Capitulo 15
Conquistando a mi Esposo
Naruto pasó para el lado de afuera de la muralla, ignorando los saludos bajos de los centinelas. No paró de andar hasta estar lejos de cualquier actividad y solo en la oscuridad. Respiro profundo y se forzó a dominar su cuerpo excitado.
¡Maldición! Cuando se vio obligado a casarse con la heredera de Hyūga, se había abstenido de cualquier relacionamiento físico con su mujer. Imaginaba que era posible hacer eso otra vez. Desgraciadamente, no estaba siendo fácil, pues ya conocía cada centímetro de la piel sedosa de Hinata, cada suspiro de placer y cada lugar sensible de su cuerpo. Sabía lo que le aguardaba, en caso que no se mantuviese atento. Hasta esta noche, todo iba bien lo suficiente como para evitar la tentación. Pero, el había olvidado tomar algo en consideración.
Hinata. Naruto no pensó que ella intentase seducirlo, pero debería haberlo calculado. Ella era audaz, corajuda y estaba acostumbrada a luchar por lo que quería. Y por cierto, su mujer lo deseaba. Él no se debería sorprender. Hinata lo amaba y para ella, hacer amor sólo significaba placer.
Para él, se trataba de una cuestión amedrentadora.
Por primera vez en la vida, Naruto estaba con un miedo. Temía a la muerte de Hinata. Las horas desesperadas pasadas a su lado le habían probado algo. Él no quería enfrentar la vida sin su mujer. Por lo tanto, estaba determinado a mantenerla sana y salva al lado de él.
Naruto ya había aumentado el número de guardias que protegían la propiedad en caso que el hombre de cabellos castaños fuera una amenaza. También le había arrancado la promesa a Hinata de no tratar con enfermos. Si lo hiciera, él establecería castigos severos para quien fuera a ella en busca de remedios.
Gaara le había dicho que era imposible controlar el destino, pero Naruto no le dio crédito. Había arrancado a su mujer de las garras de la muerte y haría de todo para que ninguna enfermedad la atacase otra vez.
Existían, entretanto, otros peligros que acechaban la vida de las mujeres, Naruto lo sabía. ¿Su propia madre no había muerto en el parto? El riesgo era grande para ser ignorado.
Hinata jamás tendría un hijo de él.
La decisión, tomada cuando ella estaba mal, parecía razonable. En esa ocasión, el no deseaba su cuerpo sino su alma. Ahora que Hinata estaba bien. Su silueta graciosa, su perfume enervante y su voz suave y sensual lo afectaban más que un tónico poderoso.
Él tenía la sensación de estar a punto de explotar. Frustrado, dudaba de ser capaz de soportar una vida entera con ese tormento.
¿Y si ella lo intentase nuevamente? su mujer era muy temeraria. Si estuviese determinada a seducirlo, ella lo haría. Apenas la fuerza de voluntad de él podría salvarla. Y ésta estaba al límite máximo.
Debía haber otra solución, Naruto reflexionó. Había oído hablar de hombres que retiraban su pene antes de alcanzar el clímax, pero ignoraba si eso sería cierto.
Tampoco confiaba en sí mismo. Dominado por la pasión, podría olvidarse de hacerlo. Oyó también la mención de cierta poción a base de hierbas, que evitaba la concepción. Si eso era verdad, no debería ser accesible a las mujeres. Pues la mayoría de los hombres querían herederos.
¡Por Dios, él no! Pagaría un buen precio para obtener tal receta. Pensó en buscar a Chiyo, pues la vieja criada tenía un cierto conocimiento de la vida. Con todo, ella no aprobaría su pedido y le negaría cualquier información.
En verdad, la única mujer, en Konoha, que entendía de plantas era Hinata, pero él no podía cuestionarla. La mujer quería un hijo. Naruto sufría por negarse a satisfacer sus ganas.
Apretando los dientes, el resolvió encontrar una manera de poder poseer a su esposa y, al mismo tiempo, evitar cualquier riesgo para ella. Si nadie allí le presentaba una solución, mandaría a Gaara para buscarla en otras regiones.
Tal vez hasta en Tessen. Aunque no hubiese tenido noticias de Sakura, él sabía que su hermana entendía de plantas.
Naruto enderezo sus hombros. Primero, escribiría a Sakura, pues ella sabría que hacer. Preferiría no pedirle favores, especialmente después de la pelea con su cuñado, pero no había otra salida. Tiempos atrás él había salvado la vida de Sasuke, a quien su hermana amaba tanto. Ella le debía ese favor.
Menos aprehensivo, Naruto inicio la caminata de vuelta al castillo. Sakura lo atendería y, cuando él estuviese en posesión de prepararlo, pondría la poción en el vino de Hinata. Ella jamás desconfiaría.
Para Hinata, ella había acabado de adormecerse cuando Chiyo golpeo la puerta apara despertarla. Se sentó y miró el cuarto vacío. ¿Donde había pasado la noche su marido? Esperaba que no fuese entre los brazos de otra mujer, pues ella mataría a los dos.
—¿Lady Hinata? - llamo la criada.
— ¡Entre! - gritó ella al levantarse. Rabia y humillación aumentaban por el efecto del insomnio y ella no consiguió sonreír para la pobre Chiyo.
—¿que acontece, mi señora?
—Lo de siempre. Mi marido continúa igual. Pensé que había cambiado un poco, pero él insiste en atormentarme.
— Después de todo lo que él hizo por la señora, ¿cómo pode decir eso? - protesto la criada.
—¿Y que, exactamente, hizo? Naruto me arranco de donde yo vivía, me humillo, me aterrorizo y me trato como una esclava - respondió Hinata y mentalmente, agrego: Lo peor de todo, me hizo enamorarme de él.
—No puede olvidarse de todo, lady Hinata. Todos saben que lord Naruto no dejo de estar al lado de su cama durante toda su enfermedad. Día y noche, él permanecía aquí. Yo todavía estaba en cama cuando la señora se enfermó. Por eso, él cuido de sus necesidades. Cuando yo finalmente lo vi, él pobre parecía que no había dormido en semanas.
Mientras la criada la ayudaba a vestirse, Hinata reflexionó. La enfermedad era una nebulosa en su memoria, con las visiones extrañas que ella calculaba fueron causadas por la fiebre. Se acordaba de su marido gritando hasta provocarle dolor de cabeza.
Pero también él lavando su rostro con un paño húmedo, y hablándole en voz suave. En verdad, cuando pensaba en aquellos días, sólo veía a Naruto a su lado, en una actitud dulce y diferente de la habitual. Una vez, hasta lo vio llorando. Debía ser su imaginación.
Pero no todo. De hecho, Naruto había cuidado de ella, por lo menos, parte del tiempo. ¿Pero por qué? ¿Para qué ayudar una persona a quien él decía despreciar?
—Naruto sólo quería mantenerme viva a causa de la venganza – se quejo.
—¡Ah, no, lady Hinata! Ya es hora de que la señora sepa la verdad sobre su marido. Nunca vi un hombre sufrir tanto. Cuando la señora estaba enferma, él se alimentaba mal y dormía peor. Un criado oso hablar de su muerte y lord Naruto lo expulso de Konoha.
Hinata bajó la mirada. Se sentía avergonzada con la posible verdad en las palabras de la criada.
—¿Pero por qué?
—¡¿Cómo?! Para una mujer tan inteligente como la señora, su mente es muy obtusa en relación a lord Naruto. Él cambió mucho y por su causa. Él señor de Konoha está enamorado.
Abriendo bien los ojos, Hinata soltó una exclamación de sorpresa.
—No finja estar sorprendida. Sin duda, la señora notó la diferencia en él. Todos aquí en el castillo saben eso. Yo conseguí un buen número de monedas pagadas por ellos: los escépticos - conto Chiyo.
—¡¿Monedas?! - repitió Hinata.
—Eso mismo. Desde el inicio, yo sabía que la señora conquistaría a lord Naruto. Primero, aposte sólo con Tazuna. Pero cuando la historia se desparramo, las personas comenzaron a buscarme. Después de su enfermedad, los que iban contra mi idea se vieron obligados a pagarme. Hasta un ciego podría ver que el señor de Konoha estaba enamorado por su esposa.
Hinata se sentó en un banco, intentando entender el argumento de la criada.
¿Naruto enamorado? ¿Por ella? Aunque el corazón quisiese creer, la mente le aconsejaba ser cautelosa. Su marido ya se había divertido con ella antes, y siempre con mala intención. Tal vez su nueva actitud no pasase de un esquema elaborado para conquistarle la confianza y después, destruirla, reflexionó Hinata.
Exactamente como pasó la noche anterior. Eso era prueba suficiente de la perfidia de Naruto.
—Basta, Chiyo - dijo en voz áspera, levantándose.
—Pero, mi señora...
—No quiero oír mas hablar del asunto. Ese hombre, que vos decís que me ama, ¿donde pasó la noche? ¿Y con un quien? No fue conmigo en este cuarto. ¡Él me engaña!
— Lord Naruto todavía está preocupado por su salud. Dele un poco de tiempo. Él quiere tener la certeza de que la señora está completamente bien antes de buscarla en la cama.
Hinata se sentía dividida. Aunque no quisiese oír las palabras, su corazón la forzarla a considerarlas. Ellas parecían expresar una cierta verdad. No creía que Naruto estuviese enamorado por ella, claro, pero tal vez el hubiese cambiado un poco por la preocupación por su salud. Sin duda, le costaría asimilar ese tipo de raciocinio.
—Dele tiempo - repetía Chiyo. - Si no estuviera dispuesto, existen otras maneras de atraparlo - agrego, riendo.
Se inclino y comenzó a hablar al oído de Hinata.
Al oír las sugerencias de la criada, Hinata respiro profundo. Ellas rondaban en su mente, provocando visiones de sí misma y de Naruto juntos. El corazón se le disparó, hechizándola de deseo. Si al menos pudiese creer en la vieja criada. O en Naruto. ¿Y si intentase seducirlo y él la rechazase otra vez?
Hinata no se sentía con fuerza para soportar eso.
Naruto espero hasta que Hinata estuviera ocupada cosiendo con las otras mujeres para pedir un baño. Al esconderse de su esposa, se sentía cobarde, pero el agua del riacho ya estaba helada. El administrador había promovido a Izumo, uno de los criados, para ocupar el lugar de Genma.
Antes que este acabase de llenar la bañera, Naruto ya lo había despedido. Entró al agua tan rápido como el criado salió.
Recostándose hacia atrás, cerró los ojos. Se había olvidado cuan relajante era un baño caliente. Al oír la puerta abrirse, dijo:
—No precisa volver, Izumo. Se cuidar de mi mismo.
—¿Seguro?
La voz suave no pertenecía a hombre alguno. Naruto se sentó rápidamente y vio a Hinata a pocos pasos de distancia.
—Exacto. No preciso ayuda de nadie. Vete
—¿Por qué? Soy yo quien deber cuidar de vos.- Desconfiado, Naruto la vio arrodillarse al lado de la bañera y enjabonar sus manos. Bajo las densas pestañas, los ojos perlas brillaban peligrosamente.
—¿qué hare con vos, Hinata? Cuidado para no despertar mi rabia.
Ella se levantó y salió de su de vista. Naruto pensó haberse librado de su mujer, pero en seguida, sintió sus manos en sus hombros, enjabonándolos. El contacto lo dejo paralizado mientras ella lavaba el cuello y los dos brazos.
Algo diferente le rozó piel y el giró. Hinata había soltado sus cabellos. ¿Lo habría hecho a propósito para atormentarlo? Sus cabellos caían por sus hombros y el luchó contra su voluntad para no empujar a su mujer al agua con ropa y todo. Acordándose de la vez que habían hecho amor allí en la bañera, sintió su excitación crecer.
Tentación. Ella estaba allí, a su lado, estimulándole los sentidos, pero Naruto mantuvo el control. Aunque ella no hubiese quedado embarazada con las otras relaciones, no debía arriesgarse nuevamente. Él no la perdería por falta de disciplina propia.
Hinata todavía le tomaba por la muñeca y enjabonaba cada dedo vigorosamente. Afligido, Naruto empujo la mano.
—No preciso ayuda. Ve a buscar un jarro de cerveza.
—En un instante - respondió ella con suavidad. En seguida, enjabono sus manos y las coloco en el pecho de su marido, acariciándole los pezones.
—¡Hinata! - gimió Naruto.
—¿Si?
Él reconoció el deseo en su voz. El se vio entre la carencia y el deber. Sin aviso, se levantó del agua mientras sus manos le tocaban la cintura. Con una fuerza, él le agarro las muñecas
—¡No sé qué truco tienes en mente, pero para ya! - ordenó él en voz ríspida. Hinata retrocedió un paso.
—¿Cómo que no sabes que truco es si fuiste vos quien me enseño? - preguntó ella jugando con su cabellera.
Brava. Desafiante. En un auge de excitación, Naruto la deseaba exactamente así.
—Pero si vos no quieres hacer el truco, tal vez deba buscar otro amante - ella provoco.
— ¡Hinata! - Naruto gritó, quedando de pie en la bañera. Con aire de desafío, ella lo enfrento.
—Si vos no me quieres ...
—¡¿No quererte?! - La rabia pasó y el salió de la bañera, exhibiendo su erección.
-Yo te quiero mucho, como vos pode ver, y si pudiese, sino tuviera conciencia, te poseería ya, aquí mismo.
Su respiración se torno rápida y Naruto se estremeció al pensar como la pasión estallaba entre ambos. Al ver la expresión de deseo en los ojos perlas, el crispo sus manos. Apretando los dientes, agarro una toalla y la a enrollo alrededor de su cintura.
Hinata quedó tensa y sintió ganas de desfallecer.
—Vos no tienes conciencia.
Naruto no consiguió responder. Concentraba todo su esfuerzo en mantearse allí, frustrado y excitado, mirando a la mujer a quien y no podía poseer. Su esposa.
—¡Vos no sos más que un maldito cobarde! - Por un momento, se cruzaron las miradas. Entonces, Naruto dijo:
—Vos estás en lo cierto. Soy cobarde. Maldita seas vos por haberme transformado en uno.
Esa vez, no fue él sino Hinata quien salió corriendo del cuarto, golpeando la puerta. Lo dejo solo, abatido y perdido.
Inquieta, Hinata no encontraba posición confortable en el colchón del piso .Ella lo había traído de vuelta al cuarto y lo coloco a los pies de la cama. No podía dejar de amar Naruto pero no precisaba torturarse, durmiendo a su lado. Cuanta mayor fuera la distancia entre ambos, mejor para su orgullo herido y su corazón magullado.
Hinata reprimió las lágrimas. Ellas y su sufrimiento alimentaban la venganza de Naruto. Él podía haber triunfado, pero no tenía las pruebas.
Poco después, la puerta se abría y su marido entraba al cuarto. Hinata se inmovilizo y fingió estar durmiendo mientras él atravesaba el aposento. En seguida, oyó desvestirse y respiro aliviada.
Con todo, se sintió sorprendida. Esperaba alguna reacción de él por el simple hecho de ser suya, y no de, la idea de volver a dormir en el piso.
De repente, ella oyó una serie de blasfemias, que mostraba que Naruto había notado su ausencia en la cama. Él se aproximó y se paró al lado del colchón.
—¡Hinata! - gritó alto lo suficiente para ensordecerla.
Ella giró y le dirigió una mirada fría. La visión de su cuerpo desnudo , dorado por la luz de la chimenea , la perturbo.
—¿Sí?
— Vuelve a la cama.
—No.
—¿qué?
—No quiero dormir con un vos. Vete y déjame en paz.
Antes de darse cuenta, Hinata se vio siendo cargada hacia la cama. Furiosa, intentó salir de allí.
—¡No! - gritó Naruto. La mantuvo inmóvil con un brazo alrededor de su cintura y una pierna sobre las suyas. En seguida, se hecho sobre ella.
Aunque usase una camisa, esta era muy fina para impedir que Hinata sintiese la desnudez de su marido. Bajo la fuerza del deseo ella sólo fue capaz de fijar su mirada a los ojos azules. Mientras lo hacía, la expresión de rabia desapareció de ellos. Naruto abrió la boca como si fuese hablar, pero la apoyó sobre los labios de ella con un beso ardiente.
Bajo ese asalto feroz, Hinata sintió que vibraba por primera vez desde la enfermedad. Quería pasar los brazos y las piernas alrededor de su marido, pero él los mantenía sujetos. Naruto, gimiendo, apretó su miembro rígido contra su vientre. Ella intentó soltarse para recibirlo, pero en el instante siguiente Naruto se apartaba de ella y se levantaba.
Un suspiro de protesta escapo de los labios de Hinata sin que ella pudiese impedirlo. ¡Maldito! El deseo continuaba consumiéndola, impidiéndole reflexionar. Con un esfuerzo, bajo la camisa sobre sus piernas y giró hacia Naruto. Aunque el estuviese de espalda, Hinata sabía que el continuaba listo para poseerla. Al menos, tenía la satisfacción de saber que su marido también la quería.
—Tal vez tu venganza no sea muy agradable - dijo ella en tono amargo.
—¿qué?
Naruto se dio vuelta, revelando su cuerpo viril y excitado.
— Vos te castigas a vos mismo tanto cuanto a mí con tu venganza - ella explicó al sentarse en el borde de la cama.
—¿Entonces piensas que te estoy castigando? - preguntó él, indignado.
—¿Y no lo estás?
—No. Esa historia de venganza se acabo. Yo me controlo por un miedo al embarazo.
Hinata sintió como si se hubiese levantado un muro. El último resto de esperanza desaparecía. A pesar de que marido le había dicho no querer tener un hijo, ella continuaba soñando. ¡Como había sido de tonta!
Se levantó y se dirigió a la chimenea. Se sentía vacía por dentro y un frío intenso la dominaba.
—Entonces es eso. Vos no quieres un heredero con mi sangre manchada. - Irguió los hombros y giró hacia él. – Es lo mejor, naturalmente. Yo no permitiría que un niño inocente fuese maltratado por tener la sangre Hyūga.
—¿Vos me crees capaz de maltratar un niño? Esta engañada, Hinata. Yo no haría tal cosa. Como ya te dije, esa historia de venganza acabo.
Naruto hablo con tanta convicción que Hinata casi le creyó. Pero conocía la dureza de su marido. No podía confiar en él.
—¿Por qué?
Él la miró por un largo tiempo. Los ojos azules estaban sombríos como si fuese él quien estuviese angustiado.
—Yo me canse de esto.
Entonces, para su sorpresa, él se sentó en el borde de la cama, juntó los tobillos y las rodillas donde apoyó la cabeza con las manos. Perpleja, Hinata lo observó en esa pose que jamás había pensado ver a su marido guerrero.
Naruto, débil y vulnerable.
Tal vez el fuese humano finalmente. Cerró los ojos para evitar la visión de la escena que le estrujaba el corazón. Era ella quien sufriera maldades sin fin.
¿Por qué tendría que importarle ese hombre, a quien juzgaba ser incapaz de cualquier sentimiento bueno?
Porque lo amaba. Se aproximó a él y murmuró:
—Naruto.
Al oír su propio nombre, él levantó a cabeza. Los ojos azules brillaban con determinación.
—¡Vos sos mía, Hinata, y no permitiré que me abandones, ni que te murieses! Pasé en este cuarto un largo tiempo viéndote intentar escapar a la muerte, pero yo te traje de vuelta. No voy a dejar que eso pase otra vez. He de protegerte contra todo mal y, por lo tanto, no te embarazare.
Ante tal revelación, Hinata titubeo. ¿Su marido se preocupaba por su vida?
¿Osaría creer en él?
—¿Entonces es esa la explicación de todo? ¿Vos te afligís por mi salud?
—Vos me perteneces y yo no te expondré a ningún peligro.
—Yo no entiendo, Naruto. Vos juraste no quererme por la venganza, y en tanto, estás determinado a mantenerme viva y bien. ¿Para qué?
Hinata busco sus ojos y no vio más que la expresión fría y cruel. Aunque sombríos, ellos demostraban una suavidad inesperada.
—Vos sos mi esposa y eso es una buena razón.- No era la confirmación de las palabras de Chiyo, pero tampoco se trataba de una confesión de odio. Hinata sabia no debía esperar el afecto de su marido, pues eso la llevaría a la locura.
—Puso las manos en sus rodillas y, respirando profundo, dijo.
—Estoy muy gratificada por su preocupación, Naruto. Pero sólo Dios tiene poder sobre la vida y la muerte y, vos sos apenas un hombre. Tal vez tu fuerzas de voluntad me haya dado energía para restablecerme, pero vos no podes tomar los asuntos divinos en tus manos, y resolver que no vamos tener hijos.
—Puede haber una solución, Hinata. ¿Vos no conoces alguna hierba que evite la gravidez?
Desanimada con su respuesta, Hinata bajo la cabeza. Podría argumentar hasta perder a voz pero no lo convencería. Además, no encontraba nada que decir, excepto lo que tenía en su alma.
—Naruto, yo quería tanto tener un hijo con los cabellos rubios y los ojos azules como los del padre. Como vos.
La confesión tan sincera provoco un gemido en Naruto. De repente, Hinata se dio cuenta de su posición, arrodillada delante de su marido y con las manos en sus rodillas.
Todavía desnudo, Naruto tenía las piernas abiertas, mostrando el instrumento de su deseo y el que le podría dar un hijo. Mientras lo observaba, el pene creció y se irguió como si estuviese de acuerdo con sus palabras.
Naruto murmuro algo, pero Hinata lo ignoro, deslizando las manos por la parte interna de los muslos puso su boca sobre los labios de él. Cuando lo besó, la protesta de Naruto se transformo en un suspiro, arrancado de lo profundo de su pecho. Cayó de espaldas en la cama y la empujo contra él, pero Hinata, fascinada, prosiguió con la tarea pero ahora usaba su boca para acariciar su parte intima. Gimiendo, el pasó sus manos por los cabellos oscuros.
—Hinata... Hinata… - ella oyó a Naruto decir su nombre con un suavidad al principio y, después, con un insistencia. - Si vos quieres un hijo, esta no es la manera para conseguirlo.
