-¡Hermione!, ¿ya oíste?
Era Parvati. Ella y Padma se acercaban muy sonrientes a ella, tomadas del brazo, interceptándola por el pasillo fuera del aula de Aritmancia, de donde la chica acababa de salir.
-¿Si oí qué?
-¡Ron y Harry! -dijo Parvati, radiante, excitada por el chisme-. ¡Casi se matan en el Gran Salón, por ti!
Hermione quedó pálida, pero trató de fingir desinterés.
-¡Se ligaron a los puñetazos, y Ron acabó en la enfermería porque Harry le rompió una jarra del desayuno en la cabeza!
Ya no pudo disimular su horror.
-¿Qué? -preguntó, atónita. No podía creerlo.
-¡Sí! -Parvati parecía estar feliz de la vida de que Ron estuviera en la enfermería, como si fuera lo más emocionante que hubiera pasado en todo el curso-. Ahora bien, Padma y yo preparamos una lista para ti, para ayudarte a elegir.
-¿A… elegir?
Padma desenrolló un largo pergamino y empezó a leer.
-Yo creo que deberías elegir a Ron -empezó Padma, leyendo-. A pesar de que no le gustará a Lavender, creo que él y tú tienen mucho más en común. Mira, Hermione, el lado positivo de elegir a Ron es que nadie tiene demasiado en cuenta a Ron, así que tú serás la protagonista en esa relación, cuando los vean pasar juntos la gente dirá: "mira, ahí va Hermione, la bruja más brillante de Hogwarts, y su novio". En cambio, si estuvieras con Harry sería al revés, la gente diría: "mira, ahí va el héroe del mundo mágico, con su novia". Definitivamente, te conviene Ron.
-Yo, en cambio, creo que deberías elegir a Harry -dijo Parvati, sonriendo de oreja a oreja, mientras caminaban junto a ella, sin dejarla escapar de sus garras, por los corredores-. Harry tendrá un futuro mejor. Debes pensar en el futuro, Hermione. Cuando acabes Hogwarts, deberás comer de alguna forma. Con Ron, lo veo muy, muy difícil.
-Sí, pero Hermione es una mujer independiente y autosuficiente -opinó Padma, mirando a su hermana-. Ella será el sostén de la familia, es obvio que llegará muy lejos en el Ministerio de la Magia. No necesita que su pareja aporte dinero. ¡Ella tendrá suficiente!
-De cualquier forma, Harry es más atractivo -dijo Parvati-. Imagina, Hermione, que un mago tenebroso quiera lastimarte. ¿A quién preferirías tener al lado para protegerte? Harry es un mucho mejor partido, puede derrotar a cualquier villano que se aparezca. Nadie te tendrá tan a salvo como Harry.
-Hermione no necesita que nadie la proteja -insistió Padma. Hermione quería huir de allí, pero se habían puesto una a cada lado suyo y no la dejaban escapar-. Es capaz de defenderse sola. Es más, ella será quien defienda a Ron. Es una mujer poderosa y valiente. No necesita a un hombre que la cuide. Hazme caso, Hermione, ¡elije a Ron!
-Harry, Hermione, Harry -dijo Parvati-. Ron no deja de pelear con todo el mundo. Discutirán a diario. Con Harry, por ejemplo, lo quería moler a puñetazos. Será un marido golpeador, te lo digo.
-¡Harry fue quien lo dejó en la enfermería!
-Porque es mucho más fuerte y valiente, Padma. Elije a Harry, hazme caso. El sexo será mucho mejor.
-Lo dices como si supieras, hermana…
-¿Y a ti qué te importa si lo digo con conocimiento de causa? -pero le guiñó un ojo a Hermione, que estaba pálida y en shock.
-Ron es más tierno, dulce, no creo que Harry pueda amarla de la misma forma. No parece un chico romántico. Siempre está pensando en magos oscuros, misterios… Ron es más romántico, será la clase de hombre que te sorprenda con chocolates, que recuerde las fechas importantes… Además, Harry muy probablemente morirá en alguna de las miles de peleas con magos oscuros en las que se mete siempre. Solo sufrirás, si elijes a Harry.
-¿Me disculpan? -dijo finalmente Hermione, por fin abriéndose paso entre ellas y bajando una escalera a toda velocidad para escapar del acoso de las hermanas Patil.
-¡HARRY, HERMIONE! -chilló Parvati, tras ella, dando saltitos y agitando las manos.
En ese momento, Hagrid caminaba por los terrenos del castillo, con una jarra de lo que creyó que era alcohol, con el que pretendía ahogar las penas, sin dejar de llorar.
-Dos niñas… -lloriqueaba, andando por los terrenos hacia su cabaña-. Dos niñas inocentes… Soy una bestia…
Aún sufría por lo de Ginny y Luna. Había pensado en entregarse a Azkaban, pero aún no lo había hecho. Volvió a beber de la jarra, y se dio cuenta de que se había equivocado. No la había llenado de alcohol, sino de jugo de calabaza. Molesto por la equivocación, se acercó prudentemente al Sauce Boxeador y arrojó todo el contenido sobre sus raíces. Con la jarra ahora vacía, siguió andando hacia su cabaña, sin dejar de llorar.
Hermione entró en el Gran Salón, para el almuerzo, y enseguida oyó risas y caras que se volvían hacia ella desde la mesa de Slytherin.
Se quería morir: Malfoy estaba de pie, sosteniendo en alto algo blanco, que creyó reconocer perfectamente. No, no podía ser…
Pero sí, era. Malfoy ondeaba en el aire, como si fuera una bandera, el calzón de Hermione, y se mataba de la risa en medio de un grupito de alumnos de Slytherin, contándoles en voz muy alta lo que había hecho con ella.
"Maldito hijo de mil putas…", pensó Hermione, totalmente estupefacta, sin poder creer aquello, más indignada de lo que nunca hubiera estado en su vida. Por un momento, estuvo a punto de imitar a Harry y romperle una jarra en la cabeza a Malfoy, pero entonces se dio cuenta de que eso no haría más que validar el relato de Malfoy. Él no tenía pruebas, ese calzón podía ser de cualquier persona. Lo que él quería era justamente eso, que ella estallara y fuera a enfrentarlo, para que todos supieran que lo que les estaba contando era cierto.
Entonces, luchando por contenerse y usar la cabeza, puso una expresión como si no supiera de qué hablaba Malfoy, y se alejó con dignidad hacia la mesa de Gryffindor, lanzando una mirada a los de Slytherin como si se estuviera preguntando qué payasada estaría haciendo el idiota de Malfoy ahora, sin darse por aludida.
Funcionó mejor de lo esperado, o eso creyó. Pronto los de Slytherin no reían tanto, como ya no tan seguros de que Malfoy les estuviera diciendo la verdad.
Harry no estaba en la mesa, por suerte. Se apresuró a comer antes de que este apareciera. En cuanto lo vio entrar desde el vestíbulo, se puso de pie y se marchó por allí, fingiendo especial interés en el cielo encantado mientras le pasaba por al lado.
-Hola a todos -saludó la profesora Sprout esa tarde, en los invernaderos. Hermione trató de no pensar en el hecho de que la última vez que había visto a la profesora estaba desnuda contra los vidrios de las paredes, siendo penetrada por Dennis Creevey. -Hoy tenemos la anteúltima clase de Educación Sexual Mágica, y vamos a ver las plantas que pueden ayudarnos con el sexo. Colóquense en parejas, por favor…
-Maldita sea -dijo Hermione en voz baja-. ¿Por qué siempre en parejas?
Miró alrededor, furiosa, y se apresuró a acercarse a Neville antes de que Harry o alguien pudiera pedirle que hiciera pareja con él. Sentía los ojos de toda la clase encima. Todos debían haber visto la mítica pelea de Harry y Ron en el Gran Salón, y parecían estar esperando a que ella corriera hacia Harry diciéndole que lo elegía a él, o alguna estupidez así. Para empeorarlo todo, se sentía caliente otra vez.
Harry se colocó en pareja con Hannah Abbott, luciendo igual de molesto. La actitud de sus compañeros no ayudaba a que pudiera reconciliarse con Hermione en algún momento cercano. Para colmo, no había dejado de sentirse caliente, y no lo había hecho con nadie después de Luna, así que no podía esperar a que terminara la clase para correr al baño a masturbarse por duodécima vez ese día.
Malfoy, que había faltado a su clase de Encantamientos, andaba con Crabbe y Goyle por los terrenos del colegio, rumbo a los invernaderos.
-Entendieron el plan, ¿verdad? -les dijo a los otros dos, que asintieron enérgicamente-. Cuando localicemos a Granger en el invernadero, tenemos que ocultarnos del lado de afuera, espiando a través de las paredes de vidrio. Pero sin que nos vean, a una distancia. ¿Y qué haremos luego? ¿Crabbe?
-Le echamos una maldición por la espalda -dijo Crabbe, riendo como tonto.
-Sí, bien, Crabbe. Pero no es cualquier maldición. Es la maldición para hacerla ponerse cachonda. Déjenlo, yo la haré. No podemos arriesgarnos a que salga mal. -Malfoy rió de forma malvada-. Será estupendo. Cuando Granger se ponga tan cachonda que no pueda aguantarlo más, se quitará toda la ropa, y probablemente empezará a masturbarse con alguna planta, o algo así, ¡delante de toda la clase!
Los tres rieron a carcajadas, andando rápidamente por los terrenos hacia la zona de los invernaderos, de forma maliciosa.
-Bien… corten los tallos de esta forma -indicaba Sprout, cortando una planta afrodisíaca con unas tijeras podadoras. Hermione y Neville la imitaron, de mala gana. No estaban de humor esa tarde.
Harry le pasó la tijera a Hannah, que había extendido una mano para pedírsela, concentrada en su planta. Cuando puso la tijera junto a la chica, distraído, y entonces sintió la mano de Hannah sobre la suya. Se la había tocado sin darse cuenta, mientras buscaba la tijera. Ambos alzaron la mirada y se quedaron mirándose, de una forma extraña, la mano de la chica rubia de Hufflepuff sobre la suya.
-Aquí es perfecto -dijo Malfoy, y los tres se detuvieron a la sombra de un árbol-. Estamos bastante lejos para ser vistos, pero sé que mi puntería no fallará. Se me está dando muy bien con los encantamientos a larga distancia. Esa melena de pelo con frizz tiene que ser la de la sangre sucia. ¡Ja, ja, ja! Ya verán, cuando se empiece a masturbar delante de los demás, será genial… Bien, aquí voy.
Apuntó la varita hacia la minúscula mancha marrón que era el cabello de Hermione, apenas visible en la distancia a través del vidrio del Invernadero 5. Cerró un ojo y se sujetó el brazo de la varita con el otro, para apuntar mejor, manteniendo el brazo inmóvil. Se mordió la lengua y se preparó para lanzar el maleficio.
-Creo que el corte debería ser transversal -opinó Neville, que trabajaba con Hermione, con su gran habilidad en herbología-. Es la que se usa para la planta de la familia de las hebáceas. Mira, déjame mostrarte -Neville tomó las manos de Hermione y las giró con cuidado para mostrarle la forma de hacer el corte correctamente. Ella alzó la mirada hacia él y sus ojos se conectaron unos segundos, las manos del chico envolviendo las suyas. Neville, ahora que estaba crecido, no parecía tan tonto como antes, y de hecho había estado haciendo mucho ejercicio, lo que se notaba por lo apretado de sus músculos contra la camisa escolar…
Harry se acercó a Hannah, que lo miraba con sus ojos marrones, que bajaban desde los verdes suyos hasta sus labios, y luego subían de nuevo. Parecía hipnotizado por ella. Habían olvidado todo lo que suponía que debían hacerle a esa planta.
Malfoy, sonriendo con crueldad y malicia, afirmó el brazo de la varita y se preparó para hechizar a Hermione con el hechizo afrodisíaco más potente que era capaz de conjurar, y que había aprendido recientemente practicando con Pansy Parkinson. Cuando estuvo a punto de lanzarlo, sin embargo, sintió algo rozándole el cuello.
-Basta, Crabbe -dijo Malfoy-. No me dejas concentrarme.
-No he sido yo.
-¡Auch! ¡Basta, Goyle! ¿Por qué me rozas la espalda? ¿Qué te pasa?
-¡Yo no he sido!
Malfoy giró la cabeza, molesto. Sus ojos claros se abrieron de golpe: el árbol bajo el que estaban no era cualquier árbol. Era el Sauce Boxeador. Y estaba moviendo sus ramas contra él. Sin embargo, no lo estaba golpeando. Lo estaba… acariciando.
-Bien, alumnos, terminó la clase -anunció Sprout de pronto, que parecía inusualmente acalorada.
-¿Tan rápido? -preguntó Ernie Macmillan.
-Sí, sí, esta era una clase especial de Educación Sexual Mágica, así que es más corta -dijo la profesora, pero no dejaba de mirar a través de la pared de vidrio, hacia una zona cercana al castillo. Hermione miró por un instante hacia allí y vio que Dennis Creevey caminaba nerviosamente por la puerta del castillo, de un lado al otro, y la profesora no dejaba de mirarlo. -¡Hasta la próxima! -y Sprout se marchó de allí más rápido que cualquiera de ellos.
-Vamos arriba -susurró Hannah en el oído de Harry, sin poder contenerse. Este asintió enérgicamente con la cabeza, la tomó de la mano y tiró de ella hacia la salida del invernadero. Hermione los vio, y entonces se dirigió a Neville.
-Ven conmigo, Neville -dijo, tomándolo de la mano también.
Este sintió una presión en el estómago, pero no dijo nada. Muerto de nervios, avanzó tras Hermione, por otra de las salidas.
Diez minutos después, Harry y Hannah entraron juntos y solos a un aula vacía del primer piso. Ni bien se cerró la puerta tras ellos, Harry la tomó de la cintura y empezó a besarla.
-¡Oh! -gimió la chica, alzando la cabeza para que Harry le besara el cuello. Este obedeció, mientras sentía la mano de Hannah metiéndose dentro de su pantalón y moviéndose sobre su miembro.
En un piso inferior, Hermione y Neville se cercioraron de que nadie mirara y se metieron en un armario de escobas que daba al vestíbulo.
Hermione le arrancó la camisa de un tirón y luego movió los dedos por los impresionantes pectorales de Neville, que estaban duros y marcados.
-¿Cuándo pasó esto? -preguntó, impresionada.
-Bueno, yo… he estado haciendo ejercicio -dijo Neville, que temblaba de los nervios, pero trataba de mantenerse firme, como demostrando que había cambiado, que era otra persona ahora, pero aun así siendo invadido por escalofríos cada vez que un dedo de Hermione lo rozaba.
-No puedo creerlo -dijo Hermione, y empezó a besarle los pectorales, lo que ocasionó que Neville casi se desmayara. Tropezó con una cubeta y casi cae al suelo, por la impresión. La sensación de los labios de Hermione sobre sus pectorales hizo que se estremeciera completamente por dentro. Hasta le daba cosquillas. No estaba acostumbrado a eso. Trató de no imaginar lo que diría su abuela si lo viera. Estaría orgullosa, seguramente.
-¿Tú… tú eres…? -empezó Hermione, mirándolo en la oscuridad de ese armario con los ojos muy abiertos-. ¿Virgen?
-No, no… -dijo él-. Bueno, lo hice una sola vez. He perdido mi virginidad anteayer, en verdad. Pero no creo que la chica supiera que era yo el que estaba… tú sabes… Es que había mucha gente.
Neville lucía nervioso y aterrado. Pero Hermione pareció aun más impresionada. Le apretó uno de sus contundentes bíceps y le masajeó los abdominales, tan duros como una tabla de madera tallada a cuchillo.
-Pero… ¡pero si estás buenísimo! -dejó escapar Hermione, totalmente caliente-. ¿Cómo te mantuviste casi virgen todos estos días, con toda la locura que hay en el castillo?
-Yo… bueno, yo… soy algo tímido -Neville agradeció que estuviera oscuro, porque se había puesto rojo como un tomate.
Malfoy miró cómo Crabbe y Goyle salían corriendo hacia el castillo, gritando y agitando los brazos, aterrados, pero él no se movió. No pudo moverse. Sentía las ramas del Sauce Boxeador acariciándole las piernas, luego el miembro… y se puso totalmente duro. No pudo evitarlo. Empezó a quitarse la túnica, mordiéndose los labios mientras miraba al Sauce Boxeador de forma provocativa, totalmente caliente…
-Quiero que te metas dentro mío, Harry -susurró Hannah en el oído de Harry, mientras movía la mano por su pene, bajo el pantalón. Harry sudaba. La tenía sujeta de la cintura con una mano, y con la otra le tocaba los glúteos por arriba del pantalón. -Quiero que me rompas toda la chuchi. ¿Puedes hacerlo?
-Claro que sí -susurró Harry, caliente como nunca.
-Quiero que me eches tu semen en toda la cara -le dijo ella, en unos gemidos sexuales en su oído, a pesar de que aun ni se habían quitado la ropa-. Quiero tragarme toda tu pinga. ¿Crees que puedas hacerlo?
Harry sentía que explotaría en cualquier momento. Aquella chica, que apenas conocía, resultó ser la ninfómana más alocada con que se hubiera cruzado jamás. Parecía querer sexo de forma desenfrenada, y él estaba totalmente dispuesto a dárselo.
Hermione bajó la boca por los duros abdominales de Neville y le empezó a correr el cierre del pantalón. Le tocaba el bulto con una mano mientras lo hacía, por arriba de la tela, y el chico se mordía los labios con los dientes muy fuerte, sus ojos cerrados, sin dejar de temblar y sacudirse.
No se sentía preparado para eso. Era demasiado. Hermione Granger y él, en un armario, ¿a punto de tener sexo? Hermione Granger, sentada ante él, sobre una cubeta del armario de escobas, ¿besándole los abdominales? ¿Tocándole el bulto? ¿Bajándole el cierre? ¿A punto de darle sexo oral?
No, era demasiado excitante. Demasiado alocado. Demasiado.
No podía aguantar. La excitación era enorme. La sensación era muy inmensa.
-¡Oh! -gimió Neville, estremeciéndose y temblando más que nunca.
Hermione no comprendió. Aun no había terminado de bajarle el cierre del pantalón, pero Neville se estremecía y apretaba las piernas como si…
Se quedó petrificada.
-¡¿Acabaste?! -le preguntó, aterrada. Y Neville, sobre ella, no tuvo más remedio que admitirlo, asintiendo con la cabeza, lleno de vergüenza.
Hermione no pudo disimular su decepción.
Malfoy se movió más hacia el árbol. Le acarició el tronco, excitado, sintiendo todas las ramas desvistiéndolo y dejándolo desnudo, allí, en los terrenos del castillo. Ahora las ramas se retorcían sobre él, sujetándole el miembro como una mano cerrada, las ramas del árbol lo masturbaban…
-Quiero que me revientes el ano con tu pinga -dijo Hannah débilmente, ahora ella chupándole el cuello a Harry, mientras seguía moviendo su mano por su pene, arriba y abajo.
-Pues ya hagámoslo -dijo Harry, que no podía más-. Vamos… ahora…
Pero Hannah rió, para su sorpresa.
-No, Potter -le dijo al oído, traviesa-. No tan rápido… Tenemos que ir despacio… Muy despacio…
Harry se estremeció ante la crueldad de Hannah. Le decía todas esas cosas, pero no quería dejarlo hacérselas. De alguna forma, eso lo calentaba aún más…
Hermione bajó el pantalón de Neville de todas formas, y luego levantó el elástico del bóxer. El pene estaba empapado en líquido seminal, y ya no estaba duro. Pero entonces la chica se lo apuntó con la varita, murmuró unas palabras, y Neville notó cómo se le ponía duro otra vez. Hermione alzó la mirada hacia él y le dirigió una sonrisa.
Entonces, Neville sintió su corazón dar un salto cuando Hermione le quitó el bóxer, dejándolo desnudo de la cintura para abajo, tomó su pene con las dos manos y se lo llevó a la boca, chorreando semen y todo.
-¡Ohhhh! -Neville creyó ver las estrellas, sintió la sensación más placentera y espectacular que jamás hubiera sentido en su vida. Los labios de Hermione le envolvían el miembro, su lengua rozaba su glande, chupándole todo el líquido que había eyaculado al mismo tiempo que le chupaba todo el pene, moviendo la boca por todo el tracto, desde la cabeza hasta la base, sosteniéndoselo por la base y los testículos.
Eyaculó otra vez, dentro de la boca de Hermione, casi enseguida. El segundo orgasmo no se había hecho esperar. Era totalmente precoz.
-¡Lo siento! -masculló, avergonzado otra vez. Pero Hermione lo ignoró. Se tragó todo el líquido al tiempo que lo apuntaba con la varita y hacía que se le pusiera duro de nuevo, mediante magia. -Oh, válgame -los ojos de Neville se abrieron por completo, al sentir a la chica chupando el nuevamente endurecido miembro luego de tragarse todo el líquido.
-Vamos… -decía Harry, ahora caminando hacia adelante. Hannah lo miraba con una sonrisa mientras caminaba hacia atrás, por el aula, alejándose de él-. Estoy tan caliente. Hagámoslo. Ahora.
Pero ella negó con un dedo, sin dejar de sonreír.
-De a poquito, Potter -le dijo. Entonces se puso de espaldas a él, se apoyó con las dos manos en una mesa e irguió su trasero de forma sensual hacia él. Harry notó que tenía un trasero enorme. Aquel pantalón le marcaba toda la raya. Se puso tras ella y apoyó su durísimo miembro en medio de la raya, pero Hannah se dio la vuelta rápidamente, se sentó arriba del pupitre y atrajo a Harry hacia ella por la camiseta, para besarlo en los labios. Luego acercó la boca a su oído otra vez, y susurró:
-¿Te gusta? ¿Te gusta mi culo?
-Me encanta -dijo Harry, débilmente.
-Pues es tuyo -dijo ella, en un hilo de voz-. Quiero que lo hagas tuyo, Harry. Que lo penetres. Una y otra vez. Que metas tu dura poronga dentro. ¿Qué me dices?
-Que lo hagamos -dijo él, tratando de quitarle la ropa, pero ella se lo impidió, quitándole la mano de encima mientras lanzaba risitas.
-No, no -le dijo, sin dejar de reír, mientras se movía hacia atrás sobre la mesa, hasta caer sobre ella, boca arriba-. No tan rápido, Potter… Despacio… Despacio…
Pero Harry se acercó a uno de los lados de la mesa y empezó a tocarle los pechos. Logró sacarle la musculosa, sin que se lo impidiera, y los pechos de Hannah se irguieron desnudos sobre la mesa, sus pezones pálidos brillando a la luz de las velas del aula. No llevaba sostén. Harry bajó la cabeza y empezó a chupárselos. Las tetas de la chica estaban calientes, hirviendo, como si explotara del deseo por dentro.
-¡Ohhhhhhhhhhh! -Malfoy eyaculó sobre el árbol, el líquido blanco saltando de su pene y aterrizando en el tronco del Sauce Boxeador, mientras las ramas seguían masturbándolo con velocidad. -¡OHHHHHHHHHH! -gritaba tan fuerte, y estaba tan a la vista en ese lugar abierto, que era sorprendente que nadie lo hubiera visto aun.
Ahora Neville y Hermione estaban sentados juntos sobre las cubetas. Ella sobre él, ambos desnudos, se besaban en los labios mientras Neville la penetraba, Hermione continuamente lanzándole hechizos para que volviera a ponerse duro luego de acabar.
-¡Oh! ¡Oh! ¡Oh! -Hermione daba saltitos enérgicos encima suyo. Sentía el pene del chico dentro y le tocaba todos los músculos, abriendo las nalgas sobre sus piernas, rodeándolo con los muslos, su carne golpeando una y otra vez contra la de él. El calor era sofocante en el armario.
Harry finalmente consiguió desnudar a Hannah. Ahora estaban de pie otra vez, yendo hacia la mesa del profesor, ella caminando hacia atrás, desnuda, alejándose de él, pero riendo más y más.
-Atrápame, Potter -le dijo, pasándose una mano por las tetas-. Atrápame como a una Snitch.
Harry la alcanzó en la mesa del profesor y la atrapó, ambos desnudos. La envolvió en sus brazos y apoyó el miembro duro contra ella, mientras sentía el cuerpo de Hannah, totalmente caliente y emanando una radiación sofocante sobre él, dentro de sus brazos. La besó en los labios y la apoyó contra el costado de la mesa. Su pene se clavó en ella, la cabeza rozándole los labios vaginales. Lo movió por su raja, de arriba abajo, mientras la inmovilizaba contra la mesa. Luego la penetró despacio, sintiendo su miembro entrar lentamente. Ella sentía cómo el pene de Harry la abría poco a poco, lubricado por la calentura que extasiaba a la chica. Se miraron a los ojos y se besaron más y más, ahora Harry retirando el pene un poco y hundiéndolo nuevamente, más adentro.
-Condom -susurró ella, apuntándolo con su varita.
Se movieron con rapidez, contra la mesa, de forma continua.
-¡Ohhhhhhh! -ahora el sauce penetraba a Malfoy, que estaba en cuatro patas sobre el césped. Las ramas se metían en él, y los ojos de Malfoy estaban muy abiertos mientras las sentía entrar-. ¡OOOHHH, MADRE MÍA! ¡OH, SAUCE! ¡MI PADRE SE ENTERARÁ DE ESTO! ¡OHHHHHHH!
Neville acabó por la vez número veinticinco, más o menos, y esta vez Hermione eligió no continuar. Ya estaba satisfecha. Mantuvo el ritmo sobre el chico unos instantes, la piel de ambos sudando mucho en ese sofocante armario, y luego se quedó quieta, él aun dentro suyo, y le dirigió una sonrisita.
-Estuviste bien -le mintió. Pero lo cierto es que había quedado satisfecha, al menos, aunque a base de magia conjurada por ella misma, o habría sido imposible.
Se apartó de él y se vistió rápidamente, mientras aguzaba el oído para ver si había alguien en el vestíbulo, antes de abandonar el armario.
Harry y Hannah se movieron contra la mesa del profesor, ella con las piernas muy abiertas. Se besaban con locura, y Harry no dejaba de pensar en todas las cosas que le había dicho que le permitiría hacer. Se lo haría cumplir. Haría cada una de todas esas cosas con ella. Eso era solo el principio. La locura lo había embargado por completo, la calentura era atroz. Empezó a girarla, pensando en que empezaría por hacerle cumplir aquello de darle duro por detrás, en ese culo enorme que tenía…
Pero entonces, cuando Hannah empezó a acceder a darse la vuelta, pasó algo terrible.
De pronto, la puerta del aula se abrió de par en par, y Severus Snape entró al aula con una mirada que daba terror.
-Oh, mierda -Harry se apartó de Hannah, su pene saliendo de dentro de ella y bailando en el aire unos instantes. La chica giró la cabeza para ver qué había pasado, y su cabello rubio se agitó en el aire. Al ver a Snape, Hannah corrió de regreso a donde estaba su ropa, tirada en el piso en medio del aula.
Snape no decía nada. Sus ojos estaban desorbitados por la sorpresa. Esa ni siquiera era su aula, pero era evidente que había oído algo y por eso había decidido entrar. Sin embargo, lo que más miedo le dio a Harry, más que su expresión de sorpresa, fue lo que siguió luego en el rostro del profesor: una sonrisa malévola, de esas que le dedicaba solo a Harry cuando lo había atrapado en algo muy, muy malo, deseoso de hacerlo tan infeliz como fuera posible.
-Expulsión, Potter -fue lo único que dijo, sus únicas palabras, mientras observaba a Harry y a Hannah vestirse a toda velocidad, quedando finalmente los dos ante él, mirándolo inmóviles y aterrados-. Vengan conmigo -añadió, dándose la vuelta y ondeando su capa tras él, caminando hacia afuera.
Harry y Hannah se miraron entre sí, compartiendo una expresión de angustia. Harry no sabía qué era peor, que lo echaran del colegio o la forma en que Snape le había cortado el chorro en medio de tanta calentura. Decididamente, lo segundo era peor. Porque el estado en que estaba Harry era tal que realmente no le importaban trivialidades como ser expulsado.
Hannah y él anduvieron fuera del pasillo y detrás de Snape, que claramente los estaba llevando hacia el despacho de la directora suplente, McGonagall. Harry sintió que Hannah le tomaba la mano, y se asustó.
Al mirar a un lado, para su sorpresa, vio que Hannah le sonreía, aun tomándolo de la mano.
-¡PERFECTO! -gritó una voz.
Malfoy se llevó el sobresalto de su vida. Pegó un salto en el aire, desnudo, y se apartó del Sauce Boxeador tanto como le fue posible. Y lo que vio lo dejó helado:
Colin Creevey estaba delante de él, con su cámara fotográfica en alto, y la luz del flash se apagaba lentamente.
Acababa de tomarle una fotografía.
Malfoy se puso tan pálido que casi se vuelve invisible. Colin sonrió como nunca en su vida, con la cámara aún en alto.
-¡Esta foto valdrá millones! -gritó Colin, muy emocionado-. ¡Ese árbol te estaba penetrando por detrás, y tú estabas en el suelo, en cuatro patas, con cara de estar disfrutándolo como nunca! ¡ES LA MEJOR FOTOGRAFÍA QUE HE TOMADO EN TODA MI VIDA!
-Si no… si no quieres morir… -empezó Malfoy, temblando de pies a cabeza, una vena a punto de explotar en su cuello-. Vas a darme esa foto… Y también la cámara… O juro que eres hombre muerto, Creevey.
-¡JAMÁS! -dijo Colin, cuya sonrisa no desapareció por un segundo-. ¡Iré a mi habitación a revelarla! ¡Puedo hacerle quinientas copias en quince minutos! ¡Mediante magia! ¡He aprendido a hacerlo! ¡Pronto esta foto estará en todos los muros del castillo! ¡Con movimiento y todo! ¡La gente me amará, seré reconocido por mi hermoso arte fotográfico! Creo que se llamará: "el roble y el Slytherin". ¡GRACIAS! ¡ADIÓS!
Y se fue de allí corriendo a toda velocidad, feliz como nunca, dando saltitos y desapareciendo dentro del castillo, fuera de vista.
Malfoy se quedó allí, desnudo, y con la boca curvada hacia abajo.
-Este es mi fin -dijo para sí mismo, derrotado-. Es el final de mi vida.
Una de las ramas del Sauce Boxeador se le acercó y le acarició la cara con suavidad, en forma de consuelo.
