Capitulo 13
Reconociendo
Echada en la cama inmensa, acurrucada entre cobertores gruesos y almohadas altas, Hinata se sentía desconsolada a pesar del confort. Eso le daba sensación de culpa, pues ella había pasado necesidades en su vida.
Suspiró alto, atrayendo la atención de su marido que se vestía. Él no la atormentaba más ni le exigía que se comportase como una esclava. Con todo, Naruto continuaba irreductible respecto a la relación con ella, excepto cuando hacían amor.
En la noche, Hinata absorbía lo que podía de él, pero durante el día lo único que poseía eran los recuerdos del amor vivido.
Estaba siendo tonta en esperar algo de él. Su marido era una criatura inflexible y obsesionada por el deseo de venganza. Pero al menos, le proporcionaba placer y ella se debería contentar con eso. Pero también quería tanto que él le diera un hijo.
Y ese era el motivo de su tristeza en esa mañana. A pesar de que Chiyo le había dicho que, algunas veces, a una mujer le costaba quedar embarazada ella esperara haber conseguido eso con tantas relaciones apasionadas. La menstruación siempre fue desagradable, pero ahora adquiría un aspecto deprimente. Era como si el cuerpo llorase la ausencia de un niño
Después de un golpe en la puerta y de la orden de Naruto, Chiyo entró al cuarto.
—¿Todavía no se levantó, lady Hinata? - preguntó la criada, sonriendo maliciosamente. Naruto le dirigió una mirada irritada.
—Ella está menstruada y quiere pasar el día entero en la cama.
—¡Ah, paciencia! - exclamó la criada, decepcionada. — No se desanime, lady Hinata. Más adelante la veremos engordar con una preñez.
Cuando ya había acabado de vestirse y con la puerta abierta para salir, Naruto giró al oír las palabras de la criada. Aprehensiva, Hinata quedó tensa. Ella lo amaba, pero no confiaba en él. Si su marido descubriese una de sus flaquezas la usaría en contra ella. Lo notó en sus ojos, ella estaba en lo cierto.
—Si piensa que un embarazo me hará olvidar tu origen... reflexiona bien, heredera de Hyūga. Vos y el niño serán muy perjudicados - amenazo él para, en seguida, salir golpeando la puerta.
Hinata sintió su esperanza morir. ¿Cómo podría traer un bebe al mundo sabiendo que su marido lo odiaría?
—Créeme, lady Hinata, lord Naruto acabará cediendo, la señora verá. Pero por mientras, no voy a permitir que continúe ahí echada. Hay muchas personas dolientes en la villa y, aunque mi señor le tenga prohibido preparar remedios, la señora podrá darme instrucciones para hacerlos - declaro Chiyo con un voz enérgica.
Rehusándose a quedarse lamentando su propia tristeza, Hinata se levantó. Otras personas, menos afortunadas, estaban sufriendo. Dejo a Chiyo ayudarla a vestirse y, entonces, oyó a la vieja criada describir las enfermedades que había atacado a las familias más pobres de la aldea.
Hinata enseño a Chiyo a preparar agua con una cebada y frambuesa madura para aliviar gargantas inflamadas. Pero luego surgía la diarrea y alergias y se volvían víctimas de una dolencia extraña. Como no la conocía, ella no sabía cómo tratarla. A pesar de sus esfuerzos, comenzaron a llegar noticias de muertes.
En pocas semanas, la enfermedad ataco al castillo, atacando a dos cocineros cuyos parientes moraban en la aldea.
Cuando la propia Chiyo cayó enferma, Hinata no tuvo dudas que ella debía administrar los remedios. Siempre que podía, se juntaba con el marido de la criada al lado de la cama. Se conmovía al ver al soldado agarrar la mano de su mujer. Juraba que Chiyo sobreviviría.
Al inicio, la fiebre y escalofríos sacudían el cuerpo de la vieja mujer de manera alarmante. Hinata temía lo peor, pero al fin de esa semana, ellos pasaron. Vieron, entonces, las manchas en la piel de ella y volvió a afligirse, pues sabía que el cocinero había muerto en esa fase de la dolencia, Todos los días, rezaba para encontrar a la criada todavía agarrada a la vida y siempre era atendida.
Cierta tarde, Hinata observaba a Chiyo de cerca mientras Tazuna le alisaba los cabellos grisáceos. ¿Estarían las manchas desapareciendo? Ellas venían en ondas, pero parecían las menos fuertes.
—¿Tazuna, vos quieres arráncame el cuero cabelludo?- la voz débil, pero irritada, de Chiyo tomo a Hinata y a Tazuna de sorpresa, pues la pobre no estaba consiente hace días. Intercambiaron sonrisas de alegría, guiñando un ojo la criada focalizo en Hinata y frunció la cara.
—Mi señora, ¿qué está haciendo aquí?
—Cuidando de vos, claro.
—No debería. Si lord Naruto lo descubre, va a quedar muy enojado.
Hinata tuvo ganas de reír. En su lucha contra la muerte, el temperamento explosivo de su marido había perdido la importancia.
—Vaya. No quiero ser la causa de peleas entre los dos - dijo Chiyo.
—Está bien. Voy a dejar a Tazuna cuidando de vos.
—Él lo hace más que por obligación.- Con una mirada cariñosa para su amiga, Hinata dejo el cuarto, pues tenía que preparar más remedios.
Los habitantes de Konoha los requerían cuando caían enfermos. Ella los atendía a pesar de saber que luego su marido descubriría su nueva actividad.
Él no quedaría satisfecho.
Al retornar al castillo, Naruto encontró el salón vacío. Eso sólo empeoro su mal humor. Cansado y sucio, deseaba un baño y los cuidados de su esposa. La ausencia de Hinata lo irrito.
Además de melancólica, ella andaba distraída y negligente últimamente. Por su lado, él se mostraba tolerante pero la paciencia llegaba a su fin. Si su mujer pensaba en abandonar los deberes sólo porque lo agradaba en la cama, estaba mucho equivocada. Por Dios, él le recordaría su lugar en el castillo.
—¡Genma! - gritó, pero en vez de su criado preferido, quien surgió fue un muchacho.
—Genma está enfermo, mi señor.
—¡Maldición! -Naruto exclamó, frustrado al saber que la dolencia de la aldea ya había invadido el castillo.
—No se preocupe, mi señor. Lady Hinata está con él.
—¡¿qué?!
—Su señora. Ella entiende bien de curar – el muchacho dijo, retrocediendo. La rabia de Naruto fue tanta que él no consiguió encontrar su voz.
—Ve a buscar a mi mujer y llévala para nuestro cuarto - ordenó.
Mientras el muchacho desaparecía rápidamente, el fue rumbo para la escalera a fin de esperar a Hinata en el cuarto. ¡Por Dios, él lograría que ella lo obedeciera aun si precisase amarrarla a la cama!
Crispo las manos para impedirse golpear las paredes. Él la imaginaba satisfecha últimamente cuando, en verdad, ella venía actuando a escondidas. Menos mal que Gaara todavía continuaba fuera, caso contrario, dudaría también de la fidelidad de su mujer. Eso lo hizo sentir su antiguo dolor de estómago que, hace semanas que no lo afligía.
Cuando la puerta se abrió, Naruto intentó controlarse. Serena, Hinata se aproximó y se paró delante de él.
— ¿Vos me mandaste a llamar? - preguntó ella.
—Mande, si. ¿Cómo osaste desafiarme tratando enfermos? Yo te prohibí hacer eso, entre tanto, me entero que estás cuidando de Genma.
Hinata no mostro señales de remordimiento y lo encaro con calma.
—Su gente viene cayendo enferma y me procura en busca de auxilió. ¿Cómo puedo negarme a atenderlos?
—¿Vos preferís que yo te encierre aquí lejos de todo y de todos? ¿Esa es la única manera de garantir tu obediencia? - gritó Naruto.
Al oírlo, ella quedó tensa, pero mantuvo la expresión de calma.
—Ese es su pueblo, Naruto. ¿No te importa?
—Claro que me importa.
Los ojos perlas lo miraban con una expresión fría y él tuvo ganas de sacudirla para provocarle alguna reacción.
—¿Tú dolor de estómago no mejoro? - preguntó ella en una voz suave.
—Mejoro - respondió él, distraído. ¿Que había acontecido con su esposa?, preguntándose Naruto. ¿Dónde estaba la vitalidad que él aprendió a apreciar? Había desaparecido con un su ultima menstruación. Él sospechaba de sus razones, pero no quería admitirlas.
Con las manos crispadas, Naruto giró. ¿Qué quería Hinata de él? Ya le había garantizado la condición de esposa. Su mujer no podía esperar también que él aceptase un hijo con la sangre de Hyūga. Eso era pedir mucho.
El oyó su voz baja que venía de atrás.
—No puedo ignorar las enseñanzas del convento, Naruto. ¿Cómo quedar indiferente y dejar que esas personas mueran sin ayuda alguna?
Sin le dar oído, Naruto giró furioso otra vez.
—¿Quien la postuló para una posición de santa? ¡Vos sos mi mujer y debes cuidar sólo de mí! Yo no permito...
—¡Desgraciado egoísta!
Naruto paró y la observó. Aunque Hinata reaccionase finalmente, no había calor en sus palabras.
—Esa no es la cuestión. Vos me desafiaste y vas a pagar por eso, heredera de Hyūga.
Ni la mención de ese hecho provoco la rabia de Hinata. Naruto no podía creer que ella, un día, le había tirado tazas por la cabeza. Ahora, ella le recordaba a una concha vacía. Eso lo hizo reflexionar. La rabia fue substituida por una aprehensión repentina.
—¿Hace cuanto tiempo vienes cuidando de los enfermos? - preguntó.
—Personalmente, sólo cuide de Chiyo y de Genma.
—¿Y hay más enfermos en el castillo?
—Varios criados y dos cocineros ya murieron.- Dando un paso al frente, Naruto le levantó la cara para observarla mejor. Ojeras profundas marcaban sus facciones.
—Vos quedas confinada a este cuarto. Si llego a descubrir que vos me desobedeces, te amarro a la cama.
Naruto espero que ella lo atacase pero Hinata permaneció inmóvil.
—No es de extrañar que su pueblo prefiera a Sasuke. Vos no mereces ser el señor de Konoha - ella murmuró.
Hinata lo había llamado egoísta. Eso era verdad, Naruto admitió al andar a lo largo de la muralla del castillo. Jamás se había sentido ligado a alguien. Su madre constituía una recuerdo apenas y su padre, un legado de títulos y propiedad.
Sakura, como su única pariente, no significaba más que un lazo sanguíneo. Gaara, a su vez, llegaba casi a ser un amigo, a pesar de lo que se interpusiera entre ambos…
Levantando su rostro para la brisa, Naruto fue inundado por sensación de posesión. Hinata era suya él no la compartiría con nadie. Ni con Chiyo, ni con Gaara o con los criados enfermos. Su mujer era la primera persona que en su vida tenía significado.
Se encerraba en el cuarto o él lo haría sin sentirse culpable. Determinado, Naruto volvió al patío y entró al salón. Había dado órdenes para que la cena de Hinata sea servida en el cuarto, pues ella no lo dejaría ni para las comidas.
Él ser reunió con el administrador para discutir la cuestión de la enfermedad que atacaba a los habitantes de la propiedad. Dejo en claro que su mujer no cuidaría más de los enfermos, y los dos concordaron en mandar a buscar un médico en la ciudad.
Ya era tarde cuando Naruto subió las escaleras. Como siempre, su expectativa crecía. No importaban las desavenencias ocurridas durante el día, él y Hinata se entregaban a la pasión por la noche.
Impaciente, entró al cuarto. Egoísta sí, pero él la poseería con fiereza jamás vista.
Como no la vio sintió una puntada de pánico. Luego, vislumbro su silueta en la cama. Sonrió satisfecho. El colchón del piso hacia mucho que fue retirado, pues a él le gustaba dormir con su mujer en sus brazos.
Se aproximó a la cama y la excitación se transformo en consternación al ver a Hinata dormida. Carente de afectos como él, su mujer siempre lo aguardaba con una ansiedad.
Intentado despertarla, Naruto se curvo y noto nuevamente los círculos rojos alrededor de sus ojos. Ella estaba pálida también, notó, afligido. Le toco la frente para apartar los cabellos y quedó tenso. Hinata estaba caliente, febril.
Él se enderezo y tambaleo. La muerte intentaba golpearlo como la más feroz de las espadas enemigas. Abrió la boca para gritar y llamar a Genma y a Chiyo, pero no lo hizo. Ninguno podría atenderlo.
Naruto, que había pasado a vida solo, nunca se había sentido tan abandonado. Sakura estaba lejos, enojada por el temperamento explosivo de él y hasta Gaara, apartado por la sospecha, no podría ofrecerle nada. Restaban apenas un grupo de criados y de arrendatarios a quien él no podría confiar a su esposa.
Un ruido lo hizo sobresaltar a Naruto. Al abrir los ojos vio en la penumbra del cuarto, acordándose de Hinata. Se curvo sobre ella y vio que continuaba respirando.
— cálmese, lord Naruto. Voy a quedarme con lady Hinata mientras el señor baja para comer alguna cosa.
Todavía medio somnoliento, Naruto giró y vio a Chiyo abriendo la ventana para iluminar el cuarto.
¿Cuando había ella entrado allí? ¿Y qué hora seria? Él no se acordaba de cuando la noche comenzaba o acaba. Ahora, raramente dejaba el cuarto. Las horas se transformaban en días y estas, en semanas, mientras su esposa empeoraba. La luminosidad invadía el cuarto.
¿Como el sol podía brillar? Una blasfemia, pensó y maldijo el mundo que seguía adelante mientras él se desmoronaba.
Chiyo se aproximó, paró al lado de la silla donde él estaba.
—Vaya a alimentarse, mi señor. Voy a mandar a llamar a alguien para arreglar el cuarto.
Naruto no quería comer nada pero descendió al salón. Ya no suportaba las miradas melancólicas de los criados, salió al patío.
¡Maldición! La frustración lo dominaba. Había sido soldado la vida entera, caballero en la Guerra Santa. Luchar era todo que sabía hacer, pero esta vez el enemigo era invisible. Sólo le restaba enterrar la espada en la tierra mientras clamaba.
—¿Mi señor?
La mirada aprehensiva de dos soldados hizo que Naruto se controlase. Sin responder, extrajo el arma de la tierra y la envaino otra vez. Pasó su mano por sus cabellos y por su barba. Más que el alimento, él precisaba de un baño, pero no el habitual de agua caliente en el cuarto. Gritando una orden para que un muchacho fuera a buscar ropa limpia, Naruto se dirigió al riacho que corría atrás de la muralla del castillo.
El agua estaba helada, pero lo arranco de la letárgica, estimulando su circulación. Aunque el aire le provocase más frío, era bien recibido por contraste con el calor que le consumía el estómago y el pecho.
Cuando volvió al salón, se sentía más preparado para enfrentar a los criados. No vio reprobación en sus miradas, más bien preocupación. Naruto se forzó a recibir los votos de restablecimiento de su esposa y, cuando una mujer le entrego un bouquet de flores para llevarle a Hinata, él hasta consiguió agradecer.
No se había dado cuenta cuanto la querían. Aunque había estado poco tiempo en Konoha, Hinata los había influenciado con su vida vibrante que, ahora, se desvanecía.
Naruto fue rumbo para las escaleras. Sentía la necesidad de ver si mujer todavía respiraba, o lo había dejado para siempre.
La puerta del cuarto estaba abierta y él separó en el umbral. Chiyo lavaba el rostro de Hinata con un paño mojado. Un criado, un muchacho delgado, termino de poner la paja limpia en el piso y se recostó en la pared. La actitud displicente y la mirada ascética dirigida a Hinata llenaron la sangre de Naruto de fervor.
—Vos estás perdiendo tiempo, Chiyo. Esa ahí no vivirá mucho tiempo más. Entonces, lord Naruto se casará otra vez y la nueva esposa tendrá los hijos que vos tanto quieres criar. Siempre y cuando ella no muera en el parto, al menos...
Naruto ni notó su propio movimiento. En una fracción de segundo, él alcanzo al muchacho, tomándolo por el escote de la túnica, comenzó a golpearle la cabeza contra la pared.
—¡No te atrevas a hablar de ella!- Sólo cuando Chiyo le tomó por el brazo, Naruto paró. Por poco mataba al muchacho.
—¿Cuál es su nombre? - preguntó.
—Es Hidan, mi señor, hijo de un ciudadano de la aldea. Él fue llamado para ayudarnos - explicó Chiyo.
—No precisamos de ese tipo de ayuda – dijo Naruto para, en seguida, dirigirse al muchacho a quien todavía tenía agarrado: - ¡Salga de aquí! Vos está expulsado de Konoha, del castillo o de cualquier grano de tierra que me pertenezca. ¿Entendió?
Más no pudendo hablar, Hidan asintió y Naruto lo tiró en dirección a la puerta, por donde el muchacho desapareció corriendo.
Se hizo silencio y Naruto miró hacia la cama. Hinata continuaba respirando con dificultad. Él no debía haber provocado tal conmoción en el cuarto. Tan enferma, su mujer precisaba de silencio y tranquilidad. ¿Pero cuando él le había proporcionado eso? Algo volvió a dolerle en el pecho. Giró hacia Chiyo y dijo:
—Ahora, nos deja solos.
Después de la salida de la criada, Naruto miró a Hinata, pero la sobrina de su antiguo enemigo no noto su presencia. En los últimos días, ella dormía profundamente o deliraba. Estaba tan diferente a la mujer corajuda con quien él se caso. No se alegraba con verla debilitarse.
En verdad, a pesar de los planes para atormentarla, él nunca sentiría placer con su sufrimiento. La venganza pasó a significar menos, mientras la mujer pasaba a significar mucho. Su placer derivaba de otras cosas: de su conducta imprevisible, de su mirada fascinante cuando peleaban, o erótica y apasionada cuando hacían el amor.
Finalmente, Naruto admitía no quererse vengar. Deseaba, apenas, su resurgimiento. Al pie de la cama juro olvidar la venganza si ella se recuperaba.
Naruto jamás juraba en vano. No temía al vacío que lo atormento antes de tener la posibilidad vengarse. Hinata lo había llenado con muchos sentimientos desconocidos hasta entonces. Y el mayor de ellos era la aflicción de ese momento.
