-Vamos, Harry.
-No.
-Tienes que ir a la enfermería.
-No quiero.
-Vamos. Hermione, tú también. Vengan.
Una huesuda y firme mano de Dumbledore tomó el brazo de Harry con fuerza. Cedric lo tomó de la otra, y lo ayudaron a caminar en una sola pierna por los corredores. Hermione le llevaba la escoba. Mientras llevaba a los tres adolescentes a la enfermería, Dumbledore conjuraba Patronus por todos lados, al parecer notificando miles de cosas a distintos magos a la vez.
Débiles rayos de sol se filtraban por las ventanas. Estaba amaneciendo.
-¿Estás bien, Cedric? -oyó que Dumbledore preguntaba.
-Sí, señor.
-Será mejor que nadie te vea. Puedes irte desde mi despacho, con polvos flú. La contraseña es "sarpullido de bubotubértuclo".
-De acuerdo, señor. Harry, Hermione. Fue un placer verlos de nuevo.
Cedric se alejó de ellos corriendo, y finalmente llegaron a la enfermería.
-¡Oh, santo cielo! -exclamó Madam Pomfrey cuando los tres entraron, sangrando, Harry con una pierna menos, Hermione pálida y herida. -¡Por aquí, Dumbledore! ¡En estas camas de aquí!
Dejaron que los acostaran en dos camas, una junto a la otra. Harry alzó la mirada y comprobó que la enfermería estaba llena de gente. Entre ellos, distinguió miembros de la Orden, profesores y también muchos alumnos. Vio a Cho en una cama, a Ginny en otra… Parecía que los alumnos habían regresado de su huida a Hogsmeade.
-Estoy bien -dijo Harry apresuradamente, cuando Madam Pomfrey se lanzó sobre él-. Revise a Hermione -señaló a la cama junto a la suya.
-No seas idiota, Harry -dijo la voz de Hermione desde allí-. Yo estoy perfecta. Madam Pomfrey, ¿podrá hacer crecer la pierna de Harry?
-Tendré que hacer unas comprobaciones para ver cómo fue arrancada, pero…
-Con el maleficio "Partis Corpus" -dijo Harry de inmediato.
-Magia negra -susurró Madam Pomfrey, con desaprobación-. En ese caso, temo que no será posible.
Harry lo había supuesto. Si fuera tan fácil hacer crecer una pierna, Ojoloco Moody no andaría con una pata de palo.
-Revise a Hermione -insistió Harry-. Yo estoy bien.
Dumbledore caminaba por entre las camas, mirando a los estudiantes muy preocupado.
-Han sufrido asaltos sexuales, Dumbledore -dijo Madam Pomfrey, apartándose un poco y yendo a su encuentro, junto a las camas de Cho y Ginny-. Con esa magia negra horrible… No puedo creerlo. Primero dementores, luego dragones, y este año un ataque sexual así… Estoy comprobando que no tengan heridas genitales internas.
-Compruebe a Hermione -dijo Harry, alzando la voz-. ¡A ella se lo hizo también!
Hermione no dijo nada, pero lucía muy pálida en su cama, iluminada por los azules rayos de luz del amanecer.
-Oh, querida mía -Madam Pomfrey se acercó a Hermione a toda prisa-. Ten, bebe esto. Te ayudará a dormir sin soñar. Yo te revisaré bien para chequear que no tengas nada malo.
-Profesor Dumbledore -musitó Hermione, con una voz que no parecía de ella-. Ron…
Dumbledore, que podía enfrentarse a Voldemort y hasta burlarse de él sin que le temblara la voz, pareció nervioso al responderle a Hermione.
-La gente de Hogsmeade se ha hecho cargo de su cuerpo -dijo él, en una voz débil-. Debo notificar a sus padres... Ya todo terminó. Deben descansar. Esta noche han demostrado un valor superior a cualquiera que haya visto antes. Pero ya todo ha terminado. No hay más nada que podamos hacer. Todo acabó. Deben descansar ahora.
Harry estaba exhausto y completamente agotado, en verdad. Pero no pudo quedarse tranquilo hasta que comprobó que Hermione bebía su poción y caía lentamente dormida, la copa vacía resbalando de sus dedos y rodando sobre su cuerpo por la cama.
Madam Pomfrey, que vio cómo Harry la miraba, le puso una mano en el hombro.
-Ella estará bien, querido -lo animó-. Ahora bébetelo tú también.
Le rellenó la copa con poción para dormir sin soñar, y Harry finalmente la aceptó y la bebió. Todo empezó a oscurecerse, y una sensación placentera se extendió por su cuerpo. Oía el sonido de los pájaros afuera, despertando con los primeros rayos del sol, y el de las lechuzas, que debían estar regresando a la pajarera para descansar.
Pronto todo fue desapareciendo lentamente, hasta volverse negro.
…
Abrió los ojos de súbito. Todo estaba en color anaranjado ahora. Seguían en la enfermería, pero ahora eran los rayos del anochecer los que entraban débilmente por las ventanas. Debía haber dormido más de doce horas.
Algo lo había despertado. Un sonido que no pudo pasar por alto.
Miró a la cama de al lado. Hermione estaba despierta, y lloraba. Su cuerpo se sacudía con el llanto, y su cara estaba hundida en la almohada para que su fuerte llanto no despertara a los demás. Casi gritaba, ahogada por las lágrimas.
El resto de la enfermería estaba tranquila y en profundo silencio. Todos los demás estaban profundamente dormidos. Madam Pomfrey debía estar en su oficina, al final de la sala. Había un silencio que parecía extenderse no solo a la enfermería, sino a todo el castillo.
Harry se apartó las sábanas al tiempo que se enderezaba. Su pijama terminaba de forma extraña en la rodilla izquierda, luego colgando vacío. Se giró, apoyándose en las manos, y se impulsó fuera de la cama, apoyándose en el pie derecho. Anduvo a los saltitos la poca distancia hasta la cama de al lado, y se sentó en ella.
Se inclinó hacia adelante y abrazó a Hermione con fuerza. Ella se giró para arriba y le apretó los brazos. Hundió su cara en su hombro y Harry le masajeó la espalda.
Se abrazaron con fuerza, mientras las lágrimas de Hermione le inundaban la parte superior del pijama, y su cuerpo se sacudía en sus brazos.
…
Madam Pomfrey no los dejó marcharse hasta el lunes por la mañana. Durante el domingo, la gente no dejó de entrar y salir de la enfermería. Todos los Weasley fueron a verlos, ya que Ginny, Fred y George también estaban en la enfermería. Harry jamás los había visto tan abatidos. La señora Weasley estaba destrozada. Habían enterrado a Ron ese mismo día, en el cementerio de Ottery St. Catchpole. Solo un par de magos habían asistido.
La noticia de la batalla de Hogwarts y la muerte de Voldemort circulaba por todos lados, así como el hecho de que Harry había sido quien acabó con él. Todos los alumnos habían regresado al castillo, donde pasarían las últimas semanas antes de regresar a sus hogares para el verano. También corría la noticia de que Dumbledore había sacado a todos los elfos domésticos de las cocinas y les había pedido cocinar en otro lugar, provisoriamente, mientras magos del ministerio investigaban allí qué podía ser lo que había causado toda esa fiebre sexual. Sospechaban que era algún alimento contaminado.
Esa mañana, Harry y Hermione abandonaron la enfermería juntos. Harry caminaba con dificultad con su nueva pierna ortopédica, tratando de acostumbrarse a esta nueva forma de caminar. Para cuando llegaron al vestíbulo, le fue agarrando el truco, y Hermione ya no tenía que ayudarlo.
Entraron y se sentaron en la mesa de Gryffindor, para desayunar. Algo temeroso, Harry pinchó un trozo de tocino y se lo llevó a la boca. Pero ninguna sensación sexual lo invadió: Dumbledore lo había logrado. Al preparar los elfos la comida en otro lugar, ya no sentían deseos sexuales.
Todo había regresado a la normalidad.
Cuando terminó el desayuno, todos los alumnos de Hogwarts se sintieron, por primera vez en semanas, llenos con comida sin necesidad de tener ganas de follar descontroladamente. Y entonces Dumbledore se puso de pie, y Harry comprendió lo que iba a pasar: uno de sus clásicos discursos de fin de año.
-Quisiera decir unas palabras -dijo Dumbledore. Todos hicieron silencio y lo miraron. Harry vio que Ginny, Fred y George estaban sentados muy juntos y los tres lucían profundamente tristes. -El viernes en la noche, hemos perdido a algunas de las personas más valientes, leales y fieles que Hogwarts haya tenido. Me refiero, por supuesto, a la infortunada pérdida de nuestros profesores Snape y Flitwick, y la de sus queridos compañeros Ronald Weasley, Vincent Crabbe, Gregory Goyle y Pansy Parkinson. Además, hemos perdido a uno de nuestros mejores elfos domésticos, Dobby. Por todos ellos, quiero pedir un minuto de silencio.
Mientras todos hacían silencio, Harry no pudo evitar pensar que Pansy, Crabbe y Goyle no habían tenido nada de valiente o leal, a menos que se considerara la lealtad a Voldemort. Cedric le había contado todo.
-A todos ellos, siempre los recordaremos como valientes guerreros, que lucharon contra las fuerzas oscuras -siguió Dumbledore-. Y la mejor forma de recordarlos, creo yo, es continuando con nuestras vidas. Ellos no han muerto en vano. Murieron para derrotar a Lord Voldemort. Y él ya se ha ido, esta vez para siempre. Ahora tenemos la posibilidad de gozar de vidas plenas y felices, sin estas fuerzas oscuras. Y es gracias a ellos. Además, en relación a esto, quiero que agradezcamos a otra persona que sigue con vida y que ha tenido un importante papel en su destrucción.
"Me refiero, por supuesto, a Harry Potter -todas las miradas se volvieron a él-. Harry ha demostrado la valentía que solo un verdadero Gryffindor puede poseer, al luchar contra él, y finalmente vencerlo.
Algunos lo aplaudieron, aunque nadie en la mesa de Slytherin se movió.
-Naturalmente -siguió Dumbledore-, todos los exámenes finales quedan suspendidos. Incluidos los ÉXTASIS y los TIMOS.
Hermione pareció algo consternada por esa noticia, pero de inmediato la expresión se borró de su rostro, y regresó la de tristeza anterior, como si de repente hubiera recordado que había cosas mucho más importantes que unos exámenes.
-Sin embargo, y para finalizar, quisiera anunciar que el baile de fin de curso programado para el próximo sábado no va a suspenderse. Como les decía, la mejor forma de honrar a los caídos será recuperando la alegría, celebrando el final de Lord Voldemort. Estoy seguro de que será la oportunidad perfecta para que todos celebremos y sigamos adelante.
"Ya no tienen que preocuparse por cierta… -no parecía encontrar las palabras-, situación sexual, que ha ocurrido últimamente. La verdad es que aún no sabemos qué pasó, porque Lord Voldemort no parece haber estado involucrado en eso, pero estamos investigando. Y no hay de qué preocuparse. Con los elfos preparando las comidas en otro sitio, el problema parece haber terminado por fin.
"Así que esta noche, durante la cena, el Cáliz de Fuego nos mostrará las parejas que ha formado para los que pusieron sus nombres dentro. Que tengan un excelente día.
Dumbledore terminó de hablar y volvió a sentarse, charlando con la profesora McGonagall.
-Deberíamos ir a hablarles -le susurró Hermione, y Harry vio que miraba a Ginny, Fred y George. Harry asintió y ambos se pusieron de pie. Caminaron hacia ellos.
Fred levantó la mirada y le sonrió a Harry, de forma algo triste. Hermione se sentó junto a George, y Harry del lado opuesto, junto a Ginny, que le lanzó una mirada nerviosa.
-Lo siento mucho, Ginny -dijo Harry.
-No, yo lo siento -dijo ella de pronto, de forma que tomó a Harry por sorpresa-. No debí enojarme contigo.
-No hay problema -dijo Harry, algo asombrado de que ella pensara en eso, cuando su hermano acababa de morir.
-Sí, no fue tu culpa, Harry. Fue esta locura… Esto que estuvo pasando aquí. Fue injusto que me enojara contigo.
-Ginny, olvídalo, de verdad. Si fui yo el que…
-Me he puesto de novia con Dean -reveló ella, muy seria. Harry no supo qué decir. -Fue antes de la batalla, claro. Vino a verme, y no se sentía bajo los efectos de eso. Y me dijo que siempre me había amado. Me di cuenta de que tú en verdad nunca fuiste para mí. Sé lo que sientes -le lanzó una mirada veloz a Hermione-. Y está bien.
-Ginny, no tienes por qué decir nada de esto…
-Pero quiero hacerlo. Quería que lo sepas. Estos días me he acostado con medio colegio. Pero me di cuenta de que en verdad me gusta Dean, y decidí que es él con quien de verdad quiero estar.
Harry le sonrió, y entonces la chica se puso de pie y se marchó hacia otra parte de la mesa, donde Harry vio que Dean los miraba. Se tomaron de la mano y se marcharon juntos de allí.
-¡Harry! -dijo una nueva voz. Este se volvió y vio que Luna se acercaba a él. Tan extraña como era la chica, no parecía ni triste ni emocionada, ni nada. Era como si estuviera pensando en nargles. -Quería decirte que siento mucho haberme enojado contigo, yo también.
-No pasa nada.
Luna le sonrió.
-¿Tienen ganas de ir a ver a Hagrid, los tres? Me dijo que los extrañaba, ayer.
Harry lanzó una mirada a Hermione, que asintió.
Fue muy extraño pasar la tarde con Luna, en la cabaña de Hagrid. Era como si estuviera allí reemplazando a Ron, lo que era muy extraño. Hagrid les dijo que estaba terriblemente aliviado de enterarse que él no había sido el único poseído por esas fuerzas sexuales. Parecía muy arrepentido de cosas horribles que había hecho, según él. No dejaba de evitar la mirada de Luna, y se ruborizaba cuando ella lo miraba, sonriéndole.
Sin embargo, y para alivio de Harry, a la hora de la cena Luna desapareció en la mesa de Ravenclaw y no volvió a acercarse a ellos.
-Bueno, alumnos, así es como funcionará esto -anunció la profesora McGonagall, después de la cena. Había colocado el Cáliz de Fuego en medio del Gran Salón, y todo el colegio se había puesto de pie a su alrededor. -Como saben, el Cáliz analiza quiénes son las mejores parejas, en base a su personalidad, su carácter y la química romántica que identifica en ustedes. Básicamente, nos dirá quién es el alma gemela de quién, la media naranja, la parte águila y la parte caballo del Hipogrifo.
-¿La parte águila y la parte caballo del Hipogrifo? -susurró Harry a Hermione.
-Es un dicho de magos -le explicó ella, al oído.
-El Cáliz -continuó McGonagall- irá lanzando las parejas que ha armado. Cuando empiece a escupir los pergaminos, yo se los daré a cada uno de ustedes. No los leeré en voz alta… Oh, miren, ya está empezando.
El Cáliz de Fuego había emitido una llama roja, y escupió dos trozos de pergamino al parecer adheridos entre sí, uniendo a las dos personas que había emparejado. McGonagall lo atrapó al vuelo, leyó el pergamino en silencio y anunció en voz alta uno de los dos nombres:
-¡Ernie Macmillan!
El chico se adelantó. Leyó los dos pergaminos unidos y buscó a alguien con la mirada. Harry vio que Hannah Abbott captaba su mirada, se acercaba, leía el pergamino y le sonreía de una forma extraña.
-¡Ginny Weasley!
Ginny se adelantó, muy nerviosa y con los ojos abiertos de par en par. Dean estaba unos metros tras ella, igual de nervioso. Era como si estuvieran por anunciar el futuro de sus vidas, o algo tremendo. De forma exagerada, Ginny suspiró de alivio al leer los dos trozos de pergamino unidos, sonrió a Dean y este se abalanzó encima de ella para abrazarla y besarla, al parecer atónito de que el Cáliz los hubiera emparejado a ellos.
-¡Neville Longbottom!
Neville parecía aterrado. Pálido, tomó el pergamino y quedó boquiabierto. Empezó a buscar alrededor con la mirada, y Harry pensó que se había quedado mirando a Luna. Pero entonces vio que en verdad miraba a la chica que estaba junto a Luna.
-¿Yo? -dijo Katie Bell, atónita. Neville no dijo nada, pero su mirada atónita parecía estar diciendo "pues eso dice aquí". Katie entonces, para sorpresa de todos, lanzó un chillido de alegría, corrió hacia Neville y lo besó en los labios, arrojándole los brazos al cuello.
Harry y Hermione quedaron boquiabiertos por la sorpresa, uno junto al otro.
McGonagall apartó la mirada de la parejita justo a tiempo para atrapar al vuelo el siguiente par de pergaminos unidos por el Cáliz de Fuego.
-¡Fred Weasley!
Fred tomó su pergamino, lo leyó por arriba rápidamente y, casi sin emoción, se lo tendió a Angelina.
-Eres tú -le dijo, sin emocionarse ni un poco.
-Bueno, lo sabía -dijo ella, tomándolo de la mano con una sonrisita.
-¡George Weasley!
George tomó su pergamino con un desgano similar, y entonces gritó:
-¿Alguien sabe quién demonios es Megan Jones?
Las risas de casi todo el colegio resonaron en el Gran Salón.
-Es una alumna de séptimo de Hufflepuff, señor Weasley -dijo McGonagall, con una sonrisita-. Está por allá.
Una chica morocha, muy bonita, miraba a George como evaluándolo con la mirada, entre medio de un grupo de chicas de séptimo.
El Cáliz escupió otro par de pergaminos, que unieron a dos varones de Ravenclaw. Luego otro par más (Zacharias Smith con Marietta Edgecombe), y varias parejas de Slytherin. Luego Lavender Brown recibió su pergamino y se alejó en silencio con él; luego Parvati Patil (emparejada con Seamus Finnigan); Gemma Farley, una chica de Slytherin, emparejada con Susan Bones; Roger Davies con Padma Patil; Cho Chang con Anthony Goldstein; Luna Lovegood con Michael Corner; y entonces…
-¡Hermione Granger!
Hermione se acercó a la profesora, tomó el par de trozos de pergaminos adheridos entre sí que esta le pasó y los dobló en su mano, sin mirarlos. Se acercó de regreso a Harry, con el pergamino doblado varias veces en el interior de su mano, siendo imposible leer lo que decía.
-¿Y bien? -preguntó Harry, mirándola a los ojos.
Hermione se quedó allí de pie, frente a él, mientras McGonagall anunciaba nuevos nombres y todos dejaban de prestarle atención a ellos, mirando al Cáliz y a las parejas nuevas.
-No voy a ver lo que dice -dijo Hermione, seria.
Harry no dijo nada. Se quedó mirándola, y entonces Hermione sacó su varita, apuntó al pergamino doblado, y este se prendió fuego.
Las cenizas cayeron de la mano de Hermione y hacia el suelo.
-No necesito saber lo que dice -dijo Hermione, mirando a Harry-. Yo sé bien quién es la persona indicada para mí.
Y entonces, Hermione tomó a Harry de la mano. Se miraron a los ojos, ella se acercó más a él y empezó a besarlo en los labios.
Harry le devolvió el beso. Algunos les lanzaron miradas curiosas, pero la mayoría seguían mirando a las parejas nuevas que eran anunciadas.
Cuando se separaron, Harry miró a Hermione con una expresión de tristeza.
-¿Y si… y si no era yo?
Hermione lo miró con intensidad.
-Eres tú, Harry -le dijo, en un susurro-. ¿A quién prefieres escuchar? ¿Al Cáliz de Fuego o a mí?
Harry se quedó pensativo, y luego dijo:
-A ti.
-Vámonos de aquí -le susurró ella al oído, para que nadie más los pudiera oír-. Vamos arriba… Te necesito -lo abrazó y le habló directo al oído, de forma casi muda-: Necesito estar contigo. Olvidar todo lo que pasó… Pasemos la noche juntos.
-Pero, ¿dónde? -le susurró Harry, abrazándola muy estrechamente-. En la Sala Común estará lleno de gente, en nuestras habitaciones también…
-No, no ahí -le dijo ella, dándole una caricia en un brazo-. Vamos a la Sala Multipropósito. Nadie podrá encontrarnos allí.
Harry se apartó un poco de ella y asintió.
-Me adelantaré -dijo ella, aun susurrando-. Le pediré que se transforme en lo que necesitamos… La prepararé. Tú ve allí en diez minutos.
Hermione lo soltó. Lucía muy extraña. Por un lado parecía triste, pero también ansiosa. Se alejó de él y desapareció en dirección al vestíbulo.
Harry obedeció y esperó diez minutos, mientras nuevas parejas se armaban (Terry Boot con Demelza Robbins, Alicia Spinnet con Lee Jordan…). Entonces empezó a caminar por el Gran Salón, solo, en dirección al vestíbulo, lejos de la multitud.
Mientras caminaba por allí, no pudo evitar pensar en el pergamino que Hermione había hecho cenizas. ¿Y si decía el nombre de Ron? ¿Y si Hermione sabía que la emparejaría con Ron, y por eso lo había destruido sin leerlo?
Mientras pensaba en eso, vio que había una chica sentada sola, a mitad de la mesa de Gryffindor, que se tapaba la cara con las manos. Se acercó a ella, y vio que se trataba de Lavender Brown.
La chica estaba allí sola, y parecía estar llorando. Parvati también la vio, a lo lejos, se alejó de Seamus y corrió hacia ella.
Pero Harry llegó primero.
-Lavender, ¿qué ocurre? -le preguntó, frunciendo el ceño.
La chica negó con la cabeza, aún tapándosela con las manos, y no contestó. Harry se asomó por sobre su hombro y alcanzó a ver sus dos trozos de pergamino, unidos entre sí. Estaban abiertos ante ella sobre la mesa. El de arriba decía su nombre. El de abajo decía "Ron Weasley".
