-Adiós, Crabbe. Adiós, Goyle.
Malfoy estaba llenando su ostentoso y nuevo baúl del colegio con todas sus cosas. Lanzó la Nimbus 2001 y luego varios libros encima, de forma desprolija.
-¿Te irás del colegio? -preguntó Crabbe, desde su cama. Lucía muy afectado. Sin Malfoy, ni él ni Goyle parecía que supieran cómo seguir la vida.
-Escribí a mi padre hace un rato y ya recibí su respuesta. Está en camino. Me habré ido de aquí antes de que el imbécil de Creevey consiga difundir la foto por todo el castillo.
-Podríamos golpearlo -sugirió Goyle.
-No será suficiente. Tiene la foto. Además, ya quiero irme de aquí. Estos días fueron una total mierda. No puedo seguir follándome manzanas, gatos, árboles… Esto tiene que parar. Mi padre dijo que puede conseguirme una vacante en Durmstrang para empezar el año próximo. Si bien perderé el año, lo bueno es que en Durmstrang solo estudian seis años, así que terminaré a la misma edad que ustedes. Y es mucho mejor escuela que esta mierda. Así que está decidido.
Lanzó las últimas cosas, cerró el baúl y se puso de pie. Para sorpresa y horror suyo, Goyle se levantó, caminó hacia él y le dio un abrazo.
-¡APÁRTE! -Malfoy lo empujó, enfadado-. ¿Qué rayos haces?
-Lo siento -se disculpó este, limpiándose el ojo.
-No extrañaré nada de aquí -comentó Malfoy de forma desdeñosa-. Excepto, claro, el jugo de calabaza. Soy totalmente adicto a él. He llenado esto con veinte litros que robé de las cocinas -les mostró un termo de tamaño normal, que sostuvo bajo el brazo-. Está extendido por dentro mediante magia. Tengo suficiente para seguir disfrutándolo un buen tiempo. En fin, hasta luego. Golpeen a todos por mí.
Malfoy arrastró el baúl fuera de la Sala Común de Slytherin y por los pasillos de las mazmorras, hasta que salió al vestíbulo. Luego de echar una última mirada con resentimiento al Gran Salón, salió por las puertas de roble y arrastró el equipaje por la explanada, hasta las verjas de entrada, desde donde pudo ver la cabellera rubia de su padre, ya esperando del otro lado. Echó una última mirada al castillo por sobre el hombro y abrió las verjas de un tirón.
-¿No debemos decirle a McGonagall que me voy? -espetó Draco, entre dientes.
-Ya hablé con la directora -dijo Lucius, al verlo-. Está todo arreglado, hijo. Le dije que debías irte deprisa y que no me haga preguntas ni me discuta. Dejaron abierta esta verja para que nos fuéramos lo antes posible. Ven, tengo que hacer una parada antes de ir a casa.
Lucius tomó el brazo de Draco, giró sobre sí mismo y ambos desaparecieron.
Harry y Hannah iban tras Snape, pensando en que aquel trayecto sería el último que hicieran por el castillo. Sin ninguna duda, iban a expulsarlos a ambos. Tener sexo en un aula vacía de seguro iba en contra de unas doscientas normas de Hogwarts.
-Aprenderán, malditos mocosos -dijo Snape en voz muy alta, a propósito, para que oyera un gran grupo de alumnos de Gryffindor que salía de clases en ese momento-. Aprenderán a no hacer suciedades en las aulas, en hora de clase. Despídanse de sus compañeros, vamos -parecía que lo disfrutaba, mientras las caras de todos los compañeros de Harry los miraban muy boquiabiertos ante las palabras de Snape-. ¡Despídanse! Porque no volverán a verlos. Pronto estarán muy lejos de aquí, los dos…
-¿Ah, sí? -dijo entonces una fría voz, entre medio de un grupo de gente. Snape se detuvo.
Hermione lo estaba mirando desafiante y cruzada de brazos. El grupo de gente los rodeó a los cuatro en un semicírculo lleno de murmullos y voces ansiosas.
-Nadie te pidió tu opinión, sangre sucia -le espetó Snape, haciendo que varios se impresionaran por oír a un profesor proferir tal comentario. Pero Snape estaba fuera de sus cabales, más que nunca.
Hermione, sin embargo, no se alteró por el insulto.
-Si van a ver a McGonagall, voy con ustedes -dijo Hermione entonces, en un tono de voz que indicaba que tenía algo en mente, algo que Snape pareció captar enseguida entornando sus pequeños ojos negros-. Tenía pendiente hablar con ella, ¿sabe, profesor? Sobre cierto asunto ocurrido hace unos días… en un armario de escobas -arqueó las cejas.
Hubo un brillo de temor en los ojos de Snape. Todos murmuraron aún más, especulando sobre de qué hablaría Hermione. Harry no podía creerlo, ¿Hermione estaba enfrentándose a Snape por él? ¿Para salvarlo a él de ser expulsado? ¿A pesar de que ni siquiera se hablaban esos días?
Snape parecía estar teniendo una lucha interna muy severa bajo su cabello grasiento, como si los engranajes en su cerebro procesaran lo dicho por Hermione en busca de una salida en la que aún pudiera hacer que expulsaran a Harry. Pero no pareció encontrarla, y la presencia de tanta gente rodeándolos hacía que cualquier cosa que dijera a Hermione fuera inmediatamente replicada por cientos de voces a lo largo y ancho de todo el castillo, por lo que no podía cometer errores. Todo eso provocó una rabia desmedida en su rostro, que denotaba ira atroz. Sin embargo, abrió la boca y dijo, muy lentamente:
-Potter… Abbott… Ya oyeron a la reina sabelotodo de Granger. Regresen a sus salas comunes y no vuelvan a follar por las instalaciones.
Se alejó hecho una furia, ondeando su capa detrás de sí, y Harry se quedó allí de pie, oyendo todas las voces que comentaban sobre esas últimas palabras, y mirando a Hermione. Estaba salvado. No iban a echarlo. Ni siquiera le había quitado puntos a Gryffindor, y todo gracias a Hermione. Pero esta se dio la vuelta y se marchó tan rápido que ni siquiera llegaron a cruzar una mirada.
Los estudiantes la bloquearon de la vista rápidamente, elaborando teorías sobre qué habría ocurrido en un armario de escobas para que Hermione hubiera conseguido hacer cambiar de opinión a Snape así, y murmurando sobre la pareja de Harry y Hannah, atrapados con las manos en la masa. A Hannah no pareció importarle. Harry vio que se acercaba a él y estiraba una mano, quizás pretendiendo retomar lo que habían dejado pendiente, pero decidió hacerse el tonto y fingir que no la había visto. En cambio, salió corriendo tras Hermione, que iba a grandes zancadas subiendo una escalera, ya lejos de allí.
-¡Hermione! -gritó, pero ella iba muy rápido-. ¡Hermione!
Draco y Lucius reaparecieron, con un chasquido, en medio de una calle de un barrio muggle.
-¿Dónde estamos? -preguntó Draco, observando con curiosidad el letrero que indicaba el nombre de la calle: Privet Drive.
-Tengo que hacer un trabajo aquí, para ya-sabes-quién.
-Oh -murmuró Draco, impresionado, y sonrió de forma malvada-. ¿Qué debes hacer?
-Aquí viven los tíos de tu ex compañero, el gran Potter -dijo con ironía-. El plan es sencillo, y seguramente innecesario. Como sabes, el Señor de las Tinieblas pronto habrá acabado con Potter él mismo. Pero, por si algo saliera mal, me ha enviado aquí a realizar una pequeña y sencilla tarea. Solo debo colocar un traslador en la almohada de Potter. De esa forma, si todo saliera mal y Potter no muere antes de fin de año, cuando regrese con sus tíos en el verano, se acostará a dormir… y será transportado directo ante él. Parece que Potter tiene alguna especie de magia que impide que el Señor de las Tinieblas acceda a él mientras está en esta casa. Pero como ahora Potter está en Hogwarts… solo es una casa muggle común y corriente sin ningún tipo de protección mágica. Será como quitarle un dulce a un niño.
-Es brillante, papá.
-Solo me tomará quince minutos colocar el traslador en la almohada. Pero tú, Draco, deberás distraer a la familia. Por si oyen algún ruido arriba o justo entran al dormitorio. No deben sospechar nada.
-¿Cómo voy a distraerlos?
-Solo toca el timbre y diles que estás vendiendo algo. No lo sé, inventa algo bueno, algo que los entretenga quince minutos. Vamos. Ahora.
Lucius giró sobre sí mismo y se desapareció. Draco tomó un buen trago de jugo de calabaza de su termo, mientras pensaba en algo que le sirviera. Luego se acercó a la puerta del número 4 y tocó el timbre.
Se asomó un rostro como de jirafa, de una mujer muggle que se puso a escudriñarlo detenidamente.
-Eh, hola… -empezó Draco, sin que se le ocurriera nada que decir.
-¿Sí? -preguntó la señora, muy sorprendida de que un adolescente le tocara el timbre.
-Yo soy Draco Malfoy… Voy a la escuela con Harry -soltó entonces. No se le había ocurrido nada más. Tía Petunia abrió los ojos de par en par al oír eso, con terror.
-¿Con… con…? -tartamudeó.
-Necesitaba hablar con usted sobre él -improvisó. Petunia lo miraba con una mezcla de sensaciones. Por un lado, estaba muy aterrada por la revelación de que él era un mago, gente que le daba muchísimo miedo y le provocaba desprecio. Pero, por otro, el prolijo cabello rubio de Malfoy peinado pulcramente hacia atrás, sus zapatos costosos y el hecho de que casualmente ese día llevara una camisa y pantalón muggle muy caros y de buen gusto, hacían que su opinión del chico fuera muy positiva a la vez.
-Yo no soy como Harry -dijo Draco enseguida, con astucia-. De hecho, Harry me cae muy mal, señora. Yo soy una persona refinada, educada. Nada que ver con él. Verá, no todos los de mi clase somos como Harry. Y necesitaba hablar con usted sobre algo relacionado con él.
Le guiñó un ojo, poseído por extrañas fuerzas que habían tomado control de su cuerpo. Sabía, porque había oído una vez a Harry hablar de sus tíos en el Gran Salón, cómo eran ellos, y todo sobre el hecho de que odiaban a Harry. Petunia pareció conmovida por sus palabras, y le sonrió.
-De verdad no te pareces a él en nada -dijo, examinándolo de pies a cabeza-. Tú sí eres un muchacho más prolijo. Sabes vestirte mejor que la mayoría de los de tu clase, debo decir… De acuerdo, pasa. Adelante. -Petunia se hizo a un lado-. ¿Gustas tomar un té?
-Me encantaría, señora.
-Vernon está trabajando, y Dudley en la escuela -dijo la mujer, cerrando la puerta-. Estaba algo aburrida, la verdad. Iré poniendo la pava, toma asiento.
Draco entró en la casa, mirando alrededor con curiosidad, y tomó asiento a la mesa del comedor. Tía Petunia apareció momentos después con el té.
-Tengo galletas, si quieres, para acompañar el té -le dijo ella, acercándose a la mesita de café y abriendo una lata.
-Me encantaría, bella señora.
Tía Petunia se ruborizó. Se sentó a la mesa con Draco, dejó las galletas y se llevó el té a los labios, mirándolo con una mezcla de miedo y emoción.
-Debo admitir que me intimidan… los de tu clase. Pero tú pareces… bien.
-Como le decía, señora Dursley, no somos todos iguales. Mi familia y yo somos muy adinerados. Poseemos una mansión en las afueras del condado de Wiltshire.
-Vaya -exclamó tía Petunia, muy impresionada. No había nada que le cayera mejor que alguien que poseyera una mansión.
-Y sabemos modales de gente que no es como nosotros, por supuesto -siguió Malfoy, que se ponía cada vez más duro, sintiendo cada vez más ganar de follar-. Sabemos lo importante que para ustedes es… la discreción.
-No me gustaría que los vecinos oyeran palabras relacionadas con… los de tu clase. Para ser honesta.
-Y yo jamás pensaría en decirlas, bella señora.
Tía Petunia examinó a Draco con atención, sonriente y acalorada.
-¿Qué querías decirme sobre… el chico?
-Ah, sí, el chico -dijo Malfoy, con una nota de desprecio-. No me cae nada bien.
-A mí tampoco -dijo tía Petunia, con una mueca desagradable-. Mi estúpida hermana, Lily, fue la primera como él en la familia. Qué asco me daba. La aborrecía. Y ese mocoso es su hijo… qué desagradable.
-Los Potter son conocidos entre los de mi clase, los de categoría, como una familia aborrecible -dijo Malfoy, bebiendo un sorbo de té-. Ha tenido una mala experiencia, señora Dursley. Si hubiera conocido a otros… como los Malfoy. Le aseguro que su opinión sobre nosotros sería muy distinta.
Tía Petunia sonrió.
-Ya veo -dijo, suavemente-. Y dime… ¿qué trucos saben ustedes… los Malfoy?
Malfoy sonrió mientras le dirigía su mirada más seductora.
-Muchos, señora Dursley… muchos.
Harry corría detrás de Hermione aun, pero no logró alcanzarla hasta que llegaron al quinto piso.
-Vete, Harry -le dijo ella, caminando rápido, sin volverse.
-¡Espera! Quería agradecerte…
-Ve con Hannah -dijo ella, con furia en la voz-. Seguro que te estará esperando. Ve con ella a terminar lo que hacían, mejor.
Harry corrió hasta colocarse frente a ella, forzándola a detenerse. Hermione levantó la vista y finalmente se miraron a los ojos.
-Vamos -le dijo Harry, con suavidad-. No soy el único. Lo sabes. Estábamos investigándolo, justamente. ¿No? Nos está pasando a todos, y dijimos que íbamos a intentar detenerlo. Juntos.
-Tú no pareces querer detenerlo -dijo ella, con una mueca-. Pareces estar disfrutándolo bastante, de hecho.
-Ya sabes cómo es que ocurre. Es una sensación incontrolable. Yo no deseo esto. Simplemente está pasando, y escapa a mi control. Y sé que también al tuyo. O de otra forma, ¿cómo explicas eso que dijiste a Snape sobre un armario de escobas?
-Yo… Tú… -Hermione se atragantó con las palabras, al parecer habiendo sido descubierta, pero rápidamente recuperó su tono de amenaza-. A ti no te importa lo que yo haga, ¿entendido?
-De acuerdo, entonces ya nos entendemos. Tú haces lo tuyo, y yo lo mío. ¿No es así?
-No es eso lo que…
-Ambos estamos teniendo este problema, con toda esta gente… ¿No es cierto? No soy solo yo.
Hermione lanzó un suspiro.
-De acuerdo -dijo, finalmente-. Yo también he estado haciendo cosas malas. ¿Eso querías oír?
-¿Reconciliados, entonces? -preguntó Harry, extendiendo una mano a ella con una sonrisa nerviosa. Hermione entornó los ojos, pero le estrechó la mano.
-Bien, reconciliados. Pero escúchame -le dijo con gravedad-. No tiene sentido que nos llevemos bien de vuelta si vamos a quedarnos de brazos cruzados y seguir viendo cómo todo esto pasa y nos arruina la vida así. O volveremos a lo mismo.
-¡Lo sé! Pienso igual. Tenemos que seguir intentando detenerlo, tiene que haber una forma…
-O alguien terminará lastimado, Harry. Todo esto es muy peligroso. Lo de los mortífagos… Podríamos morir. O peor, podrían expulsarnos. Como casi te pasa a ti.
Harry pensó que Hermione aún necesitaba ordenar sus prioridades, pero no dijo nada. No quería enojarla otra vez.
-Es solitario, aquí… -decía un rato después tía Petunia, que había abierto una botella de brandy y bebía copiosamente, una copa tras otra-. Vernon trabaja todo el día, él… -de pronto, el alcohol pareció haber llegado a un punto suficiente para hacerla quebrar, porque una lágrima cayó por sus ojos.
-¿Qué ocurre? -preguntó Draco, mirándola con los ojos entornados.
-Vernon él… ¡él me engaña! -soltó ella, rompiendo en lágrimas-. ¡Me engaña con su secretaria! ¡Lo descubrí! ¡Al maldito bastardo! No puedo hacer nada, no puedo romper con él. ¿Qué pasaría con Dudders? No podría hacerle eso. Además, ¿qué pensarían los vecinos? -la sola idea parecía aterrarla-. Supe que no tenía opción. Tendría que perdonarlo. Así que lo hice -estaba muy ebria, con los ojos muy abiertos-. Pero me está matando por dentro, porque sé que él se salió con la suya, se revolcó con esa niña de veinte años y ahora sigue la vida como si nada, mientras que yo…
-Quizás debería pagarle con la misma moneda -dijo Draco. Se puso de pie, caminó hasta quedar tras ella y apoyó ambas manos en sus hombros. Tía Petunia abrió grandes los ojos, más asustada que nunca.
-¿Tú… tú crees?
-Él lo hizo -dijo Malfoy, acercándose para hablarle en un susurro directo al oído-. Así como usted no pudo hacer nada entonces… él no podrá hacer nada tampoco. Tendrá que vivir con eso él también.
Una sonrisa se formó en los labios de tía Petunia, que respiró muy hondo, antes de beber otra copa de brandy.
-No tendrá siquiera que saberlo -susurró Malfoy. Entonces, bajó sus labios y empezó a besarle el largo cuello de jirafa, que era tan largo que tardó años en recorrerlo de arriba a abajo. Tía Petunia cerró los ojos, disfrutándolo, y se corrió la blusa un poco, para que pudiera besarle el esternón.
-¿Tienes alguna idea? -preguntó Harry, que caminaba por los pasillos junto a Hermione, subiendo otra escalera, hacia la Sala Común.
-No mucho… Harry, no hay nada en la biblioteca que nos vaya a ayudar. Lo que necesitamos es hablar con alguien.
-¿Pero con quién? Todos en el castillo están iguales, no parecen ni poder pensar. Ni los profesores, ni los alumnos. Nosotros mismos estamos así la mayor parte del tiempo. Con lo que pasó con esos mortífagos, me queda claro que Voldemort podría estar involucrado en esto. ¿Y si él hizo esto, para sacar a Dumbledore del medio y atacar Hogwarts?
-Si Voldemort está en camino, Harry, tenemos que protegerte. Deberás tener más cuidado que nunca.
-Hermione, si Voldemort viene, todos estamos perdidos. Ya oíste a esa Bellatrix: "Los matará a todos". Y bueno, lo otro que dijo… "los follará a todos". Creo que todo esto debe ser un plan suyo. Es tan obvio.
-Harry, tenemos que hacer algo. Ir a buscar a Dumbledore… ¡Pero no podemos! Dumbledore ni siquiera está consciente, sigue inconsciente en San Mungo. Lo que necesitamos es hablar con alguien más. Pero alguien fuera de Hogwarts. ¿Quién podría ser?
Harry se quedó pensativo.
-Tienes razón -admitió-. Si afuera del castillo la gente está normal, lo que hay que hacer es hablar con alguien de afuera. Ya ni McGonagall es confiable en este estado. Podríamos ir con Sirius, ¿qué opinas?
-¡NO! -bramó Hermione, deteniéndose. Su voz hizo eco por las paredes. Harry se la quedó mirando, muy sorprendido, pero decidió no preguntar nada.
-De acuerdo… -dijo Harry, frunciendo el ceño.
Draco besó a tía Petunia en los labios. Metió una mano bajo su blusa y empezó a tocarle los pechos. Ella alzó ambas manos y las dirigió a su abdomen, con timidez, pero él bajó una y la metió dentro de su pantalón, obligándola a tocarle el miembro.
Le empezó a quitar la ropa. La levantó en brazos y la llevó hasta la sala, donde la recostó en el sofá más grande.
-Déjeme esto a mí, bella señora -le dijo con voz suave y seductora. Se empezó a quitar la camisa, y tía Petunia recorrió su pecho desnudo con los ojos. Luego miró hacia la ventana, como aterrada de que alguien pudiera verlos, pero Draco ya había cerrado las cortinas completamente. ¿En qué momento había hecho eso? Lo miró y vio que le guiñaba un ojo. Sintió un retorcijón en las tripas.
Draco se dejó caer sobre ella en el sofá. La desvistió completamente, y se terminó de desvestir él también.
-Si Vernon regresa temprano… -empezó ella, con un temblor en la voz.
-Puedo borrar recuerdos en un segundo -le dijo Malfoy en un susurro.
-¿Ustedes… ustedes pueden… hacer eso?
Draco le sonrió completamente.
-Señora Dursley… no tiene ni idea de lo que puedo hacer.
Tía Petunia abrió la boca, tiró de Draco hacia abajo y volvió a besarlo con ganas.
-Tiene que ser alguien mayor a nosotros -dijo Hermione rápidamente, buscando dejar el comentario sobre Sirius atrás-. Alguien que sepa mucho de sexo. Aquí solo hay alumnos menores a diecisiete años, que no tienen una idea madura y real del sexo. Y los demás son profesores que son muy viejos, y en su mayoría viejos amargados que ni siquiera lo han vivido mucho. Por eso nadie puede ayudarnos aquí. Tenemos que buscar a alguien de entre veinte y treinta años, fuera del castillo, con mucha experiencia en sexo, que sepa mucho del tema y se dé cuenta de qué rayos es lo que está pasando aquí.
Harry meditó las palabras de Hermione.
-Pero Hermione, ¿quién…?
-¡Lo tengo! -dijo ella entonces, volviéndose para mirarlo-. ¡Lo tengo, Harry! Conozco a alguien que está cerca de aquí, pero fuera de Hogwarts, que tiene unos treinta años, y te aseguro que tiene muchísima experiencia en sexo.
-¿Quién? -preguntó él de inmediato.
-¡Madam Rosmerta!
Harry quedó pasmado.
-¿Tú crees?
-¡Claro, Harry! Ella debe saber muchísimo. ¡Es obvio! Solo mira su edad, la ropa que usa, esos zapatos, atiende una maldita taberna. ¡Debe saber montones sobre sexo! ¡Es perfecta!
Si bien Harry había pensado que Rosmerta era de una edad mayor, ya que había sido camarera en la época en que Sirius, James y Lupin iban a Hogwarts; luego supo que ella era camarera desde los siete años, ayudando a su madre, y era a esa edad cuando conoció a su padre y amigos. Por lo que ahora tenía unos treinta años.
-Pero Hermione, ¿cómo haremos para hablar con Rosmerta?
-Pues yendo a Hogsmeade, está claro. ¡Hoy es viernes, Harry, podríamos ir esta noche! El pub abre hasta tarde los fines de semana. ¡Llevaremos tu capa para hacerse invisible!
Malfoy estaba sobre tía Petunia, que tenía las piernas abiertas, moviéndose hacia arriba y abajo, respirando agitados, acariciándole el cuerpo desnudo, cuando de pronto se oyeron pasos en las escaleras y Lucius apareció ante ellos.
-¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH! -el alarido de tía Petunia fue tal que retumbó por toda la cuadra.
-Tranquila, señora, tranquila -dijo Lucius-. Draco, ¿qué demonios…?
-Él… Él es mi padre, señora Dursley -dijo Malfoy, girando la cabeza. Tía Petunia parecía a punto de morir de un infarto. -No se preocupe, es de confianza, como yo. Es el dueño de nuestra mansión. Uno de los más importantes miembros de nuestra comunidad.
-Ho- Hola -musitó tía Petunia, alzando una mano con timidez. Parecía a punto de morir del susto. Lucius miró a Malfoy con expresión de reproche, y este le dijo solo con los labios: "luego le borramos la memoria". Lucius asintió lentamente.
-Eh, señora, disculpe mi repentina aparición -dijo Lucius-. No debí aparecerme aquí, lo siento tanto. Draco, ¿le has comentado a la señora Dursley cuál es nuestra más antigua tradición?
-Oh, sí -dijo Draco, rápidamente-. Señora, es tradición que los de… nuestra clase, pero los de categoría, por supuesto, los ricos y nobles, tengamos relaciones entre tres personas.
-¿Entre tres? -dijo ella, muy escandalizada.
-Se disfruta mucho más -dijo Lucius, dando un paso adelante-. Debería probarlo, va a quedar muy contenta.
-De- De acuerdo -tartamudeó ella, al parecer llegando a la conclusión de que, una vez ya metida hasta el cuello en eso, no tenía sentido no sumergirse del todo.
Entonces, Lucius empezó a quitarse la ropa, junto a ellos. Ya desnudo, se acercó a Petunia y se colocó con cuidado bajo ella. Draco arriba, Lucius abajo, empezaron a penetrarla a la vez. Tía Petunia gemía sin control, sujetándose con fuerza al sofá y clavando las uñas en él.
-¡OHHH! -chilló, al sentir a los dos hombres Malfoy dentro suyo a la vez-. ¡OOOOHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!
-Pero Hermione, has visto a los miembros de la Orden del Fénix aquí, ¿verdad? -dijo Harry-. Hasta Nicolas Flamel ha venido por si aparece Voldemort. No creerás que han dejado las verjas de entrada abiertas, precisamente. Sospecho que hasta los pasadizos habrán sido todos bloqueados, porque Lupin está en la Orden y los conoce perfectamente. ¿Cómo llegaremos a Hogsmeade?
Entonces, la mirada de Hermione se clavó en una pared de aquel corredor, por encima del hombro de Harry.
-No todos… -dijo la chica, caminando hacia adelante y pasando a su lado.
Harry giró en redondo y vio que Hermione miraba una fotografía tamaño gigante, una de las cientas que habían pegado por todas las paredes del castillo solo momentos atrás, donde se veía a Draco Malfoy desnudo, en cuatro patas, siendo penetrado por detrás por el Sauce Boxeador.
Al principio, Harry no entendió a qué se refería Hermione. Pero entonces lo vio: en la fotografía gigante se podía ver, con perfecta resolución, el hueco que conducía al túnel subterráneo hacia la Casa de los Gritos, entre las raíces del árbol. Y no lo habían bloqueado. Si lo veía perfectamente abierto.
-Hermione, eres una genia -dijo Harry, sorprendido. Hermione se ruborizó a su lado.
-¿Esta noche, entonces?
-De acuerdo -dijo Harry, volviéndose hacia ella-. Te veré en la Sala Común a las diez en punto. Las Tres Escobas abrirá hasta tarde, así que no nos preocupemos por el horario.
-Muy bien -Hermione se empezó a alejar de él, pero se detuvo a medio camino y se volvió otra vez-. Ah, y Harry, una cosa más.
-¿Sí?
-No te veas con Hannah.
Harry se quedó en silencio un instante, y luego asintió con una sonrisa. Hermione se la devolvió y luego se marchó de allí.
