Preludio
Todos lo miraban y murmuraban entre sí, entre risitas. Se quería morir. Harry caminó hasta el frente de la clase y se quedó allí, tomando valor.
-¿Por qué siempre todo le pasa a Harry? -preguntó Hermione en un susurro, más para sí misma que otra cosa, negando con la cabeza, mirando al chico con preocupación.
-Llevo cinco años preguntándome eso -dijo Ron, a su lado.
-Bien, Potter -McGongall lo miró con severidad. Tras ella, toda la clase le dirigía sonrisas malvadas, menos Ron y Hermione. -Lo que debes hacer, es apuntarte el miembro con la varita y pronunciar fuerte y claro: "CONDOM".
Harry quería largarse a llorar. Pero, en vez de eso, respiró hondo y bajó la varita hacia su entrepierna lentamente. Dean estaba, literalmente, llorando de la risa en su asiento, justo delante de él.
-Condom -dijo Harry, en voz baja y sin mirar a nadie. No pasó nada.
-No, no -dijo McGonagall, negando con la cabeza-. Eso fue terrible, Potter. Así dejarás embarazada a cualquier jovencita, o enfermarás a cualquier jovencito, sean cual sean tus gustos -toda la clase rompió en carcajadas más que nunca. Lavender cayó de su asiento de tanto reír.
-Quizás, profesora, Dean debería mostrarnos cómo se hace -dijo Harry, señalando a su compañero, que no dejaba de reír, pero se calló de inmediato al escuchar eso.
-Primero, Potter, quiero que tú lo hagas, y esta vez bien. Con más ganas, pronúncialo más alto. ¡Cómo si lo sintieras!
-Profesora -dijo Fay Dunbar, alzando la mano-. Usted dijo que el encantamiento provocaba cierta sensación de placer sexual, ¿verdad? -terminó la frase entre risitas, y todo el resto del aula rió aún más fuerte luego de eso.
Dean, sin aguantar más, empezó a golpear su pupitre, mientras le caían las lágrimas.
-¡Basta! -gritó McGonagall-. Vamos, Potter, hazlo.
Harry tomó coraje. Si no le salía bien, no lo dejarían en paz. Se apuntó a la entrepierna y gritó con todas las ganas:
-¡CONDOM!
Un haz de luz blanca amarillenta salió de su varita y penetró en sus genitales con una extraña sensación agradable. De hecho, era muy agradable. Se sentía excelente, como si de pronto todos sus nervios desaparecieran y se relajara cada vez más.
Más y más…
-¡MIREN ESO! -gritó entonces Lavender, poniéndose de pie y señalando la entrepierna de Harry.
Se le paró el corazón. Eso no podía ser bueno.
Harry miró hacia abajo, y se le cayó el alma a los pies con lo que vio: su pene se había puesto erecto, totalmente visible contra la túnica.
Si antes se habían reído de él, aquello fue el festín. Harry corrió a su asiento con la cara gacha y evitando las miradas de todo el mundo, se dejó caer y hundió la cara entre los brazos. Las risas y carcajadas intensas no pararon por casi diez minutos. No hubo nada que McGonagall pudiera hacer para tranquilizar a la clase.
Era el peor momento de su vida. Y eso que había luchado contra Voldemort repetidas veces los años anteriores.
-No les prestes atención, Harry -escuchó que le susurraba Hermione, pero hasta la voz de su amiga tenía un tono de diversión que no pudo disimular.
-¡Bueno, bueno! ¡Basta todos! -finalmente, McGonagall logró que se hiciera algo de silencio-. Potter, fue un excelente hechizo. Felicidades. Pueden ver la efectividad, por supuesto, con… el… bueno…
-¡CON EL PENE PARADO! -gritó Dean, y todos explotaron en carcajadas más que nunca, otra vez.
-Con la luz blanca y amarillenta que sale de la varita -dijo la profesora, mirando a Dean con reproche-. Es lo que les indica que funcionó correctamente. Y señor Thomas, usted se quedará después de clase para el castigo también.
Pero a Dean no parecía ni importarle.
-Ahora, quiero que todos se pongan en parejas -dijo McGonagall, y se hizo un silencio atroz, repentino, seguido muy pronto por protestas, sobre todo de las chicas.
-¡¿Cómo que en parejas?!
-¡Está loca!
-¡De ninguna manera!
-No tendrán que hacer nada vergonzoso ni que vulnere sus integridades físicas o emocionales -dijo de inmediato McGonagall-. Ahora, armen parejas de a dos. Pueden ser de cualquier sexo, eso no es importante. Vamos, vamos, que sea rápido.
-Rayos -protestó Ron, mirando a Harry y a Hermione aterrado.
-Bueno, mejor yo voy con Harry -dijo Hermione, mirando a Ron-. Lo siento, pero él ya tuvo suficiente por hoy.
Con mala cara, Ron buscó alrededor alguna persona que quedara libre para hacer pareja, y se puso con Parvati.
-Bueno, quiero que cada uno apunte a su pareja con la varita…
-¡Profesora! -gritó Parvati, escandalizada.
-¿Qué no será eso como tener sexo?
-¡Claro que no! -dijo la profesora-. ¡Qué tonterías son esas! ¡Solo es un encantamiento de protección, por favor! Vamos, a la cuenta de tres, todos apunten a los genitales de sus parejas, y digan fuerte y claro, ¡CONDOM!
Los rostros de Harry y Hermione se volvieron de un rojo intenso. A su lado, la cabeza de Ron se había vuelto de un uniforme tono rojo, cara y pelo incluidos, mientras apuntaba a la entrepierna de Parvati, que lo miraba con cara mezcla de espanto y horror.
-¡Uno… dos… TRES!
Harry no quería que volviera a pasarle lo mismo, así que decidió ser más rápido que Hermione, y se apresuró en gritar otra vez el hechizo, apuntando a las zonas bajas de su amiga. El hechizo le salió perfecto, otra vez, dio en el blanco, y al momento siguiente Hermione se ruborizó más de lo que nunca la hubieran visto en la vida, y quedó tan pasmada que no llegó a hacerle el hechizo a él.
-Te has excitado, ¿verdad? -dijo Ron, mirando a un lado en lugar de practicar con su pareja.
-¡Cierra la boca! -le gritó Hermione, furiosa.
-¡CONDOM! -gritó Parvati, e instantes después el pene de Ron fue claramente visible erecto contra su túnica.
-¡Rayos! -dijo Ron, tapándose y dándose la vuelta, mientras Hermione y Parvati empezaban a reír.
-Vaya, Ron -dijo Parvati, con una sonrisita traviesa-. Nada mal, ¿eh? Es más largo que el de Harry, ¿no, Hermione? ¿Tú qué opinas?
-¡Esto no es justo! -protestaba Seamus, que estaba con Lavender a un lado-. ¡¿Por qué a las chicas no les pasa nada visible y a nosotros sí?!
-¡CONDOM! -gritó Fay, apuntando a la entrepierna de Neville, pero este estaba tan aterrado de que pudiera pasarle lo mismo que se defendió como si le hubieran lanzado una maldición, repeliendo el hechizo.
-¡EXPELLIARMUS!
Fay salió despedida hacia atrás, golpeó contra la pared del aula y cayó boca abajo al suelo.
-¡LONGBOTTOM! -aulló la profesora, hecha una furia, corriendo hasta donde estaba la chica, para ayudarla a incorporarse-. ¡ESAS NO SON FORMAS DE TRATAR A UNA DAMA! ¡¿Acaso eso va a hacer en un encuentro sexual, lanzar a su pareja por el aire?! Lo veré a usted también después de clase para el castigo.
Todos rieron otra vez. La clase ya había perdido todo el control, y McGonagall parecía saberlo, porque de pronto dijo:
-Bueno, es suficiente. Quiero que todos practiquen el encantamiento Condonmnimus esta noche, en la soledad de sus habitaciones. Así se sentirán más tranquilos. Pero es importante que lo practiquen bien. Sepan que en un momento de excitación, podrían sentirse tentados a tener relaciones de todas formas si no les sale correctamente el encantamiento, y eso será terrible. Le diré al próximo profesor que deba darles clases de Educación Sexual Mágica que controle bien que lo hayan practicado.
Cuando abandonaron el aula, Harry, Ron y Hermione iban juntos por el corredor en absoluto silencio, sin atreverse a pronunciar palabra. Hermione parecía ofendida por algún motivo, y en un momento se separó de ellos murmurando algo de que tenía que ir a la biblioteca, y no la volvieron a ver.
-¡Oye, Potter! -dijo una voz tras ellos. Harry se dio vuelta.
-Oh, no…
-Así que tuvieron educación sexual, ¿eh? -dijo Malfoy, con una sonrisa de oreja a oreja, acercándose bordeado por sus enormes amigotes, Crabbe y Goyle-. Dicen que se te paró el gusanito delante de todos, ¿es verdad?
Se empezó a reír con todas las ganas. Harry, que ya no aguantaba más, sacó la varita, furioso.
-Déjalo, Harry -dijo Ron, pero este estaba enfurecido.
-¡No, por favor, no me lances un hechizo sexual! -gritó Malfoy, riendo aún más-. ¡No quiero tener sexo contigo, Potter! ¡Lo siento! ¡No eres mi tipo!
Le dio un codazo a sus amigotes para que rieran del chiste, y estos empezaron a reír recién en ese momento.
-Vete a la mierda, Malfoy -le espetó Harry, con tanta mala suerte que justo en ese momento la profesora McGonagall apareció doblando la esquina de ese corredor. Había escuchado el comentario, y se quedó mirando cómo Harry apuntaba a Malfoy con la varita.
-¡Él empezó, profesora! -dijo Harry, defendiéndose-. ¡Se estaba burlando de mí por… bueno, por lo de la clase!
McGonagall los miró a ambos sin paciencia.
-Ambos están castigados -dijo súbitamente-. Potter, Malfoy, vayan a la torre de Astronomía a las ocho en punto. Le diré a Filch que les prepare un castigo allí.
Y, sin más, desapareció.
La sonrisa se borró del rostro de Malfoy.
-Ahí lo tienes, idiota -le dijo Ron, tomando a Harry del brazo y tirando de él, mirando a Malfoy con mala cara-. Qué te diviertas limpiando los telescopios.
-Yo también tendré que hacerlo -protestó Harry en voz baja para que Malfoy no lo oyera, mientras se alejaba con Ron.
-Sí, bueno, da igual. Ahora los dos estamos castigados.
Harry había olvidado que McGonagall había castigado a Ron también. ¿Qué acaso todos habían sido castigados?
Pre-coito
Luna Lovegood estaba caminando por el bosque prohibido. Sabía que estaba oscureciendo ya, y que tendría problemas si la veían regresando al castillo a esa hora, pero no le importaba.
La joven adolescente de catorce años anduvo entre los árboles, completamente sola, hasta que llegó a la zona donde sabía que estaban los thestrals.
-Hola, amiguitos -dijo, saludando a las criaturas con una sonrisa-. ¿Me extrañaron?
Empezó a alimentar a las criaturas, contenta.
En ese momento, Hermione entraba al baño de mujeres. Miró rápidamente bajo las puertas, para comprobar que no hubiera nadie en los demás cubículos. Entonces ingresó al último, cerró la puerta sin traba, se levantó la túnica y empezó a tocarse.
Cerró los ojos y se mordió los labios. Hermione se pasaba los dedos, con los ojos cerrados, su mente aun en la clase. No dejaba de sentirse así desde que Harry le había lanzado ese hechizo. Tan… excitada.
Imágenes de todo tipo inundaban su mente, mientras se masturbaba con cada vez más velocidad. Imágenes de cuerpos desnudos. Cuerpos sin forma. Sexo. Más que nada eso, mucho sexo.
No sabía distinguir si eran figuras masculinas, o femeninas…
En ese momento, Ron, Dean y Neville entraban juntos al despacho de McGonagall, con pesadez.
-Bueno, ya estamos aquí -dijo Dean, de mala gana-. McGonagall no llegó aún. ¿La esperamos aquí?
-Maldición, ¿por qué tuvo que castigarnos? -protestó Ron, dejándose caer en una silla frente al escritorio vacío de la profesora-. No hemos dicho nada malo. No es como que dije que, no sé… que quiero enterrarle el nabo a McGonagall.
Los otros dos rieron por el chiste, y Ron sonrió.
-¿Enterrarle el nabo? -preguntó Neville, que no parecía haber entendido pero reía igual.
-Ya saben -dijo Ron, continuando el chiste-. Rellenarle el pavo a McGonagall, hacerle el salto del tigre a McGonagall -empezó a sonreír, encantado con su chiste, más que nada por lo bizarro que sonaba, al tratarse de ella-. Como quisiera mojarle el churro a McGonagall, clavarle la varita en el hoyo -continuó con sarcasmo, riendo por dentro.
Y, en ese preciso momento, entró McGonagall a su despacho, con cara de haber oído al menos tres de esas frases.
Ron se quedó de piedra. Dean abrió los ojos de par en par.
-Ustedes dos -dijo McGonagall, seria como la muerte, a Dean y Neville-. Vayan a su Sala Común, y escriban para mañana un ensayo como castigo sobre el encantamiento Condonmnimus. Usted quédese, señor Weasley.
Dean y Neville le dirigieron una mirada de terror a Ron y se fueron.
Ron quería morirse. ¿Por qué le pasaba eso? ¿Por qué tuvo que escucharlo?
Harry y Malfoy entraron al mismo tiempo a la torre de Astronomía, mirándose mutuamente con ira. Filch ya estaba allí, regodeándose en el placer de estar a cargo de su castigo.
-Vamos, denme sus varitas -dijo, con una sonrisa maliciosa. Ellos obedecieron, y él se las guardó en su bolsillo y les pasó unos trapos.
-¿Qué rayos es esto? -dijo Malfoy, con cara de desprecio.
-Trapos, Malfoy, ¿has limpiado alguna vez de forma muggle? Pues lo harás esta noche -Filch rió-. Ya pueden empezar. Vendré en unas horas y no podrán irse hasta que me asegure de que las lentes de cada telescopio estén bien brillantes.
Se marchó de allí riéndose, y Harry se volvió hacia Malfoy.
-Esto es tu culpa.
-¡Mi culpa! -saltó Malfoy, con más furia que él-. ¿Quién rayos fue el que me apuntó con su varita?
-No lo habría hecho si no te hubieras burlado de mí como haces siempre.
-¡Púdrete, Potter! ¿Quién rayos te crees que eres, de todas formas? Siempre siendo el centro de atención de todos, ¿verdad? No pudiste resistirte a pasar al frente del aula, me imagino -puso una mueca burlona-. Ya te imagino, bailando la verga delante de todos, solo para llamar la atención.
-¡Cállate la boca, imbécil!
-¿Ah, sí? No tienes varita. ¿Cómo piensas hacerlo?
Por un instante, ambos se miraron a los ojos, al parecer pensando en cómo hacerlo.
Y entonces, de pronto y de forma absurda e incomprensible, ambos se abalanzaron hacia adelante y empezaron a besarse.
Coito
-¿Luna?
La joven se dio vuelta. Hagrid estaba de pie tras ella.
-Hola, Hagrid.
-¿Estás bien?
-Sí -dijo ella, con una sonrisa-. Solo alimento a los thestrals.
-Sabes que no puedes estar aquí a esta hora -le dijo el guardabosque, avanzando hacia adelante-. Vamos, te llevaré al castillo.
La tomó de la mano, pero la chica no se movió. En cambio, le tomó la enorme mano con su otra mano también, y empezó a acariciársela.
Hagrid lucía aterrado, mirándola desde lo alto. La joven lo miró a los ojos intensamente, acariciándole más y más la mano, y de pronto se la llevó a sus pechos, y lo hizo tocárselos.
-¡Luna! -gritó Hagrid, apartando la mano bruscamente-. ¡¿Pero que…?!
Hagrid retrocedió, aterrado y con los ojos desorbitados. Pero Luna, ágilmente, se acercó a él y ahora le llevó la mano más abajo, haciendo que el gigante la toque por debajo de la túnica.
-¡No! ¡Qué es esto! ¡¿Por qué…?! ¡Pero, ¿qué…?! Esto está muy mal…
-Solo relájate -dijo Luna, y se acercó más a él. Hagrid era del tamaño de cinco Lunas, pero la adolescente no parecía reparar en ello. Le puso ambas manos en el pantalón y empezó a masajearle sus partes. Hagrid retrocedió contra un árbol. -Oh, vaya, Hagrid, qué enorme lo tienes…
-¡Esto está muy mal! -repitió él, pero se quedó inmóvil, mientras Luna le bajaba el pantalón y el enorme y gigantesco miembro del semigigante salía afuera-. ¡NO! ¡¿QUÉ HACES?!
Ahora Luna le daba sexo oral, como podía, porque era enorme. Estaba poseída por una fuerza extraña, que jamás había experimentado en su vida. Se lanzó sobre él y empezó a quitarse toda la ropa, al tiempo que le bajaba los pantalones hasta el piso.
-¡OHHHH! -Hermione no pudo reprimir un gemido, mientras se tocaba más y más, en el baño. Y entonces, oyó pasos. Dio un salto por el susto. ¿Qué no estaba sola en el baño? Oyó el inconfundible ruido de la puerta de otra cabina al abrirse. Y entonces alguien fue hasta la cabina de ella y abrió la puerta: Ginny.
-¡Ginny! No sabía que había alguien más aquí. Yo...
-No pude evitar oírte -dijo Ginny, mirando a Hermione con los ojos muy abiertos. Hermione tenía la túnica levantada por el ombligo y el calzón corrido de lado. Ginny la miraba, y ella temblaba. Entonces no pudo evitar mirar los enormes pechos de Ginny, que aun se balanceaban un poco por el movimiento de abrir la puerta de la cabina… ¿Qué rayos le pasaba? ¿Y qué le pasaba a Ginny? ¿Por qué entraba allí con ella? ¿Por qué cerraba la puerta tras ella, quedando las dos allí…?
Ginny le dio un suave empujoncito a Hermione, que cayó encima del retrete.
-Déjame ayudarte -dijo Ginny con un susurro, y llevó sus manos hacia Hermione, empezando a tocarla.
-Así que, Weasley -dijo McGonagall, aclarándose la garganta, caminando con paso firme y el rostro serio hasta quedar enfrente a la silla donde estaba el joven-, usted quiere… ¿cómo fue que dijo? "hacerme el salto del tigre", "mojarme el churro", "clavarme la varita en el hoyo"…
Ron no sabía qué decir. Se quedó en silencio, mirando el piso, evitando el contacto visual a toda costa.
Entonces, mientras miraba al suelo, vio que algo caía en él. Una bandita para el pelo. ¿Por qué McGonagall se había soltado el cabello?
-Debo decir, Weasley -continuó ella-, que me sorprende y me halaga… Al mismo tiempo, si esos son sus deseos… ¿quién soy yo para negarlos?
Ron abrió los ojos como platos, aún mirando al suelo en silencio.
-Personalmente, considero que la educación sexual debería ser integral, y mucho más completa de lo que damos aquí -dijo McGonagall, y Ron creyó ver de reojo, aunque no podía ser cierto, y no se atrevía a levantar la mirada para comprobarlo, que se desabotonaba la camisa-. Los jóvenes deben saber exactamente cómo hacerlo -prosiguió ella, y esta vez Ron sí pudo ver como se quitaba un zapato de taco alto, y luego el otro, con el pie descalzo-. La mejor forma, desde luego, es que un profesional calificado los ayude.
Tenía que detener eso. Tenía que detenerlo ahora mismo.
Se obligó a levantar la mirada, y casi muere del horror: McGonagall tenía la camisa desabotonada y se le veía el sostén, con su pecho arrugado detrás. La profesora le sonrió.
-Te enseñaré un par de trucos que no di en clase -McGonagall lo apuntó a la entrepierna y pronunció el ya conocido Condonmnimus. Pero entonces continuó haciendo hechizos, y con cada uno de ellos Ron sintió que se excitaba cada vez más.
Ahora no solo estaba duro, sino que además tenía un deseo irrefrenable por tener sexo. Un deseo incontrolable.
-No creo que sea necesario agrandarlo -dijo McGonagall, que de pronto dirigió una mano a la túnica de Ron y lo tocó, haciéndolo estremecer de pies a cabeza-. Creo que ya estás considerablemente bien dotado -lo miró con su rostro impasible. Pero Ron sentía, cada vez más, que tenía tantas ganas de tener sexo, que podría hacerlo literalmente con lo que sea.
-Te he aplicado algunos encantamientos para aumentar la excitación -explicó ella-. No los vimos en clase, pero son también muy efectivos…
Ron no pudo evitarlo. Se puso de pie y empezó a tocarle los pechos a McGonagall, sin querer hacerlo realmente, pero sin tampoco poder evitarlo. Es que la necesidad era irrefrenable, imposible de contener.
Su rostro estaba arrugado y parecía al borde de las lágrimas, pero Ron abrazó a la profesora y empezó a tocarle los glúteos huesudos con ambas manos.
-Lo… lo siento tanto -masculló Ron, mientras movía su pene contra la profesora McGonagall-. ¡No puedo… evitarlo…! ¡Por favor… discúlpeme…!
Pero McGonagall parecía estar gozándolo como nunca.
-Sigue, Weasley, sigue -dijo, siguiéndole el ritmo del movimiento, mientras le quitaba la túnica y la arrojaba por el aire. Luego se quitó ella misma lo que le quedaba de ropa, y ambos quedaron completamente desnudos.
Una lágrima cayó por el rostro de Ron al ver el huesudo, arrugado y decrépito anciano cuerpo desnudo de su profesora. Pero con esos encantamientos, ahora sentía que tenía que penetrar algo, ahora mismo. Era imperativo. No podía controlarlo. La tomó y la llevó contra la pared, donde le hundió el miembro en sus secas partes.
-¡OH, SÍ, WEASLEY! -gritó McGonagall, maravillada-. ¡Hacía tantos años que no me sentía así!
Empezó a penetrarla contra la pared, con un ritmo irrefrenable.
-¡OHHHH! ¡BASTA, NIÑA, POR FAVOR! -Hagrid se agarraba contra el tronco que tenía detrás, pero Luna no dejaba de lamerle sus gigantescas y de proporciones descomunales partes. La chica de pronto se abalanzó sobre él y le quitó toda la ropa, al tiempo que ella se la quitaba también.
Luna alzó una pierna y la pasó encima del semigigante. El pecho desnudo de Hagrid estaba muy peludo, con bello negro por doquier. El sudor caía por sus rostros. Hagrid no parecía querer aquello, pero tampoco podía detenerlo.
-¡AHHHH! -exclamó Luna, con placer, al tiempo que introducía el enorme pene de Hagrid dentro suyo, lentamente, abriendo mucho la boca y los ojos, sujetándose al árbol con una mano. Su cabello rubio estaba alborotado mientras se sacudía sobre el semigigante, descontrolada.
-¡NO! ¡ESTO ESTÁ MAL! ¡ME ENVIARÁN A AZKABAN! -gritó Hagrid, pero Luna ahora se movía rítmicamente arriba de él, acariciándole el pecho desnudo, moviéndose encima de él a medida que era penetrada cada vez más, pasándose la lengua por los labios mientras lo miraba a los ojos, hacia arriba, con una mirada provocativa.
Harry y Malfoy cayeron hacia atrás, sobre una mesa, de donde cayeron varios objetos delicados al suelo, que se hicieron añicos. Se abrazaron mientras se besaban con violencia, y se empezaron a quitar la ropa mientras se subían a la mesa.
Quedaron los dos desnudos, besándose arriba de la mesa, sin contenerse.
-Date vuelta -Malfoy puso a Harry boca abajo, tomando el control. Se puso encima suyo, sujetándole los brazos. Harry clavó las uñas en la mesa mientras el cuerpo sudoroso de Malfoy se apoyaba sobre su espalda.
-¡Espera! -dijo Harry-. ¡No nos aplicamos protección, y no tenemos las varitas para hacerlo!
Hubo una breve pausa.
-Al demonio -dijo Malfoy, y presionó su pelvis contra sus glúteos.
Hermione cayó hacia atrás, sobre el inodoro. Ginny se sentó encima de ella. Hicieron aparecer un consolador por arte de magia, y empezaron a jugar con él.
-¡CONDOM! -dijo Hermione, con un gemido ahogado.
Ginny la acariciaba con el consolador, mientras los labios de ambas chicas se rozaban entre sí. Se los mordieron, juguetonamente, y pronto el consolador quedó húmedo, paseando entre una y la otra.
Ambas se unieron, sobre el retrete, abrazadas y moviéndose rítmicamente mientras gemían. Hermione metió las manos bajó el sostén de la pelirroja, y le acarició los enormes pechos. La calentaban tanto, la volvían loca…
-¡OOOOHHHHHHHHH! -Luna gritó mientras Hagrid, perdiendo ya el control y desistiendo en su resistencia, la aplastaba contra un árbol, penetrándola con la mitad de su miembro, lo cual ya era demasiado, casi partiéndola a la mitad en un ataque de locura sexual.
La chica abrió los ojos de par en par, con un grito que resonó entre los árboles. Hagrid se empezó a mover bruscamente, de atrás hacia adelante, descontrolado. Luna era penetrada una y otra vez. Hagrid acariciaba su cuerpo desnudo, que empezaba casi a la altura de su ombligo.
-¡OH, WEASLEY! -chillaba McGonagall. Ron ahora la tenía en cuatro patas contra la mesa, y le daba duro a su huesudo trasero.
-¡OOOOHHHHHHHHHH! -gritó Ron, sintiendo que estaba por acabar.
-¡NO TAN RÁPIDO! -con una sacudida de varita, McGonagall hizo que se le pasaran las ganas, quedando aún en acción-. ¡ESTO SOLO ESTÁ EMPEZANDO, WEASLEY! ¡OHHHHHHHHHHHHHHHH!
