Harry avanzaba por los corredores a toda velocidad, volando sobre su Saeta de Fuego.

-¡HERMIONE! -gritaba, revisando en cada aula, en cada salón.

Oyó un ruido escaleras arriba. Ya estaba en el cuarto piso. Con cuidado, apoyó el pie derecho en el suelo y se impulsó con la Saeta pero con menos velocidad, atento, sin hacer ruido. Subió las escaleras hasta el final y salió al pasillo exterior. Como todo el castillo estaba desierto a excepción de la batalla del Gran Salón, cualquier sonido por esos pisos superiores se oía haciendo eco por las paredes.

Oyó a Hermione.

-¡Suéltenme! -decía-. ¡Déjenme!

Harry tragó saliva y su rostro se puso rojo. Aferró la varita que McGonagall le había dado con mucha fuerza y empezó a avanzar sobre la escoba por el corredor, sin hacer ningún sonido, deslizándose en la escoba y pateando el suelo con su única pierna, con una mirada furiosa y asesina en el rostro.

Llegó al aula de la que venían los ruidos. Con mucho cuidado de no ser descubierto, se acercó a la puerta entreabierta y espió por la rendija hacia el interior del aula.

Hermione estaba atada con sogas a una silla. Seguía desnuda, pero las cuerdas eran tantas que cubrían sus pechos por completo. Se retorcía en la silla, y Crabbe y Goyle padres estaban de pie junto a ellas y de espaldas a la puerta, riendo como tontos.

No le estaban haciendo nada, aún… que Harry pudiera ver.

Se asomó un poco más, para espiar el resto del aula. No parecía haber nadie más allí. Crabbe y Goyle reían de espaldas a la puerta como dos trols, mirándose entre sí y asintiendo con la cabeza mientras le daban cachetazos en la cara a Hermione, a parecer por diversión.

La ira subió por la garganta de Harry como un ácido quemando cada célula de su cuerpo.

-Eres una asquerosa sangre sucia -le dijo Crabbe padre, antes de darle otro cachetazo en la mejilla-. Ahora deja de retorcerte, tenemos que llevarte en esta silla hasta el Señor de las Tinieblas.

Pero Hermione se sacudió con más fuerzas y la silla saltó un paso lejos de ellos.

-No te quedarás quieta, ¿verdad? -dijo Goyle, y se arremangó la túnica amenazadoramente-. A lo mejor unos buenos puñetazos te hagan tranquilizarte, mocosa.

-No creo que al Señor Tenebroso le importe si se la llevamos desfigurada -dijo Crabbe, lanzando unas risitas idiotas-. Mientras parte de su rostro quede aun reconocible, sabrá que era esta sangre sucia inmunda que nos mandó a buscar…

Ambos magos se arremangaron las túnicas y alzaron los puños en el aire. Pero, antes de que pudieran bajarlos sobre la chica, la puerta se abrió con un golpe sordo de par en par, golpeando sobre sus goznes.

Hermione alzó la mirada de súbito, sus ojos muy asustados, su melena de cabello castaño volando sobre su cara, y vio a Harry sentado sobre su escoba, con una sola pierna, la otra terminando debajo de la rodilla, la varita en alto y una mirada asesina y furiosa que jamás le había visto antes.

-Los únicos desfigurados aquí serán ustedes -les dijo, apretando los dientes.

Crabbe y Goyle se miraron entre sí y sonrieron maliciosamente.

-Es Potter -murmuró Crabbe, sonándose los dedos de la mano igual que como solía hacer su hijo cuando se paraba detrás de Malfoy-. Es nuestra oportunidad…

-Te vamos a matar, niño -dijo Goyle, mostrando una sonrisa de dientes amarillentos-. Y el Señor de las Tinieblas nos recompensará como a nadie.

-Ustedes son los que van a morir -dijo Harry, sujetando la varita con firmeza, desafiante.

-¿Ah, sí? -dijo Crabbe, y se quedó mirando la pierna de Harry-. Parece que te falta algo, niño. ¿Se te perdió una extremidad? ¿Y cómo piensas matarnos? ¿Saltando en una pata?

Los dos rieron de la misma forma estúpida que sus hijos cuando celebraban las bromas de Malfoy.

Harry se bajó de la escoba, sin dejar de mirarlos, quedó parado sobre el pie que le quedaba, y arrojó la escoba por el aire a un lado, furioso.

Por un instante, Crabbe y Goyle quedaron serios. Luego volvieron a reír, aunque un poco más inseguros que antes. Ambos levantaron las varitas y lo apuntaron con ellas.

-Di tus últimas palabras, Potter.

-De acuerdo -dijo Harry, respirando ira, sus ojos centellando con una furia que parecía provenir de la parte más oscura en él-. Aquí van: ¡AVADA KEDAVRA!

Un potente rayo de luz verde salió de la punta de su varita como el disparo de un cañón, golpeó a Crabbe en el pecho y este salió despedido hacia atrás, golpeó contra la pared del aula y cayó al suelo boca abajo, muerto.

-¡NOOO! -bramó Goyle, y su rostro se contorsionó por la furia-. ¡PAGARÁS POR ESO! ¡AVADA KEDAVRA!

Pero Hermione había saltado hacia adelante, cayendo con todo su peso sobre él, y le había clavado los dientes en el brazo, mordiéndolo con todas sus fuerzas, antes de que dirigiera el hechizo. Su varita se desvió hacia la ventana en lugar de Harry, los cristales estallaron y el hechizo se perdió en dirección al cielo de la noche.

-¡EXPELLIARMUS! -gritó Harry, saltando de lado, porque ya no soportaba el peso de su cuerpo en una sola pierna. Su hechizo dio de lleno en Crabbe, cuya varita salió despedida por los aires.

-¡AHHHGGG! -gritó Crabbe de dolor, por la mordida de Hermione, y la apartó de sí de un empujón-. ¡MUERE, PUTA SANGRE SUCIA!

No tenía varita, pero alzó las manos como un oso sobre ella y se lanzó hacia adelante, sobre la chica, desnuda y atada a la silla, como dispuesto a matarla con las manos.

Harry aun volaba por el aire de lado. Atrapó la varita de Crabbe al vuelo, como si fuera una Snitch, y antes de caer al suelo apuntó sus dos varitas hacia él y gritó:

-¡DESMAIUS!

Los dos hechizos salieron uno de cada una de las dos varitas que Harry sostenía con las manos. Impactaron ambos en el enorme torso de Crabbe, y este empezó a caer hacia adelante, inconsciente, como un enorme trol.

Hermione saltó con silla y todo de lado justo a tiempo para esquivarlo, y cayó de lado al suelo. Harry había impactado contra el suelo también, pero se puso rápidamente de pie, ayudándose con un pupitre, y apuntó a la Saeta con su varita.

-¡Accio!

La escoba voló hacia él, Harry pasó una pierna sobre ella rápidamente y voló hacia Hermione.

-¡Hermione! ¡Hermione! ¡¿Estás bien?!

Ella asentía rápidamente, mientras Harry le quitaba las cuerdas con una de las varitas, le daba la otra varita a la chica y la ayudaba a ponerse de pie.

-¿Te lastimaron? ¿Te hirieron? ¿Te hicieron algo?

-No me hicieron nada -dijo ella rápidamente, clavando sus ojos en Harry-. Estoy bien. Llegaste justo a tiempo. Me salvaste... de nuevo.

Una lágrima cayó por el rostro de Hermione. Harry se lanzó sobre ella y la abrazó con fuerza. Ella le devolvió el abrazo llorando y clavándole los dedos en la espalda, temblando ligeramente. De pronto, pareció recordar algo, y se apartó de él de golpe.

-¡Harry! -dijo, asustada-. ¡Tu pierna! ¡¿Qué te pasó?!

-Fue Voldemort -dijo él-. No es nada. Escucha, Hermione, debes irte de aquí.

-¡No!

-¡Debes irte! -gritó él, acariciándole la cara con ambas manos-. Por favor. Sabes lo que él quiere. Está detrás de mí. Y no van a poder con él. Solo la espada de Gryffindor lo detendrá…

-¿La espada de Gryffindor? ¿Por qué?

-Solo lo sé. Es como si, no sé… como si Dumbledore me hubiera transmitido ese pensamiento, de alguna forma. No lo comprendo, pero aún así lo tengo bien en claro. Debo ir a buscarla, y matarlo con ella. Solo así acabará todo esto.

-Harry…

-Pero no puedo permitir que te quedes en el castillo. Ya no, Hermione. Viste lo que pasó. Sabes que, si logra escapar de la Orden y el ministerio, vendrá por ti… Querrá matarte a ti primero, solo para que yo sufra. Lo sabes, Hermione. No tiene sentido que te quedes. Debes dejarme esto a mí.

-No, Harry -Hermione lloraba, las lágrimas rodando por sus mejillas, mientras miraba a Harry a los ojos-. No… Tú también no… Por favor…

-No moriré -le dijo él, acariciándole el rostro y sintiendo sus lágrimas en los dedos-. De verdad. Pero debes irte.

-Promételo -dijo ella, apretándole los brazos con fuerza, mientras lloraba descontroladamente-. Prométeme que no morirás…

Harry se la quedó mirando fijamente, tragó saliva y asintió brevemente con la cabeza.

-Te lo prometo.

Harry se bajó de la escoba, apoyándose en un pupitre, se quitó la túnica por encima de la cabeza y se la puso a Hermione para vestirla, quedando él con la ropa muggle que llevaba debajo. Luego de eso, le tendió a Hermione su escoba, que ella se quedó mirando, negando con la cabeza.

-No, Harry, tu pierna… la necesitarás…

-Conseguiré otra. Tú no te preocupes. Sal por esa ventana -señaló la ventana que Crabbe había destrozado- y vuela tan rápido como puedas. No mires atrás. Y no te detengas hasta llegar a Hogsmeade. Estarás a salvo allí.

Hermione tomó la escoba, la miró, y luego miró a Harry, con lágrimas aun cayendo por sus ojos.

Entonces, se lanzó sobre él y lo besó en los labios.

Harry y Hermione se besaron con pasión, acariciándose la cara y el cabello del otro, rodeándose en brazos y apretándose sus lastimados cuerpos con fuerza, mientras sus labios se unían en ese largo beso.

Cuando se separaron, ella lo tomó brevemente por una mano, sin dejar de mirarlo. Entonces, Harry la ayudó a montar a la escoba, apoyado contra el pupitre.

Ella giró la cabeza, como queriendo decirle algo o discutir, pero él le dio un suave empujoncito por la espalda. La escoba ya estaba suspendida sobre el suelo.

-Ve -le dijo, tratando de poner su mirada más tranquilizadora y reconfortante-. Todo estará bien, mi amor. Ve.

Ella asintió. Entonces miró hacia la ventana, se inclinó un poco hacia adelante y salió despedida por la ventana, hacia la noche.

Harry se quedó observando cómo Hermione se perdía en la distancia y por el cielo estrellado, hacia la profunda noche, hacia fuera de los terrenos de Hogwarts. No dejó de mirar hasta que hubo desaparecido completamente del campo de visión.

Entonces, saltando en un solo pie, sangrando, lleno de polvo y suciedad, Harry pasó sobre el cuerpo inconsciente de Crabbe y fue a los saltos hacia la puerta del aula, sosteniendo su varita y sosteniéndose de pupitres y paredes para caminar, cada vez que podía.

Con dificultad, llegó hasta el exterior del aula y al pasillo exterior.

Había un silencio extraño en el aire. Como si la batalla hubiera terminado.

Pero, ¿qué bando habría ganado?

Oía voces, que parecían venir muy, muy a lo lejos. Como emitidas desde otra parte. De la lejanía. Pero ya no oía explosiones ni veía el reflejo de los hechizos por la ventana.

Todo estaba oscuro. Las luces de todo el castillo parecían haberse apagado. Sentía la extraña sensación de que lo observaban, y mientras iba saltando sobre un pie por el corredor del quinto piso pensó que algo iba hacia él.

Algo mucho más rápido y veloz que él, en ese estado.

Algo que lo anhelaba. Que quería atraparlo. Que quería ponerle las manos encima.

Algo oscuro…

Una sombra apareció al final del corredor. Harry se detuvo y asió la varita con más fuerzas, mirándola.

La sombra empezó a desplazarse hacia él, en la oscuridad. No caminaba, se deslizaba en el aire. El silencio era atroz, pero la sombra parecía emitir unos silbidos extraños, como de serpiente.

Dos ojos rojos se encendieron en la negrura del corredor.

Voldemort apareció a escasos metros de distancia, flotando en el aire en dirección a él.

Y Harry aun no tenía la espada.

-¿Ibas a alguna parte… Potter? -preguntó en un silbido mortífero, mientras llegaba a su lado.

Harry clavó la mirada en él, pero no respondió.

-Te dije que aún no había terminado contigo.

Las cosas parecían haberse complicado terriblemente. Estaban completamente solos allí. Nadie sabía que él había ido allí arriba. Harry no podía caminar, no tenía escoba, ni ningún mecanismo para huir de él, y tampoco la espada para matarlo.

Sin embargo, no se sintió mal. Porque había logrado su cometido: había salvado a Hermione. Como había dicho Cedric, ella tenía que ser todo para él. Todo. Aunque tuviera que morir, debía protegerla.

Aunque faltara a su promesa, debía protegerla.

Porque ella era todo lo que importaba.

Sabía que no iba a sobrevivir a esa noche, y nunca había pensado realmente que fuera a hacerlo.

-Pues aquí estoy -le dijo a Voldemort, desafiante. Lo miró a los ojos de la misma forma que había mirado a Crabbe y Goyle, con rabia.

Si iba a morir, lo haría con toda la dignidad posible.

-El niño que sobrevivió… -dijo Voldemort, esbozando una sonrisa en su rostro de serpiente-. …a punto de morir.

Entonces, Voldemort hizo un movimiento con su varita sobre su pelvis. De pronto, un pene de plata se materializó allí, del mismo material que la mano plateada de Colagusano que había sido creada por Voldemort en el cementerio el día de su reencarnación. El pene de plata, que parecía duro y macizo como un bloque de hierro sólido, brilló en la noche, erguido ante Harry.

-Te dije que te follaría, y que solo después te mataría -dijo Voldemort, sonriendo con maldad-. Y cumpliré con mi palabra.

Puso a Harry de espaldas contra la pared, obligándolo con movimientos de su varita. La varita de Harry se despegó de sus dedos y voló lejos, por el suelo del corredor. Su ropa muggle abandonó su cuerpo y voló por los aires, toda a la vez, dejándolo desnudo y con el trasero ligeramente erguido hacia atrás.

Harry quedó inmovilizado allí, contra el muro del corredor. Y entonces, antes de que pudiera siquiera prepararse para aquello, sintió el durísimo y metálico pene nuevo de Voldemort ingresando en él por detrás.