Voldemort había atravesado el aire con su varita como una cuchilla justo por debajo de la rodilla izquierda de Harry, y había cortado su cuerpo en dos en ese punto exacto; de forma que la pierna izquierda de Harry quedó amputada del resto de su cuerpo. Harry cayó hacia atrás, sobre un charco de la sangre de su pierna, que cayó en el suelo dividida del resto del cuerpo.
Por unos instantes, Harry quedó inerte en el suelo. Luego abrió los ojos, empezó a gritar de dolor y se llevó ambas manos a la pierna, apretando con fuerza encima del muñón, que sangraba copiosamente. Su pantorrilla y pie izquierdos estaban separados del resto del cuerpo, a cierta distancia, y Harry los miraba con los ojos abiertos en horror.
-De esta forma no podrás correr para huir de mí, como siempre haces -le susurró Voldemort, con los ojos brillando de furia-. No he terminado contigo. Dije que te follaría antes de matarte, y eso haré.
Entonces, Voldemort se apartó de él y se dirigió a sus mortífagos.
-¡Ustedes! -gritó a Crabbe y Goyle padres-. ¡Vayan a buscar a la sangre sucia! ¡Rápido!
-¡Sí, señor! -dijeron ellos. Harry vio, horrorizado, que los dos hombres corpulentos corrían hacia el vestíbulo con sus varitas en alto.
"Por favor, escapa, Hermione", pensó. "Que hayas escapado, Hermione…"
Harry se apretaba el muñón de la pierna con todas sus fuerzas, para no desmayarse por la pérdida de sangre. Voldemort tenía razón, sin embargo: sin pierna, no podría llegar muy lejos… Se quedó allí tendido en el suelo, observando lo que pasaba mientras sufría aquel insoportable dolor.
Ahora, Voldemort hacía otras indicaciones a sus mortífagos, que corrían por todo el Gran Salón, obedeciéndolo. Todos temían a la furia de su Señor, porque Voldemort estaba más enojado de lo que jamás nadie lo hubiera visto, por la pérdida de su pene oscuro, y estaba claro por su mirada colérica que cualquiera que se atreviera a negarse a sus órdenes moriría en el momento.
-¡Sáquenles las cuerdas a todos, suéltenlos! -ordenaba, apuntando a todos los alumnos y profesores-. ¡No tienen varita, no escaparán! ¡Contrólenlos! ¡Pero los quiero sueltos a todos!
Los mortífagos soltaron a todo el mundo, y apuntaban a todos con sus varitas, de forma amenazadora. Ningún alumno ni profesor se atrevió a moverse. Todos parecían normales ya, y miraban a los mortífagos llenos de miedo.
-Cuando dé la orden, disparen a matar -dijo Voldemort, y Harry sintió que su corazón latía golpeando con fuerza contra su pecho-. Tal como dije que haríamos. No habrá sobrevivientes. Todos morirán. Todos los alumnos, y todos los profesores. Cuando haya terminado la masacre, me follaré a Potter, y luego lo mataré personalmente. A mi orden…
Levantó la mano, furioso, y todos los alumnos lanzaron gemidos ahogados y se abrazaron entre sí, llorando. No podían huir, porque las varitas de todos esos mortífagos los apuntaban y sabían que al primer intento de correr dispararían a matar de todas formas.
Voldemort se quedó unos segundos con la mano en alto. En cuanto la bajara, los mortífagos dispararían a matar…
Voldemort empezó a bajar la mano, dando la indicación de que abrieran fuego.
Pero entonces, antes de que los mortífagos pudieran hacerlo…
¡PAF!
Los altos ventanales del Gran Salón estallaron en pedazos. Al menos cincuenta escobas voladoras ingresaron a la vez al enorme lugar, sobrevolando sobre las cabezas de los mortífagos.
-¡ALLÍ ESTÁN! -bramó Madam Rosmerta, desde una de las escobas, señalando a los mortífagos abajo-. ¡A ellos! ¡Abran fuego!
Una enorme cantidad de magos y brujas provenientes de Hogsmeade se lanzaron en picada sobre los mortífagos.
-¡¿QUÉ ESTÁN ESPERANDO?! -les gritó Voldemort a los mortífagos, mientras lanzaba maleficios asesinos a las escobas que ingresaban-. ¡DISPAREN!
-Pero señor -dijo Carrow, con timidez-. ¿No asesinamos a los estudiantes…?
-¡OLVÍDENSE DE LOS ESTUDIANTES, IDIOTAS! ¡DISPAREN A LAS ESCOBAS! ¡A LAS ESCOBAS!
Todos los mortífagos dispararon hacia arriba, y eso pareció ser la señal que todos los alumnos necesitaban: Todos empezaron a gritar y a huir del Gran Salón a toda velocidad, tropezando entre sí y agitando los brazos en el aire.
-¡Aquí tienen! -gritó Aberforth, el hermano de Dumbledore, lanzando muchas varitas a todos los profesores desde su escoba voladora. Los profesores se pusieron de pie, tomaron las varitas y atacaron a los mortífagos también.
En ese momento, nuevas escobas ingresaron por los ventanales destruidos: aurores, magos del ministerio, y, según pudo notar Harry con esperanzas renovadas, la Orden del Fénix.
-¡A ELLOS! -gritó Tonks, alzando su varita en el aire, y bajó en picada sobre un grupo de mortífagos. Ojoloco Moody y otros bajaron a su lado, lanzando gritos de guerra.
Se armó una batalla impresionante, y Harry se arrastró por el suelo con las manos y la pierna que le quedaba, tratando de colocarse bajo la mesa más cercana, que era la de Slytherin, para evitar ser golpeado accidentalmente por los maleficios que rebotaban por todos lados.
Los estudiantes habían huido del Gran Salón, y Harry vio que abandonaban también el castillo: oía sus pasos bajando por la breve escalinata de piedra hacia los terrenos del colegio, huyendo lejos de allí. Como él había caído cerca de la mesa de Slytherin, nadie le había ofrecido ayuda. Los alumnos de esa casa habían huido pasando por delante de él, ignorándolo.
-¡Potter! -gritó una voz-. ¡Potter!
La profesora McGonagall se acercaba a él, corriendo. Vio la herida de su pierna y su rostro se ensombreció, su labio temblando. Harry vio que la profesora hacía un conjuro con su varita sobre su muñón, al tiempo que esquivaba maleficios asesinos moviéndose de un lado al otro, una batalla brutal teniendo lugar entre Voldemort y los mortífagos contra los otros magos sobre ellos. Entonces, Harry sintió un ardor en su pierna, y al mirarse notó que había dejado de sangrar: el muñón había cicatrizado, y parecía estar cerrado y limpio.
Aunque claro, había perdido la mitad de su pierna izquierda, que ahora estaba a varios metros de él, sobre un charco de sangre.
-Toma -McGonagall le puso una varita en la mano, y se dio vuelta justo en el momento en que un maleficio asesino golpeaba a Flitwick a su lado, que cayó muerto a pocos pasos de distancia. -¡NOOOOO! -bramó McGonagall, y se transformó. Harry jamás la había visto tan furiosa. -¡HIJOS DE PUTA!
La profesora McGonagall empezó a correr y a disparar a los mortífagos, olvidando a Harry completamente. Este miró su pierna faltante, y la varita en su mano. No podía correr con una sola pierna. Sin embargo, tuvo una idea…
-¡ACCIO SAETA DE FUEGO! -gritó, apuntando hacia la puerta del vestíbulo.
Mientras esperaba, Harry se arrastró un poco más por el suelo, mirando alrededor muy alerta. Voldemort estaba ocupado, porque lo atacaban entre unos cincuenta magos. Pero se defendía majestuosamente de todos, ondeando su varita sobre su cabeza y lanzando hechizos de todos colores. Muchos de los magos que lo atacaban caían muertos a sus pies.
¡ZUUUUMMM!
La Saeta de Fuego apareció por la puerta del vestíbulo y voló hacia Harry. Tal como había ocurrido en la primera prueba del Torneo de los Tres Magos, la Saeta se detuvo a su lado, esperando a que la montara.
Con esfuerzo, y sujetándose de la mesa de Slytherin, Harry se puso de pie sobre el pie que le quedaba y pasó la parte superior de su amputada pierna izquierda sobre la escoba. Luego se acomodó arriba, dio una patada al suelo con el pie derecho y emprendió vuelo.
Salió zumbando del Gran Salón, porque había tal cantidad de rayos volando por todos lados, que si no lo hacía sería golpeado por uno en cualquier segundo. Además, su prioridad en ese momento no era atacar a los mortífagos…
-¡HERMIONE! -empezó a gritar desde su escoba, por el vestíbulo-. ¡HERMIONE!
Sabía que Crabbe y Goyle padre habían ido por ella, pero no sabía si ella había huido hacia los pisos superiores por la escalera de mármol o por la escalinata hacia los terrenos exteriores.
Harry voló sobre la Saeta hacia los terrenos del castillo a través de las puertas principales de roble y vio una hilera larguísima de alumnos que corrían hacia las verjas de entrada, y más allá también, por el camino hacia Hogsmeade. Todos huían del castillo despavoridos, los de Slytherin empujando a los otros y lanzándolos a un lado mientras se les adelantaban.
-¡Oye! -Harry alcanzó a Seamus volando sobre su escoba. Este huía en medio de un grupo de Gryffindor. -¿Has visto a Hermione?
-¡No! -dijo Seamus, con sus ojos desorbitados-. ¡Huye, Harry! ¡Te quiere a ti! ¡Vete de aquí!
-No me voy a ningún lado… -dijo Harry, paseando la mirada por los terrenos, tratando de ubicar la melena de Hermione en algún lado.
-¡Harry, yo sí la vi! -dijo alguien, abriéndose paso entre un grupo de alumnos para llegar a él. Era Cho Chang.
-Cho -Harry abrió grandes los ojos. La chica aun estaba desnuda, y se tapaba los pechos con un brazo y abajo con la otra mano.
-La vi, yo estaba en un ángulo donde llegaba a ver el vestíbulo cuando ella huyó -le dijo Cho-. La vi subir por las escaleras de mármol… hacia los pisos superiores. No sé a donde habrá ido después.
-Gracias, Cho -dijo Harry. Ella asintió con la cabeza, y entonces se reincorporó a la marea de alumnos que huían y continuó corriendo hacia las verjas de entrada, su trasero pálido a la vista de todos.
Harry giró la escoba y oyó que Seamus y Dean le gritaban que huyera con ellos, mientras corrían hacia las verjas. Pero Harry no lo hizo. Encaró nuevamente hacia el castillo, volando a toda velocidad. Estaba por llegar, cuando un fuerte estruendo como un disparo resonó sobre los terrenos, a la altura de la cabaña de Hagrid.
Harry frenó en seco y giró la escoba para mirar qué había pasado. Había una moto voladora, como la de Hagrid pero sin el carro lateral, que volaba hacia la puerta de entrada al castillo por el cielo nocturno.
La moto aterrizó en el césped y derrapó a escasos metros de Harry. Era una moto muy cool, de hecho, estilo década de los ´80, y el mago que la montaba, que iba encapuchado, llevaba una campera de cuero con mucho estilo y unos lentes para el sol que impedían verle la cara, a pesar de que era de noche.
-¿Quién eres tú? -le espetó Harry, apretando su varita en la mano.
-Soy el Campeón de Hufflepuff -dijo el mago recién llegado, con voz misteriosa-. He venido a ayudar.
-¿A ayudar? Pero… Espera, ¿quién dijiste que…?
-El Campeón de Hufflepuff -repitió él, escondido bajo su capucha de forma misteriosa. Sus lentes para el sol también eran muy cool, y tenía una barba prolija estilo hipster que parecía haber sido recortada por algún barbero. -No quieras saber quien soy, Harry. Mi identidad debe permanecer en secreto. Pero he oído que hay problemas aquí, y he decidido venir a darles una mano.
Harry entornó los ojos, examinando al extraño. ¿Campeón de Hufflepuff? ¿Campeón…? Entonces su rostro se tensó, y Harry lo miró incrédulo.
-¿Cedric? -preguntó-. ¿Cedric Diggory?
Lanzando un resoplido de derrota, el mago se quitó la capucha y los lentes. Harry se quedó pasmado. Era Cedric Diggory.
-Cedric, ¿qué…? ¿Qué haces aquí? ¿Cómo es posible? Yo… ¡Yo te vi morir!
-No, Harry, no me viste morir -explicó él rápidamente, acomodándose el prolijo cabello que llevaba con algún producto haciéndolo lucir sumamente atractivo, mientras miraba hacia arriba de una forma que hubiera quedado muy bien en la portada de Corazón de Bruja-. No era yo quien murió esa noche. Pero no tengo tiempo de explicártelo, es una larga historia.
-Pero, no es posible -insistió Harry. Cedric lanzó otro suspiro y lo miró desde arriba frunciendo un poco el ceño.
-Bien, te lo explicaré rápidamente -dijo-. Harry, no soy quien tú crees. Soy un vampiro.
-¿De verdad? -Harry sabía que los vampiros existían en el mundo mágico, pero no eran muy comunes.
-Sí, de verdad -explicó Cedric-. El año pasado, cuando me viste entrar en el Torneo de los Tres Magos, no era yo realmente. Era en verdad la elfina doméstica de mi familia, Wonka, con poción multijugos. Ella se hizo pasar por mí durante todo el año, y luego murió en ese cementerio luciendo como yo.
-¿Wonka?
-Willy Wonka -explicó Cedric, serio-. Así se llamaba. Fue lo mismo que con Moody. Todo el año, creíste que conocías a Moody y a Cedric. Pero en verdad eran Barty Crouch Jr. y mi elfina doméstica, Wonka. Mi padre fingió que lloraba cuando apareciste con el cuerpo de ella en el laberinto, en la tercera prueba, para que nadie sospechara. Y luego la enterró a ella con mi aspecto. Pero él sabía todo. Sabía que, como yo no podía ir a Hogwarts ese año, porque tenía algo más importante que hacer, había enviado a nuestra elfina a que cursara todo el año haciéndose pasar por mí. Y ella había acabado cayendo en el Torneo de los Tres Magos.
-Pero Cedric, ¿qué hacías tú? ¿Qué era tan importante para perderte todo el año escolar y enviar en cambio a tu elfina bebiendo poción multijugos?
Cedric se acomodó el cabello de forma sexy y miró a Harry entornando los ojos.
-No puedo decírtelo, Harry, solo te diré que mi mujer me necesitaba.
-¿Tú mujer?
-Se llama Bella -dijo él-. Ella y Jacob, el hombre lobo, estaban en problemas… pero es una historia muy larga. Tan larga, de hecho, que llevaría varios libros y películas explicarlo. Escucha, Harry, he venido aquí esta noche, dejando a mi Bella sola, para ayudarte a ti, porque sabía que me necesitabas. Dime, ¿en qué puedo ayudar?
-Bien -Harry pensó a toda velocidad-. Necesito, Cedric, que entres al Gran Salón. Hay una gran batalla allí entre mortífagos y magos de nuestro bando -Cedric asentía con cada frase de Harry, acomodándose el cabello compulsivamente-. Hay una espada, la espada de Godric Gryffindor. Estaba en el suelo la última vez que la vi, cerca de la mesa de profesores. Es peligroso. Hay maleficios volando por doquier. Pero tengo el presentimiento… Sé que esa espada logrará derrotar a Voldemort de una vez por todas. No sé cómo, pero lo sé. Confía en mí. Necesitamos esa espada. Solo clavándole esa espada podremos derrotarlo.
Cedric abrió mucho los ojos.
-¿Espada de Gryffindor, dijiste? Harry, no lo sé, yo… Yo no soy…
-Cedric -Harry apoyó una mano en su hombro, serio-. Tú puedes.
-No, Harry, no lo creo, yo… Yo no soy tan fuerte, solo soy un…
-Sé que la espada es de Gryffindor, pero tú podrás empuñarla.
-¿Cómo lo sabes?
-Porque, esta noche, no se trata solo de una espada de Gryffindor… Esta noche, es una espada de Hogwarts. Y tú no eres solo el Campeón de Hufflepuff… Tú eres el Campeón de Hogwarts, Cedric.
Conmovido, Cedric asintió, inflando mucho el pecho con orgullo, y dándose unas palmadas en los tonificados pectorales.
-Haré mi mejor esfuerzo, Harry.
Giró su moto, que estaba en marcha, y la apuntó hacia los altos ventanales destrozados del Gran Salón, visibles desde allí afuera.
-Yo iré a buscar a Hermione -dijo Harry, con urgencia-. Necesito encontrarla antes que los padres de Crabbe y Goyle.
-¿Hermione Granger? -preguntó él, mirando a Harry de lado de una forma inquisidora-. ¿Es tu novia ahora?
Harry lo dudó unos instantes. Entonces, lo miró y asintió.
-Es mi novia -le dijo, firmemente.
-Entonces no pierdas más tiempo, Harry -dijo Cedric, mirándolo con mucha seriedad-. Tu mujer debe ser lo más importante para ti, Harry, siempre. Como mi Bella. Nunca la dejes sola. Pase lo que pase, aunque tengas que morir para hacerlo, debes protegerla. Ve por ella, Harry, y no lo olvides. Tu amada debe ser todo para ti. Todo.
Harry asintió varias veces, inflando el pecho con coraje.
-Voy por ella.
Cedric asintió brevemente con la cabeza a Harry, mientras se colocaba la capucha y los lentes otra vez. Harry le devolvió la seña.
Harry apuntó la escoba hacia la escalera de mármol, visible dentro del vestíbulo, y Cedric hacia el Gran Salón. Ambos salieron disparados a la vez, volando a toda velocidad.
-¡AHHHHHGGG! -con un grito de guerra, Cedric ingresó en el Gran Salón y bajó con su moto desde las alturas bordeándolo en un gran círculo, volando por encima de los maleficios de color verde y rojo que llenaban todo el salón, reventando contra las mesas y partiéndolas, destrozando los tapices de las paredes y las vigas sobre el techo encantado.
Cuando la moto cayó sobre la mesa de profesores, partiéndola bajo su peso, Cedric saltó de lado con la varita en alto y lanzando maleficios a los mortífagos. Cayó con estilo en el suelo, rodó de forma cool y se incorporó de un salto, atacando a todo el mundo.
Voldemort seguía luchando en medio del salón, rodeado de magos y brujas, y se dirigía lentamente en dirección opuesta, hacia la salida. Había muchos mortífagos muertos. Iban perdiendo.
Cedric buscó por el suelo cerca de la mesa de profesores, pero no había nada. Estaba la cabeza de Lucius Malfoy, con la lengua afuera y decapitada, pero ni rastros de la espada.
-¡La espada de Gryffindor! -gritó a Moody, al reconocerlo a poca distancia de él, lanzando maleficios a un mortífago-. ¡La necesito! ¿La has visto?
El ojo mágico de Moody giró examinando a Cedric, y este tuvo la certeza de que pudo reconocerlo bajo la capucha, pero no dijo nada.
-Sí, la he visto -gruñó Moody entonces-. La agarró el hijo de Crabbe, ese muchacho… Estaba con la otra niña, Parkinson. Ninguno de esos muchachos huyó, estaban peleando contra nosotros, junto a los mortífagos… Pero cuando vieron que los venceríamos rápidamente, cogieron la espada y se fueron con ella, los cobardes. No los matamos porque son solo unos adolescentes… ¿Por qué preguntas? ¿La espada es importante?
-¡La necesito! -le gritó Cedric-. ¡¿Por dónde se fueron?!
-¡Por allí! -gritó Moody, señalando una puerta que había detrás de la mesa de profesores, la que llevaba a esa sala más pequeña a donde habían conducido a los campeones del torneo al ser elegidos el año anterior. Moody corrió hacia adelante a los gritos, atacando a tres mortífagos a la vez, con la pata de palo golpeando el suelo, y Cedric desapareció a toda velocidad por la puerta hacia la sala anexa al Gran Salón.
Cuando entró, el sonido de la batalla del Gran Salón se amortiguó. Entró con la varita en alto, apuntando en todas direcciones, pero no había nadie allí. Los magos y brujas de los retratos lo miraban con temor.
-Tú -dijo Cedric, dirigiéndose a Violeta, la amiga de la Dama Gorda, que estaba en su retrato observándolo-. ¿Has visto a una adolescente y dos muchachos grandotes con una espada?
-Mmm, ¿quién pregunta? -susurró Violeta, recelosa.
Cedric se quitó la capucha y se peinó el cabello, con aspecto galán.
-El Campeón de Hufflepuff.
Violeta sonrió, sonrojándose.
-Hola, Campeón de Hufflepuff -le guiñó un ojo-. Sí, los he visto… Se fueron por allí -señaló una puerta algo escondida en la punta opuesta a la chimenea. Cedric jamás había ido por esa puerta en su vida.
-Gracias -le dijo a Violeta, y caminó con cuidado hacia allí, siempre apuntando con la varita delante de él.
Penetró la puerta, y vio que conducía a unas escaleras que bajaban. Luego de las escaleras vino un pasillo, luego otras escaleras que bajaban aún más, y luego otro pasillo.
Reconoció ese pasillo, porque, si se lo seguía derecho hasta el fondo, llevaba a la sala común de su casa, Hufflepuff. Sin embargo, tenía la corazonada de que los tres Slytherin no habrían ido allí. Había otro lugar antes, que estaba justo detrás de un cuadro con frutas que tenía a su izquierda…
Cedric se puso la capucha, se acomodó los lentes y le hizo cosquillas a la pera del cuadro, y este se abrió. Tras él, estaban las cocinas de Hogwarts, las mismas que quedaban justo debajo del Gran Salón.
Ni bien pudo ver el interior del lugar, supo que algo raro pasaba. Los elfos parecían todos muy nerviosos, y uno le indicó urgentemente por señas que se fuera de allí. Cedric, en cambio, saltó al interior y apuntó con su varita alrededor.
-¡Desmaius!
-¡Crucio!
-¡Expelliarmus!
-¡Avada Kedavra! -gritó Crabbe.
Cedric saltó a un lado para esquivar el hechizo. Vio que la espada de Gryffindor relucía en las manos de Crabbe hijo. Goyle estaba a su lado, y Pansy al lado de Goyle.
-Dámela, Crabbe -le dijo-. Dámela y te perdonaré la vida.
-¿Quién eres? -dijo Goyle, con un grito que pretendió ser valiente, pero se notaba una nota temblorosa en la voz.
-Soy el Campeón de Huff… -se detuvo unos instantes, respirando hondo-. El Campeón de Hogwarts.
Pansy lanzó una risita chillona.
-¿Campeón de Hogwarts? ¿Quién rayos te crees que eres? ¡Y yo soy la reina de Inglaterra!
Los tres rieron, aunque a Goyle se lo notaba algo nervioso.
-Sigamos las enseñanzas de nuestro Señor Tenebroso con él -sugirió Crabbe, mirando a sus amigos con una mueca que pretendía ser una sonrisa-. Follémoslo. Antes de matarlo. Ja, ja, ja...
Los otros dos asintieron, sonriendo.
-No lo repetiré -Cedric los apuntó a los tres, alternando la varita de uno en otro-. Denme esa espada… O ustedes serán los que resulten follados por mí.
-Inténtalo -dijo Crabbe, haciéndose sonar los puños. Tomó su varita y la levantó amenazadoramente.
-Bien, ¿a eso quieren jugar? -Cedric sonrió y su barba perfectamente recortada se irguió un poco junto a sus labios-. Mi mujer no tiene problemas con que me acueste con otros, a veces… Tenemos una relación… que admite excepciones -pensó rápidamente en Jacob-. Y ustedes podrían ser mi excepción esta noche.
-Tú serás el que salga de aquí con el culo abierto -le dijo Crabbe, que lo miraba con ojos furiosos y malévolos al mismo tiempo que sonreía como idiota.
-Eso está por verse -dijo Cedric-. ¡DESMAIUS!
-¡CRUCIO!
-¡AVADA…!
Pero Crabbe no pudo terminar de pronunciar su maleficio. Porque, de la nada, Cedric había desaparecido, esfumándose en el aire en una nube negra.
Los tres se quedaron boquiabiertos, con la mirada clavada en el lugar en que se había esfumado.
-No es posible -dijo Pansy, sorprendida-. Nadie puede desaparecerse dentro del castillo de Hogwarts. ¿Cómo hizo…?
Pero, en ese momento, Cedric se materializó de la nada detrás de ella. Pansy sintió un frío en la espalda, y justo cuando giraba la cabeza, sus ojos abiertos con horror, Cedric abrió la boca y dos largos colmillos aparecieron en ella.
Cedric hundió los colmillos en el cuello de Pansy, que empezó a gritar.
-¡AHHHHHH! -Crabbe dejó caer la espada al suelo, mientras tropezaba con su propia túnica, tratando de huir de allí.
-¡AHHHHHHHH! ¡ES UN VAMPIRO! ¡CORRE! -Goyle quiso huir también, pero como Crabbe y él luchaban entre sí para pasar por el orificio del retrato que salía de la cocina, golpeándose el uno al otro tratando de pasar primero, ninguno de los dos logró salir a tiempo. Cedric dejó a Pansy, que cayó al suelo, y se desapareció otra vez.
Volvió a materializarse justo delante de ellos, sonriéndoles con maldad desde el orificio.
-¡AHHHHHH! -chilló Goyle-. ¡AHHHHHHHHHHHHHHH!
Y todo se volvió negro para ellos.
Cuando Pansy volvió a abrir los ojos, ya no estaba en las cocinas. Todo a su alrededor estaba oscuro. Sentía un dolor agudo en el cuello, donde la había mordido. Dos delgados hilos de sangre goteaban por él, cayendo hacia el suelo bajo ella.
Giró la cabeza y vio una escena asquerosa: Crabbe y Goyle estaban atados e inmovilizados sobre lo que parecía ser un pupitre, completamente desnudos, boca abajo. El mago, que ahora pudo ver quién era, los penetraba por detrás, por turnos, usando su varita como un látigo para golpearlos mientras lo hacía.
-¡BASTA! -chillaba Goyle-. ¡DUELE!
Pero Cedric rió, mientras lo penetraba más. Cuando terminó con ellos, los dejó allí atados y se volvió hacia ella.
-Hola, Pansy -dijo Cedric, con una sonrisa-. Veo que despertaste.
-Mi Señor vendrá a salvarnos, Cedric -dijo ella-. Asqueroso vampiro. Te dará tu merecido. Le diré lo que eres, y te clavará una estaca directo en el…
-Tú no estás en posición de clavarme nada, más bien yo te lo clavaré a ti, pero no una estaca precisamente -dijo él, fulminándola con la mirada-. Estás atada desnuda boca abajo en un pupitre de un aula vacía, donde nadie sabe que estás, y te queda poco tiempo de vida, porque te he mordido. Y no permitiré que te conviertas en uno de los míos, no necesitamos escoria como tú. Morirás antes de que la transformación se complete.
-No me importa -le espetó Pansy, aunque se notaba una nota de nervios en su voz-. Prefiero morir a convertirme en una puta criatura de la noche como tú.
-Siempre fuiste una puta y una criatura de la noche, Pansy -dijo él, divertido-. No el mismo tipo de criatura que yo, claro… Tendré que esforzarme contigo. Sin un encantamiento engorgio, temo que no sentirás nada, por lo usada que estás.
Cedric, que estaba desnudo, se apuntó con la varita a su pene, que era enorme, y este se agrandó aún más y se irguió delante de Pansy.
-Es hora de que alguien te castigue un poco, Pansy Parkinson.
Se acercó a ella por detrás y apoyó el pene en la raya entre sus glúteos. Pansy empezó a sacudirse, pero estaba atada firmemente al pupitre con sogas. Su espalda desnuda se agitaba delante de Cedric, tratando de zafarse. Este la sostuvo de las caderas y empezó a meterle el glande, despacio, por el coño.
-¡SUÉLTAME! -bramó ella, sacudiéndose-. ¡SUÉLTAME! ¡GRITARÉ FUERTE!
-Y nadie te oirá -dijo él, con suavidad-. Porque eché un encantamiento muffliato antes de que despertaras.
Entonces hundió todo el pene dentro de Pansy, que empezó a chillar con todas sus fuerzas.
-Toma esto, puta -le dijo Cedric, hundiendo el pene y sacándolo. Empezó a gemir mientras le pegaba nalgadas y la penetraba a toda velocidad.
-¡BASTA! ¡ENJENDRO INMUNDO, ASUQUEROSO! -le gritaba ella-. ¡VUELVE A TU CUEVA, VAMPIRO!
-La única cueva aquí es esta -dijo Cedric, y le introdujo el pulgar dentro del ano, mientras la penetraba velozmente-. Y vaya que está abandonada. ¿Hace cuánto no te bañas, Pansy?
-¡DÉJAME, MURCIÉLAGO!
-Sí, estoy de acuerdo, en cualquier momento saldrá un murciélago de este culo -dijo Cedric, ahora olfateando su dedo y poniendo una mueca de asco-. Digo, siempre te vi cara de sucia, Pansy, pero esto es peor de lo que imaginaba…
La penetró con mayor velocidad, dándole nalgadas con la palma de la mano muy abierta, y agrandando su pene un poco más con la varita.
-Quiero que te duela, Pansy -le decía, mientras la follaba-. Quiero que lo sufras… Eres una mierda, y quiero que lo sepas mientras te meto la verga.
-¡AHHHGGGGGGGG! -chilló ella, con un grito que retumbó por todas las paredes.
Cedric se movió más y más rápido, hasta que finalmente sintió que estaba por venir el orgasmo. Retiró su pene del coño de Pansy, dio uno pasos tranquilamente hasta quedar cerca de su cara y empezó a masturbarse delante de ella.
-Abre la boca -le dijo, mirándola a los ojos desde arriba.
-Métete el semen en el culo, vampiro -le dijo ella con los dientes apretados, mirándolo llena de ira.
-¿Lo quieres en el culo? De acuerdo, entonces -encogiéndose de hombros, Cedric volvió hacia la parte trasera de la mesa.
-¡NO! -chilló Pansy-. ¡NO, MALDITO! ¡NOOO! ¡AHHHHHHHHHH!
Cedric le había metido el pene entero en el ano hasta el fondo, y empezó a moverlo dentro suyo hacia atrás y hacia adelante mientras le eyaculaba adentro, dándole más y más nalgadas.
Cuando por fin acabó, Cedric salió de ella y se limpió el miembro con la varita.
-Vaya que tenías el culo sucio, Parkinson -dijo, lanzando un suspiro-. Bien, ya les he dado una lección. Me voy de aquí.
-¡¿A dónde vas?! -chilló Pansy, siguiéndolo con la mirada, atada con fuerza con esas sogas a la mesa-. ¿Vas a dejarnos aquí?
-Ustedes iban a follarme y matarme, ¿no dijeron eso? -dijo él, frunciendo el ceño en su atractivo rostro-. Pues yo ya me los follé y los mordí. Ah, olvidé decirte, Pansy. Para no convertir a mis víctimas en vampiros, estoy usando un veneno que se pone en los colmillos… es como el veneno de basilisco, para que te des una idea. Por eso es que, como te dije hace un rato, en vez de convertirte en vampiresa vas a morir. Porque el veneno ya está en tus venas, y en las de ellos, y en unos… -consultó su reloj-, diez minutos habrá hecho efecto. Bueno, que descansen en paz -les sonrió a los tres-. Me voy a llevarle esto a Potter -les enseñó la espada de Gryffindor, que sostenía en la mano-. Buen sexo, por cierto.
Cedric les guiñó un ojo y se marchó de allí con una sonrisa.
