Capitulo 7


¿Escapar de Naruto?


Hinata despertó con un golpeteo en la puerta y se sentó rápidamente. El sol ya se filtraba por las cortinas. ¿Estaría sola? Miró hacia la cama y la vio vacía y armada.

Obviamente, su marido no había vuelto en la noche y sus horas de ansiedad y miedo habían sido inútiles.

Hinata no sabía si se sentía enojada o aliviada. ¿Donde habría dormido él? Y ¿con quién? Esta última pregunta le provoco una emoción tan fuerte que le costó percibir un nuevo golpe en la puerta.

-¡Entre! - grito.

Al ver aparecer a Chiyo, Hinata forzó una sonrisa. La criada sacudió la cabeza con aire de reprobación.

-La señora jamás conquistará a lord Naruto si continúa durmiendo en el colchón sobre el piso.

¿Conquistarlo? ¿Para qué?, pensó Hinata. ¿Chiyo sabría donde él había pasado la noche? ¿Qué diferencia hacia eso?, se preguntó al levantarse. Ella debería estar festejando el hecho de que él hubiera encontrado otra mujer para atormentar.

-No tengo el más mínimo interés en su señor, Chiyo. Y usted lo sabe.

-No le creo. La señora parecía bien interesada anoche en el salón - argumento la criada.

La noche de ayer. De repente, el recuerdo de la prenda le surgió en la mente. Naruto, encapuchado la había encontrado fácilmente. Eso no la sorprendía tanto como lo que pasó después. Nunca había sido besada y no había pensado que un acto tan simple pudiera ser tan estimulante.

Todos los detalles le vinieron a la mente. El contacto con su cuerpo rígido, la presión de los labios calientes sobre los suyos, la lengua invadiéndole la boca y forzando a apoyarse en él.

Su marido le había quitado el aliento pero no la amedrento. Ni por un segundo, ella temió su contacto. Le había acariciado la nuca y el cuerpo haciéndola desear... ¿qué? ¿A él? Imposible.

Estupefacta Hinata noto que seguía vistiendo apenas una camisa. Respiraba con dificultad y el corazón se le disparaba mientras Chiyo la observaba con una sonrisa maternal.

-Todo lo que sucedió fue solo para pagar la prenda y para satisfacer a las personas – explicó ruborizándose.

-Para mí todo fue muy real lady Hinata, y prueba lo que le vengo diciendo. Lord Naruto siente atracción por la usted, y podrá conquistarlo si hace un pequeño esfuerzo. Es más fácil atraer las moscas con miel que con vinagre.

-¿Quién quiere atraer las moscas de Naruto Namikaze? - preguntó Hinata mientras dejaba que la criada la vistiera.

-Su vida sería más fácil, mi señora- el comentario casi la hizo llorar a Hinata.

-No me voy a comportar como una ramera. Existen otras mujeres que lo recibirían con placer. Él sólo me quiere para vengarse.

-Todo va a acabar bien, mi señora. Espere y verá. Un hombre no besa a una mujer de ese modo cuando sólo siente odio por ella. Piense en eso cuanto el esté ausente – le aconsejo Chiyo.

-¿Naruto se fue de viaje? ¿A dónde? - indago Hinata, sintiéndose curiosamente decepcionada.

-Nadie sabe. Dejo el castillo luego de que salió de este cuarto. Corría como si estuviese escapando del mismo demonio.

Hinata se sintió presa de una mezcla de emociones. Su marido estaba fuera y eso la dejaba más relajada. Se debería sentir exultante, pero no era lo que le sucedía.

-Después, mi señor salió bajo la lluvia como si precisase mojarse para apagar su ardor – comentó la criada, guiñando un ojo.

-¡Bien! ya que el no está es una buena oportunidad para que cambie la paja del salón y para lavar los ladrillos.

-Ese es trabajo para los criados - protesto Chiyo con aire de desaprobación.

-Entonces tal vez tú puedas ayudarme - dijo Hinata, sonriendo.

Acostumbrada a trabajar el día entero, sentía la falta de una actividad allí en el castillo. Por causa de las prohibiciones de su marido le costaba encontrar una.

Rezongando, Chiyo abrió la puerta pero con un grito de susto, dio un paso para atrás.

-¿Qué pasa? - preguntó Hinata espiando el corredor. En un costado sombrío, reconoció la silueta del soldado. El no era tan alto como Naruto pero parecía ser tan fuerte como él. Usaba una túnica negra con bordes dorados. La prenda oscura acentuaba su piel y lo hacía mucho más atrayente.

Igual que el de Naruto, su rostro tenía una belleza casi femenina, pero a diferencia de su marido, no lo tenía marcado por una expresión cruel. Gaara parecía muy satisfecho consigo mismo y con su propia virilidad. No había duda para ella, desde la curva insinuante de los labios hasta la expresión de sensualidad de los ojos verdes.

-¡Dios tenga misericordia de nosotros! Él demonio de arena - gimió la criada.

-No hay razón para tener miedo - dijo Hinata.

-Ora, ese infiel surge de las sombras a propósito para asustar a una vieja - la criada rezongo al correr para la escalera.

Hinata sacudió la cabeza. Aunque el soldado fuese diferente, el merecía ser tratado con respeto. Un poco incomoda ella sonrió.

-Mi nombre es Gaara. Recibí la orden de protegerla - explicó el.

Hinata reconoció la voz, grave y melodiosa, que la había tranquilizado durante el viaje. Debía agradecerle pero no tuvo coraje. Los ojos verdes parecían invadirle el alma. Se sentía sofocada a solas allí con él, delante de la puerta abierta del cuarto. Con un esfuerzo preguntó:

-¿Ya comió hoy?

Con un gesto negativo, Gaara sacudió la cabeza.

-Pues entre, vamos a comer un pedazo de pan y a beber un jarro de cerveza. Digo en caso que tenga permiso para andar por ahí - ella agrego.

Gaara sonrió.

-La señora estará libre hasta que el vuelva.

¿Libre? Hinata refreno con el comentario. Eso no sucedería a menos que... Escruto la expresión del soldado y recordó otra vez las palabras de él durante el viaje. Si bien no se conocían, él se tomó el trabajo de calmarla. Tal vez su extraño guardia pudiese ser convencido de ayudarla de manera más concreta.

Agachada, Hinata se afirmo en sus talones y paso las manos por la frente. Los ladrillos ya estaban lavados brillaban, pero el salón de Konoha era mayor que cualquier habitación del convento. Limpiarlo estaba llevando más tiempo de lo ella había imaginado. Precisaban terminar antes de la hora de cenar.

Hinata vio la silueta de Gaara oscura a cierta distancia. Aunque no pudiese ver, sabía que estaba siendo observada. A pesar de las buenas intenciones, el soldado la ponía nerviosa. Él era atractivo y atento, pero algo en sus ojos verdes la perturbaba.

Hinata había desistido de la idea de conquistar su ayuda. No había nada que él pudiese hacer a no ser llevársela lejos, fuera del alcance de su marido. Aún si el caballero estuviese dispuesto a hacer eso, ella no tenía la certeza de querer ir.

¿No estaría escapando de algo malo para caer en algo peor?

Irónicamente, se sentía menos preocupada al lado de su marido demoníaco que con este caballero bondadoso. A Naruto ya lo conocía bien, Gaara exigiría una vida entera para ser comprendido.

¿Y si se fugasen de Konoha, a donde irían? Consumido por el deseo de venganza, Naruto los perseguiría hasta los confines del mundo. Y ella estaría en una situación mucho peor, reflexionó.

Desvió los ojos del soldado y regreso a su tarea. Estaba errando al pensar con tanta frialdad en usar al soldado, pues él la trataba con bondad. Era un sujeto decente y, si no fuese por los ojos verdes...

Hinata se estremeció. Las horas bajo su atención sombría, la hacían parecer a su marido ser más soportable.

Naruto no estaba de buen humor. Había cabalgado durante una noche de lluvia, en busca de alivio para su cuerpo. Pero ahora, después de un largo período sobre la montura, volvía más frustrado todavía.

¡Maldición! Pensó en Londres. Allá él encontraría lo que buscaba sin mucho trabajo. Tal vez hasta hallase una morena oriental, educada para satisfacer las necesidades de un hombre. Eso mismo; pensó más animado.

Llevaría a Gaara con él y partiría inmediatamente. Pero, se acordó de Hinata. Antes de ir en búsqueda del placer, precisaba ejercer la venganza.

No podía continuar posponiéndola.

Hasta entonces, practicaría el celibato. No sería difícil para un hombre con su disciplina. Muchas otras veces, había estado sin mujer por largo tiempo. No sería una de cabellos negros como la noche quien lo haría perder el control. Determinado, Naruto entro en el salón, ansioso por ver a su esposa. Intentaba convencerse que era el deseo de venganza lo que lo instigaba.

Hinata no estaba a la vista en lugar alguno. Encontró al administrador que le hablaba de unos ladrillos...

Estremecido se preguntó si ella se habría fugado. ¡Imposible! con Gaara vigiándola. De cualquier forma, se sentía ansioso por la presión del administrador que le seguía hablándole.

-¿Donde está ella? – indago interrumpiéndolo bruscamente.

-¿Quien, mi señor? - Shino Aburame preguntó reculando.

-¡Mi mujer!

El administrador huyo hacia un costado donde unas criadas refregaban los ladrillos. Eso provoco un acceso de furia en Naruto. ¿Por qué el hombre no le respondía? ¿Dónde estaría Gaara? Alarmado, él sintió una contracción en el estómago.

-¿Donde está ella? - repetía, furioso. Atónito, Shino apunto con un dedo trémulo hacia el costado.

-Mi señor, su esposa está allí. - Naruto miró. Dos mujeres arrodilladas continuaban trabajando. Un poco más adelante entre las sombras de la chimenea, estaba Gaara en actitud de vigilancia.

Naruto se aproximó a las mujeres. A la más vieja la reconoció... era Chiyo, pero la más joven...Una melena oscura se le escapaba de la toca.

-¡Hinata! - el grito y la voz hizo eco en el salón. Ella se paro, se enjuago las manos y levantó la cabeza para responder.

-¿Quien más podría ser?

Su calma sólo sirvió para ponerlo más bravo y le dirigió una mirada feroz. La mujer vestía otro vestido reformado, tenía el rostro sucio y las manos enrojecidas.

¡Por Dios! Se trataba de su esposa y no debía estar arrodillada trabajando.

-Por todos los diablos, ¿qué piensas que estás haciendo?

-Lavando los ladrillos antes de colocar paja limpia - ella respondió en actitud de calma.

-¡Levántate ya! Tenemos criados suficientes para hacer ese servicio - dijo Naruto, notando la mirada estupefacta de las otras personas.

Hinata se erguió con expresión de desafío.

-¿Y qué tengo permitido hacer? No puedo cuidar los enfermos ni trabajar en la huerta. Por cierto, tampoco puedo limpiar los pisos.

-Su obligación es cuidar de mí.

-¿Ah, sí? Vos desapareces antes de anoche sin decir a donde ibas ni cuando volverías - Hinata grito.

Naruto sentía latir su cabeza. ¿Estaría su mujer preocupada por él? ¿Había sentido su falta? ¡Imposible!. Hinata se había aliviado con su ausencia. Sacudió la cabeza y con rabia redoblada, dijo:

-¡Vaya a vestirse de manera decente, mujer! ¡Es casi la hora de cenar y no quiero sentarme a la mesa al lado de una campesina sucia!

Ella soltó una exclamación y abrió la boca como si quisiese decir algo más.

Naruto olvido el encanto de una morena oriental dispuesta a satisfacerlo. Su esposa se mostraba enérgica y lo contagiaba con su fuego. Se defendía con tanta pasión que el imagino esa misma emoción desencadenada en otras situaciones.

Intento quitar la idea de su cabeza pero noto la suciedad en su rosto. Tuvo que esforzarse para no extender la mano y limpiarla.

¡Maldición! Estaba enojado, cansado y hambriento. La disciplina ya comenzaba a fallar. Vociferando órdenes para los criados, mando servir la cena estuviera lista o no. Después, dio un paso en dirección a su mujer que aun no se movía.

-¡Vaya rápido! - grito apuntando a la escalera. Ella obedeció, pero no sin antes dirigirle una mirada de odio. Con los hombros erguidos, atravesó el salón con paso más regio que el de cualquier reina y con su vestido reformado más adorable que cualquiera de fina confección.

Observándola, Naruto sonrió por haber vencido a una mujer temerosa. Pero curiosamente, no había una sensación de triunfo, apenas un dolor de estómago y un cierto malestar físico. No vio la sombra de Gaara deslizarse para acompañar a Hinata.

A pesar del hambre, Naruto apenas pellizcaba la comida. Hinata se había puesto un vestido azul marino que, para disgusto de él, le atraía mirar. El estómago le dolía y tenía la impresión de que el interior de su cuerpo se separaba en direcciones opuestas.

Ya era hora de castigar a esa mujer de lengua mordaz con quien se había casado. Ella no conseguía quedarse quieta y siempre encontraba una actividad que lo irritaba. De allí en adelante, Hinata no lo avergonzaría ejecutando tareas de criados. Los planes hechos habían sido abandonados cuando él la vio arrodillada lavando el piso.

Hinata era una mujer linda, digna de ser esposa de cualquier hombre en buena situación. Ella podría usar vestidos elegantes, joyas valiosas y mantener las manos bien cuidadas. Eso no sería para beneficio de ella, más bien para beneficio de él. Sentía placer en verla bien arreglada.

La mujer quería actividades. Por Dios, él se las proveería. Cuidaría de él como una esposa diligente, sería más obediente, atenta y ansiosa por satisfacerlo en sus más mínimos antojos. Estaría a disposición de él mañana, tarde y noche, como un escudero, aunque, más agradable a los ojos y más estimulante para el espíritu. Ese sería el castigo adecuado para su mujer temerosa, pues era lo que ella menos deseaba hacer, reflexionó Naruto sonriendo.

El buen humor momentáneo se disipo con la aproximación de Chiyo, que puso una copa sobre la mesa, delante él.

-Sea bienvenido, mi señor. Es un placer que esté de vuelta. Para festejar su retorno, prepare una bebida especial para mi señor - dijo la criada.

-¿De qué se trata? - indago Naruto, desconfiado.

-Un tónico, mi señor.

-Ahora no preciso de él. Llévatelo. Chiyo no obedeció y se aproximó más.

-Sabe, mi señor, cuando vi los arreglos en su cuarto, resolví enderezar la situación.

Naruto no tenía la más mínima idea de lo que ella estaba hablando y fijo su mirada amenazadora.

-Pruebe un trago, mi señor. Es una bebida maravillosa y le hará fluir mejor su sangre - insistió ella.

-Mi sangre corre muy bien.- Chiyo suspiro.

-Mi señor no me entiende, según la persona que me dio la receta, el tónico hará que su fluido vital sea caliente y duradero.

Naruto la miraba estupefacto, ella guiño un ojo, haciéndolo ruborizar. Sacudido por una furia tremenda, él se volvió hacia Hinata.

-¿Fue idea tuya? - indago.

Con los ojos desorbitados ella contesto.

-¡Claro que no! Ella me pedio una receta para un hombre que... - La piel clara de Hinata torno roja. - Pensé que era para él marido de ella. No sabía que ella te lo daría. ¡No quiero su fluido vital, ni estimular ninguna parte alguna tuya!

Del otro lado, Gaara soltó una carcajada. Otras personas más discretas escondían sus risas. Naruto sintió la rabia crecer y exploto como un volcán. No lograba controlar su mente. Con un gesto brusco, volteo la copa, desparramando el líquido sobre la mesa.

-Sal de mi vista, Chiyo, antes de que te mande de vuelta a Tessen - vocifero él.

La criada empalideció y mientras se retiraba un silencio profundo domino el ambiente.

-Naruto.

Su nombre pronunciado por Hinata lo inmovilizó.

Sonó suave y agradable, provocándole un escalofrío. Sin saber porque, le afectaba.

-Ella no tenía mala intención. Chiyo es una mujer bondadosa que se esfuerza por ayudarte.

¿Chiyo? ¿Ella le hablaba con respeto de una criada? Giró hacia Hinata y en voz baja, le recomendó:

-No la defiendas a menos que quieras ser responsabilizada por su atrevimiento. O, quien sabe, ¿no estarás ansiosa por compartir la cama conmigo? - él la provoco y la vio empalidecer. - Sabes, mujer no preciso de tónico alguno para estimular mi sexo. ¿Quieres a probar?

Naruto le agarro la mano y la coloco entre sus muslos. La respuesta fue inmediata. El simple contacto se transformo en algo más. Completamente conmocionado, él sintió una onda de calor invadirle el cuerpo que lo llevo a empujar sus caderas contra sus dedos aprisionados. A pesar de la presencia de las personas y el terror estampado en el rostro de Hinata, él no le soltaba la mano.

En el siguiente instante, ella se levantó y huyo del salón. Atónito por su propia reacción, él la vio escapar y no la llamo. Cuando se calmo un poco, pensó que debería alegrarse con el pavor revelado por la mujer. Pero todo lo que sentía era una caricia caliente y latente.