-Ohh, ¡qué bella mañana! -iba cantando McGonagall por los corredores, mientras bailaba felizmente, sin dejar de sonreír. Se cruzó con Dumbledore en el segundo piso, que bajaba a desayunar.
-¿Está usted bien, profesora? -preguntó el anciano mago, alzando una ceja sobre sus anteojos de medialuna.
-¿Usted qué piensa? -preguntó ella, radiante.
-Pues, a decir verdad, no la veía así de feliz desde… desde que la conozco, creo.
Abajo, en una de las largas cuatro mesas de las casas, Harry, Ron y Hermione desayunaban. Los tres estaban muy serios, más que de costumbre, y ninguno hablaba. Ron, que siempre engullía comida famélicamente, ahora masticaba su tostada muy despacio, con la mirada perdida en la distancia. Parecía traumado. Y Harry dio un salto cuando un grupito de alumnos de Slytherin entraron juntos para el desayuno, tirando varios cubiertos al suelo por los nervios. Hermione no estaba menos nerviosa: no dejaba de mirar de reojo en torno a la mesa de Gryffindor, respirando muy agitada, con dificultad.
Los tres se llevaron sus vasos de jugo de calabaza a los labios a la vez, sin darse cuenta de que bebían al mismo tiempo, tan sumidos en sus pensamientos propios que ni se daban cuenta que sus mejores amigos, a su lado, estaban igual de callados.
-Ah, hola, Ginny -dijo Ron en un momento, alzando la mirada. Hermione dio tal respingo que su plato se volcó sobre su abdomen, llenándola de tocino caliente, para luego volcarse al piso con un estruendo.
Harry alzó la mirada, también asustado, aunque no sabía de qué. Vio que Ginny miraba a Ron, luego a Hermione, y luego quedaba boquiabierta. Parecía que le hubiera pasado algo muy malo, por su cara.
-Debo… Yo… Olvidé que… Debo irme -masculló la chica, y se alejó por donde había venido, saliendo del Gran Salón.
-Me pregunto qué le pasará… -empezó Ron, pero entonces vio que McGonagall ingresaba al salón junto a Dumbledore y de pronto se mostró interesadísimo en ayudar a Hermione a juntar su plato del piso.
-Oh, profesor, desperté esta mañana llena de tantas ideas que quiero implementar -decía McGonagall, feliz de la vida, tomando asiento junto al director en la mesa de profesores-. ¡Solo considérelo, por favor!
-Siempre estoy abierto a las ideas de los profesores, Minerva -dijo el anciano mago, que no dejaba de mirarla con suspicacia, mientras tomaba unas tostadas de la mesa y se servía jugo de calabaza y café-. Pero poner flores y margaritas en todos los corredores parece algo… no lo sé…
-Ay, Albus, necesitas ver la alegría a tu alrededor -dijo ella, y de pronto rompió en carcajadas. Dumbledore la miró de reojo muy preocupado, probablemente preguntándose si aquella no era otra persona con poción multijugos en lugar de la profesora, y luego se bebió todo el jugo de calabaza de un largo trago.
-Siempre me he preguntado… -dijo Harry finalmente, luego de veinte minutos en silencio, examinando su vaso casi vacío, en su mano-. ¿Por qué es tan delicioso el jugo de calabaza? ¿Todos los magos beben esto?
-Oh, sí, es muy popular -comentó Ron, mirando nervioso a la mesa de profesores mientras se servía más bebida-. Pero dicen que el de Hogwarts es especialmente delicioso, más que el de ningún otro lado.
Hermione, que acababa de beber un trago muy largo de la bebida, de pronto se sacudió, como si acabara de tener un escalofrío.
-¿Estás bien? -le preguntó Harry, que lo había notado. Enseguida, Hermione se ruborizó completamente. Asintió, aunque sin mirarlo. Harry se preguntó qué le pasaba. Bebió un trago él también. Entonces, bajó la mirada y casi pega un grito.
Estaba totalmente duro.
¿Qué demonios le pasaba? Si ni siquiera había practicado el maldito encantamiento. Pero ahí estaba, marcado contra su pantalón, que encima era algo ajustado: su erección hubiera sido obvia para cualquiera que pasara por allí. Se inclinó hacia adelante, en un intento desesperado por ocultarla.
-Yyyy… entonces… ¿qué cursamos hoy? -preguntó, pensando que si hacía conversación con sus amigos estos no notarían su "problemita".
-Historia de la Magia -Ron fingió una cara de aburrimiento poco convincente. Se notaba que algo raro le pasaba a él también. Empezó a cruzarse de piernas de una forma extraña, y al mirarlo Harry vio que éste también estaba erecto. Apartó la mirada de inmediato. Basta. No podía mirar el bulto de Ron. ¿Qué rayos le pasaba? ¿Cuál era el problema con él? Tenía miedo. Mucho miedo.
-Voy a adelantarme -anunció, poniéndose de pie de un salto con la mochila justo delante de sus partes, para que nadie viera su erección-. Los veo allí -salió del Gran Salón disparado, y cuando iba cruzando el vestíbulo vio a Malfoy saliendo de las mazmorras. Lo que pasó fue muy gracioso: Malfoy se dio la vuelta y regresó a las mazmorras, dejando a Crabbe y Goyle mirándose entre sí, confundidos, y Harry corrió arriba de las escaleras del vestíbulo tan rápido que tropezó y su mochila voló varios escalones abajo, causando las risas de un grupito de chicas de Ravenclaw.
Mientras recuperaba su mochila, Harry alzó la mirada y vio que las chicas lo miraban de forma rara. Acababan de salir del desayuno ellas también. ¿Qué les pasaría? ¿Por qué lo miraban así? Una de ellas, que creía que iba a séptimo, lo miró fijo mientras se mordía el labio inferior… Debía estar imaginándolo. Harry entonces se dio cuenta de que seguía duro, y se tapó con la mochila al tiempo que todas las chicas reían, mirándolo. Se ruborizó y volvió a subir los escalones, deseando que el suelo bajo sus pies se lo tragara.
Varios pisos más arriba, Ginny caminaba sola por un corredor. Lucía asustada. Se detuvo frente a una gárgola y se apoyó en la pared, respirando agitada. Cerró los ojos. Parecía muy nerviosa.
Oyó pasos que se acercaban, y abrió los ojos de nuevo. Dumbledore caminaba por el corredor, solo, con un vaso en la mano que se había traído del desayuno. Bebía jugo de calabaza.
-¿Jovencita? -le preguntó, alzando la mirada hacia ella por encima de los anteojos de medialuna.
-Profesor -dijo Ginny, notoriamente nerviosa.
-¿Se le ofrece algo? -preguntó Dumbledore.
-No. ¿Por qué lo dice?
-Sucede que está usted apoyada sobre la gárgola que oculta mi despacho, cosa que naturalmente usted no tiene por qué saber, pero con lo que tendré que pedirle amablemente permiso para poder acceder a él.
-¡Oh! -Ginny se apartó de la gárgola, temblando.
-¿Está bien, jovencita?
-Bueno, yo… -no podía ni hablar. Dumbledore se la quedó mirando, preocupado.
-¿Algo de lo que le gustaría hablar?
-Yo…
-¡Chucherías cachivachescas! -recitó Dumbledore, y la gárgola se hizo a un lado-. Venga, suba, creo que tengo algún chocolate en un cajón. La hará sentir mejor.
Ginny subió tras el director por las escaleras giratorias que se movían solas, hacia su despacho.
Harry llegó primero a la clase de Historia de la Magia. Se sentó en la última fila del fondo, donde había solo una mesa larga con tres sillas, y ninguna más. Todos los demás asientos del aula estaban delante suyo, e inclusive esa mesa lejana era más sombría, como oculta, y estaba contra un costado, en una hendidura en la pared contra un armario de libros. Allí, tan aislado, se sentía más tranquilo. Nadie se fijaría en él si tenía una erección allí. Excepto Ron y Hermione, quizás.
Se quedó en silencio, mirando el pupitre. Nunca había pensado en su sexualidad, pero ahora estaba muy preocupado. Claro que no tenía nada de malo ser gay, pero aún así, todo eso era tan extraño…
De pronto escuchó una voz masculina y se llevó un sobresalto. Pero era Ron.
-¿Me dejas? -le dijo, señalando el asiento que estaba más allá. Corrió la silla para dejarlos pasar a él y a Hermione, a los dos asientos más contra la pared, a su lado. Se aseguró de que Hermione quedara en medio, para no estar cerca de Ron. Tenía miedo de que fuera a ojearlo otra vez.
-Así que ya no sé qué pensar de mí misma -decía Ginny, en el despacho de Dumbledore, comiendo el chocolate a toda velocidad con expresión aterrada-. ¡Lo siento! No sé qué hago contándole a usted todo esto… ¡Qué vergüenza!
-Para nada, señorita Weasley, para nada -dijo Dumbledore, sentado en la silla frente a su escritorio, mirándola por encima de sus lentes de medialuna-. El ser joven… es algo que los adultos no debemos olvidar nunca. Y estar allí para apoyarlos a ustedes en estos momentos es muy importante. Es mi deber asegurarme de que mis alumnos no sientan conflictos con su identidad, con su… -bebió un largo trago de jugo de calabaza, y de pronto sus ojos se clavaron en los abultados pechos de Ginny, que apretaban su camisa, tensionando los botones. El director alzó la mirada casi de inmediato, luciendo algo asustado. -Como le decía… -pero no consiguió continuar.
-Sí, lo sé -dijo Ginny, que no lo miraba-. Quisiera contarle más, pero me da vergüenza. Estoy tan nerviosa que tengo la garganta seca, no puedo ni hablar…
-Toma, toma -Dumbledore le tendió su propio vaso de jugo de calabaza, que estaba por la mitad-. Yo ya he bebido como tres vasos abajo.
Ginny tomó el vaso y vació todo el contenido de un trago. Dumbledore entonces se puso de pie.
-No sientas vergüenza de ser lesbiana, Ginny. Quizás deba confesarte un pequeño secreto.
-¿Usted también es gay, profesor?
-Vaya, veo que los rumores se esparcen rápido aquí. De hecho, Ginny, soy bisexual. Me gustan los hombres, sí, pero también las mujeres -y Dumbledore no pudo evitar mirar el pecho de Ginny otra vez.
-Lo sé, creo que lo mismo me pasa -dijo Ginny, de pronto sintiendo un calor extraño e irracional. Se abrió un poco la camisa, dejando el cuello al descubierto. Dumbledore tragó saliva, nervioso.
-Hola, buenos días a todos -dijo el profesor Binns con voz aburrida, que era un fantasma y por lo tanto no lo veían nunca antes de la clase, ni en el desayuno ni en el Gran Salón-. Hoy se supone que debo darles clases de educación sexual, ya que a todos los profesores nos toca por turnos darla… -el profesor no alzó la vista. Jamás miraba a los estudiantes. Se limitaba a estar allí parado leyendo libros, y Harry se preguntó cómo demonios ese fantasma les enseñaría educación sexual, si lucía como si nunca hubiera visto a una persona desnuda en su vida. Probablemente había muerto virgen.
Harry agradeció que aquella clase estuviera compartida con los de Ravenclaw y no con los de Slytherin. Sintió que se ponía duro, otra vez. ¿Por qué? No había pensado en sexo. ¿Por qué le pasaba eso? Hermione, a su lado, se movía de forma extraña en la silla, como acomodándose en exceso. No dejaba de acomodarse el cabello, nerviosamente. Ron, contra la pared, no lucía más tranquilo: constantemente se cruzaba de piernas y las ponía normales otra vez. Harry luchaba con todas sus fuerzas para no mirarlo.
De hecho, toda la clase parecía tensa. Normalmente, era una clase donde todos estaban relajadamente aburridos, mortalmente aburridos, algunos incluso se dormían mientras Binns leía página tras página de sus aburridos libros de historia. Pero ese día, todos los alumnos estaban sentados bien derechos y lucían muy tensos.
-En vez de darles clases sobre educación sexual, les dejaré un libro al respecto en la bibliografía obligatoria -dijo Binns, con su tono de voz monótono-. No podemos permitirnos atrasarnos con la segunda rebelión de los duendes, o no llegaremos a ver el tema completamente. La clase pasada, como recordarán, nos quedamos con la batalla en el norte de Gales -Binns finalmente encontró la página donde se había quedado y empezó a leer de forma tediosa-: "A finales del siglo XIV, el motín de los duendes galeses llegó al norte de la región…"
Mientras hablaba, Hermione respiraba de forma entrecortada, sin dejar de moverse en el asiento. Harry vio que sujetaba la mesa con mucha fuerza, con los nudillos blancos. La chica cerraba los ojos y luego los abría. Era como si algo muy extraño estuviera pasándole por dentro. Ron, junto a ella, se mordía los labios y apretaba las piernas como si se estuviera por hacer encima. Harry empezó a notar que a él mismo le caía sudor por la frente.
No podía negarlo más. Estaba explotando de ganas de tener sexo. ¿Cómo era posible? ¿Por qué le pasaba eso?
-Jamás lo había imaginado a usted así -dijo Ginny, mirando a Dumbledore mientras apretaba los labios con fuerza.
-Oh, sí, todos hemos sido jóvenes y experimentado las hormonas, el deseo sexual… -Dumbledore caminaba por el despacho, y de pronto se detuvo detrás de la silla donde estaba la chica. Ella le dirigió una mirada seductora y se abrió más la camisa, revelando la parte superior de sus abultados pechos. Dumbledore tragó saliva varias veces, luciendo notablemente nervioso.
Entonces, Dumbledore dio un paso adelante y apoyó ambas manos sobre sus hombros.
-Lo que usted siente, naturalmente, es parte de la juventud. Naturalmente… Lo importante… jovencita… es recordar… ser auténtico con las emociones… con el deseo… -tartamudeaba. Ginny no dejaba de mirarlo, hinchando el pecho con cada respiración. Su cabello pelirrojo caía sobre sus pechos, que subían y bajaban con la respiración.
Dumbledore bajó una mano por el hombro de la chica, lentamente. Entonces, la pasó por debajo de su camisa. Empezó a apretarle la carne de su pecho izquierdo. Ginny cerró los ojos y se reclinó hacia atrás, disfrutándolo. Dumbledore le apretó y masajeó el pecho, rozándole el duro pezón con los dedos…
Harry creyó escuchar a Hermione gemir, en un tono de voz muy, muy abajo. ¿O se lo había imaginado. Binns, delante de la clase, recorría las páginas de su libro, leyendo sobre la rebelión de los duendes, con el mismo tono aburrido de siempre. La clase entera estaba en profundo silencio, pero se respiraba una tensión extrema en el aire.
Harry estaba más duro que nunca. Ya no se molestaba en ocultarlo. Su miembro estaba notoriamente marcado contra su pantalón. Ahora no solo Hermione se movía en la silla, como si no consiguiera quedar cómoda. Harry se reclinó hacia atrás, haciendo que el pene se le marcara más en el pantalón. No le importaba. Disfrutaba el reclinarse hacia atrás, el sentir el roce contra la ropa interior…
Abrió grandes los ojos al darse cuenta, luego de mirar a un lado, que Ron había sacado su pene fuera del pantalón, habiendo bajado el cierre, y se masturbaba junto a Hermione. Primero creyó que lo estaba imaginando, pero luego miró con más atención y se dio cuenta que no: estaba pasando realmente.
Y Hermione, lejos de estar escandalizada por ello, de pronto dirigió su mano hacia allí y empezó… a ayudarlo.
Harry no pudo contener más el deseo. Él también se bajó el cierre del pantalón y, luego de mirar nerviosamente al frente de la clase, sacó el pene fuera del pantalón también. Esa mesa era tan oscura y alejada que nadie se daría cuenta. Al instante, Hermione, que se mordía los labios mientras reprimía gemidos eróticos, dirigió su mano allí y empezó a masturbarlo a él también.
Ron se reclinó más atrás, con aspecto de estar gozándolo mucho. Hermione tomó la mano de Harry y la dirigió hacia su pubis. Se bajó el cierre del pantalón ella también y metió la mano de Harry dentro de su calzón negro, que este miró de reojo. Harry sintió el incipiente bello púbico de la chica y empezó a mover los dedos sobre sus labios vaginales. Hermione, mientras tanto, movía su mano arriba y abajo sobre su pene, mientras con la otra mano masturbaba a Ron. Harry alcanzaba a ver los testículos de Ron con su bello pelirrojo, más allá de la chica.
Aquello era tan peligroso. Si alguien los veía… Mientras tanto, Binns hablaba y hablaba, sin dejar de parlotear sobre las revueltas de los duendes con tono aburrido, sin mirar más allá de la página de su libro.
Ginny se sentó en la mesa de Dumbledore, mientras se quitaba el resto de la camisa y quedaba en sostén. Abrió las piernas y Dumbledore se metió entre ellas, y sin perder tiempo le quitó el sostén para observar sus pechos caer libremente, colgando ante él.
-Condom -dijo el anciano con voz parsimoniosa pero tensa, apuntándose con la varita los genitales.
Ginny empezó a tocarle su miembro, que estaba durísimo. Dumbledore le acariciaba los pechos, obsesionado con ellos, mientras la chica le levantaba la túnica, que él mismo acabó quitándose. Luego, el director le bajó la falda hasta quitársela por completo, dejando a la joven solo con su pequeño y delgado calzón blanco.
Ron metió la mano dentro del calzón de Hermione también. Mientras Harry le acariciaba el clítoris, Ron le metió un dedo adentro. Hermione tuvo que taparse la boca con el puño entero para no gritar, mientras temblaba de pies a cabeza, sacudida por escalofríos constantemente. Pero Harry pronto le sacó el puño de la boca y le llevó la mano hacia abajo otra vez, para que la chica pudiera continuar masturbándolo.
Era dificilísimo no emitir sonidos. La clase estaba en completo silencio, como siempre, y cualquier sonido haría contraste contra el débil tono de voz con el que leía Binns. Hermione se apretaba los labios con fuerza, mientras Ron metía un segundo dedo…
Dumbledore empezó a penetrar a Ginny. La agarraba firmemente del trasero y la embestía hacia adelante contra el escritorio, mientras ella gemía, excitada. Sus pechos subían y bajaban con cada sacudida, bailando de una forma rítmica mientras el director la penetraba una y otra vez.
Ella alzó una pierna y Dumbledore se la pasó por arriba del hombro, reclinándose un poco, ya que era muy alto. La sostenía con una mano por la espalda y con la otra de la pierna, su pene pálido y delgado, pero largo, entrando y saliendo constantemente. Mientras entraba en ella, el director la miraba fijamente a los ojos por encima de sus anteojos con forma de medialuna, con severidad.
Ron movía la cintura hacia arriba y abajo, mientras Hermione lo masturbaba con rapidez. Harry vio, de reojo, que Ron eyaculaba y su semen empezaba a salpicar todo sobre la mano de Hermione, cayendo en parte sobre el pantalón y las piernas de la chica.
Harry movió el dedo con más ganas por su clítoris, y pronto Hermione empezó a sacudirse con más violencia, y usó la mano con la que había estado tocando a Ron, ahora manchada del líquido blancuzco, para taparse la boca mientras reprimía un gemido con mucho esfuerzo.
Al mismo tiempo, Harry mismo acabó también. Pudo sentir cómo el semen salía disparado de su miembro y golpeaba con fuerza contra la parte inferior del pupitre. Otra parte salió más lejos y cayó sobre la pata de la silla de Lavender, que estaba sentada delante.
Harry empezó a recuperar la normalidad de su respiración. Cuando se dio cuenta de lo que acababa de pasar, empezó a temblar. Evitó mirar a su lado con todas sus fuerzas.
-¡Ohhhhhhh! -Dumbledore ahora gritaba. Estaba acostado boca arriba en su escritorio, y Ginny estaba sentada arriba de él, subiendo y bajando con rapidez, sin control.
-¡Ay, sí! -chillaba la adolescente, moviendo su firme y contundente trasero hacia arriba y hacia abajo, sus tonificadas piernas presionando firmes contra los lados del profesor. Dumbledore tenía los ojos muy abiertos y ahora parecía estar experimentando más sensaciones a la vez que los últimos ochenta años de su vida, o quizás más.
Ginny no bajó el ritmo. Se movió más y más rápido. Más y más duro.
-¡Ohhhhhhhhhhhhhh! -ahora Dumbledore estaba boquiabierto y miraba al techo con los ojos muy abiertos, y se llevó una mano al pecho. Parecía estar sufriendo, como si tuviera un intenso dolor.
Ginny se preocupó. Aquello no parecía normal. La chica se detuvo y miró al director a los ojos, preocupada.
-¿Profesor?
Pero Dumbledore tenía los dedos clavados en su pecho. Estaba teniendo un ataque. Sus ojos se abrieron más y más, y de pronto quedaron fijos e inmóviles, en el techo.
-¿Profesor? -repitió Ginny, asustada.
Pero Dumbledore se puso lívido y uno de sus brazos cayó de lado, quedando colgando por fuera de la mesa.
Su cuerpo quedó relajado e inerte, y su cabeza cayó de lado.
Por un instante, Ginny se quedó allí, boquiabierta, sin comprender qué había pasado.
Y, entonces, empezó a gritar a los alaridos, con horror.
