Voldemort empezó a follarlo contra la pared, más y más. Harry sentía aquel frío pene metálico, despojado de cualquier vida o calor, introducirse en su ano. Era muy distinto a cuando se lo había hecho Malfoy: en vez de sentir un miembro cálido y flexible, sentía como si le introdujeran un trozo de hierro sólido.
-Sufre, Potter -le susurró Voldemort al oído, mientras lo follaba contra la pared-. Sufre.
Harry estaba, en cierta forma, sufriendo. Pero al menos el dolor no era tanto (era más pequeño que los penes de serpiente que había usado en el Gran Salón) y ya había experimentado aquello antes, con Malfoy.
Voldemort le aferraba las caderas con sus dedos pálidos y largos. Llevó una mano huesuda al pene de Harry, se lo sujetó y empezó a masturbarlo mientras lo penetraba por detrás.
-Quiero que lo disfrutes, Potter -le susurró al oído, con una mezcla de maldad y goce en la voz-. Quiero que lo disfrutes y que lo sufras a la vez.
Masturbó a Harry, que no se puso duro. No quería darle la satisfacción. Cuando Voldemort vio que Harry no se ponía erecto, pareció enfurecerse más, y lo penetró con más furia.
Entonces, Voldemort le susurró al oído:
-¿Alguna vez te han contado… lo que de verdad sucedió con tus padres?
Harry no dijo nada. No quería darle el placer. Pero Voldemort pareció poder ver a través de su silencio, y su risa macabra llenó el corredor.
-No todo ocurrió exactamente como te dijeron, Potter… Hubo detalles que Dumbledore habrá preferido… censurar para ti.
-¿De qué hablas? -le espetó Harry, furioso, con ambas manos sobre la pared, el pene plateado de Voldemort penetrándolo cada vez con más velocidad.
-Podría decírtelo… -susurró Voldemort, con un silbido agudo, en su oído-. Pero ya que tú y yo estamos tan bien conectados… ¿por qué no mejor… mostrártelo?
Y, entonces, Voldemort puso una de sus manos sobre la cabeza de Harry. La cicatriz le ardió como nunca, su visión se nubló, y lo siguiente que supo fue que todo ese pasillo había desaparecido, y ahora Harry estaba en otro lugar.
Se dio cuenta de que ya no era él mismo. Observaba todo desde los ojos de otra persona. Voldemort. Él era Voldemort. Y caminaba ondeando su capa negra en la noche, caminando por la calle de un pueblo. Era el Valle de Godric. Se dirigía hacia la casa de los Potter.
Era la noche en que los mató.
Riendo con maldad, Harry, desde el punto de vista de Voldemort, caminó hacia la casa de los Potter y derribó la puerta con un hechizo.
-¡CORRE, LILY, CORRE! -bramó enseguida James Potter-. ¡LLÉVATE A HARRY Y CORRE!
"Qué fácil", pensó él, con maldad. "Ni siquiera tiene su varita…"
Acorraló a James contra una pared, que no dejaba de gritar y sacudirse, mientras él, Harry (Voldemort) lo apuntaba con su varita.
-Contra la pared, Potter.
James obedeció, poniéndose de espaldas contra la pared. Sin dejar de reírse de forma desquiciada, Voldemort se levantó la túnica, sacó de ella un pene enorme agrandado mediante magia, pero todo torcido y asqueroso, como deforme, y empezó a rozarle el trasero a James con él.
-Hazme lo que quieras -dijo James, sus dientes apretados con furia-. Pero no los toques a ellos.
Harry, desde los ojos de Voldemort, rió más y más. Y empezó a follarse a James contra la pared. Fue algo muy extraño, porque Harry sintió como si él mismo se follara a su padre contra esa pared, gozándolo, sintiendo su pene erecto en su ano mientras le clavaba la varita en la espalda y lo disfrutaba.
Finalmente, se cansó de él. Lo apuntó con la varita y gritó:
-¡Avada Kedavra!
Y entonces empezó a deslizarse por el suelo, como flotando, escaleras arriba.
Oía los gritos. Sentía el miedo. El terror. Y eso lo calentaba. Lo calentaba muchísimo.
Irrumpió en el cuarto del bebé, y vio a la mujer chillando de horror en el suelo.
-¡No lo toques! -gritaba-. ¡Mátame a mí, pero no toques a Harry!
-De acuerdo -decía él, riendo a carcajadas-. Te tocaré a ti, entonces.
Puso a Lily contra la cuna del bebé, y la desnudó con un movimiento de la varita. Lily quedó totalmente desnuda ante él, sus pechos eran enormes, y su trasero muy firme. Se calentó mucho solo con verla.
-¡Sexópatus Totallus! -gritó, apuntándola.
-¡Ohhhhhhh! -empezó a gemir Lily, invadida por el deseo sexual.
Harry sintió que se follaba a su propia madre. Aunque sabía que era en verdad el recuerdo de lo que Voldemort había hecho esa noche.
-¡Toma esto, sangre sucia, toma! -gritaba Voldemort, riendo como desquiciado mientras le metía el pene.
-¡Ayyy! -gritaba ella, relamiéndose de placer. Se apretó las tetas con ambas manos, se mordió los labios y arqueó la espalda contra la cuna, mirándolo provocativamente a los ojos con sus ojazos verdes. Su cabello pelirrojo caía sobre el borde de la cuna. La boca sin labios de Voldemort le besaba los pechos, le succionaba los pezones y los soltaba.
Su pene entraba y salía de ella, follándola contra la cuna. Sus pálidas manos de dedos largos le aferraban los glúteos con fuerza.
-¡Ay, dame más, Voldemort, dame más! -gritaba Lily, con placer, poseída por el hechizo.
-Dime que me deseas -le ordenó Voldemort, acariciándole la espalda con una mano y los pechos con otra, mientras la miraba a los ojos con sus ojos rojos con rendijas en lugar de pupilas.
-¡Te deseo, Voldemort, te deseo mucho!
-¡JA, JA, JA, JA! -Voldemort le sujetó el trasero con ambas manos y la penetró con mucha fuerza y más velocidad. La cuna temblaba como loca de un lado al otro con el movimiento sexual, y el bebé en ella, con una expresión de curiosidad, se movía junto a la cuna dentro. Lily gritaba y gemía como loca.
-¡GIME MÁS! ¡GIME PARA MÍ!
-¡OHHHHHH! ¡OHHHHHH! ¡OOOOOOOOOHHHHHHHHHHHHHH!
El bebé miraba la escena con los ojos muy abiertos, sentado en la cuna y moviéndose a un lado y al otro.
Lily tuvo un orgasmo, gritando de placer con todas sus fuerzas, con su cabello pelirrojo revoleado por todos lados. Luego Voldemort lanzó un gritito que parecía indicar que había llegado él también, y ambos quedaron abrazados con fuerza el uno al otro, mientras se movían cada vez más lento contra los barrotes de la cuna.
Entonces, Voldemort habló, algo agitado:
-No quiero matarte. Eres buena en la cama, sería un desperdicio de sangre… Apártate. Solo necesito al niño.
Lily giró la cabeza hacia el bebé y negó con la cabeza, mirando a Voldemort luego con una expresión desafiante. Y de pronto algo más apareció en su rostro: una mueca, como de astucia.
-Caíste en la trampa, Voldemort -le dijo.
-¿De qué rayos hablas, muggle? -dijo él, furioso.
-Tengo Grindylow genital -reveló Lily-. Aun no hay una cura. Y no usaste protección. Intenta matar a Harry, imbécil. No servirá de nada. Con todo este Grindylow genital, tu magia se ve afectada y los hechizos solo rebotan de regreso a ti cuando los lanzas.
-¡NO! -bramó Voldemort, furioso-. ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!
En su furia, trató de matar a Harry. Efectivamente, el maleficio asesino rebotó en su frente y luego rebotó por las paredes de la habitación. Dio en Lily por accidente, luego en Voldemort, y luego escapó por una ventana…
Todo se volvió negro otra vez, y Harry apareció otra vez en el pasillo del quinto piso.
Regresó a la realidad, y la mano de Voldemort se alejó de su cabeza. Harry seguía sacudiéndose contra la pared, mientras Voldemort lo penetraba, pero eso ya no le importaba.
Si aquella noche había sentido rabia, nada se comparaba con cómo se sentía en ese momento.
-Tu madre gemía como puta, Potter -le dijo Voldemort al oído, en un susurro placentero-. Y ahora tú gemirás de la misma forma. ¡GIME, POTTER! ¡GIME!
Pero Harry no produjo ningún sonido. Parecía que Voldemort iba a lanzarle un maleficio imperius para obligarlo, pero entonces…
-¡CRUCIO!
-¡AHHHHHHHHHHHHH! -aulló Voldemort, con dolor-. ¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!
Soltó a Harry y cayó al suelo, vibrando como con un ataque, como si varios voltios de electricidad atravesaran su cuerpo.
-¡CRUCIO! -volvió a repetir la voz, una voz femenina furiosa.
Voldemort siguió temblando y sacudiéndose en el suelo.
Consternado y completamente anonadado, Harry giró la cabeza para ver quién era la bruja que lo había salvado.
Era Hermione.
Con una expresión desafiante, la escoba de Harry bajo las piernas y la varita aún en alto, Hermione lucía casi tan furiosa como Harry al momento de matar a Goyle.
-¡Hermione, no! -gritó Harry, con una expresión de terror-. ¡Vete de aquí! ¡Te dije que te fueras!
-No podía dejarte -dijo ella, negando rápidamente con la cabeza-. Tenía que salvarte. Tenía que venir por ti…
Pero entonces pasó algo que interrumpió su conversación: Hermione de pronto perdió su varita, que salió volando por los aires, y luego ella también salió volando por los aires hacia atrás, su cabello castaño suspendido ante su cara, hasta golpear contra un muro de piedra tras ella.
-¡HERMIONE!
-Ja, ja, ja, ja -Voldemort acababa de ponerse de pie, y apuntaba con su varita a Hermione, que ahora estaba tendida en el suelo-. ¿A eso llamas un cruciatus, muggle? Debo admitir que dolió un poco el primero. Pero el segundo, en cambio…
Hermione se incorporó con dificultad hasta ponerse de pie otra vez. Estaba viva. Pero ya no tenía varita.
-¡ALÉJATE DE ELLA! -aulló Harry.
-¿Has venido por más sexo, muggle? -se burló Voldemort, sin dejar de apuntarla. Harry no podía hacer nada. Con una sola pierna, semidesnudo, sin varita, ni siquiera podía tratar de acercarse a Voldemort, porque caería al suelo al instante. -Tienes que sentirlo… el cruciatus. No creo que le hayas puesto la intención suficiente. Tienes que sentirlo en lo profundo de tu ser, ¿entiendes? Te mostraré cómo es…
Pero entonces, antes de que pudiera embrujarla, los tres de ellos vieron algo. Algo nuevo que apareció allí.
Los tres miraron a la vez hacia uno de los extremos de aquel corredor.
Una niña se acercaba, al parecer jugando. Era muy pequeña. Como de primer año.
La niña sonreía, y venía saltando una soga. Empezó a avanzar hacia ellos, saltando la soga, mientras cantaba una canción, muy contenta. No parecía darse cuenta de que el mago más tenebroso de todos los tiempos estaba de pie a mitad del corredor con un pene de plata mágico erguido en su entrepierna, y que había dos adolescentes heridos y sangrando contra los muros con expresiones aterradas en el rostro.
-¡Largo de aquí! -le chilló Voldemort, con furia-. ¡Vete!
Pero la niña, en vez de irse, se acercó aún más.
-Malditos niños -murmuró Voldemort, pero la ignoró y se concentró en Harry-. ¿Qué opinas, Harry? ¿Así que estas son las personas que vienen a salvarte? ¿Primero una muggle, y ahora una niñita de once años saltando la soga? ¡JA, JA, JA, JA!
La niñita llegó hasta ellos y se quedó de pie a su lado, mirándolos con curiosidad. Harry notó que Voldemort no hacía nada porque la consideraba inofensiva, débil. En cambio, seguía apuntando a Hermione. Pero había, definitivamente, algo extraño en esa niña: los miraba sonriendo de oreja a oreja, con su soga aún en las manos, de forma algo… macabra.
Finalmente Voldemort, que también pareció notar lo extraño de aquello, quitó la varita de Hermione y la apuntó a la niñita.
-Soy un Señor misericordioso -le dijo, notoriamente enfadado-. No quiero matar a una niña patética solo por ser insoportable. Te daré hasta tres para que…
Pero entonces, la niña sacó una varita de su bolsillo con agilidad, lo apuntó con ella y la varita de Voldemort salió despedida de su mano, perdiéndose en la distancia.
Voldemort estaba totalmente sorprendido y descolocado. Una niñita de once años acababa de desarmarlo con total facilidad. Ni siquiera había pronunciado su encantamiento de desarme. La niñita sabía realizar encantamientos mudos, que se aprendían recién en sexto.
Y el pánico fue visible en el rostro de Voldemort.
Harry se apartó de él como pudo, a los saltitos, en dirección a Hermione.
-Siempre ha sido tu punto débil, Tom -dijo la niñita, sin dejar de sonreír-. Jamás aprenderás, ¿no es así? Subestimas a las criaturas que aparentan ser inferiores… Jamás te detienes a pensar en que podrían simplemente… no ser tan inferiores.
Entonces, la niñita empezó a transformarse. Aterrado, Voldemort observó cómo iba volviéndose más y más alta, incluso más alta que él, una larga barba y cabello plateados le crecían, hasta que finalmente se convirtió en…
-Dumbledore -dijo Voldemort, dando un paso atrás, desarmado, notoriamente aterrado.
Dumbledore estaba de pie ante él, en mejor estado de salud que nunca, y lo apuntaba directo al pecho con su varita bordeada de esferas.
-Hola, Tom -dijo Dumbledore, tranquilamente-. Adorable noche, ¿no crees?
-Jamás podrás derrotarme -dijo este, con sus ojos rojos brillando-. Yo he sido el que ha llegado más lejos que nadie en el camino a la inmortalidad…
-Ah, ¿hablas de tus horrocruxes? -dijo Dumbledore, como aburrido, y Voldemort empalideció más, si es que eso era posible-. Ya los destruí todos, Tom. ¿De verdad creíste que iba a estar en San Mungo tanto tiempo solo por una arritmia cardíaca por fornicar a mi edad? No, me recuperé al día siguiente. Desde entonces, una vieja amiga mía, Arabella Figg, me hizo el favor de ocupar mi cama de San Mungo, suplantándome con poción multijugos, mientras yo aprovechaba para buscar y destruir todos tus horrocruxes, que ya tenía bien localizados, sin que tú sospecharas, ya que me creías fuera de combate. Me faltaba Nagini, tu serpiente, pero la maté en el camino hacia aquí, hace un rato. Así que ya solo quedas tú. O lo que queda de ti, que me apena decir que no es mucho.
Los ojos rojos de Voldemort temblaron con temor.
-Aunque debo decir que, cuando llegué a Hogwarts esta noche, no me esperaba encontrarme con la Orden del Fénix, junto al Ministerio de la Magia y varios magos y brujas de Hogsmeade, en medio de una batalla. Por suerte, ya han matado a todos tus mortífagos, excepto por algunos que suplicaron por favor ir a Azkaban. Ya no queda más nadie. Solo tú... Dijeron que te habías desaparecido escaleras arriba, huyendo como un cobarde…
Los ojos de Voldemort centellaron con furia.
-Así que pensé en usar un poco más de poción multijugos, que, como te habrás dado cuenta, siempre llevo encima -explicó Dumbledore-. Y tomé un cabello prestado de una niñita de primero. Sabía que jamás te fijas en las criaturas inferiores…
-Jamás podrás conmigo, Dumbledore -dijo Voldemort-. Si crees que puedes matarme solo porque me has quitado la varita, o porque has destruido mis horrocruxes, estás subestimando los poderes de Lord Voldemort.
-¿De verdad? -dijo Dumbledore, con un indisimulable tono de burla-. ¿Qué le has mostrado a Harry? ¿La noche en que forzaste a sus padres a tener sexo contigo, antes de matarlos? ¿Te parece que eso es algo gracioso, algo divertido? ¿Crees que obligar a la gente mediante encantamientos a revolcarse con algo asqueroso como tú es gracioso?
Voldemort estaba a punto de explotar de la rabia, pero clavó los ojos rojos en Dumbledore y forzó una sonrisa.
-Muy gracioso -dijo, relamiéndose la boca sin labios, de forma desquiciada.
Y entonces, Harry oyó algo que no creyó que Dumbledore pudiera decir nunca en un momento así:
-Estoy de acuerdo, Tom -y hasta esbozó una sonrisa-. A mí también me parece gracioso.
Harry no daba crédito a sus oídos. ¿Qué acababa de decir Dumbledore?
-O al menos, me pareció gracioso, en mi pasado -corrigió Dumbledore-. Como quizás sepas, Tom, yo tengo un pasado muy oscuro. Me he revolcado con muchos magos, y ahora me arrepiento… -Dumbledore quedó con la mirada perdida unos instantes-. Jamás podré quitar de mi memoria las noches de sexo con Gellert Grindelwald… las orgías que armábamos… mi propia hermana murió en una de ellas. Éramos jóvenes desenfrenados. Queríamos experimentar con todo lo posible.
"Pero, ¿sabes qué, Tom? Hubo unas noches de sexo en particular, con cierta mujer, que realmente me parecieron muy divertidas, y de las que ahora, a pesar de todos los años que han transcurrido, no me arrepiento para nada. La diferencia, Tom, es que yo no forcé a esta bruja a que se acostara conmigo por medio de encantamientos. Ella me deseaba terriblemente… Déjame mostrarte.
Entonces, Dumbledore agitó su varita en el aire, y tanto él, como Voldemort, como Harry y Hermione, fueron todos tragados en una especie de recuerdo invocado sobre ellos mediante magia, como si hubiera encendido un proyector iluminando todo el corredor con una película, pero ellos estaban metidos en ella.
Dumbledore estaba en el centro de la escena. Lucía unos cincuenta o sesenta años más joven. Su cabello era negro, no canoso, y su rostro no tenía nada de arrugas en comparación con la actualidad. Estaba en una choza destartalada, ante una bruja desalineada y algo sucia.
-Merope -le decía, tratando de quitársela de encima-. Te lo he dicho. He venido para ayudarte, no para perjudicarte más.
La mujer que se llamaba Merope, que usaba un delantal sucio y lucía triste, en esa choza, miraba a Dumbledore con amor en los ojos.
-Albus, te quiero a ti -le dijo, tomándolo de las manos-. Tú eres el que más me ha respetado siempre. Sé que tu amor es el único verdadero…
-Porque no has conocido otro, Merope, por eso -le dijo Dumbledore, tranquilamente-. Tu padre, Sorvolo, y tu hermano, Morfin, no te aman. Han abusado sexualmente de ti toda tu vida, desde pequeña. Te fuerzan a tener sexo porque son unas… lamento decirlo así, pero sabes lo que son: son unas ratas miserables.
-Pero tú sí me amas, Albus.
-Yo solo quería ayudarte, Merope, no quería hacerte lo mismo yo también…
-Y no lo has hecho, Albus. Tú eres un amante muy distinto. No me golpeas, no me lastimas. Eres cariñoso, tierno…
-¿Qué hay del muggle de la aldea, el que te dejó embarazada? ¿Qué hay de Tom Riddle?
-Él también estuvo bien -dijo ella-. Pero quiero quedarme contigo. Cuando tenga a ese bebé, tú puedes cuidarlo, Albus. ¡Será como tu hijo!
Dumbledore la miró a los ojos, y negó con la cabeza.
-No puedo ser padre, Merope -le dijo-. Tengo cosas que hacer. Cosas importantes. Yo…
-Entonces, ¿es cierto lo que dicen? ¿Eres gay, Albus?
-Ya te dije que no soy gay -dijo Dumbledore, entornando los ojos-. Soy bisexual.
Y entonces, Dumbledore se lanzó sobre ella, y empezaron a besarse con locura. Dumbledore desvistió a la mujer mediante magia, dejándola desnuda excepto por el delantal harapiento, la levantó con sus fuertes brazos y la sentó sobre la mesada de la cocina. Lanzó varias ollas y sartenes al piso al tiempo que se abría un pliegue de la túnica y sacaba su duro pene afuera.
-¡Ohhhh!
Merope empezó a acariciarle el pene. Dumbledore le tocaba los pechos por encima del delantal. Su trasero era visible contra el mármol. Dumbledore le arrancó el delantal con los dientes y lo arrojó a un lado, revelando sus pálidos pechos.
La madre de Voldemort empezó a gemir mientras Dumbledore colocaba sus dos piernas en torno a su cuerpo y la penetraba contra la mesada. Ella arqueó el cuerpo hacia atrás, sosteniéndose a los brazos de Dumbledore, que la embestía contra el mármol sólido y resbaladizo. El trasero de la bruja se movía atrás y adelante, ella gemía de placer, le acariciaba el torso desnudo, que, aunque delgado, tenía unos abdominales bien marcados. Le acarició la larga barba negra con los dedos y se quedó aferrándola mientras se sacudía con el movimiento veloz de Dumbledore, que la follaba más y más rápido…
Harry vio que había un animal en un rincón. Se dio cuenta de que era Fawkes, el Fénix. Pero no podía estar más distinto: lo tenían atado con una mugrosa soga a una viga en la pared, y estaba malnutrido y sucio. Parecía que había sido, originalmente, la mascota de los Gaunt, y no la cuidaban demasiado.
Todo se volvió negro, y regresaron al presente. Estaban de vuelta en el corredor.
-Tú… -dijo Voldemort, clavando la mirada en Dumbledore con los ojos desorbitados. Parecía furioso, más furioso de lo que nunca hubiera estado en su vida. El descubrimiento de que Dumbledore solía follarse a su madre sangre pura y heredera de Salazar Slytherin lo dejó tan, pero tan consternado y temblando de ira; que no pudo ver a Cedric, que se acercaba en silencio desde la otra punta del corredor, avanzando hasta Harry y empuñando la espada de Gryffindor.
-Tú… -repitió Voldemort, mirando a Dumbledore con demencia y apuntándolo con un dedo índice largo y huesudo.
Cedric llegó hasta Harry, y este tendió una mano. Hermione lo miró como si no diera crédito a sus ojos, pero no dijo nada.
Harry lucía casi igual de demente que Voldemort, y Cedric comprendió al instante que él era el indicado para el trabajo. Así que, en silencio y con Voldemort dándoles la espalda, extendió el brazo y le pasó la espada a Harry, que la asió con fuerza y se separó de la pared, dando saltitos en un solo pie hacia Voldemort, con la espada muy en alto.
Voldemort seguía mirando a Dumbledore, que sonreía de oreja a oreja con satisfacción. Entonces, Dumbledore exclamó "¡Expecto Patronum!" y un Fénix plateado surgió de su varita, volando por los aires y perdiéndose en dirección opuesta a Harry, seguramente conjurado por Dumbledore para distraer al mago mientras Harry se acercaba a los saltitos por detrás.
Voldemort se quedó mirando al Fénix plateado, boquiabierto. Sus ojos vibraban con una furia brutal. Dumbledore, en cambio, lo observaba con tranquilidad a través de sus lentes de media luna.
-¿Después de todo este tiempo? -preguntó Voldemort, sin dejar de mirar al patronus.
Dumbledore ensanchó su sonrisa, aunque con un leve dejo de tristeza.
-Siempre.
-¡AHHHHHHHHHH! -Harry saltó sobre Voldemort, que giró sobre sus talones a tiempo para ver la espada blandiéndose sobre él.
Harry clavó con fuerza la espada de Godric Gryffindor en el corazón de Voldemort, la clavó tan profundo que llegó hasta la empuñadura, y se quedó allí, respirando con furia mientras miraba sus asquerosos ojos rojos de serpiente, que estaban sorprendidos y aterrados, sosteniendo el mango de la espada con ambas manos y mirándolo con furia a centímetros de su cara.
-Hasta nunca, basura -dijo Harry. Sacó toda la espada del corazón del mago y luego, imitando a Dobby, la blandió hacia la cabeza de este. Le atravesó el cuello de lado a lado con la espada, con un movimiento ágil y veloz.
Y Voldemort cayó decapitado al suelo, muerto.
