Tsuna había estado toda su vida bajo un estándar muy estricto, por más contradictorio que pudiese resultar una vez que se veía en retrospectiva, y, aunque no le gustara, no tenía otra opción; la sociedad y las personas a su alrededor habían decidido que sería así, pero, más importante, él también lo aceptó, firmando un contrato que causaría muchísimos problemas en su vida, sembrándole no solo traumas, miedos y desconfianza en sí mismo, sino dolor y odio en el corazón. Fuera de eso, que sería bastante crucial conforme pasa el tiempo, aunque se le restara valor por todas las personas, era un chico común y corriente: iba a la escuela por ocho horas, regresaba a casa a comer, hacer tareas de vez en cuando y jugar videojuegos para distraerse por la tarde. Odiaba la monotonía que tenía su rutina, cada día de su vida era igual que el anterior por completo, sin un cambio, sin libertad real y con una presión gigante sobre sus hombros, hundiéndolo más cada vez en el pozo donde había sido condenado a existir; estaba tan acostumbrado a pasarla encerrado en lo mismo, que ya ni siquiera intentaba salir de ahí, no importaba cuánto lo hubiese intentado cuando era pequeño, nadie le quitaba de encima el enorme letrero de inútil, sino al contrario, cuando lo vieron esforzarse por ser mejor en cualquier cosa, solo recibió burlas por la falta de habilidad y entrenamiento que tenía, aumentando más el estigma sobre él.
Una sola cosa le permitía mantenerse de pie pese a las enormes ganas de querer terminar con todo de tajo, un pensamiento que había cruzado varias veces por su mente durante los últimos años, la única razón que le daba fuerzas para no rendirse y aguantar, aunque fuese un día más, de la tortura que significaba estar vivo: el amor. Tsuna estaba completamente enamorado de una persona de la escuela, o al menos eso creía, Sasagawa Kyoko era una chica bastante popular por su belleza, nadie se interesaba realmente por el cómo se sentía ella sobre todo lo que sucedía, simplemente querían ser su pareja por su aspecto y popularidad; las personas, llenas de codicia, querían sentirse en la cima, estar por sobre todos los demás sabiendo que a su lado estaría la chica más codiciada de toda la secundaria. Por su parte, él nunca quiso estar con ella y probablemente nunca lo querría, no entendía el porqué, pero era así, no deseaba ser su pareja; comprendía perfectamente que sería estúpido desear estar con alguien en un estatus social completamente distinto al suyo, también creía que sería un estorbo completo para ella, al final de cuentas era un inútil y solo entorpecería su camino de vida; no la amaba en ese sentido, no se sentía capaz ni con derecho de hacerlo, pero ella seguía siendo su motor para vivir, el poder verla aunque fuera unos segundos tranquilizaba la pesadez y sufrimiento de su alma, era el único escape a la agobiante realidad que lo asfixiaría durante toda su vida. inconscientemente, le había dado un valor demasiado grande a una persona con la que no interactuaba como mecanismo de defensa, si tenía ganas de morir, automáticamente saltaría a su mente la imagen de ella, haciéndolo desear verla por lo menos un día más; a veces lo pensaba y siempre terminaba sin poder dormir en esos días por miedo a estarla usando y que sus sentimientos fueran falsos.
Odiaba las clases silenciosas, bueno, en verdad las odiaba todas, pero cuando el ruido acababa, era una tortura enorme. Su mente no se callaba, por más que lo intentara evitar, cientos de paranoias invadirían su mente en los momentos donde el sonido lo abandonaba. Su respiración comenzó a hacerse pesada mientras levantaba la cabeza del escritorio, había estado fingiendo que dormía -desde hace mucho tiempo que le era imposible conseguirlo, se había vuelto una maña el tratar de hacerlo a pesar de nunca tener éxito-; mientras miraba la pizarra y al profesor junto a esta, la ansiedad continuó subiendo por su pecho, inflándolo arrítmicamente mientras el oxígeno apenas era capaz de llegar a sus pulmones, había escuchado perfectamente al profesor cuando dio la indicación que estaba a punto de provocarle un ataque de ansiedad, esperaba que el hombre cambiara de opinión pronto o todo terminaría mal. Mientras su cabeza comenzaba a retumbar intensamente por la presión sanguínea aumentando, a causa de la falta de aire, y los miedos que se repetían en sus pensamientos: «Qué existencia tan apestosa; qué mal todo lo que haces; deberías dejar de estorbarle al resto».
—Lean desde la página cincuenta y cuatro hasta la setenta y siete, en silencio, el que hable será sacado del salón; no tengo ganas de soportarlos, me duele la cabeza así que cállense —. En su mente se repitió la orden del profesor, que todos habían acatado por miedo a terminar en manos del Comité disciplinario de la escuela.
Se levantó de golpe del asiento, el impulso terminó moviendo el escritorio la silla haciendo un fuerte rechinido, el sudor frío se acumuló rápidamente en sus manos y espalda, causándole escalofríos por la sensación de las gotas recorriendo su piel incesantemente, materializando físicamente las caricias que su ansiedad buscaba provocarle. Miró fijamente al hombre, que se sentaba en el escritorio sin prestarle mayor importancia, quería decir algo, hacer alguna estupidez que hiciera que todos se rieran, ser regañado y castigado por el profesor, metiéndose en problemas; pero no le veía sentido, comenzaba a perder valor e importancia el ruido a su alrededor, ya solo quería rendirse y dejar que todo acabase en un instante.
Salió del aula en silencio, la desesperación que normalmente lo haría correr fuera del salón mientras sufría presa del miedo se impregnó en su piel, penetrando tan profundamente que terminó volviéndose parte de su alma, sin importar que sucediese, ya no temblaría, no tendría miedo más; sus ojos habían perdido el brillo mucho tiempo atrás, solo un opaco dolor sustituyo la esperanza. Por su mente pasó la imagen de Kyoko, haciéndolo detener en medio del pasillo por un instante, un fuerte latido retumbó en su pecho, provocándole un ligero dolor; se arrepentía mucho de algo, pero no podía detenerse, no quería hacerlo, ya no le interesaba más lo que pudiese pasar, no deseaba continuar de esa manera, acabar con todo sería mucho más simple y fácil que pasar toda su vida sufriendo solo para tranquilizarse falsamente por una persona que no se interesaba por su existencia. Continuó caminando mientras un único pensamiento cruzaba por su mente:
«Aunque nunca lo hayas sabido, te amo mucho y lo lamento por eso, nadie debería ser amado por una persona que no puede mantenerse a sí mismo de pie. Ojalá poder disculparme propiamente, pero ni siquiera habías notado que existo». Una sonrisa amarga cruzó su rostro mientras se despedía silenciosamente de la única persona que evitó que todo terminara por un tiempo.
Al profesor le importó poco y menos, al igual que a la mayoría de estudiantes, solamente era alguna tontería del inútil que no tenía importancia, «seguro se estaba orinando y era tan torpe que ni siquiera lo había notado o algo así»; las risas provocadas por esos comentarios recorrieron toda el aula, incluso el profesor dejó escapar una risilla antes de volver a callarlos. Fueron tres las únicas personas que no se rieron por esa estupidez, las mismas tres que nunca veían la gracia tras las burlas hacia su compañero; no decían nada por evitar discusiones sin sentido, algo que terminaba haciendo que su preocupación no tuviese mucho sentido, pues Tsuna seguiría aceptando todos los pensamientos y comentarios sobre él sin siquiera ponerlos en duda, bajo su punto de vista, todos lo consideraban igual y no valía la pena ponerlo en duda ni por un instante. La clase continuó con sus cosas con normalidad, leyendo por lo bajo el texto que el profesor había dejado en un inicio, olvidándose rápidamente de todo lo sucedido.
Se encontraba subiendo las escaleras hacia el tejado lentamente, su forma de caminar era mucho más pesada que de costumbre, arrastraba los pies lenta y tortuosamente por culpa del cansancio físico causado por no poder dormir durante las noches por sobrepensar cada cosa que le pasó durante el día, arrepintiéndose de cada decisión tomada y por no poder cambiarlo. El rechinido de la puerta al ser empujada, trajo de vuelta un recuerdo de su niñez, provocándole una sonrisa tonta en el rostro mientras sucedía; tal vez esa sería su última vez y ese su recuerdo final.
La imagen de su yo de nueve años cruzó por su mente, era verano y tenía vacaciones de la escuela, por lo que no tenía nada que hacer por las mañanas, deseaba pasar toda la noche jugando videojuegos, pero su madre no se lo permitía, argumentando que si rompía su horario de sueño, cuando tratara de acostumbrarse de vuelta para ir a la escuela, no lo lograría; por lo que, cada noche, se escabullía silenciosamente de su habitación, bajando cuidadosamente las escaleras para ir a la sala y jugar en la consola. Muchas veces había sido descubierto por el rechinido que la puerta provocaba, siendo atrapado in fraganti.
Durante esa época, por su mente ya cruzaban distintos miedos y paranoias, la más grande era la de nunca lograr quitarse de encima la inutilidad que lo rodeaba, tenía miedo de no poder ser de ayuda para su madre en un futuro, su mayor deseo era agradecerle, mediante acciones, todo lo que había hecho por él; pero si sus compañeros de clase tenían razón, nunca lo conseguiría, su único logro en la vida sería mantenerse vivo aún después de lo malo que era en todo. Su inocencia era tal en esa época, que deseaba cambiarlo, obviamente sin tener idea de cómo hacerlo y teniendo miedo de contárselo a su madre por si ella también pensaba lo mismo; su único deseo era cambiarlo completamente por su cuenta para demostrárselo a todos los que dudaban de él y a sí mismo, cumpliría su objetivo de ayudar a su madre en un futuro y darle la vida que se merecía. Pero no salió bien.
Su cuerpo era débil por culpa de las exclusiones que había sufrido de todos los deportes, tanto en las clases escolares como en cualquier actividad extracurricular; estaba lleno de raspones, golpes y rasguños por causa de los tropiezos, golpes y caídas que sufrió al intentar aprender las distintas actividades que le llamaban la atención; fue muy duro y pesado en esa época, tanto que ni siquiera notó cuándo terminaron las clases e iniciaron las vacaciones. Al ya no tener acceso al gimnasio o a cualquier zona deportiva donde entrenar, pasó todo el tiempo en su casa, solo saliendo cuando a su madre se le pasaba por la mente; hubiese intentado hacerlo en el parque, pero estaba siempre lleno de niños que lo conocían y se burlaban de él, era el problema de vivir en una zona tan pequeña, todos sabían quién era el niño inútil Tsuna. Su escape fue simple: se dedicó a jugar videojuegos que lo hicieran feliz durante ese tiempo, fue atrapado completamente por estoy y podía pasar horas sentado sin notarlo, imaginando constantemente volverse como los protagonistas de sus historias favoritas; quería ser el héroe fuerte, hábil e inteligente que podía proteger a todos a su alrededor, pero en ese momento notó algo que lo hizo vivir triste durante mucho tiempo: no había nadie a su alrededor más que su madre, que, bajo su punto de vista en ese momento, no tenía otra opción. Sus problemas de confianza y autoestima nacieron en ese momento.
Sus ojos se llenaron de lágrimas en ese instante, pero su rostro seguía manteniendo el mismo semblante frío y vació, no había nada de él que se preocupase por sí mismo, pero igualmente seguía amando enormemente a la mujer que lo educó y se sentía culpable por estar a punto de dejarla. Estando sentado en el barandal que rodeaba el tejado, miró la ciudad en la que había crecido, no sentía ningún tipo de afecto por esta, no tenía buenos recuerdos de ningún lugar o vecino, solo era una ciudad que no podía considerar su hogar, no tenía uno porque simplemente no encajaba en ningún lugar; la brisa golpeó su rostro, quitando las lágrimas que habían resbalado hasta sus mejillas, era como una señal para terminar todo; pero obviamente no sería tan fácil.
—Si tantas ganas tienes de morir, deberías convertirlas en algo provechoso —escuchó una voz ligeramente aguda a sus espaldas, no sonaba como un profesor o un alumno del instituto, era más infantil y tierna que otra cosa; la curiosidad le terminó ganando y giró lentamente, sin quitarse de encima del barandal, encontrándose con su interlocutor.
«¿un bebé?»
Delante de sus ojos se encontraba un pequeño bebé, no podía estar por encima del año, como máximo tenía dos, pero su porte y aura eran completamente contrarios, en su mirada podía apreciarse lo serio y frío que era, parecía que había vivido por muchísimo tiempo y entendía todo de forma calculada, midiendo exactamente lo que sucedía a su alrededor; un escalofrío recorrió la espalda del joven cuando notó eso, durante su vida solo conoció una persona con una mirada igual de aterradora: su padre. Odiaba muchísimo a ese hombre, era un desperdicio de ser humano y no sentía ninguna clase de afecto o empatía cuando él estaba cerca, solo deseaba que volviera a desaparecer y dejara de molestar constantemente; a pesar de eso, no podía borrarse una imagen de un par de años atrás: cuando su padre se enteró de lo inútil que era, lo miró molesto y serio durante solo un segundo, casi inmediatamente después su semblante cambió al tranquilo y despreocupado de siempre, pero Tsuna sabía lo que había visto.
El pequeño bebé sacó un arma mientras lo miraba directo a los ojos, una pistola verde había aparecido casi de la nada en su mano, pero no se aterró de la idea, solo era una forma de matar más y en ese momento lo único que deseaba era morir, era estúpido preocuparse por la idea, además de que era un bebé, era un juguete seguramente. En cuanto ese pensamiento cruzó por su mente, recibió una respuesta casi inmediata a lo que estaba pensando:
—No es un juguete, es real. Ahora, muere.
El disparo fue sonoro, retumbó demasiado fuerte en los oídos de Tsuna mientras la bala se acercaba rápidamente a su frente, durante un segundo logró verla en cámara lenta mientras pensaba que si iba a esa velocidad tal vez podría intentar evitarla, aunque fuera casi imposible por la velocidad que alcanzan, pero no lo intentó, aceptó que moriría de alguna forma similar, lo aceptó mucho tiempo atrás cuando había decidido que vivir no tenía mucho sentido. La bala impactó directo entre sus cejas, empujándolo hacia atrás por la fuerza del impacto, todo seguía yendo lento, notó como su cuerpo caía hacia atrás, si no moría por la bala, moriría por la caída que lo esperaba después de eso. Su mente se inundó de ideas casi instantáneamente, eran distintos arrepentimientos, una enorme lista de razones por las que se arrepentía de haber vivido cruzó por su mente, como si lucharan por sobresalir y ser elegidas; desde el querer disculparse con Kyoko por haberla amado siendo tan horrible como él era, hasta la decepción por nunca haber sido un apoyo real para su madre, cruzando por la lástima que se sentía por nunca haber logrado las cosas con las que soñó.
Su cuerpo cayó directo contra el pavimento del patio principal de la escuela, pero seguía sintiendo sus funciones vitales avanzando, el latir de su corazón no se detenía y sus pulmones seguían exigiendo oxígeno que los llenara para continuar trabajando; todo lo que había perdido color lo recuperó en un instante, los sonidos volvieron a cruzar a través de sus oídos, que por culpa de la bala se habían saturado, ignorando cada sonido que no fuera proveniente de su mente. Se levantó en un pequeño salto mientras una llama naranja aparecía en su frente, justo delante de él estaba una pequeña ventana y logró ver su reflejo, era la misma que veía frente al espejo cada mañana, la que odiaba con cada célula de su ser, pero lo importante era el fuego que se encendió en la zona donde recibió el disparo, no tenía sentido que no lo quemara. No pudo seguir tratando de adivinar lo que sucedió, quería saber qué pasó y el bebé también.
El pequeño aterrizó justo a su lado con un planeador verde que desapareció de la misma manera en que el arma apareció antes; lo miró fijamente, sabía que había algo diferente en el ambiente, podía sentirlo, pero no entendía el qué; era como si estuviese mucho más sensible con cada cosa, notaba perfectamente los sonidos de las aves, los colores eran tan vivos y brillantes, las sombras tan profundas y atrayentes, la luz tan cálida y suave, incluso el viento se sentía distinto, su piel sentía cada pequeña brisa; parecía que la bala lo había hecho vivir mucho más en lugar de matarlo; era algo tan estúpido que lo rechazó rápidamente. El bebé decidió intervenir, analizándolo fijamente para notar cualquier cambio que tuviese además de la llama, quería saber sus pensamientos, pero su rostro ya no era tan fácil de leer como al inicio; algo había cambiado, pero era un cambio mucho más profundo e intenso de lo que debió ser, conocía perfectamente las funciones de la bala que disparó, el chico debía estar en ropa interior, tratando de cumplir su última voluntad, el arrepentimiento más grande que tuvo mientras moría; pero no era así, no parecía haber nada que estuviese intentando.
—¿Qué es lo que planeas hacer?
—Morir —. La respuesta del joven ni siquiera tomó por sorpresa al infante, ya lo había notado desde antes, por eso había decidido intervenir incluso sin terminar sus observaciones o presentarse a su casa, si no se hubiese acercado en el tejado, ya estaría desparramado por el piso.
Solo dos posibilidades se le ocurrieron en ese momento, tendría que hacer más análisis para saber lo que pasó, pero esas dos hipótesis serían una buena base para iniciar: o estaba tan decidido a morir, que sus arrepentimientos ya no existían y no tenían valor o se arrepentía de algo tan grande e intenso, que no podría conseguirlo ni intentándolo; aunque no lo sabía, ambas ideas tenían algo de razón. Tsuna miró su rostro durante los segundos en los que estaba pensando, estaba muy seguro de su respuesta y no le importaba más, si el pequeño le había disparado y una llama de fuego se encontraba en su frente, el sentido común había abandonado, ya no se preocupaba por cosas tan banales; el pequeño lo notó, una pequeña sonrisa apareció en su rostro a causa de esto, había encontrado a una persona interesante y su trabajo sería bastante divertido a partir de ese punto.
Luego de que la llama en la frente de Tsuna se apagara, el bebé subió a su hombro de un pequeño salto mientras le daba la indicación de que lo llevara a casa, las clases habían terminado por ese día; una semana había transcurrido desde ese momento, Reborn pasó ese tiempo analizando la rutina de su nuevo estudiante, el cual no estaba ni en lo más mínimo interesado en convertirse en un jefe de la mafia, pero era su trabajo y lo haría realidad. Su estado mental se estabilizó, no mejoró en nada, pero al menos no volvió a intentar suicidarse, el cambio de rutina le trajo cierta emoción a su vida, aunque odiaba meterse en situaciones extrañas por culpa de su autoproclamado tutor, el cual parecía tener unas enormes ganas de dispararle constantemente con la bala de la Última voluntad, la cual seguía sin hacer que una emoción apareciese, lo único de lo que tenía ganas luego de recibir un tiro era de morir; igualmente, eso no impidió que terminara involucrándose en situaciones extrañas, como sus limitadores físicos si desaparecían, Reborn no se limitó al meterlo en situaciones peligrosas, en esos siete días lo hizo detener un robo, lo arrojó de frente contra un camión para salvar a un pequeño gatito y también tuvo que enfrentar al capitán del club de Kendo, llamado Mochida, en una pelea de este deporte.
Cuando sucedió lo del gatito, justo frente a la escuela en el momento de la entrada, Kyoko estaba completamente sorprendida por la hazaña realizada, igual que la pequeña multitud de estudiantes que la vio, y expresó bastante alegría agradeciéndole que estuviera ahí para salvar al animal de morir arrollado; Mochida, que pasaba todo el tiempo que podía cortejando a la chica, se puso bastante celoso de la atención que, en sus propias palabras, el inútil de la escuela estaba recibiendo, por lo que lo retó a una pelea para restaurar su orgullo dañado. Tsuna no tenía ninguna intención de ir, pero no era decisión suya, Reborn le hubiese castigado físicamente si no se presentaba y prefirió ser golpeado por Mochida que por él; su intención era solo presentarse, ser apaleado rápidamente y poder volver a su casa, estaba harto de sobresalir por las tonterías del bebé asesino que comenzó a vivir bajo su techo y no quería continuar metiéndose en problemas.
Cuando llegó al gimnasio, siendo arrastrado por uno de sus compañeros de clase, se encontró con una gran parte de la comunidad escolar esperando para ver la paliza que le pegarían; el retador se encontraba en el centro de todos mientras sonreía lleno de autosuficiencia y un ego gigante, estaba seguro de que ganaría, pero igualmente modificó cobardemente los materiales que Tsuna tendría que usar para que no pudiese ni moverse. Su molesta voz cruzó por el gimnasio:
—El ganador de esta pelea tendrá un gran premio: ¡Sasagawa Kyoko!
Tsuna nunca había peleado, normalmente solo era golpeado por tipos mucho más grandes que él que se aprovechaban de su incapacidad física para dejarlo molido, pero estaba muy molesto en ese instante, acababa de escuchar una de las mayores idioteces que había escuchado en su vida; para él, nada tenía sentido, la única razón por la que había decidido seguir viviendo durante ese tiempo, era la chica que estaba siendo tratada como un trofeo que se entrega al ganador, no esperó nunca que Mochida fuese tan imbécil como para caer así de bajo. A pesar de lo mucho que la chica significaba en su vida, no sentía que estuviera bien amarla, se reprimía completamente de todo lo que sentía porque podría molestarla; para él, era una imagen superior a todo lo que existe y –aunque sabía que era algo tóxico pensar de esa forma- ahí estaba él, decidiendo que podía reducirla a un mero objeto que se entregaba a alguien. Ninguna persona merecía ser tratada de esa forma, incluso las peores tenían al menos un valor, ni siquiera consideraba que él mismo mereciera ser tratado de esa forma, a pesar de considerarse la mayor escoria humana.
Su rabia, la fuerza de su ideología, la cual nunca antes había defendido y tenía todo por ser explotada, sumado con la liberación física que le proporcionaba la bala de la Última voluntad, terminaron despertando un aspecto de él mismo que no conocía, una parte explosiva, fuerte y que, sin tener que pensarlo, hacía que confiara en sí mismo, al menos en el aspecto de poder ganar la pelea, no cambiaría milagrosamente su vida; pero era algo que Reborn entendió: Tsuna se preocupaba por la vida de otros mucho más que por la suya propia; ese debía ser uno de los motivos por los que no despertó su última voluntad por completo al estar a punto de morir. No es que en ese momento fuese completamente poseído por el poder de la bala, en verdad no había mucho cambio con las otras veces que fue utilizada, pero era distinto cuando se tenía una razón verdadera para aprovecharla, no dejaría que Mochida manchara la importancia de ninguna persona de nuevo y eso hizo que no se limitara, ganando fácilmente la pelea luego de romperle la espada y arrancarle varios mechones de pelo (porque el capitán del equipo de kendo había forzado al referí a no darle la victoria a Tsuna).
Tsuna despertó tarde, su cuerpo estaba completamente acostumbrado a ese ciclo de sueño irregular, su alarma había sido demasiado inusual: recibió un martillazo directo en el estómago. «Jamás me acostumbraré a la forma de ser de Reborn».
A pesar de su cambio de actitud, que se volvió completamente apagado por la incesante tristeza que lo invadía en cada momento del día, su rutina había cambiado completamente y no parecía que fuera a normalizarse pronto, entonces pudo quitarse esa paranoia de la mente, una vida aburrida por lo menos no tendría, todas las demás seguían ahí, aún temía que todo terminase en un enorme fracaso y la idea de que sería mucho más fácil terminar con todo de vuelta también se mantenía firme en su mente; su cuerpo tampoco parecía muy interesado en seguirle la corriente al cambio mental, se sentía igual de débil y apagado que siempre, seguramente era el modo más básico que su cuerpo podía tener, por lo que ahí no notaba cambios.
Una vez logró recuperar el aliento luego del gran golpe que recibió para despertar, caminó hacia el baño para tomar una ducha, tropezando torpemente al tratar de abrir la puerta y entrar, pero logró mantenerse de pie, quedando justo delante del espejo. Se analizó delante de este, nunca le había puesto atención a su rostro, porque si solo era la cara de un inútil al final de cuenta, nada de él tendría valor; observó sus ojos color avellana, era un color bastante común y nada especial, al igual que el tono castaño de su cabello, lo único que lo hacía diferente era la extraña tendencia a ir hacia arriba, como si ignorara la gravedad, no le importaba, pero nunca se había puesto a pensar demasiado en eso. ¿Por qué si su cuerpo era tan común y nada especial, tenía que ser tan inútil? Al final de cuentas, eso era increíble a su manera, no conocía a nadie más torpe que él, entonces tenía el primer lugar en algo. Antes de poder seguir pensando en eso, Reborn apareció por la venta y le dio una patada, tirándolo al suelo mientras le recordaba que llegaría tarde.
Luego de salir de su casa, corrió hacia la secundaria, solo había algo que le causaba más miedo que Reborn: ser golpeado por el líder del Comité de disciplina, la simple idea de "ser mordido hasta la muerte", como decía el prefecto, le causaba escalofríos, no era una forma de morir que le gustase, era dolorosa y preferiría evitarla. Logró evitar ser atrapado en el último minuto, cruzando la puerta principal en cuanto timbró la campana del inicio de clases, agradeciendo mentalmente el no volverse una presa del sádico joven que aterrorizaba a toda la comunidad estudiantil. Entró a clases, ignorándolas mientras se tiraba sobre su pupitre para tratar de recuperar algo del sueño que perdió, aunque sabía que no pasaría, pero no perdía nada intentándolo de nuevo.
—Les presento a su nuevo compañero, él estuvo estudiando en el extranjero, en Italia, pero ha vuelto, así que denle la bienvenida.
Tsuna levantó la mirada para observar al recién llegado, encontrándose con un chico con pintas de ser un tipo rudo y problemático que se pasa toda la vida luchando y abusando de los más débiles para demostrar su dominio y su posición en la cadena alimenticia; a Tsuna no le importaba la gente así, solía ser molestado por los de su tipo, pero como nunca se defendía, perdían el interés en él luego de unas semanas, pero este chico tenía algo diferente, algo en su mente le gritaba que haría algo importante y la mirada de odio que le dirigía solo le causaba las peores ideas. Gokudera Hayato, como se había presentado, pasó a su lado y dio una patada a la pata de su silla, haciéndolo caer al piso mientras una mueca de asco se formaba en su rostro; sí, definitivamente no sería muy amigable con él y tendría que tener cuidado.
Esta es mi versión de KHR, que obviamente no me pertenece, como podrá notarse en la lectura, busco desarrollar una parte más oscura de los sentimientos de Tsuna, la idea es profundizar en el estado mental de todos los miembros de su familia a partir de los problemas que él sufre a causa de su depresión y los problemas de autoestima que lo dañan; seguramente cambiaré el sistema de poderes ligeramente, para acercarlo más al concepto que trato de transmitir con el concepto de la historia. El desarrollo de la trama y distintos momentos podrían verse cambiados, pero trataré de mantener la línea del tiempo lo más similar a la original, dentro de lo posible. Un saludo para cualquier persona que llegue a leer este, si les atrae la idea pueden dejar su follow para ver las futuras actualizaciones y comentar sus opiniones.
Tratare de conseguir que los capítulos siguientes sean más largos; sin más por el momento, me despido.
