Buenas! Ya estoy de nuevo aquí, y sé que llevo mucho sin actualizar. Lo siento.

Muchas gracias a los que siguen leyendo esta historia, la hacen favorita o la siguen.

Gracias por vuestros cometarios: Guest , Lrg , yurbelis, kaotikaskull, begobeni12, hechicerafv2016, Maria , Nancy , Ikaauro, Jkto, Antrilewis, Namian LawLiet Rost , PrincesseMal, dcromeror , dibarbaran , 15marday , Maria , LyzzEQ , Ruth maria , kykyo-chan , barrurita , BeaS , Guest , LectoraMills, EmmaS92 , Guest , SnixRegal , LiteratureloverE3

… Hemos llegados a los 700!

Espero que os guste este capítulo :)


CAPITULO 28: PREDESTINADAS

Nuestra existencia no es más que un cortocircuito de luz entre dos eternidades de oscuridad. (Vladimir Nabokov)

Ella no era de madrugar, al contrario, le encantaba perderse entre sus sábanas los días en los que podía. Le encantaba abrir los ojos y saber que aún le quedaban dos horas más de sueño. Incluso, en los días en los que no podía conciliar de nuevo el sueño, le encantaba observar como en su habitación se iba colando poco a poco la luz del sol. Pero aquel día era diferente, aquel día no quería más tiempo para dormir, no quería observar por su ventana. Aquel día solo quería observarla a ella.

Su gesto era completamente relajado, parecía un ángel. Un ángel demasiado hermoso para ser real. Y fue en aquel mismo punto donde se dio cuenta que aquello estaba pasando. Ella, Emma Swan, estaba en la cama de otra mujer simplemente reparando en su belleza, simplemente percibiendo como la tranquilidad se adueñaba de ella. Y no necesitaba nada más. No necesitaba preocuparse por su corazón, que últimamente no latía como debía. No necesitaba perpetuar a cada segundo la muerte de su hijo. En aquel mismo instante no necesitaba nada más que estar allí.

Mientras los segundos franqueaban, recordó todo lo que le llevó a ese preciso momento. Recordó el pinchazo en su corazón, recordó el hospital, recordó su nerviosismo porque tenía una cita con Regina y no podía ir. Recordó sus pocas fuerzas, la impotencia. Recordó el momento justo en el que vio a Regina en el hospital y esa sensación de plenitud. Recordó sus conversaciones y sus risas en la comida. Recordó su marcha y esa sensación de vacío. Recordó la visita de Killian, y como este le habló durante horas de sus viajes, hacía mucho tiempo que no se veían. Pero sobre todo recordó que en todo ese periodo su pensamiento pertenecía a la morena. Recordó cómo le dieron el alta y como sus amigas y Killian le acompañaron a casa para que descansara. Recordó sentir que le faltaba algo y no saber el qué. Recordó como su antiguo novio empezó a hablarle de todo lo que habían pasado juntos, como le trasmitió cariño, a pesar de que ya no estaban juntos. Recordó, que aunque fuera tarde, le pidió a Killian dar una vuelta porque le carecía de aire en sus pulmones. Y recordó el motivo de esta necesidad.

Toda su vida había girado alrededor de los fracasos. Desde el abandono de sus padres hasta el día de ayer en el hospital. Había tenido que enterrar a un hijo, la cosa más difícil que jamás concibió. Había tenido que desertar de todos los sueños que tenía junto a él. También había fracasado en el amor, tanto de sus parejas como de las familias de acogida. Lo único en lo que no se había hecho añicos en todos estos años había sido con su actual trabajo y con sus amigas. Sin embargo, no quitaba el hecho de que cada día, durante el último periodo, había deseado su muerte. Era algo duro de admitir, pero era la cruda realidad, ya no quería vivir. No creía que fuera merecedora de tal privilegio. No quería vivir sin su hijo y odiaba al mundo por ello. También le consumía el hecho de que justo cuando iba a lograr su propósito, su corazón no funcionaba y por lo tanto todo terminaría, el destino le cambiaría de nuevo las cartas, otra persona moriría para que ella pudiese vivir. A todo esto había que sumar que gracias a sus idas y venidas del hospital su impotencia y su desánimo crecían, ella podía notar perfectamente que esos ingresos hospitalarios no eran importantes, puramente su corazón se estaba adaptando a su nuevo hogar. Así que tenía que vivir con la carga de sus decepciones a cada segundo, con la carga de saber que no había un final para ella. Pero el ingreso de ayer fue diferente, lo sintió diferente. Algo le indicó que fue más grave que ninguna que otra vez. Así que por esto precisaba aire. Tenía muy claro que entre su corazón y su garganta anidaban esas palabras que agonizaban. Esas que tenía miedo a decir, esas que tenía miedo a aceptar.

Allí de pie, dando vueltas cerca de su casa con su antiguo amor lo vio claro. Mientras que él le indicaba que estaba para ella, ella pensaba que quería estar en otro lugar. Mientras que él le revelaba que podían salir juntos de esto, ella pensaba que su compañera de lucha era otra persona. Parecería una locura, era una locura, pero entre toda la oscuridad la única luz que veía era aquella que señalaba hacia Regina. Apenas la conocía, apenas había hablado con ella, pero un hilo intangible siempre la acercaba a ella. Siempre.

Por esto se retorcía asimilando la crueldad que le estaba preparando el destino. Aquellas palabras que quería decir y que se rompían en su interior no eran otras que no fueran que ahora quería vivir. Tenía un motivo para hacerlo y fuerzas para conseguirlo. Maldita ironía que justo ahora viese su muerte más palpable. Odiaba esto. Odiaba estar de pie con una persona que ya formaba más parte de su pasado que de su presente. Odiaba no estar sintiendo a la morena en aquel momento. Odiaba no decir aquellas palabras. Así que recordó como sonrió, como se despidió de Killian y como cogió un taxi hasta la casa de Regina. Recordó como las palabras que tanto temía pronunciar volaron. Como sintió el abrazo de la empresaria y su voz diciéndole que no iba a morir. Incluso actualmente, en la cama tumbada, podía recordar exactamente la paz que sintió en aquel momento. Ella que siempre se habría creído la salvadora de muchas personas, ahora estaba siendo salvada.

Emma suspiró y siguió recapitulando todo hasta que llegó a este punto, el punto donde deseaba muchísimo perderse en los labios de la morena.

- Buenos días – La voz somnolienta de Regina interceptó de inmediato aquel deseo.

- Buenos días.

- ¿Has descansado bien?- Regina no se incorporó. Ambas mujeres estaban como anoche, de lado, mirándose.

- He descansado muy bien… Tienes una cama francamente cómoda – Y Emma no mentía, era totalmente cierto, para lo poco que había dormido, su cuerpo no presentaba cansancio. - Y tú ¿has dormido bien?

- ¿Qué hora es?

- No lo sé, tengo mi móvil apagado… Pero te diré que está amaneciendo – La sonrisa de la rubia era demasiado hermosa para que la morena no se perdiera en ella durante unos segundos.

- Entonces he dormido bien… y más de lo que estoy acostumbrada- Regina tenía razón, había dormido más de lo que dormía diariamente.

- Ayer nos dormimos tarde… – La educadora se quedó pensando en la última observación de su jefa antes de seguir hablando– Yo creo que hemos dormido unas seis horas… así que… ¿cuánto sueles dormir?

- No mucho – Regina sonrió pícaramente. – Pero bueno, es hora de volver a la realidad e irme al trabajo… algo me dice que ya llego tarde… y eso tampoco es habitual en mí

- ¿Vas a ir ahora al trabajo?

- Si ¿por? – Regina estuvo a punto de colocar un mechón de pelo de Emma detrás de la oreja como un acto bastante íntimo, pero se arrepintió en el último segundo. No sabía si sería lo correcto, dado que tampoco sabía en qué punto se encontraban.

- Te propongo algo mejor… Hagamos pellas y disfrutemos de un día solo para nosotras- Quizá para cualquier persona ajena a esa cama la propuesta de Emma era muy simple. Pero ella no era así. Aun bailaban cerca de su corazón aquellas palabras de auxilio de no querer morir, y lo más importante, aun bailaba esa sensación de que pronto su destino tendría un final que ella ya no quería.

- ¿Hacer pellas?... Es decir, ¿No ir a trabajar?

- Sí… día libre…

- Eh… No puedo – Regina titubeó antes de contestar.

- ¿Por?

- ¿Nunca las he hecho? Es decir… Nunca me he tomado un día de descanso.

- ¿Por? – Emma era totalmente inocente con aquella conversación. Todavía no alcanzaba a entender como Regina, siendo la jefa, no se tomaba un respiro del trabajo.

- Creo que me gusta el deber de trabajar… De sentirme útil… Y por lo tanto no veo productivo tomarse un descanso… El tiempo es valioso.

- Por eso… Pásalo conmigo – Aquello no sonó a una súplica, ni tan siquiera sonó a desesperación, más bien sonó al anhelo subyacente de lo que pasaba entre ellas.

FLASH BACK – UNOS MESES ANTES

- Venga Regina, hagamos algo diferente… podemos coger el coche e irnos a pasar el día fuera de la ciudad – Dijo Kath observando desde la cama como su mujer se terminaba de arreglar.

- ¿Qué día es?

- 7 de enero… ¿por?

- Porque hoy no puedo… Tengo una reunión importante – Expresó Regina al mismo tiempo que se ponía sus tacones de aguja. Hoy tenía ganas de pisar con fuerza su rutina.

- Si te hubiera dicho 4 de abril me hubieras contestado lo mismo – Kath tenía razón. En cierto sentido no se lo podía reprochar, el mundo de la empresaria siempre había girado alrededor del trabajo, disponiendo de poco tiempo para estar juntas. No obstante, últimamente este tiempo se había vuelto escaso. Y esto era un gran problema. ¿Hasta cuándo aguantarían así?

- Lo siento cariño… Otro día.

- No lo sientes Regina… últimamente no pasamos tiempo juntas y te da igual – La morena iba a protestar, sin embargo se detuvo cuando Kath prosiguió - Nos falta tiempo y no te das cuenta.

- Lo siento – Regina volvió a repetir – Estos meses son difíciles, tengo que cerrar un trato y ahora mismo no puedo jugar a perder un día completo porque tú…

- ¿Por qué yo? – Kath subió su tono al mismo tiempo que se levantaba enfadad de la cama. Estaba harta de tener esta conversación cada dos por tres. Estaba harta de ver como su relación se dilapidaba bajo las alas de la costumbre. Estaba harta de ver a su propia mujer no valoraba lo que realmente importaba, o quizá estaba harta de no darse cuenta que ella ya no era tan importante para su mujer.

- Estoy bajo mucha presión… Ya sacaremos tiempo otro día – Regina ya quería zanjar el tema. Si algo odiaba era estar desde primera hora de la mañana enfadada. Se miró de nuevo al espejo. Últimamente su cansancio era extremo, por mucho que intentaba arreglarse sus ojos habían perdido luz, su tez era más pálida y su sonrisa cada día era más hipócrita. Quizá todo tenía que ver con el trabajo. Sin embargo, debía admitir que su vida amorosa no iba mejor, había llegado a una situación de tener la impresión de estar navegando en alta mar, siendo arrastrada por la corriente y sin la necesidad de llegar a la orilla para salvarse. Solo navegaba. Porque sí, no era querer progresar, siempre había sido una necesidad. Tardó en comprender esta diferencia.

- Quizá mañana no haya otro día – Kath se marchó dando un gran portazo. Tenía razón, para ella no hubo un mañana.

ACTUALIDAD

- Vale – Regina sonrió como nunca. Ella conocía muy bien la importancia del tiempo. Era una mujer pegada a un reloj y a una agenda. No improvisaba, no se tomaba unas horas de libertad. Y aunque pareciese mentira, ella disfrutaba con esto, ella disfrutaba trabajando, comiendo con algún empresario y después tomando un café con otro, o empleando su tiempo libre en alguna gala benéfica de compromiso. Ella no disfrutaba tirada en su sofá, leyendo un libro o tomando un café sin sacar nada a cambio. Sin embargo, y después de lo que había pasado la noche anterior, ella quería hacer por Emma algo que nunca había hecho por nadie. Iba a parar su agenda e iba a dedicar ese tiempo solo a la rubia. Ya no se trataba del tiempo que le sobraba, sino del tiempo que no tenía. Y la razón era simple. Tenía tanto dinero que podía regalar cualquier cosa: Viajes, joyas, ropa cara… cualquier cosa. La gente suele regalar cosas materiales, cualquiera puede regalar un reloj, puede tener un significado u otro, lo queramos o no, pero puede ser el mismo reloj. Pero el tiempo es diferente, una hora nunca será la misma. Por este motivo lo único valioso en su vida era el tiempo, algo inmaterial. Algo que nunca había regalado, y no veía la necesidad de hacerlo. No obstante, con Emma era diferente, y eso le aterraba. Ya no solo quería estar allí para ella, quería estar allí con ella. Darle lo más preciado para ella, su tiempo. El resto tan solo era un paisaje matizando una canción de moda, algo efímero.

- ¿En serio? – Los ojos de Emma se iluminaron. - ¿Vas a perder un día entero conmigo? Voy a terminar pensando que te gusto.

- Yo… - Tal vez no fue la intención de la rubia provocar el carmesí en los pómulos de la morena, pero lo logró. Aquel "te gusto" se filtró en la mente de la empresaria estimulando una timidez inusual en ella. Aquella realidad dicha a modo de broma la descuadró. – Eh… yo… no es…eso… - Sí era eso - yo… es… que… - Emma no paraba de observar como con cada palabra Regina se volvía más adorable. Y en aquel instante, la sonrisa de la rubia desapareció, no porque aquel hecho le desagradase, sino por todo lo contrario, le encantaba. Su corazón empezó a martillar para llamar la atención, su garganta se estrechó para que le costase más tragar, y su respiración se volvió incontrolada. No pudo aguantar, no quiso aguantar. Se precipitó a los labios de Regina.

Aquel beso fue tan deseado por ambas que faltaban movimientos y sobraban palabras. En un baile de sabanas se fueron derrochando poco a poco. Solo fueron besos y caricias. No hubo más, pero fue suficiente para que ambas mujeres supieran en qué punto se encontraba su relación, fue suficiente para provocar en su interior ese cortocircuito de luz que les indicaba que estaban predestinas a ser la una de la otra, una dualidad, sin límites, sin fin.


Continuará…

¿Qué os ha parecido? ¿Qué creéis que pasara en los próximos capítulos? Espero vuestros comentarios.