-Y… entonces… el mago bajito del Ministerio pidió refuerzos… y llegaron por fin los magos del Ministerio… -Hermione contaba todo aquello sin dejar de temblar y sacudirse con escalofríos-. Empezaron a lanzarle encantamientos a todos… tratando de que volvieran a la normalidad… pero no lo lograban… esa tía Muriel no quería soltar a Percy… solo después de un buen rato…
La chica se quedó así, negando con la cabeza, la mirada en blanco. Harry la observaba preocupado.
-¿Y qué pasó después? ¿Ya saben por qué nos pasa esto?
-No, Harry -lo miró preocupada-. Ron le echó la culpa a Malfoy, y concluyeron que Malfoy habría echado algún maleficio… Dijeron que investigarían, pero lo cierto es… Ni siquiera van a investigar, solo querían reestablecer el orden y… y luego irse… -Hermione tuvo otro escalofrío-. No creo ni que vayan a ir a buscar a Malfoy…
-Pero, ¡no es posible! -Harry estaba indignado-. ¿Cómo no van a hacer nada? ¡Son el Ministerio! ¡Y esto es una escuela! ¡¿Cómo permiten que todos aquí estemos…?!
-Harry, abre los ojos -Hermione se puso más seria-. Hogwarts no le importa al Ministerio en este momento. El ministro desapareció hace solo unos días, y están poniendo todo su esfuerzo en buscarlo… No van a darnos nada de importancia, por lo menos, hasta que lo hayan encontrado. Y tú y yo sabemos que eso no va a pasar… -miró nerviosa alrededor, pero estaban solos en ese corredor del tercer piso, sentados al pie de una armadura-. No si Rosmerta hace bien su trabajo, y esperemos que sí…
-Pero entonces, estamos solos -dijo él, que seguía enfurecido. Hermione lo miró y asintió despacio.
-He estado pensando, Harry… Creo que no debería quedarnos duda ya. Voldemort debe estar tras todo esto. No hay otra explicación. ¿No lo crees?
Harry suspiró y le contó a Hermione el sueño que había tenido sobre Voldemort. Cuando terminó, ella tenía los ojos desorbitados.
-¡Harry! ¿Cómo no me lo dijiste antes?
-Bueno, estábamos en medio de bastantes cosas… ¿no?
-Te dije que tenías que romper esa conexión con Voldemort…
-Olvídate de eso, Hermione. Ahora lo que importa es que ya sabemos lo que se trae entre manos. Va a venir al castillo. Sabemos lo que quiere: me quiere a mí. Pienso que lo más sensato será que me vaya de Hogwarts. Como hizo Malfoy. Públicamente, que todos sepan que me fui. De esa forma, ustedes no correrán peligro…
-No seas idiota, Harry. No harás eso.
-Quizás todo se detenga entonces.
-No se detendrá, porque Voldemort no está aquí. No aún. Lo que sea que hizo para que pase todo esto, ya está en marcha. Y no va a detenerse porque te vayas.
-Pero si él viene aquí…
-Vendrá igualmente, aunque no estés. ¿Vas a dejarnos solos, a los demás, a su merced?
-No, claro que no. Si viene, quiero estar aquí para pelear.
-Entonces quédate.
-Pero si viene, lo voy a matar. Todo esto ya fue demasiado. Voy a matarlo, te lo juro, Hermione. Como maté a esa Bellatrix, y a Pettigrew, haré lo mismo con él.
Se quedaron en silencio unos segundos, durante los cuales Hermione era invadida por escalofríos ocasionalmente.
-No puedo quitarme la sensación de la cabeza -le confesó ella, en voz muy baja-. El padre de Ron, encima de mí… Ya no podré ver a nadie de esa familia a los ojos otra vez.
-Lo siento -masculló él, mirando el suelo-. Sé como te sientes… No puedes controlarlo. Sabes que va a pasar, y no puedes hacer nada para contenerlo… Y puede pasar con cualquiera. Con cualquier persona. Y nos ponemos tan… locos… que podríamos perfectamente salir heridos de una de esas situaciones. O morir. Esto es muy peligroso.
-No tengo miedo -dijo ella, mirándolo muy seria-. Ya lo he hecho con todo el mundo, Harry. Dudo que aparezca alguien con quien pueda darme miedo hacerlo. Ya está. Ya lo he vivido todo. Ya he hecho todo lo que se podía hacer… -la chica se estremeció otra vez, y una lágrima cayó por sus ojos-. Ya no somos las mismas personas…
Hermione se tapó la cara con ambas manos y rompió en un llanto silencioso. El corredor estaba desierto y oscuro, porque eran más de las doce de la noche. De hecho, ella había ido a buscar a Harry para decirle que necesitaba hablar con alguien, y habían emprendido ese paseo nocturno por el castillo, sin siquiera molestarse en usar la capa para hacerse invisible, porque ni los profesores patrullaban los pasillos esos días.
Harry abrazó a Hermione por los hombros. Ella dejó que lo hiciera y se refugió en sus brazos, llorando cada vez más. Él le acarició los brazos en silencio. No se sentían de la forma extraña, porque ya era tarde en la noche. Quizás eso era lo peor. Estar tan normales, cayendo en la cuenta de lo mucho que había cambiado todo…
Hermione levantó la cara y Harry la vio roja y brillante por las lágrimas a la luz de la luna que se filtraba por una ventana cercana. Le acarició la cara con una mano, con cuidado, para limpiarle las lágrimas, y ella lo miró. Se acercó un poco a él, que aún la abrazaba…
Empezaron a besarse en los labios. Su rostro estaba húmedo y se pegaba a su piel. Su lengua tenía un gusto húmedo y cálido también. Él le acariciaba los hombros y ella la parte de atrás de la cabeza. Se besaron despacio durante más de veinte minutos, sin separarse para nada, solo rozando sus narices, abrazándose al pie de esa armadura y probando los húmedos labios del otro.
Cuando por fin se separaron, el silencio del castillo les llenaba los oídos y estaban tomados de las manos firmemente. Harry le acariciaba los dedos.
-Lo siento -susurró Hermione entonces, sus ojos brillando a la luz de la luna.
-No tienes nada que sentir -le dijo él, despacio.
-Siento mucho no haberte respondido en la Casa de los Gritos -dijo ella, en un susurro-. Me dijiste "te amo", y yo no dije nada.
Harry la miraba en silencio, en aquella oscuridad. Solo entraba la luz de la luna y las estrellas, ya que todas las velas del corredor estaban apagadas.
-Sé por qué no lo hiciste -dijo él-. Es por Ron.
Hermione no dijo nada. Una nueva lágrima cayó por sus ojos.
-Lo entiendo -dijo Harry-. No estás segura de tus sentimientos. Sientes algo por mí, pero también por él. Y no sabes qué es, o qué tan fuerte es.
Hermione se quedó tanto tiempo en silencio, que Harry pensó que no diría nada más. Pero entonces dijo:
-Finalmente entiendes a las mujeres, Harry.
Y Harry esbozó una leve sonrisa, algo triste.
-Desearía saber lo que siento. Pero la verdad es que no lo sé. Y no quiero perder a ninguno de ustedes. A ninguno de los dos.
-He estado pensando -dijo Harry-. Y creo que sé lo que debes hacer.
Hermione no respondió, pero arrugó la cara con preocupación.
-Estaba claro, en realidad. No sé por qué no lo vi antes.
-Harry, no sé de qué hablas…
-He actuado como un estúpido, Hermione, y te pido perdón. Peleándome con él por todos lados, dejándolo en la enfermería… Todo porque no podía tolerar la idea de que lo eligieras a él. Como si fuera un niño. Pero no lo soy. Me he dado cuenta de que actué de forma inmadura, y quiero corregirlo. Yo sé cómo puedo ayudarte.
La miró a los ojos, muy serio. Ella no le preguntó cómo.
-La mejor forma de ayudarte, es renunciar a ti -dijo Harry-. Dejar que estés con Ron. Eso es lo que debo hacer.
Hermione entrecerró los ojos, mientras lo miraba.
-Siempre he admirado tu valentía, Harry, y tus ganas de hacer lo correcto siempre. Pero en este caso, si te digo que yo no sé qué es lo que siento, es porque soy yo la que necesita…
-No, no eres tú -Harry respiró hondo-. Somos nosotros quienes debemos ceder. Tú nos quieres a ambos, siempre ha sido así, porque siempre hemos estado los tres juntos, en todo. Y ahora has tenido sentimientos por los dos. ¿Cómo harás para resolver eso? ¿Cómo harás para elegir, cuando los dos hemos sido igual de importantes para ti siempre?
-No lo sé -dijo ella, llorando de nuevo-. Pero Harry, no…
-Dile a Ron que quieres ser su novia -dijo Harry, apretándole las manos con fuerza-. Díselo. Y hazlo. Elígelo a él. Yo te garantizo que no me perderás. Seguiremos siendo amigos. Y de esa forma, no perderás a ninguno de los dos.
Harry le sonrió, de una forma mitad triste y mitad reconfortante.
-¿Por qué haces esto, Harry? ¿Tú no me quieres?
-Es porque te quiero demasiado que lo hago. Porque te amo. Y quiero que seas feliz. No me importa ser feliz yo. Hermione, Voldemort me busca para matarme. Quizás ideó todo esto, y solo lo hizo porque quiere matarme. No puedo estar creándote ilusiones ni esperando que me elijas. O estar pensando en ti, siquiera, porque eso no es lo correcto. Lo correcto es que vaya a buscarlo a él, que pelee con él, que lo mate de una vez por todas. Y si muero en el intento, tú estarás con Ron. Y si no, también. Tú debes ser feliz con él, ese es tu destino. Mi destino, en cambio, no es luchar por ti. Es luchar contra él, contra Voldemort.
Hermione no dijo nada. Seguía mirándolo y llorando en silencio. Harry se puso de pie y respiró hondo otra vez, mirándola hacia abajo, su rostro iluminado por la luna.
-Está decidido, Hermione. Hazlo. Ve y dile a Ron que lo elijes.
-Harry…
-No me iré a ninguna parte, no te preocupes por mí. Estaré aquí, como siempre. Como tu amigo. Estaré tratando de averiguar cómo atrapar a Voldemort. O esperándolo. Preparándome… Haciendo lo que debo hacer. Me aseguraré de que todo esto termine. Y de que seas feliz.
Dicho eso, Harry asintió y se alejó por el corredor, a pasos largos. Hermione vio que se limpiaba la cara con el brazo disimuladamente, mientras se alejaba a toda prisa, antes de doblar un recodo y perderse de vista.
Esa semana era la última de clases. La semana siguiente tendrían los T.I.M.O.S., y poco después finalizarían su quinto año en Hogwarts. Harry, sin embargo, no estaba pudiendo estudiar demasiado. Y las cosas no ayudaron cuando, el jueves, recibieron la noticia en el desayuno de que esa tarde, durante la clase doble de Pociones, Snape les daría su última clase de Educación Sexual Mágica.
-Apuesto a que me hará beber alguna poción sexual a mí -se lamentó Neville, sentado junto a Harry-. Seguro acabaré haciendo el ridículo delante de todos.
-No lo creo -le dijo Harry, comiendo una tostada-. Es a mí contra quien se las va a agarrar. Aun está enfadado porque no pudo expulsarme del colegio, cuando me encontró con Hannah. Es la oportunidad perfecta para que se vengue, ya lo verás.
A pesar de lo que le había dicho a Hermione de ser amigos, Harry no iba a volver a hablarse con Ron. Una cosa era ser amigo de ella, decirle que se pusiera de novia con Ron, y que se olvidara de él; pero otra cosa distinta era reconciliarse con Ron. No porque ahora fuera a ser el novio de ella, seguramente (aun no los había visto juntos ni había oído que anduvieran juntos, pero supuso que sería cuestión de tiempo), sino porque aun estaba dolido con él por su actitud, y no iba a hablarle de nuevo hasta que Ron le pidiera disculpas.
Así que esa tarde, luego del almuerzo, se dirigió junto a Neville hacia la clase pesadamente y preparándose para lo peor. Resignado, tomó asiento lo más al fondo que pudo, completamente solo, y miró de reojo al resto de la clase. Hermione se había sentado sola también, en un asiento hacia el medio, y Ron con Seamus y Dean hacia la izquierda. Se preguntó por qué Hermione no se sentaba con Ron y ya. Con él, aunque hubieran dicho de ser amigos, quizás era demasiado pronto, pero con Ron…
Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando Snape entró en el aula ondeando su capa detrás de sí y con una sonrisita maligna. El desgraciado ya lo estaba disfrutando, pensó Harry. No le cabía ninguna duda de que utilizaría esa clase para vengarse de él. Los de Slytherin parecían muy divertidos, y Harry se preguntó si el jefe de su casa les habría adelantado cuáles eran sus planes para esa clase, y por eso se reían así…
Los fríos y negros ojos de Snape se clavaron en Harry en el momento en el que abrió la boca para comenzar la clase.
-Hoy tendremos su última clase del programa de Educación Sexual Mágica -comenzó, sin dejar de mirar a Harry fijamente. Harry le devolvió la mirada con decisión. No iba a intimidarse ni a dejarlo disfrutar de aquello. Si quería agarrárselas con él, no le mostraría debilidad en ningún momento. -Como ya han visto todos los temas relacionados con la temática con los demás profesores, tendremos un pequeño… examen práctico, conmigo -no había lugar a dudas ahora: Snape sonreía malévolamente mientras miraba a Harry. -Como no tenemos tiempo suficiente para examinar a todos, el examen lo tendrán que realizar solo unos pocos alumnos, elegidos al azar… Veamos, veamos… tal vez…
Sus ojos se abrieron aun más cuando se clavaron en los de Harry, llenos de profunda satisfacción.
-Harry Potter -dijo, curvando aun más sus labios-. Pasa al frente.
Harry ni se inmutó con las risas de todos los de Slytherin. Tomó su varita, se puso de pie y caminó hasta el frente de la clase, serio y sin mostrar vergüenza o debilidad alguna.
-Ahora bien, necesitarás una compañera para la examinación -comentó Snape, sin inmutarse ante las burlas y silbidos que todos los de Slytherin le proferían a Harry, y de hecho disfrutándolos, en vez de callarlos-. O compañero -añadió lentamente, y las risas se intensificaron-. En esta escuela no discriminamos por orientación sexual. Así que tú decides. ¿Qué prefieres?
Harry no dijo nada. No iba a darle la satisfacción. Se quedó en silencio, cruzado de brazos, mirándolo fijo a sus asquerosos ojos negros.
-Bien, elegiré yo -dijo Snape, mirando al resto de la clase-. Veamos, quién podrá ser… quién… ¿Qué tal… mmm? Sí.
Algo en su mirada indicaba que había encontrado a la persona perfecta, aquella con la que más pudiera avergonzar a Harry, y que lo estaba disfrutando con todo su ser. Finalmente, volvió a hablar:
-Weasley, ven aquí.
