El cabello rubio platinado de Malfoy caía sobre sus ojos, empapado en transpiración. Toda su piel estaba sudando, mientras el joven de quince años se movía desnudo sobre una de las mesas de El Caldero Chorreante. El bar estaba completamente vacío, a excepción de su dueño, Tom el tabernero, y los otros participantes de la orgía.

Tom estaba boca abajo sobre la mesa, aferrándose a los bordes mientras Malfoy, sobre él, lo penetraba por detrás, al tiempo que le acariciaba la verrugosa espalda y la cabeza calva. Malfoy le dio unos besos en la joroba, sin poder dejar de penetrarlo. Tras él, el señor Ollivander estaba de pie, tomando a Malfoy de la cintura y penetrándolo a su vez, mientras lanzaba gemidos de placer sexual, su pecho todo lleno de bellos canosos, con la piel arrugada como una pasa de uva.

Sobre otra de las mesas, que estaba junto a esa, había cinco vasos vacíos, una pizza a medio comer y un termo, que Malfoy había llevado. Era el termo en que había guardado, mediante magia, veinte litros de jugo de calabaza.

-Toma esto, viejo, toma, ohhhh síííííí -murmuraba Madam Malkin, tras Ollivander. Se había puesto un pene de goma que se erguía mediante magia, sujeto a la cintura con unas correas, y penetraba a Ollivander por detrás. Mientras tanto, tras ella, Griphook, el duende de Gringotts, se bajaba el pantalón, revelando un pene enorme y duro como roca de al menos medio metro de largo.

-¡VÁLGAME! -exclamó Madam Malkin, impresionada-. ¡Pero si es cierto lo que decían de la regla de la "L"! ¡Cuánto más bajitos, más largo!

Griphook sonrió con malicia y lanzó unas carcajadas mientras se colocaba tras ella, sobre una silla para estar a la altura, y dirigía su enorme miembro a la bruja.

Harry avanzaba por los pasillos de Hogwarts rápidamente. Era lunes, y estaba llegando tarde a su siguiente clase. Cuando de pronto dobló un recodo y chocó de frente con Ron. Ambos se quedaron mirando unos instantes, entornando sus ojos y adoptando miradas furiosas.

-Tú… -dijo Ron.

-Yo -dijo Harry, mirándolo desafiante.

-Por tu culpa tuve una pérdida de memoria del mediano plazo -le espetó Ron, con rencor.

-Qué envidia, me hubiera gustado olvidar la mierda que hiciste en el Gran Salón.

-¡¿Qué yo hice?! ¡Hipócrita! ¡Tú me rompiste una jarra en la cabeza!

-¡Tú te pusiste celoso de que Hermione me haya preferido a mí!

Ron lucía igual de furioso, pero esbozó una sonrisita llena de ira.

-Pues para tu información, Harry, Hermione me prefiere a mí.

-¿De qué rayos hablas?

-No la veo aquí contigo, ¿verdad?

-Pues no. ¡Y tampoco contigo! Pero para que lo sepas, Ron, ella me ha elegido a mí. Aunque no esté aquí ahora.

-Para que lo sepas, Harry, me eligió a .

-¿Por qué lo dices? -Harry temblaba de ira.

-No te daré los detalles, ata los cabos tú mismo.

-¡Ja! -rió Harry, sin pizca de gracia-. ¿Insinúas que tuvieron sexo? ¡Tú ata los cabos, Ron! ¡Si te digo que me eligió a mí, por algo lo digo!

-¿Ah, sí? -Ron miró a un lado del corredor, y luego al otro. No había nadie más allí. -¿Y cuándo fue eso, si se puede saber?

-¿Y a ti qué te importa?

-Temes que lo haya hecho conmigo después que contigo, ¿no es así?

-No seas estúpido, Ron. Da lo mismo con quién lo hiciera primero. No te creo nada de que te la hayas tirado. Estás mintiendo, tu envidia no deja de…

-Tienes miedo. Vamos, admítelo. Temes que, si fue conmigo después que contigo, significa que ya no le importas, y me ha elegido a después, porque me prefiere.

-Para que lo sepas, nada más, Ron, lo hemos hecho el viernes en la noche.

-¡JÁ! ¡Pues el sábado lo hizo conmigo, Harry! -declaró Ron, con triunfo. Harry quedó pálido.

-No es cierto. Estás mintiendo.

-¡Ahí lo tienes! ¿Lo ves? ¡Me prefiere a mí!

-No significa nada. Aunque sea cierto, no quiere decir que…

-¡Lo hizo por último conmigo, porque me prefiere a mí! Si de verdad lo hizo contigo, Harry, seguro que se arrepintió enseguida…

-¡Cállate la boca, imbécil!

Pero, justo cuando ambos sacaban su varita, alguien dobló el recodo y apareció ante ellos.

-¡Harry! -dijo Hermione, abriendo grandes los ojos y mirándolo, para luego volverse hacia el otro-. ¡Ron! ¡Basta! ¡Bajen las varitas!

Ninguno de los dos obedeció.

-Hermione, dile a Harry que me prefieres a mí -dijo Ron.

-Ron -Hermione le dirigió una de sus miradas más severas-, hemos acordado no decir nada…

-¡Pero este imbécil está diciendo que también lo hizo contigo! -bramó Ron, furioso.

Hermione miró alrededor muy asustada. Pero no había nadie más allí, aparte de ellos tres.

-Me da igual que lo hayan hecho -dijo Harry, dando un paso hacia Hermione-. Escucha, quería decirte que lo siento mucho. Por lo de Cho, en el partido, y por todo. Tú eres la persona que quiero. Hermione, yo… yo te amo.

-¡Calla la boca! -dijo Ron, dándole un empujón. Harry lo miró con violencia. -¡Hermione! Yo te amo. Él no te ama, no realmente. Tú sabes que me prefieres a mí. ¡Él no deja de follarse chicas desde que empezó todo esto, es un mujeriego!

-¡Qué hipócrita! ¡Como si tú no, Ron! ¿Qué me dices de Lavender, y de Parvati, y…?

-¡YA BASTA! -gritó Hermione, con todas sus fuerzas, y ambos se quedaron en silencio, mirándola-. ¡Esta discusión es estúpida! ¡Lo que sea que los tres hayamos hecho desde que empezó esta locura en el castillo, no fue culpa de ninguno de nosotros! Harry, no estoy molesta por lo de Cho, todo el equipo estaba muy, muy raro ese día, no solo tú. De hecho, tú te aguantaste más tiempo que todos los demás, casi hasta el final. Y Ron, no me importa si estuviste con Parvati o con quien sea. Olvídense de todo eso. Yo también hice cosas, ya lo saben. Aquí lo importante es que se termine esta pesadilla, y luego yo… yo…

-Tú me elegirás a mí, ¿verdad? -dijo Ron, mirándola con esperanza-. Hermione, yo siempre he sido el que te ha apoyado siempre, toda la vida, el que siempre estuvo contigo…

-¡Discutiéndole, peleándole, armándole peleas cada vez que podías! -le gritó Harry, hecho una furia-. ¿Esa es tu forma de amarla? ¡Hermione, yo siempre he estado contigo en los momentos importantes! Yo siempre te he tratado bien, no nos hemos peleado nunca, nunca te hice escenas por cosas estúpidas, como este imbécil…

-¡Tú eres el imbécil! -aulló Ron-. Hermione, él siempre se iba a practicar Quidditch todas las tardes. ¿Quién era el que pasaba largas horas a tu lado en la Sala Común, haciendo los deberes, charlando de la vida? ¡No él! ¡Él solo entrenaba al Quidditch, se preparaba para el Torneo de los Tres Magos o andaba detrás de Cho Chang!

no dejabas de mirar a Fleur Delacour!

-¡Solo porque es Veela!

-¡Mitad Veela!

-¡Pero tú no puedes negar que te gustaba Cho Chang por completo, no Hermione! ¡Yo soy el que siempre gustó de ella, no tú!

-¡TÚ SOLO TE JUNTABAS A HACER LOS DEBERES CON ELLA PORQUE QUERÍAS COPIARLE!

-¡VETE A LA MIERDA, HARRY!

-¡ME CAGO EN TI, RON!

Se apuntaron con las varitas a la vez, explotando de furia, y en ese momento ambas varitas salieron despedidas de sus manos a la vez. Hermione las atrapó en el aire, aun con la suya propia extendida hacia ellos.

-Basta -dijo, con su voz temblando, y las tres varitas sujetas firmemente-. Se terminó. Se terminó la pelea… No voy a ser la causante de esto. Ambos han sido muy importantes para mí, siempre. Lamento haberlos puesto en esta situación. No quiero que se peleen por mí. La verdad es que no estoy segura de lo que siento, y necesito tiempo, tiempo para pensarlo…

Harry y Ron se lanzaban miradas asesinas, con chispas saliendo de sus ojos.

-Por el momento, creo que lo más sensato -continuó Hermione-, es esperar a que termine la locura esta del castillo, porque no podemos focalizarnos en esto con claridad en medio de este caos. Tratemos de sobrevivir a esto, y cuando todo haya terminado, yo lo pensaré cuidadosamente… y elegiré a alguno.

-A mí -dijo Harry de inmediato-. Hermione, vamos, elígeme a mí, nadie te amará tanto como yo…

-Siempre estaré para ti, Hermione -dijo Ron-. En cada momento. Harry no lo hará. Siempre se distrae con estupideces.

-¡CALLA LA BOCA, RON!

-¡TÚ CÁLLATE!

-¡OBLÍGAME!

Se lanzaron el uno sobre el otro, sin varitas, y se enredaron en una maraña de puñetazos, arañazos, codazos y hasta mordiscos.

Hermione revoleó los ojos, cansina, y usó una de las varitas para separarlos, arrojándolos en direcciones opuestas por el suelo del corredor.

-¡Estamos llegando tarde a clases! -les gritó-. Vamos, vengan conmigo, y les devolveré las varitas una vez que estemos en el aula.

Empezó a caminar a grandes zancadas, y Harry y Ron se apresuraron tras ella, sin dejar de lanzarse miradas furiosas entre sí.

"Eres hombre muerto", le murmuró Ron, sin hablar, solo con los labios, a espaldas de Hermione.

"Prepárate para la próxima jarra", le respondió Harry, también de forma muda. "Esta irá directo a la memoria del largo plazo".

En ese momento, Draco Malfoy caminaba alegremente por el Callejón Diagon. Iba silbando, con su termo vacío en una mano, lanzándolo en el aire y atrapándolo al vuelo. Acababa de salir del Caldero Chorreante, donde los otros magos se habían puesto a beber y fumar luego del orgasmo. Malfoy estaba excepcionalmente alegre, mientras se sentaba bajo el sol en la terraza de la heladería de Florean Fortescue, poniéndose lentes para el sol, y sonreía mientras le hacía señas al dueño del negocio.

-¡Oye, ! -le gritó, con desprecio-. Un helado de chocolate y nueces. ¡Y que sea rápido!

-Sí, señor -dijo Florean, entrecerrando los ojos mientras se alejaba para servirle el helado.

Malfoy no dejó de sonreír mientras tomaba una copia de El Profeta de la mesa y ojeaba vagamente la portada ("Sigue sin encontrarse al Ministro de la Magia, Rufus Scrimgeur es nombrado a cargo en reemplazo mientras se amplía la búsqueda"). Pero no estaba leyendo realmente. Estaba disfrutando de algo muy placentero. Un descubrimiento que acababa de llegar a él, poco tiempo atrás.

-Así que de esto se trataba -murmuró para sí mismo, luego de que Florean le dejó el helado, mientras lo lamía, mirando su termo vacío-. El sucio jugo de calabaza…

Hacía días que se sentía normal. Ya no estaba deseoso por tener sexo. Y curiosamente, esa mañana, durante su visita al Callejón Diagon para comprar algunos artículos que necesitaría cuando comenzara Durmstrang, había ido a comer una pizza a la taberna y tenido la idea de acompañarla con lo que le quedaba del jugo de calabaza. De inmediato, ni bien había empezado a beberlo, sintió una potente erección. Entonces había empezado a sospechar. Sin poder contenerse, les había ofrecido de beber el jugo a todos los que estaban allí, y pronto se había armado esa orgía desenfrenada.

Ahora el termo se había vaciado por completo, ya no le quedaba nada de jugo, pero le quedaba algo mucho mejor: la hermosa verdad. El descubrimiento era suyo. Era él el que lo había descubierto. Recordó que él mismo había visto el tanque enorme en las cocinas, lleno de esa bebida. La provisión trimestral. Seguramente algún imbécil habría arrojado alguna poción sexual en el tanque, o algo así…

¿Y que iba a hacer, ahora que sabía la verdad?

Sonrió más y más, mientras comía su delicioso helado de nuez. Una posibilidad era, claro, ir a Hogwarts y revelarles la verdad a todos, para que dejaran de beberlo y se terminara la pesadilla para ellos.

Pensó en esa idea, y su rostro se iluminó. Y entonces rompió en carcajadas. Florean lo miró de forma extraña, desde la distancia. Malfoy reía de forma malvada en su silla bajo el sol, el rostro rubio platinado hacia atrás, los lentes oscuros para el sol hacia arriba, las carcajadas saliendo de él de forma malévola, como un villano tramando un oscuro plan. Para Florean, sin embargo, solo parecía un adolescente patético.

Claro que no. Eso estaba fuera de discusión. También existía la posibilidad opuesta: Usar la información que tenía para hacer algo muy, muy malvado. No estaría mal vengarse de Hogwarts. Antes de irse a Durmstrang, vengarse de ellos de alguna forma muy malvada.

¿Cuál podía hacer? Tenía que aprovechar esa información. Usarla sabiamente. Por el momento no se le ocurría nada, pero el simple hecho de no hacer nada era, de todas formas, una venganza. Y muy placentero.

Se reclinó en su silla, bebiendo el helado, mientras imaginaba a todos los estúpidos en Hogwarts sin poder contener la calentura, bebiendo el estúpido jugo de calabaza sin darse cuenta de que era eso lo que los ponía así.

Y rió más y más, golpeando la mesa ante él, disfrutándolo con todo su ser.

Más tarde, Harry se sentaba a la mesa de Gryffindor para almorzar. Sin darse cuenta, se había sentado junto a Ginny. La chica pronto se puso de pie de un salto, para marcharse.

-Oye, ¿qué pasa? -le preguntó Harry, desconcertado.

-No te me acerques.

-¿Qué? -Harry la tomó del brazo, sorprendido-. ¿Por qué eso?

Ginny se soltó de su mano.

-Me usaste -le dijo en un susurro, para que nadie más oyera. Harry quedó boquiabierto por la sorpresa.

-¿Qué dices?

-Me usaste -repitió Ginny, llena de rabia-. Sabías que yo estaba bajo los efectos de lo que sea que pasa aquí, y aún así…

-¡Yo también estaba bajo el mismo efecto! -le respondió él, cuidando de no levantar la voz para que los demás no oyeran. Aquello era demasiado. Primero Ron, ¿y ahora Ginny?

Ginny se le acercó mucho para que nadie más pudiera oír lo que le decía.

-Pero me oíste claramente cuando te dije que te amaba, y a pesar de que tú no me amas, solo quisiste hacerlo para… para… porque estabas caliente -le dijo llena de ira, en un tono de voz tan bajo que ni siquiera la podía oír estando a centímetros de distancia.

-Ginny, eso no es del todo…

-Vete a cagar, Harry. Lo he decidido. Ya no eres nadie para mí. Vete con Hermione, si te gusta tanto. Me conseguiré a alguien mejor. Y los hay, créeme.

Dicho eso, Ginny se alejó de él, furiosa. Del otro lado de la mesa, Dean miraba con curiosidad. No se debió haber oído nada, pero la forma en que Ginny se alejó no dejó lugar a dudas de que estaba furiosa con él.

De mal humor, Harry pinchó la carne en su plato y se sirvió puré de patatas y jugo de calabaza. Estaba comiendo un buen trozo de carne cuando vio a Ron entrar y pasarle de largo, dirigiéndose hacia Hermione, que estaba hacia la mitad de la mesa. Harry entrecerró los ojos, al ver que el imbécil de Ron se atrevía a sentarse junto a ella.

-Será mejor que no te sientes aquí, Ron -le dijo Hermione, de inmediato, mientras comía mirando nerviosa alrededor.

-Solo quería decirte algo -le dijo Ron, en voz lo suficientemente alta para que Harry oyera-. Que mañana Bill y Fleur celebrarán su boda aquí en Hogwarts, y estás invitada. Solo tú, Hermione.

Harry entrecerró más los ojos, mirándolos fijamente a la distancia mientras bebía jugo de calabaza en silencio.

-¿Fleur Delacour? -dijo Hermione, confundida.

-Sí, se hicieron pareja hace poco -le explicó Ron-. Y se van a casar. Y decidieron hacer la boda aquí en Hogwarts, porque Bill dijo que era su lugar favorito en el mundo. McGonagall accedió. Será en los terrenos exteriores después de la última clase por la tarde, y habrá comida, bebida y de todo. SOLO TÚ, HERMIONE -dijo muy fuerte, dejándole la invitación y marchándose a una parte más lejana de la mesa.

Harry clavó el tenedor en el puré tan fuerte que un pedazo de puré salió despedido y se estampó en la cara de Neville.

-¡Oye, cuidado!

-Lo siento, Neville.

Harry terminó de comer a toda prisa y se marchó de allí. Se sentía caliente de nuevo. Ya no tenía a nadie con quien quitarse esas ganas desesperantes. Hermione no le hablaba. Ginny no le hablaba. ¿Qué podía hacer? Estaba yendo hacia el baño para masturbarse, cuando se cruzó con Luna.

-¡Luna! -dijo, y sonrió al verla.

-Aléjate de mí, Harry -le dijo ella, con expresión taciturna.

-¿Qué te pasa a ti ahora?

-Ginny me contó todo. No puedo creer que la usaras así. Hombres. Solo piensan en sexo, ¿verdad?

-Pero… Pero…

Luna se marchó de allí, furiosa, y Harry se quedó en el lugar sintiéndose un estúpido.

-¡Maldita sea, pero si yo no soy el único! -le gritó a sus espaldas. Le dio un puñetazo a la pared, y sintió que se le quebraban todos los huesos del nudillo.

Empezó a gritar, saltando en el lugar mientras se sujetaba la mano.

Sería mejor que fuera a ver a Madam Pomfrey y dejara para después lo de la masturbación. Empezó a caminar hacia la enfermería, lleno de rabia. Quería llorar, y gritar, y golpear a Ron. Todo a la vez. Entonces recordó que Madam Pomfrey le había dicho que estaba muy solitaria en la enfermería, y no pudo evitar caminar más rápido hacia allí, tratando de ocultar su erección con la mochila.