Hubo un ajetreo entre todas las personas que estaban atadas a las mesas y paredes, porque la comida los había puesto cachondos a todos, y pronto varios intentaron levantar las manos o hacían gestos con la cabeza indicándole a Voldemort que querían que se los follara. Harry podía ver la desesperación en los rostros. Todos estaban sudando, muriendo de ganas de tener sexo, frotándose contra las sillas y las paredes, o contra las personas que tenían al lado, sin control. Incluso Harry sentía unas desesperadas ganas de que Hermione o incluso Pansy volvieran a ser forzadas a darle sexo oral.

Voldemort reía mientras caminaba entre las mesas, su capa arrastrándose en el suelo. Los mortífagos también reían, desde la mesa de profesores. A medida que Voldemort pasaba, con su enorme pene moviéndose con vida propia ante él, la gente lo miraba con los ojos muy abiertos. Niños de todas las edades de Hogwarts parecían querer indicarle con la cabeza que querían que los eligiera a ellos para follar.

-Tan patético -dijo Voldemort, sonriendo con maldad-. Asquerosos niños desesperados por un poco de sexo… Pero soy un señor misericordioso… Les daré el placer de cumplir su deseo… antes de morir.

Caminó hasta la otra punta de la mesa de Gryffindor y se detuvo ante una adolescente. Harry entornó los ojos para mirar mejor y se dio cuenta de que era Katie Bell.

-Tú -le dijo, relamiéndose la boca-. Tú serás la primera.

Katie pareció ponerse muy contenta de ser elegida. No dejaba de sacudirse contra sus cuerdas, mirando a Voldemort y alzando las cejas. Moría de ganas de tener sexo.

Rápidamente, el gigantesco pene de Voldemort rodeó a la chica como una serpiente, envolviéndole en todo su cuerpo. Voldemort la apuntó mientras tanto con su varita, e hizo que su túnica y su ropa interior volaran a varios metros de distancia con un solo hechizo, dejándola completamente desnuda al instante.

Sin embargo, Harry no llegaba a ver demasiado del cuerpo desnudo de Katie (por lástima, porque moría de ganas, con toda la calentura que sentía) porque el pene de serpiente la envolvía por completo y se frotaba contra ella. Las cuerdas se le soltaron, y Katie se puso de pie.

Entonces Harry pudo verla desnuda: el pene la había soltado y la chica corrió hacia Voldemort, temblando por la urgencia sexual.

-Me someto a sus deseos sexuales, mi Señor -le dijo, poniéndose de rodillas ante él y mirándolo a los ojos, mientras se tocaba los senos a sí misma con una mano, y se tocaba abajo con la otra, masturbándose.

Harry sintió una mezcla de sensaciones. Por un lado, le resultaba terrible y angustiante ver a Katie rebajarse de esa manera por no poder contener el deseo sexual, ante alguien tan horrible como Voldemort. Por otro lado, sentía una calentura tan inmensa que moría de ganas de ver más de la escena sexual entre ella y Voldemort, para darle a su mente algo del tan ansiado sexo que se desesperaba por experimentar.

La cabeza del Pene de las Tinieblas rozó el cabello de Katie y lo alborotó, y luego le acarició la cara. La chica respiraba muy agitada, manteniéndose de rodillas a los pies de Voldemort.

Entonces, con un rápido movimiento, el gigantesco pene de serpiente se dirigió hacia abajo, y empezó a moverse y a girar de forma rápida y desesperada en su vagina.

-¡OHHHH! -chilló Katie, con mezcla de dolor y goce. No parecía que la hubiera penetrado aun, sino que se movía sobre sus partes, rozándola con rapidez. Era demasiado grande para penetrarla. Parecía imposible que pudiera hacerlo, tenía como cincuenta centímetros de ancho, era de hecho más ancho que la misma chica. Era simplemente enorme.

Como si acabara de leerle la mente a Harry respecto a esto, el pene de pronto hizo algo asombroso: empezó a dividirse en partes. Lo que inicialmente era un solo pene se fue abriendo y fue desarmándose en distintos miembros más finos, aunque igual de largos, hasta que unos cinco penes quedaron saliendo de Voldemort. De cualquier forma, cada uno seguía teniendo unos diez centímetros de ancho.

Cada uno de los cinco miembros se retorcía en el aire y tenía su cabeza de serpiente igual al original.

-Tú -ordenó Voldemort, señalando a la mesa de Hufflepuff. Varios mortífagos se apresuraron a desatar a la persona que señalaba: Hannah Abbott. -Y tú -señaló más allá, en la mesa de Ravenclaw, a Michael Corner-. Y tú -desataron a Ginny-. Y tú -dijo finalmente, y desataron a Cho Chang.

Con una sola sacudida de varita, Voldemort hizo que los cuatro nuevos alumnos quedaran completamente desnudos y de rodillas ante él también.

Al instante, los penes empezaron a moverse sobre los cuerpos de ellos. Los rozaban, acariciaban, masajeaban sus partes… Un pene enorme envolvió a su vez el pene de Michael y empezó a masturbarlo, mientras otro se escurría dentro de la vagina de Cho Chang, que lanzaba gritos pero parecía disfrutarlo, otro apretaba los senos de Ginny con fuerza y otro se metía en la boca de Hannah Abbott.

-Síííííí… Sííííí -Voldemort echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos, como si estuviera sintiendo y disfrutando del sexo con sus cinco penes, gozándolo tanto como los chicos, que se retorcían de placer mientras Voldemort les daba sexo.

Michael Corner, codiciando a Voldemort, tomó el pene de serpiente y lo llevó a su trasero, donde empezó a frotarlo mientras ponía los ojos en blanco y abría la boca emitiendo gemidos de placer. Cho Chang ya no gritaba, y en cambio gemía de placer mientras el pene enorme se metía en ella y salía a toda velocidad, sus diez centímetros de grosor dentro de su vagina, que Harry podía ver claramente a la luz de las velas del Gran Salón, con el enorme pene oscuro entrando varios centímetros dentro suyo y luego saliendo, los ojos de la cabeza de serpiente siendo visibles unos segundos antes de meterse otra vez.

Ginny le daba sexo oral a su pene, al mismo tiempo que este se frotaba entre medio de sus pechos, como una serpiente escurriéndose por dos montañas enormes. El pene era tan largo que bajaba por su abdomen y se enredaba en sus piernas, llenándolas de un líquido verde resbaloso que parecía que emitía a modo de lubricación.

Hannah Abbott se puso boca abajo, de rodillas, dándole la espalda a Voldemort, y se abrió los glúteos con ambas manos. El pene oscuro que estaba con ella empezó a rosarle el ano, y la cabeza de serpiente empezó a abrírselo, chorreando líquidos verdes por sus piernas y muslos. Luego se empezó a meter dentro, mientras la chica lanzaba gritos de goce y placer.

-¡Ohhhh! ¡Ohhhhhhh! -chillaba Hannah. Harry estaba tan caliente mientras miraba aquello que se quedó deseando poder vivir de vuelta aquel día en que casi se folla a Hannah en un aula vacía.

-Desaten a esos -ordenó Voldemort con una leve nota de agite en la voz, señalando a un grupo de alumnos de Ravenclaw. Obedientes, los mortífagos desataron a Luna Lovegood, Anthony Goldstein, Marietta Edgecombe, Padma Patil y Terry Boot.

Voldemort agitó su varita y todos quedaron desnudos y volaron por los aires hasta quedar delante de él. Cada uno quedó pegado a una de las cinco personas que ya estaban siendo folladas por Voldemort, como esperando su turno.

Entonces, los cinco penes salieron a la vez de las personas que estaban penetrando y empezaron a penetrar a los nuevos:

Uno enorme se metió por la vagina de Padma, que empezó a gritar y gemir mientras el miembro se retorcía dentro de ella, desapareciendo en su interior como una serpiente escurriéndose en zigzag en un hoyo; otro se enroscó por el cuerpo desnudo de Luna, que lo miraba con curiosidad, y la chica empezó a acariciarlo mientras este le rozaba las piernas, los glúteos y los senos.

Otro le dio unas nalgadas a Marietta con la cabeza, como cachetazos, y ella hizo un sonido como indicando que había gozado de aquello y sacó las nalgas más afuera, como pidiendo más. Anthony abrió la boca y se metió el suyo entero, dándole sexo oral de una forma bastante profesional que parecía indicar que ya había hecho aquello antes; y Terry se empezó a masturbar con ganas mientras el suyo le acariciaba y recorría el cuerpo.

En un momento, los cinco penes dejaron a sus ocupantes actuales y regresaron a los anteriores. Uno se metió dentro de Ginny, penetrándola y haciéndola gemir de placer, metiéndose y saliendo con una velocidad que Harry no había visto nunca. Ginny se sujetaba los pechos con ambas manos porque estos bailaban como locos, oscilando como si un taladro se le hubiera metido dentro.

Otros dos agarraron a Cho Chang y la levantaron unos centímetros en el aire. Mientras uno de los penes la sujetaba por debajo de los brazos en alto, sus pechos desnudos cayendo a la vista de todo el colegio, otro de los penes le abrió las piernas, y entonces apareció un tercero, soltando a Hannah, que subió por sus piernas, enroscándose en ellas, hasta llegar a su coño y empezó a abrirlo con la cabeza, agitándose en círculos, hasta que toda la cabeza quedó adentro y luego parte del tronco, chorreando un líquido verde por las piernas de Cho hasta el suelo.

-¡OOOOHHHHHH! -chillaba Cho, en éxtasis-. ¡OOOOHHHHHHHHHHH!

-Aten de vuelta a estos -ordenó Voldemort, señalando a Hannah, Anthony, Terry, Marietta y Padma-. No me gustan.

Los mortífagos obedecieron y se llevaron a esos cinco a un lugar muy apartado, donde los ataron nuevamente entre sí, en un círculo, sobre el suelo.

Voldemort entonces se concentró en los cinco que más había gozado penetrar: Uno de sus cinco penes se metió en Ginny, otro puso a Cho en cuatro y empezó a penetrarla por detrás, otro se metía por el trasero de Michael Corner, que gritaba de goce, otro recibía sexo oral por parte de Luna, que parecía disfrutar mucho chupando la cabeza de serpiente, y otro hacía un buen rato que penetraba a Katie Bell contra el suelo, enroscado en todo su cuerpo y metiéndose y saliendo a toda velocidad por su vagina, y no parecía que fuera a ir a largarla pronto.

-¿Te gusta lo que ves, Potter? -dijo entonces, girando la cabeza hacia Harry y sonriéndole con mucha maldad-. Mira cómo me tiro a las personas que más valoras, Potter. Mira cómo se rinden ante mí, ante mi majestuoso pene oscuro…

Ginny tenía las piernas abiertas de par en par y gritaba mientras su coño se abría como nunca (incluso un poco más que con Hagrid), recibiendo el dotado miembro del mago oscuro; Cho estaba en cuatro y su trasero se erguía, el pene de Voldemort ingresando por él; Katie gemía más y más; Luna se apartó el cabello rubio de la cara para que pudieran verla mejor mientras tragaba más cantidad de miembro viril de Voldemort…

Como un niño en una dulcería, los ojos rojos de Voldemort, que ahora parecían brillar con una especie de urgencia sexual que Harry nunca había visto antes en el mago oscuro, seguramente producto de la excitación que empezaba a sentir al penetrar a esos alumnos; empezaron a recorrer el Gran Salón con la mirada, buscando nuevas presas, como tratando de elegir lo mejor de lo que había disponible.

-Los quiero a ellos -dijo de pronto, señalando a Fred y a George. Dos mortífagos se acercaron a los gemelos con las varitas en alto, y los desataron. -Y a ella -señaló a Romilda Vane-. Y a él -señaló al profesor Flitwick -y a ella-. Señaló a McGonagall.

Los cinco penes de Voldemort dejaron a sus presas actuales y las apartaron a un lado sin ningún tipo de afecto posible, sino más bien con total repudio y rechazo. Los cinco estudiantes fueron golpeados por los miembros enormes y volaron varios metros a un lado, cayendo desnudos sobre el suelo. Todos miraron a Voldemort como si alguien muy querido los hubiera tratado mal de pronto.

-Yo te quería… -musitó Katie, con los ojos llorosos, sujetándose el pecho desnudo con ambas manos.

Varios mortífagos se acercaron a ellos, amenazadores, los levantaron del suelo con violencia y los ataron entre sí, dejándolos desnudos en el suelo muy cerca de donde estaban Harry y Hermione.

Harry vio que Luna giraba la cara hacia él y lo miraba. Parecía aun muy caliente. Más que horror o tristeza, parecía haberse quedado con muchas ganas de sexo aun insatisfechas.

Pero Voldemort tenía nuevos amantes para que le dieran placer: Ahora McGonagall estaba desnuda ante él, y uno de los penes le acariciaba la cara, relamiéndose la lengua de serpiente, y le tiró los anteojos al suelo, para luego desatarle el rodete y dejar que su cabello cayera suelto sobre sus hombros desnudos. Flitwick había sido desnudado también, y otro de los penes le acariciaba los testículos mientras el bajito mago lanzaba risitas nerviosas.

Junto a ellos, en medio del Gran Salón, Fred y George fueron colocados uno ante el otro, desnudos, y dos de los penes los acariciaban por la espalda.

-Mastúrbense -les ordenó Voldemort, apuntándolos con la varita-. ¡IMPERIO!

Fred y George, bajo el maleficio imperius, empezaron a tocarse los penes el uno al otro y a masturbarse, mientras los penes de Voldemort les rozaban los traseros y empezaban a meterse por detrás en ellos.

El último pene estaba dentro de Romilda Vane, que gritaba pidiendo sexo mientras miraba a Voldemort con algo parecido a furia en la mirada, como desafiándolo a que se lo hiciera más fuerte y de forma más intensa.

-¡DAME MÁS, VOLDY! -le gritó, relamiéndose los labios con la lengua-. ¡QUIERO MÁS…! ¡OHH! ¡SÍ, ASÍ!

El pene oscuro se había metido mucho dentro suyo, y a Harry le sorprendió que ella no mostrara señales de dolor ante tal penetración. ¿Cuánto sexo habría tenido Romilda antes de esa noche?

Fred y George empezaron a penetrarse entre sí guiados por el maleficio de Voldemort.

-¡Toma esta, Fred! -gritaba George, dándole por detrás.

-¡Más fuerte, George, ¿así es como te enseñé a penetrar a alguien?! -se burlaba el otro.

McGonagall y Flitwick también estaban besándose y empezaron a tener sexo entre sí, mientras los penes de Voldemort se les metían por la vagina y el ano. Flitwick movía su diminuto pene por el trasero de la profesora, al parecer nervioso y caliente a la vez.

-¿Lo estás disfrutando, Potter? -dijo Voldemort entonces, que ya empezaba a respirar algo agitado, y de pronto los apartó a todos de un golpe seco de penes, otra vez, y los mortífagos se llevaron a las víctimas sexuales del Señor de las Tinieblas a un lado. -Pero no es suficiente. No. Necesito algo más… Algo que te haga sufrir más, que te haga sentir el dolor… Pero, ¿quién puede ser? ¿Quién…?

Y entonces, la maligna mirada de Voldemort cayó sobre Hermione, que abrió mucho los ojos con terror.

Una sonrisa endiablada se dibujó en el rostro de Voldemort.

-La quiero a ella -dijo, señalando a Hermione.