Capitulo 2


Abadía


Naruto noto que su pulso se aceleraba, pero intento controlarlo. Habían cabalgado deprisa y alcanzado el convento en diez días. Saboreaba su satisfacción mientras esperaba a la novia. ¡La victoria era suya! Victoria sobre los demonios que lo perseguían hacia tanto tiempo, que habían destruido sus sueños de un joven caballero optimista y cambiado su destino para siempre. Finalmente, ejecutaría la venganza.

Gaara estaba a su lado. Naruto lo observo. Como siempre, las facciones de su compañero no revelaban nada. Todavía, Naruto sentía su desaprobación. Al demonio de la arena no le gustaban los planes que involucrasen mujeres. El ya había traspasado los límites al indagar qué ocurriría después de la venganza. Naruto no se tomaría el trabajo de responder. La moza seria su mujer y el tendría muchos años para ejercer la venganza sobre la última descendiente de Hyūga.

Ella se llamaba Hinata. Naruto la imaginaba como una versión menor de su enemigo. Tendría cabellos negros y la piel de su tío. Criada en un convento, ella debía ser poco atractiva. Solo precisaba mirar a la mujer que comandaba la orden para confirmar su creencia. Pequeña y encorvada, ella se movía con la lentitud de la edad. Seria fácil forzar una persona así a satisfacer su voluntad.

-Quiero casarme tan pronto como ella aparezca - dijo Naruto, escondiendo su excitación con una expresión impasible.

-Eso es imposible, mi señor. El Padre Iruka fue a visitar una hermana enferma y el sacerdote pero próximo está en Litton, a un día de viaje - informo la abadesa.

Naruto giró para hablarle a un hombre parado atrás de Gaara.

-Haku, ve a buscar al padre.

-Sí, señor.

–Debe estar aquí mañana.

-¡Ah, Hinata! - la abadesa exclamo acelerando la excitación de Naruto.

¿Pero cuál de las tres seria su novia? Todas usaban hábitos oscuros y tocas blancas. Mantenían su rostro bajo, lo que ocasionaba no poder ver sus facciones. La única diferencia era la altura, la del medio era más alta... Las tres estaban sentadas en un banco.

-Hinata, querida, tengo buenas noticias para vos - informo la abadesa, la del medio levantó su mirada vivaz.

Ciertamente su novia no era una criatura desinhibida, pensó Naruto… La abadesa prosiguió con voz trémula:

-El rey mando un marido para vos.- Naruto miró a la del medio. Su cara no expresaba disidencia ni sumisión. No se comportaba como una religiosa.

– No puedo creerlo. ¿Por qué Hiruzen demostraría interés en mí? -Naruto no pudo disimular el choque ¿Es criatura alta y rebelde era Hinata Hyūga?

-Es verdad, mi querida. El rey mandó la noticia de la muerte de tu tío y la orden para que te cases con el barón de Konoha con la finalidad de unir vuestras tierras.

La joven pasó a mirar a Naruto intentando una evaluación rápida. Si, Hinata, conoce a tu señor y arrepiente para siempre, pensó él con aire de triunfo.

Sin pestañear, ella lo enfrentó. Debía tener unos 19 años, calculo él. Tenía un rostro ovalado, piel blanca, nariz pequeña y la boca bien delineada. Los ojos, eran casi parecidos a los de Hyūga, la diferencia es que ella tenía una mezcla de gris con violeta, le fascinaban. Abruptamente, ella los desvía.

-¿La señora sabia de esto y no me avisó? - indago a la abadesa.

La voz revelaba emoción, pero precisamente, rabia. ¿Habría ella sido realmente educada en un convento?, conjeturo Naruto.

–Calma, Hinata - comenzó la abadesa y las otras dos mojas cambiaron de lugar como si esperasen una escena.

Hinata se levantó e interrumpió a su superiora:

-No venga con cuentos. La señora recibió la noticia y no me aviso. ¿Fue por miedo a que me escape y este idiota no le pague su recompensa? - preguntó apuntando su dedo hacia Naruto.

¿Idiota? Un insulto dicho con tanta naturalidad. Fue preciso un gran esfuerzo para no demostrar a rabia. Tenía ganas de sacudirla de los hombros. Pero más tarde, ella pagaría por esas palabras y por mucho más.

Las monjas no disfrazaban su mirada horrorizada y la abadesa se aproximó con tono apaciguador.

-Hinata, vos sabes que el oro no me atrae. Si pensases un poco, verías que solo tengo tu propio interés en mente. No eres feliz aquí y, ahora, tienes la oportunidad de iniciar una nueva vida. Agradece a Dios sus bendiciones.

–Yo no estaría desconfiada si la señora me hubiese informado antes. ¿Por qué no lo hizo? ¿Pensó que yo intentaría escapar?

¿Escapar? ¿Qué tipo de mujer era esa para hablar de esa manera? ¿Tendría la intención de desafiar al rey?

-¡Callá! No importa cuando fuiste informada. Nos vamos a casar y no tienes excusas – dijo Naruto en tono enérgico.

Hinata giró hacia él.

– ¡Siempre existen excusas, mi señor!- Petrificado con un los ojos grises penetrándolo, Naruto no conseguía hablar. ¿Por qué tanta rabia? Era él quien debería odiarla, no sólo por causa de su tío sino también por su lengua afilada.

Ella abandono el lugar sin el permiso de la superiora o de su señor. Naruto empezó a moverse pero Gaara lo tomó por el brazo.

-Déjala en paz por el momento – le aconsejo en voz baja.

Perplejo por su falta de control, Naruto retrocedió. La sangre le latía en sus venas.

–Perdone a Hinata - pidió la abadesa. - Ella es muy impetuosa y un poco inflexible, pero acabará cediendo. Precisa un poco de tiempo para acostumbrarse a la idea.

-¿Por qué no le aviso de mi venida? Eso hubiera evitado esta escena desagradable - censuro Naruto.

La abadesa desvía su mirada, llegando a pensar si Hinata no tendría derecho a la verdad. ¿Ella se fugaría en vez de casarse con él? ¿Por qué? Ella ignoraba lo que existía entre su tío y él. La abadesa le había dicho que Hyūga jamás había demostrado interés por su sobrina y, por ello, la había mandado al convento. Desde entonces, ellos nunca se habían comunicado. Hinata no podía sentir afecto por alguien a quien casi no conocía.

Una idea perturbadora tomo forma en la mente de Naruto. Escrutando los ojos de la abadesa, preguntó:

-¿Hinata tiene un amante? O ¿algún otro lazo que la una a este lugar?

Las monjas no contuvieron sus exclamaciones ante las palabras tan directas.

-¡No, no, mi señor! No existe nada que una a Hinata a este lugar. Se trata de su rebeldía - garantizó la superiora.

-Ella es muy temeraria – dijo una de las monjas.

–Hinata ha tenido una vida muy dura - aporto la otra.

– ¿En un convento? - Naruto preguntó.

–Después de la muerte de su padre, ella y su madre pasaron necesidades. La madre murió poco después. Le siguió un período difícil hasta que su tío proveyó el dinero para enviar a Hinata al convento - explicó a abadesa.

-¿Y donde vivió ella durante aquel tiempo? - Naruto quiso saber.

-Consiguió abrigo en la casa de un burgués. Allí era una criada.

¡Perfecto! Su novia vivió como subalterna. Saber de sus sufrimientos no le daba placer a Naruto. Tal vez porque ellos habían sido provocados por el destino y no por él. Deseaba ser la única fuente de sufrimiento para Hinata Hyūga.

-Ella no parece ser una sobreviviente – comentó en voz seca.

–Es una buena muchacha, mi señor, pero no tiene vocación religiosa. ¿Quién sabe si esto no es lo mejor para ella? - sugirió la abadesa.

Naruto frunció el ceño. La criatura de malos modos no se parecía a ninguna dama que el conociera. Sakura nunca levantaba el tono de voz y era una mujer finísima. Naruto casi se rió con la comparación. Linda y delicada, su hermana no tenía nada que ver con su novia de ojos grises y fascinantes. Imagínenselo... educada

¡En un convento! En verdad la abadesa no debía tener mucho control de su rebaño. Pero vale que el rápidamente le inspirara el temor de Dios al corazón de Hinata Hyūga.

Llego casi a sonreír al pensar en la venganza. Cuando terminase, su novia sentiría nostalgia de su pasado miserable.


Hinata corrió a su dormitorio. Calculaba de cuánto tiempo disponía, su ausencia en los rezos no sería notada. ¿Por qué ella? Y ¿por qué ahora cuando, finalmente, se había resignado à la vida en el convento? No poseía la paciencia necesaria para la vida religiosa, pero, allí encontraba alimento, afecto y seguridad.

Hinata había conocido bien el frío, la desgracia y otros horrores...

Sentía la falta de aire que la acometía cuando estaba asustada. ¿Hacia tanto tiempo que no tenía que luchar para respirar? Intentó calmarse. Ahora, sería diferente. Era mayor y más experimentada. Podría trabajar como criada para una familia respetable. No, pensó, estremeciéndose. En la ciudad encontraría otro trabajo que la mantuviese fuera de peligro.

Recogió sus escasas pertenencias y abandono el dormitorio. Debería llevar algún alimento, pero no se atrevía a ir a la cocina. Varias monjas debían estar alertas por su situación y percibirían su intento de fuga.

Las puertas estaban custodiadas y Hinata se dirigió a una ventana. La altura era grande, pero no había otra manera de escapar. No había tiempo que perder. Precisaba escapar.

Mucho tiempo atrás, había pensando en constituir una familia, con un marido que no desperdiciase las monedas como su padre. Tal vez un comerciante, o un caballero. Pero jamás había aspirado tan alto como un Namikaze, famoso en su país por su fortuna.

Hinata no podía creer que ella, la hija de un hombre fracasado, estuviese de novia con el propietario de Konoha. Si no hubiese desistido de casarse hace mucho tiempo, podría haber cambiado de idea si el hombre se hubiese mostrado bondadoso en vez de amedrentarla con su brutalidad.

Estremecedor, aquel rostro atrayente, pero inflexible y aquellos ojos sombríos y llenos de rabia. Se decidió. No podría seguir allí. Ignoraba porque él la despreciaba. Tal vez no quisiese casarse, o tuviese alguna diferencia con su tío.

Ella había sobrevivido una vez y volvería a hacerlo. Mejor que someterse a un tipo como aquel. Paso las piernas por la ventana. Quedó tirada en el suelo.

Hinata respiro profundamente. Su posición estaba lejos de ser la de una dama. El hábito levantado mostraba sus piernas abiertas y la toca torcida la pintaba como una irreverente. No importaba. Sus días de decoro rígido habían llegado a su fin, pensó, sonriendo.

El estaba a un paso de su cabeza. Si Extendía la mano, podría tocarle las botas que aparecían sobre la túnica de tejido fino. Levantó su mirada.

Si intentaba matarse, debería haber escogido una ventana más alta – comentó Naruto.

Perpleja y sin palabras, Hinata continuó pensando. ¿Qué tipo de monstruo seria ese hombre para decir tal cosa?

–Voy a mandar a agrandar las ventanas de su cuarto en Konoha - aviso él.

Hinata se sentó abruptamente y enderezo sus ropas. En una actitud decidida, encaro a su enemigo.

-Confórmese con su destino, puesto que mañana, nos casaremos – le aconsejo él.

Ninguna mujer, ni la misma Hinata Hyūga conseguirían pasar por entre sus hombres. Yaciendo en una cama dura, en una de las celdas reservadas para visitantes, el se sentía satisfecho. Al día siguiente, Hinata seria suya.

Se trataba de una criatura extraña. Naruto no podía entender por qué ella intentaría fugarse para no casarse.

Y ¿saltar de una ventana? Podría haberse quebrado el cuello, robándolo de la oportunidad de venganza.

Hinata precisaba de mano firme, pensó al recordarla desparramada por el suelo tras su absurda caída. Como el azul del cielo en la noche algunos de sus cabellos se habían escapado de la toca blanca. Eran negros azulados y eran brillantes, Naruto los imagino sueltos. Había tenido también la oportunidad de apreciarle las piernas. Bien torneadas. Precisaba examinar a su novia con más detención.

Naruto rodó a un costado y respiro profundamente. ¿Qué le importaba el color de los cabellos de Hinata, o la forma de su cuerpo? Finalmente, ella no sería otra cosa que el instrumento para ejecutar a venganza.

Cuando estuvieran casados, Naruto no quería tener nada que ver con el cuerpo de Hinata. Jamás se dejaría dominar por la pasión de la sobrina de Hyūga no lo subyugaría de esa forma, o de cualquier otra.

Ella podría haber hecho los votos perpetuos, puesto que no llegaría a conocer las caricias, de ningún hombre. Y esa privación seria apenas el inicio de...

-¿Mi señor?

En la oscuridad, una voz le interrumpió sus pensamientos. Sin ruido alguno, Naruto aseguro el cabo de la daga en la cintura. Había tirado la túnica, pero conservaba el arma. Como aprendió mucho tiempo atrás, ningún lugar era seguro y no se podía confiar en nadie, ni en las mismas monjas.

Naruto miró hacia la entrada de la celda, que no había puerta, o cortina. A pesar de las sombras, distinguió una silueta curvada. Ningún movimiento brusco, se sentó.

-¡No! Quédese donde está, por favor. Soy yo, la abadesa Wright. – Su voz era baja. - Quiero intercambiar unas palabras con usted.

¿A esa hora? Si no fuese por la edad avanzada de la abadesa, Naruto desconfiaría de sus intenciones.

–¿De qué se trata?

-De un asunto muy delicado, mi señor. Yo no lo hablaría si pudiésemos vernos à luz del día.

-Está bien. Hable pues - insistió Naruto, irritado.

-Es sobre Hinata, mi señor. Le pido que no la trate mal. - La irritación crecía.

-Ella va ser mi mujer.

-Se bien, mi señor. Pero no me gustaría que se impusiese sobre ella.

Por todos los diablos. ¿Estaría la abadesa queriendo aconsejarlo sobre asuntos matrimoniales?

-¿La señora no quiere que el casamiento se consume? - indago, incrédulo.

-No hasta que su corazón se pacifique, mi señor.

-Usted me confunde, abadesa. ¿La iglesia no exige que los votos matrimoniales sean consumados? - preguntó Naruto con un sarcasmo.

–Quiero recordarle que la violación es pecado – dijo la moja

-No existe violación entre marido y mujer - protesto él.

No dejaba de ser gracioso estar en una celda de un convento, discutiendo de sexo con un una monja.

-Dios ve y conoce todo. Él lo juzgará de acuerdo con su intención.

-Abadesa, ¿que la llevo a pensar que yo violaría a mi mujer? - Naruto preguntó, intentando controlarse.

-Vi su expresión de odio cuando la miró.

El no preciso negar la acusación... Perplejo ante tal comportamiento, fijo su mirada en la entrada de la celda. ¿Las monjas de otros conventos serian tan extrañas como las de este?

Maldiciendo contra a insensatez de las mujeres se volvió a acostar. Si la monja vieja no hubiese tenido la audacia de advertirlo, tal vez le hubiese confesado que no había intención de llevar a su mujer a la cama.

Planeaba algo mucho peor para ella.

Naruto se vio dominado por una sensación de triunfo que no sentía desde que había destruido al ejército de Hyūga… Pero ahora, Naruto y la sobrina del desgraciado se encontrarían ante un sacerdote que los convertiría en marido y mujer.

Hinata usaba un hábito negro de monja. Probablemente no había otras ropas. Poco importaba.

La novia no era tan alta como había calculado. La parte superior de su cabeza le alcanzaba su cara. Observo e imagino los cabellos escondidos bajo la toca. El estudio las facciones: cejas bien arqueadas, pestañas largas y espesas y labios rosados. Estaban medio curvados. Él vio que Hinata dudaba al hacer los votos matrimoniales. Aproximándose más, la amenazo en silencio.

Aunque Naruto esperaba que la novia se acobardase con su actitud, ella llevó los ojos con aire de desafío. No importaba tanto orgullo, pues él sería el vencedor. La idea lo llevo a sonreír. Hinata desvío la mirada y, con voz trémula, hizo el juramento.

Su coraje lo sorprendió. Esa era una cualidad que Naruto valorizaba por encima de todas. Extraño de encontrarlo en la heredera de Hyūga.

Luego que el padre terminó la ceremonia, Naruto anuncio:

-Partimos inmediatamente. Vamos, mujer, despídase de las compañeras.

Una vez más, Hinata lo sorprendió. Callada y sin lágrimas, paso ante las monjas.

¡Por Dios, que mujer fuera de lo común!

Por un instante, Naruto la siguió con la mirada, pero después se dirigió a la abadesa:

-No se preocupe, yo no la tocaré –le prometo. La monja no parecía aliviada pero si consternada, entonces le dijo:

-Oiga, mi señor, se que Hinata no es tan linda como muchas mujeres, pero la orden divina es crecer y multiplicarse.

-No fue eso lo que me dijo anoche.

¿Anoche? - repitió la monja con una mirada confusa. La sospecha domino a Naruto y fue hacia la puerta. Hinata ya estaba afuera. Había sido ella, sin una sombra de duda, quien se presentara la noche anterior. Y lo había convencido de que se trataba de la abadesa.

La sangre de Naruto hervía. La criatura tenía una audacia increíble.

¡Aconsejándolo respecto a la consumación del casamiento! ¿De qué más seria ella capaz? La guerra apenas comienzo, reflexionó Naruto intentando controlarse.