. Y aquel abrazo sin duda era uno de esos.

- Yo también

Un nuevo silencio interrumpía el ambiente, esta vez para que tuvieran tiempo de mirarse sin hablar. De sentirse sin tocarse. Un silencio que honraba aquel momento.

- Y ahora debo irme… Es tarde – La voz de Emma volvía a ser tímida. Toda la fuerza de minutos atrás se había desvanecido.

- Quédate – No era una orden, era una súplica.

- ¿Cómo?

- Es tarde, y no quiero que regreses a casa a estas horas… Así que… Quédate a dormir.

- Ok… Vale – Podría haber mil motivos por lo que aquello pudiese parecer mala idea, pero Emma desechó cada uno de ellos. Quería quedarse.

Regina sopesó en aquel instante todas las opciones que podía ofrecerle a la rubia para dormir: Uno de los cuartos de invitados, su propia habitación y ella se iría a otro cuarto, el sofá del salón. Sin embargo, ninguna de esas opciones estaba a la altura de lo que ella deseaba.

- ¿Te importa si dormimos juntas? - Aquella pregunta invadió cada sentido de la educadora. Estaba preparada para mantener relaciones con Regina o mejor dicho ¿Iban a mantener relaciones? Dadas las circunstancias, le parecía un poco frío. Pero inútil era negar que lo deseaba con todo su alma. Quería sentir a la morena, quería descubrirla poco a poco. Pero ¿estaría a la altura? El miedo anegó cada fibra de su ser. Tanto fue así que hasta Regina se dio cuenta del cambio de la expresión en su cara, puntualizando enseguida – Solo dormir.

- Sí, me encantaría – Emma tenía la sensación que Regina era capaz de introducirse dentro de ella, de saber perfectamente lo que pensaba, de calmarla. Era cierto que estaba deseosa de intimar, pero quizá aquel no era el momento, aún no se sentía preparada. A esto había que añadirle que aún no se habían besado desde el hospital. Las cosas podían haber cambiado mucho, y quizá ahora Regina solo estaba viéndola como una amiga a la que proteger o había sentido pena y quería cuidarla. Podrían ser muchas cosas, no obstante no quería pájaros en su cabeza, solo quería disfrutar de aquella noche con la empresaria del modo que fuera.

- Acompáñame – La morena miraba por el rabillo del ojo como la educadora le seguía. Le gustaba tenerla allí, y era insólito. Del mismo modo, le gustaba la idea que todo fuera poquito a poco, sin forzar. Se sentía cómoda en aquel preciso instante, sin presiones. Solo serían dos personas adultas durmiendo en la misma cama. Sonrió internamente, ni tan siquiera ella reconocía aquel pensamiento.- ¿Qué tipo de pijama usas?

- ¿Tienes una camiseta ancha?

- Sí, tengo alguna olvidada en el fondo del armario – Dijo Regina con una sonrisa. Obviamente, Emma no iba a elegir un pijama de seda.

Al llegar al cuarto de la morena, esta sacó un pijama largo de seda para ella y una camiseta de una universidad para Emma. Luego ambas mujeres se cambiaron por turnos en su baño.

Por infrecuente que pudiese parecer aquella situación, no hubo incomodidades entre las dos. Todo fluyo, incluso a la hora de meterse cada una en su lado de la cama. Incluso en este punto no hubo debate, Regina comentó que siempre dormía en el lado derecho aunque toda la cama fuera suya, y Emma comentó que ella no tenía lado. Así de fácil.

Con la misma facilidad también comenzaron a hablar de cosas del hospital. Sin embargo, la morena pudo notar a la perfección como los ojos de la rubia se fueron cerrando cada vez más, hasta que por fin sucumbió a Morfeo. A ella no le pareció una falta de respeto, al contrario, para ella era una muestra de que Emma estaba relajada a su lado. Además, comprendía la necesidad de la rubia por descansar. El día había sido muy duro. Los hospitales solían extenuar demasiado, así que lo más lógico es que ahora solo pensase en dormir.

Regina se quedó observándola. Estaba de lado, con el cuerpo justo en su dirección, y con las manos debajo de la cabeza. Su gesto era totalmente relajado, y su pelo caía en cascada por todos los lados. Era muy hermosa. Jamás había tenido esa impresión de nadie, ni tan siquiera de Kath.

Suspiró y recordó cada mujer que había pasado por aquella cama, no eran muchas. A la empresaria no le gustaba llevar rollos a casa, siempre prefería un hotel. Pero daba igual el lugar, ella siempre hacía lo mismo, follaba y luego, o se iba ella o echaba a la otra persona. Sin ataduras siempre decía. Pero ahora, ahora que observaba a la rubia, no podía pensar en otra cosa que no fuera estar ahí, sin hacer nada, solo estar. Le hubiera encantado besarla, mas no quería romper aquella paz que estaba sintiendo.

Con cuidado de no despertarla, le colocó uno de sus mechones que le caía por delante de la cara hacia atrás. Sí, solo quería estar.


Continuará...

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