Ron pasó al frente, ante una cantidad desmedida de carcajadas por parte de los de Slytherin. No miraba a Harry e iba serio. ¿A qué quería jugar Snape? ¿Lo haría tener sexo con Ron? Aquello ya era demasiado. Harry se quedó pensativo. Si lo hacía, dedicaría todos sus esfuerzos, luego de matar a Voldemort, a contactar abogados mágicos o lo que sea que usaran los magos en su reemplazo para meter a Snape en Azkaban.
Como si le leyera la mente, Snape dijo fríamente:
-Desde luego, no está permitido forzar una relación sexual entre estudiantes… desgraciadamente -más risas de los de Slytherin-. Por lo tanto, el examen consistirá en que apliquen los encantamientos que han aprendido en las distintas clases de Educación Sexual Mágica, suponiendo que se encuentran a punto de tener un encuentro sexual entre ustedes -las risas eran tantas que parecía increíble que Snape no tuviera la voluntad siquiera de pedir un poco de silencio.
-Bien -dijo Harry, cortante. Aquello no sería tan difícil. Solo mostraría que sabía aplicar el encantamiento condonmnimus (y vaya que había tenido práctica esas semanas), y algún otro de los que habían aprendido, y a otra cosa.
-Pero -añadió Snape, y percibieron una nota maligna en su voz-. Para no perder la clase solo en esto, añadiremos algo también de nuestra última clase de Pociones. Como recordarán, hemos visto las anti-pociones, las pociones que sirven para deshacer efectos de otras pociones. Y, como recordarán, les ordené traer elaboradas una anti-poción por persona. Vamos a aprovechar para probarlas en Potter y Weasley. Primero tenemos que hacerlos beber una poción cualquiera, y luego les daremos la anti-poción de alguno de ustedes, que tenían que traer de deberes, a ver si quedó bien hecha.
"Veamos, ¿cuál poción podemos usar? -Snape hablaba como si estuviera reflexionando en ese momento, pero para Harry era evidente que ya había planeado todo aquello de antemano-. ¡Ah, ya sé! Les haré beber una poción Afrodisíaquis Máximus. Una gota de esto, y hasta el mago o bruja más poderoso acabaría teniendo sexo con Peeves.
Las risas de los de Slytherin se alzaron otra vez, más fuertes que nunca. Hermione los miraba muy asustada, y parecía querer hacer algo, protestar o decir algo para impedirlo.
-Claro que también está prohibido dar esta poción a alumnos -dijo Snape-. Pero como vamos a administrarles una anti-poción de inmediato, no habrá problemas, ¿no es así? Y luego procederán ambos con el examen de Educación Sexual Mágica. Bueno, a ver, necesito la anti-poción de alguno de ustedes…
Empezó a recorrer la clase con la mirada, y Hermione enseguida levantó la mano hasta el techo, casi poniéndose de pie. Tenía su anti-poción lista con ella, y no había dudas de que anularía el efecto del Afrodisíaquis Máximus por completo, al punto de que sería como no haber ingerido nada.
Pero Snape la ignoró olímpicamente, y Harry no necesitó oírlo para saber a quién iba a elegir, y cuál había sido su verdadero plan todo el tiempo.
-Longbottom -llamó Snape con la voz llena del sentimiento de venganza brotando de su garganta-. Tu anti-poción.
El alma de Harry le cayó a los pies. Si la anti-poción de Neville era igual de buena que sus anteriores pociones elaboradas en las clases de Snape, sería exactamente lo mismo que no beberla. Ron y él estarían hasta el cuello con el efecto del Afrodisíaquis Máximus y acabarían teniendo una orgía homosexual ante toda la clase de la que nadie los dejaría olvidarse en sus vidas.
Desde luego, había sido el plan de Snape desde el principio.
Neville tendió una mano temblorosa y le pasó un pequeño frasco con una poción a Snape. Harry vio que la anti-poción de Neville era transparente, cuando debería haber sido rojo intenso, y se sintió aún peor.
-Muy bien -sin dejar de sonreír, Snape fue hasta un caldero que humeaba en un rincón y lleno dos cálices hasta arriba con poción Afrodisíaquis Máximus-. Aquí tienen.
Harry tomó su cáliz, y Ron el suyo. Por primera vez en días, cruzaron una mirada. Harry intentó decirle, solo con la mirada, que se quedara tranquilo, que tenía un as bajo la manga. Y Ron, que conocía muy bien las expresiones de su ex mejor amigo, asintió de forma casi imperceptible, indicando que lo seguía.
Harry y Ron bebieron sus pociones afrodisíacas hasta el fondo. De inmediato, Harry sintió un ardor en la garganta que bajaba hasta su estómago. Si aquellos días se había sentido caliente y deseoso de tener sexo en Hogwarts, no era nada comparado con el sentimiento que lo embargó en ese momento.
De pronto, estaba tan caliente que sentía que se follaría a Snape de un momento a otro. No parecía posible que pudiera aguantar aquella sensación más que unos pocos segundos…
Sonriendo con satisfacción, y con el ruido de las risas de todos los de Slytherin, Snape sirvió ahora la anti-poción de Neville y se las dio de beber.
Como Harry suponía, la poción de Neville estaba tan mal hecha que fue lo mismo que beber agua. Simplemente no surtió efecto alguno. Seguía sintiéndose con una urgencia sexual tal que se habría follado a la señora Norris de tenerla delante.
Pero tenía que aguantar, porque tenía un plan. Solo necesitaba unos segundos. Unos segundos nada más. Trató de indicarle a Ron con los ojos que aguantara, y Ron lo miró con el blanco de sus ojos inyectado en sangre.
-Bien, ahora que han bebido la anti-poción preparada por su compañero -dijo Snape, clavando en ellos sus ojos negros con maldad-. Pueden proseguir con el examen. Vamos, hagan todo lo que han aprendido, y yo evaluaré la efectividad con que lo hagan. No olviden situarse en contexto: Deben imaginar que están a punto de mantener una relación sexual verdadera.
Todos los de Slytherin reían más que nunca. Pansy Parkinson estaba roja de tanto reír. Harry los ignoró y apuntó de inmediato a la entrepierna de Ron con su varita.
-¡Condom! -gritó. Ron lo apuntó y dijo lo mismo, siguiéndole la corriente.
Como era de esperar, el efecto propio del hechizo, sumado al Afrodisíaquis Máximus, hizo que no solo estuvieran protegidos para una relación sexual segura, sino que hizo que sus penes se marcaran visiblemente contra sus pantalones, haciendo que todos en las mesas de Slytherin rieran más y más fuertes, algunos en el piso sujetándose el estómago.
-Aguanta -quiso decirle Harry a Ron, solo moviendo los labios. Pero parecía imposible. La urgencia era demasiada. Vio que Ron estaba a punto de bajarse el cierre del pantalón. Quizás intentaría follarse a Harry, o quizás simplemente empezaría a masturbarse delante de todos.
Hermione se había tapado la cara con las manos. Lo mismo Neville, que parecía sentirse muy culpable por el poco efecto de su anti-poción, y varios otros de Gryffindor lucían indignados por la maniobra perversa de Snape.
Harry también estaba a punto de correr hacia Ron y follárselo. Pero mantuvo la cabeza tan fría como pudo, y entonces, con los dedos sudando, levantó la varita, apuntó hacia Ron y gritó:
-¡CONGELAMENTI NALGUITIS!
Fue instantáneo. La cara de Ron se aflojó, la tensión se fue, y pronto regresó a la normalidad. Parecía asombrado y maravillado. Su erección también se fue. Snape se quedó mortalmente serio y sus ojos brillaron con furia.
Harry miró a Ron con los ojos muy abiertos, aún rojos, como queriendo indicarle algo de forma desesperada.
-Oh, claro -Ron se aclaró la garganta y apuntó a Harry con su varita-. ¡CONGELAMENTI NALGUITIS!
Fue maravilloso. Todo el efecto de la poción se Snape se fue. Harry se sintió más relajado que, inclusive, cuando había entrado al aula de Snape minutos atrás. Su erección se fue, sonrió con satisfacción y miró a Snape de forma desafiante, como diciéndole: "Toma esa".
-Bien -colérico, Snape dio un paso adelante y empezó a escribir algo en su cuaderno de notas, con la furia brotando de cada célula de su cuerpo. Los de Slytherin habían dejado de reír. -Veo que el profesor Flitwick les enseñó el encantamiento enfría nalguis. Curioso, ya que ese encantamiento jamás suele ser enseñado en las clases de Educación Sexual Mágica. De cualquier forma, ambos tienen un cero.
-¡¿Qué?! -estallaron Harry y Ron, a la vez-. ¡¿Un cero?! ¡¿Por qué?!
-Por si no han prestado atención a mis indicaciones del examen, Potter y Weasley, dije expresamente que fingieran tener una relación sexual al utilizar los hechizos aprendidos. Y en una relación sexual, un encantamiento enfría nalguis sería lo último que usaría la pareja. Vuelvan a sus asientos. Seguiremos con el señor Finnigan y la señorita Midgen…
Pero el enojo por haber recibido un cero no le duró mucho a Harry. Se sentía fantástico haber burlado a Snape, y regresó a su mesa con una sonrisa que no pudo disimular. Varios alumnos de Gryffindor lo felicitaron al pasar en voz baja, o le guiñaron un ojo. Hasta Hermione le sonrió, muy aliviada.
En el resto de la clase, Snape no volvió a intentar hacer beber a nadie del Afrodisíaquis Máximus, y el motivo estaba claro: ya nadie caería en la trampa ahora que Harry había mostrado cómo burlarlo. Solo hubo tiempo para examinar a un par de parejas más después de que Seamus y Eloise Midgen terminaron de lanzarse los encantamientos que habían aprendido en esas clases de educación sexual (Eloise contrajo un nuevo brote de granos en la cara al recibir un encantamiento de aceleración hormonal de Seamus). Cuando la hora se pasó, se pusieron todos de pie y empezaron a salir del aula más felices que nunca.
Era el final de Educación Sexual Mágica. Ya no tendrían que soportar más nada de eso. Claro que seguía estando el misterio de aquella cosa extraña que les pasaba a todos en el castillo, pero al menos ahora tenían una cosa menos en la cabeza, y la semana próxima acabarían las clases. Era la primera vez que Harry le veía algo positivo a volver con los Dursley: No creía que en casa de ellos tuviera que estar follándose algo o alguien cada veinte minutos, la idea era simplemente absurda.
Sin embargo, no estaba feliz. A pesar de todo, a pesar de haber burlado a Snape, tenía un vacío enorme en el pecho.
Harry caminó solo, subiendo por la mazmorra de Snape hacia el vestíbulo y luego caminando por los corredores hacia la Sala Común de Gryffindor en total silencio y soledad. Iba andando despacio, mirando por las ventanas hacia los soleados terrenos exteriores del castillo.
Sentía una amargura y soledad en el pecho, y el tener el enfría nalguis aplicado solo lo empeoraba, porque no tenía nada ni con qué distraerse ahora. Se dio cuenta de que regresaría con los Dursley solo, sin haberse reconciliado con Ron, ya sin su mejor amigo; y sin haber acabado emparejado con Hermione, ni con nadie, sino completamente solo.
Cabizbajo, Harry se detuvo en el corredor del séptimo piso y se quedó mirando por una ventana cercana, melancólico.
Unas lechuzas volaban desde la altura del estadio de quidditch y subían la explanada hacia la torre Gryffindor, probablemente para meterse en alguna ventana y entregar una carta. Había voces de charlas agradables de fin de curso y con ánimos elevados por la llegada del verano en todo el castillo. La gente parecía feliz, a pesar de toda esa locura que había estado pasando.
¿Por qué él no era feliz?
Triste, se quedó mirando hacia el bosque prohibido, en la lejanía, y no pudo evitar sentir un escalofrío recorrerle todo el cuerpo al darse cuenta de que estaba loca y profundamente, y totalmente, enamorado de Hermione.
El solo pensar en su cabello castaño cayéndole sobre la cara, en esa pequeña nariz que tanto había disfrutado rozar con la suya las veces que se habían besado, en esos labios tiernos con un sabor tan agradable…
El solo pensar en el roce con su piel, con sus manos, el respirar el riquísimo olor que parecía tener siempre.
Pero, sobre todo, lo que más le gustaba de ella eran sus ojos. No creía que se debiera a los ojos en sí, sino a su mirada. Esa forma en que lo miraba, a veces de forma algo severa, como si le estuviera reprochando algo, como si estuviera indicándole que tenía que dejar de hacer lo que sea que estuviera haciendo y ponerse a estudiar; o ponerse a descifrar las pistas del Torneo de los Tres Magos; o lo que sea que "tuviera" que hacer en los distintos momentos de la vida.
Harry sonrió mientras imaginaba esa mirada de Hermione en su cabeza, con esos ojos color avellana tan lindos, cuando se fijaban en él. No era solo una mirada severa. Lo que más le gustaba de esa mirada era que sabía perfectamente que, en el fondo, escondía algo muy blando y mucho más cálido de lo que pretendía ser. Detrás de esa mirada había un cariño que ella tenía por él.
Pero no era amor.
¿O sí?
Ni ella lo sabía, al parecer.
Quizás sí era amor. Pero también parecía sentirlo por Ron. Ese era el problema.
Lo único de lo que Harry estaba totalmente seguro, ahora más que nunca, era de que él sí la amaba a ella. Y muchísimo.
Una lágrima cayó por su rostro, y se reclinó hacia adelante, fingiendo que había algo allí afuera que le atraía mucho la atención, para evitar que un grupo de alumnos que pasaban por detrás de él notaran que estaba llorando.
La había dejado ir. Le había dicho que se quedara con Ron. Jamás iban a estar juntos.
Respiró hondo, tratando de concentrarse en su misión. Tenía que buscar a Voldemort. Tenía que pensar en Voldemort…
Sin embargo… cada vez que cerraba los ojos pensaba en Hermione.
En nada, absolutamente nada más que en Hermione.
Alguien le dio unos golpecitos en el hombro, por detrás. Y Harry se pegó un sobresalto tan fuerte que estuvo a punto de resbalar y caer por el otro lado de la ventana abierta.
Giró en redondo, al tiempo que se limpiaba la cara con la manga a toda velocidad, y vio ante él a una chica de cuarto de Hufflepuff, que jamás en la vida había hablado con él antes. Le sonreía tímidamente, y parecía muy nerviosa.
-Hola -le dijo.
-Hola -respondió Harry, desconcertado.
-Eh… este… yo… me preguntaba sí… -la chica estaba muerta de nervios, y se había ruborizado por completo-. ¿Te gustaría ir al baile conmigo?
Fue como si hubiera estado muy dormido y alguien lo hubiera despertado de súbito, y no comprendiera lo que le decían. ¿Baile? ¿Qué baile? Por un momento, estuvo a punto de preguntarle a la chica exactamente eso. Pero entonces, como un baldazo de agua fría en la cara, la parte más sensata de su cerebro le advirtió que, si de verdad habría un baile, y él quería salvarse de ir con aquella chica, no era la mejor idea reconocer que no sabía nada al respecto. Así que dijo:
-Oh… mmm… Lo siento mucho. Es que ya me invitó alguien más.
-Ah, está bien -dijo la chica rápidamente, aunque lucía decepcionada-. Qué rápido. McGonagall acaba de decirnos en clase, y dice que somos los primeros que se enteran.
-Es que… es que… -a Harry no se le ocurría qué decir a eso, así que se quedó callado. La chica frunció el ceño, musitó un "adiós" lleno de resentimiento que indicaba que lo había descubierto, y se marchó de allí, al parecer bastante furiosa.
Harry no tuvo mucho tiempo para pensar en lo que acababa de pasar, sin embargo, porque de pronto vio algo que le quitó cualquier otro pensamiento de la cabeza: Hermione se acercaba corriendo por el corredor hacia él, y lucía muy preocupada.
-¡Harry! ¡Harry!
-Hermione -dijo él, asustándose por la expresión de la chica-. ¿Qué ocurre?
-Harry, tienes que venir conmigo -dijo ella, con una mirada extraña, tomándolo del brazo y tirando de él.
-Sí, claro -dijo Harry, sin comprender, yendo tras ella.
Hermione tiraba de su brazo, llevándolo por el corredor del séptimo piso, muy rápido.
-Eh… Hermione… ¿A dónde me llevas?
-A la Sala Multipropósito -dijo ella, cortante, empujándolo hasta llegar al trozo de pared descubierta que daba a esa sala.
Harry estaba más confundido que antes. ¿Por qué Hermione lo llevaba allí?
Pero Hermione empezó a pasearse ante el muro en silencio y con los ojos cerrados, hasta que pronto apareció una puerta mágicamente. Tomó a Harry de la mano y lo miró a los ojos.
-Vamos, entra.
-¿Por qué me traes aquí?
-Ya lo verás.
Confundido, Harry abrió la puerta de la Sala Multipropósito y entró.
Entonces, abrió grandes los ojos, impactado por lo que acababa de aparecer ante él.
