Malfoy abandonó el despacho de Filch, caminando nervioso. Se pasó una mano por el cabello rubio, despeinándoselo. No parecía el de siempre. El pánico era visible en su rostro. Respiraba agitado, con sus ojos grisáceos claros muy abiertos, como con terror permanente. Con cada recodo que doblaba, parecía que cualquier cosa que apareciera ante él le daba un susto de muerte.

Se cruzó con unas chicas de segundo, y se pegó un salto tal que su cabeza dio contra una armadura. Las chicas lo miraron, y él, nervioso, echó a correr despavorido, hacia las mazmorras.

-¿Te follaste a Hagrid? -dijo Ron, atónito. Estaba con Ginny en un aula vacía del séptimo piso, a donde la había conducido para hablar en privado. Ella lloraba y asentía con la cabeza.

-¿Cómo es posible…? ¿Hagrid? -Ron no salía del asombro-. Si me dijeras otra persona, yo… lo molería a golpes. Pero, ¿Hagrid? -parecía no concebir la idea-. Pero si es un gran tipo. En todo sentido. No creo que él… ¿Fue voluntario?

-Sí, sí, lo fue -dijo ella, que estaba teniendo un ataque de nervios ante su hermano-. De hecho, yo medio como que, lo forcé

-¿Tú lo forzaste?

-Y también con Dumbledore…

-¡¿QUÉ?!

Ron quedó boquiabierto, sin dar crédito a sus oídos.

-Por no mencionar a Hermione.

El rostro de Ron se volvió pálido como el papel, mientras miraba a su hermana como si acabara de morir alguien, totalmente serio.

Harry abrió los ojos, muy despacio. Aún le dolía la cabeza, como si lo hubieran golpeado con una Bludger con todas las fuerzas. Vio que Hermione estaba a su lado, tendida en el piso. No podía moverse. Solo podía mover sus ojos. Aunque la luz era escasa, supo que estaban en alguna cámara de las mazmorras, por la forma de las paredes y el techo. ¿Cómo los habían llevado hasta allí? ¿Y quién…? Recordó la voz adulta y femenina que había oído al ser derrumbado por ese hechizo. La había oído antes, pero, ¿dónde?

Entonces lo recordó. Había oído esa voz un año atrás, en el pensadero de Dumbledore. Era la voz de aquella bruja desquiciada y malvada que se había proclamado leal a Voldemort incluso durante su juicio, antes de ser enviada a Azkaban.

Entonces, como si le hubiera leído la mente, un vestido negro ondeó delante de él y la vio: estaba allí, de pie a pocos metros de distancia, caminando por el suelo de roca de las mazmorras con unas botas negras con tacos. Su cabello negro enrulado caía sobre sus hombros. Llevaba un vestido negro con un pronunciado escote de encaje que mostraba gran parte de dos abultados pechos muy pálidos. De su cuello colgaba un collar con un diamante. Sus ojos negros eran fríos como el hielo y dejaban ver una chispa de locura.

Hermione, junto a él, abrió los ojos también. Su rostro estaba vuelto hacia el otro lado, y hacia el hombre, el mago, que la había arrastrado hasta esa cámara de las mazmorras, ocultos por el castillo.

Quiso gritar, al reconocerlo de inmediato, pero no pudo. El sonido no salía de su garganta. Solo podía mover los ojos. La habían petrificado, para que no pudiera moverse. El mago, de extremadamente baja estatura, la miraba inclinando la cara de lado, exhibiendo una sonrisa asquerosa tras su piel sucia, bajo sus ojitos llorosos y su nariz puntiaguda.

Malfoy bajó corriendo a las mazmorras. Necesitaba esconderse en su cuarto. Aquello era demasiado. Se había follado a Filch contra la pared de su despacho. Ya nada podía ser peor que eso. ¿A quién más se iba a tirar? Después de Potter, y de Filch, ¿qué iba a seguir?

Cerró los ojos, deteniéndose a mitad del pasillo. Se dio cuenta de que no podía volver a su sala común. Pansy Parkinson estaba ahí, y no dejaba de querer follar con él cada vez que lo veía, se había vuelto más alocada que nunca. No, lo mejor sería ir a otra parte, pero, ¿a dónde?

Oyó voces. Risas. Parecía que alguien reía de forma malvada en alguna de las cámaras de las mazmorras. ¿O era su imaginación? Decidió que debía ser su imaginación, por el estrés de todo aquello, se dio la vuelta y huyó de allí corriendo, de regreso al vestíbulo, sin saber dónde meterse para evitar follarse al primero que se le cruzara por delante.

-Ron, no sé en qué me he convertido -decía Ginny, sin dejar de llorar-. Quiero tener sexo, todo el día. No sé qué me pasa.

-No eres la única -admitió él-. No es tu culpa, Ginny. Es algo más grande que tú, o yo. Está pasando algo extraño en el castillo. No sé qué sea, pero no te sientas mal por las cosas que has hecho. Creo que todos están haciendo cosas igual de terribles…

-¡Dudo que alguna otra chica se haya cogido a Dumbledore y a Hagrid, Ron! -chilló, sin dejar de llorar-. ¡Dudo que alguna otra chica haya hecho algo tan terrible!

Hermione movía los ojos por toda la habitación, desesperada, en busca de alguna ayuda, pero no había nada. El hombrecillo delante de ella miró a Bellatrix, con una sonrisa endemoniada.

-¿Los matamos? -preguntó, frotándose las manos entre sí, como alguien ante un banquete que no sabe por dónde empezar a comer.

-No tan rápido, Pettigrew -dijo Bellatrix, mirando a Harry con sus ojos negros brillando y una sonrisa de dientes sucios-. Primero hay que disfrutarlo… gozarlo

-Sí, sí -dijo Pettigrew, muy emocionado. Si bien Harry no podía verlo en ese ángulo, le reconoció la voz, y su alma le cayó a los pies. Si conseguía librarse, lo asesinaría. La rabia crecía por su garganta con cada segundo, mientras comprendía lo que estaba pasando.

-Como habrás adivinado, Potter -dijo Bellatrix, sus tacos resonando por el suelo de la cámara-. Hemos aprovechado que tu gran amigo Dumbledore no está en el castillo… ni apto para luchar, por el momento… y hemos decidido venir por ti -lanzó una risotada malvada que hizo eco por las paredes de piedra de las mazmorras. Hermione abrió más los ojos, con el terror reflejado en ellos.

-Por fin, Potter -espetó Pettigrew, escupiendo al hablar y acercándose hasta quedar delante de él-. Soy yo, ¿me recuerdas? Mami y papi murieron por mi culpa. Y ahora tú también lo harás.

Ensanchó más su sonrisa, mientras Bellatrix abría mucho la boca en una risa que no tenía nada de gracia, más bien de pura locura.

-El Señor de las Tinieblas no quería que viniéramos, Potter -dijo la bruja, con un susurro malvado-. Quería matarte él mismo. Pero nos hemos adelantado. No podía contenerme. Sé que, aunque no nos haya permitido hacerlo nosotros mismos, estará más que satisfecho cuando vea tu cadáver a sus pies, por fin… -se relamió los labios, con una lengua como de serpiente.

-¿Has visto cómo estaban cuando los capturamos? -dijo Pettigrew, dando saltitos de la emoción-. Estaban cachondos, los muy sucios. A punto de hacer algo malo, ¿no es así? Qué travieso has resultado, Potter -se rió con su voz chillona.

-Creo que Pitty Potter ha desarrollado sus hormonitas -bromeó Bellatrix, riendo aún más fuerte-. Se me ocurren unas ideas muy interesantes, Pettigrew… Antes de matarlos, podríamos… divertirnos un poco con ellos… -se acercó a Harry, colocando un pie delante del otro, su vestido negro ondeando tras ella-. Creo que Potter no debería partir de este mundo sin sufrir un poco primero… por todo el daño que ha hecho. Mi especialidad es transformar el deseo sexual de un hombre en el más puro y terrible… sufrimiento.

-¡Sí, sí! -dijo Pettigrew, en un sobresalto de emoción. Bellatrix le lanzó una mirada furiosa y el mago se quedó quieto de inmediato, temeroso y temblando de miedo ante la bruja.

-Yo me encargaré de Potter -dijo ella, mirando a Harry con el rostro hacia abajo, la sonrisa de par en par-. Tú puedes tener a la sangre impura… Estoy segura de que no le vendrá mal un poco de sexo al mejor estilo mortífago a esa.

Hermione abrió todavía más los ojos, si eso era posible.

Draco corrió atravesando el vestíbulo. Iba a subir las escaleras de mármol, pero vio que un grupo de chicos muy atractivos de Ravenclaw bajaban por ellas, y entonces viró y se metió por el pasillo de la derecha, el que iba a las cocinas, corriendo. Sin saber dónde más ir, se metió en las cocinas, donde todos los elfos domésticos giraron sus rostros puntiagudos hacia él.

-Ho -Hola -dijo Draco, saludando con la mano con una sonrisita nerviosa. Entonces, la toga de uno de los elfos cayó al suelo, por la sorpresa de ver a un alumno allí, y Malfoy no pudo evitar dirigir sus ojos rápidamente al cuerpo desnudo del elfo.

-Mierda -dijo Malfoy, aterrado.

-Tranquila, tranquila -Ron rodeó a Ginny en brazos, que no dejaba de llorar. Estaban solos en aquella aula. Mientras abrazaba a su hermana con fuerza, toda la tristeza e ira que había sentido, su sentido protector de hermano, todo fue quedando atrás.

Porque, de pronto, una nueva sensación surgió desde el pecho de Ron. Su pene estaba levantándose, lentamente, bajo sus pantalones. Habían pasado muchos minutos desde que no tenía sexo con Lavender, y empezaba a sentir la necesidad.

Ginny, mientras lo abrazaba, con su cabeza apoyada en su pecho, empezó a experimentarlo también. Toda una serie de sensaciones trepaban por su pecho y bajaban por su ombligo. De pronto, hacía más calor en aquella sala.

Empezó a darle besos a Ron en el pecho, sin saber lo que hacía. Ron le acarició el cabello pelirrojo y le bajó la mano por la espalda, cada vez más abajo.

Empezó a darle masajes en el trasero, que estaba firme y parado. Bajó las dos manos a él y se lo apretó, acercándola a él, presionando el pene erecto contra ella. Ginny movía su pelvis contra él también, sintiendo el roce del tronco duro de su hermano, haciendo que la tela de sus túnicas rozara entre sí, mientras abría cada vez más las piernas.

Ron se apoyó contra la pared que tenía detrás, y Ginny lo empujó con suavidad. Él resbaló por la pared hasta caer sentado al suelo, con las dos piernas extendidas, y la chica se sentó arriba suyo.

Empezaron a besarse en los labios, labios que ardían del deseo y la necesidad. Ginny se movía arriba de él, al tiempo que Ron le quitaba la túnica y la dejaba con nada más que el sostén y el calzón que llevaba debajo. Ella le quitó también la túnica, por encima de la cabeza, quedando Ron en bóxers.

Ron apretó las dos grandes tetas de Ginny con las manos, por arriba de la tela del sostén, y sintió cómo ella se corría el calzón con la mano de lado, mientras metía la otra mano en su bóxer para sacar su duro pene hacia afuera, que de a poco dirigió dentro de ella.

Bellatrix lanzaba hechizos a Harry y Hermione, uno tras otro. Con cada hechizo que lo golpeaba, Harry se sentía más y más caliente.

-Con estos hechizos afrodisíacos, los dejaré en un estado de locura en el que no podrán evitarlo -dijo la bruja, riendo de forma desquiciada-. Aunque sus mentes quisieran hacerlos huir de aquí, o pelear contra nosotros, sus hormonas los impulsarán hacia una sola cosa: el sexo. Será tan patético, que lo disfrutaré demasiado. Y luego los mataremos, como los sucios cerdos que son.

Pettigrew reía, mientras Bellatrix agitaba su varita más y más. Cuando llegó un punto en el que Harry estaba tan caliente y necesitado de sexo que le caía espuma por la boca, la bruja les quitó los hechizos de parálisis.

Pettigrew y Bellatrix se quedaron de pie, apuntándolos con sus varitas, por si intentaban algo. Pero Harry y Hermione se pusieron de pie, apenas conteniendo el deseo que los atormentaba por todo el cuerpo, y no pudieron hacer otra cosa más que empezar a desabrocharse los pantalones y bajárselos, mientras respiraban con mucha dificultad, sintiéndose más calientes que en todos esos días que habían pasado, más que nunca.

Se formó una sonrisa de satisfacción en el rostro demente de Bellatrix.

-Excelente -dijo la bruja, abriendo su escote con las dos manos y rompiendo la tela. Sus enormes y pálidos pechos salieron hacia afuera, mostrando unos pálidos pezones más anchos de lo normal. Harry abrió los ojos de par en par y empezó a caminar hacia ella, quitándose la parte superior de la ropa. Junto a él, Hermione miró a Pettigrew y empezó a avanzar también hacia el mago. Aunque su cara no mostraba otra cosa que asco y horror, era como si sus hormonas la impulsaran hacia adelante, hacia el repugnante mago que ahora se desabrochaba el pantalón a toda velocidad, más nervioso que otra cosa, sin conseguir desabrochar su cinturón por los nervios.

Hermione sentía que aquel era el último hombre con el que quería hacer eso. Pero ya que Harry estaba yendo hacia Bellatrix, y no había nadie más, no tenía opción. El deseo era demasiado grande y urgente. No podía hacer nada más. Tratar de huir y buscar a alguien más para satisfacerla no era una opción, tardaría demasiado tiempo. Necesitaba calmarlo ahora, en este momento.

Fue hacia Pettigrew y se le lanzó encima. Empezó a besarlo mientras ella misma le desabrochaba por fin el cinturón, que él no había conseguido quitarse, y lo desnudaba.

Malfoy estaba de pie contra la pared de las cocinas, sudando. Su cuerpo temblaba y se sacudía por el autocontrol que estaba ejerciendo. No podía. No podía hacerlo. No podía follarse a los elfos de las cocinas. Aquello ya era demasiado. Pero tampoco tenía fuerzas para marcharse de allí. Necesitaba tener sexo en ese momento, y no se le ocurría ninguna forma de cumplir ese deseo que no involucrara a las pequeñas criaturas.

-¿Podemos ayudarlo, señor? -dijo una elfina que lucía especialmente servicial, yendo hacia él con una bandeja de comida-. ¿Se le ofrece algo de comer, señor? ¿Podemos satisfacerlo con algo?

Malfoy empezó a gritar, al tiempo que lloraba, por la desesperación. Los elfos lo miraron muy preocupados.

-El señor luce deshidratado -dijo uno de los elfos más cercanos, yendo a toda prisa hacia el enorme tanque de cristal de tres metros de altura donde se almacenaba toda la provisión trimestral de jugo de calabaza, abriendo una de las tantas canillas que salían de él y sirviendo varios vasos con la bebida. Se los ofreció, y Malfoy empezó a beberlos hasta el fondo, deseando que la bebida fría calmara sus ansias.

Pero, con cada vaso, el deseo crecía más en él. Más y más. Creció tanto, pero tanto, que luego del tercer vaso los ojos de Malfoy se pusieron rojos, inyectados en sangre.

Necesitaba follar. Ya.

Ron puso a Ginny en cuatro patas, sobre el piso. Se colocó tras ella, ambos completamente desnudos ahora, y la penetró por detrás, lanzando exclamaciones de placer mientras le erguía el firme y tonificado trasero. Ante él estaba el enorme trasero de su hermana, más allá la delgada forma de su espalda desnuda, y más allá su cabellera pelirroja, que caía sobre el suelo, y de donde provenían los gemidos de placer de la chica.

Hermione y Pettigrew estaban desnudos. La chica lo follaba a él, que estaba quieto e inmóvil, paralizado y temblando de los nervios y el temor, mientras Hermione se movía contra él, haciendo que la penetrara, aplastando al mago, que era más bajito que ella, contra la pared. Junto a ellos, Harry besaba con locura los pechos de Bellatrix, que sobresalían sobre su escote roto.

Bellatrix bajó la cabeza de Harry con sus dedos de uñas largas y negras. Se levantó el vestido por encima del abdomen, y Harry vio bajo este una delgadísima ropa interior negra, que la bruja bajó hasta el suelo, haciéndola caer por sus zapatos de cuero. Bellatrix presionó la cabeza de Harry contra su vagina con mucha fuerza, forzándolo a chupársela, mientras con la varita le quitaba toda la ropa, dejándolo desnudo.

Finalmente, Pettigrew decidió tomar una iniciativa. Levantó con mucho esfuerzo a Hermione, por las piernas, ya que era más alta que él, y la llevó hasta una mesa llena de objetos de cristal. Los tiró todos al suelo, provocando que el suelo se llenara de vidrios rotos, y la puso boca arriba en ella.

Hermione respiraba agitada, desnuda sobre la mesa, sus pechos desnudos alzándose con su respiración entrecortada, iluminados por la tenue luz de unas pocas velas en la pared, mientras Pettigrew se ponía de pie contra ella, al borde de la mesa, tiraba de sus dos piernas y movía su pequeño y gordo pene por los bordes de su vagina, hasta que finalmente logró meterlo dentro, torpemente. Hermione se chupó dos dedos y se los pasó por el clítoris para estimularse a ella misma, poniendo los ojos en blanco, y se tocó un pecho con otra mano.

Harry salió de debajo del vestido de Bellatrix. La bruja se desvistió por completo y Harry vio que sus muslos eran enormes y pálidos. Tenía unas curvas muy pronunciadas, y sus caderas se le hacían tan provocativas que necesitaba apretarlas en ese momento.

Pero Bellatrix tenía planes más trastornados. Sacó una daga del bolsillo de su caído vestido, y empezó a acariciar la cara de Harry con la daga, mientras lo miraba con psicosis a los ojos.

-No cualquier hombre consigue satisfacerme, Potter -le susurró al oído, sus labios rozando su oreja-. Te daré una pequeña oportunidad… Pero con cada error que cometas, un miembro de tu cuerpo será arrancado y caerá al suelo…

Harry, en otro contexto, hubiera temido ante tal advertencia. Pero, en ese momento, solo quería embestirla contra la pared, y eso hizo. Tomó las caderas de Bellatrix, la empujó contra la pared y hundió su pene dentro de ella, sin importarle el peligro, moviéndose con rapidez hacia atrás y hacia adelante, acariciando su piel al tiempo que la besaba en los labios, hundiendo los dedos en los negros rulos en su cabeza, y disfrutando con todo su ser cada segundo.

Sintió que la daga se hundía en su cuerpo, y abrió los ojos de par en par. Vio los ojos de Bellatrix brillando ante él, con maldad. Bajó la mirada, y vio que la afilada daga de la bruja le había hecho un corte profundo en una pierna.

Ella no dijo nada. Se limitó a reír, con sus dientes sucios delante de él, y sacó la lengua. Harry se la chupó, se acercó más a ella y volvió a embestirla con ganas, ignorando el dolor en su pierna, que ahora sangraba.

Pettigrew también sangraba ahora, pero porque el idiota había pisado uno de los vidrios rotos de los objetos que había tirado él mismo fuera de la mesa donde tenía sexo con Hermione, estando descalzo. Hermione se sentó en la mesa, atrajo la cara del mortífago hacia la suya y lo besó en los labios, al tiempo que se movía más rápido, obligándolo a que la penetrara más deprisa, la carne de sus muslos golpeando contra la de él.

Malfoy tomó una decisión: pasara lo que pasara, no tendría sexo con los elfos. Se apuntó con la varita a sí mismo, en un momento de locura. Si no podía contenerse, se aplicaría a sí mismo un maleficio que lo dejara inconsciente en el suelo, la suficiente cantidad de tiempo para que se le pasara la sensación.

Pero entonces, cuando estaba por hacerlo, fue que la vio: sobre una de las tablas de cocina, esperando a que alguna de las criaturas la cortara, había una brillosa y madura manzana verde, idéntica a aquellas que a él mismo le gustaban tanto, y que se la pasaba comiendo durante distintas clases y horas libres.

Temblando de pies a cabeza, Malfoy se acercó a la manzana. La tomó y la levantó hasta la altura de sus ojos, que estaban desorbitados, el sudor cayendo por su frente. La manzana se veía tan madura, brillosa, perfecta, como si nadie la hubiera tocado antes.

Lentamente, el muchacho bajó la manzana mientras se bajaba el pantalón, ante la mirada atónita de todos los elfos.

Hundió un dedo en la manzana, provocando un hoyo en ella. Sacó su pene afuera, que estaba durísimo, y lo dirigió hacia la manzana. Lo metió despacio por el agujero que había abierto en ella, apoyó la fruta contra el costado de un mueble de cocina y lentamente metió y sacó su miembro fuera de la manzana, sintiendo el jugo de la fruta chorreando por sus testículos que ardían en llamas.

Ginny ahora estaba acostada boca arriba, sus tetas bailando mientras Ron la embestía con fuerza, sus dos piernas sobre sus hombros. La chica se chupó los dedos y se los pasó por los pezones, que se le pusieron duros, buscando sentir humedad en cada parte de su cuerpo. Ron se inclinó hacia abajo y se los chupó el mismo, recorriendo con la lengua la dura carne de los pezones y abriendo la boca para meterse un pecho entero de la chica en la boca, mientras su pene entraba y salía de su vagina una y otra vez, haciendo chorrear los líquidos sexuales de la pelirroja sobre el suelo bajo ellos.

Al mismo tiempo, Harry tenía a Bellatrix de espaldas contra la pared, su trasero erguido hacia atrás, y él entrando en ella mientras le sostenía la cabeza hacia adelante, con su cabello negro lleno de rulos agitándose violentamente, porque la bruja hacía leves intentos, más jugando que otra cosa, de soltarse del agarre de Harry para apuñalarlo, moviendo el brazo con el que sujetaba la daga hacia atrás. Harry tenía que esquivar la filosa daga mientras penetraba a la bruja, y en un momento esta le rozó todo el pecho, dejándole una línea roja brillante que iba desde un extremo del torso al otro.

Por el rabillo del ojo, vio que Pettigrew, que había empezado con un rol pasivo, volviéndolo más y más activo a medida que pasaba el tiempo y ganaba confianza y dominación sobre la situación, enloquecía completamente: El mago tomó a Hermione del cabello, la tiró de la mesa con violencia y arrastró su cuerpo desnudo varios metros por el piso, por el cabello. La chica chilló de dolor, pero Harry no podía siquiera concebir la idea de ayudarla. Necesitaba penetrar a Bellatrix, no tenía alternativa, y si no se concentraba en esquivar la daga esta acabaría haciéndole una herida mortal.

Hermione, además, no pareció preocuparse demasiado de este maltrato hacia ella. Cuando Pettigrew se le puso encima, en el suelo, con la carne y los rollos grasosos sobre su cara, la chica le condujo ella misma el pene hacia su boca, tomándolo de los muslos. Pettigrew quedó boca abajo sobre ella, con la pelvis a la altura de su cara, y empezó a penetrarla en la boca como si estuviera teniendo sexo con ella bajo él de forma normal, pero en su cara.

Harry se quedó mirando lo que Pettigrew hacía más tiempo del que debió, porque de pronto sintió que la daga de Bellatrix se hundía en su hombro, y lanzó un alarido de dolor que retumbó por todas las paredes de las mazmorras. Harry tambaleó hacia atrás, a pesar de que hubiera preferido seguir teniendo sexo con la bruja, y esta se dio vuelta y se lo quedó mirando, riendo con locura.

-¡Siéntelo, Potter! -dijo Bellatrix, caminando hacia él y arrancándole la daga del hombro de un tirón, haciendo que un chorro de sangre le saltara en la cara a ella misma. La bruja quedó con el rostro cubierto de la sangre de Harry, aún sonriendo con locura y relamiéndose la sangre de los labios, con su lengua larga. -¿Te gusta, Potter? ¿Te gusta que te apuñale? -estaba completamente loca.

-Me gusta que me apuñales -dijo Harry, más loco aún, que solo quería meterse dentro de ella otra vez, sin poder contener la urgencia.

-Dime que tu madre era una puta, y te dejaré tocarme un pecho -dijo Bellatrix, de pie ante él, masajeándose su propio pecho y bajando la boca para lamerlo, mientras clavaba los ojos en Harry.

-Mi madre era una puta -dijo Harry, con sus dos ojos fijos en ella. No pudo evitarlo. Bellatrix empezó a reír, y entonces se acercó a él y le puso una mano sobre su pezón, que Harry acarició con delicia.

Bellatrix volvió a besarle una oreja, hablándole en un susurro muy bajo en ella, mientras acariciaba los glúteos del chico con su filosa daga.

-Ahora dime que me das permiso para acuchillar a la sangre impura de tu amiga en este momento, hasta matarla, y te dejaré penetrarme un par de veces antes de hacerlo.

Harry cerró los ojos con fuerza. Respiró muy agitado. Quiso contenerse, pero no podía. Todos esos hechizos que le había echado la bruja lo habían puesto en un estado de calentura tal que no le importaba más nada en todo el mundo. Solo podía pensar en follársela, y en nada más.

-Tienes mi permiso para acuchillar a Hermione hasta la muerte -dijo Harry, poniendo las dos manos en las desnudas caderas de la bruja.

Bellatrix rió con más fuerza, subió el brazo y, con la daga, le hizo un corte a Harry desde la frente y por encima del ojo contrario al que estaba bajo su cicatriz, creándole una nueva cicatriz en la cara, una línea recta que bajaba por su frente, a través de su ceja y de su ojo, bajando hasta la mejilla.

-El Señor de las Tinieblas te hizo una con forma de rayo -le dijo, con una locura total-. Yo te haré una con forma de palo. O, como lo miro yo, con forma de pene. Ya tienes permiso para penetrarme, Potter.

Harry hundió su miembro en ella y sintió que la excitación y el placer aumentaban. La tomó con fuerza del trasero y empezó a penetrarla más y más, con todas las ganas. Si iba a morir, iba a disfrutarlo tanto como fuera posible primero.

Mientras tanto, Pettigrew penetraba la boca de Hermione, que sentía el corto pene del mago contra su paladar, mientras veía su gordo trasero a centímetros de distancia. Pettigrew lanzaba gemiditos de placer, moviéndose y sacudiéndose sobre ella como una rata enloquecida.

Malfoy cambió de posición y empezó a penetrar a la manzana por detrás, abriéndole un nuevo agujero del otro lado. Lanzaba sonidos sexuales y ponía los ojos en blanco, con todos los elfos mirándolo boquiabiertos y escandalizados. Una elfina cayó desmayada al suelo.

Ron ahora estaba de pie ante Ginny, que acababa de tener un orgasmo impresionante, y ahora la chica estaba de rodillas ante él, mirándolo a los ojos desde abajo. Ron se masturbaba frente a su cara. Ginny tenía la boca abierta, y pronto chorros de semen de su hermano empezaron a salpicarle dentro de la boca. La chica se chupó los dedos mientras lo miraba de forma provocativa, el líquido blanco chorreándole por los labios y el mentón.

Harry acabó. Sintió cómo eyaculaba dentro de Bellatrix, y vio que la bruja ponía los ojos en blanco, estremeciéndose por completo también. Entonces la bruja lo empujó hacia atrás, y Harry cayó al suelo, boca arriba.

-Ahora verás un espectáculo lleno de sangre, Potter -le dijo, con el brillo de locura en sus ojos-. ¡Dile adiós a la sangre impura! ¡JA JA JA JA JA!

Empuñó su daga en alto, le dio la espalda, y Harry vio a ese trasero grande de mujer madura caminar hacia Hermione, que estaba desnuda boca arriba, con el trasero de Pettigrew en la cara.

Bellatrix se acercó a la pareja y le dio una patada con fuerza a Pettigrew, que se cayó para adelante y empezó a rodar por el suelo, como una bola asquerosa de carne, dejando a Hermione sola.

La chica respiró agitada, recobrando el aliento, mientras sus ojos se clavaban en Bellatrix, que estaba desnuda sobre ella con la daga en alto.

-Una sangre impura menos -dijo Bellatrix, riendo.

Entonces, empezó a bajar la daga con fuerza hacia Hermione, al tiempo que se agachaba. Hermione se quedó petrificada, y supo que lo último que vería antes de morir sería el rostro de la bruja más trastornada que hubiera conocido nunca, sobre ella.

Pero cuando Bellatrix bajó su mano y la hundió en el cuello de Hermione, no sintió ninguna daga filosa hundiéndose en su piel. ¿Qué había pasado?

Entonces Hermione giró la cara, y vio que Harry estaba de pie detrás de Bellatrix, desnudo también, pero con el rostro serio y la daga de Bellatrix en la mano. Se la había quitado en el momento exacto, para impedir que la apuñalara.

Confundida, Bellatrix giró la cabeza hacia atrás, y en ese momento Harry hundió con fuerza la daga en el cuello de ella. Tambaleándose hacia atrás, Bellatrix tropezó hacia la pared que estaba tras ellos, con Harry teniendo el brazo aún extendido con la daga en la mano, mirándola con furia. Cuando llegaron a la pared, Harry sacó la daga y un gigantesco chorro de sangre salpicó del cuello de Bellatrix, empapando a Harry de pies a cabeza. La bruja cayó inconsciente al suelo junto a la pared, con un agujero que no dejaba de sangrar en su cuello.

Hermione tenía los ojos desorbitados. Aquello era lo más traumático, espantoso, violento y terrible que le hubiera pasado en toda su vida. Harry ahora levantaba la varita de Bellatrix del suelo, en el preciso momento en que el aterrado Pettigrew corría para recuperar la suya, que estaba en el suelo, cerca de Hermione; y ahora Pettigrew volaba en el aire, por el hechizo de Harry, chillando como loco, hasta que su cuerpo impactó contra una armadura de un caballero que sostenía una espada, en un costado de la sala, y la espada de la armadura le atravesaba el cuerpo por la espalda, saliendo la hoja por su pecho, llena de sangre. Pettigrew quedó clavado en la armadura, sus ojitos llorosos pronto perdiendo el conocimiento y quedando inmóviles.

Había muerto.

Harry bajó la barita, respirando agitado.

Hermione se sacudía y temblaba de terror. Harry estaba chorreando sangre por todo el cuerpo, tanto de Bellatrix como suya. Hermione se abrazó a sí misma y las lágrimas cayeron por su rostro, mientras miraba el cuerpo de Bellatrix, que estaba moribunda, pero que en ese momento consiguió suficientes fuerzas para abrir los ojos una última vez y dirigirlos a ellos.

Harry también la miró, con miedo.

Para sorpresa de ambos, Bellatrix rió.

-Creen que han ganado -dijo, riendo como desquiciada, mientras moría lentamente-. No han ganado nada… El… El Señor de las Tinieblas… Mi amo… Mi amado amo… Vendrá por ustedes

Hermione miraba a Bellatrix con los ojos desorbitados.

-Sabe que Dumbledore no está… -siguió diciendo Bellatrix, en agonía-. Y vendrá… Los matará… A todos ustedes… Los matará a todos

Harry respiraba agitado, con una mano en su pecho, sus ojos muy abiertos por el horror.

-Pero antes de matarlos… -dijo Bellatrix, a instantes de morir. Y entonces pronunció sus últimas palabras: -Antes de matarlos… Se los va a follar a todos.

Y cayó de lado, muerta.