-¡NOOOOOOOOOOOO! -lloraba Hermione a los alaridos, abrazando el cuerpo sin vida Ron de forma desconsolada-. ¡NOOOOOOOOOOOOO!

Harry se acercó a ella por detrás y la abrazó con fuerza. Cerró los ojos, reprimiendo sus propias lágrimas. Aquello era demasiado. Demasiado horrible. Ron tenía la mirada en blanco y parecía haber una especie de sonrisa aun en su rostro, como si la expresión que tenía antes de ser golpeado por el maleficio asesino nunca se hubiera borrado.

La gente salía de las casas y los rodeaban en un círculo. Magos y brujas que vivían en el pueblo señalaban a Ron y se miraban entre sí, murmurándose cosas.

-¿Qué pasó? -preguntó un hombre, acercándose a Harry y Hermione.

-Lucius Malfoy -dijo Harry, poniéndose de pie y volviendo a mirar la marca tenebrosa que flotaba sobre Hogwarts-. Lucius Malfoy lo hizo. Avisen eso al Ministerio de la Magia de inmediato. Y díganle que Voldemort está en Hogwarts.

Ante esas últimas palabras, hubo un rumor de voces que se esparcieron entre los habitantes del pueblo como un viento feroz. Muchos miraban al castillo lanzaban gritos o retrocedían asustados.

-Yo iré hacia allá -anunció Harry firmemente. Metió la mano en su túnica y sacó su escoba.

Al escuchar esas últimas palabras, Hermione se incorporó rápidamente, limpiándose la cara.

-Voy contigo.

-No…

-¡VOY CONTIGO! -bramó ella con furia. Temblaba y tenía toda la cara roja.

Harry no pudo decirle nada. Mientras varios magos del pueblo se acercaban al cuerpo de Ron y otros corrían para dar aviso al Ministerio, Harry montó a su escoba y sintió a Hermione subir tras él.

Los dos salieron zumbando en la noche en dirección al castillo, atravesando el cielo a toda velocidad. Harry solo podía actuar, nada más, y parecía que Hermione estaba igual. Era la única forma de no pensar. Actuar sería la única forma de no pensar en lo que acababa de pasar.

Actuar y matar a Lucius Malfoy. Y luego a Voldemort.

Sin embargo, ni bien atravesaron los cerdos alados y entraron en los terrenos del colegio, un hechizo salido de lo que pareció ser el mismo muro de entrada los golpeó. Los había tomado totalmente por sorpresa.

Mientras caían de la escoba, hacia el césped de los terrenos, Harry alcanzó a ver la sombra de un mago, el que había lanzado el hechizo. Se había escondido pegando el cuerpo al paredón que rodeaba los terrenos, desde el lado de adentro.

Y les había dado. Muy, muy fácilmente…

Harry y Hermione impactaron contra el suelo, la Saeta de Fuego de Harry cayó a varios metros de distancia, y todo se volvió negro.

Harry abrió los ojos. Ya no estaban en ese lugar. Ahora estaban en otro lado. Parpadeó varias veces, recobrando el conocimiento, y miró a un lado. Hermione estaba junto a él, atada y amordazada, al parecer dormida, con la cabeza gacha. Notó entonces que él también estaba atado y amordazado con algún paño de tela en la boca. Estaban atados contra una pared, con cuerdas. Sus pies no tocaban el suelo, sino que estaban a varios centímetros de altura. Las cuerdas los sostenían por debajo de los brazos y por el estómago contra la pared tras ellos.

Miró alrededor. Se dio cuenta de que estaban en el Gran Salón. Y todo el mundo estaba allí: Todos los alumnos y profesores estaban atados a las paredes y a las mesas, con cuerdas mágicas, todos amordazados, la mayoría colgando de las tres paredes del Gran Salón opuestas a la mesa de profesores. Y allí, en la mesa más alta, había unas figuras que hicieron que Harry temblara de furia.

Lucius estaba en medio, de pie en el lugar que normalmente era de Dumbledore. Harry también reconoció a los Carrow allí, que había visto una vez en El Profeta, a los padres de Crabbe y Goyle, a Macnair y a Snape, que estaba en su lugar de siempre, entre otros.

Los demás profesores estaban amordazados y miraban a Snape con enfado y resentimiento. Los habían atado a todos entre sí en un gran círculo ante la mesa, en el suelo.

Harry vio que Hermione despertaba, mirando alrededor muy asustada. Se arrepintió de inmediato de haberle permitido ir allí con él. ¿Por qué no la había obligado a quedarse en Hogsmeade? ¿Cómo no vio al mago oculto tras el muro de entrada al castillo? ¿Cómo fue tan estúpido de caer tan fácil?

Pero parecía que toda la escuela había caído fácilmente ante los mortífagos. De alguna forma, se las habían arreglado para atrapar y atar a todo el mundo, a todos los alumnos de todo el castillo, y todos estaban allí. Claro, habrían ido de noche para atrapar a todo el mundo dormido, en sus camas. Con la ayuda interna de Snape, sin Dumbledore, y con todo el mundo atontado por lo que pasaba esos días, no habría sido tan difícil.

Harry vio que un nuevo mortífago al que no había visto antes entraba al Gran Salón. Caminaba con la mirada en alto y llevaba algo en las manos: un caldero, bastante grande, que humeaba y emitía vapores. Avanzó con él y lo depositó sobre la mesa de profesores, delante de Lucius.

-Excelente -dijo este, mirando la poción con satisfacción-. Ahora obtén el ingrediente que nos falta…

El mortífago entonces giró en redondo y buscó con la mirada, hasta que encontró a Harry. Empezó a caminar hacia él, y Harry se retorció, pero no podía zafarse de las cuerdas.

El mortífago se volvió de pronto hacia Lucius, como recordando algo.

-Necesito a alguien -le dijo, algo nervioso-. Alguien que… tú sabes…

-¡La chica! -bramó Lucius, enfadado-. ¡Ve a buscar a la chica, estúpido! ¡La que se ofreció a hacerlo! Está en el vestíbulo.

-Sí, señor, enseguida -dijo este, nervioso, y se marchó al vestíbulo a toda prisa.

Harry lo siguió con la mirada y vio que regresaba con Pansy Parkinson, que no estaba atada, sino que caminaba allí entre ellos como una más. Le murmuraba algo en voz baja y Pansy asentía. Estaba inusualmente seria, pero al parecer no le temía a los mortífagos. El mortífago señaló a Harry mientras le hablaba a la chica al oído, y esta clavó la mirada en Harry y asintió.

Resuelta, Pansy cruzó a zancadas el Gran Salón hasta donde estaba Harry. Sin siquiera mirarlo, cuando llegó a él le puso las dos manos en el cinturón del pantalón y empezó a quitárselo. Hermione se sacudía también, a su lado, pero no podían quitarse el amarre de las cuerdas. Harry sintió que Pansy le desabrochaba el pantalón y se lo bajaba, igual que el bóxer.

Y entonces…

Pansy le sujetó el pene con una mano. Luego se dio vuelta y miró al mortífago.

-Está flácido -le dijo, en una voz seria como la muerte.

-Qué extraño -dijo Lucius desde la mesa de profesores. Harry era consciente de que todo el colegio, atado a las paredes y a las mesas, podían verlo a él y a su pene, que Pansy seguía sosteniendo con la mano. -Pensé que todos estaban sexópatas aquí… ¿Se habrá terminado el efecto? O quizás es por el horario. Quizás no funciona de noche…

-Es por el horario -dijo Pansy, tranquilamente-. Nos ocurre sobre todo luego de las comidas.

-Bien… -Lucius parecía muy preocupado-. No podemos permitir que el Señor de las Tinieblas llegue y vea que todos están en estado "normal", luego de que le aseguré que... ¡Traigan a los elfos de las cocinas de inmediato! ¡Que traigan toda la comida posible! Es evidente que alguna comida contaminada es la que lo ocasiona.

Harry se quedó pensativo. ¿Sería eso lo que les había estado pasando todo ese tiempo? ¿Había algo contaminado en las cocinas?

Varios mortífagos se alejaron, y Harry llegó a ver a Crabbe y Goyle hijos libres también, que les hacían señas para indicarles dónde estaban las cocinas y cómo ingresar.

"Malditos bastardos traidores…", pensó Harry, siguiendo la silueta de Crabbe con la mirada, mientras salían del Gran Salón y desaparecían con los mortífagos.

-¡Tú! -Lucius apuntó a Pansy-. Empieza el trabajo ahora. No podemos perder tiempo. No importa si está flácido. Imagino que Potter no resistirá la lengua de una bella mujer, ¿verdad?

Pansy sonrió. Miró a Harry con malicia desde abajo. Entonces sacó la lengua y la dirigió a su pene, sus ojos brillando a sus pies…

"No te calientes", pensó Harry, cerrando los ojos con fuerza y resistiéndose. "No te calientes".

Pero la boca de Pansy se cerró en su pene y empezó a moverse por él. La lengua le recorría todo el miembro. Pansy realmente era buena dando sexo oral, usaba una técnica que parecía profesional…

No. Tenía que pensar en otra cosa. No podía concederles el gusto. Era consciente de que todo el colegio lo miraba y se estarían preguntando si Harry podía resistir que Pansy Parkinson le diera sexo oral sin tener una erección.

Por ahora su pene seguía flácido, pero la boca de Pansy se movía más y más, y ya no sabía cómo contenerlo…

"Piensa en algo asqueroso", se dijo a sí mismo. "Piensa en Dudley".

Empezó a pensar en Dudley en la ducha. No era algo real, jamás lo había visto, pero se imaginó que Dudley, en sus épocas siendo más gordo que nunca, se pasaba el jabón por un pecho peludo y grasoso. Pero no funcionaba. No estaba funcionando. ¿Acaso lo calentaba Dudley?

Necesitaba pensar en algo no sexual. Nada que tuviera que ver con cuerpos desnudos.

Pensó en Hagrid cavando un hoyo en los terrenos (la lengua de Pansy se sentía cálida en su pene). Luego en Dumbledore paseándose por su despacho (la saliva de Pansy le chorreaba sobre los testículos). Luego en Buckbeak defecando, por algún motivo…

-No funciona -escuchó entonces que decía Pansy, molesta, volviéndose a los mortífagos y señalando a Harry indignada-. Sigue flácido.

Harry se atrevió a abrir los ojos y lanzó una mirada rápida a su derecha. Hermione lucía un poco impresionada por su resistencia y capacidad de auto control.

-La otra chica -dijo Lucius entonces, y señaló a Hermione-. Que lo haga ella.

A Harry se le cayó el alma a los pies. Vio cómo desataban a Hermione y la ponían ante él en el suelo, apuntándola con varias varitas.

-Dale sexo oral -ordenó el mortífago que estaba más cerca-. ¡Ahora! O te mataremos.

-¡No! -se negó ella.

-De acuerdo -el mortífago apuntó a Ernie Macmillan, que estaba atado allí al lado, con la varita-. Lo mataré a él, y si no lo haces seguiremos con la chica que está a su lado. ¡Avada…!

-¡NO, ESPEREN, LO HARÉ! -chilló Hermione entonces. No dejaba de llorar. El mortífago que apuntaba a Ernie sonrió. Era uno de los Carrow.

Hermione, sin dejar de llorar ni temblar por el miedo, se acercó a Harry y abrió la boca. Aquello era horrible. Empezó a darle sexo oral, y lo miró desde abajo con los ojos llenos de lágrimas mientras lo hacía. Harry interpretó claramente la mirada de Hermione, porque la conocía muy bien. Estaba intentando decirle que le siguiera la corriente, porque sino empezarían a matarlos a todos… No tenían alternativa.

Harry no podía contenerse más, de cualquier forma. Aunque odiaba verla llorar mientras lo hacía, el ver la imagen de Hermione dándole placer con la boca se empezó a poner duro. Ante la mirada de todos, Harry sintió que su pene se erguía en la boca de Hermione. Ella lo chupó más y más…

Y entonces…

-Creo que ya falta poco -dijo Carrow, riendo con maldad, mientras sacaba algo de su túnica. Era un frasco de vidrio. -Retenlo en la boca, niña. Hazlo, o los mataremos a todos.

Harry eyaculó en la boca de Hermione. Ella retuvo el semen en su boca, las lágrimas cayendo aun por su mejilla.

-Aquí -dijo Carrow, acercándole el frasco-. Escúpelo aquí.

Hermione obedeció, y Harry vio que escupía su semen en el frasco, que luego Carrow cerró con una tapa.

-Tú, átala de nuevo -le ordenó a otro, mientras andaba a pasos largos hacia la mesa de profesores.

Harry sintió que le subían el pantalón otra vez, y ataban a Hermione de nuevo a su lado. En ese momento, Crabbe y Goyle regresaron con los otros mortífagos de las cocinas. Había unos cincuenta elfos domésticos con ellos, llevando un banquete impresionante, con jamones, carnes, helado, de todo…

-¡Todo el mundo escúcheme! -gritó Lucius-. ¡Comerán todo lo que puedan, ¿me han entendido?! Al primero que intente usar la boca para decir algo, cualquier palabra, lo mataremos sin preámbulos. Tenemos permitido matar a cualquiera excepto a Potter, así que no crean que nos temblará el pulso…

Los elfos repartieron las comidas, y los mortífagos les quitaron a todos los trapos de la boca. La gente comió en silencio, muchos llorando y temblando de miedo, tragando a la fuerza mientras los apuntaban con las varitas y bebiendo jugo de calabaza que les daban los elfos para poder bajar los platos pesados, que ni siquiera tenían ganas de comer a esa hora, a las fuerzas.

Mientras tanto, y mientras él también comía y bebía, ya que Goyle padre lo apuntaba con la varita para que lo hiciera, Harry vio que Lucius recibía a Carrow en la mesa de profesores y tomaba el frasco con el semen de Harry.

Cuando todos terminaron de comer, los mortífagos obligaron a los elfos a que se llevaran los platos y vasos vacíos.

Harry se dio cuenta de que realmente era la comida la que los ponía así, porque se empezó a sentir caliente precisamente en ese momento… ¿Cómo no se había dado cuenta antes? Era realmente obvio, si lo pensaba. Por algo pasaba luego de los horarios en que comían…

-Ha funcionado -oyó que Pansy le decía a Lucius-. Me siento así. Es la comida.

-Perfecto -dijo Lucius, mientras volvían a amordazar a todos para que nadie hablara-. Empecemos entonces. El Señor de las Tinieblas llegará en cualquier momento…

Se hizo un silencio entre los mortífagos. Los demás estaban todos amordazados y lloraban o miraban asustados. Todas las cabezas estaban giradas hacia Lucius. Algunos giraban la cabeza para hacerlo desde las mesas donde estaban atados. Lucius había sacado algo de debajo de la mesa de profesores. Era una bolsa. La abrió sobre el caldero que aun humeaba, y una serie de lo que parecían ser huesos cayeron dentro del caldero, chapoteando.

-Huesos de la pelvis de la madre, obtenidos a la fuerza de su tumba ultrajada -recitó Lucius. La poción pareció cambiar de color.

Entonces, Lucius abrió el frasco que le había llevado Carrow y derramó el semen de Harry en el caldero, que chorreó dentro como un fino hilo blanco.

-Semen del enemigo, quitado a regañadientes -siguió recitando Lucius, mirando la poción con maldad brillando en sus ojos.

Entonces, Lucius se bajó el pantalón delante de todos. Levantó una daga, la bajó con rapidez y se amputó a sí mismo el pene. Su miembro cayó dentro del caldero salpicando, y el mago reprimió un grito de dolor, mordiéndose los labios.

Lagrimeando, Lucius volvió a hablar.

-Pene del vasallo, entregado voluntariamente -dijo entonces. Harry sintió al menos un poco de satisfacción en medio de ese horror, al ver un círculo rojo en el lugar donde Lucius había tenido el pene momentos atrás.

El mago se volvió a subir el pantalón, casi llorando por el dolor que debía sentir, pero siguió hablando, lentamente, como recitando un poema:

-El gran pene del Señor de las Tinieblas… se alzará de nuevo.

La poción cambió de color una vez más y emitió más vapor y humo que nunca.

Entonces, Harry giró la cabeza hacia la entrada del Gran Salón, y quedó de piedra:

Lord Voldemort acababa de entrar. Tenía una larga capa negra que caía sobre el suelo. Su rostro estaba pálido y sin nariz. Sus ojos rojos. Giró la cabeza hacia un lado y sus ojos se clavaron de inmediato en Harry, que sintió que la cicatriz le explotaba de dolor.

La hendidura en su cabeza que tenía en lugar de labios se curvó en una sonrisa. Sin decir nada, Voldemort avanzó hasta llegar a la mesa de profesores, ante Lucius.

-Está lista, mi señor -dijo Lucius, haciendo una profunda reverencia mientras señalaba la poción y quedándose allí inclinado ante Voldemort.

-Bien -dijo él, con un susurro como de serpiente, muy agudo.

Voldemort giró y se volvió a los alumnos y profesores.

-Bienvenidos, Hogwarts -dijo, con su voz chillona-. Bienvenidos a mi gran masacre. He venido hoy para follarme y luego matar a todos ustedes. ¿Por qué, se preguntarán? Por un solo motivo: Harry Potter.

Señaló a Harry con un dedo pálido de uñas quebradas y amarillas, y todas las miradas en el Gran Salón giraron hacia Harry.

-Verán, este muchacho ha escapado de mí demasiadas veces -dijo Voldemort-. Y ya me tiene cansado… Por eso mi venganza hacia él no podía ser menos que esto. Verá como me tiro a todos ustedes, y ustedes lo disfrutarán, porque están bajo los efectos de este suceso extraño que Lucius me dijo que ocurre casualmente en el castillo… No, yo no lo inicié -añadió rápidamente-. Me hubiera gustado hacerlo, quizás. No sé por qué se habrá iniciado, pero es una agradable coincidencia. Aprovecharé la situación. Me los follaré y luego los mataré, aquí en este salón. Tú, Potter, dedícate a mirar y sufrir. Porque de eso se trata todo. Es mi venganza hacia ti. Y luego haré lo mismo contigo. Te follaré como nunca te han follado, antes de matarte.

"Claro que para llevar a cabo esta misión tenía que prepararme bien. Por eso la poción que Lucius ha hecho para mí.

Algo captó la atención de Harry. De súbito y sin previo aviso, Snape había sacado su varita, estando Voldemort de espaldas a él, y la había apuntado hacia él sin que nadie pareciera darse cuenta, por la espalda.

-¡AVADA KEDABRA! -bramó Voldemort al instante, girando sobre su talones. Su hechizo llegó primero: golpeó a Snape en el pecho y lo hizo caer hacia atrás, muerto en el suelo. Era como si hubiera podido presentir que estaba por ser atacado, aunque no lo pudiera ver.

Harry tenía los ojos desorbitados. No podía creer todo aquello.

-Vaya, eso no me lo esperaba -admitió Voldemort muy sorprendido. Pero entonces miró a los mortífagos con violencia, y ellos dieron un paso atrás, asustados. -Retiren el cadáver. No importa… Como les decía…

Retomó la conversación como si nada. Harry comprendió que Snape no era en verdad leal a él y había querido matarlo en un momento de distracción, pero le había salido mal…

-Morirán por culpa de Harry Potter. Y tú, Potter, sufrirás. Sufrirás mientras me ves follar a todos tus amigos y profesores. Mientras sufres, quiero que recuerdes cada cosa que me has hecho, cada vez que has escapado de mí… Y entiendas que estas personas están siendo folladas y asesinadas por tu culpa. Empecemos.

Entonces, tomó el caldero con ambas manos y se lo llevó a la boca.

Todos presenciaron cómo Voldemort bebía la poción que había hecho Lucius. Parte de ella le chorreó por la cara. Era repugnante.

Y entonces…

Algo enorme se agitó bajo la túnica de Voldemort. Era como si algo se retorciera en su pelvis. Y crecía bajo la túnica, en tamaño y proporciones, mientras se retorcía de un lado a otro, como una serpiente desquiciada, hasta adquirir el tamaño de un tronco de árbol joven.

Una sonrisa se dibujó en los ojos rojos de Voldemort.

-El gran Pene de las Tinieblas… se alzará de nuevo -dijo, riendo a carcajadas.

Y entonces aquella cosa salió por debajo de su túnica, y la vieron.

Era un pene enorme, pero como Harry nunca había visto uno antes: Debía medir más de dos metros de largo y cincuenta centímetros de ancho. Se retorcía como con vida propia igual a como lo haría una serpiente, y la cabeza, si bien tenía la forma de una cabeza de pene, tenía lo que parecían ser dos ojos de serpiente amarillos, con las pupilas en forma de raya de una serpiente, y del pequeño agujero en la punta salía una diminuta lengua de serpiente que se relamía…

-¡JA, JA, JA, JA! -rió Voldemort, a carcajadas-. ¡Contemplen todos… el gran Pene de las Tinieblas!

Sus ojos pasaron entre las miradas horrorizadas de todos los presentes, con ese pene enorme retorciéndose en el aire ante él, como con vida propia.

-Bien… -dijo, sus ojos deteniéndose con maldad en la mesa de Gryffindor, donde varios alumnos de esa casa estaban atados-. ¿Quién será el primero?