Buenas! Sí, vengo con una actualización después de muchísimo tiempo. Pero han sido muchos meses (años casi) en los que no he podido escribir por tiempo (o porque la musa se marchitó).

Dada toda la crisis que estamos viviendo por la COV19 espero que os encontréis bien en todos los aspectos. Espero que este capítulo os distraiga un poco : )

Ánimo y, sobre todo, cuidaros!

CAPÍTULO 31: NADA ES LO QUE PARECE

El dinero lo compra absolutamente todo, simplemente hay que encontrar el valor que cada uno tiene. Ese era el lema por el cual Regina había triunfado tanto en los negocios. Y en esta ocasión no sería diferente. La empresaria había encontrado ese valor para que todo un equipo de médicos, incluido el jefe, se saltasen la confidencialidad médico – paciente a favor de ella.

No podía evitarlo, y no quería, deseaba saber qué le estaba pasando a Emma, deseaba saber sí podía ayudar a la educadora. Este era el motivo por el que se encontraba de camino a la reunión con el Doctor antes de reunirse con su equipo completo.

Emma, que obviamente no sabía nada, no se había opuesto a que la empresa tuviese una reunión importante para cerrar un acuerdo de última hora, eso sí, la única condición era que después de la reunión Regina volvería con ella y seguirían con su día de pellas.

Regina no se lo pensó dos veces, cogió su coche y llegó rápidamente al hospital. Para no perder tiempo, aparcó en un parking privado muy cercano. Luego se dirigió a la zona de cardiología, exactamente al despacho del Doctor Whale. Allí le esperaba él según sus indicaciones.

Al llegar llamó suavemente a la puerta e inmediatamente miró su vestimenta sonriendo levemente. No iba vestida como a ella le hubiese gustado. Tras un comentario gracioso de Emma de llamarla estirada había decidido ir con unos pantalones vaqueros y una camisa negra lisa. Estaba segura que si su madre la hubiese visto así a su edad, la hubiese desheredado directamente. Volvió a sonreír levemente.

- Pase – La voz de un hombre sonó tras la puerta.

Regina abrió la puerta y pasó al interior del despacho. Solo había un hombre sentado detrás de una mesa cuadrada.

- ¿El Doctor Whale?

- Sí.

- Soy Regina Mills.

- Justo le estaba esperando, tome asiento – Dijo el Doctor mientras señalaba un silla.

- Gracias.

Regina tomó asiento, a pesar de que aquella no era la vestimenta que acostumbraba, todos sus gestos seguían igual de elegantes y, a la vez, intimidantes.

- Valga decir Señora Mills que en este hospital no estamos acostumbrados a actuar de este modo. Pero su empresa ha donado bastante dinero al hospital en los últimos años.

- Valga decir Señor Whale que también ha donado mucho dinero a su familia particularmente – Si había una cosa que caracterizaba a Regina era su forma casi envenenada de hablar. No le importaba decir que abusaba de su dinero y que gracias a él solía conseguirlo todo - Si no le importa, me gustaría ir al grano y saber qué era lo que me tenía que decir con tanta urgencia.

El Doctor Whale había trabajado durante treinta años para el mismo hospital. Su vida era sencilla. Dos hijas en la universidad y una mujer que trabajaba como recepcionista en una inmobiliaria en el centro de la ciudad. Ambos habían sopesado la ética de aceptar el dinero de la empresaria. Y ambos habían llegado a la conclusión de que, tal y como estaban las cosas, un dinero extra les vendría de maravilla para la inminente jubilación. Además, solo era pasar una información sobre un paciente. No era algo peligroso, ni algo grave como podía ser robar. Así que sí, el Doctor Whale había aceptado el soborno y ahora debía aceptar también los comentarios mordaces de Regina Mills.

- Cuando hacemos un trasplante de corazón pueden ocurrir una serie de inconvenientes, ya no solo en la operación, sino también después de ella. – El Doctor hizo un descanso antes de proseguir – Puede un simple problema con las arterías o un rechazo del corazón. Al principio creíamos que le pasaba eso, todo apuntaba a un rechazo del corazón del donante. Esto quiere decir que el sistema inmunitario de Emma estaba considerando que el corazón era un objeto extraño. Hemos intentado que esto no ocurriese con una medicación específica. Sin embargo, en el caso de Emma, y tras unos meses, creo que no es lo que le pasa. Por eso he querido que viniese antes Señora Mills, creo que es un fallo del injerto primario.

Mientras que el Doctor estaba hablando, Regina estaba intentando asimilar todas las palabras a gran velocidad. Para ella no era difícil, lo solía hacer cuando tenía reuniones con varios empresarios a la vez y quería captar la mayor información posible para tomar la mejor decisión y así ganar lo máximo posible. Lo difícil en este caso, era el temor de que el final de aquella información recibida no tendría algo positivo para ella.

- ¿Me está diciendo que debe tomar otro tipo de medicación la Señorita Swan?

- Le estoy diciendo que corazón de Emma no funciona – El Doctor Whale había aprendido, tras muchos años de dar malas noticias, a ser sutil con las palabras al mismo tiempo que intentaba tener tacto cuando comunicaba algo de esta índole. Sin embargo, no quería utilizar el cariño con la empresaria. Más bien quería ser directo y franco.

- Bueno, pero habrá solución, ¿no?

- Sí, estaríamos hablando de un nuevo trasplante.

- Perfecto, pues sería bueno hacerlo lo antes posible, supongo – Dijo Regina mientras volvía a coger la postura de superioridad que había abandonado minutos anteriores cuando había escuchado las últimas palabras de Whale.

- No están fácil, primero es que hay una lista de espera tremenda, y no le queda mucho tiempo. Segundo es que el donante tiene que ser compatible con la Señorita Swan. Y tercera, y lo más importante casi, es que la Señorita Swan se encuentra en un momento muy complicado de salud y no se sí tendrá la fuerza suficiente para aguantar una operación de esta magnitud.

- La Señorita Swan quiere vivir – Comentó la empresaria recordando la conversación que habían tenido la noche anterior – Así que solo me tiene que indicar cuantos números debo poner en el cheque.

- Creo que no la entiendo bien – El Doctor mintió cuando dijo aquellas palabras, claro que le había entendido bien. Regina Mills no había sido la primera en intentar comprar posiciones en la lista de un trasplante. No obstante, y como había hablado con su mujer, no era lo mismo dar información de un paciente que robar. Y es que para él aquello era robar. Quizá no era robar joyas ni dinero, pero era robar la vida a otra persona que también necesitase de un trasplante.

- Quiero que operen de inmediato a la Señorita Swan, cueste el dinero que cueste. Creo que he sido clara Doctor Whale.

- En este caso – El doctor se pronunció al mismo tiempo que se ponía de pie –, he de decirla Señorita Mills que no puedo ayudarla.

- Cómo osa – Regina se levantó también, pero con mucho más ímpetu de lo que lo había hecho el hombre – No se lo estoy pidiendo. Creo que no me ha entendido, se lo estoy ordenando – La voz de la empresaria era tan arrogante y ronca que cualquier persona se hubiese sentido abrumado.

- No lo entiende usted. No está en posición de obligarme. Y no sé qué relación tendrá usted con la Señorita Swan, pero si la conociese sabría perfectamente que ella no se prestaría a tal cosa.

Aquellas últimas palabras rebotaron una y otra vez en la mente de la morena como si se tratase de una bola en una máquina de pinball. Ya no tenía que ver con el hecho de no conocer del todo a Emma, tenía que ver con el hecho de que Emma quería vivir. Pero, ¿a toda costa?

- No necesito obligarle, me basta con sustituirle... Soy una de las mujeres más influyentes de este país… Odiará este día y su estúpida decisión de no ayudarme – Cada palabra ardía en la garganta de la empresaria. La furia no solo se notó en su forma de hablar sino también en su gesto severo y en su comportamiento al irse. Todo en ella quemaba.

Emma Swan era diferente… Ella era la excepción. El resto no importaba. Conseguiría lo que quería. Y para ello, no solo tenía que lograr un trasplante lo antes posible, también tenía que lograr que Emma no se enterase de esto. El Doctor tenía razón, ella no se prestaría.

El camino de vuelta fue un verdadero tormento para la empresaria. Por primera vez no sabía por dónde empezar, no sabía cuánto tiempo tenía, no sabía nada. Y la cosa empeoró cuando llegó otra vez al parque y Emma se abalanzó sobre ella depositándole un profundo beso.

Hacía años que no se sentía así, por un lado quería estrujar el corazón del miserable del Doctor y por otro lado quería salvar a Emma. ¿Podía hacer las dos cosas? Sí, pero, ¿era la misma persona que hacía unas semanas? ¿Por qué había cambiado tan drásticamente? Si era sincera consigo misma sabía que no era algo irracional. ¿Quería ser mejor persona? No, o tal vez no. Lo que quería era ayudar a Emma porque ella le importaba. Sin embargo, tendría que hacerlo de alguna forma que no fuera inmoral. Un momento, no podía ser, no era lo frecuente… ¿Emma le importaba en qué sentido?

Aquella última pregunta fue trayendo otras preguntas como por ejemplo: ¿Tenía pensamientos profundos por Emma?, ¿realmente Emma le hacía ser mejor persona?, ¿quería tener un futuro con la educadora?...

Tantas eran las preguntas que ni siquiera prestó atención a la comida que había comprado Emma, unas ensaladas. Ni tampoco prestó atención a la conversación que la rubia mantenía con ella, tan solo contestaba con monosílabos o frases cortas. Solo prestó atención cuándo Emma cambió el tono de su voz.

- Por cierto, quizá no es el momento y sé que estás un poco ausente, pero debemos organizarnos para ver lo de Somnia Vera.

- ¿El qué?

- ¿Cómo que el qué? Queda unos días para que finalice el mes, y aún no hemos hecho nada administrativo… - Emma odiaba el papeleo, pero sabía perfectamente que no todo iba a ser pasar tiempo con los niños – Debemos discutir todos los puntos del porqué no debes cerrar el centro.

- No te preocupes Emma, no voy a cerrar Somnia – Dijo con una sonrisa tierna la empresaria para cortar la conversación.

- ¿Y eso es todo?

- ¿Cómo que sí es todo? Claro que es todo – Regina se acercó un poco más a Emma – No voy a cerrar el centro – Concluyó depositando un beso suave en sus labios.

Posteriormente, Regina se volvió a incorporar a su sitio y siguió removiendo su ensalada y sus pensamientos como lo estaba haciendo antes del comienzo de la conversación.

Sin embargo, Emma no dejaba de mirar escépticamente a la morena.

- ¿Y ese cambio de opinión?

- No te entiendo, ¿no era lo que querías?

La mirada de Emma cambió absolutamente volviéndose más penetrante por segundos.

- Me estás dando a entender que lo haces por mí… ¿es por qué salimos?

- ¿Estamos saliendo? – Lejos de las intenciones de Emma, a Regina le parecía curioso aquel juego de palabras y más con los últimos acontecimientos.

- Responde Regina.

- ¿El qué quieres que responda?

- ¿Es por qué tenemos algo? Es sencillo, ¿sí o no?

- Emma, estás sacando las cosas de quicio.

La educadora se levantó con ímpetu y se dirigió a una papelera cercana para arrojar los restos de su comida. Luego, ante la atenta mirada de la empresaria, volvió a su lugar, pero no se sentó.

-¿Sabes una cosa? Olvida esto – Dijo señalándose a ella misma y a Regina varias veces – Me importa mucho el centro y no quiero que dentro de una semana, cuando tengas otra en tu cama, quieras cerrarlo.

Fue en aquel momento que el gesto de Regina cambió radicalmente. Aquellas palabras se clavaron en lo más profundo de su ser como si fuesen flechas envenenadas. Estaba herida y furiosa. Furiosa y herida. Y aquella combinación no era la mejor para una mujer como Regina. Majestuosamente se levantó del suelo y dio dos pasos hasta acortar la distancia con la educadora, pero sin invadir su espacio.

- No hace falta esperar una semana para acostarme con otra – Si las flechas que sintió Regina llevaban veneno, aquellas palabras no distaban mucho - Mañana nos veremos a la misma hora de siempre… Y no te preocupes. Estos días organizaremos todo el papeleo Señorita Swan.

Acto seguido Regina dio media vuelta y se fue. No esperó la contestación de Emma, no la necesitaba. Se había olvidado que no debía bajar la guardia, y con Emma lo había hecho sin saber los motivos. Idiota fue al pensar que estaba sintiendo algo más fuerte por la educadora. No obstante, había recuperado su posición. Ella era una mujer sin sentimientos, sin ataduras. Lo tenía todo, no debía dar explicaciones a nadie por nada.

En definitiva, ya no le importaba Emma, ni su operación. Ya no.

Antes de entrar en el coche, y con aquel pensamiento solapando cualquier racionalidad, la emprestaría realizó una llamada.

Pocos segundos después la voz sensual de una mujer respondió:

- Buenas Regina, ¿me echabas de menos?

- Quiero pasar esta noche contigo. A las 8 en mi casa.

Regina no necesitaba decir más. Le bastaba con expresar su deseo y en pocas horas podía tener a muchas de las mujeres de su agenda en su cama. Y eso es lo que quería. Hoy no quería olvidar el día consumiendo alcohol. Aunque, seguramente, también lo haría. Hoy quería follar con alguna de forma salvaje. Hundir sus pensamientos en el cuerpo de otra mujer. En sus gemidos, en movimientos dinámicos, en besos impulsivos. Hoy olvidaría a Emma Swan para siempre.

Continuará…

¿Qué os ha parecido? Espero que sigáis con ganas de leer la historia.

Adelanto que voy a continuarla y terminarla.