Capítulo 17
Buscando al Heredero.
Naruto andaba de un lado para otro, intentando calmar su mente perturbada. Se encontraba en un dilema. Nunca se sintió tan confuso. Y todo por causa de la llegada de un hombre.
Él hermano de Hinata. Frustrado, el crispo sus manos. Su primera intención había sido matar al desgraciado. Apenas un esfuerzo sobrehumano lo impedía.
Tal fin seria mucho rápido para alguien del linaje de Hyūga. La venganza, su vieja compañera, sugería una infinidad de torturas. Él podría ejecutarlas sin que nadie interfiriese.
Nadie, excepto su esposa.
Maldiciendo, Naruto continuó su andar hasta que una voz lo hizo parar. Él se había olvidado de la presencia de Gaara.
-Verdadero problema, ¿cierto? Si vos hubieses encontrado a Neji primero, podrías haberlo matado y todavía quedarte con su hermana como trofeo, pero ahora...
Gaara no terminó.
-Si no tienes consejos para ofrecer, no abras la boca – protestó Naruto. Ignorando las palabras ríspidas, Gaara preguntó:
-¿Vas a matarlo?
-¡No! - Naruto respondió rápidamente. Se acordaba del rostro de Hinata y de sus lágrimas durante el reencuentro en el salón y sabía que no podría destruir a su hermano.
Quería mucho ejercer la venganza finalmente, pero algo, mucho más fuerte, se había arraigado en su corazón cuando vio a su novia, por primera vez.
En los días y noches después del casamiento, el sentimiento había crecido y se había tornado mucho mayor que su carencia de represalias. Y ahora exigía que él protegiese a Hinata a todo costo, mismo pagando el precio del objetivo precioso.
-¿Vos vas a dejarlo vivo? ¿Ese hombre podría exigirle al rey Hiruzen su herencia? - preguntó Gaara.
-Esa reivindicación ya fue acordada - respondió Naruto.
-Cierto. Pero si me acuerdo bien, vos también surgiste de entre los muertos para suceder a tu padre.
-¡Un caso completamente diferente!
-¿Será? Si él recupera la propiedad de su tío, vos no sufrirás grande pérdida. Konoha es mucho más grande y próspera aun sin ella.
Mentalmente, Naruto concordó. Konoha le proporcionaba riqueza y poder, aun no teniendo necesidad financiera, él no cedería la propiedad de Hyūga. Ella le pertenecía por una cuestión de sufrimiento, de lucha y de venganza.
Gaara prosiguió:
-Vos no precisas aliarte al sobrino de tu antiguo enemigo. Podes prohibirle la entrada a Konoha y encontrarse con su hermana. Eso sin hablar de la posibilidad de guerrear contra él.
Naruto giró y miró a Gaara. Aunque su estómago estuviese sanado, éste se le contrajo en una reacción contra la idea de privar a Hinata de la convivencia con su hermano. ¿Su mujer no mencionaba diariamente sus ganas de formar una familia?
Si él apartase a ese pariente, Hinata protestaría y, probablemente, dejaría de amarlo. A pesar de que Naruto no había buscado ese afecto, se negaba a destruirlo.
Apretó los labios por no querer revelar sus sentimientos. Gaara se reiría de su disposición de curvarse ante los deseos de su mujer. Aun así, no haría otra cosa. Hinata estaba en primer lugar.
Al concientizarse de eso, una nueva idea se le ocurrió.
-¿Donde dijo Neji haber luchado?
-En los pantanos, bajo el mando de un hombre llamado Might Guy.
-¿Una guerra que algunos años atrás provoco gran destruición de estas tierras?
-Si. Vos sospechas que Neji, además de ser un Hyūga, ¿tenga practicado algo abismal?
-Digamos que yo quiero saber un poco sobre su pasado, aunque sea difícil descubrir señales de un hombre en los pantanos. ¿Por qué imaginad que le llevó tanto tiempo encontrar a su hermana?
–Tal vez él haya esperado para ver si vos la matarías, para, entonces, reivindicar su propiedad.
Naruto quedó tenso. No le gustaba que le recordaran de lo que se olvida tan fácilmente. Sin duda, Hinata tenía sangre de Hyūga, pero, ella era diferente, mejor que cualquier cosa producida por aquel desgraciado. ¿Y Neji?
El hecho de ser el hermano de Hinata no quiere decir que sea un hombre bien. Lo opuesto también puede ser verdadero.
-Preciso descubrir su carácter antes que el haga algún mal a mi mujer. ¿Dónde estaba Neji cuando ella fue dejada en la calle, o cuando tuvo que trabajar como criada?
-Él afirma que le fue imposible dejar los pantanos. Pero si vos deseas más informaciones sobre él, iré a procurarlas.
-Yo mismo iría si no fuese mi obligación proteger a Hinata y la propiedad.
-Tu lugar está aquí, Naruto. Iré no sólo por tu causa sino también por la de lady de Namikaze.
-Gracias. Me gustaría saber también como encontró a su hermana después de todos estos años - dijo Naruto.
-Neji puede ser el mismo hombre de cabellos castaños que anduvo indagando sobre ella en el convento y otros lugares.
-Tienes razón. ¿Pero por qué tantas preguntas? Y ¿por que escondió su rastro a punto de que vos no pudieras encontrarlo? Hay muchas circunstancias peculiares que me dejan intrigado con Neji.
– Voy a descubrir lo que pueda. Pero vos debes saber que todo puede ser como él dice. ¿Y si Neji no fuera el villano que vos imaginas?
-Veremos. Mientras yo no tenga noticias tuyas, Neji quedará hospedado en el castillo, donde pueda mantenerlo bajo vigilancia.
- ¿Hallas que hacer eso es sensato? Y ¿Si tu esposa se aferra afectivamente a él? Ella hallará mucho más difícil aceptar lo que pueda acontecer.
Aferrarse. A Naruto no le gustó la palabra ni la idea. El celo despertado en el momento cuando vio a su mujer abrazar otro hombre, aunque fuera su hermano, le estrujo el pecho. Agitado, recomenzó a andar de un lado para otro.
Si expulsase a Neji Hyūga de Konoha, corría el riesgo de perder el amor de Hinata. Si lo dejase quedar, tendría que repartir ese afecto con él.
Su mujer acabaría teniendo su preciosa familia. ¿Y él, que tendría? De repente, los ojos de Naruto brillaron. Sabía que una manera de mantener la atención de Hinata focalizada únicamente en él era darle lo que ella más deseaba.
Él la embarazaría.
Su esposa estaría mucho más interesada en el bebe creciendo en su barriga que en un pariente adulto. Naruto sonrió. Al final, no era una mala idea tener un heredero.
Hinata era fuerte y muchas veces le dijo que las dudas en cuanto a su embarazo eran tonterías. La amenaza de Neji era real y se encontraba ahora y allí. Por otro lado, los peligros del parto eran vagos y pertenecían al futuro.
Alargando su sonrisa, Naruto se decidió.
-¿Y qué te dejo tan satisfecho así de repente? - preguntó Gaara.
-Podes desearme felicidades, Gaara, pues voy a engendrar un heredero en mi mujer.
Naruto sintió una puntada de ansiedad al entrar al cuarto. Intentaba convencerse de que esa noche no sería diferente de otras. Con todo, el peso de la resolución tomada lo desmentía.
Estaba determinado a dar a Hinata lo que ella tanto quería. Sonrió al pensar en ella preñada.
Pero se acordó del consejo de Tazuna. Para tener éxito, deberían hacer amor lentamente. Esa palabra no describía el comportamiento habitual de ambos.
-¿Naruto? - Hinata llamó desde la cama.
-¿Sí?
-Gracias por no haberlo matado.
-¿Tu hermano?
-Si. Es tan extraño verlo después todos estos años. Imagino como Sakura se sintió cuando vos volviste del leste.
Naruto ya se desvestía, pero paró. Nunca había pensado en los sentimientos de su hermana al volverlo a ver. Acabo por tirar sus ropas.
-Yo mal puedo acordarme de eso. Un rostro, impresiones huidizas. Es muy frustrante, pero estoy contento por continuar vivo.- Muy agradecida por dejarlo quedar aquí.
Murmurando cualquier cosa, Naruto se echó a su lado. No quería hablar sobre su hermano, ni sobre asunto alguno.
Prefería acomodarse entre sus piernas y... Lentamente, se dijo a sí mismo.
Le acaricio las curvas y se deleito con su piel sedosa. Aparto el cobertor para admirarla bajo la luz de la chimenea, pero la visión de su cuerpo acrecentó su pasión y cerró los ojos para controlarse. De nada sirvió. Su perfume lo envolvió, intoxicándolo. Enterrando su rostro en sus cabellos, el procuro retardar el deseo creciente.
-Naruto - susurro ella, inflamándole los sentidos.
Mientras sus dedos le recorrían el pecho, el levantó la cabeza para besarla. Hinata recibió la caricia con avidez, juntando su lengua con la de él en una danza frenética. Al instante siguiente, Naruto pensó que explotaría si no la poseía.
Apartando los labios, él respiro profundo. Precisaba de unos segundos para readquirir calma. Hinata, entretanto, comenzó a besarlo en el cuello, el pecho, al mismo tiempo que lo agarraba a lo largo de la espalda.
¡Maldición! Naruto notó que su mujer lo llevaría al desvarió. Sería mejor hacer el amor ya, antes que él se tornase excitado y desesperado. La empujo con delicadeza, abrió sus piernas.
Entonces, la penetro.
¡Éxtasis! Naruto se mordió el labio en un esfuerzo por mantenerse inmóvil. Tenía que conseguir que su mujer no comenzase a mover sus caderas con su sensualidad habitual.
-¡Hinata! - protesto él.
-¿Qué?
-Cálmate un poco.
-¿Por qué? ¿Estás lastimado?
Ella se empujo hacia atrás a fin de observarlo y Naruto apretó los dientes al sentir la sensación deliciosa provocada por el movimiento.
-No. Yo sólo quería darte lo que vos quieres, pero... - gimió él.
Verdadero tormento. Algunos segundos más de deseo y el abandonaría su objetivo para saciarse.
Por cierto, él consiguió llamar la atención de su mujer, pues ella le tomó el rostro entre sus manos y preguntó:
-¿Naruto, que está pasando?
- Para concebir un hijo, tenemos de hacer amor lentamente.- Naturalmente, el debía esperado que Hinata acordaría, pero se espantó al oírla reír.
-Ay, Naruto, vos no podes creer en esas historias de viejas comadres - dijo ella entre dos accesos de risa.
-No fue una vieja comadre sino Tazuna quien me explicó eso.
Hinata rió sin poder controlarse y recostó su cabeza sobre el hombro de su marido.
-Naruto, ¿vos le creíste a Tazuna? -Él frunció la cara. Pensándolo bien, no había razón para que un viejo soldado entendiera del asunto.
-¿No es verdad entonces? - preguntó, demudado.
-No - respondió Hinata en tono serio y suave. Él pensó en las mujeres orientales que, a pesar de ser tomadas con violencia quedaban encinta. Hinata estaba en lo cierto.
-¿Cómo, entonces, vamos garantizar la concepción?- Hinata le ofreció una sonrisa seductora que le hizo darse cuenta de que todavía estaban unidos.
-Imagino que debemos redoblar nuestros esfuerzos - murmuró ella.
La reacción de Naruto fue inmediata. Con las manos en sus caderas, la empujo para juntarse aun más.
-¿Y no es preciso ir más lento?
-No - confirmo ella.
-¡Óptimo! - exclamó él y la cubrió con su cuerpo para iniciarlas acometidas.
Hinata elevo su trasero y puso sus piernas al rededor de la cintura de Naruto, envolviéndolo con su calor. Él deseaba quedarse allí para siempre.
-Yo te amo - susurro ella.
Su confesión sonó suave, él temía no volver a oírla, entonces Naruto se inmovilizo. Admirando la cara colorada y los ojos brillantes de su esposa, le gustaría decirle cuanto esas palabras significaban para él. También él sentía afecto por ella, pero no sabía expresarse. No era más que un bardo sin don de palabra.
-Yo lo sé - dijo él, continuó mirándola hasta que la pasión creció y no pudo ser ignorada.
Entonces, Naruto le lleno el cuerpo mientras ella le henchida el alma.
Mucho después de advertir que Naruto dormía, Hinata continuó recordando.
¿Que la había llevado a decir aquello? Había jurado nunca mencionar su amor por su marido. No obstante, eso fue dicho espontáneamente y no debía arrepentirse.
El buen sentido le avisaba que había dado a su marido un arma para que él pueda destruirla. Con todo, su corazón batía alegremente, apoyando su declaración.
Naruto no la había ridiculizado, sino mirado con inmensa ternura al decir: Yo sé.
¿No era esa una buena razón para confiar en él?
No. La negativa habitual le surgió en su mente, pero sin mucha convicción. Naruto había cambiado mucho. No era más un hombre frío y cruel que la atormentara como al inicio del matrimonio. Cuido de ella durante su enfermedad y, con un instinto de protegerla, casi le negó su derecho a tener hijos. Pero hasta en ese punto, él ya había cedido.
Hinata suspiró. Sin duda, estaba enamorada de su marido, condición que le afectaba su juicio. Quería creer en Naruto, pero ahora había que considerar no sólo la posibilidad de tener un hijo sino también la presencia de su hermano en el castillo.
Al pensar en Neji, se acordó de la sorpresa que le causo el hecho de que su marido lo hubiese convidado para hospedarse en Konoha, cuando en verdad, quería matarlo. Naruto había conservado la vida de su hermano por causa de ella.
¿Esa no era una señal de devoción de él? A Hinata le gustaría creer en eso, pero no sabía si Naruto tal vez lo hubiese planeado. Las motivaciones de el continuaban siendo un misterio.
Intentó ordenar sus emociones. El rostro de su hermano, que hace tanto fue olvidado, danzo delante de sus ojos así como él del hombre echado a su lado. Fue tomada por una sensación de mal augurio.
La unión íntima entre ella y su marido no pasaba de algo nuevo y frágil, mientras su odio por los herederos de Hyūga era arraigado. ¿Cómo sería posible evitar el derramamiento de sangre? Hinata se estremeció. Hasta hace poco tiempo, vivía sólo entre mujeres y, ahora, dos hombres que exigían su lealtad.
Sakura todavía dormía cuando un golpe en la puerta del cuarto la despertó. A su lado. Sasuke se movió y gritó para que Jūgo entrarse.
-Un mensaje de Konoha, mi señor - anuncio él criado.
Sakura se asusto. Naruto no era hombre de tomarse el trabajo de escribir y, después de la pelea entre él y Sasuke, apenas una calamidad lo forzaría a hacerlo.
-Sasuke - murmuró en busca de apoyo. Estaban solos nuevamente y su marido le entrego la carta. Sakura quebró el lacre y recorrió con sus ojos el mensaje. Sus temores se confirmaban.
- ¡Una enfermedad ataco Konoha! ¡Genma murió! Oh Sasuke, él era un buen hombre. Algunos criados y varios aldeanos también murieron. Hasta Chiyo y Hinata se enfermaron, pero se restablecieron - conto ella a su marido, quien se sentó a su lado en la cama.
Pensando que las peores noticias ya habían sido dadas, Sakura quedó menos tensa. Pero las palabras siguientes de Naruto la dejaron nerviosa otra vez.
-Imagina, Sasuke, él haya que Hinata no está lo suficientemente fuerte como para quedar encinta y pide una receta para evitar a concepción.
-Tal enfermedad debe haber sido muy grave, pues Hinata tenía una apariencia tan fuerte y saludable – comento Sasuke.
- Oye, nosotros precisamos ir a verla. ¿Y si ella continúa en cama? Podría ayudar a tratarla.
-Esta no es época para viajes. Sakura. Y nosotros no podemos salir de aquí con este tiempo llevando a Sarada.
Sakura se mordió el labio. Sasuke tenía razón. ¿Cómo exponer al bebe a neviscas y tempestades? Ella tampoco dejaría a su hija aquí.
-¿Vos no podes ir, Sasuke?- Él maldijo.
-No me gusto tú hermano.
-Ya lo sé.
-No consigo imaginarme a la mujer de Naruto reducida a una inválida.
-Sasuke, para que Naruto me escriba, la situación debe ser drástica.-Él reflexionó por unos segundos.
-No sé. Cuando converse con tú hermano, él juro que jamás engendraría un heredero con la sangre de Hyūga. Con certeza, no cambió de idea, pero le gustaría acostarse con su mujer.
Sakura volvió a morderse el labio. Sasuke nunca había hablado sobre la pelea con Naruto, ella sospechaba que ese había sido el motivo. Su marido habría defendido la honra de Hinata y Naruto resintió la interferencia, especialmente en sus planes de venganza.
-Él me escribió, Sasuke. Eso significa mucho.
-Significa que él quiere algo de vos, algo que va contra las leyes divinas y de los hombres. ¿Vos sabes de alguna poción para ese fin? - preguntó él con un mirada acusadora.
Sakura lo miró con firmeza.
-Hay varias historias sobre hierbas que tornan a un hombre impotente. No voy a dar consejo alguno hasta que veas a Hinata.
-¿Vos quieres decir que yo voy a ver a Hinata?- Percibiendo que su marido empezaba a ceder, Sakura sonrió y respondió:
-Eso mismo. Vos debes ir por consideración a ella, que ya forma parte de la familia.
-Está bien, voy a pensar en el viaje - prometió Sasuke. Sakura conocía a su marido y sabía que él se dejaría persuadir de ir a Konoha. Entonces, quedaría a cargo de Naruto concertar la situación.
Dato:
Demudar: Alterar repentinamente una cosa, especialmente el color o la expresión de la cara de una persona
Henchido: Que está totalmente lleno
Convidado: Persona que ha sido invitada a una celebración o un acontecimiento.
