El avistamiento no duró mucho, sin embargo. Muy pronto, sintió algo duro en la cabeza, un dolor terrible que lo paralizó, y todo se volvió negro.

Cuando Harry volvió a abrir los ojos, estaba mareado. Se masajeó la cabeza mientras se ponía de pie, metiendo las manos en los bolsillos de la túnica en busca de la varita. Tenía que contraatacar, tenía que defenderse del que lo había golpeado, pero su varita no parecía seguir con él…

-Lo siento -dijo una voz conocida, que sonaba muy nerviosa y apenada a la vez.

Fue entonces cuando Hary se dio cuenta de que estaba dentro de una jaula. Encerrado. Había gruesos barrotes a su alrededor, en forma de círculo, y él estaba dentro de la jaula como un canario.

Miró hacia afuera, a través de los barrotes.

-¿Hermione? ¿Tú me golpeaste?

-Lo siento -repitió ella. Estaba fuera de la jaula, y lo miraba triste pero decidida. -Tenía que hacerlo.

-¿Qué ocurre? -dijo otra voz.

Harry se sobresaltó. Miró a un lado y vio otra jaula enorme, idéntica a la suya, con alguien más asomándose entre sus barrotes: Ron.

Entonces lo recordó: cuando Hermione había abierto la puerta de la sala, había visto esas dos jaulas enormes. No había entendido. Y luego vino el golpe… que Hermione le había dado con un hechizo.

-Tuve que encerrarlos -les explicó la chica, que había cerrado la puerta de la sala y se había encerrado allí con ellos, fuera de las jaulas-. Le dije a la Sala Multipropósito que necesitaba un lugar donde meterlos prisioneros, y me dio esto.

-¿Tú le pediste a la Sala Multipropósito esto? -le dijo Ron, que sonaba enfadado-. ¿Por qué?

-Porque me di cuenta de algo -explicó ella enseguida-. Snape los hizo beber Afrodisíaquis Máximus…

-Hermione, no seas idiota -le dijo Ron, desde la otra jaula-. Ya viste cómo Harry tuvo la idea del enfría nalguis. Así que no pasa nada, ya estamos bien.

-¿Qué acaso nunca prestas atención en clase, Ron? -le respondió ella, enfadada-. Cuando Flitwick nos enseñó a hacer el enfría nalguis, dijo muy claro que solo dura un rato. El efecto se termina poco después, y entonces…

-Y entonces volveremos a sentirnos como antes -finalizó Harry, comprendiendo. Él también estaba al tanto del efecto poco duradero del enfría nalguis, porque había tenido que arrastrar a Hermione por los pasillos días atrás tratando de salvarla de que se lo quisiera tirar a él mismo, al terminarse el efecto en ella. Parecía que hubieran pasado años de aquello, en vez de un par de semanas.

-¿Y por eso nos encierras? -preguntó Ron, que trataba de sacar la cabeza entre dos gruesos barrotes de su jaula-. ¿Para evitar que volvamos a sentirnos… tú sabes… calientes?

-Decidí encerrarlos para evitar que hagan alguna locura cuando se les pase el efecto. Creo que esta vez será peor que ninguna otra…

-Podrías simplemente habernos echado otro enfría nalguis -sugirió Ron.

-Ron, ¿realmente no prestas nada de atención en clase? -repuso Hermione-. No se puede. Solo una vez al día. Nada más. No puedes echártelo otra vez. Yo misma he estado usando ese encantamiento, una vez por día, tratando de que me salve de los momentos más inoportunos… y he comprobado que no funciona una segunda vez el mismo día.

-Vaya, debí pensar en hacer eso yo también -dijo Ron, malhumorado-. En momentos extremos. No se me ocurrió. ¡Oh, rayos! -protestó, golpeándose la cabeza contra el barrote con los ojos cerrados, como arrepintiéndose de algo-. ¡¿Cómo no se me ocurrió usarlo aquella vez con Myrtle la llo…?!

Pero se detuvo en seco, avergonzado.

-¿Te follaste a Myrtle la llorona? -le preguntó Harry, sin poder creerlo, desde el interior de su jaula-. ¿Cómo diablos te las arreglaste para…?

-Bueno, todos hemos hecho cosas terribles, ¿no? -dijo él, en su defensa. Y entonces lanzó una tos muy forzada que sonó a "Malfoy".

Hermione abrió los ojos de par en par, mientras giraba la cabeza lentamente hacia Harry. Este sintió que se ponía colorado.

-Claro, todos hicimos cosas terribles -dijo Harry, fulminando a Ron con la mirada-. Como tú con McGonagall, por ejemplo.

La cara de Hermione se volvió blanca.

-¡¿McGonagall?! -dijo, sin poder creerlo.

-¿Y qué me dices de tú y Ginny, Harry?

-¡Hey!, ¿cómo supiste de eso?

-Me lo contó. Estuvimos hablando. Pobre chica, está traumada, se ha follado a medio colegio. Incluso a mí…

Ron se detuvo en seco al darse cuenta de lo que acababa de decir, y la cara de Hermione ahora giró hacia él sin dar crédito a sus oídos, completamente conmocionada.

-Eso sí que es una impactante noticia -comentó Harry, asomando la cabeza por entre los barrotes, al parecer divertido.

Ron volvió a golpearse la cabeza contra su jaula, arrepentido de haber soltado tanto la lengua.

-Bueno, ya sabemos que todos hicimos cosas terribles -comentó Hermione, tratando de salvar la situación-. Todos nos hemos tirado a Ginny.

Ron la miró boquiabierto por la sorpresa. Harry no se inmutó, ya que Ginny ya le había soltado aquella novedad anteriormente.

-Ya que estamos diciéndolo todo, ¿no? -dijo Hermione, adoptando una expresión desafiante-. ¿Qué más da? ¿Acaso vamos a avergonzarnos? Ni siquiera fue elección nuestra, después de todo. No tenemos control sobre esas situaciones. También lo hice con Snape, para que sepan.

Harry y Ron alzaron la cabeza a la vez, asombrados.

-…Y con Sirius.

Harry casi cae al suelo por el shock.

-…Y con Lucius Malfoy

Ron había abierto tanto la boca que parecía que se le saldría la mandíbula.

-…a la vez -finalizó ella.

Se hizo un silencio incómodo en el que Hermione se puso muy roja. Ahora fue Harry el que quiso hablar para salvarla a ella del momento incómodo. Pensó rápidamente, y dijo:

-Yo me tiré a Madam Pomfrey…

Los otros dos alzaron la cabeza hacia él. Ron sonreía.

-…repetidas veces.

-Yo a Sprout -confesó Ron.

Hermione se tapó la boca con ambas manos.

-¿Antes o después que Dennis Creevey? -le preguntó Harry, entornando los ojos.

-Al mismo tiempo, con Dennis Creevey -se lamentó Ron, cabizbajo.

-Yo a Neville -soltó Hermione.

-¡No es posible! -gritó Ron.

-Yo a Luna Lovegood.

-Yo a Parvati, Lavender y Trelawney…

-¿Al mismo tiempo? ¿O hablas de la vez en nuestra habitación?

-No, otra, durante la orgía de Adivinación… tú no estabas, Harry. Estabas en la enfermería por follarte a Bellatrix Lestrange.

-Yo me tiré a tu padre, Ron -dijo Hermione, muy seria, mirándolo fijamente.

-Oh -dejó escapar Ron, perdiendo todo el color del rostro. Pero luego sonrió. -Eso sí que está jodido... Aunque sigue sin ser tan malo como Ginny conmigo.

-O Charlie con tu madre.

Ron abrió mucho los ojos.

-Ustedes porque no vieron a Hagrid con Madame Maxime. Casi aplastan a todo el mundo.

-Claro que lo vi, yo estaba ahí tirándome a Fleur, ¿recuerdas?

-¿Es cierto que Fred y George hicieron un trío con la profesora Sinistra?

-No lo sé -dijo Ron-. ¿Pero sabían que Malfoy se folló a Nicolas Flamel? Ginny me dijo. ¿Qué no había muerto?

Se hizo un silencio.

Entonces, los tres estallaron en carcajadas a la vez. Y entonces Harry se sintió, por primera vez en mucho tiempo, como si nada de todo aquello hubiera pasado. Como si él y Ron jamás se hubieran peleado. Como si hubieran sido amigos, los tres, siempre, todo el tiempo.

Los tres.

Ron y él se miraron a través de los barrotes.

-Oye, Harry… -empezó Ron, y Harry comprendió que quería disculparse con él. Pero también comprendió que no necesitaba oírlo, y que él, Harry, tenía tantos motivos para disculparse como él.

-Olvídalo -le dijo, sonriéndole-. Soy yo quien…

-Déjalo -dijo Ron, negando con la cabeza.

Entonces, Ron sonrió. Y Harry sonrió. Y los dos comprendieron, mientras se sonreían a través de las dos jaulas, que todo estaba bien entre ellos otra vez. Harry supo que Ron no tenía la culpa de nada. Porque sabía exactamente cómo se sentía Ron hacia Hermione, y era muy fácil ponerse en su lugar… porque él sentía exactamente lo mismo.

Y entonces, mientras los dos se sonreían desde sus jaulas cerradas con candados, dejando en claro que eran amigos otra vez y que todos esos días acababan de quedar fácil y rápidamente en el olvido; Hermione rompió a llorar.

-¡No llores! -le dijo Harry, ahora volviéndose hacia ella.

-¡Es que… es que… son los dos tan estúpidos!

Y Hermione empezó a darle patadas al suelo, tapándose la cara con las manos mientras lloraba descontroladamente.

-Tranquila, Hermione -dijo Ron-. No pasa nada. Todo será como antes. Los tres estaremos juntos, como siempre.

-Sí, Hermione -le dijo Harry, tratando de tranquilizarla-. Ron y tú estarán juntos, como pareja, y yo seré su amigo. De verdad, Ron -se apresuró a añadir-. Yo ya lo había hablado con ella. Supongo que ustedes ya lo habrán hablado también…

-Claro que no -dijo Ron.

-¡Claro que no, Harry! -dijo Hermione, sacándose las manos de la cara, que estaba roja por el llanto.

-Pues háganlo. Yo lo acepto. De verdad. A partir de ahora ustedes serán pareja entre sí, y yo estaré bien -eso último no era cierto, pero se forzó a agregarlo para convencerlos-. Seré su amigo.

-No seas estúpido -dijo Ron entonces, frunciendo el ceño-. No, Harry. Tú deberías ser pareja con ella. Hermione, quiero que te quedes con Harry. De verdad. Yo seré amigo de ustedes, y ustedes serán la pareja.

-¿Por qué dices eso? -preguntó Harry, mirando a Ron.

-Porque ustedes merecen ser felices, juntos -dijo Ron, tomando mucho aire para pronunciar esas palabras, con notorio esfuerzo-. De verdad. Yo siempre he sido un tonto, un inmaduro… Tienes razón, Harry, siempre peleo por todo. Sé que Hermione será más feliz contigo que conmigo. Y yo solo quiero que seas feliz, Hermione.

-¡Ron, no seas idiota! -gritó Hermione.

-De verdad, Ron, yo… -empezó Harry. Pero no pudo terminar la frase.

Porque algo le estaba pasando. Algo que no tenía nada que ver con esa conversación.

Cruzó una mirada con Ron, y comprendió que él sentía lo mismo. Los dos parecían aterrados.

-¿Qué ocurre? -preguntó Hermione, mirándolos muy asustada.

-Es que… es que… creo que se está yendo el efecto -dijo Ron, pálido-. Y esto es…

-Es mucho peor que nada que haya sentido antes -dijo Harry, aterrado, sintiendo que se ponía duro, pero no duro como todos los días luego del desayuno. Esta vez estaba duro como si su pene fuera un explosivo nuclear a punto de estallar, como si sus testículos estuvieran inflándose hasta quedar del tamaño de huevos de dragón.

-Oh oh -dijo Hermione, con miedo, observando a los dos chicos dentro de las jaulas-. Es el efecto del Afrodisíaquis Máximus. La poción ya de por sí es terrible… y debe estar potenciada por lo que sea que pasa en el castillo… y todo eso, sumado a que el condonmnimus que se echaron también genera efectos afrodisíacos…

-¡Hermione! ¿No tienes tu anti-poción?

-N- No -tartamudeó ella, desesperada-. Por eso los encerré. Snape nos hizo entregárselas…

-Harry -dijo Ron, mirándolo con su expresión más aterrada, que recordaba a aquella arriba del Ford Anglia en segundo año, cuando volaban siguiendo al Expreso de Hogwarts y se le había roto la varita-. Creo que esto es el fin… Vamos a morir.

-¡No! -dijo Hermione, dando un salto. Miraba a uno y otro, con los ojos desorbitados.

Ambos estaban más duros que nunca en sus vidas. Temblaban de pies a cabeza. Estaban tan calientes que cada centímetro de su piel se había puesto rojo, y el sudor caía por cada parte de sus cuerpos. Sus ojos se habían inyectado en sangre. Temblaban en el lugar, como sufriendo un ataque, sus corazones aceleradísimos y las manos vibrando, sujetas a los barrotes.

-Oh shit -gimió Hermione, con la cara arrugada, en pánico-. ¡¿Qué vamos a hacer?!

-Vamos a morir -repitió Ron, que parecía a punto de morir realmente.

-Lo siento -llegó a gemir Harry, mientras caía al suelo de la jaula, sintiendo que sus testículos detonarían como un misil-. Lamento mucho todo, chicos… quiero que sepan que… los quiero mucho a ambos… de verdad…

-Adiós, chicos -dijo Ron, convencido de que eran sus últimas palabras, sus ojos en blanco y espuma saliendo por su boca.

-¡NO! -bramó Hermione, llorando y temblando-. Voy a… voy a ayudarlos. Sí, eso es -dijo, pensando a toda velocidad-. Abriré las jaulas. Ustedes vendrán y… y lo harán conmigo -dijo, abriendo mucho los ojos y tragando saliva, nerviosa pero decidida.

-¡No, Hermione! -gritó Ron, que se sujetaba la entrepierna con una expresión de profundo dolor, salivando todo el piso de la jaula.

-¡Sí! -chilló ella, y alzó la varita-. ¡Voy a abrir las jaulas! ¡Y ustedes vendrán y lo harán conmigo! ¡Ambos! ¡Hasta que se les pase esto y estén bien otra vez!

-De verdad… -gimió Harry, débilmente, desde el suelo-. No… No lo hagas…

Pero moría de ganas de que lo hiciera. No podía negarlo. La codiciaba con cada célula de su cuerpo. Y sabía que Ron también. De hecho, ambos eran conscientes de que, si no tenían sexo en ese momento, iban a morir.

Estaban más calientes de lo que dudaban que ningún otro ser humano hubiera estado antes, jamás.

Ahora sí, aquello era follar o morir.

Hermione, que había llegado a la misma conclusión, endureció el temple y lanzó chispas de su varita que provocaron que los candados de las puertas de las jaulas se rompieran y estas se abrieran con un chirrido que resonó por toda la sala.

Hubo unos momentos de silencio y profunda tensión. La Sala Multipropósito estaba en profundo silencio, y las jaulas ahora estaban abiertas.

Harry y Ron alzaron las cabezas, y Hermione vio que sus ojos estaban rojos. Se asustó un poco.

Empezaron ambos a arrastrarse por el suelo, lentamente, fuera de sus jaulas. Eran como dos animales salvajes, dos serpientes deslizándose por el suelo hacia ella, dos feroces hienas hambrientas a quienes acababan de depositarles un festín enfrente.

Hermione tragó saliva, respiró hondo y dejó la varita a un lado, dando un paso adelante. Con decisión, se llevó las manos al cuello de la camisa y quitó el botón superior, preparándose.

Al mismo tiempo, Harry y Ron se pusieron de pie y clavaron sus ojos desorbitados y llenos de profundo deseo en Hermione, que les devolvió la mirada bastante nerviosa, pero con convicción, sus ojos muy abiertos.

Y avanzaron hacia ella.