Ron y Hermione se adentraron en el baño de prefectos, que estaba vacío. Hermione aplicó un encantamiento a la puerta para que nadie más pudiera entrar, y Ron recorrió con ojos temblorosos los cubículos que había a un lado, los vitrales con distintas imágenes, entre ellas una sirena que se movía, y, por supuesto, la increíble bañera del centro rodeada de cientos de grifos de oro.
Casi pega un salto cuando Hermione, sigilosa, se le acercó por detrás y lo abrazó tiernamente por la espalda. Ron tragó saliva, se dio la vuelta y la tomó de las manos. Sus ojos estaban muy abiertos y sudaba. Curiosamente, había tenido sexo hasta con su propia hermana aquellos días, pero no se sentía preparado para hacerlo con Hermione, muy probablemente por encontrarse en estado "normal".
Hermione entonces lo apuntó con su varita y exclamó:
-¡Relaxus!
Ron sintió que todos los nervios desaparecían enseguida. Sus hombros cayeron varios centímetros, su temple se relajó y sus labios sonrieron.
-Gracias -masculló, sonriendo de forma algo tonta. Pero Hermione no se detuvo con eso, lo apuntó y le aplicó varios encantamientos más. -¿Y para qué son esos?
-Ya verás -dijo ella, con un extraño brillo en los ojos, sonriéndole.
Hermione caminó hacia delante, pasándole de largo, y se detuvo junto a la bañera, que se hundía en el suelo como una piscina de natación.
-Siéntate -le ordenó Hermione.
-¿Dónde? -preguntó él, confundido.
-Pues en el piso, Ron.
Ron obedeció, frunciendo el ceño. Se preguntó por qué Hermione le pediría aquello, pero no tuvo que esperar mucho para comprenderlo, y la expresión de su rostro se transformó por completo al hacerlo: Hermione se puso en cuclillas, empezó a abrir todas las canillas, y, mientras la bañera se llenaba con agradable agua caliente y espumas, jabones y burbujas de todos los colores, provenientes de las canillas doradas con joyas incrustadas, se incorporó nuevamente y empezó a desvestirse delante de él.
Ron se puso nervioso de nuevo, a pesar del encantamiento de Hermione. La chica primero se quitó la chaqueta, que arrojó a un lado. Empezó a sonar una suave música que parecía provenir de la pared. Ron no sabía si eso había sido obra de ella, o el baño siempre tenía esa música. Pero había cosas más importantes en qué concentrarse que la ambientación: Hermione ahora se quitaba las zapatillas, que lanzó por el aire, y luego las medias. Le dirigió una mirada provocativa y entonces le dio la espalda y se quitó la playera, que arrojó hacia él, revelando su delgada espalda.
Mientras la miraba, Ron sintió una poderosa erección. No sabía si era producto de los encantamientos que ella le había aplicado, o la escena que tenía lugar ante él, o ambas.
Hermione se empezó a bajar el pantalón, de espaldas a él y de frente a la bañera gigante. Lo hizo muy despacio, oscilando las piernas ligeramente de izquierda a derecha, y a medida que lo iba bajando su ropa interior empezó a ser cada vez más visible. Se había puesto un g-string rosado muy sexy para la ocasión, semitransparente, que se hundía entre sus nalgas. Ron quedó con la mirada más impactada de su vida mientras lo miraba, sus ojos abiertos de par en par, y pensó que se iba a desmayar. ¿Aquello era real?
-Bloody hell -dejó escapar, mientras la miraba.
Hermione terminó de bajar su pantalón y lo apartó a un lado de forma elegante con la punta del pie, quedando con nada más que su g-string rosado, su sostén y sus piernas desnudas ante Ron. Estaba totalmente depilada, el g-string no dejaba lugar a dudas.
El chico empezó a ponerse de pie, agitado, pero Hermione alzó una mano y movió un dedo indicándole que no.
-No aún -le dijo, y Ron se quedó inmóvil-. Cierra los ojos.
Ron obedeció. Cerró los ojos y esperó, sin oír nada más que las canillas chorreando líquidos y espumas de colores, y un nuevo chirrido que parecía indicar que Hermione estaba cerrando los grifos.
-Listo -dijo ella.
Ron abrió los ojos y vio que ahora Hermione estaba sumergida hasta el cuello en el agua. Era imposible ver nada más de su cuerpo porque toda la superficie del agua estaba llena de una espesa espuma blanca, rosada, y de colores como verde y lila en algunos sectores. Entonces, divisó en el borde de la bañera el g-string y el sostén, ambos en el suelo, y su corazón golpeó violentamente contra su pecho.
-Vamos, ven -dijo Hermione, mirándolo de forma intensa.
Ron empezó a desvestirse de forma torpe y a toda velocidad. Hermione sonrió cuando se le atascó la camiseta, sin poder quitársela. Pero Ron finalmente consiguió quitarse casi todo.
-No mires -le dijo, mientras se desabrochaba el pantalón. Se había ruborizado. Hermione cerró los ojos y dio unas brazadas hacia atrás por la bañera, tan grande como una piscina. Ron se quitó el pantalón y los calzones rápidamente y, tapándose sus partes con una mano, se sostuvo del borde de la bañera con la otra y se metió también.
El agua estaba hermosa. Bien caliente, con esas espumas que eran suaves a la piel, como una caricia. Parecía que todos esos productos de baño generaban en él un efecto sumamente relajante y necesario, porque sus nervios eran tales que ni el hechizo relaxus de Hermione lo había tranquilizado.
Casi deseaba estar en aquel estado de deseo sexual incontrolable, para afrontar la situación con más dignidad. Pero Hermione había dicho que quería que fuera normal, y parecía haber pensado en la forma perfecta de que fuera normal y al mismo tiempo Ron no muriera desmayado por los nervios en el intento.
-Ven -Hermione lo llamó con el dedo, con una media sonrisa. Se la veía un tanto nerviosa también. Aun estaría bajo los efectos del enfría nalguis, o simplemente sucedería que ya era tarde en la noche, y a esa hora no se sentían con tantos deseos.
Ron nadó hacia ella. Al hacerlo, hundió la cabeza en el agua y la sacó con el todo el pelo rojo sobre la cara, aplastado y con burbujas de colores pegadas en toda su cabeza. Hermione rompió en carcajadas.
-Cállate -dijo él, riendo, y le lanzó un chorro de agua caliente en la cara. Ella quedó boquiabierta, su cabello empapado y chorreándole en la cara. La sonrisa desapareció de la cara de Ron y se asustó un poco, pensando en la reacción que tendría la chica. Pero entonces ella rió a carcajadas y Ron sintió un alivio enorme.
-Eres toda una experta en preparar baños -comentó él, sonriendo, pasando la mano por la superficie de espuma. Solo podían ver la cabeza del otro, flotando sobre la espesa espuma que rodeaba todo alrededor. El vapor emanaba del agua y empañaba los cristales de los vitrales de colores.
-¡Oh! Casi lo olvidaba -dijo Hermione entonces, y se alejó un poco de él dando saltitos en el agua, hacia uno de los bordes de la bañera-. Las pociones.
-¿Pociones? ¿Qué pociones?
-Bueno, estas semanas he estado leyendo tantos libros sobre sexo y sexología… -Hermione se acomodó el cabello mojado hacia atrás, mientras tomaba una serie de frascos que ella misma parecía haber dejado junto a la bañera en algún momento-. Y pensé en probar realizar algunas pociones sexuales… aquí las tengo.
Ron abrió mucho los ojos, que estaban un poco enrojecidos por el exceso de espuma de baño.
-¿Pociones sexuales? -dijo, tratando de no sonar temeroso-. ¿Y qué… qué efectos tienen… exactamente?
-Hay de todo -Hermione giró hacia él, con una sonrisa. Se le acercó, caminando a través del agua con cierta dificultad, y le tendió tres frascos pequeños. -Ten. Tú bebe estos.
-Sí, claro -Ron, esperanzado de que alguno de ellos lo pusiera en el estado alocado de días pasados otra vez, para ayudarlo con ello, descorchó los tres frascos y los bebió uno tras otro. Hermione también bebió otros frascos pequeños.
Cuando acabaron de beber, Hermione se llevó los frascos vacíos y Ron parpadeó varias veces, tratando de notar alguna diferencia.
-¿Te dan… seguridad? ¿O algo así?
-¡Sí! -chilló ella, contenta-. Me alegra que ese haya funcionado.
Ron se sentía mucho más confiado, seguro de sí mismo. Se acababa de dar cuenta de que, instantes atrás, estaba preocupado de no lograr satisfacer a Hermione correctamente… Ni siquiera se había dado cuenta en ese momento, pero ahora no solo lo sabía, sino que esa sensación se había ido y no lo cabía ninguna duda de que él era un amante perfecto para Hermione, que la dejaría totalmente satisfecha con el sexo.
-Oye -dijo entonces, al darse cuenta de lo que eso significaba-. ¿Y tú cómo supiste que… que yo…?
-Te conozco hace cinco años, Ron -Hermione revoleó los ojos, mientras sonreía más que antes. Ahora parecía mucho más confiada también, y decidida, y Ron pensó que se debería a los efectos de las pociones que ella misma había bebido. Se mordió los labios y lo miró a los ojos con intensidad.
Ron sintió que se ponía erecto de vuelta, y las ganas de tener sexo crecían en él rápidamente. Sin embargo, la poción que le habría ocasionado eso tenía un efecto distinto. No era tan desesperante como aquello que pasaba en el castillo. Eran ganas de tener sexo pero tranquilas, sin ese elemento de la desesperación, y estaba convencido de que el efecto se iría en cuanto las hubieran saciado.
-Eres la mejor bruja de todas, Hermione -le dijo Ron, sonriéndole con la cara empapada por la espuma y el vapor-. Estas pociones… realmente eres muy buena.
Ella le devolvió la sonrisa, acercándose lentamente hacia él, por el agua. Ron pareció cobrar consciencia de que ambos estaban desnudos, y a punto de hacerlo, y la excitación empezó a dominarlo.
-Bueno… Lástima que perdí la mejor de las pociones que había hecho -le comentó, mientras daba brazadas hacia él, moviendo la espuma con ambas manos, que le tapaba los pechos, pero le dejaba ver una pequeña parte superior de los mismos. Ron tragó saliva.
-¿Cómo que la mejor? -le preguntó, en voz baja.
-Sí, había hecho una poción más -dijo ella, a solo un par de brazadas de distancia de él-. Se las estaba enseñando a Ginny, luego de una charla que tuvimos… -se refería a una charla de reconciliación que habían tenido para dejar en claro que eran solo amigas, y que lo que había pasado entre ellas había sido un error, pero no era necesario revelarle tantos detalles a Ron-. Y cuando las guardé de nuevo, se ve que esa se me cayó, o algo, porque luego no estaba más. Pero bueno, no importa… Con estas será suficiente.
En ese momento, Harry penetraba a Ginny contra el suelo de la Cámara de los Secretos, besándola con vehemencia, la pollera de la chica levantada por encima del ombligo, revelando sus enormes piernas desnudas; cuando de pronto la chica apartó la boca de la suya, con un sonido como de succión.
-¡Lo olvidaba! -dijo a toda prisa, estirando la mano en el suelo para alcanzar su sostén.
Harry giró la cara, confundido, para ver qué hacía la chica. Se quedó muy sorprendido al ver que Ginny metía la mano en una especie de costura sobresalida de una tira del sostén y sacaba un pequeño frasco.
-¿Qué es eso? -le preguntó. Aun estaba dentro de ella.
-Se lo robé a Hermione -confesó Ginny, con una sonrisita maliciosa-. Lo he tenido encima desde entonces. Como sabía que todo esto estaba pasando en el castillo, supuse que, si alguna vez tú y yo teníamos una posibilidad juntos, sería ahora… Y si pasaba, quería aprovecharlo al máximo.
-¿Y lo has tenido en el sostén desde entonces?
Ginny asintió, dirigiendo la mirada a los labios de Harry y luego a sus ojos. Parecía obsesionada con él.
-Hermione dijo que es la poción sexual más intensa que existe -le confesó, en un gemido, mientras quitaba el pequeño corcho del frasquito y bebía la mitad del contenido. Lo tragó y lanzó un largo suspiro, como si algo mágico la recorriera por dentro. Le pasó el frasquito con la otra mitad a Harry.
-¿Y qué hace? -preguntó él, dudándolo ligeramente.
-Se llama Orgasmo Infinito -explicó ella-. Es una poción que alarga el momento del orgasmo. Según recuerdo de lo que me explicó Hermione, no es exactamente infinito. El orgasmo acaba durando entre diez y quince minutos. La describen como la sensación más placentera que una persona puede sentir.
-¿Diez a quince minutos? ¿Un solo orgasmo? -Harry estaba muy impactado por aquello.
-Según ella, hay una discusión entre los elaboradores de pociones sobre si es un solo orgasmo que dura todo ese tiempo en realidad, o si son muchos orgasmos seguidos uno tras otro, pero, ¿a quién le importa? ¡Solo bébela!
Harry se llevó el frasco a la boca y bajó el resto del contenido de un trago. Sintió algo muy caliente esparcirse por su interior de forma más fuerte que cualquier bebida que hubiera probado jamás.
Ginny le tomó la cara de inmediato y se la acercó a la suya, para seguirlo besando. Se besaron de forma más intensa, mientras reanudaban el ritmo de la penetración, Harry jugando con sus pechos en las manos mientras le succionaba la lengua con ganas y hundía su pene más dentro de ella.
Hermione dio una última brazada y llegó a Ron. Le rodeó la cabeza con los brazos y se acercó a él, respirando algo agitada, mientras él movía sus brazos bajo el agua. Lo sintió tomarle la cintura, y de pronto se sintió muy vulnerable. Estaban ambos desnudos, solo podían ver la cara del otro, pero bajo el agua las manos de Ron ahora estaban tomando la desnuda piel de su cintura. Ambos estaban completamente desnudos, y ahora a solo centímetros de distancia.
Ron, con una renovada confianza y seguridad, dio la iniciativa, se acercó a ella y tocó sus labios con los de él por primera vez en la vida. Hermione cerró los ojos y sintió al chico dándole un beso suave y tierno, muy dulce, cuidando cada detalle. Se notaba que se estaba esforzando por dar lo mejor de sí para ella, incluso en ese sencillo beso.
Hermione se relajó un poco más, en parte ayudada por las pociones. Dejó que las manos de Ron subieran por su espalda desnuda, bajo el agua caliente. Se acercó un poco más a él, ambos de pie sobre la superficie de la bañera. Le devolvió el beso, sintiendo el gusto de sus lenguas encontrándose. Oían la leve música ambiente que salía de las paredes y el sonido de las burbujas reventándose. Era extremadamente relajante.
Una sensación de espumas de baño mágicas que parecían nadar por las aguas rozaban la piel de sus cuerpos, en cada parte. Como si cientos de pequeñas burbujas estallaran muy despacio contra su piel, bajo el agua. Y Ron le acariciaba la espalda lentamente, sus manos recorriendo el contorno de su columna, sus omóplatos, su costado… Hermione empezó a acariciarle el pecho, mientras lo besaba, y descubrió que Ron estaba bastante en forma, más de lo que hubiera imaginado. Sus pectorales estaban duros, y al tocar el contorno de sus bíceps los sintió muy grandes.
Se besaron un poco más intensamente, Ron dio un pequeño paso más cerca de ella, y finalmente la piel de sus senos rozó el pecho desnudo del chico. Ron la apretaba hacia sí por la espalda, y los pechos de Hermione se aplastaron un poco contra Ron. El largo cabello pelirrojo del chico caía chorreando agua sobre los hombros de ella. Sentía su larga nariz rozándole la cara. Ron era tan alto que tenía que reclinar bastante las piernas para estar a la altura de ella. Hermione lo abrazó y lo atrajo más hacia sí, y entonces sintió el tacto de su miembro contra su abdomen.
-No nos hemos aplicado el condonmnimus -susurró Ron, dándose cuenta de pronto.
-Para eso era una de las pociones, tranquilo -le dijo ella, mirándolo a los ojos con deseo-. Cumple el mismo efecto.
-Realmente piensas en todo -dijo él, sonriente. Entonces ella volvió a besarlo, con más ganas aún, y se apretaron tan fuerte el uno al otro que Hermione sintió el pene de Ron apretado contra ella, en su abdomen. Se sentía enorme. Llevó una mano de Ron a sus pechos y lo hizo que se los tocara. Ron respondió con entusiasmo, rozando sus pezones bajo el agua, mientras le besaba el cuello y debajo de una oreja. Ella cerró los ojos y disfrutó el tacto de la lengua de Ron contra su piel, sus dedos bajo el agua, tocándole los pechos, y la punta de su pene rozándole el exterior de la vagina…
Harry ahora sostenía las piernas de Ginny en alto, y se las pasó por los hombros, mientras la penetraba rápidamente.
-¡Ohh! -gemía Ginny, sus rodillas ligeramente flexionadas sobre Harry, mirando al techo de la cámara y agarrándose la cabeza con ambas manos. Harry la embestía mientras veía sus gigantescos pechos bailar hacia arriba y hacia abajo con cada penetración. Estaba como hipnotizado por ellos.
-¡Ay! -gimió la chica, mordiéndose los labios rosados y masajeándose un pecho a sí misma, mientras sentía a Harry entrar-. Quiero que me lo hagas contra la estatua, Harry…
-Sí -accedió él, alzando la mirada hacia la enorme pierna de Salazar Slytherin que estaba junto a ellos. Tomó a Ginny de la mano, la ayudó a incorporarse y ella tiró de él contra la estatua de piedra. De pie, sujetó su pene y se lo empezó a introducir mientras lo miraba a los ojos. Luego le tomó una mano e hizo que le apretara los pechos. Harry los volvió a sentir entre sus dedos, como dos globos enormes de carne. La besó en la boca con muchas ganas y la penetró una y otra vez contra la estatua, las nalgas de Ginny rebotando contra la pierna de Salazar Slytherin con cada penetración, el pene de Harry entrando y saliendo de ella mientras se besaban y él le masajeaba los senos, uniéndolos hacia el medio y luego separándolos.
Ron empezó a penetrar a Hermione, de pie. Ella había levantado una pierna sobre él levemente, y ahora él le acariciaba el trasero para ayudarla a entrar. La cara de Hermione, con los ojos cerrados, era de concentración y goce. Ron la penetró despacio primero, metiendo sólo la cabeza del pene, sacándola y metiéndola otra vez. Rozaba sus labios vaginales con la punta y luego la introducía de nuevo, mientras le acariciaba el trasero bajo el agua con una mano, sujetándole aún la espalda con otra.
Ella abrió los ojos y lo miró de cerca. Le acarició un brazo y sintió el tacto de sus músculos. Luego le acarició la espalda y la cintura, atrás. Sintió a Ron meterse más dentro suyo, rozándola por dentro. Las burbujas estallaban en torno a ellos, reventando cerca de sus caras. Otras burbujas parecían provenir desde el mismo suelo de la bañera y subían velozmente hacia la superficie, recorriendo la piel desnuda de los dos en el camino, tocando sus cuerpos y reventando cuando llegaban arriba.
-De perrito -murmuró Ginny, que estaba enloqueciendo del éxtasis. Harry obedecía, sin objetar una palabra. Puso a Ginny a los pies de la estatua en cuatro patas, y se arrodilló tras ella. Ahora tenía ante sus ojos su enorme trasero pálido, y tras él su espalda y su cabello pelirrojo cayendo sobre el suelo. Alcanzaba a ver el contorno de sus tetas colgando adelante. Eran tan, tan grandes, lo calentaban tanto… Su ano estaba ante él, y unos centímetros abajo su vagina se veía enrojecida a la luz de la Cámara de los Secretos.
Harry tomó su pene, se puso tras ella y empezó a rozarle la vagina con la cabeza. Sintió cómo se le humedecía y se lubricaba. Estiró una mano para tomar su varita y se aplicó un hechizo de lubricación que recordaba haber leído en uno de libros sobre sexo en la biblioteca. Su pene se puso totalmente resbaloso. Aprovechó el momento para aplicarse un encantamiento de agrandamiento, y su miembro se ensanchó y alargó bastante. Entonces rozó la vagina de Ginny por detrás y empezó a meter la cabeza del pene varios centímetros, mientras sentía y veía a la luz verdosa los bordes de la vagina de la chica abriéndose cada vez más, permitiendo que entrara en ella…
-¡Ayyyyy! -chilló Ginny, al sentir el miembro agrandado de Harry entrar-. ¡Ayyyyyyyy!
Entre gemidos, Harry fue entrando más y más, hasta que estuvo dentro suyo hasta la mitad del agrandado miembro. Empezó a cobrar velocidad, entrando y saliendo más rápido. Ginny gemía y gritaba de placer, sus manos sobre el suelo, tirando el trasero hacia atrás y luego hacia adelante.
-Por el otro lado, Harry -le dijo entonces, gimiendo. Estaba como loca. -Hazmelo por el otro agujero.
Harry tragó saliva, algo nervioso. Salió de ella y subió el pene varios centímetros. Empezó a rozarle el agujero anal mientras se lubricaba más con la varita. Luego metió el pene muy lentamente por allí, mientras acariciaba la cintura de Ginny y sus nalgas, y luego sus muslos, y luego la parte baja de su espalda.
-¡OOHHH! -chilló Ginny, metiéndose un puño en la boca para amortiguar el sonido del grito-. ¡OOOOOOOOHHHHH!
Ron y Hermione lo hacían mientras se abrazaban con fuerza, el agua agitándose con cada movimiento de sus cuerpos. Se movieron hasta quedar contra uno de los bordes de la bañera. Ron la puso contra la pared y sacó un brazo fuera del agua para sostenerse de uno de los grifos, a un costado. Hermione apoyó la espalda en la pared y reclinó la cabeza un poco hacia atrás, su cabello flotando en el agua sobre la espuma, Ron penetrándola contra la pared de la bañera.
Ella alzó ambas piernas, sujetándose de la pared tras ella, y las elevó hasta rodear a Ron por la espalda. Él se movió con más velocidad, más dentro suyo. Sus labios se rozaron entre sí mientras gemían y respiraban agitados, Ron golpeándola contra la pared detrás, moviéndose hacia delante, penetrándola cada vez más, más rápido y más profundo. Los pies de Hermione subieron más flotando en el agua, y sus dedos aparecieron entre la espuma de la superficie del agua caliente, a la altura de los omóplatos de Ron. La espalda de la chica estaba arqueada bajo el agua y se sujetaba con los dos brazos extendidos del borde.
Ron alcanzaba a ver ahora sus pezones, pequeños y con espuma blanca sobre ellos, sobresaliendo del agua. La tomó de la espalda para ayudarla a mantenerse a flote, ya que sus pies estaban muy arriba, y con otra mano le acarició la parte de atrás de la cabeza, preocupado de que se la golpeara contra el borde por accidente. Hermione sentía que Ron la contenía y protegía, cuidándola y complaciéndola a la vez. Sabía que podía dejarse llevar, y que todo estaba bien. Podía relajarse y disfrutarlo, porque todo era simplemente perfecto.
Harry hundió su pene hasta el fondo del ano de Ginny, la chica ahora gritando a los alaridos y gimiendo desesperadamente, con una profunda mezcla de dolor y goce.
-¿Estás bien? -le preguntó él, algo preocupado por la nota de dolor en sus gritos.
-¡NO TE DETENGAS! -bramó ella, y Harry se apresuró a retomar el ritmo.
-¡OH, MADRE MÍA! -gritó Ginny, mientras el agigantado pene de Harry entraba y salía de su trasero, sus testículos golpeando contra el espacio entre sus nalgas, sus manos sosteniendo sus tetas para que no oscilaran de forma tan desenfrenada mientras se movían con una velocidad brutal.
Ron y Hermione se besaron con ternura. Ron le besaba la cara, el cuello, hasta la nariz. Parecía admirarla.
De pronto, Ron empezó a bajar sus besos por su cuello y cada vez más abajo, hasta que llegó a sus pechos, con el agua casi hasta sus ojos.
-¿Qué haces? -susurró ella. Pero Ron, luego de dirigirle una mirada, se hundió bajo el agua.
Desconcertada, Hermione sintió que Ron le besaba los pechos, bajo el agua, y luego bajaba hasta su ombligo, besándola bajo el agua, mientras le acariciaba las piernas.
Y entonces, siguió bajando…
-¡Oh! -Hermione se apretó los labios, sujetándose al borde de la bañera, tras ella, con más fuerza. La boca de Ron estaba hundida bajo el agua y rozando su vagina. Su lengua le recorría los labios vaginales, mientras el chico le aferraba el trasero con ambas manos. La sensación era totalmente placentera. Sentía los labios y la lengua de Ron en toda su vagina, subiendo y bajando, recorriéndole toda la raja, sintió sus manos ir hacia adelante y acariciarla por debajo, abrirle un poco los labios, su dedo entrando un poco, su lengua también, luego los labios superiores del chico en su clítoris, mientras la chupaba con toda la boca…
Ron sacó la cabeza del agua, cuando no aguantó más la respiración, y se sacudió un poco el pelo. Hermione estaba totalmente caliente.
-Ven -dijo él. Y entonces, inesperadamente, la tomó de las piernas y empezó a sacar su cuerpo del agua. Hermione no tuvo tiempo de decirle nada. Con mucha más fuerza de la que creyó que tenía, Ron la sacó en brazos del agua, poniéndose de pie por completo, el agua por sus pectorales, y la puso con cuidado en el borde, de espaldas a él, la cintura de Hermione apoyada en el borde y sus piernas cayendo en el agua.
-¿Qué…? -empezó ella, algo aturdida por esa repentina movida. Estaba acostada boca abajo sobre el borde de la bañera, su trasero erguido hacia atrás, expuesto, y los pies en el agua. Y entonces Ron empezó a besarle los glúteos, y cerró los ojos al comprender el plan de él. Ron empezó a mover su lengua otra vez en ella. Le dio sexo oral agachándose un poco en el agua otra vez y desde abajo, mientras le acariciaba las piernas y el trasero. Movió sus dedos por toda su piel, y su lengua no dejaba de rozarle sus partes.
-Ven aquí -gimió Ginny. Harry y ella estaban acostados en el suelo de la cámara otra vez. Ginny, ahora acostada boca arriba, tiró de Harry para que su pene quedara a la altura de sus pechos. Entonces, se sujetó los pechos con ambas manos y Harry, comprendiendo, hundió su pene en el espacio entre sus tetas. Ginny le apretó el pene con los enormes senos y Harry empezó a moverse hacia arriba y abajo sobre ella, su pene entre medio de sus pechos saliendo por arriba de ellos y hundiéndose otra vez.
Ron se impulsó con el borde de la bañera y pasó una pierna fuera del agua, mientras sostenía todo su peso con las dos manos. Penetró a Hermione contra el borde de la bañera, sintiendo los glúteos de la chica contra su abdomen, mientras el pene se curvaba por debajo entrando en su vagina, más húmeda y caliente que nunca. Ambos gemían y respiraban con dificultad, ahora fuera del agua. Ron alzó la vista y abrió grandes los ojos al ver que, en uno de los cubículos, que tenía la puerta abierta, Myrtle la llorona se masturbaba en silencio mientras los observaba de forma psicópata, sentada en un un inodoro, su vestido fantasmal subido y sus piernas abiertas mientras sus dedos semitransparentes frotaban con velocidad su raja.
-Ven aquí -repitió Ginny. Ahora tiró de Harry más arriba, abrió la boca y sacó la lengua. Harry le metió el gigantesco pene por la boca. Empezó a moverse sobre ella, sus rodillas clavadas en el suelo de roca a cada lado de la cara de Ginny, sus testículos colgando sobre el mentón de la chica y el pene entrando y saliendo por su boca, que le envolvía con los labios el tronco, por momentos hasta la base del glande y luego, mientras él lo metía más profundo contra su paladar, llegando hasta poco más de la mitad del pene. Era demasiado grande para meterlo entero. Por momentos Ginny hacía unos soniditos ahogados, como si se atragantara con el trozo de Harry. Este le apartó el cabello de la cara y se miraron a los ojos, mientras el pene entraba y salía de la boca de la chica. La mirada de Ginny era alocada y desafiante. Quería más. Más y más. Quería hacerlo de cada forma posible.
Ron y Hermione ahora estaban fuera de la bañera, sobre el suelo del baño de prefectos. Ella estaba boca arriba, y él sobre ella, boca abajo. Mientras Ron la penetraba, el agua caliente chorreaba por su cuerpo y caía sobre ella. Se acariciaron y se miraron a los ojos. Él bajó los suficiente para besarla en los labios. Ella abrió las piernas todo lo que pudo, una colgando por el borde de la bañera, la otra contra el suelo. Ron pegó su abdomen al de ella y ella sintió el roce de su piel subiendo y bajando, sus pechos rozándose, Ron subiendo y bajando a medida que la penetraba. Aumentaron la velocidad. Cada vez más. Sentían que el clímax se acercaba. Estaban más calientes que nunca y gemían y respiraban con dificultad. Ron golpeaba contra ella cuando la penetraba, cada vez más rápido, hasta que llegó un momento que lo hacían tan rápido que parecía que sus cuerpos vibraban de forma constante contra el suelo. Pero Ron seguía cuidando de ella en cada movimiento, colocando una mano tras su cabeza, sin aplastarla con su cuerpo, mirándola a los ojos con ternura, cuidando de cada centímetro de su piel.
Si a Harry le quedaban dudas de que Ginny había estado esperando ese momento toda su vida, y quería enloquecer tanto como fuera posible mientras durara, se fueron en el momento en que Ginny conjuró unas esposas con su varita y se encadenó a sí misma, con unas largas cadenas, hacia uno de los pilares del costado de la Cámara de los Secretos.
-¿Estás segura de esto?
-¡Hazmelo! -gritó ella, las manos extendidas en alto, su espalda pegada a la columna de roca. Las cadenas la tenían colgada con los brazos totalmente extendidos hacia arriba, a la altura justa para que sus pies quedaran apoyados en el suelo. Sus pechos colgaban desnudos ante Harry, y bajo ellos el resto del cuerpo desnudo de Ginny esperaba a que él le cumpliera aquella loca fantasía. -Vamos, Harry. Ahora. Házmelo ahora.
Harry se acercó y empezó a besarle los pechos. Se los chupó, succionó y los soltó. Luego bajó la boca, le besó el abdomen y el ombligo. Y luego bajó más y empezó a besarle la vagina, mientras le abría las piernas con las dos manos. Ginny gemía de placer, colgando de las cadenas, sus manos esposadas.
Luego, Harry se incorporó y empezó a penetrarla contra el pilar. Las nalgas de Ginny golpeaban contra la roca tras ella con cada embestida. Harry le levantó un poco una pierna. Y entonces Ginny levantó ambas piernas y quedó colgando de las cadenas, con las dos piernas extendidas y bien abiertas, Harry en medio de ellas presionando el cuerpo contra el de la chica, sosteniéndole las piernas con las manos y penetrándola continuamente y con una velocidad tal que todo el cuerpo de la chica estaba temblando ante él.
Ron y Hermione se besaron con una dulzura que rayaba en el amor. Estaban totalmente abrazados, envueltos en el cuerpo del otro. Sintieron llegar el orgasmo. Se apretaron el uno al otro con más fuerza, tensando cada músculo de su cuerpo mientras sentían el orgasmo crecer hasta apoderarse de ellos. Lo tuvieron juntos, al mismo tiempo, y dejaron sus músculos tensados mientras lo experimentaban, estremeciéndose y besándose, apretando mucho sus cuerpos entre sí sobre el suelo del baño. Entonces la sensación terminó, y siguieron moviéndose un poco, bien abrazados, rozando sus labios y mirándose de forma tierna entre sí.
-¡AQUÍ VIENE! -chilló Ginny, sintiendo que todo su cuerpo se estremecía. Harry también lo sintió, mientras sujetaba los glúteos de Ginny con mucha fuerza, en parte para mantenerla sostenida en el aire, y al ser consciente del roce de su pene dentro de ella también sintió que el orgasmo empezaba a nacer en él.
Se dejó llevar. Sintió que eyaculaba dentro de Ginny. El cuerpo de la chica temblaba más que nunca en sus brazos, sus manos encadenadas, sus labios apretados con fuerza, mientras ambos se estremecían en un largo orgasmo.
Largo… muy largo…
¿Por qué no acababa?
Entonces Harry lo recordó: la poción que habían bebido.
Sacó su pene fuera, y lo que vio lo impactó: el semen salía de la punta de su pene como una canilla abierta, como una manguera. No dejaba de salir nunca. Toda la vagina de Ginny chorreaba semen sobre el suelo, y seguía saliendo, más y más.
Contra la columna, Ginny se movía, sus labios muy apretados, frotaba el trasero contra el pilar tras ella y parecía estar gozando de un orgasmo eterno y sin fin, que estremecía su cuerpo continuamente y no parecía acabar jamás.
Lejos de estar asustado, Harry no pudo evitar disfrutar de ese orgasmo interminable. Todo lo calentaba y, como el orgasmo no acababa, cualquier cosa lo hacía sentirse sexualmente estremecido. Desencadenó a Ginny y la sostuvo en brazos, su pene eyaculando por todo el suelo y la chica temblando en sus brazos. Caminó con ella y casi resbala con su propio semen. Llegaron a una parte en medio del camino que conducía a la salida, pero no llegaron a ella. La apoyó con cuidado en el suelo, y Ginny lo empujó sobre ella.
Se besaron con locura. Harry estaba eyaculándole en las piernas como una manguera imposible de cerrar. Ginny vibraba como un consolador, incapaz de detenerse. Poseído por fuerzas incontrolables, Harry empezó a desear eyacularle a la chica en todas las partes de su cuerpo, y lo hizo: primero en el trasero, girándola un poco, luego en el ombligo. Luego Ginny, atraída por la idea, lo empujó hacia arriba. Todo el semen de Harry salió disparado contra sus tetas, bañándola como si fuera un montón de crema sobre ella. El semen chorreaba por sus pechos, cada vez más. Harry se los acariciaba, mientras su propio semen chorreaba por todos los pechos de la chica y por sus manos.
Entonces Ginny lo empujó más hacia arriba, y Harry empezó a correrse en la boca de ella. La chica se relamió los labios, aun temblando de pies a cabeza, mientras el semen entraba en su boca y luego salía, chorreando por su mentón y por su cuello. Harry movió su pene sobre ella, completamente fuera de sí, y la llenó del líquido seminal en todo el cabello pelirrojo, la frente, las cejas, las mejillas. Rozó su pene contra cada parte del cuerpo de Ginny, pero el semen no dejaba de salir. Pronto, toda la chica quedó completamente blanca, cada centímetro de su cuerpo chorreando semen de Harry.
Y siguió estremeciéndose, en ese orgasmo infinito. Movía su vagina contra Harry, lo hacía rozársela con los dedos y el pene, los líquidos chorreando de ella también. Todo el piso bajo ellos estaba mojado, como si estuvieran acostados bajo un gran charco de agua.
Finalmente, lo que pareció ser una media hora después, la sensación terminó.
Y los dos quedaron allí, uno sobre el otro, mirándose a los ojos boquiabiertos y agitados, completamente en shock. Ginny chorreaba semen por el costado de la cara, por la oreja, por toda la boca y los labios, por los pezones, el costado de los pechos, el ombligo, abdomen, por todas las piernas y por todas sus partes. Harry tenía varias partes del cuerpo rojas por algunos pellizcos que Ginny le había dado y por haberlo apretado con los dedos con fuerza, mientras sentía el interminable orgasmo.
Se quedaron los dos allí, respirando muy agitados, mientras la sensación los abandonaba por completo, hasta que finalmente desapareció. No podían dejar de mirarse a los ojos con la mirada desorbitada, conmocionados por lo que acababa de pasar.
Entonces, al mismo tiempo, los dos rompieron en carcajadas. Harry la ayudó a levantarse, y tuvieron que tener cuidado para no resbalar con todo el rastro interminable de semen que iba hasta el pilar donde había estado atada Ginny. La llevó tomada de los hombros, con cuidado, hasta llegar a su varita.
-Quédate quieta -le dijo, sin poder contener la sonrisa, mientras recorría el cuerpo de Ginny con su varita, limpiando todo el semen de su cuerpo, que fue desapareciendo mágicamente. Cuando terminó, los dos se quedaron allí, mirándose entre sí y sonriendo.
-Wow -susurró Ginny, ruborizándose.
