-Profesor Flitwick -exclamó McGonagall, escandalizada, girando su cabeza-. ¿Usted hizo ese ruido?

-¿Qué ruido, profesora? -contestó Flitwick, que desayunaba tranquilamente a su lado.

-Olvídelo -dijo ella, con el ceño fruncido y los ojos muy abiertos, mientras se llevaba la taza de café a los labios.

Harry le tapó la boca a Hermione para que no volviera a emitir gemidos tan fuertes. Estaba penetrándola por detrás contra la mesa de los profesores, a la que ella se apoyaba con ambas manos, inclinada hacia adelante sobre esta. Ambos estaban ocultos bajo la capa para hacerse invisible.

La idea había sido de Ron, que en ese momento estaba sentado en el suelo dándole sexo oral a Hermione, al mismo tiempo, los pies de McGonagall a centímetros de él.

McGonagall se quedó mirando la jarra de jugo, que pareció vibrar levemente. Todos en el Gran Salón comían y charlaban de forma normal, o tan normal como habían sido esos días en el castillo. Y allí, ocultos bajo la capa, los tres adolescentes tenían sexo justo delante de la profesora, experimentando un placer adicional por el peligro de la situación. Al principio a Hermione no le había gustado la idea ("¡¿Qué ocurrirá si nos descubren?!") pero luego del desayuno, que era uno de esos momentos del día en que se ponían especialmente calientes, accedió.

Más tarde tuvieron Transformaciones. Era el viernes por la mañana. Sería la última clase antes de los TIMOS, que empezarían el lunes siguiente. Y luego, acababan las clases.

-¿Qué hace esto aquí? -preguntó Harry cuando pasaron por el vestíbulo. Para sorpresa de casi todos, el Cáliz de Fuego había sido colocado allí en medio, tal como había estado el año anterior durante la selección de los campeones del Torneo de los Tres Magos.

-Qué extraño -dijo Hermione, ceñuda, al pasar junto a este. Subieron las escaleras hasta el aula de Transformaciones, y Hermione se dirigió a Harry:

-¿Has vuelto a soñar con… ya-sabes-quién? -parecía preocupada.

-No -dijo Harry. Ahora que los tres estaban juntos otra vez, era como en los viejos tiempos, hablando de Voldemort mientras iban a alguna clase. Solo que con muchas ganas de tener sexo todo el día, y realmente teniendo sexo entre los tres cada vez que podían. -No he vuelto a soñar con Voldemort. Aunque en el sueño que tuve, dijo que vendría por mí…

-Seguro que vendrá la semana que viene, luego de los TIMOS -comentó Ron, como si hablara tranquilamente de un amigo que los iría a visitar, llevándose un trozo de tostada que le había quedado a la boca.

-¡Ron! -dijo Hermione, abriendo mucho los ojos-. ¿Pero qué dices? ¿Y por qué habría de venir en ese momento?

-Vamos, Hermione, no te hagas la tonta -dijo Ron, tranquilo-. Todos los años son iguales. Las cosas importantes relacionadas con ya-sabes-quién pasan luego de los exámenes, justo al final del curso. Entonces Harry hace algo heroico, las cosas se solucionan en cierta forma, descubrimos varios misterios de los que no nos habíamos dado cuenta antes, y nos vamos a casa a pasar el verano contentos y a descansar, para el año siguiente estar frescos y listos para una nueva aventura.

Ron sonrió y avanzó por delante de ellos, acomodándose la mochila mientras entraba a Transformaciones. Se lo veía muy contento desde que se había reconciliado con Harry. Hermione miró a Harry con las cejas arqueadas, pero entonces ambos se sonrieron y entraron felices también al aula de Transformaciones.

-Hola, alumnos -saludó McGonagall, cuando todos los estudiantes estuvieron sentados-. Antes de empezar la clase, tengo un breve anuncio. Como directora a cargo hasta que el profesor Dumbledore se recupere, he estado queriendo hacer algo alegre y bonito que los haga pasar un mejor fin de curso este año -les sonreía a todos, mucho más contenta de lo que nunca la habían visto. De hecho, desde que se había follado a Ron estaba muy cambiada. No sabían si había continuado follándose estudiantes, pero sin lugar a dudas, su previa frialdad había desaparecido y ahora era una mujer alegre y renovada. -¡Así que decidí armar un baile de fin de curso! -anunció muy contenta, sonriendo a todos.

-Ahh, cierto -dijo Harry para sí, recordando a aquella chica que el día anterior lo había querido invitar al supuesto baile.

Hermione no lucía muy contenta.

-¿Está loca? -les susurró-. ¿Con todo lo que está pasando, un baile? ¡Será echar leña al fuego!

-Quizás eso es lo que busca -comentó Ron en voz muy baja, pensativo-. Debe estar buscando más estudiantes para tirarse…

-¡Ron! -lo reprendió Hermione, pero pronto tuvo un breve ataque de risa y se tuvo que tapar la boca.

-Para hacerlo más emocionante -continuó diciendo McGonagall-, tuve una genial idea. Como todos sabrán, luego del desafortunado final del Torneo de los Tres Magos el año pasado se ha anunciado que no volverá a realizarse esa competencia por otros setecientos años, aproximadamente. Y ya que el Cáliz de Fuego estaba llenándose de polvo en un armario de Filch, porque nos lo dejaron aquí, lo he modificado mágicamente y lo he convertido en un selector de parejas.

Todos en el aula abrieron mucho los ojos, sorprendidos.

-Pueden invitar una pareja al baile si quieren, de forma tradicional -explicó McGonagall, sonriendo-. Oooo, si lo desean, pueden poner su nombre en el Cáliz y este los emparejará de forma automática con la persona más indicada para ustedes dentro de Hogwarts, que también le haya puesto su nombre. Con la magia del Cáliz, este sabrá, así como supo el año pasado quienes eran los campeones más indicados para luchar en las pruebas del torneo para cada escuela; sabrá ahora quiénes son las mejores parejas para cada uno. Solo pongan su nombre en el Cáliz a partir de hoy, y el lunes por la tarde, durante la cena, el Cáliz escupirá los nombres de todos, con la pareja que es el "alma gemela" de cada uno, por así decirlo.

"Ahora bien, tengan en cuenta que, igual que como pasó en el Torneo del año pasado, el Cáliz de Fuego constituye un contrato mágico vinculante entre las partes. Todos recordarán que Potter, de hecho, tuvo que competir debido a ese contrato. Esto quiere decir que, si no les gusta la persona con la que los emparejó, no podrán cambiarla ni negarse a ir al baile. Estarán obligados a ir con la persona que les salió. El baile será el próximo sábado luego de los TIMOS y los exámenes finales, en el Gran Salón, desde las once de la noche hasta las siete de la mañana, para alumnos de quinto en adelante, aunque pueden llevar parejas menores. Habrá bebida y comida, y una banda de música. Será obligatoria la túnica de gala.

Luego de eso, McGonagall continuó con la clase. Fue difícil, sin embargo, ya que todos charlaban en voz baja entusiasmados sobre el baile y el Cáliz de Fuego. Pronto, la profesora se arrepintió de no haber dejado ese anuncio para el final.

Al mediodía, Harry, Ron y Hermione bajaron a almorzar envueltos en una discusión sobre el Cáliz.

-Te lo digo, Hermione, esto es exactamente lo que necesitábamos.

-¡Claro que no, Ron! La cosa está bien así como está, por ahora…

-Vamos, Hermione -Ron bajó la voz hasta que solo ella y Harry pudieron oír-. No puedes estar con nosotros dos para toda la vida. Algún día tendrás que elegir a alguno.

-No dije que no. Pero no le dejaremos esa decisión a un estúpido cáliz. Es una idea idiota…

-De hecho -opinó Harry, volviéndose hacia ella-, estoy de acuerdo con Ron.

Hermione se lo quedó mirando.

-¿Eso crees, Harry? -dijo, furiosa-. ¿Crees que es buena idea dejar que un objeto mágico decida nuestro futuro personal, de la persona con la que queremos estar, en base a alguna magia estúpida emparejadora de gente que McGonagall le puso en este estado de idiotez en el que anda estos días?

-No creo que sea una magia estúpida -dijo Harry-. En el Torneo, ese cáliz sabía lo que hacía, ¿no es así? Sin dudas Krum era el mejor de Durmstrang, por ejemplo, y todos de esa escuela habían echado su nombre en el Cáliz. Si supo quién era el mejor alumno para campeón, sabrá quién es mejor para ser tu pareja, Ron o yo.

-Está decidido -sentenció Ron-. Pondremos nuestros tres nombres en el Cáliz, y dejaremos que él elija la mejor pareja. De esa forma, Hermione, tú te quedarás con el que es mejor para ti, con tu alma gemela.

-Y el otro lo aceptará, y será amigo de la pareja, y todos seremos felices.

Hermione suspiró y los miró, mientras bajaban por la escalera hacia el vestíbulo.

-Podría resultar que salga una tercera persona, ¿saben? -dijo entonces-. ¿Y si me empareja con, no sé… Neville?

-Bueno, harías bien en probar salir con Neville, en ese caso.

-¡Qué estúpidos! -dijo ella. Pero ellos dos, decididos, sacaron un pergamino de la mochila de Harry, arrancaron tres pedazos y escribieron sus nombres en ellos. Obligaron a Hermione a hacerlo también, y arrojaron los tres pedazos dentro del Cáliz de Fuego. Resignada, Hermione metió el trozo con su nombre detrás de Ron, como si solo estuviera siguiéndoles la corriente.

-Ahora a esperar -comentó Ron, que no podía disimular una ilusión interior-. Y el lunes por la noche lo sabremos.

El resto del viernes no estuvo tan mal. No hubo desastres sexuales en ninguna de las clases, si bien todos parecían tan calientes como siempre.

Por la noche, Harry, Ron y Hermione se quemaban las pestañas leyendo en la Sala Común. Toda la locura de esos días había impedido que estudiaran lo suficiente, y ahora estaban a solo tres días del primer TIMO, y Harry sentía que con lo poco que había estudiado jamás podría aprobarlos.

-Te veo tranquila -dijo Harry, observando a Hermione por encima de su libro de Últimos avances en Encantamientos-. Imaginé que estarías hecha un manojo de nervios con los TIMOs.

-De hecho, he estudiado bastante, y estoy muy bien -comentó ella, acomodándose el cabello tras una oreja.

Harry y Ron compartieron una mirada de incredulidad.

-¿Tú? -dijo Ron-. ¿Tranquila ante los TIMOs? Mira que he visto a McGonagall desnuda. Pero solo en este momento puedo decir que lo he visto todo.

-Pues todos hemos cambiado un poco estos días, creo -dijo Hermione, relajada-. Luego de todo lo que pasó, unos exámenes no me provocan tanta ansiedad. Ni siquiera a mí. De hecho, ya he estudiado suficiente por hoy -Hermione cerró su libro de golpe, y Harry y Ron casi de desmayan por la sorpresa. -¿Vamos por una cerveza de manteca artesanal a Hogsmeade?

Fue como si les dieran una bofetada en el rostro. Hermione nunca en la vida había cerrado un libro a tres días de un examen de fin de curso. Mucho menos lo habría hecho ante los TIMOs. Y, muchísimo menos, habría sugerido ir de forma ilegal a Hogsmeade por unas cervezas cuando incluso la Orden del Fénix había bloqueado casi todos los pasadizos y vigilaban, alertas, por si algún mago tenebroso intentaba ingresar al castillo aprovechando la ausencia de Dumbledore.

-¿Quién eres y qué le hiciste a Hermione? -preguntó Ron, frunciendo el ceño, mirándola aterrado.

Ella lanzó una risita.

-Bueno, ¿vamos o no?

Cuando consiguió salir del asombro, Harry miró a Ron y se encogió de hombros.

-Tú aún no has conocido la noche de Hogsmeade -le dijo a Ron-. Y el fin de semana que viene no podremos ir, porque está el baile de fin de curso. Aunque, por otro lado, no hemos estudiado mucho…

-Bueno, vamos solo un rato, así despejamos la cabeza -dijo Hermione, poniéndose de pie-. Un par de horas. Ve a buscar la capa, Harry. Y la escoba. Habrá que ir por la Casa de los Gritos, ya que tienen todo lo demás cerrado.

Mientras avanzaban los tres por el túnel que salía del Sauce Boxeador, hacia la Casa de los Gritos, Ron no dejaba de decir que Hermione había sido reemplazada por alguien más con poción multijugos.

-Es que es muy extraño -dijo por enésima vez, pasando sobre unas raíces de tierra-. Sabes que Harry y yo apenas hemos leído un libro o dos, ¿y aun así nos sugieres ir a tomar algo? ¡Ja!

-Yo no soy su madre -dijo ella, algo indignada-. No voy a decirles lo que les conviene ni lo que deben o no hacer. Ya son grandes para saberlo solos. Yo les pregunté si querían venir, y ustedes aceptaron. Si alguno prefiere estudiar, que de la vuelta y regrese. No los estoy obligando. Pero tengo ganas de probar esas cervezas otra vez. La noche de Hogsmeade es muy linda, ¿verdad, Harry?

-Sí, sí lo es.

Ron pareció aun más asustado que antes.

-Tú no eres Hermione -repitió, sospechoso.

-Bah, ni que fuera para tanto -dijo ella, rebelde-. Mañana te pones al día, Ron.

Harry miró a Ron y le guiñó un ojo, sonriendo. Le gustaba cuando Hermione se ponía en actitud rebelde, para variar. La verdad es que no pensaba que fueran a aprobar ningún TIMO si no encendían el cerebro lo antes posible, pero tenía muchas ganas de volver a Hogsmeade. Lo había pasado tan bien aquella noche con Hermione allí, al menos antes del episodio con Fudge. Unas cervezas no harían daño, y luego, al día siguiente, podían estudiar…

Media hora después, Harry, Ron y Hermione reían y bromeaban en la calle central de Hogsmeade. Había multitudes de jóvenes veinteañeros a su alrededor, otra vez. Todos paseaban por los puestos de cerveza de manteca artesanal, brindando y bebiendo.

Fueron a un puesto al que no habían ido la vez anterior, y pidieron, además de las cervezas, tres porciones de papas con salsa, que comieron en unas sillas que habían colocado sobre la calle. Los puestos daban directo a la acera, y los jóvenes veinteañeros y treintañeros hacían cola para ordenar mientras bromeaban, algunos haciendo magia para lanzar chispas al aire, mandarle un mensaje a algún amigo que estaba en otro lado por medio de Patronus (seguramente para decirles en dónde estaban), o encenderse unos cigarros que no parecían como los muggles, ya que no largaban humo.

-Son cigarros mágicos -explicó Ron, que vio que Harry y Hermione los miraban con curiosidad, mientras bebían sus cervezas en las sillas junto al puesto-. No hacen daño, como los muggles. Pero tienen unas hierbas de mandrágora o algo así que te quitan los nervios. Los adolescentes los fuman antes de ir a la discoteca a buscar mujeres.

Se quedó mirando a Hermione.

-No querrás ir a la discoteca, ¿verdad?

-No -dijo ella, aunque le sonrió, mientras le quedaba un bigote de espuma con su cerveza de manteca de tipo Lager Black Spell-. Aun no. Quizás el año que viene. ¿Tú que dices, Harry?

-Me parece bien -dijo él, sonriendo-. Aunque no creo que vaya a aprender nunca a bailar. Soy malísimo.

-Matas dragones, pero no eres capaz de bailar -se burló Ron.

-Yo no mato dragones -repuso Harry, sonriendo.

-No recuerdo haberte visto a ti bailar el año pasado en el Baile de Navidad -dijo Hermione, mirando a Ron-. Al menos Harry sí bailó con Parvati. Aunque sí bailabas bastante mal. Lo siento, Harry.

-Pues ya me verás a mí, y te sorprenderás -dijo Ron, alzando su vaso al cielo-. Soy un excelente bailarín.

-Lo dudo -Hermione rompió en carcajadas, y Ron le lanzó la servilleta que venía con sus papas, hecha un bollo por la cabeza, en broma.

Siguieron paseando por la calle central de Hogsmeade, iluminada por las velas flotantes y un remolino de hadas mágicas diminutas que sobrevolaban sus cabezas, perdiéndose en la noche. Había olor a alcohol, cigarro mágico (que emitían distintos perfumes muy ricos, de frutilla, durazno, rosas…), y se oía música de rock y electrónica mágicas por todos lados.

Un rato después, Hermione ponía un brazo sobre el hombro de Harry y otro sobre el de Ron, mientras reclinaba la cabeza hacia atrás, al cálido aire de la noche, riendo. Habían comprado más cervezas artesanales de todas las variedades, para que Ron probara todos los sabores.

-Esto es fantástico -decía Ron, probando un sabor tras otro-. ¡Roja! Jamás había bebido una cerveza de manteca roja. Sí había probado la negra, porque Fred tenía unas botellas.

-¡La roja es la ideal para ti! -dijo Hermione, riendo a carcajadas y alborotando el cabello de Ron con una mano. No había sido un chiste gracioso, para nada, pero era evidente que las cervezas estaban teniendo efecto en ella.

Harry también rió, bebiendo un sorbo de su IPA Magic. Un grupo de adolescentes les pasaron de largo hacia Las Tres Escobas, vestidos con túnicas de noche, que eran más elegantes que las túnicas diarias, pero sin llegar al extremo de las túnicas de gala.

Bebieron y bebieron, y Harry y Ron pronto reían de cualquier estupidez, igual que Hermione.

-Tuviste que disfrutar tirarte a Fleur, no me mientas -decía Hermione, mirando a Ron con ojos entrecerrados.

-¡No, lo juro! -decía él, en defensa propia, mientras dejaban un grupo de adolescentes atrás y cruzaban la calle-. ¡No lo disfruté ni un poco, Hermione! ¡No me gusta hacerlo así, involuntariamente!

-Sí, claro -dijo ella revoleando los ojos, sin creerle una palabra.

Harry rió y miró a Ron, a ver si podía descifrar la verdad en su mirada, pero Ron no lo miró.

-¿Saben? No me importa lo que salga del Cáliz de Fuego -dijo Harry, terminando de vaciar su quinta taza de cerveza de manteca artesanal-. De verdad se los digo. Si ustedes resultan ser la mejor pareja, lo respetaré, porque sé que será lo que te hará más feliz, Hermione. Y seré su gran amigo… Su amigo Harry.

-¡No digas eso, Harry! -repuso Hermione, que se tambaleaba al caminar. Doblaron por una calle secundaria, un poco más oscura, donde no había nadie. La verdad es que ni siquiera sabían por dónde iban. Estaban muy ebrios.

-Lo mismo digo -dijo Ron, alzando su taza para brindar con Harry-. Si resulta que tú eres el mejor para ella Harry, de verdad, les juro que yo…

Pero Ron no pudo terminar la frase.

Aunque Harry estaba bastante ebrio, lo que pasó en ese momento fue tan contundente, brusco, inesperado y sorpresivo, que su cerebro despertó de golpe, en un esfuerzo para comprender lo que acababa de pasar.

De la nada, salido de ninguna parte, un rayo de luz verde muy intenso disparó con toda la furia sobre ellos, golpeó a Ron en el pecho, y el chico voló por los aires hasta golpear contra la pared de una casa y caer al suelo, boca abajo.

-¡RON!

Harry quedó con los ojos abiertos de par en par, que brillaban aun con el reflejo de la luz verde. Había un zumbido en su cerebro.

Giró la cabeza, y se le paró el corazón. La taza de cerveza cayó de su mano y se estrelló en el piso de la calle, rompiéndose en pedazos y derramando la bebida por todo el empedrado.

Lucius Malfoy estaba de pie a unos seis metros de distancia de ellos, con su rostro pálido y de cabello rubio largo mirando a Harry fríamente, con una mueca en el rostro y su varita aun en alto.

Harry volvió a girar la cabeza, en pánico, y vio que Hermione corría hacia Ron, que había quedado inmóvil en el suelo.

Los gritos de Hermione le llegaron a los oídos como lejanos, como si estuvieran en otra parte.

-¡RON! ¡RON! -los llantos de la chica se mezclaban con unos gritos desconsolados tan desgarradores que no dejaban lugar a dudas sobre lo que había encontrado allí en el suelo de esa fría calle empedrada:

Ron había muerto.

Harry volvió a girar la cabeza, como en un trance, como si todo aquello no fuera más que un sueño, sus ojos verdes muy abiertos, y Lucius ensanchó su sonrisa mientras lo miraba fijamente.

-El Señor de las Tinieblas te dijo que vendríamos, Potter -le dijo, en un susurro-. Qué sorpresa encontrarte fuera del castillo…

Harry sintió que su corazón golpeaba contra su pecho con violencia.

-Ahora que Dumbledore no está en Hogwarts, finalmente cumplirá su destino -dijo Lucius, con maldad en la voz-. Va a matarlos a todos, Potter, tal como yo acabo de matar a este estúpido Weasley amigo tuyo, por fin, igual de fácil que como lo ves… Todos quedarán como él, muertos en el suelo. El Señor de las Tinieblas no me permite matarte a ti, lo hará él mismo. Aunque no estés en el castillo, sé que no podrás evitar ir, para tratar de salvar a tus estúpidos compañeros. ¿No es así?

"El Señor de las Tinieblas te esperará allí, a que vayas a ver el desastre que haremos… Le dije lo que está ocurriendo en Hogwarts, y le pareció sumamente divertido… Cuando hayamos terminado de follarnos y matar a todos tus amigos y compañeros, recién ahí él hará lo mismo contigo… Te hará sufrir viéndolo todo, y luego te quiere follar a ti también, él mismo, y matarte. Luego de hacérselo a todos los mocosos del castillo, ante tus ojos. Tu pesadilla solo está comenzando esta noche… Sé que irás a su encuentro. Eres demasiado estúpido para no ir. Nos veremos allí, Potter.

Y, dicho esto, Lucius se desapareció.

Harry se quedó allí de pie, sin poder respirar por la conmoción y la opresión en el pecho. Hermione seguía gritando con todas sus fuerzas, un grito terrible de dolor que le rompía los tímpanos y le provocó un escalofrío en todo el cuerpo. Las luces de las casas se empezaron a encender.

Y algo más…

Harry giró la cabeza en dirección a Hogwarts, y vio la marca tenebrosa brillando intensamente sobre el castillo, en verde intenso, con la lengua de serpiente entremezclándose entre las nubes.

Voldemort estaba en Hogwarts.