Hermione se despertó con muy mala cara. Salió de la cama y se refregó los ojos mientras miraba un rayo de luz del sol entrando por la ventana del dormitorio de las chicas de quinto y alumbrando las otras camas. Parvati dormía con una pierna cayendo por un lado de la cama. Lavender roncaba sonoramente. Aun era muy temprano. Lucían destruidas todas, como si acabaran de regresar de una fiesta que hubiese durado toda la noche.
Se vistió rápidamente y salió del dormitorio. Bajó las escaleras de caracol que conducían a la Sala Común y trató de no entretenerse demasiado allí. Porque todos, incluso los pocos con los que se encontró allí abajo a esa hora de la mañana, lucían extraños. Había dos chicos de séptimo sentados en los sofás junto al fuego hablando en murmullos, contándose algo que parecía muy serio, y cuando la vieron bajar alzaron la mirada de inmediato hacia ella.
¿Qué les pasaba? ¿Qué rayos miraban? Les dirigió una mala cara y salió por el orificio del retrato tan rápido como pudo. Su corazón latía más acelerado de lo normal mientras bajaba las escaleras de los diversos pisos del castillo hasta el Gran Salón. Todo el castillo parecía raro. La gente no lucía como siempre. Todos estaban alterados, nerviosos, excitados…
Cuando llegó a la mesa de Gryffindor y se sentó en ella, tuvo la súbita impresión de que ella era la única persona normal en todo el castillo. Hasta en la mesa de profesores reían todos atontados. Hasta McGonagall se abría la blusa y se pasaba la lengua por los labios de una forma sensual que jamás le había visto antes de que empezara todo aquello, mientras tomaba su desayuno.
De alguna forma, se dio cuenta, ella se había hecho inmune. Inmune a toda la locura que estaba teniendo lugar allí. Por un lado, era un alivio, saber que no le pasarían más aquellas cosas traumáticas a ella. Pero, por el otro, era aún más terrible ver aquellos comportamientos en todos sus compañeros estando fuera de la locura, que dentro. Le daba vergüenza ajena. En la mesa de Ravenclaw, Cho Chang estaba chupando una salchicha del desayuno metiéndosela en la boca de forma sensual y sacándola, para luego chuparla de vuelta, como si se tratara de un pene… ¿Qué rayos pasaba?
Distraída, empezó a desayunar. No quería faltar a más clases, pero decidió que, si ella era la única normal, tenía que hacer algo. Tenía que ir a la biblioteca y continuar investigando. Tenía que encontrar qué era lo que pasaba allí. ¿Sería algún encantamiento? ¿Algún hechizo que alguien había lanzado sobre el castillo?
Recordó que, luego de haber estado bebiendo solo agua y comiendo solo menús livianos, a partir de ese día ya podía alimentarse de la forma habitual, según Madam Pomfrey. Por suerte, porque estaba famélica. Se sirvió una buena cantidad de salchichas, tocino y huevos. Y se sirvió un rebosante vaso de jugo de calabaza, que bebió con ganas.
Crookshanks salió de debajo de la mesa y saltó sobre ella, sorpresivamente.
-¡Crookshanks! -exclamó la chica, sobresaltada-. Me asustaste.
Inclinó su vaso y le dio jugo de calabaza. Al gato le encantaba, y con frecuencia se aparecía en el Gran Salón para que ella le diera un poco de la bebida, o de la comida del desayuno. Luego de beber, el gato pareció muy emocionado y salió corriendo a toda velocidad por el Gran Salón, hacia el vestíbulo.
Aparecieron Harry y Ron. Bajó la mirada de inmediato a su comida, pero notó por el rabillo del ojo que Harry se acercaba muy entusiasmado, y Ron algo nervioso.
-¡Hermione! -exclamó Harry, al tiempo que se acercaba a la mesa-. ¡Qué bueno verte aquí, ya recuperada! ¿Estás bien?
-Sí -se limitó a contestar ella, con frialdad, sirviéndose más tocino. Ron la saludó de forma tímida y se sentó del otro lado de Harry. Aún estaba incómodo con ella porque, a diferencia de Harry, no había vuelto a hablarle luego de la clase de Binns.
Harry no pudo dejar de notar que la chica evitaba su mirada mientras apuraba su comida y su bebida a toda velocidad, como queriendo marcharse de allí.
-¿Segura que estás bien? -le preguntó, suspicaz.
-Excelente -dijo ella con aún más frialdad, frunciendo la nariz como si hubiera olfateado algo desagradable.
-No lo parece… -empezó Harry, entornando los ojos mientras la miraba, ahora convencido de que algo le pasaba a la chica.
-Tú sí te ves excelente -dijo ella en tono suspicaz, bebió todo el resto de su vaso de jugo de calabaza de un tirón y se giró en el asiento, enfrentándolo-. Estás muy en forma, Harry. No pude evitar notarlo cuando te vi ayer, en la biblioteca -enfatizó, con notable tono sarcástico-. Buenos músculos.
Se dio unas palmaditas en su brazo de forma totalmente seria, mientras lo miraba con profunda rabia, poniéndose de pie hecha una furia y marchándose de allí a grandes zancadas.
-¿Qué fue eso? -preguntó Ron, viendo a la chica marchándose furiosa, sin comprender qué había pasado.
-Oh, rayos -Harry se dio una palmada en la frente-. La biblioteca… Debe haberme visto con Luna.
-¿Con Luna?
-Sí, ayer, bueno… Luna y yo… tú sabes… en la biblioteca.
-¿Y por qué Hermione habría de enfadarse por eso? -preguntó Ron, poniendo una cara que a Harry no le gustó nada.
-Bueno… ehh… yo… bien, será mejor que te cuente.
Le contó que, luego del ataque de los mortífagos, se había besado con Hermione en la enfermería.
-¿Estaban bajo los efectos de esta cosa rara que nos está pasando a todos? -preguntó Ron, de inmediato.
-No… creo que no -dijo Harry, pensativo-. Creo que por eso está furiosa. Porque, de alguna forma, en ese momento estábamos normales. Fue algo… auténtico, digamos.
La cara de Ron cambió por completo, poniéndose roja. Harry empezó a sentirse incómodo, al ver que sus temores se hacían realidad lentamente.
-¿Tú y Hermione…? -empezó Ron, tartamudeando. Harry no dijo nada. Lo miró con los ojos muy abiertos.
Pero la cara de Ron dejó atrás esa sorpresa y shock inicial rápidamente, adoptando ahora una nueva expresión de consternación, que no duró mucho antes de transformarse en lo peor: sus ojos se entornaron, se clavaron fijamente en Harry, y su cara se contorsionó. Harry solo lo había visto así en una ocasión, al ser elegido para participar en el Torneo de los Tres Magos, y sabía que esa cara no auguraba nada bueno…
-Ya veo -dijo Ron, asintiendo lentamente. No había tocado su desayuno. Ron, que solía tragar comida a toda velocidad sin prestar atención a nada más hasta terminar, no había siquiera tocado su plato. Las malas señales crecían en la cabeza de Harry como una alarma haciendo luces y resonando de forma ensordecedora. -Así que así va a ser… -dijo, en un susurro cargado de cólera.
-¿A qué te refieres? -preguntó Harry, haciéndose el tonto.
-Tú y Hermione. A eso me refiero.
-No lo sé, ya la has visto, está bastante enojada. Pero, si no fuera así… ¿qué problema habría?
Para sorpresa y horror de Harry, Ron sonrió. Pero no era una sonrisa agradable. No podía estar más lejos de resultar agradable.
-Como te encanta robarme todo lo que es mío, ¿verdad, Harry?
Harry abrió grandes los ojos.
-¿Perdón?
-Simplemente no puedes tolerar que una vez en la vida yo sea el ganador de algo. ¡OH, NO! Tú, HARRY POTTER, tú siempre tienes que ser el campeón, ¿verdad? -estaba que explotaba de furia-. El que se lleve la gloria, ¡siempre!
-Ron -dijo Harry, con seriedad-. Perdón, pero no te entiendo. ¿En qué momento Hermione fue tuya?
-¡JÁ! -lanzó él, de una forma llena de ira que no tenía nada de gracia-. Bien, Harry. Ya está. No tienes que decir más nada. Todo me queda clarísimo.
-¡NO, EN SERIO! -estalló Harry, de pronto enfureciéndose también. Varias personas en la mesa de Gryffindor se volvieron hacia ellos, al ver que levantaban la voz. -¿Acaso es tu novia, o algo así? ¡PORQUE YO NO ME HE ENTERADO!
-El simple hecho de que aún no se lo haya pedido, no significa que…
-¿Qué, Ron? ¿La tenías reservada, o algo así? ¡LA CONOCES HACE CINCO MALDITOS AÑOS! ¿Cuánto tiempo querías esperar? ¿Hasta el final de séptimo año, cuando ya termináramos el colegio? ¡PUES DISCÚLPAME POR NO SER UN LENTO COMO TÚ! ¡Pero si ella está libre, entonces…!
-¡VETE A LA MIERDA! -le gritó Ron, su voz haciendo eco por todo el Gran Salón. Todos se quedaron en silencio, en las cuatro mesas. McGonagall dejó de sonreír y giró su cara hacia ellos, asustada. -¡VETE A LA MIERDA, HARRY! -repitió Ron, poniéndose de pie. Tomó su vaso de jugo de calabaza y se lo arrojó en la cara, empapándolo y dejándole el cabello pegajoso sobre la frente.
Harry lucía estupefacto. No se había esperado ese ataque.
-Tú vete a la mierda -dijo Harry, entre dientes-. ¡¿ACASO NO ESTABAS DE NOVIO CON LAVENDER, IMBÉCIL?! -gritó, y la aludida alzó la mirada con miedo desde el otro extremo de la larga mesa, como temiendo que le arrojaran un vaso de jugo también a ella-. ¡¿CUÁL ES TEMA CONTIGO AHORA?! ¿QUIERES QUE HERMIONE SIMPLEMENTE TE ESPERE MIENTRAS TE FOLLAS A TODAS LAS QUE TÚ QUIERAS, DISFRUTES DE LA ADOLESCENCIA, Y LUEGO, AL FINAL DE SÉPTIMO AÑO, SIENTES CABEZA CON ELLA PARA FORMAR UNA FAMILIA, LUEGO DE HABERTE DIVERTIDO TODA LA JUVENTUD, FOLLÁNDOTE A TODO EL COLEGIO? ¡IMBÉCIL!
Seamus, a mitad de la mesa, oía la discusión con muchísima atención mientras se llevaba una salchicha rebosante de salsa a la boca, como si estuviera mirando una película interesantísima y comiera distraídamente mientras tanto.
-¡YA DEJA DE FINGIR, HARRY! -gritaba Ron ahora-. ¡TÚ SOLO QUIERES TENER TODO LO MEJOR PARA TI, SIEMPRE! ¡NO TE ALCANZA CON SER UN CAMPEÓN DE QUIDDITCH, OH NO! ¡TÚ TAMBIÉN TENÍAS QUE SER UN CAMPEÓN DEL TORNEO PARA EL QUE NI SIQUIERA TENÍAS EDAD PARA ANOTARTE…!
-¿OTRA VEZ CON ESO, RON? ¡PERO SI YA VISTE QUE FUE EL IMBÉCIL DE OJOLOCO EL QUE PUSO MI NOMBRE EN EL CÁLIZ!
Ojoloco, en la mesa de profesores, se llevó un sándwich a la boca mientras asentía amargamente, como dándole la razón. Todo el Gran Salón los escuchaba con atención.
-¡DA IGUAL! -gritó Ron-. ¡AÚN SI NO FUISTE TÚ, ERA OBVIO QUE IBAS A ACABAR PARTICIPANDO! ¿CUÁNDO TE PIERDES UNA OPORTUNIDAD DE AUMENTAR TU FAMA? ¡SIEMPRE TIENES QUE SER LA ESTRELLA DE TODO! ¡ERA OBVIO QUE, SI HABÍA UNA CHICA LINDA E INTELIGENTE, QUE FUERA LA MEJOR DEL COLEGIO, LA IBAS A QUERER PARA TI! ¡SIEMPRE TODO LO MEJOR TIENE QUE SER PARA TI! ¡PERO NO TE DEJARÉ QUE ME QUITES LO QUE ES MÍO!
-Bueno, yo le doy la razón en algo -le murmuró Dean a Seamus al oído-. Es cierto que Harry siempre tiene que ser la maldita estrella de todo, ¿quién se cree que es?
-¿LO QUE ES TUYO? -gritó Harry-. ¿HERMIONE ES UNA COSA PARA TI, ENTONCES? ¿UN OBJETO? ¡NO ME EXTRAÑA QUE ME HAYA BESADO A MÍ Y NO A TI, ENTONCES! ¡SABE DISTINGUIR A UN IDIOTA CUANDO LO TIENE DELANTE!
-¡VETE AL CARAJO, IMBÉCIL DE MIERDA!
-¡CHÚPAME LOS HUEVOS, RETRASADO!
-Quizás deberíamos intervenir, ¿no cree, profesora? -susurró el profesor Flitwick a McGonagall, en la mesa de profesores. Pero esta miraba la discusión mientras comía una salchicha con mucha atención.
-¡Chssst! -le chistó, llevándose un dedo a los labios-. Estoy esperando la parte en que Weasley se victimice por ser pobre…
-¡TÚ SOLO PRETENDES HACERME VER INFERIOR PORQUE SOY POBRE! -chilló Ron, con todas sus fuerzas, dándole un manotazo a un plato, que voló por los aires y se estrelló contra el piso.
-¡Ahí estuvo! -McGonagall lanzó una risita, fascinada, mirando a Flitwick de reojo.
-¡YA DEJA DE HACERTE LA VÍCTIMA, RON! ¡SI TU ÚNICO ARGUMENTO PARA QUERER A HERMIONE ES QUE ERES UNA POBRE VÍCTIMA QUE NO PUEDE OBTENER NADA DE LO QUE QUIERE, ENTONCES SOLO ME DAS LA RAZÓN A MÍ! ¡PORQUE HERMIONE MERECE ALGO MEJOR QUE UN PATÉTICO PERDEDOR QUE SE LAMENTE DE SU MISERIA TODO EL TIEMPO! ¡ME DAS LÁSTIMA! ¡PERDEDOR!
Eso fue demasiado. Ron se lanzó sobre él, con el puño en alto, y le encajo una trompada con todas sus fuerzas en la mandíbula. La cara de Harry giró hacia el lado opuesto y salpicó sangre sobre toda la mesa de Gryffindor.
-¡Uuuuhhhhhh! -gritaron todos, haciendo muecas de dolor.
Harry respondió enseguida. Levantó una pesada jarra de vidrio que había quedado vacía y se la partió por la cabeza con fuerza, haciendo que los trozos de vidrio llovieran sobre todo el suelo.
-¡Uuuuuuuuuuhhhh! -repitieron todos en el salón aún más fuerte, con una mueca de dolor más pronunciada.
-Ahora sí deberíamos intervenir -opinó Flitwick, preocupado.
-Sí, sí, un momento -le dijo McGonagall, mirando a los dos chicos mientras se llevaba un trozo de tocino a los labios.
-¡MALDITO… COME MIERDA…! -Ron estaba encima de Harry, tratando de ahorcarlo con un brazo. Pero Harry lo sostenía con fuerza de la cara, la sangre chorreando por su mentón. -¡MEJOR… YA VETE… DE ESTA ESCUELA… EN "CORAZÓN DE BRUJA" NO PIDEN TÍTULO DE HOGWARTS PARA TRABAJAR…!
Seamus y Dean rieron ante ese comentario, sonriéndose entre sí y asintiendo.
-¡TÚ NI TE MOLESTES EN TERMINAR…! -gritó Harry, luchando para sacárselo de encima-. ¡DE TODAS FORMAS NUNCA SALDRÁS DE LA POBREZA!
Cho Chang miró a Marietta, a su lado, con toda la cara arrugada y sacando trompa, como indicando que aquello había sido un golpe bajo.
-Bueno, sí, mejor ya los separamos -dijo finalmente McGonagall, poniéndose de pie junto a Flitwick. Pero se le acercó al oído y añadió: -Ya está empezando a aburrirme.
Hermione caminaba a pasos largos por los pasillos del tercer piso. No sabía a dónde ir. Aquello era lo más extraño que le hubiera pasado en Hogwarts. Tenían clases, pero no quería ir. No podía ver a todo el mundo con esas actitudes. Tampoco podía ir a investigar a la biblioteca, porque era el lugar más probable para que Harry fuera a buscarla si quería hablar con ella, y ella no quería hablar con él. No le interesaba en lo más mínimo hablar con él, ni con nadie.
Solo quería estar sola y que todo eso se terminara. Porque lo peor de todo era que, dentro suyo, empezó a sentirlo. De hecho, ya había empezado a sentirlo en el Gran Salón, y fue uno de los motivos por los que decidió marcharse enfurecida, además de lo obvio. Dentro suyo, el deseo estaba creciendo otra vez.
¿Por qué? ¿Por qué el sentimiento la había abandonado un día completo, un maravilloso día, pero ahora regresaba?
Entonces oyó algo. Se detuvo. Había alguien llorando. Lo oía en uno de los baños de hombres. La persona lloraba muy fuerte, y se podía escuchar el sonido desde allí.
¿Acaso… se trataría de alguien que se sentía como ella, hasta hace un rato, al menos? ¿Perdido, en un castillo lleno de personas fuera de sí mismas?
Se acercó a la puerta y espío adentro, despacio. No llegaba a distinguir quién era. Era algún estudiante, apoyado sobre el lavamanos, de espaldas, con la cabeza gacha. Lloraba sobre el lavatorio.
Hermione decidió entrar.
El muchacho no la oyó. Cuando ella estuvo a pocos pasos de él, caminando muy lentamente, alcanzó a ver el reflejo de su cabello cayendo sobre su cara, en el espejo. El solo color y tono de su pelo fueron suficientes para que lo reconociera. Y entonces dudó. Pensó en irse, pero fue demasiado tarde: el chico pronto había levantado la cara, y al verla reflejada en el espejo se dio vuelta con brusquedad y sacó su varita, amenazadoramente.
-¡Detente! -dijo Hermione, dando un paso atrás.
-¡¿Qué estás haciendo?! -le espetó Malfoy, enfurecido. Pero aún le caían un par de lágrimas por la cara, que se apresuró a limpiar con la manga de su camisa blanca.
-Lo siento, te oí…
-¡¿QUÉ MIERDA TE CREES QUE HACES METIÉNDOTE EN UN BAÑO DE HOMBRES, GRANGER?! ¡VETE DE AQUÍ!
Hermione le lanzó una mirada extraña y dio un paso atrás, pero no se fue. La sensación estaba creciendo dentro de ella, y cada vez era más consciente de eso.
-No tiene sentido que lo niegues. Te oí llorar.
-¡VETE DE AQUÍ, ASQUEROSA SANGRE SUCIA, ¿TÚ QUÉ SABES?! ¡LARGO!
-Métete los insultos donde te quepan, Malfoy, pero quizás algún día madures y puedas mantener una conversación sin llamar sangre sucia a la otra persona. Y ese día, quizás, alguien se apiade de ti y te ayude con lo que sea que te pasa.
Se dio la vuelta, pero Malfoy se le acercó, sin dejar de gritar.
-¡JAMÁS LE PEDIRÍA UN CONSEJO A UNA SANGRE SUCIA COMO TÚ, ¿ME OÍSTE?! ¡SOLO ESO ME FALTA! ¡CON TODA LA MIERDA QUE ESTÁ PASANDO, ACABAR ACEPTANDO CONSEJOS TUYOS! ¡MIRA QUE HE CAÍDO BAJO, PERO…!
-Así que de eso se trata -comentó Hermione, dándose vuelta otra vez con una sonrisita de satisfacción-. ¿Has caído bajo? Pues déjame decirte algo -ahora enojándose ella, dio un paso hacia el chico, con un dedo apuntándolo, desafiante-. No eres el único que la está pasando mal, ¿me oyes? Está clarísimo que hay algún tipo de hechizo o algo que hace que todos quieran andar follando todo el tiempo. Imagino que hasta tú lo habrás notado, a pesar de tener un cerebro tan pequeño y lento, Malfoy. Pero si, por esos milagros de la vida, en este momento te sientes normal, lo suficiente para andar llorando en vez de follarte a alguien, digamos, entonces pensé que podía ser algo bueno saber que no soy la única y hablar con el único ser humano del castillo que se sintiera como yo. Pero si no es así, quédate solo y sigue llorando frente al espejo.
Dijo todo eso de la forma más hiriente posible y se dio vuelta para marcharse, pero Malfoy le gritó de nuevo, ahora cruzado de brazos y con expresión de asco en la cara.
-¡Bien! ¿Y de qué es que quieres hablar con alguien, Granger? ¿Ya te follaste a Potter, o el pelirrojo aún no te suelta? Vamos, ya dilo todo. Cuéntame los tuyos y te contaré los míos. ¡Hagamos terapia de grupo! ¿Eso querías? ¿Por eso te metes en el baño de hombres?
Ella se dio vuelta y le levantó el dedo mayor, pero respondió.
-No, aún no me follé a Harry, para tu información. Ni a Ron. Pero creo que todos en el castillo…
-Ya deja de cambiar de tema, sangre sucia. Te pregunté a quién te follaste, no la historia de Hogwarts. Si tanto necesitas hablar con alguien habla, y sino lárgate. Nadie te necesita.
Hermione lo miró con odio, pero por alguna razón sus piernas no respondían al comando que les indicaba su cerebro, es decir que se marcharan de allí. Su entrepierna se sentía más caliente con cada segundo, y cada vez era más difícil disimularlo.
-Eras tú el que lloraba -le dijo, tratando de sonar tan malvada como era capaz-. Pobre bebito… ¿quién te dejó así? ¿Fue Pansy Parkinson, quizás? ¿O… Crabbe? ¿Goyle? -ensanchó su sonrisa, disfrutando de la cara que le dirigió Malfoy.
-Si supieras, Granger -dijo él, dando un paso hacia ella y sonriendo también, de una forma burlona-. Te lo aseguro… te volverías loca.
-¿Ah sí?
-Oh, sí -dijo él, ahora lanzando una carcajada, aún caminando hacia ella-. Quizás te traumarías de por vida, Granger, si te dijera las cosas que hice. ¿Con quiénes duermes, en tu habitación?
-¿Qué pregunta estúpida es esa? ¿Te follaste a Parvati? Porque creo que todo el mundo lo habrá hecho a estas alturas.
Malfoy rió aún más.
-No precisamente a Parvati… pero sí a alguien con quien duermes, ¿sabes? Alguien con quien duermes muy, muy de cerca…
Rompió en carcajadas, pero Hermione no entendió. ¿De qué hablaba? Trató de aparentar más astucia que él, que no se notara que no había entendido.
-No sabes cómo araña… -Malfoy puso una mueca de dolor-. Me dejó unos rasguños en la espalda que ni te imaginas… Era toda una tigresa… No sé si tigresa, pero felina de seguro…
Hermione arrugó la frente.
-¿De qué rayos hablas? -dijo, sin disimular más su desconcierto.
-He sido muy sucio, Granger -dijo Malfoy, ahora a centímetros de ella-. No sé qué me pasa. Desde hace días que me follo todo lo que tengo… adelante -le echó una mirada desde la cabeza hasta los pies, y luego subió la mirada a sus ojos otra vez, como examinándola con maldad-. Por más detestable que sea la cosa en cuestión -añadió, ahora mirándola con desprecio de cerca.
-Ahora entiendo todo -dijo Hermione, negando con la cabeza, como si acabara de comprender algo y se lamentara mucho por hacerlo-. Por eso te mirabas en el espejo, ¿verdad? Qué detestable habrá sido -dijo con ironía, mordiéndose los labios-. Te follaste el espejo, ¿no es así? Como lo lamento, Malfoy. Realmente, nadie nunca podría haber pasado por una situación tan inmunda y asquerosa. No se lo deseo a nadie. Pobre de ti, me da mucha pena. Con razón llorabas tanto, pobrecito…
Malfoy se puso pálido, pero no respondió. Se quedó allí, mirándola muy de cerca con desprecio. Sonrió de nuevo, mostrando su sonrisa perfecta.
-Eres inteligente -le dijo, finalmente-. Pero hay algo en lo que te equivocaste. Desde el momento en que entraste aquí.
-¿En qué?
-No me encuentro en estado "normal" -reveló él entonces, sin dejar de sonreír-. Estoy tan caliente como todos, Granger.
El pecho de ella se hinchó y luego se desinfló. Malfoy se acercó hasta quedar pegado a ella y, sin dejar de mirarla a los ojos por un segundo, acercó su rostro hasta que sus narices quedaron pegadas.
Hermione lo miró con una expresión de temor, luego bajó la mirada a sus labios.
Empezaron a besarse. Se aferraron el uno al otro con fuerza. Caminaron hasta el lavamanos. De inmediato, Malfoy subió a Hermione sobre el lavatorio y le pasó las piernas a cada lado suyo, mientras la besaba con locura. Le bajó el cierre del pantalón tan rápido que ella ni se dio cuenta, y para cuando sintió lo que pasaba, el chico le había bajado el pantalón y lo había arrojado a un lado, como desechando alguna basura.
Ella le rodeó la espalda con las piernas, sentada sobre el lavamanos, y le arrancó la camisa de un tirón, abriendo todos los botones a la vez, revelando el pálido y flaco pecho del chico. Arrojó la camisa a un lado mientras Malfoy le quitaba el suéter, y luego la camiseta, dejándola en sostén.
Malfoy se quitó el pantalón rápidamente y lo arrojó a un lado también. Sonriéndole con la misma cara de maldad, se acercó a ella y volvió a besarla. Ella le mordió la lengua, mientras él la acercaba a sí mismo y rozaba su ropa interior contra la de ella.
La puerta del baño estaba semi abierta. El corredor exterior estaba vacío, pero sabían que cualquier alumno o profesor podía pasar por allí en cualquier momento, yendo a alguna de las clases de la mañana, a las que ninguno de ellos dos habían decidido ir. Si el castillo estuviera en un estado normal, algo como aquello significaba la expulsión inmediata. Pero ninguno de los dos pensó en eso. Ninguno de los dos pensó.
Hermione clavó las uñas en la espalda de Malfoy y lo arañó tanto como pudo, dejándole la marca de sus dedos en rojo vivo.
-¡Ay! -protestó él, apartándose un poco. La miró con sus ojos grises muy abiertos. Ella arqueó las cejas, con una sonrisita traviesa.
-¿Así fueron los arañazos que te hizo la felina de la que me hablaste?
-No -dijo él, tomándola de la cintura y moviendo su miembro contra ella, a través de la ropa interior-. Más bien fue… así.
Ahora él le arañó la espalda a ella, y aunque no tenía uñas le dolió bastante. Ella se quedó boquiabierta, ya que no se lo esperaba, y él sonrió aún más y volvió a besarla.
-Sabes que solo te dejo hacer esto porque estoy muy caliente -le susurró Hermione en el oído, mientras él se bajaba los bóxers-. Jamás tendrías una chance conmigo en otro momento.
-No te preocupes, Granger, creo que te conozco muy bien -dijo él en un susurro aún más débil, hablándole al oído también, mientras se inclinaba para desabrocharle el sostén-. Por fuera eres una mujer muy noble y buena persona, pero también valiente y salvaje…
-¿Y por dentro?
-Y por dentro no eres más que una sabelotodo insufrible -dijo con maldad, ahora bajándole el calzón y arrojándolo con fuerza tan lejos como fue capaz en dirección al pasillo exterior, de forma que este cayó fuera del baño. La chica miró hacia allí con pánico: su calzón blanco ahora estaba en un costado del pasillo del tercer piso, en el suelo, lejos de su alcance y visible para cualquiera que pasara por allí.
-No eres más que un mocoso estúpido hijo de papi, Malfoy -le dijo, mientras sentía que el chico ahora la penetraba despacio. Cerró los ojos con fuerza, y oyó la respiración de Malfoy acelerarse.
-Lo siento, Granger, me retracto -dijo él, ahora haciéndole una caricia en la cara, mientras la miraba a los ojos. Lo sentía adentro suyo, moviéndose cada vez más rápido. -No eres solo una sabelotodo insufrible. También eres una pequeña asquerosa sangre impura de mierda.
Hermione le lanzó un escupitajo en la cara, pero luego lo tomó de las caderas y le apuró el ritmo. Malfoy lanzó una carcajada, se limpió la saliva de Hermione de la cara y luego le metió los dedos en la boca, haciéndole que se chupe su propia saliva.
-No quiero tener líquidos de una sangre impura en la cara, Granger -le dijo en un susurro, aumentando la velocidad, tomándola de la espalda baja mientras la penetraba, con una mano.
Ella le dio una bofetada en la cara, pero débilmente, porque se sentía cada vez más caliente y puso toda su atención en moverse más rápido, y en forzarlo a él a que hiciera lo mismo. Juntos, se abrazaron con fuerza y se movieron con más velocidad. Hermione sentía su trasero resbalar sobre el lavamanos mientras Malfoy, tomándola de la cintura, la movía hacia adelante y hacia atrás, al tiempo que la embestía con velocidad, penetrándola una y otra vez, la vagina de Hermione húmeda y chorreando líquido sobre la superficie de mármol del lavatorio.
Se tomaron con más fuerza que nunca el uno del otro. Estaban llegando, juntos, al orgasmo. Hermione le pegó otra bofetada en la cara, solo porque sí, al tiempo que ponía los ojos en blanco, llena de placer. Malfoy le acarició los pechos, sin bajar el ritmo por un segundo.
Hermione abrió la boca y empezó a gemir fuerte, mientras el orgasmo la atacaba con intensidad. Su cuerpo sufrió varios temblores. El de Malfoy también. El chico respiraba muy fuerte. Hermione se inclinó un poco hacia atrás. Le acarició el pecho y el abdomen. Malfoy apretaba sus pechos con una mano y sus nalgas con la otra.
Hermione abrió más la boca y dejó escapar un gemido más fuerte y potente, al tiempo que la invadía un segundo orgasmo. El pene de Malfoy seguía duro dentro suyo, y sentía cómo le acababa adentro. El chico se escupió en su propia mano, bajó los dedos chorreando saliva y empezó a frotarle el clítoris con ellos. Hermione, sorprendida, abrió más los ojos y respiró más agitada.
-Tengo algunos truquitos bajo la manga para ti -le dijo él. Ella se mordió los labios mientras temblaba cada vez más. Tuvo un tercer orgasmo. Cuando el estremecimiento y la sensación parecieron detenerse, vio que Malfoy, lejos de dar por finalizado aquello, extendía una mano y tomaba su varita desde arriba del lavamanos, junto a ella. La apuntó abajo con ella, murmurando palabras en voz baja.
Y entonces, de súbito, tuvo un cuarto orgasmo, causado por magia. Y el pene de Malfoy, que ya había acabado, se puso duro de nuevo, por arte de magia, al instante, y aumentó su grosor, dentro suyo. El chico lanzó otro hechizo, apuntando a sus pechos, y Hermione sintió sus pezones poniéndose duros. Malfoy empezó a chupárselos, mientras la embestía de nuevo, con renovada energía.
Le lanzó un hechizo abajo, otra vez, y Hermione tuvo un quinto orgasmo. Todo su cuerpo se sacudía con temblores incontrolables. Un sexto orgasmo… Un séptimo… Un octavo orgasmo…
Los ojos de Hermione giraban de forma alocada por el techo del baño, su cabeza hacia atrás y sus brazos extendidos. Sentía como si volara. Estaba poseída, drogada. Jamás se había sentido así. Nunca en su vida. Los orgasmos eran tan intensos y tan placenteros, que no se cansaba, no se sentía agotada. Ni siquiera luego de que el noveno orgasmo consecutivo tuvo lugar.
Solo quería más.
Abrió las piernas tanto como pudo y sintió a Malfoy acabarle adentro otra vez.
Notó que sus muslos estaban dormidos y entumecidos, sobre la superficie de mármol. Había un hormigueo en su pierna. No podrían continuar mucho tiempo más, pero Malfoy no iba a retirarse sin un gran final.
La apuntó con la varita de nuevo, y Hermione sintió un calor enorme en el clítoris. Como si este ardiera en llamas. Su vagina se abrió más que nunca y el pene de Malfoy aumentó de tamaño una vez más, dentro suyo. El chico le tocó con su miembro algún punto especialmente sensible dentro, que le provocó lo que parecieron ser otros diez orgasmos consecutivos, uno tras otro, a la vez, al tiempo que la sensación en su clítoris seguía allí, sin detenerse.
Y finalmente, luego de aquello, dejó de lado su varita, salió de dentro suyo y Hermione cayó de lado sobre el largo lavamanos, respirando con mucha dificultad. Le ardían sus partes y sus piernas. Era como haber corrido una maratón de 50 kilómetros de largo a toda velocidad. Estaba destruida, agotada. Pero también invadida por un placer y una sensación de relax maravillosa.
Vio que Malfoy se ponía de nuevo los pantalones y la camisa, y luego se alejaba de ella, sonriente.
-Avísame si alguna vez necesitas hablar de nuevo, Granger -le dijo, guiñándole un ojo, antes de abandonar el baño. Cuando llegó al pasillo, se agachó y tomó el calzón blanco de Hermione del suelo. Lo sostuvo en la mano un momento, y luego se lo metió en el bolsillo. -No te importa, ¿verdad? -le dijo, en un tono de voz bastante alto que retumbó por todo el tercer piso-. Tú sabes, de recuerdo.
Y se marchó de allí, feliz de la vida, riendo por el corredor.
