Capitulo 3
¿Por qué me Odias?
Naruto forzó a la comitiva a cabalgar hasta el anochecer y sintió placer al ver que Hinata no conseguía dejar de deslizarse de la montura. Ella no estaba acostumbrada a largos viajes como él y sus hombres.
Ahora, ella iba con cabeza baja, señal de extremo cansancio. En otra mujer, Naruto asumiría que se trataba de una muestra de sumisión, pero no en Hinata.
Ella no demostraría la menor señal de flaqueza si supiese que él, escondido entre los árboles, la observaba. Criatura extraña, pero una oponente de valor, Naruto reflexionó. En la corta convivencia de ambos, ella había mostrado mucho más coraje que su tío. Su visita, durante la noche en el convento, probaba que era tan traicionera como Hyūga. Precisaba descubrir lo que la motivaba.
Hinata ya se había alimentado muy bien y él se preguntaba a donde iría a parar toda aquella comida. A pesar de ser alta, ella no era gorda. Él había terminado de comer hacia un rato y ella continuaba comiendo. Tal vez intentase establecer conversación con él. La idea lo estimulo parar hacer a un lado su actitud intimidatoria.
-¿Ya estás satisfecha, mujer? Hinata levantó los hombros, mas no lo miraba.
-No - respondió ella en tono brusco mientras engullía otro pedazo de pan. La petulancia lo irrito.
–Quieras o no, yo soy tu marido ahora y yo digo que vos ya comiste lo suficiente. Ella, en tanto, fijo sus ojos plateados.
-¿Desea mantenerme conforme, mi señor? - preguntó ella con la rispidez de quien profería un insulto.
-Imposible, tanto como que vos dejes de comer. Tal vez haces todo esto para no agradarme.
Hinata no respondió como Naruto esperaba, en vez de eso, desvió la mirada como se lo ignorase. El no toleraría eso. Coloco su dedo debajo de la mandíbula de Hinata, forzándola a mirarlo. El antagonismo de los ojos grises era evidente, pero el percibió algo más.
Miedo. Naruto podía casi palparlo. Sus fosas nasales se dilataron y su respiración se torno dificultosa. A pesar de las demostraciones de coraje, Hinata estaba aterrorizada. ¿Por qué?, Él conjeturó antes de calcular la respuesta ―La cama‖.
Esta criatura temeraria, que había enfrentado a la abadesa, se había lanzado desde una ventana alta, le temía al cumplimiento de los deberes matrimoniales. Lo que hizo en el convento durante la noche, no fue para hacerlo pasar por tonto, sino porque le temía a la lujuria.
Naruto se sintió insultado. Jamás había precisado esforzarse para agradar a las mujeres. Su apariencia atrayente le garantizaba la atención femenina más de lo que él deseaba.
Podía sentir la vena de Hinata latir sobre su dedo. ¿Por qué se ofendía? Tenía la intención de atormentarla y ya estaba consiguiéndolo.
Le quito el dedo de su cara. Por más que ella se esforzase para no mostrarlo, su pose arrogante había desaparecido. Las manos apretadas con tanta fuerza que los nudillos se habían emblanquecido. Su derrota lo afectaba de manera extraña.
Hinata se estremeció, pero él comenzó a pasarle los pulgares por las palmas de las manos. Estas tenían las marcas profundas de las uñas. Mientras las acariciaba, el pensó cuanto hacia que otra persona la había tocado por última vez. No recordaba haber curado las manos de una mujer. Las de Hinata eran magras, pero fuertes, con dedos largos y marcados por el trabajo. Fascinado continuó la caricia hasta que oyó un jadeo. Levantó la mirada, sorprendido, con una expresión atónita, le soltó las manos.
–Váyase a descansar, mujer - ordeno con voz ríspida. Se levantó y fue hacia los árboles, sin mirar para atrás. Un ruido le avisó que Hinata se había refugiado en la tienda.
¿Qué estaba pasando?, se preguntó. Los esfuerzos por maltratar a su esposa habían fallado y algo muy diferente había ocurrido. ¡Ella era su enemiga! No podía olvidarse de eso. Intento concentrarse en su rabia alimentada hacia tanto tiempo, pero sentía su miembro dolorosamente rígido. A pesar de su voluntad de relajarlo, permanecía erecto.
-¿Por qué no violentarla?
Las palabras, más que la voz de Gaara, hicieron girar a Naruto. Gaara estaba sentado un tronco entremezclado con las sombras de la noche. Una voz profunda, continuó:
-Sin duda, ese es el mayor temor de la joven, en caso contrario, ¿por qué habría hecho lo de anoche?
-¿Vos la oíste?
-Ella no fue muy silenciosa. También vi la expresión de la abadesa cuando conversaba con ella hoy a la mañana. ¿La pobre no sabía de nada, no?
-Fue Hinata haciéndose pasar por la superiora - respondió Naruto mientras se sentaba en el suelo, la intención dé aliviar su dolor.
Entonces, ¿por qué no violentarla? Vos dijiste que descubrirías lo que más temía para hacer que lo enfrente. ¿Para qué perder el tiempo? Estamos lejos de cualquier ayuda y nosotros los hombres no reaccionaremos con sus gritos.
Horrorizado, Naruto frunció la cara. No entendía esta sugestión fría de Gaara. Su compañero no aprobaba sus planes para con su esposa.
-Yo no la quiero.
-¿Por qué? Ella no tendrá la belleza de las mujeres de mi tierra, pero... Recordó sus ojos plateados y sus manos entre las de él, Naruto lo interrumpió.
-Ella es lo suficientemente bonita.
–Entonces, ¿por qué? ¿Por qué no hacer un esfuerzo para engendrar un heredero?
-¡No quiero hijo alguno! ¡Menos con la sangre de Hyūga! No cederé parte alguna de mi cuerpo a esa mujer irascible. ¡Ni yo ni mi semen!
Rehusándose a continuar la discusión, Naruto silencio a Gaara con una mirada fulminante. Gaara tenía una vasta experiencia con mujeres. Las amaba libremente pero jamás se dejaba prender por ninguna de ellas. Naruto, entretanto, conocía hombres, aparentemente inteligentes y sensatos, que sucumbían a los placeres proporcionados por una mujer. El cuerpo de un hombre podía dominar su cabeza.
El no dejaría que eso le pasase.
No queriendo exponer sus pensamientos a quien no los entendería, Naruto apenas dijo:
-Seria un tormento mayor hacerla esperar aterrorizada como esta.
Casado hacia apenas un día y ya había encontrado una manera de forzar a su esposa y dominar su arrogancia. Naruto busco el efecto embriagador de la victoria, pero no lo encontró. Apenas sentía el ardor entre sus muslos que terminaba de pasar.
Hinata intento respirar e hinchar sus pulmones de aire. No era más que una cobarde por estar allí inmovilizada por el miedo. Y todo a causa de algo que las otras mujeres hacían con facilidad.
Naturalmente, sabía lo que estaba por acontecer. Su patrón, Toneri Ōtsutsuki, le había explicado en detalle cuando más de una vez había intentado agarrarla.
Si Ōtsutsuki decía la verdad, su marido vendría a buscarla y no sería precisamente para conversar.
Hinata intento imaginar a Naruto de Namikaze desnudándose para ella. Un escalofrío le recorrió el cuerpo. Cerró sus ojos con fuerza a fin de bloquear la imagen tan horrible y bella al mismo tiempo.
Ella no podía ignorar la sensualidad de su marido. Aunque Naruto actuase como demonio sin corazón, no había nada áspero en sus facciones. La cabellera rubia le llegaba a los hombros en contraste con la rebeldía de sus cabellos obscuros. Las espesas cejas se arqueaban sobre los ojos azules y su nariz, pese a no ser aquílinea, estaba bien formada dándole un toque de virilidad.
Desde la manera de mover su cuerpo alto y fuerte hasta el timbre de voz suave y firme, Naruto de Namikaze era marcadamente viril. En verdad, el poseía más atractivos sensuales de los que Hinata imaginaba como posibles. Sin duda, un gran número de mujeres soñaba con la posibilidad de satisfacerlo en la cama.
Cuando le agarro las muñecas, ella temió ser atada, pero Naruto había apenas acariciado sus manos con sus pulgares, provocándole una reacción extraña. Simplemente con recordarlo se estremecía.
Hinata apretó sus brazos contra su pecho. La dulzura de Naruto había desaparecido tan deprisa como había surgido. El se reservaría para otras mujeres, mostrándole apenas las garras de un odio atroz. Su marido no se limitaría a violentarle el cuerpo esa noche, sino que también intentaría destruirle el alma con una maldad escondida en físico atractivo.
Se sentía exhausta por la cabalgata forzada del día entero, pero no conseguía dormir. Respiraba con dificultad e intentaba controlarse cuando oyó una voz que le decía:
-Cálmese, mi señora. Su marido ya está durmiendo y no vendrá a buscarla.
Asustada, Hinata irguió su cabeza. No había oído el ruido de pasos aproximándose. ¿De quién sería esa voz? Del extranjero, sin duda. ¿Quien más le traería la buena noticia?
Que personas extrañas eran los hombres... Ninguno era tan terrible y tan lindo como su marido.
Ella lo observaba. Como si no fuese suficiente cabalgar el día entero hasta perder las fuerzas, Hinata había constantemente dos ojos azulinos mirándola y perturbándole los pensamientos.
A pesar de sus músculos doloridos y de su desanimo moral, ella intento aliviar la situación tomando alguna decisión respecto al futuro. No había tenido mucho éxito. La vida preparaba sorpresas y lo máximo que se podía hacer era superarlas.
Eso era la clave que otras veces la había ayudado a sobrevivir. Había pasado por cosas mucho peores que un casamiento indeseado. Conocía mujeres que estarían felices por estar casadas con un joven caballero, atractivo y rico, a pesar de su mal humor. Pero eso no le pasaba a ella. Reconocía al demonio disimulado en una apariencia bonita.
¿Qué hacer entonces? El instinto le dictaba fugarse. Pero el momento no era propicio. No con todos aquellos hombres de la comitiva a su alrededor. Sería más fácil cuando llegaran a destino.
La idea no le agradaba del todo. Naruto de Namikaze la había desafiado y ella seria cobarde si no lo enfrentase. Toda la vida había intentado sacar el mejor partido de cada situación. No era optimista ni visionaria, más bien realista. Se mantendría determinada a no entregarse a la depresión.
Con un suspiro, Hinata se dio cuenta de que tendría que esperar hasta llegar al castillo para tomar una resolución. Mucho dependía de su marido. Hasta qué punto el la odiaba ¿la trataría mal? Tal vez los roces fuesen provocados por la proximidad y cuando estuviesen entre los habitantes del castillo, empezarían a desaparecer. Sentados junto al fuego, ella esperaba estar en lo cierto.
Durante el día, Naruto no había estado tan amedrentador. No pasaba de ser un señor malvado pero atrayente, que exigía el máximo de todos y se valía de animosidad contra ella como un escudo. Su rabia por el crecía durante el viaje, puesto que no hacía nada por provocarle tanto rencor.
A la luz del día, le devolvía las miradas sombrías y hasta cometía la temeridad de responder sus órdenes con comentarios ríspidos. Pero al anochecer, Hinata perdía su autoconfianza.
Sentía sus nervios tensos y había dificultad para respirar.
Durante el día, Naruto era un hombre más, pero a la noche, se transformaba en su marido y como tal, debía ser temido por lo que podría hacerle. La mirada sombría se tornaba más siniestra y su rostro bonito la repelía y la atraía al mismo tiempo.
Estremecida, Hinata se coloco en la boca un pedazo de carne que había estado en el fuego un largo rato, estaba muy caliente, bebió mucha agua de una vez como para refrescar su garganta
-Por todos los diablos, sus modales para comer dejan mucho que desear – comentó Naruto horrorizado. – Comes como para dos. ¿Acaso estas preñada?
Hinata casi se ahoga al oír el comentario. Su marido era un loco.
-Aprendí a alimentarme bien en el convento - respondió.
-Bien, ya oí historias sobre esas mujeres santas que acostumbran visitar a los huéspedes masculinos del convento durante la noche. ¿Vos alguna vez lo hiciste?-preguntó el con aire de superioridad.
Entonces, su marido había notado que ella se había hecho pasar por la abadesa. Era más cerca de lo que ella pensaba. ¡Que se fuera al infierno!
-No intentes mentir o engañarme niñita, pues no lo conseguirás e igualmente sufrirás las consecuencias - le aconsejo él.
La voz profunda y suave provoco un escalofrío que le recorrió la espina dorsal a Hinata. ¿Niñita? Ninguno había usado ese diminutivo para referirse a ella desde su infancia.
-¿Por qué me odias? - Hinata preguntó y percibió que él se sorprendía con su indagación. Con todo, Naruto pudo recuperarse de la pregunta rápidamente.
-Su sangre, mujer. Vos esta manchada.
A pesar de que ella esperaba una respuesta franca, lo que oyó la resintió.
-¿Qué tipo de hombre era mi tío para forzarlo a perseguir a su heredera, aun después de su muerte?
Era cobarde, ladrón, un vil traicionero y un asesino. Las palabras pronunciadas con una convicción tan fría cortaron la respiración de Hinata. Horrorizada, vio los ojos azules brillando con hostilidad. De nada serviría atacar su argumento, pero, ella lo intento:
Yo no tengo culpa alguna. No conocía a mi tío.
–El te mando dinero para que pudieras vivir en el convento.
-Cierto, pero fue para librarse de mí, porque no me quería nunca me quiso. En realidad nunca nadie me quiso.
Demasiado tarde, Hinata noto cuanto había revelado de sí misma y, si se pudiese, retiraría las palabras. Este hombre, sentado a su lado, podía tener la forma de un ángel pero era el mismo demonio y la despreciaba. Cualquier conocimiento acerca de ella sería usado para destruirla.
A fin de desviar la atención, Hinata tiro una piedrita al fuego. Las llamas se elevaron iluminando el rostro atrayente de Naruto. Ella pensó que su marido podría haberse casado con otra mujer, pero la eligió a ella, una extraña que le recordaría siempre conflictos pasados. No era sorprendente que el viviese de mal humor.
-¿En cuanto a su padre? ¿Lo amabas? - el quiso saber. Hinata dudo sobre mentir o decir la verdad. Resolvió ser honesta.
-No. El era un irresponsable gastador. Perdía todo el dinero que le caía en sus manos sin importarle el bienestar de su familia. Como ves, yo no tengo nada en común con un él o con mi tío. ¿Por qué castigarme por sus pecados?
Vos sos la heredera de Hyūga, es todo que resta decir. Las palabras dichas con tanta naturalidad y la expresión de Naruto asustaron a Hinata y le provocaron un gran desanimo. La venganza era el objetivo de su marido.
-¿Que hará conmigo? - preguntó con el corazón galopándole en el pecho.
Sabía que él podría encerrarla en una celda, dejara pasar hambre, o golpearla. Nadie interferiría. El convento, con todo su trabajo, parecía mejor a medida que su marido le revelaba lo terrible que era con el pasar de los minutos.
-No se preocupe en descubrir su futuro, niñita, pues tenemos muchos años por delante - dijo él con una sonrisa maliciosa.
Las palabras y su tono de voz dejaron a Hinata helada. ¿Cómo tener esperanza de que se fuera a conformar con el casamiento? De repente, sentía la necesidad de escapar de la presencia de Naruto.
-Estoy muy cansada. ¿Me das permiso para ir a dormir?
Hinata esperaba que él se rehusara, pero el acordó haciéndole un gesto con la cabeza y lanzándole una mirada triunfante. Si no fuese por el miedo a las represalias, ella lo enfrentaría. Conocedora de la profundidad del odio de su marido, esperaba todo tipo de violencia por parte de él.
Ya había oído hablar de violación y había visto sus consecuencias, por lo tanto, no podía hacer otra cosa que esperar.
Entonces cuando oyó la voz suave del caballero, informándole de que su marido dormía, ella adormeció. Pero tuvo un sueño agitado y atormentado por las pesadillas con el rostro de Naruto de Uzumaki iluminado por las llamas de la hoguera.
