El sábado transcurrió en un sinfín de festejos por parte de los alumnos de Gryffindor. Si bien seguía habiendo escenas de sexo por todos lados, alumnos que aparecían desnudos a mitad de un pasillo, otros yendo en grupo a los baños y cerrando las puertas tras ellos con miradas sospechosas, dentro de todo eran capaces, en su mayoría, de mantener el control durante períodos prolongados de tiempo.

Aquel efecto tan feroz de desenfreno sexual que había invadido a Harry durante el partido pareció desaparecer poco a poco con el transcurso de las horas. No quiso almorzar, porque no tenía hambre, y de a poco sintió que el deseo lo abandonaba finalmente. Hasta la cena, al menos. Luego de eso, volvió a surgir como un monstruo en su pecho. Pero se aguantó.

Ahora Harry estaba en la Sala Común, y ya era de noche. Todos seguían festejando tanto como podían, a su alrededor. Él estaba sentado solo a una mesa, sin hablar con nadie. Hacía días que no hablaba con Ron, tanto por su pelea como por el hecho de que lo había dejado en la enfermería inconsciente, y ahora Hermione tampoco aparecía por ningún lado; lo cual no era de extrañar luego de su pública escena de sexo con Cho Chang en pleno aire.

Se sentía un idiota. ¿Por qué hacía esas cosas? ¿Por qué no era capaz de aguantarse las ganas? Si sabía que Hermione le gustaba realmente, ¿por qué había tenido que tener sexo con otra chica delante de ella? Es decir, era lo último que un chico debía hacer si le gustaba una chica, ¿no es así? Tener sexo con otra públicamente delante de todo el colegio y delante de sus narices. Pero realmente no había habido posibilidad de control en ese momento. Recordaba perfectamente que las ganas habían sido más intensas que nunca.

Quizás, si se lo explicaba así a Hermione… Bah, a quién quería engañar. Hermione podía llegar a entender que Harry hubiera estado bajo los efectos de aquello, que ambos conocían tan bien, pero jamás podría olvidar fácilmente las imágenes de él desnudo sobre Cho Chang, metiéndole la Snitch…

Fred, que bailaba en medio de la Sala Común con un vaso de cerveza de manteca lleno hasta el tope, despreocupado, caminó hacia él y se dejó caer en una butaca a su lado.

-¡Harry! ¿Qué te pasa? ¡Es nuestra celebración! ¿Por qué estás con esa cara?

-Nada -dijo Harry, evasivo.

-¿Es por Cho Chang?

-No.

-La extrañas, ¿verdad?

-Claro que no.

-Oye, déjame hablarte de hombre a hombre -Fred parecía ebrio, luego de tantas horas de celebración y tantas cervezas de manteca-. Yo estuve ahí, y te vi hacerlo con ella, y puedo decirte que para ella solo debió de ser sexo, nada más…

-¡Te digo que no extraño a Cho Chang!

-Pero -siguió él, sin escucharlo-, si realmente la quieres, y la amas, pienso que deberías ir y decírselo. ¿Por qué no la invitas a la celebración? Será extraño, lo sé. Es decir, ella es del equipo que perdió. Y no se supone que venga aquí -Fred se llevó el vaso de nuevo a los labios-. Pero oye, ¿qué más da? Ya todos hacen lo que se les antoja -lanzó una risita-. Así que, ¿qué problema puede haber? Es más, deberías ir a su Sala Común tú mismo. Ve allí, golpea la puerta, o lo que sea que tengan, y dile que la amas. Y luego invítala aquí a tomar unas buenas cervezas. ¿Qué dices?

Harry se quedó malhumorado en su asiento, al principio. Pero luego se puso de pie y sonrió a Fred, ya que acababa de tener una idea.

-¡Tienes razón, Fred! Eso mismo haré.

Fred le sonrió, con cara de ebriedad.

-¡Iré a decirle lo que siento! ¡Exacto, claro que sí! ¡Eres un genio!

Fred alzó el vaso, como brindando con él, y luego bajó el resto del contenido. Harry se abalanzó a través de la Sala Común, chocando con un grupo de chicos de cuarto que estaban arrinconando a Romilda Vane contra la pared, susurrándole cosas al oído, y salió a través del retrato de la Dama Gorda hacia los pasillos exteriores, donde no había nadie.

Si bien Fred no había acertado exactamente con su consejo, ya que se había confundido de chica, le dio a Harry una gran idea: ¿Por qué no ir a buscar a Hermione? Después de todo, tenía que estar en alguna parte del castillo, aunque estuviera evadiéndolo. Cuando la encontrara, le explicaría que lo de Cho había sido un error, y que la amaba, que estaba enamorado de ella, y no se iría de allí sin una respuesta por parte suya.

Sin la respuesta que ella no le había dado en la Casa de los Gritos.

Así que Harry sacó al Mapa del Merodeador, al tiempo que se cubría con la capa para hacerse invisible. Mientras avanzaba por el séptimo piso, invisible, las velas del corredor se encendieron todas a la vez a su lado: acababa de anochecer y las estrellas brillaban ahora por fuera de las ventanas. El hechizo que hacía que las velas de los corredores se encendieran automáticamente desde el anochecer hasta la hora de dormir había empezado a funcionar. Alumbrado por ellas, Harry se puso a buscar a Hermione en el Mapa del Merodeador, mientras avanzaba escaleras abajo.

En ese momento, Ron abrió los ojos. La oscuridad de la enfermería, solo interrumpida por algunas velas, bañaba todo alrededor. Giró la cabeza a un lado, y luego al otro. Sentía un leve dolor de cabeza, como los vestigios de algo muy intenso que le hubiera pasado tiempo atrás.

-¡Ah, por fin! -dijo una voz.

Ron se inclinó un poco y vio a una mujer acercándose a él a zancadas.

-Empezaba a pensar que no despertarías más, muchacho -dijo Madam Pomfrey-. El efecto de la poción adormecedora debió terminarse hace horas. Te gusta dormir, ¿eh?

-¿Poción adormecedora? -preguntó Ron, extremadamente confundido.

-Sí, tuve que ponértela para que no despiertes. El golpe en la cabeza fue en una zona delicada, requirió de varios días de examinación, para estar segura de que no te hubiera afectado el cerebro. Sin esa poción, podrías haberte despertado durante la noche gritando de dolor.

-Ajam -dijo Ron, masajeándose la cabeza. Parecía muy perdido, mirando todo alrededor con curiosidad.

-¡Ron! -gritó una nueva voz. En la puerta apareció Hermione, que empezó a correr hacia él. -¡Ron! ¡Por fin despertaste! Estaba preocupada.

Ron se quedó mirando a Hermione como si esta fuera algo maravilloso, sus ojos brillando iluminados por el avistamiento, una mano alzada saludándola tímidamente.

-Hola -le dijo, con cara de tonto y una sonrisa de par en par.

-Hola -Hermione llegó a su lado y se detuvo junto a la cama, devolviéndole la sonrisa.

-Recién despierta -dijo Madam Pomfrey, que se inclinaba sobre Ron, examinándole los ojos con detenimiento, corriéndole los párpados para mirarlo con mucha atención-. Hay algo que no me gusta en su mirada…

Ron no apartaba los ojos de Hermione. Su boca estaba sonriendo mucho, de forma muy tonta.

-Ron, ¿te sientes bien? -susurró Hermione, mirándolo muy preocupada-. Harry te dio un buen golpe, ¿no es así?

-Supongo que sí -dijo Ron, sin dejar de sonreír-. ¿Quién es Harry?

Hermione abrió mucho los ojos y quedó boquiabierta, estupefacta. Ron seguía sonriendo.

-Ron… no… ¿no recuerdas nada? -susurró Hermione, espantada.

-¿Recordar? Claro que recuerdo. Me llamo Ron Weasley.

-Muy bien… dinos, ¿qué más recuerdas? -preguntó Madam Pomfrey, que no parecía tan preocupada como Hermione.

Ron se llevó un dedo a los labios, pensativo.

-Pues no mucho más. ¿Qué más hay que recordar?

-¿Qué eres un mago, por ejemplo? -preguntó Madam Pomfrey.

-Claro que recuerdo que soy un mago -dijo Ron, con una risita, como diciendo algo obvio-. ¿Cómo no iba a recordar eso? Todos en mi familia lo son.

-Muy bien. ¿Recuerdas tu primer día en Hogwarts? -insistió la enfermera.

-¿Hogwarts? ¿Qué es Hogwarts? -preguntó Ron, muy curioso.

-¡Oh, Ron! -lloriqueó Hermione, muy preocupada-. ¿Qué te ha pasado?

-¿La recuerdas a ella? -preguntó Madam Pomfrey, señalando a Hermione.

-Claro que la recuerdo -dijo Ron, mirando a Hermione con una sonrisa aun más ancha que antes.

-¿Me recuerdas? -preguntó Hermione, llevándose las manos al pecho.

-Claro, eres un ángel -dijo Ron entonces, con ojos soñadores-. El ángel de mis sueños. Me has acompañado todos estos días, desde que me golpearon en la cabeza. ¿Cómo dicen que se llama el que lo hizo? ¿Henry?

Hermione lloró en silencio, conmovida.

-Caray, querido -dijo Madam Pomfrey, negando con la cabeza. Entonces miró a Hermione, que lucía muy afligida, y le dirigió una mirada tranquilizadora. -Parece haber perdido todos los recuerdos de los últimos cinco a diez años, menos los de la infancia. Pero tranquila, no es nada grave. Es solo una lesión en la memoria del mediano plazo. Sabía que era una posibilidad, dada la zona del golpe. Lo más probable es que recupere la memoria hoy mismo, en un rato. Será mejor que salga de aquí, que camine por el castillo, para ir recordando. Que vea los alrededores, a sus compañeros… ¿Te puedes encargar tú de cuidarlo?

-¿Yo? Cla… claro -dijo Hermione.

-Bien. Te daré una poción para la memoria, por las dudas. En caso de que siga así antes de la hora de irse a dormir, dásela, y te aseguró que mañana despertará como nuevo. Pero no será necesario, no había daños en su cerebro, seguramente es solo un efecto secundario que se le irá en una hora o dos. Y tendrá sus recuerdos de nuevo.

Madam Pomfrey se alejó hacia su oficina al final de la sala, y Hermione, a pesar de las palabras tranquilizadoras de la enfermera, miró a Ron llena de lágrimas.

-¿Qué es lo que recuerdas de mí, Ron? -le preguntó, con mucho cuidado.

-Eres un ángel, ¿no es así? -repitió él, mirándola ensimismado, como si Hermione fuera una creación maravillosa de la naturaleza o algo así-. Debo decirte que eres incluso más hermosa en la vida real que en mis sueños, hermoso ángel.

Hermione puso una mirada enternecedora, aun con ambas manos en su pecho, conmovida.

-Bien, aquí tienes -dijo Madam Pomfrey, regresando enseguida con un frasco de poción para la memoria-. Recuerda, solo dáselo si sigue así a la noche. Pero si recuerda todo en una o dos horas, que es lo más probable, no se la des.

-De acuerdo -Hermione se guardó el frasco en el bolsillo y ayudó a Ron a ponerse de pie con mucho cuidado, como si temiera que se lastimara.

-No hace falta tratarlo así, querida, él está bien -Madam Pomfrey le dio un tirón a Ron para que saliera de la cama más rápido-. Mejor espera afuera mientras lo ayudo a vestirse.

-No -dijo Hermione enseguida-. Yo lo haré.

Madam Pomfrey arqueó las cejas, pero no dijo nada. Los dejó solos, murmurando algo sobre que no dejaba de asombrarse con lo pervertidos que estaban todos, y Hermione puso las cortinas ante la cama de Ron, para ayudarlo a desvestirse.

-Este va aquí -le explicaba, luego de dejarlo en ropa interior, mostrándole por donde tenía que pasar las piernas para ponerse los pantalones, como si pensara que Ron había olvidado eso también-. Y este va aquí…

-Sí, claro -dijo Ron, poniéndose los pantalones, sin dejar de sonreírle a Hermione de forma estúpida.

-Bueno, vamos -dijo ella, cuando él estuvo finalmente vestido, tomándolo del brazo-. Te mostraré el castillo. Te ayudaré a recordar.

-Genial -dijo él, asintiendo-. Muchas gracias, ángel bello.

Hermione se sonrojó.

Harry no conseguía encontrar a Hermione en el mapa. Ya había recorrido con la mirada la biblioteca, la cabaña de Hagrid y el Gran Salón. Empezó a desdoblar el pergamino hacia la sección donde estaba la enfermería, cuando de pronto oyó pasos delante. Se detuvo, dobló el mapa rápidamente y buscó en el pasillo donde él mismo estaba para ver quien era el que se acercaba: "Ginny Weasley", apareció.

Entonces vio a la chica, caminando delante suyo. Se quedó en silencio, bajo la capa. Ginny iba sola, caminando con la cabeza gacha, su cabello pelirrojo cayendo delante de su cara. La chica se detuvo a pocos pasos de él y se sentó al pie de una armadura. Entonces, hundió la cara en las manos y rompió a llorar, con estruendo.

Harry lo dudó un instante. Pero entonces se guardó el mapa y se quitó la capa, revelándose ante ella.

-¿Ginny?

-¡AAAAHHHHHHHHHHH! -Ginny pegó un alarido que resonó en todo el corredor.

-¡Lo siento! -dijo él, rápidamente-. ¡No quise asustarte!

-¿De dónde saliste? -preguntó ella, sus ojos claros muy abiertos.

-Yo… eh… te oí. ¿Estás bien?

Ginny miró a un lado del corredor y luego al otro. Estaban solos allí.

-Ajam -dijo, aunque aun le caían las lágrimas por la mejilla. Entonces, volvió a hundir la cara en las manos y lloró más fuerte. -¡Lo siento! No quería que nadie me viera así, no sabía que estabas por aquí. Mejor vete, Harry. Déjame sola.

Harry se acercó a ella, despacio.

-Es por… ¿se trata de…? -no sabía qué decir, pero sentía que quería ayudarla, porque imaginaba lo que le pasaba.

-Sí, es lo que crees -dijo ella, ahogándose con el llanto, pero entonces negó con la cabeza-. No. De hecho, es peor que lo que crees. No tienes idea…

-Algo extraño pasa en el castillo, lo sé, Ginny. Pero no te pongas así. Sé que se solucionará…

-Tú no tienes idea… Es decir, sí, imagino que me habrás visto hoy, en el campo de Quidditch, en cuatro patas, mientras Davies me lo hacía por detrás. ¡PORQUE TODO EL MUNDO VIO ESO! -chilló de pronto, rompiendo en un llanto más intenso. Estaba hecha un desastre, llorando sin control. -Pero eso es solo… es solo la punta del iceberg, Harry.

-Si, me imagino -Harry se acercó más a ella y se sentó a su lado, al pie de la armadura. Lo dudó, más que nada porque desde la cena aun se sentía un poco con deseos, otra vez, pero sentía que lo tenía bajo control en ese momento, así que alzó una mano y le dio unas palmaditas a Ginny en el hombro. -Todos estamos igual, Ginny. Me habrás visto a mi también, quizás, con Cho hoy.

-Sí, pero tú eres hombre. No es lo mismo, Harry. Si supieras las cosas que he hecho yo… ¡Te lo aseguro, no tienes pero ni idea! ¡Ni la más mínima idea, Harry! -y lloró más fuerte, ahogándose con el llanto.

-Quizás eso pienses. Pero, ¿sabes qué? Hoy perdí mucho más de lo que te imaginas, por culpa de esto…

Ginny alzó la mirada hacia él, su rostro rojo por las lágrimas. Harry entonces, con la doble finalidad de ayudarla y de desahogarse al mismo tiempo con ella, por todo lo que él mismo estaba sufriendo, le contó que estaba enamorado de Hermione, pero que luego del partido ella no había vuelto a hablarle en todo el día. Pensó que Ginny quizás, siendo mujer y amiga de Hermione, sería capaz de darle un buen consejo antes de su desesperada declaración de amor a la chica.

-Así que, como ves, no eres la única que lo está pasando mal -dijo, al terminar de contarle todo.

Ginny lo miró de reojo, afligida.

-Lo siento, Harry. Supongo que siempre lo supe… que te gustaba Hermione.

-¿De verdad lo dices?

-No, no realmente. En verdad ustedes me parecen una pésima pareja. ¡Ay, lo siento! No debería hablarte así. Pero es que sí creo que son una mala pareja. Pero Luna me dijo que le dijiste que te gustaba…

-Ahh, así que por eso lo sabes. Bueno, descuida, no eres la única que dice que somos mala pareja -Harry miró el suelo con mal humor. -Quizás lo somos. Quizás no somos el uno para el otro. Quizás Ron deba quedarse con ella… Supongo que él la merece más. Él nunca ha tenido nada valioso, y ella es muy valiosa…

Ginny chasqueó la lengua, molesta.

-Ni que fuera Kate Upton. Ron y tú exageran demasiado con ella. Es una chica totalmente promedio, sin nada wow, que hasta hace un año parecía una rata con los incisivos demasiado grandes, ese pelo todo inflado… Solo les gusta porque el año pasado se achicó los dientes y se empezó a alisar el cabello. Pero, ¿y eso qué? Sigue siendo totalmente promedio, sin nada que la haga destacar. Sí, es simpática y todo, no negaré que su personalidad es muy atractiva, y se nota que es buena persona. Pero, ¿has visto ese trasero? ¡Por favor, es una tabla, Harry! Y no tiene nada de tetas. ¿Qué no deberían fijarse en eso ustedes, los hombres? Hay chicas mucho más sexys que Hermione, por todo el castillo. ¿Y qué es esto que tienen los hombres, de todas formas, con enamorarse de sus amigas de la infancia?

-Hermione no es una amiga de la infancia, nos conocimos hace…

-Desde los once años -lo interrumpió Ginny, molesta-. Eso es la infancia. De cualquier forma, vamos, ni siquiera es tan linda. Hasta yo me tiré a Hermione, y te aseguro que no fue nada…

Se detuvo de golpe, al darse cuenta de lo que acababa de decir. Harry abrió mucho los ojos, sorprendido.

-Bueno, ignora que dije eso -dijo Ginny rápidamente-. El punto es que tú, Harry, eres un héroe. Eres el niño que sobrevivió. El muchacho que escapó del Innombrable no una, no dos, no tres, sino cuatro veces…

Harry contó con los dedos. Por un momento, no estaba seguro de que hubieran sido tantas.

-Creo que fueron tres -dijo Harry, ceñudo.

-¿Estás contando la del diario de Riddle?

-Ahh, claro. Eso pasa. No estaba contando aquella vez.

-Pues qué mal -le dijo Ginny, mirándolo fijamente a los ojos-. ¿Cómo pudiste olvidar la más importante de todas?

-Solo era un recuerdo, no creo que haya sido la más… -pero se detuvo al ver la cara que puso Ginny.

-Claro, te importa una mierda haberme salvado en la Cámara Secreta, ¿no es así?

-No dije eso, Ginny…

-Te hubiera dado lo mismo que fuera yo o Dennis Creevey el prisionero, ¿no es así? Seguro que para ti fue más importante cuando Rita Skeeter escribió esos artículos sobre Hermione y tú el año pasado, que haberme salvado a mí del Innombrable en la Cámara Secreta.

-No, Ginny…

-Es una pena que no valores a quien te quiere, Harry -dijo Ginny entonces, y Harry vio, con horror, que empezaba a tocarse los pechos a sí misma, mientras lo miraba fijamente aún. Ya no lloraba. Parecía enojada pero embargada por una nueva sensación. Harry no pudo evitar mirarle los pechos. Era verdad que eran mucho, mucho más grandes que los de Hermione…

Harry se asustó. Él también estaba caliente, no podía negarlo. Pero lo tenía bajo control… ¿No era así? Tragó saliva, nervioso, al ver que Ginny llevaba sus manos al cuello de su camisa, y se abría el botón más alto, y luego el de abajo.

-Pudiste tener esto, Harry -dijo Ginny entonces, en un susurro, y empezó a abrir los botones de más abajo, uno por uno, abriéndose la camisa por encima de los pechos, que cada vez fueron más visibles.

Harry empezó a respirar muy nervioso, mirándola.