"Necesito entrar en la habitación que Hermione preparó para nosotros", pensó Harry, caminando delante del muro vacío donde sabía que se escondía la entrada secreta a la Sala Multipropósito. "Necesito entrar en la habitación que Hermione preparó para nosotros"…
De pronto, el muro empezó a transformarse, y una puerta emergió lentamente hasta quedar de tamaño normal, un picaporte materializándose delante de Harry.
Algo nervioso, Harry giró el picaporte y abrió la puerta.
Al instante, se quedó sin aliento.
Adentro, lo esperaba un sitio más increíble de lo que pudiera haber imaginado. Cada parte de este parecía ser color escarlata, tanto las paredes de un lujoso tapizado que parecía de seda, la alfombra peluda y de apariencia suave, los sofás que se retorcían como una ola y la enorme cama en el centro, que además de ser enorme lucía muy cómoda.
Estaba iluminada por candelabros rosados que colgaban de las paredes, y además había una lujosa araña de cristal colgando del techo. Harry vio también que había un caño que caía del techo en un costado, hasta el suelo, y un jacuzzi color rojo en el otro costado, que burbujeaba agua y espumas de baño de todos colores, largando vapores al aire.
Harry entró y cerró la puerta tras él, pasmado. No había señales de Hermione, sin embargo. Sintió enseguida una serie de perfumes de fragancias que le gustaron tanto, que tuvo la súbita impresión de que no eran de una fragancia en concreto en verdad; sino que el perfume tenía la capacidad de meterse en su mente, averiguar cuál era el olor que más provocaba a Harry, y luego transformarse en él. Parecía ser la única explicación para estar sintiendo un perfume que tenía una fragancia que solo podía describir como (no había otra forma) olor a Hermione.
-¿Hermione? -llamó, la voz temblando un poco por la ansiedad.
-¡En un minuto! -respondió la voz de Hermione. Harry buscó con la mirada para ver de dónde provenía, hasta que notó una puerta de cristal opaco que parecía conducir a un baño, en el extremo izquierdo de la sala. El reflejo de una luz parecía venir desde adentro, así como una sombra humana que se movía, distinguible a través del cristal opaco, semi transparente.
Harry se sentó en un banco tapizado que había al pie de la cama, también rojo. Se quedó mirando alrededor con curiosidad. Estaba mitad asombrado y mitad preocupado. Aquello parecía ser un poco demasiado. Él estaba vestido con una camiseta vieja que había comprado tiempo atrás en el Callejón Diagon y que decía "Wingardium Leviosa" en letras que se movían, unos jeans viejos que habían sido de Dudley (y que había reducido de tamaño mediante magia) y el cabello más alborotado que nunca.
Le llamó la atención un sofá particularmente ondulante que parecía moverse solo, mediante magia y sin producir ningún sonido, como una ola de mar que sube y baja, con vida propia. Había también un mueble, pudo ver en otro extremo, que parecía tener muchos objetos en sus estantes. Quedó de piedra al ver que muchos de los objetos tenían forma de pene. Había también cadenas, esposas, y hasta un látigo.
Se oyó un ruido, y giró la cabeza otra vez hacia la puerta del baño. La luz de este se había apagado, y el cristal de la puerta osciló hacia adelante. Una persona salió de allí, caminando de forma algo tímida y mirando a Harry con una sonrisita, su rostro algo sonrojado.
Tuvo que mirarla varios segundos para comprender que se trataba de Hermione.
Estaba más sexy que nunca: se había alisado el cabello, que llevaba recogido encima de la cabeza, de una forma similar a como lo había tenido en el Baile de Navidad, completamente lacio. Tenía maquillaje en todo el rostro, desde el delineado en los ojos hasta un pintalabios carmesí con brillos dorados. Sin embargo, lo más impactante y que más lo dejó sin aliento fue su vestimenta: Estaba totalmente desnuda a excepción de un vestidito que era, sin lugar a dudas, lencería erótica.
Harry jamás había visto a una bruja con algo así puesto antes: Era color rojo intenso, tenía mangas largas con bolados y una especie de capa pequeña ondeando atrás, pero era totalmente transparente, y podía ver todo lo que había debajo. Había un escote muy pronunciado cubriendo sus senos, pero sus pezones eran perfectamente visibles debajo. En la parte inferior, el vestidito terminaba justo debajo de los glúteos, extremadamente corto, y se veía a la perfección el calzón también rojo que llevaba abajo, también muy sexy.
-¿Qué te parece? -preguntó la chica, mirando a Harry de una forma un poco nerviosa y tímida.
-Estás… muy hermosa -quiso decir él, pero no estuvo seguro de haber podido emitir palabra alguna, porque solo pareció salir un gemidito de su boca.
Ahora se sentía peor que antes por llevar los viejos jeans de Dudley.
-Aquello no fue idea mía -dijo Hermione, señalando el estante con objetos sexuales-. Solo le pedí a la sala un lugar como este, y bueno… ya venía con eso dentro -le sonrió, sonrojándose un poco.
La chica avanzó hacia él, que se había puesto de pie.
-Me siento algo… fuera de lugar -admitió él, avergonzado-. De haber sabido me habría… arreglado.
-Estás perfecto así como estás -dijo ella, y lo tomó de las dos manos, mirándolo a los ojos algunos centímetros bajo él, con sus ojos castaños iluminados-. Era yo quien quería darte una sorpresa. Espero que te guste un poco.
-Está perfecto. Estás hermosa. Tú… -no sabía qué más decir. Ella amplió su sonrisa y se acercó más a él. Harry se sintió mas tenso. Podía ver de reojo el contorno de sus pezones bajo la trasparente tela del vestido.
Luego, sin saber por qué, le dijo:
-Lo siento.
-¿Qué cosa sientes?
-Yo. Digo, tú eres tan perfecta, y a mí… me falta una pierna -se puso nervioso-. Espero que eso no te… desagrade.
-No me desagrada -dijo ella enseguida, arqueando las cejas por la sorpresa-. Para nada -negó enérgicamente, de forma convincente-. Ven aquí.
Se puso en puntitas de pie y empezó a besarlo. Harry le acarició los brazos por arriba de la tela semitransparente, mientras le devolvía el beso. Hermione parecía tener un sabor nuevo también en la boca, como si se hubiera aplicado algún encantamiento que le había dejado una especie de fragancia dulce.
Se besaron un rato allí de pie, él acariciándola en los brazos y hombros y ella rodeándolo en brazos por la cintura. Poco a poco, Harry fue empezando a perder los nervios iniciales, y se fue soltando. Aquella impactante apariencia de Hermione lo había puesto algo tenso al principio, pero ahora se estaba relajando, y se empezó a dejar llevar…
-Ven conmigo -le susurró ella, separándose un poco de él. Extendió un brazo y le dio la espalda. Harry le tomó la mano tendida y caminó tras ella. No pudo evitar mirar la parte de atrás de su corto vestido mientras Hermione caminaba de espaldas a él hacia la cama. Su ropa interior era muy pequeña por detrás y desaparecía entre sus glúteos.
Hermione lo empujó con suavidad sobre la cama, y Harry cayó boca arriba. Sintió que la chica le quitaba las zapatillas, y luego se subía a la cama a sus pies.
Harry pudo ver, en un enorme espejo que había en el techo sobre ellos, el reflejo de Hermione desabotonándole el pantalón y empezando a tirar hacia abajo, hasta quitárselo completamente. Vio su pierna ortopédica reflejada y sintió algo extraño, pero lo ignoró.
Quiso sentarse en la cama, pero Hermione se lo impidió, extendiendo una mano, y lo recostó otra vez contra las mullidas almohadas.
-Deja que yo me encargue de todo -le susurró.
Y Harry obedeció. Hermione le quitó la camiseta, pasándosela por encima de la cabeza. Lo desvestía con cuidado, y al arrodillarse sobre la cama e inclinarse hacia adelante su corto vestidito rojo se levantó hasta casi la cintura, dejando sus glúteos desnudos a la vista de él unos instantes.
Por último, Hermione le quitó el bóxer, tirando con ambas manos hacia abajo. Se lo pasó por el pie normal y el ortopédico y lo arrojó a un lado, en el suelo junto a la cama. Ahora Harry estaba completamente desnudo, boca arriba, respirando con una ansiedad extraña y siendo plenamente consciente de que su pene se erguía muy duro a la vista de Hermione, porque él mismo lo veía reflejado en el espejo del techo.
Hermione le separó las piernas con sus pequeñas manos y se sentó entre ellas. Entonces, de rodillas en la cama, se inclinó sobre él y empezó a besarle los muslos, por encima de las rodillas. Harry veía en el espejo cómo Hermione le besaba una pierna desnuda, y luego la otra. Mientras tanto, se las acariciaba las dos, una con cada mano. Su trasero estaba erguido hacia atrás, y el vestidito rojo se había alzado tanto que lo dejaba plenamente a la vista, con un hilo rojo saliendo por encima de sus glúteos, invisible más abajo.
Sentía el sonido de los labios de Hermione tocando la piel de sus muslos. Sentía la calidez de su saliva. Su cabello, ahora lacio, se soltó de pronto del agarre que tenía y cayó sobre sus piernas. Hermione extendió un brazo y empezó a acariciarle el abdomen y el pecho. La manga roja de su vestido lo rozaba, sus bolados sobre su piel.
Entonces rodeó sus testículos con los labios, y empezó a besarlos también. Llegado a ese punto, Harry casi temblaba, y contraía un poco las piernas inconscientemente. Hermione le chupaba los testículos abriendo mucho la boca, y Harry bajó la mirada del espejo para mirar abajo y ver a la chica. Esta le devolvió la mirada desde allí, con sus ojos claros fijos en él mientras sus labios le envolvían ambos testículos y los soltaban libremente.
Hermione le sujetó el pene con una mano, se movió un poco más arriba y se lo metió en la boca. Empezó a succionarlo, subiendo y bajando la cabeza sobre él y ondeando la espalda de forma parecida a la ola de aquellos sofás mágicos en el costado de la sala. Su vestido erótico estaba pegado al contorno sexy de su cuerpo y podía ver hasta las pecas en la espalda de la chica a través de la tela roja.
Le succionó el pene más y más, metiéndoselo en la boca y moviendo su lengua sobre este. Lo hacía de una forma lenta, sin prisa, lo besaba casi con amor, como si se tratara de la boca de él, como con cariño.
Luego se sentó en la cama erguida, de rodillas, y Harry pudo ver nuevamente sus pechos bajo el vestido. Hermione se acomodó el cabello, ahora suelto, y le sonrió mientras se lo acomodaba tras una oreja.
-¿Estás cómodo? -le preguntó con voz suave. Harry asintió, tragando saliva.
Ella volvió a inclinarse hacia adelante, le enderezó el miembro otra vez y volvió a chuparlo, moviendo su cabeza arriba y abajo, pasando la punta de su lengua por la piel caliente de su miembro, cubriéndolo con los labios desde la cabeza y bajando hacia la base.
Harry sintió un estremecimiento recorrerle todo el cuerpo. Arriba, en el espejo, veía la espalda de Hermione, con ese vestido sexy y su trasero erguido hacia atrás, y su cabello castaño cayendo sobre sus muslos y el costado de sus caderas, la parte de atrás de su cabeza justo arriba de su miembro. Y subía y bajaba… y sentía el calor de su boca, de su saliva, el roce de su lengua…
Lo siguió haciendo durante un rato, y luego subió por la cama, hasta quedar al mismo nivel que él. Se besaron en los labios, de una forma romántica. Hermione tenía una pierna a cada lado de Harry, se inclinaba sobre su cara y lo besaba en los labios tiernamente, sintiendo sus pechos colgando encima del chico y las puntas rozando levemente los tonificados pectorales de Harry, a través de la fina tela del vestido que tenía puesto.
Sintió una mano de Harry en su cintura. El chico ahora la acariciaba, le acariciaba la espalda, luego la espalda baja, y su mano se perdía hasta donde terminaba el vestidito, hacia la mitad de sus glúteos.
La mano de Harry bajó más, y empezó a tocarle el trasero. Sentía sus dedos en su piel desnuda, su cálida mano acariciándole el trasero y la otra una pierna. Se dejó caer un poco más encima suyo, aunque aun no estaban pegados el uno al otro. Ella estaba suspendida unos centímetros por encima de él, apoyándose en sus rodillas, pegadas a sus lados, sus piernas algo abiertas sobre él.
Hermione apoyó sus pechos encima de Harry, dejando el trasero aun levantado. Sintió sus senos apoyados en los pechos del chico, y su vestidito se deslizó lentamente hacia abajo, cayendo por su cintura hacia arriba, arrugándose hacia la mitad de su espalda y dejándola con nada más que el calzón al aire. La mano de Harry se puso más efusiva, recorriéndole toda la parte desnuda de la espalda baja y la parte superior de los glúteos, para luego bajar y acariciárselos por completo.
Sintió que Harry tiraba con ambas manos del vestidito, entonces. Levantó un poco la parte superior de su cuerpo para permitirle quitárselo, por encima de la cabeza, y se volvieron a besar en los labios. Ahora Harry acarició, en cambio, sus pechos desnudos, que colgaban ya sin nada sobre él. Le acarició los pezones, le apretó la piel con ambas manos, y luego con una sola, mientras la otra bajaba a su trasero otra vez.
Hermione se apartó un poco de él y volvió a bajar hacia los pies de la cama. Se quitó el calzón con una mano, rápidamente, y lo arrojó por el aire. Harry vio aquel conjunto de hilos rojos diminutos volar por el aire y sintió un retorcijón en el estómago. Luego bajó la mirada y vio el cuerpo totalmente desnudo de Hermione bajo él, iluminado por la luz de las velas.
Ella volvió a sonreírle, y se reclinó hacia adelante un poco más suelta que antes también. Parecía sentirse algo más cómoda ahora, y menos inhibida. Volvió a tomarle el pene y a besarlo, y Harry disfrutó nuevamente del tacto de sus labios sobre la carne de su miembro, y de la saliva de la chica chorreando desde su glande por todo el tronco y hasta la base del pene, para luego chorrear por sus testículos y perderse en las sábanas.
